Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

No podemos avanzar si la mitad de nosotros se queda atrás

Por: | 10 de junio de 2013

Clase ESO
Hay pocos territorios como la educación, en los que tener razón y estar equivocado puedan verse separados por una lámina argumental o empírica de apenas un átomo. Y a veces se convierte en un desconcertante entorno cuántico, en el que la razón está aquí y allí simultánea y contradictoriamente. He tardado bastantes años en comprenderlo.

Por eso me sorprendió leer el otro día, ¡en una parada de autobús!, la idea más luminosa, básica, esencial y obvia sobre lo que es un sistema educativo. 

Iba caminando y lo leí al paso, casi inconscientemente, hasta el punto de que tuve que volver atrás para comprobar si me lo había imaginado o lo había leído. Fue todo un respiro conceptual, después de las semanitas en que hemos estado fustigándonos la neurona leyendo simplezas, profecías sin más recorrido que lo que se tarda en proferirlas y declaraciones típicas de esa enajenación mental transitoria propia del fanatismo partidista. Por no hablar de algunas coberturas periodísticas que ruborizarían incluso a su hipotético beneficiario, el ministro de Educación, José Ignacio Wert (al que otras cosas no, pero inteligencia creo que le sobra para dar y tomar).

En esa parada del autobús ponía: “No podemos avanzar si la mitad de nosotros se queda atrás”. No sé si es original, pero no importa. Es el lema de un anuncio de la campaña Chime for Change (Campanas para el cambio, en traducción libre) en beneficio de la autonomía de las mujeres en educación, salud y justicia. La promueve la compañía de artículos de lujo Gucci, con la participación de diversas celebrities. 

A esa campaña le he robado el título de este post. Imagino que no le importará. Para quienes se muestren reticentes con el reciclamiento de ideas de una compañía de lujo, recordemos con Antonio Machado que “la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”, si me disculpa Gucci. (En Juan de Mairena, lo mejor viene después, cuando Agamenón contesta: “Conforme”. Y el porquero replica: “No me convence”).

Ahora no hablaré de la búsqueda y la valoración de la excelencia, que lamentablemente la sociedad española en su conjunto ha dejado de lado. Cuando digo la sociedad no me refiero a ese señor de en frente y la señora que está a su lado, no. Me refiero a todos nosotros, cada uno en su medida y cada uno en su lugar. Tiempo habrá para hablar de ello.

El tema de hoy es el de la parte de abajo y su impacto en los promedios. Cuántas veces hemos oído que un porcentaje significativo de alumnos de cada aula ni quiere estudiar ni tiene el menor interés en quedarse ahí sentado. Demos eso por cierto, e incluso que se debe a causas exclusivamente achacables a esos desastrosos alumnos.

Es una explicación simplificadora que nos deja la conciencia la mar de tranquila. Además es la más popular, no solo para los profesores, porque tiene una gran virtud: evita que nos estrujemos el cerebro buscando alternativas o paliativos. Siempre es más cómodo pensar que “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”, como dicen que dijo Talleyrand y luego El Gallo (es de suponer que en muy diferentes contextos, aunque con idéntico estoicismo). 

Puestos a simplificar, simplifiquemos. Abandonemos los matices (incluido PISA) y definamos la calidad de nuestro sistema hipotético con el promedio de las notas, de 1 a 10, para cada uno de los 10 alumnos de nuestra hipotética clase. Y sigamos simplificando: solo tenemos dos escenarios a elegir.

1. Una distribución de notas de un 9, tres 8, dos 7, dos 6, un 5 y un 4.

2. Una distribución de notas de tres 10, tres 9, un 8 y tres 1.

¿Cuál de los dos preferiríais para vuestro país, vuestra comunidad, vuestra ciudad o el instituto o el colegio de vuestros hijos? Os pido que, antes de seguir leyendo, os dejéis llevar y, sin hacer cálculos precisos, elijáis uno.

Y ahora, antes de seguir con el análisis, digamos que, si fueran dos países o dos centros, tendrían similar calidad. El promedio es 6,8 en ambos casos, así que, vistos con nuestro predefinido sistema de medición, nos debería dar lo mismo uno que otro. ¿Nos da realmente lo mismo?

Incluso un modelo tan esquemático como este admitiría matices diferenciales (con ciertos valores estadísticos, como la desviación típica), pero reitero que solo intento construir un dipolo mental para que, al elegir, reconozcamos nuestros valores prioritarios (algunos de ellos casi inconscientes). En definitiva, proyectemos el sistema educativo ideal que tenemos en la mente.

Clase 2
No ganaré amigos entre los expertos, pero no importa: permitidme que caracterice ambos sistemas con pocas palabras y alguna suposición. 

El primero (un 9, tres 8, dos 7, dos 6, un 5 y un 4) es más centrado, menos extremo, atiende mejor a los que se quedan atrás, intenta recuperarlos y lo consigue apreciablemente. Quizá sea un modelo que acoge a alumnos con un origen socioeconómico de cierta homogeneidad y no demasiada conflictividad. Los resultados no son espectaculares, tienen margen de mejora, pero tampoco son preocupantes. Si fuéramos profesores, probablemente lo elegiríamos, aunque solo fuera para que los contrastes no nos volvieran locos.

El segundo (tres 10, tres 9, un 8 y tres 1) es un sistema extremo, muy fragmentado, de excelencia por un lado y fracaso por el otro. Es una suposición, pero quizá acoja alumnos procedentes de buenos entornos y también de entornos muy complicados. Da la impresión de que los profesores se vuelcan en los grandes estudiantes y no quieren o no consiguen mucho con los malos alumnos. Es casi seguro que los profesores no estarán a gusto.

¿Y ahora qué hacemos con este segundo caso? Sigamos esquematizando. El pensamiento educativo “progresista” (en un sentido muy amplio) propugnará que los tres chicos que lastran el sistema educativo y alteran el ecosistema del aula reciban atención especial, clases de refuerzo, tratamiento complementario, ayudas y asesoramiento familiar. Al menos durante el tiempo suficiente para comprobar si esta estrategia da resultado. Pero es una propuesta de gran complejidad para el profesorado y la Administración, porque requiere gran cantidad de recursos humanos, materiales y financieros. Lamentablemente, una quimera en estos tiempos.

También en este segundo modelo, y con idéntico nivel de esquematización, dentro de la lógica del pensamiento educativo “conservador” (en un sentido muy amplio), la tentación sería segregar a los tres alumnos de la parte baja, con lo que las consecuencias serían evidentes: el promedio subiría por puro automatismo matemático y, además, subiría aún más a medio plazo, porque el entorno del aula mejoraría, al dejar fuera a los elementos perturbadores. Es lo que podríamos llamar una homogenización y depuración del sistema. En términos de rendimiento de los buenos alumnos, no tiene rival.

El problema es qué hacemos con esos otros tres. En ocasiones con buena intención y en otras sin ella, lo que se suele proponer es que los mandemos a itinerarios alternativos, aunque lo que se quiere decir, en el fondo, es que se apañen como puedan. O que alguien se ocupe de ellos, lo que, en estos tiempos, quiere decir más o menos lo mismo. Lógicamente, la mayoría de los profesores se piden para sí mismos continuar con el grupo de arriba. Muy pocos piensan en quién debe ocuparse de los de abajo. Solo tienen claro que ellos no.

Clase 3
Parece irrefutable que este segundo modelo, con el hipotético añadido de la segregación temprana, es el camino corto hacia la excelencia (de hecho, el promedio subiría automáticamente de 6,8 a 9,3). Es crudo decirlo así, pero esto es lo que, no siempre de forma explícita, unas cuantas personas preferirían. Incluidos los partidarios de la controvertida segregación escolar por sexo (aunque este es un tema que abordaremos en otro post más adelante).

Pero lo que a menudo olvidan estas personas, de cuyas buenas intenciones no se me ocurriría dudar, es que esa es una autopista a la excelencia, pero con trampas, porque deja atrás “a la mitad de nosotros” (aunque pueda decirse, a veces con razón, que ellos mismos deciden quedarse atrás). Y, por lo tanto, no permite que avancemos de verdad como país. Estoy convencido de que no abordaremos el problema a fondo hasta que no pensemos concienzudamente, con serenidad y sin demagogias, qué hacer para rescatar a los malos estudiantes de hoy y de mañana. Ojo, que no propongo que nos igualemos por debajo. Propongo lo contrario: que nos esforcemos en acercarnos por arriba. Solo que eso no se consigue abandonándolos o fingiendo que no los abandonamos.

Por utilizar el lema de Gucci, cualquier alternativa que no cuente con la mitad de atrás puede ser una táctica temporal, pero a largo plazo tendrá más valor cosmético que real. Porque esos malos estudiantes no se nos evaporarán cuando ellos vayan cumpliendo años. Seguirán contando, como adultos, en todos los promedios del país. 

Y es que, a diferencia del sector financiero-inmobiliario, aún no hemos inventado un banco malo de estudiantes que funcione y sirva para rescatarlos de forma absolutamente segregada. Y eso que a algunos les gustaría. Aunque no funcionara.

 

NOTA POSTPOST

Lectura éticamente obligada

El profesor de Bioquímica y Biotecnología Encimática de la Universidad de Murcia José Manuel López Nicolás tiene un blog de divulgación científica llamado Scientia. Su seguimiento es muy recomendable y solo por eso merece mi felicitación.

Pero el pasado 7 de junio publicó un post de obligada lectura para saber de qué cruel manera se materializan y encarnan los recortes educativos. A pesar de su chirriante título (no más que la realidad que describe), considero que su difusión es un simple acto de civismo. Así que, por favor, no dejéis de leerlo y de difundirlo.

Su título, Una puta mierda, lo dice todo, pero lo entenderéis mucho mejor cuando lo leáis. No nos merecemos el nombre de "sociedad" si dejamos que estas cosas pasen.


 


Hay 23 Comentarios

Alguna vez he visto aulas con la mitad de estudiantes con muy buenas notas y la otra mitad con muy malas. Observé, en una de ellas, que el profesor no sólo no se interesaba por la mitad de sus alumnos a los que les iba mal, sino que se centraba en mejorar las notas de la otra mitad. En mi opinión, no obró bien, debió hacer justo lo contrario: centrarse con los que tenían dificultades sin dejar de estimular a los otros. Quizás en esta aula habría servido realizar tareas por parejas o grupos para que se ayudaran entre sí.

Me gusta a metáfora del banco malo de estudiantes, aunque me temo que ya existía. Primero fue el hombre del saco o el cuarto de los ratones donde se depositaban a los "malos", no siempre por serlo, sino por no seguir a pie juntilla lo aprendido.
Posteriormente se inventó la FPI, donde eran depositados los que "no valían para estudiar" y se les entretenía en tallercitos y con unas matemáticas, una lengua, unas sociales y otras materias de baja estofa, a ver si mantenían la cabeza en su sitio y se enganchaban a la FPII, el único camino natural de los "malos". Ya he dicho antes que también servía para ocultar un fracaso escolar de grandes proporciones.
Posteriormente nació la Garantía Social y la Compensatoria, bienintencionados espacios segregadores donde se depositaba fuera de las aulas normalizadas a los torpes y a los problemáticos, manteniendo un esquema parecido a la FPI, con tallercitos y algunas materias trabajadas con baja intensidad, no fuera a ser que se perdieran. Y todo ello justificado por la conmiseración, el avenirse a darles un porvenir aunque fuera de barrenderos. Aunque para justificar su inclusión, jamás vi un informe de evaluación que me explicara por qué los enviábamos allí.
Después, y como he dicho, yo he participado en ello, comprobaron que seguía habiendo paja entre el grano de las aulas normalizadas y se inventaron la Diversificación Curricular. Muchos de sus integrantes alumnos normales que iban despacio o habían perdido el paso en algún malhadado momento, como pude comprobar por mí mismo.
Allí acudí con espíritu misionero, todo hay que decirlo, para terminar comprendiendo que el problema no eran los alumnos, sino el método de trabajo, el enfoque mediante el cual acercarles el conocimiento, ayudado, eso sí, porque eran grupos reducidos con un currículo estructurado para trabajar por proyectos, metodología que he incorporado poco a poco a mi práctica y que me parece bastante aceptable para permitir el juego y el descubrimiento.
Y debo decir, no obstante, que muchos de los mejores docentes que conozco provienen de grupos como estos, curtidos en tratar de interesar a alumnos desahuciados y que fueron reflexionando sobre y analizando su práctica docente hasta pasar de las misiones al aprendizaje.
Y son ellos el mejor ejemplo de que no se puede avanzar si la mitad se queda atrás.

Publicado por: Ernes | 12/06/2013 18:20:40
Si se trata de una impresión, agradezco que se haya fijado en mis palabras y se haya tomado la molestia de leerlas. Si le he ofendido por mis comentarios, pido disculpas muy encarecidamente, pero después de muchos años en la enseñanza, ya empiezo a estar un poco cansado de las impresiones de mis compañeros y compañeras de profesión que no se basan en datos ni se soportan en ningún criterio científico. Todavía recuerdo aquel comentario de un compañero de matemáticas en una evaluación afirmando que "este chico jamás sacará las matemáticas" aplicadas a las ciencias sociales, refiriéndose a un alumno que terminó su carrera de psicología con una matrícula de honor... ¡en estadística!
Esto es precisamente lo que me hace investigar y reflexionar sobre mi trabajo, pues no podemos quedarnos en le lugar común que siempre han expresado los pedagogos y las generaciones mayores en relación con los jóvenes. Guardo muchos recortes de opiniones que se remontan a los griegos con las mismas "impresiones" sobre los jóvenes y la enseñanza, con la apariencia de que nada ha cambiado, nada se ha hecho, siempre los de ahora son peores que nosotros, estudian menos y tienen peor nivel. Los datos demuestran que no es verdad. Siempre las generaciones jóvenes, salvo en grandes cataclismos, han estado por encima de la anterior y saben más, simplemente por el hecho de que hemos acumulado más conocimiento y queremos transmitirlos. Y esa es mi principal crítica: no podemos seguir acumulando hasta el infinito y tratar de ir aumentando los currículo hasta el infinito. Los conocimientos son información, por lo que debemos preguntarnos cómo manejarla, qué caminos hay que recorrer para llegar a ella y poder utilizarla. Y, si tenemos en cuenta al alumno, habrá que intentar que disfrute con el conocimiento y las bases del aprendizaje a edades tempranas, como en todos los mamíferos, son el juego y el descubrimiento. Si la naturaleza ya nos ha ofrecido unos recursos, ¿por qué no investigar cómo desarrollar esos métodos para mejorar su aprendizaje? Y si lo miramos desde el principio de libertad, ¿cómo potenciamos la curiosidad y el acceso al conocimiento para que cada uno o una pueda llegar a saber todo lo que le llame la atención o necesite para su vida?
Para ello contamos con las ciencias sociales relacionadas con la enseñanza para permitirnos reflexionar y encontrar esos caminos.
Me preocupa, eso sí, que compañeros que comparten profesión, como ud., que han pasado por el pensamiento científico y, creo, saben manejarlo, no tienen curiosidad por ir más allá de lo obvio y buscar soluciones y alternativas. Para llamar a alguien tonto no me hace falta ser docente, sobre todo si es una "impresión"; para construir a alguien que no lo sea si necesitamos docentes que se apoyen en su experiencia y en el saber científico.
Le animo a estimular esa curiosidad y a documentarse sobre la pedagogía contemporánea, incluido el uso de las TIC, para intentar, entre todos, mejorar más de lo que ya lo hemos hecho. No podemos resignarnos a que las soluciones sean medidas ya demostradamente fracasadas, basadas en prejuicio del pasado.

Para: tiemposdificiles | 12/06/2013 9:11:07
Tal y como te decía, si crees firmemente (y tienes tus datos que lo soportan) que el sistema educativo español está en tan buena forma, pues nada, suerte con él. Pero después de unos cuantos años en el sistema, no tengo yo esa impresión...

Ahh, y no sólo es la mía, pero no tengo un estudio científico para demostrarlo.

Publicado por: sursumcorda | 12/06/2013 16:28:07
Si huye despreciando al contrario, ¿qué posibilidades de debate hay? mi pesadumbre no tiene que ver con la religión, sino con la ciencia. Si algo sale mal, hay que investigar sus causas y repensarlo, pues la buena ciencia es aquella que se queda con la duda justa para saber que lo que se está aplicando funciona, pero podría funcionar mejor. No sé si soy bueno o no ni lo pretendo, al menos en una escala de éxito, pero mi ética, no mi dogmática, pasa por el trabajo bien hecho y si me ocurre, como me ha ocurrido en muchas ocasiones, que un porcentaje muy significativo de alumnos no han adquirido competencias adecuadas al finalizar la primera evaluación (ya en la evaluación 0 me lo estoy preguntando), me pregunto qué he hecho mal, pues el responsable docente soy yo, no mis alumnos. Ellos serán responsables, hasta cierto punto, de sus comportamientos y actitudes, algunas de las cuales es necesario cambiar. Por tanto, cabe preguntarse qué puedo y qué debo hacer para mejorar la situación. Para eso me pagan, básicamente.
Y claro que no quiero que se indigesten, porque la indigestión a los que les sometemos habitualmente es causa muy esencial del abandono escolar temprano y del fracaso posterior en los estudios: aburrirse y no entender suele ser lo habitual en el aula, porque nos preocupamos poco de encontrar el acceso al conocimiento y mucho de procurar que nos repitan lo que hemos transmitido.
Su actitud suele ser muy habitual: no aporta ningún dato o argumento de peso para contradecir lo que digo. Se limita a descalificarme y a tratar de mostrar la incoherencia de mi planteamiento buscando en los cerros de Úbeda (que me perdone Carlos), pero tampoco me ofrece argumentos para un método alternativo, ni sus bases de funcionamiento ni sus resultados.
Veo que seguimos instalados en la pereza intelectual.

Publicado por: Ernes | 12/06/2013 16:16:58
En cuanto al segundo argumento, se rebate por sí solo. Si ha seguido las últimas informaciones sobre investigadores españoles de prestigio, aquel que era de física pertenecía a un barrio de clase media baja, mientras que la doctora que participó en las investigaciones genéticas era de un barrio de clase media-alta. Podemos juntar más datos, pero si atendemos al informe PISA, se demuestra que no existen diferencias significativas entre las clases altas y bajas y hay alumnos excelentes, regulares y flojos en todo el espectro social. Eso quiere decir que somos más igualitarios, no peores. Pro otro lado, en el mismo informe, se constata una caída de los alumnos de mejores resultados, pero también una caída más importante aún de los niveles bajos, que están mucho más cerca de la media. Hemos experimentado una mejoría general e igualitaria, por lo que el siguiente reto es mantener dicha tendencia y mejorar el rendimiento de todos, no sólo de los mejores.
Por tanto, no veo el fracaso que planteas a continuación, sino una mejora sostenida en todo el cuerpo educativo. La cuestión, como bien dices, es encontrar el sistema para enganchar a los que abandonan y coincido contigo en que no son los itinerarios la fórmula adecuada, mucho menos si son segregadores por niveles, lo cual no quiere decir que determinados contenidos puedan trabajarse por niveles, caso del idioma, por ejemplo, o apoyar puntualmente a quien lo necesite, sacándolo del grupo unas pocas horas para mejorar sus competencias.
Como muy bien dice el título del post, no continuaremos adelante si no continuamos todos, pues perdemos por el camino, como hacía el sistema anterior, a mucha gente que pro muy diversas circunstancias podrían aspirar a mucho más que lo que su clase social determina.
La medicina "progresista" ha mejorado al enfermo y, siguiendo el camino de la investigación psicopedagógica y de las metodologías educativas espeçificas de cada ámbito del conocimiento, podremos encontrar una solución. Aunque eso también pasa por disminuir las ratios (atención individualizada), aumentar los medios de apoyo (profesores de atención a necesidades educativas especiales) y mejorar la disposición de las TIC para conectar la escuela con el mundo globalizado. Pero todo ello pensando desde el alumno, no desde cada asignatura.

En el anterior post quería contestar a este post, no a uno mío, obviamente:
Publicado por: Ernes | 12/06/2013 16:16:58
Pido disculpas por el error.

Para: tiemposdificiles | 12/06/2013 9:11:07
Sólo puedo aportarte datos para demostrarlo. Con el sistema antiguo, el fracaso escolar oficial era del 40%, porque al menos un 10% más se enmascaraba a través de la FPI y la FP II, que muchos no terminaban, pero como habían salido del sistema académico, no se tenía muy en cuenta el número. El abandono escolar temprano actual es del 25% (últimos datos del Ministerio), por lo que desde la puesta en marcha de la LOGSE, base del sistema actual, en 1992, es decir, hace 20 años, hemos reducido más de un punto por año dicha tasa.
Si nos fijamos en la prueba de selectividad, otro ejemplo, con el anterior sistema el aprobado rondaba el 75% mientras que ahora hemos avanzado hasta el 98%, más de un punto también pro año en mejora de resultados.
Según una investigación de la Universidad de Granada, el porcentaje de contenidos que se ha aumentado en los libros de texto LOGSE frente a los anteriores es del 25% de media en todas las materias.
Y un último dato: según el informe PISA realizado en 1995, los alumnos que respondieron eran de 8º de EGB, es decir, 13 años, obtuvieron una nota de 515 puntos (el mínimo para "aprobar es 450), mientra que en la muestra realizada en algunas Comunidades Autónomas 2011, con una modificación de un tercio de la prueba (el resto eran las mismas preguntas) y aplicada alumnos de 4º de Primaria (10 años, los más pequeños de la muestra internacional, pro cierto), obtuvieron una calificación media de 512. Es decir, los alumnos de ahora, con menos edad, tienen las mismas competencias que los de antes con 13 años.
¿Qué más datos se pueden aportar para demostrar el lugar común de que lo de antes era mejor que ahora: más igualitario, mejores resultados a menor edad, más cantidad de contenidos recibidos,...?
Es que esto no es una cuestión de opinión, sino de análisis científico de los sistemas educativos.

Señor tiemposdificiles. Ya he leído alguna cosa suya. En realidad es siempre la misma. Usted toma como excusa mi escrito y dice lo que le da la gana. No tengo nada que ver con lo que cita. De hecho solo sé que de dirige a mí por el título.
Es una tabarra insoportable, carece de sentido del humor y es mortalmente aburrido. Respecto al método científico, dudo que lo conozca más allá de citar sus fases. Y perdone que no me lo tome en serio, porque es no son argumentos, son autoalabanzas. ¿Sabe que a pesar de su inquina contra la iglesia (que comparto y extiendo a las religiones) tiene usted un punto cristiano? Soy bueno, busco lo mejor, pero a veces (muy pocas) peco ese es el resumen, mas o menos. Ah! y a lectoescritura la extiende usted hasta el doctorado o ya allí se puede prescindir de ella?. Por favor, no me cuente que a todos les viene bien entender lo que leen y otras gaitas. Si a los 15 años hay que ver cómo leen y escriben, algo muy mal estamos haciendo. Una mente a esa edad tiene muchas, pero muchas más capacidades que se pueden aprovechar, sino estamos siempre dando el mismo mejunje, la papilla pedagógica bien molturadita para que no se indigesten. Adiós amigo, que le vaya bien con su sistema, pero déjenos al resto practicar otro y no nos evangelice más, se lo ruego. Usted lo hace bien, seguro, pero hay más métodos. No dé tantas lecciones, que es repelente.

Para: tiemposdificiles | 12/06/2013 9:11:07

Bueno, voy a tratar de contestar algunos de los temas que planteas. En primer lugar preguntas "¿cuál es la prueba?" Si consideras que el sistema educativo actual forma mejor a los alumnos que el de hace 25 años, está claro que estamos en posiciones demasiado opuestas. Si crees que el sistema está funcionando bien, no creo que te vaya a convencer de lo contrario. No sigas leyendo.


Hablas de que el modelo segregacionista estaba propiciando una mayor diferencia entre clases sociales, sin embargo yo lo que veo que está sucediendo ahora es justo lo contrario. La enseñanza ha sido tan devaluada que el único medio del que disponían las clases bajas para subir, el único "ascensor social", que era la educación, se ha perdido. Ahora da igual si eres bueno, malo o regular, todos somos iguales, y como consecuencia, nadie puede destacar, cada uno se tiene que quedar en el escalón al que pertenece. Y no nos equivoquemos, ha sido la educación "progresista" la que nos ha llevado a esto.

De todas formas, bajo mi punto de vista, el error del sistema educativo ha sido meter a todos en el mismo saco. Los que podrían seguir adelante sin problemas no ven recompensado su esfuerzo (para qué, al final todos tenemos igual resultado). Y los que no tienen interés por seguir adelante (y sí, "haberlos haylos", y por desgracia demasiados), solo están ahí por imperativo legal. Sinceramente, pensar que con los adecuados recursos pedagógicos puedes convertir a estos alumnos en universitarios de éxito ...

Ahora bien, sacarlos de las aulas no debe significar abandonarlos a su suerte. Y el hecho de que no vayan a ir a la universidad no es ningún fracaso. Hay muchas otras vías por las que se puede formar a la gente.

Crees que yo estoy de acuerdo con la creación de itinerarios, pero de hecho, yo no propongo nada. No creo que sea un problema nada sencillo. Solo trato de hacer hincapié en que el escollo está en plantear alternativas para esos alumnos, porque creo que la integración por la que aboga el sistema actual ha resultado un rotundo fracaso. Aunque mucho me temo que
los itinerarios al final terminarán siendo más de lo mismo, porque se siguen planteando sin mucho rigor, creo que habría que darles una oportunidad.

Publicado por: sursumcorda | 12/06/2013 9:31:01
Veo que el deporte de no investigar y no pensar anda muy extendido.
No tengo intención de ser Ministro ni creo tener ninguna barita mágica, sino reflexión científica sobre el trabajo que realizo. Me basta con intentar ser buen ciudadano, profesional y padre, lo cual no siempre consigo.
Ahora resulta que utilizar la ciencia pedagógica (la tiza y el examen no son métodos, sino recursos, a ver si no nos confundimos) es defender dogmas de fe no contrastados, lo cual dará mucha alegría a la Conferencia Episcopal al sentirse tratada como ciencia.
¿Nunca ha leído ninguna investigación de psicólogos, pedagogos, neurocientíficos, biólogos del comportamiento humano, etc., etc., etc.? ¿Es de los que cree que su profesión es llegar, soltar el rollo y cobrar a fin de mes? Me temo que ud. está engañando al contribuyente.
¿Las investigaciones científicas son lugares comunes? ¿Y no lo es, sin aportar dato alguno, hablar de “malos estudiantes” o de “problemas irresolubles”? Me temo que su parlamento es simplemente un ejercicio de descalificación y poco más.
He pasado por una universidad y he aprendido que el método científico se basa en establecer hipótesis, recopilar información, analizarla y contrastar las conclusiones con la hipótesis inicial para establecer nuevos principios de interpretación y de actuación. ¿Está seguro de haber aprendido lo mismo? Por eso, cuando he emprendido una acción, educar, quiero conocer su resultado, cómo han podido utilizar sus competencias los alumnos que han pasado por mi docencia. Y he estudiado a todos y a todas de las que he dispuesto de información, pero como tengo vocación igualitaria, me fijo más en quienes tienen más dificultades, pues entiendo que requieren más de mis servicios. Por ello, puedo afirmar que el éxito educativo es similar en quienes han estado integrados en su aula y quienes han sido segregados por “anormalidad”, interpretable, generalmente, como falta de atención educativa o aplicación de métodos didácticos no adecuados. El porcentaje del 70% de éxito en estudios posteriores es aplicable a ambos grupos. Y puedo afirmar que un número de casos significativos fracasan porque nadie ha investigado si los alumnos integrados carecían de competencias para enfrentarse a estudios posteriores. Se suele creer que estudiar es una cuestión de voluntad: si quiero, puedo. Pero hacen falta competencia y hábitos adecuados para ello, así como unos rudimentos de conocimientos necesarios como base para seguir estudiando. No es eso lo que se hace en el aula: listas y listas de conocimiento, exámenes y una evaluación que únicamente sirve para poner una nota en un expediente.
Si seguimos así, dentro de poco no harán falta profesores formados en la universidad. Cualquier persona mínimamente formada en algo y un ordenador con materiales de repositorio online y test a distancia, será suficiente para enseñar. O un robot. ¿Dónde quedará entonces lo del “contacto humano” que algunos señalan para justificar su ausencia de método científico-pedagógico?
Y sí, si un profesional no cumple con los objetivos, habrá que hablar de mal profesional. ¿O es que el profesor es una profesión aparte que no puede ser evaluada? ¿Es un delito evaluar a un profesor? Por ello puedo interpretar a partir de mi observación que la mayor parte de quienes somos docente somos malos profesionales, aunque los hay mejores y peores y los hay excelentes. Incluso algunos de la vieja escuela lo son, fíjese ud., pues consiguen buenos resultados, si bien en esos casos tengo observado que el resultado se obtiene con una dedicación mucho mayor del tiempo a la profesión, incluso del personal.
Por tanto, por favor, si quiere iniciar una discusión póngase en situación científica y abandone los lugares comunes.

En todo caso, estoy de acuerdo con la insinuación de Carlos Arroyo de que, en el fondo, los itinerarios alternativos, por caritativos que sean, no pueden ser la solución. Precisamente por su carácter segregador, pues en el fondo siguen justificando que existe una normalidad educativa y hay que tratar la anormalidad de forma separada y diferente.
Si un alumno presenta dificultades, la solución no puede ser la repetición, pues la labor docente no es conceder un título, sino crear competencias de aprendizaje para las personas en formación y que puedan aprovecharlas a futuro en beneficio propio y de la sociedad.
Como demuestra el excelente modelo finlandés, mantener el grupo de alumnos compacto, de forma que se cree un entorno social y de amistad que facilite el aprendizaje, es el mejor recurso. Si se observan problemas de aprendizaje, la segregación ha de ser puntual y para corregir problemas concretos, manteniendo la integración en el grupo y reintegrándole plenamente en él cuando la ayuda ya no es necesaria. Operación que se realizará con un alumno tantas veces como sea necesario.
La repetición o el itinerario segregado interrumpen el proceso de socialización dela alumno, destruye los vínculos de aprendizaje que cada alumno ha ido construyendo y supone la destrucción de la autoestima en un modelo educativo que sólo piensa en los exitosos: se queda marcado como inútil. Este dato es evidente cuando se constata que el 90% de los alumnos con los que el sistema educativo ha fracasado (no son las personas las que fracasan cuando la obligación les viene impuesta: fracasarán cuando se proponen una meta y no la consiguen) han repetido al menos una vez y, mayoritariamente, la primera repetición se había producido ya en Primaria. Y además es muy caro. Supone dedicar el doble de recursos a un grupo de personas a las que, además y normalmente, ya se ha señalado como fracasadas. Ese fue el error de aplicar la LOGSE siguiendo el modelo anterior: la repetición ha estancado el sistema y no se han aplicado los mecanismos pedagógicos alternativos para corregir la deficiencia.
A no ser que se crea que el mundo es un valle de lágrimas y que hemos venido al mundo a sufrir, sólo la búsqueda de métodos de enseñanza y caminos de aprendizaje puede garantizar la formación de la mayoría, en cumplimiento del mandato constitucional de igualdad de oportunidades. Una vez alcanzada esa formación mínima de competencias para la vida (recuérdense las palabras de Séneca, haciendo algo que gusto mucho a los selectivos: “No te he formado para la escuela, sino para la vida”), es entonces cuando habremos de tener en cuenta las capacidades individuales y las querencias de cada cual, ofreciendo itinerarios de formación que les permitan ingresar en la vida con una preparación adecuada para ganarse el sustento y cumplir con sus aspiraciones, gustos y expectativas personales. Invertir en buena formación profesional de salida (formación corta, pero intensa, para un buen profesional), en estudios posobligatorios de preparación para la universidad o para ser técnico profesional de mayor nivel y acabar en la Universidad. Pero para cualquiera y con posibilidad de reingresar en el sistema educativo, sobre todo ahora que tenemos potentes herramientas para la formación a distancia y personalizada, de tal modo que el aprendizaje permanente, por gusto personal, por desafía individual o pro necesidades profesionales sea una realidad.
Y la segregación impide cualquier posibilidad de alcanzar esta objetivo.

Cuando todos (bueno, un número importante) los profesores andamos dándole vueltas a cómo extraer lo mejor de cada uno y nos encontramos con problemas irresolubles, llega tiemposdificiles y, en un alarde de autocrítica, nos demuestra que el modelo guay no es el finlandés, como él desearía, sino el modelo Lourdes, que ha patentado sin saberlo. No hay "fracaso" ¡aprueba al 85% y además les enseña tanto que triunfan por doquier! Pero ¿y el resto?. Bueno, no se preocupen ya les ha dejado inoculado su sapiencia, para que en un fututro encuentren el camino y descubran las bondades del estudio. Es su método, que obviamente mezcla, los lugares comunes y las frases vacías de los gurús de la "nueva enseñanza" ¡qué poco sabe el resto! se producen milagros. Los cojos corren la maratón de Londres, los ciegos se hacen guías de caza en la sabana de Kenia, los sordos tienen el don de lenguas y fichan por el servicio secreto inglés, los mancos rivalizan con Nadal, ganándole algún Roland Garros, los que han perdido las papilas gustativas obtienen tantas estrellas Michelin que mandan a Ferrán Adriá a vender hamburguesas en un McDonald. Joé, ¿cómo no hacemos a este hombre ministro de educación? Por Dios, ¡qué país más desagradecido, que teniendo a quien resuelve todo. lo releguemos a un segundo o tercer plano!. Así nos va, que no sabemos reconocer a alguien tan sublime que manifiesta "no hay malos alumnos, sino malos profesores" que como se aprecia es en sí misma una verdad científica, ya que toda la verdad queda del mismo lado. Le propongo alguna afirmación de este mismo tipo (ya sabe, saber popular, con algún tinte de demagogia). "Los calvos no son tales, son despejados de frente". "Los enanos no son bajos, sino que tienen una parte enterrada" Hay bastante más, solo dígame si las quiere para su próxima homilía. Se las doy "volontieri"

Publicado por: manarji | 11/06/2013 20:04:03
Si es coña, muy divertido, si es una crítica, juguemos limpio: aporte datos y conclusiones y deje la descalificación para otro momento, sobre todo cuando hablamos de cosas muy serias.
Por otro lado, redención no es una palabra aceptable para tratar asuntos educativos, pues lo único que he comentado es que los itinerarios alternativos no discriminatorios existen y hay que dedicarles el esfuerzo pedagógico necesario para hacer que funcionen, pero no desde una mentalidad exclusiva (los aparco para que no molesten, que es como han funcionado muchos de ellos), sino que los segrego para tratar de que alcancen los mínimos, algo que se consigue, insisto, con el adecuado tratamiento pedagógico.
No pretendo dar lecciones de nada, sino aportar mi experiencia docente y no mis apriorismos, con los que mucho de nuestro gremio funciona. Discutamos, por ejemplo, qué casos hemos encontrado dónde no ha sido posible la recuperación y las causas y encontraremos cosas curiosas. Por ejemplo, me he encontrado con casos de alumnos con enfermedades mentales que ha conseguido obtener su título. Eso exigía formas de enseñanza distintas para adaptarse a su diferente forma de aprendizaje, en contacto con las familias y los profesionales adecuados. Sin embargo, habían sido enviados a diversificación curricular porque no eran alumnos que dieran guerra, pero tampoco avanzaban, sin que nadie se entretuviera en analizar por qué y cómo se podía resolver.
Y esto no es redimir a nadie, sino cumplir con el salario que me pagan, pues esos son los objetivos marcados en la Constitución y en la legislación educativa: conseguir que la mayor parte del alumnado obtenga los mínimos establecidos en la educación obligatoria para que puedan aplicar sus derechos y cumplir con sus obligaciones como ciudadanos. Si hay gente que considera que eso no forma parte del sueldo, a lo mejor hay que considerar que una parte de la sociedad tiene razón: nos pagan demasiado, pues hay una parte del trabajo que no realizamos. Suena duro decirlo, pero mientras esto no cambie, uno debe responder al salario que obtiene con el compromiso que adquirió para cobrarlo.
Y en cuanto a los malos profesores, teniendo en cuenta mi experiencia como docente y como padre, no se olvide, es que podemos decir que hay un 20% de muy malos profesionales que sólo quieren cobrar a fin de mes y ya; un 20% son malos profesionales, anclados en pedagogías cuyo fracaso ya está de sobra demostrado y que simplemente pretenden que los alumnos no molesten mucho; un 40% son buenos profesionales que tratan a sus alumnos con cariño y respeto y que suelen trabajar aceptablemente bien con ellos, obteniendo resultados satisfactorios, pero aún no han dado un paso adelante en mejorar su formación como docentes para tratar de ser mejores, y, por último, existe un 20% de profesorado que es consecuente con lo que se les paga, que estudia e investiga y trata de mejorar su docencia y que tendrán resultados no siempre buenos, pero siempre mejores que el resto de sus colegas.
Esta es la triste realidad de este país. Tuvimos la oportunidad de modificarla con la LOGSE, pero, mayoritariamente, hemos preferido, en nuestra práctica educativa, volver a lo peor de nuestros peores profesores. Y ahora encima amparados por la ley que se pretende aplicar en el país.
Y no estoy hablando de vocación, muchos profesores la tienen y es de agradecer, sino de profesionalidad: responder a las condiciones por las que se recibe el sueldo. Si consideramos que es poco, a movilizar a la gente y a los sindicatos, a protestar y a negociar. Pero los alumnos no pueden pagar por ello: son lo único que justifica nuestro trabajo y si no obtenemos los resultados que la sociedad espera, o cambiamos de método o nos marchamos. Así de claro.

Publicado por: Ernes | 11/06/2013 15:53:53
¿Cuál es la prueba? ¿Qué manteniendo el sistema como, está esos alumnos no caben? Y su solución: la exclusión. Perfecto.
Lo más curioso de su argumento es que se haga en nombre de la desigualdad natural de los seres humanos, algo que contraviene cualquier principio democrático. ¿Es por ahí por donde queremos caminar? ¿Queremos volver a la meritocracia de los notables?
Precisamente porque somos desiguales, el trato debe ser adecuado a cada uno y la escuela actual es un formalismo con un objetivo selectivo que elimina a quienes no cumplen los requisitos. ¿Significa eso que para ser admitido como ser social hace falta cumplir unos requisitos y que la escuela es el lugar de selección? Nunca he tenido la sensación de que eso fuera así, salvo en la época en que yo estudié, bajo una dictadura fascista.
Ud. propone, entonces, la creación de itinerarios, pero estos ya han demostrado no solucionar el problema. Se suele hablar del caso alemán como modelo de segregación que resuelve los problemas, pero no se suele hablar de sus deficiencias, que han obligado a las autoridades alemanas a modificarlo, siguiendo parámetros parecidos los que tenemos aquí desde la LOGSE: no segregación hasta el final de la adolescencia, aprendizaje comprensivo, disminución de materias, apuesta por al resolución de problemas, FP inicial al finalizar la formación básica o la secundaria no obligatoria,... Y esto es así porque la segregación estaba propiciando dos cosas:
1. Un aumento de las desigualdades sociales. Si lo que ud. insinúa es que algo que se puede corregir, como son las diferencias sociales, marcan la frontera entre los que pueden estudiar y los que no (muchas de las dificultades de aprendizaje están directamente relacionadas con al situación económica y el entorno sociocultural del alumno, y para eso nació la escuela pública, para corregir esos desequilibrios. El problema es que ha mantenido su carácter selectivo para crear élites sociales y culturales). ¿Es es el modelo que queremos: los ricos a la universidad y los pobres, si pueden, a la FP?
2. La preparación que ofrece su fp dual es de nivel de cualificación ínfimo y no sirve a la actual estructura productiva, que necesita técnicos bien formados de amplio espectro laboral, de modo que puedan adapatarse rápidamente a los cambios tecnológicos y organizativos, algo en lo que España, con su FP, ha sido pionera en Europa, consiguiendo los mejores reconocimientos de formación y los mejores resultados de inserción profesional a largo plazo de sus titulados. Obsérvese en las cifras de paro alemán que, hasta los 24 años, tiempo que dura la formación dual de los alumnos segregados (los excluidos, vaya) y en el que las empresas cobran subsidios estatales y pueden cobrar salarios muy bajos, el paro juvenil no llega al 8%, pero pasada esa edad el desempleo alemán se dispara a cifras superiores al 20%, muy similares a las españolas.
No podemos defender, como sociedad democrática, que el camino es la exclusión social y no vale eso de las "inclinaciones" de cada uno, como ha dicho el Ministro. ¿De verdad que un buen estudiante terminaría haciendo FP de grado medio porque le gustar la electricidad o la informática, haciendo caso a sus “inclinaciones”? Nunca se le recomendaría para ello y se consideraría un deshonor. ¿Conocemos algún instrumento real de evaluación educativa que nos permita medir esas capacidades diferenciales o seguimos dependiendo de la opinión de los profesores, todo lo meditada que se quiera, pero opinión al fin y al cabo?
Cabría recordar que el único lugar donde se medía a los alumnos y se determinaba su itinerario era la antigua Unión Soviética (en Alemania y otros países se hacía, pero con cambios moduladores hacia la libre elección de vocación y la igualdad de oportunidades). ¿En eso está acabando el liberalismo, en reivindicar a su contrario (o como en España, a su epígono fascista)?

Estimado Emes.
Mandáselos a tiemposdificiles que sabe bien qué hacer con ellos.De hecho los redime a todos y pulsa la tecla adecuada siempre. No hay quien se le resista. Es mi ídolo mi campeón. La pena es que a mis años haya conociddo a tantos profesores malos (casi todos) y no haya tenido la suerte de beber sapiencia de su manantial excelso y cristalino.

El título del post es muy bonito y todo eso, pero la realidad se empeña en ser tozuda y las frases grandilocuentes de poco sirven. Si me dan a elegir entre que avancen sólo la mitad, o ninguno, yo tengo clara la respuesta.

Eso no implica la desatención de los que no avanzan.
Hay una frase del post que me ha llamado la atención: "... lo que se suele proponer es que los mandemos a itinerarios alternativos, aunque lo que se quiere decir, en el fondo, es que se apañen como puedan."
Bajo mi punto de vista, ése es el problema: nunca se han tratado con seriedad los posibles itinerarios alternativos, y es ahí, donde habría que empezar a trabajar. Pero hay que afrontar el hecho de que deben ser alternativos "de verdad", no una copia descafeinada de lo que se hace con el resto.

El problema es que no queremos admitir una realidad clara: no todos somos iguales, algo que, en los tiempos que corren, es políticamente incorrecto, pero que no deja de ser verdad. Hay un cierto tipo de alumnos para los que el sistema, tal y como lo conocemos, no ofrece solución. Y por más recursos pedagógicos, más inversión, interés, y buenas intenciones que tengamos, no vamos a conseguir que esos alumnos permanezcan sentados 6 horas al día en sus pupitres con intención de aprender. ¿Hay que echarlos de las aulas? Sí. ¿Hay que echarlos del sistema? No. Hay que encontrar una alternativa para ellos, pero esa alternativa no puede ser la que se está empleando ahora, porque sencillamente, no da resultado. Y a las pruebas me remito.

Gracias por la recomendación del post de José Manuel López Nicolás. Ya lo tenía entre mis blog a seguir y el domingo lo leí. Me causó pavor absoluto, sobre todo porque ese es el resultado al que apunta la LOMCE. De nuevo la segregación impedirá a los mejores llegar a su meta y serán los acomodaticios y pudientes quienes copen la pirámide del saber convencional.
Ese punto de experimentación, de plegar el placer de aprender a las expectativas y necesidades de cada alumno es lo que debería motivar un aprendizaje natural al servicio de cada ser humano. Es lo que me da envidia de modelos como el finlandés, que se construyen sobre la base de "primero los seres humanos". Esos son los modelos que deberíamos imitar.
Insisto en que cada vez me importan menos las notas: no es puntuar lo que me motiva a seguir siendo docente, sino acompañar el proceso personal e intransferible, diversificado y vivo, en que consiste el aprendizaje. Me molesta incluso que se me considere “autoridad”, como si mi propio trabajo, que intento esté bien hecho, necesitara de pasaportes para ser legalizable, como si enseñar consistiera en defenderse de un enemigo que pretende derrocar el orden establecido. Nada más lejos de mi que considerar a alumnos y familias como oponentes, lo cual no quiere decir que no se haya de combatir contra prejuicios e ignorancias.
Y en este punto, recordando viejos debates en los tiempos en que el profesor Marina era referencia para muchos, debo constatar que considero que para desarrollar el proceso de aprendizaje tal como lo he descrito, el elemento clave es la motivación. Si no sabemos encontrar la espita que abre el camino para aprender, este desaparece. Luego habremos de encontrar el camino (un programa, unas actividades, unos contenidos,…), pero sin haber abierto el tapón, no hay ruta posible. Parafraseando burdamente, diríamos que hay que no hay que preguntarse que me da el alumno, sino que puedo ofrecerle para iniciar el camino y acompañarlo.
Por desgracia, en esas no estamos y seguimos considerando que la nota me determina el éxito o el fracaso de una persona que aprende. Pero, ¿es un fracaso que un alumno con dificultades obtenga un 5 en las categorías que hemos establecido cuando sabemos que es el máximo de sus posibilidades en el sistema actual? ¿No es en realidad un 10 lo que merece?

Interesante reflexión del autor del blog. Propone retos que todos los docentes nos hemos planteado alguna vez y a los que no siempre hemos sabido dar respuesta.
Debo reconocer que cada vez me interesan menos las notas y más las perspectivas individuales de los alumnos. La estrategia ha intentado ser buscar "el camino por el que el alumno aprende", lo que en muchas ocasiones me ha alejado del currículo establecido para internarme por otros vericuetos. En los grupos de diversificación curricular en los que he participado, mucho antes de que se divulgara el concepto, intenté trabajar por competencias, iniciando a los alumnos en algo que, curiosamente, no hacemos en las aulas "normales", y más específicamente en la lectoescritura. Me horrorizaba comprobar que muchos de los compañeros que achacaban a los "anteriores" la mala situación del alumno o de la alumna, habían sido sus profesores y, pro ejemplo, había pedido en un examen los tipos de textos, pero jamás los habían trabajado con ellos, por lo que, en esencia, eran analfabetos en el ámbito de la lectura y la escritura.
Es más: muchos habían leído a los clásicos, esos que siempre nos dicen que nos sacarán de todo, pero nadie jamás se había entretenido en motivarles a entenderlos, acompañarles en la lectura y tratar que comprendieran lo que las letras decían.
Por desgracia, me he terminado convenciendo, tras estas experiencias, que no existen malos alumnos, sino malos profesores. No voy a discutir que pelear con algunos alumnos termina siendo una misión imposible, pero cambiar el paso les permitía arrancarse a sí mismos competencias para el autoaprendizaje y conseguíamos resultados de un 85% de aprobados en grupos que estaban desahuciados y condenados al fracaso. Incluso hice el seguimiento posterior de dichos alumnos y comprobé que un 70% conseguían sacar estudios posteriores con normalidad, divididos a medias entre la FP y el bachillerato y la mitad habían llegado a la Universidad con resultados muy aceptables. Entre el 15% que no habían continuado estudios, muchos, pasado el tiempo, retomaron los estudios y los resultados también fueron buenos.
Y me convencí, en sintonía con lo que plantea el autor, que ese era el camino con TODOS los alumnos, eliminando los programas especiales y trabajando más en apoyos puntuales para tratar de corregir las deficiencias detectadas en sus procesos de aprendizaje. Pero esto sólo es ciencia ficción: no conozco, de primera mano, ningún centro que haya trabajado de esta manera, tanto por la resistencia de los profesores (como señala el autor, siempre preferiremos a los buenos dentro del sistema) como de la falta de apoyo de las instituciones, más interesadas en el relumbrón o en otros intereses espúreos que en invertir en "el camino por el que el alumno aprende".
Soy pesimista y tengo la sensación de que, a pesar de la enorme protesta que ha significado la Marea Verde y la oposición a la LOMCE, muchos profesores albergan la esperanza de que se concrete, porque coincide con sus verdaderos anhelos.

Año tras año, sigue habiendo un elevado número de alumnos que, ya cumplidos los 15 o 16 años, debido a su historial académico, a su actitud y a sus aptitudes, no va a conseguir los objetivos mínimos de la Educación Secundaria Obligatoria y, por tanto, no va a titular. Al menos no va a hacerlo inmediatamente, siguiendo los cauces habituales y en los tiempos establecidos. Es un problema que se mantiene, pertinaz, una ley de educación tras otra.
Para atender a este colectivo se han empleado distintas fórmulas, como los programas de Garantía Social de la LOGSE, los actuales Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) de la LOE o la futura Formación Profesional Básica que se pretende implantar con la LOMCE. Con distintos nombres, la idea es la misma: retener a estos alumnos en la escuela con la intención de que obtengan alguna cualificación o formación profesional mínima que les facilite la entrada en el mundo laboral y, si es posible, proporcionarles una base que les permita seguir estudiando en un futuro más o menos cercano.
Es el último recurso que se emplea; una vez que han fallado las repeticiones de curso, los apoyos individuales, la adecuación de los programas y otras actuaciones compensatorias o correctoras. Y, sorprendentemente, es un recurso que funciona. Lo cierto es que estos programas de garantía social, cualificación profesional inicial, formación profesional básica, o como quieran llamarse, consiguen recuperar a muchos alumnos, que inician los estudios profesionales de grado medio e incluso consiguen el título de la ESO.
¿Cómo lo hacen? ¿Qué tienen de particular para tener éxito donde las fórmulas académicas han fracasado?
http://www.otraspoliticas.com/educacion/si-no-vale-para-estudiar-que-aprenda-un-oficio

Hola. Estoy a punto de jubilarme y aún intento hacer cosas distintas. Intento ver el modo de que los alumnos se "enganchen" por medio de mil métodos distintos. Todo este preámbulo es necesario para ubicar a cada uno, ya que en este mundillo ponemos enseguida las etiquetas y respondemos a ellas no a lo que la persona dice. Conozco a muchos alumnos a los que he visto fracasar estrepitosamente en clase y años después los/las encuentras en el mercado laboral cumpliendo con gran solvencia. Muchas veces hablo con ellos (voy a dejar el engorrosos ellos/as) y me llama la atención que me digan. Es que a mí no me gustaba estudiar. Si miran con atención el mundo de las matemáticas, la física y la química, que son los que conozco, se darán cuenta que es un saber Innecesario para la mayoría (precioso, pero innecesario). ¿qué porcentaje de personas sería capaz de explicar el concepto más elemental de estas ciencias con acierto? No me refiero a la divulgación falsa que mezcla medias verdades con falsedades estrepitosas. Puedo contar muchas anécdotas al respecto. El saber es algo que a mucha gente no le interesa (es maravilloso, pero requiere esfuerzo, constancia, dedicación y reflexión). Estamos de acuerdo en que cuanto más ilustrado sea un país mejor para él (bueno no siempre es cierto, pero....) aunque ¿qué incluye eso? Probablemente un barniz cultural del que queda fuera la ciencia pura y dura. Pues bien, ¿dónde se enseña eso?. El simple principio de Arquímedes o las leyes de Newton quedan tan lejos de las aspiraciones de muchos adolescentes que a veces nos sentimos hasta ridículos explicándolas. Y por favor, que no me venga alguno diciendo cómo hay que explicarlas, que si el saber libresco, que si patatín y patatán, que he probado cien mil formas. A mi hijo se lo expliqué porque él quiso a los 10 años andando por la playa. Eso es un botón de muestra. Es verdad que hay muchos que no quieren, porque sencillamente el mundo les ofrece otras cosas tan dignas como el saber. Lo que si creo es que hay que dejar abiertas las puertas SIEMPRE por si alguien quiere, pero pelear contra lo imposible es duro y es un camino equivocado a mi entender. La diferencia entre un alumno que tiene un historial de trabajo y otro que no está mentalmente en el aula no es de 0 a 10 es de 0 a 50 por lo menos.
Un saludo a todos

Es difícil de resolver el problema de los niños que llevan distinto ritmo en las aulas, pero según yo lo veo, el problema de nuestra educación es mucho más básico. En clase no se preocupan de enseñar, sobre todo a los niños de primaria. Sencillamente se les cuentan las cosas, para que luego sean los padres en casa los que hagan que los niños aprendan.

Me irrita profundamente que sea tan obvio que están preparando el camino a sus cachorros y que dejemos que lo sigan haciendo.

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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