Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

Empieza el curso conjugando 9 verbos (o mejor 10)

Por: | 16 de septiembre de 2013

Inicio de curso 1
Llegó el momento más deseado del año: el inicio de curso. Se desborda el ansia de conocimiento, que decía Bertrand Russell en su maravillosa Autobiografía; las hormonas veraniegas apenas flotan como cenizas en el recuerdo, y no hay un solo estudiante que no se tire cada mañana de la cama como un loco en dirección al aula. Un desbordamiento de energía creativa al que la canícula nos había desacostumbrado inunda los centros educativos y los escritorios de los chicos. El todopoderoso WhatsApp se adormece unas cinco milésimas de segundo, Facebook cae sepultado en el olvido, los móviles ni suenan ni vibran, los ecos de Atenea se apoderan de las aulas y todo parece haber vuelto a su ser.

¿O me he equivocado de planeta?

Quizá sí, puede que no sea todo tan luminoso, aunque estoy convencido de que, en algunos casos, (casi) lo es. Pero tratemos de dar unas paletadas cromáticas que eleven el ánimo y nos empujen hacia delante.

Para empujar necesitamos acción y no hay palabras que expresen tanta acción como los verbos. Así que me dirigiré directamente a los jóvenes a través de vosotros para plantearles un reto: conjugar el inicio de curso con 9 verbos (o quizá 10), para lo cual se necesitan algunos momentos para reflexionar y también algunos folios en blanco.

1. Motivar. Es la clave de la clave de la clave. La motivación es tu principal fuente de energía, el combustible inagotable de tu mente, lo que te empuja hacia algo, tu verdadera Ley de la Gravitación Personal (con permiso de Newton). Es un viento que se lleva por delante dificultades y problemas, que hace fácil lo difícil y alcanzable lo que te parecía inaccesible. Encontrar motivaciones fuera de ti es una fortuna, pero las más intensas son las internas, las que apenas necesitan ser alimentadas desde fuera. Por lo tanto, cualquier estudiante que tenga la disposición a dejarse motivar y la fabulosa habilidad de automotivarse, tendrá muchísimo ganado. Todo resultará más fácil y menos agotador. Y los resultados le acompañarán sin duda. Así que el consejo es simple: busca tres grandes motivaciones para estudiar (y anótalas en un folio).

Motívate

2. Soñar. Soñar, desear, proyectar en tu mente la película de lo que te gustaría conseguir es una manera perfecta de definir metas y concretar tus objetivos más queridos. Si consigues visualizar lo que quieres conseguir, te resultará mucho más fácil avanzar hacia ello. No basta con que describas o te imagines genéricamente tus objetivos como estudiante: intenta verlos, recrearte en ellos, ponerles detalles y números, colorearlos de una forma vital y concreta, acercarlos a ti antes de llegar tú a ellos. Si tu mente los ve cerca, muy cerca, tú estarás cerca, muy cerca. El consejo es: define tres objetivos que te gustaría conseguir este curso (y anótalos en un folio para releerlos a menudo).

3. Profesionalizar. Es un verbo que quizá te suene extraño o fuera de lugar para un estudiante, pero, bien entendido, resulta imprescindible. La profesionalización conlleva ideas como el hábito de trabajo, las normas, la responsabilidad, las expectativas y rendición de cuentas, la eficacia y la mejora progresiva, el trabajo en equipo o la perseverancia a lo largo del tiempo. Lo contrario de un profesional es un aficionado a tiempo parcial o uno que pasaba por allí y hace algo cuando le apetece. Pues bien, en el buen sentido, tienes muchas probabilidades de pasarte como mínimo 20 años de tu vida ejerciendo la misma profesión: la de estudiante. En los tiempos que corren, es bastante probable que nunca ejerzas una misma profesión tanto tiempo, así que la de estudiante quizá sea la más duradera de tu vida. Y es probable que acabes echándola de menos. ¿No merece la pena mejorar cada día tu desempeño en lugar de dejarte llevar? El consejo es: señala solo tres aspectos que te propones mejorar en organización del trabajo, en actitud en clase y en tu método personal de estudio (y anótalos en un folio).

4. Corregir. Cualquier mejora conlleva un cambio, un movimiento. Si el movimiento consiste en ir desde aquí hasta allí, ¿como podríamos llegar a un lugar sin saber de dónde venimos? El conocimiento de tu situación como estudiante es imprescindible, y ello exige una mirada sanamente autocrítica. Si no haces un diagnóstico de tus principales problemas o carencias, no será fácil el cambio y tendrás bastantes probabilidades de dejarte llevar por la Ley de la Mínima Dificultad, con lo que aquello que no funciona se perpetuará. El consejo es: especifica cuál es tu principal fallo que te propones corregir y mejorar (solo uno, pero anótalo en un folio).

5. Erradicar. Quien más quien menos tiene unas cuantas áreas de mejora, que son las que requieren cambios y correcciones, pero también áreas que directamente y sin mayores sutilezas debemos considerar de pura “erradicación”. Es decir, hábitos, costumbres, líneas de comportamiento o incluso ideas que son altamente perjudiciales para nosotros mismos. Generalmente son pautas que generan fracasos o conflictos personales tan estrepitosos como reiterados. Sus efectos destructivos son como los de una reacción nuclear en cadena, hasta el punto que realmente se convierten un muro que bloquea cualquier esfuerzo de mejora. El consejo es: especifica cuál es la principal pauta de conducta personal que te propones erradicar te cueste lo que te cueste (solo una, pero anótala en un folio).

6. Neutralizar. Todos nos encontramos en el camino con piedras que no hemos puesto nosotros. Son problemas generados por causas ajenas a nuestra voluntad, generalmente determinadas personas u determinadas situaciones. Se trate de profesores, compañeros, amigos, centros o lo que quiera que sea, la solución radical quizá no esté en tu mano, pero en tu mano quizá esté reducir su impacto de alguna inteligente manera. El consejo es: define qué situación (o persona) te genera un serio problema cuyo impacto puedes reducir haciendo algo (solo una, pero anótala en un folio).

7. Mantener. En todo aquello que te va bien o muy bien, ¿ves algunas constantes? ¿Cuáles son tus puntos fuertes, las claves de tus éxitos, lo que te hace sentir bien, lo que te genera orgullo personal? ¿En qué deberías apoyarte para que lo bueno siga siéndolo y lo demás mejore considerablemente? El consejo es: define tres de tus puntos fuertes, en los que seguirás apoyándote pase lo que pase para que las cosas vayan bien (y anótalos en un folio).

Lectura

8. Leer. Si la base del éxito en el estudio es estudiar, la base del estudio es leer. En las diferentes modalidades de lectura: exploratoria, comprensiva, de repaso o de ampliación; recreativa o centrada en las materias;  de búsqueda o de comprobación; en pantalla o en papel; en el escritorio, en la cama, en el autobús o en la consulta del dentista. En definitiva, llámalo X, pero lee, lee y lee. Si conviertes a la lectura en tu vicio personal, más allá de las puras necesidades escolares, generalmente más bien parcas, es muy difícil que fracases en los estudios. Hay una sola manera de no leer, pero muchísimas de leer. Aprovecha sus inmensos beneficios. El consejo es, precisamente, de lectura rápida: lee todo lo que puedas (y subraya y sintetiza siempre que sea necesario o te resulte útil).

9. Escribir. La escritura es una arma intelectual de elevadísimo poder: permite reelaborar, sintetizar y adaptar cualquier contenido a uno mismo o al destinatario (¿el profesor?), facilita extraordinariamente la concentración mental, refuerza la memoria con poderes magnéticos, ofrece la posibilidad de ver las cosas de otra manera mucho más inteligente y compleja, y, en definitiva, pone al máximo el velocímetro del pensamiento y el razonamiento. Eso sí, solo se aprende a escribir leyendo (y escribiendo, claro). La diferencia entre un estudiante que escriba bastante y otro que apenas lo haga es inevitable, se plasma no solo en resultados, sino también en conocimiento. El consejo es: escribe todo lo que puedas, porque todos los textos que elabores son un gran borrador para el próximo, que quizá sea el más importante.

Estos eran los verbos en los que inicialmente había resumido el compromiso de iniciar el curso poniendo bien las bases. Pero al releerlos he visto que faltaba uno. Y su ausencia sería bastante clamorosa. Este es el décimo:

10. Esforzarse. Lo diré con claridad: nada valioso se consigue sin esfuerzo. Hacer algo bien requiere generalmente entrenamiento, ensayo, hábito e insistencia, más allá del típico don peliculero con el que a veces nos tratan de engatusar. Nadie hace nada sin despeinarse. Pongamos que a Juan Tamariz se le da excepcionalmente bien la magia. ¿Crees que no se ejercita cada día entre 8 y 10 horas? Pongamos que a Nadal se le da bien la volea. ¿Crees que no se machaca cada día? Pongamos que a Obama se le da bien hablar en público. ¡No creerás que no lo ensaya! Piensa en tu esfuerzo con una mentalidad de entrenamiento, que permite mejorar con la práctica, no con la mentalidad de pila Duracell (que se gasta con el uso). Un cerebro entrenado (es decir, esforzado reiteradamente) mejora sus prestaciones de forma espectacular, porque no se limita a acumular indiscriminadamente, sino que cambia, consolida, relaciona y perfecciona sin parar. Así que este el último consejo de inicio de curso: prepárate para hacer un gran esfuerzo. Pero no desde el próximo lunes o cuando se acerquen los primeros exámenes, no. Esfuérzate desde ayer.

Es evidente que muchas de estas pautas requieren papel, bolígrafo y… pararse a pensar un ratito. Quizá algo más que tres o cuatro segundos que la mayoría está dispuesto a conceder antes de echar una mirada furtiva al móvil o zambullirse directamente en él. Pero merece la pena plasmar tus ideas en folios separados para que a lo largo del curso les eches una mirada atenta para comprobar qué estás haciendo según lo comprometido ante ti mismo y en qué te estás desviando.

Mejorarás: no sabes los milagros que hace pasar cosas del cerebro al folio.

Hay 5 Comentarios

Muy buenos consejos para los estudiantes, que tanto detestan comenzar el curso.

me quitó una sonrisa!

Creo que estos 9 verbos pueden servir en cualquier etapa de la vida de un estudiante y también en la de un trabajador. En lo personal quisiera comentar que leer este artículo me ha motivado y mientras lo leía iba mencionando en mi mente cada sueño, motivo, erradicación, etc. Ahora me toca escribirlos en una memoria y pensar sobre cada uno de ellos, y más en estos momentos en que estoy por iniciar una licenciatura.

Saludos.

La niñez, y la juventud son unas de las etapas de todas las personas más fundamentales.
Porque se conjugan algunos de los verbos más importantes e interesantes de las vidas de los seres humanos.
Cuando los ojos se agrandan intentando abarcar todo lo que se nos pone delante.
Y vemos el mundo todo lleno de supermanes y capitanes américa.
Es cuando nuestras mentes aprenden los primeros conceptos básicos y para toda la vida sobre el trabajo, la responsabilidad, el mérito, la entrega, y el sacrificio, el respeto, la solidaridad, la generosidad y el desapego.
La civilización se mantiene y empieza por formar bien a nuestra juventud.
Aprovechando el momento.
Que luego ya no quedan más oportunidades de que estos chicos presten atención.
Desencantados, aburridos y dolidos.
Burlados incluso.
Mirando con los mismos ojos, pero con otras ideas.
Por más que se intente, ya no se consigue.
Viendo y comprendiendo sin palabras, la realidad de los padres, de los amigos y de las amigas.
Mirando alrededor.
Despechados por el precio de las cosas que otros producen casi gratis, de ver lo que tienen algunas gentes y lo que les falta a otros muchos.
Una y no más.
Una oportunidad de oro para intentar orientar la nave desde el comienzo.
Y van algunos linces y lo estropean anticipando el momento del desencuentro y del desengaño prematuro.
Quienes después pedirán responsabilidad y respeto.
Con la horma de su zapato, seguro.
Sin esperarlo, y de golpe y sopetón.
Criticando lo mal educados y salvajes que son las nuevas generaciones.
Que va, que va.
Ni mucho menos, es solo la viva imagen y semejanza, solo que en vez de doblar el lomo rendidos, tirarán piedras a dos manos contra todos los tejados de aquellos que les traicionaron la niñez y la juventud.
Que ya lo estamos viendo.
A nuestro alrededor.

.

Mirar, oler, oir, degustar, y tocar son los cinco verbos esenciales. A los que siguen creer, dudar, desear, rechazar y pasear. Después la cosa se complica... ¿qué miro, qué huelo, que degusto, qué toco, que creo, que deseo...? ¡Niño/a la vida es algo complicada' siempre estamos dentro y fuera del tiempo.

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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