Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

La muralla china del estudiante

Por: | 23 de septiembre de 2013

La muralla china (foto de Carlos Arroyo)
La muralla china que todos llevamos dentro: ese es un
o de los principales problemas de los estudiantes. No la casi inexpugnable edificación defensiva del antiguo imperio asiático, sino otra más desalentadora aún que tenemos en nuestra propia mente. La versión metafórica de un concepto bien conocido y mejor sufrido por los jóvenes y la mayoría de los mortales: el minuto -1. El momento inmediatamente anterior a ponerse a trabajar. Los chicos se quedan mirando esa muralla, que crece por segundos, y ya son incapaces de saltar al otro lado. Eso, si no se dan disimuladamente la vuelta y a otra cosa mariposa (gran especialidad del sector juvenil).

Si no median espadas de Damocles, como una imposición o una obligación externa, y solo dependemos de nosotros, el minuto -1 de cualquier esfuerzo genera de repente un fenómeno gravitacional de alternativas urgentes, a cual de ellas más insignificantes: tentaciones variadas, tuiteos rebosantes de breaking news, distracciones imprevistas, sugerentes facebooks, mails de bajo impacto, chistes whatsappeados sobre Ana Botella, cuestiones que han pasado de reaplazadas a inaplazables, pensamientos fuguistas y desidias camufladas bajo el piadoso manto de el lunes empiezo. Todo ello se condensa en un agujero hipermasivo que nos abduce y nos impide ponernos a la tarea.

Vemos a nuestros hijos como pasmarotes ante esa muralla, o disimulando como pueden su indecisión de ponerse a estudiar (traducido a idioma adulto, su decisión de no estudiar), nos sentimos inquietos y les regañamos con impaciencia. Pero, apelando al arte que tiene Serrat para decir con hermosura lo que todos sabemos y sentimos, “a menudo los hijos se nos parecen…”. Eso es parte del problema: que se nos parecen más de lo que nos gustaría (y eso será materia para otro post). Así que a muchos padres y profesores nos toca lidiar con jóvenes que podrían replicarnos: “Pues anda que tú…”. Lo cual complica la tarea.

El gran experto en ponerse a hacer las cosas, Felipe, de Mafalda
Para hablar de “ponerse a ello”, pocas autoridades encontraremos en todo el mundo con el prestigio de Felipe, el amigo de Mafalda: “Hasta mis debilidades son más fuertes que yo”. Felipe es un chavalín que se maneja en el arte de la contradicción casi tan bien como el peor de los políticos españoles (“No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. ¡Desde mañana mismo empiezo!”) y que exhibe un afinado sentido de la realidad (“¿Y si antes de empezar lo que hay que hacer empezamos lo que tendríamos que haber hecho?”).

Reconozcamos que los jóvenes tienen más a mano la tentación de huir de la próxima tarea, porque estrictamente no rinden cuentas cada día, sino más bien a medio o largo plazo (y, obviamente, no son expulsados por no cumplir con su trabajo). Si a ello se suma que están en una edad de bajo autocontrol, alta tendencia procrastinadora [ver Nota final] y un generalmente precario nivel de entrenamiento estudiantil, se entenderá que su muralla china mida el doble o el triple que la de los adultos del común.

En otros posts hemos analizado la trampa de la multitarea, la procrastinación, la anticipación para el fin de curso, la preparación de los exámenes y la necesidad de un horario de estudio. En todos ellos se dan pautas para evitar los incumplimientos y sus problemas derivados. Ahora nos centraremos en la necesidad de resistir ferozmente la tentación de eludir o retrasar el trabajo. El momento clave de cualquier trabajo es el minuto -1, porque en él se declara la epidemia de esques. ¿Qué son los esques? Se entenderá perfectamente con la ayuda de sinónimos: pretextos, excusas, justificaciones, coartadas, atenuantes, salvedades, triquiñuelas, evasivas, subterfugios y autoengaños. ¿Os suena la lista?

En definitiva, es el arte de la excusa, que se alimenta de pseudoargumentos para no ponerse a estudiar. El de la excusa es un arte burdo, al alcance de cualquiera con medio dedo de frente, así que no tiene ningún mérito (personalmente, hace tiempo que no doy credibilidad a nada de lo que venga detrás de “es que…”  salvo en casos muy evidentes). Puestos a elegir entre el esque y el porque, prefiero este último, porque tiene una connotación explicativa, no evasiva. Observemos cuántas veces nos dicen porque y cuántas es que, y eso nos dará una idea de si se trata de buscar y reconocer causas reales o de pasar el consabido estúpido velo.

Pero vayamos de vuelta a la muralla china y veamos cómo podemos ayudar a nuestros hijos a superarla, ya que suelen habituarse a ella con tanta perfección que apenas notan su existencia (ni apenas sus consecuencias).

Cuenta atrás
Mis recomendaciones son claras, directas y, además, solo dos:

A. El minuto -1 debe recibir el mismo tratamiento que el minuto +1: es parte del tiempo de estudio. No está sometido a opinión, apetencias o alternativas. Es el final de una cuenta atrás que ya no tiene marcha atrás. No debe aplazarse, porque todos deberíasmos ser conscientes de una idea de importancia capital: el comienzo de una acción ya es media acción.

Es más, los estudiantes excelentes suelen entrar en lo que podríamos llamar fase de presintonía bastante antes del minuto -1, como esos finalistas de las pruebas atléticas cuando están en las instalaciones que preceden a la salida a pista. Antes de correr ya están corriendo con el cerebro. O los corredores de Fórmula 1, que desde la parrilla de salida ya van por la cuarta curva en su mente. Están “anticipando” y, por lo tanto, afinando todas sus capacidades. Anticipar es esencial: así sale todo mucho mejor.

B. Aplicar a los distractores iniciales lo que podríamos denominar caseramente el Test del Efecto Multiplicador, que permite calibrar el impacto (positivo o negativo) de cualquier conducta no ocasional, sino repetida. Es sencillo: para saber si debes evitar o mantener una conducta, multiplícala por el número de veces predecible y solo entonces toma tu decisión. La idea es que hacer algo una vez no tiene mayor importancia, pero puede ser muy perjudicial si se repite. Nuestra multiplicación será la lupa que nos permita calibrar el verdadero impacto.

Imaginemos que cada vez que uno se va a poner a estudiar, dedica 10 minutos a juguetear con Facebook. Como hecho aislado no tiene importancia. Ahora bien, si se repite y se convierte en costumbre, se genera un hábito que, siendo prudentes, puede suponer 10 minutos unas 220 veces al año. Lo que parecía un inocente hecho aislado se ve ahora como una sangría de unas 40 horas de estudio, en torno al 6% o el 7% del tiempo que uno creía que dedicaba a estudiar. Lo peor es que para muchos jóvenes es una pérdida invisible, que parece tiempo de estudio, no de Facebook.

Hay una tercera recomendación, pero esa no es solo para el estudiante, sino más bien para el resto de la familia. No contribuyamos con nuestra charla, nuestras actividades o nuestras actitudes a que esa muralla china de los jóvenes acreciente su altura y su dificultad. Colaboremos para hacerla más fácilmente franqueable.

Debemos reconocer que la muralla del minuto -1 es mucha muralla, pero no perdamos de vista que es posible adquirir el hábito de hacerla prácticamente subterránea. Para lo cual, lo primero es reconocer su existencia. Y después, todo lo demás.

 

Nota final (sobre la procrastinación)

El tema de la procrastinación fue tratado en este blog en estos posts: ¡Tu hijo está procrastinando!, La procrastinación está en el cerebro, El antídoto de la procrastinación y 10 formas de luchar contra la procrastinación. Se trata de un tema de gran impacto en las actividades de jóvenes y adultos. A tenor de la reacción que suscitó en los lectores, parece evidente que es un problema muy extendido, pero ante el cual abunda la actitud de resignación. Sería ingenuo afirmar que la procrastinación es fácil de evitar (para los más impulsivos es bastante difícil), pero creo que limitarse a constatar su existencia, e incluso recrearse en ella como una parte graciosita de la personalidad, no es una buena actitud. Es cómoda, pero no es ni inteligente ni beneficiosa.

En los escritos sobre procrastinación se observa (creo que crecientemente, pero no estoy seguro) una cierta tendencia incluso a considerarla buena. Creo que es un enfoque erróneo derivado de una definición piadosa y manifiestamente inoperante. Si procrastinación se considera no hacer algo en algún momento por algún motivo no necesariamente explícito, obviamente podría haber procrastinaciones buenas cuya causa sea razonable, aunque intuitiva, no expresa. Serían aquellas procrastinaciones por las que debemos dejarnos llevar inconscientemente, pero con un remoto sentido de conveniencia que acaba demostrándose acertado o, dicho de otro modo, acaba "saliendo bien".

Antifrágil
El mejor ejemplo de este enfoque, en mi opinión absolutamente erróneo, lo da el original pensador, matemático, financiero e iconoclasta antiacademicista y anticorbatas Nassim Nicholas Taleb (nacido en Líbano y residente en Nueva York) en su reciente libro, Antifrágil (Paidós), con el que remata la faena de
El cisne negro. Dicho sea de paso, un libro apasionante, que recomiendo efusivamente a quienes quieran disfrutar de una lectura exigente, singular, original, multidisciplinar, multigénero y, por si fuera poco, muy divertida y que no deja títere con cabeza: el lector, entre otros. Pero fundamentalmente es un libro en el que, aunque uno entre preguntándose "¿me he perdido algo desde que he empezado a leer?", luego nos da que pensar para lo que queda de año y el siguiente. Es un libro para releer con idéntico interés que la primera vez.

Pues bien, Taleb defiende la procrastinación como una intuitiva manera de hacer que lo realmente importante se consolide y se materialice, al hacerse fuerte luchando contra los frenos y obstáculos que nuestra propia mente le pone. Dicho de otro modo: si no lo haces o no te apetece hacerlo, no era tan importante que lo hicieras. Yo a eso no lo llamo procrastinar, porque prefiero aplicar el término solo en su sentido negativo. Es mucho más clarificador y útil. A lo que dice Taleb lo llamo simplemente “madurar o gestar” los temas. Es algo fundamental para cualquier trabajo creativo, pero no tiene nada que ver con la procrastinación.

En fin, con estas precisiones me he dado el gusto de disentir solo un poquito de un autor tan interesante como Taleb, que tanto me ha divertido y del que tanto creo haber aprendido.

 

 

Hay 5 Comentarios

Es comprensible que a los jóvenes les cueste ponerse a estudiar, igual que cualquier otra tarea que les disguste. A los mayores también nos ocurre esto.
Creo que es una buena táctica la de elaborar un horario para el estudio que incluya descansos y tiempo de ocio.

Fantastico, muchas gracias, me ayudo mucho.
http://www.guiaviajesa.com/muralla-china/

Una vez más, sencillamente genial. Muchas gracias Carlos.

¡ Buf ! ... Hincar los codos. ¿ Eso es lo único que puede hacer de los estudiantes seres capaces de gobernarse a si mismos ? No sé. Muchos acaban hechos unos "no nacionalistas" igualmente.

Junto con “tengo que hacer la compra o la cena”, “tengo que pasear al perro”, “tengo que hacer la declaración de la Renta”, “tengo que llamar a mi madre”, “tengo que colocar mi habitación” y otros similares, el “tengo que hacer los deberes” es un componente más de esa retahíla de tareas, intenciones y responsabilidades no cumplidas que ocupa buena parte de nuestro pensamiento.

Un peso, en definitiva. Un ruido que nos acompaña toda la vida, en el que se mezcla lo que uno debe hacer, sin que haga falta que se lo digan, con las obligaciones que a uno le imponen; de modo que vivimos en una confusión en la que resulta difícil distinguir cuáles de estas deudas son propias e intransferibles y cuáles son ajenas. Y gran parte de la dificultad reside en que la exigencia de comportamientos que espontáneamente no tendríamos forma parte, ya desde sus inicios, del proceso educativo.

Porque la educación tiene mucho de condicionamiento, de conseguir que, ante ciertos estímulos, otros actúen o piensen de una determinada manera. Y ello incluye el convencimiento de que estos comportamientos se nos demandan por nuestro bien, o por el bien común, cuando muchos de ellos responden a los intereses de otros.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/los-deberes

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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