Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

Luchemos contra el fantasma de la pobreza también en las escuelas

Por: | 26 de septiembre de 2013

 

 

Autora invitada: MARÍA JESÚS SOTO, autora de un libro pionero en educación, Mi primer libro de economía: Ahorro e inversión.

 

La principal consecuencia de la crisis será un aumento de la pobreza, especialmente para quienes no la vean venir o no sepan cómo evitarla. ¿Estamos preparados para afrontarla? ¿Somos conscientes de que colegios e institutos forman parte del campo de batalla contra la pobreza?

En las próximas décadas, uno de los escenarios en los que nos moveremos es el de menor gasto público y menor financiación bancaria si la comparamos con la de los años de vino, rosas y dispendio. Nos tendremos que enfrentar al reto de generar riqueza, ahorrar y conseguir que nuestros ahorros crezcan, para hacer frente al nivel de vida que podamos pagarnos. Tarea compleja, pero no imposible, en un país acostumbrado al dinero fácil, a un papá Estado que gastaba alegremente y a unos ciudadanos sin apenas conocimientos básicos de economía y finanzas.

El impacto inicial nos deja un país que ha perdido una enorme cantidad de riqueza y acumula una deuda tan cuantiosa que pasarán décadas para devolverla. Cada familia y cada persona, tiene su propia historia tras la primera y gran sacudida del tsunami. Pasado el primer momento de los lamentos y aceptación de la realidad, ahora toca evaluar daños y prepararse para que no vayan a más. Pero podemos salir fortalecidos de la situación que nos ha tocado en suerte.

El principal temor de los ciudadanos es que su futuro económico es incierto, y eso agita el fantasma de la pobreza, entendida esta como la carencia de recursos suficientes para mantener un nivel de vida esperado. El temor es más que fundado, y aquellos que no lo tengan, cometen el primero y más grave de los errores: no ser conscientes del peligro.

Puesto que la pobreza podrá ir en aumento con los años, los más jóvenes, y por supuesto los niños, son los más vulnerables, porque no tienen recursos propios que les garanticen su futuro. De hecho, ya está sucediendo hoy de forma alarmante, por lo que tendrán que prepararse a conciencia para hacer frente a lo que viene.

Pobreza en España
Pero retomemos la palabra pobreza e intentemos conocer mejor a ese fantasma que nos atemoriza. En el nivel extremo de pobreza podemos colocar a las personas incapaces de conseguir por sí mismos los recursos mínimos para mantenerse con vida. En muchos lugares del mundo una gran mayoría de ciudadanos se encuentra en esas circunstancias, no así en el nuestro, aunque puedan ser numerosos los afectados. Reflexionemos cada uno respondiendo a las siguientes preguntas: ¿En qué circunstancias económicas me sentiría pobre? ¿Sería un problema grave o amenaza para mi vida? ¿Qué puedo hacer para evitar llegar a esa situación o salir de ella?

En nuestra sociedad se habla de la generación perdida, la primera en vivir peor que la de sus padres. El tema no es si uno está o no de acuerdo con esas afirmaciones tan genéricas, que quizá tengan buena parte de razón, sino si en cada caso concreto sucederá eso o lo contario. La voluntad y la visión que nuestros jóvenes, ahora estudiantes, tengan de ellos mismos, definirá su futuro casi con total certeza. 

Las afirmaciones categóricas y derrotistas sobrevuelan en todas las sociedades. Todavía recuerdo cuando decían que España no entraría en el selecto club de países del euro por lo indisciplinados que éramos, y ¡ahí estamos! No hace tanto que muchos afirmaban que seríamos intervenidos, y ¡aquí seguimos! Nuestro país ha sido capaz de salir adelante en las peores circunstancias, lo llevamos en el ADN, y estoy segura que esta vez no será una excepción. Se trata de creérnoslo y de que nos ayudemos unos a otros. Tenemos que conseguirlo entre todos. Por desgracia, muchos se quedarán por el camino. Siempre sucede, pero intentemos que sean los menos posible y que, si sucede, no sea porque no hemos intentado ayudarles.

Con ese propósito escribo estas líneas: aportar esperanza y soluciones en tiempos difíciles, pero llenos de oportunidades.

Las generaciones que ahora están en los centros educativos (y las siguientes) no tendrán más remedio que vivir en función de sus posibilidades, porque alguna de las anteriores ha vivido por encima. Ahora toca ajustarse a la realidad, que es bastante doloroso, pero necesario.

Ayudaremos los niños y los jóvenes, que son los más vulnerables, a esquivar el fantasma de la pobreza con educación económico-financiera y en valores. La pobreza se neutraliza con la generación de riqueza y con la ayuda a los más desfavorecidos (aquellos que, por situaciones personales de enfermedad, exclusión social u otras razones, son incapaces de generar riqueza para sí mismos y para el bienestar social común).

Hay definiciones de la palabra economía que nos hablan de la “gestión de la casa” o de los “recursos escasos”. Ante esta realidad, que expresa la necesidad de ser eficientes en la generación de recursos/riqueza y en su utilización, tenemos que hacer una seria reflexión sobre qué conductas personales y sociales debemos modificar para conseguir una sociedad sólidamente próspera.

Por un lado, la formación continua debe ser una meta durante toda la vida si queremos ser mejores profesionales y personas a medida que pasan los años. Las nuevas tecnologías son una herramienta de indiscutible eficiencia (si no dejamos que se conviertan en un enemigo que nos hace perder el tiempo).

Por otro, la carencia de educación económico-financiera es una gran deficiencia de nuestro sistema desde hace décadas. La crisis lo ha puesto de manifiesto y ha agravado el impacto en las familias e inversores. ¿Cuántos de nosotros hemos tenido nuestro primer libro de economía en el colegio? ¿Qué generación de niños ha estudiado la importancia de hacer un presupuesto, de no gastar lo que no se tiene, de ahorrar y ser un inversor responsable? ¿De los miles de gestores públicos y privados que hemos tenido en empresas o entidades, cuántos han recibido auténtica educación financiera y los valores adecuados para cumplir con sus responsabilidades de forma honesta y eficiente? ¿Cómo íbamos a conseguir que los ciudadanos valoraran el dinero si parecía que caía del cielo?

Las respuestas a estas preguntas nos confirman que, si queremos un futuro distinto, debemos empezar cuanto antes a educar en asuntos financieros a nuestros niños y jóvenes (y también a los adultos), como ya sugería en esta entrevista en EL PAÍS. Incluso como asignatura obligatoria en los colegios, Los niños disfrutan mucho aprendiendo de finanzas, y participando en los medios de comunicación para demostrarlo, y yo lo he constatado directamente con ellos en sus colegios.

Portada de Mi primer libro de economía

Con  la publicación de Mi primer libro de economía: Ahorro e Inversión (Everest) he querido poner una primera piedra del futuro edificio de la cultura financiera en nuestro país. No tendremos la certeza de que los conocimientos económicos y financieros que nuestra sociedad pueda adquirir se utilicen correctamente si no enseñamos a aplicarlos con unos valores fundamentales, para el bien individual y colectivo, como son: la honestidad, el esfuerzo, la constancia, la responsabilidad y la transparencia.

También necesitamos el espíritu emprendedor, que será nuestro gran aliado en la lucha contra el fantasma de la pobreza. Todos nacemos con él, reflejado en  nuestro afán de conocimiento del entorno, al tiempo que buscamos como mejorarlo. Adultos y jóvenes lo pierden, al no utilizarlo de forma altruista y generosa, buscando mejorar nuestros procesos rutinarios y explorar nuevos caminos que ayuden a la sociedad, antes que la retribución económica que ello supondrá.

El miedo al fracaso también anula nuestra innata capacidad de emprender. Por eso necesitamos ciudadanos valientes, que realmente quieran hacer nuestro futuro mejor, sabiendo que el fracaso no está en que un proyecto no tenga éxito, sino en no intentarlo nunca.

En conclusión, si nos empleamos a fondo, en formarnos cada día para conseguir un prestigio profesional, que nos ayude a generar riqueza para nosotros y para nuestro entorno; si gestionamos correctamente nuestros recursos, con los conocimientos económico-financieros adecuados; y, si con nuestra generosidad ayudamos a los más desfavorecidos, el fantasma de la pobreza será eso, un fantasma que nunca se apoderará de la realidad.

La educación y el ejemplo de la familia, así como del entorno social, serán absolutamente decisivos. De ahí la importancia de la implicación de cada uno de nosotros en esa necesaria tarea.

 

 

Nota sobre la autora

María Jesús Soto es licenciada en Derecho y experta en finanzas con un gran historial profesional. Fue socia fundadora de AB Asesores en León y vicepresidenta de Morgan Stanley a cargo de diversos proyectos de intercambio comercial y relaciones públicas entre Estados Unidos y España. En este cargo colaboró intensamente con la comunidad hispana de aquel país. Es socia directora de la firma Inversis Banco en su oficina de León, y dirige desde 2010 el portal de información financiera elinversorinquieto.es.

Es asimismo miembro del Consejo Social de la Universidad de León de cuya Comisión Económica y Financiera forma parte.

Tiene una amplia experiencia de actividades docentes en instituciones públicas y privadas, así como en jornadas y encuentros con medios de comunicación. Es autora además de diversas publicaciones y artículos relativos al entorno financiero y de inversión, entre los que destaca el publicado por la Editorial Everest, bajo el título Mi primer libro de economía: Ahorro e Inversión.

Hay 2 Comentarios

Es importante que en el colegio se enseñen valores altruistas y solidarios. De nada sirve una sociedad con alto nivel en formación y profesionalidad si es egoísta y desconsiderada. El colegio no son sólo conocimientos de libros.
No obstante, esto no es únicamente tarea del colegio, sino también del entorno familiar.
https://www.matesfacil.com/

Nuestra sociedad, la que tenemos formada entre todos y todas también pertenece a las personas menos favorecidas, ya sean personas pequeñas, adultas o ancianas.
Sanas o enfermas.
Sin que se pueda mirar para otro lado, cuando en nuestro entorno tenemos casos límite de personas que no pueden comer tres veces al día, ni comprarse un par de zapatos para el invierno.
Cuando por otro lado se gastan cifras cuantiosas en conseguir otros logros, también justificables, pero prescindibles.
Cuando nosotros somos todos, es cuando una sociedad tiene empuje de verdad, en su totalidad y no por zonas ni por sectores.
Y eso se nota, allí donde los servicios sociales y el cuidado del estado se encarga de ordenar el tejido social.
Dignificando la persona desde el principio.
Desde la infancia.
Cimentando con criterio una uniformidad social, que es justicia hoy y mejor gente mañana.
Desde el compromiso y la responsabilidad.
De personas y de instituciones.

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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