Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

¿Y si pudierais elegir al profesor de vuestro hijo?

Por: | 09 de diciembre de 2013

Clase de Primaria
Albert Einstein era generoso con sus ideas, así que creo que me dejaría robarle una, aunque sea cogida por los pelos (no los suyos). Es la paradójica idea del experimento mental: uno imagina una situación y en su mente pone en marcha un simulacro de realidad que le permite sacar conclusiones, con la voluntad de ajustarse en lo posible a esa misma realidad (por alguna razón, no experimentable). Todo ello sin salir de la mente del experimentador.

En el caso del físico alemán sus experimentos mentales fueron muy importantes en el mundo de la física; es decir, en el mundo. En el mío solo será un divertimento que aspira a suscitar en el lector libérrimas reflexiones personales sobre la naturaleza de la profesión docente (y, encadenadamente, quizá también de la profesión de padres).

Mi divertimento consiste en poner a unos hipotéticos padres en una delicada tesitura con su hijo, de edad estudiantil no universitaria. Imaginad que sois vosotros y tenéis la posibilidad de elegir al piloto del avión que lo llevará a un curso veraniego de inglés, al psicólogo que lo tratará, al director de su colegio o, para darle un perfil más definido y dramático, al cirujano que lo habrá de operar. Simplifiquemos las cosas borrando de nuestra papeleta a los novatos (pongamos que a los de menos tres años de experiencia) y asimismo a los que están al borde de la jubilación. ¿A quién elegiríais?

Pero la gracia está en la siguiente pregunta: ¿y si pudierais elegir al profesor de vuestro hijo?

Ahora es cuando empieza el experimento mental. Ciñamos la elección a cuatro parámetros diferenciales, céteris páribus (es decir, manteniendo igual todo lo demás, como dicen los científicos):

Edad.

Experiencia (medida en años de profesión, horas de práctica o número de actuaciones).

Expediente académico.

- Actualización o formación continua (durante su ejercicio profesióonal). 

¿Aplicaríamos los mismos criterios al cirujano de nuestro hijo y a su profesor? Os recuerdo que cualquier otro criterio no vale para discriminar. Digámoslo claro: si pensáis en un cirujano inteligente, el profesor también será inteligente; si deseáis un cirujano rubio, el profesor, también será rubio. Solo os doy el máximo de libertad imaginable en ese conjunto de criterios: edad, experiencia, expediente y formación continua.

En el experimento sociológico que hago en mi imaginación, y por centrarme en la figura del cirujano, la mayoría de la gente elige a uno cuya edad no importa tanto como su experiencia, y cuyo expediente no pesa ni la cuarta parte de la mitad de lo que pesa su actualización (si fuera objetivable). Así que me sale uno de edad media-alta, con muchos cientos o varios miles de operaciones en sus manos, por cuyo expediente académico nadie preguntaría, y cuya exigente formación posterior sería árnica para los nervios de los padres (si bien no tanto como una infinidad de operaciones ya realizadas). La experiencia sería definitiva en la elección por parte de mis ciudadanos mentales. Ellos nunca se inclinarían por un cirujano con cinco años de experiencia si pudieran elegir a otro con 10 o con 15 (céteris páribus, insisto).

En esa misma fantasía sociológica, los padres eligen mayoritariamente para su hijo (de Infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato o FP) a un profesor cuya edad sí importa (lo prefieren joven, aunque los novatos estén previamente excluidos), cuya experiencia no es excesiva (digamos que mejor 5 o 10 años que 25 o 30), cuya actualización es bastante valorada (si fuera conocida), y por cuyo expediente, como en el caso del cirujano, a nadie se le ocurre preguntar. 

Quiero precisar que en este experimento mental no me propongo introducir con calzador mi propia visión: la que describo es la que considero opción mayoritaria de los padres. Añadiré, para marcar distancias, que mis 55 años me liberan seriamente de la sospecha de ser joven.

Clase de Infantil
Pues bien, si los resultados imaginados del divertimento resultaran ser más o menos acertados, ¿qué conclusiones cabrían extraer?

Yo saco cuatro conclusiones:

1. La práctica y la actualización profesional, por este orden, es lo que más nos importa para dejar a nuestros hijos en manos de alguien.

2. El expediente es sociológicamente irrelevante (me permitiré aquí discrepar de la mayoría, diciendo que yo veo en el expediente un claro indicador de afán de logro, entre otras notables cualidades más personales que estrictamente académicas).

3. La madurez (siempre que no sea excesiva, por eso he excluido la zona de la jubilación) es muy apreciada en todas las profesiones que requieren un depósito de confianza personal, pero la docencia (no universitaria) es una de las que menos.

4. La experiencia es directamente proporcional a la confianza social en las profesiones citadas. Pero la docente vuelve a ser muy distinta, ya que, si dibujáramos la curva experiencia-confianza, el punto de inflexión llegaría en la educación mucho antes que en los otros casos. En román paladino, si hablamos de 30 años de experiencia, lo que para un cirujano o un piloto es una enorme garantía de confianza, para un profesor puede llegar a ser incluso un lastre (dejo dicho aquí que hablo sociológicamente, no expresando mis ideas).

La conclusión de las conclusiones es que la gente prefiere para sus hijos a profesores más bien jóvenes (no novatos) que a profesionales curtidos. Cosa que no sucede en las demás profesiones. 

Si hasta aquí hemos deambulado entre hipótesis que podrían llegar a ser compartidas por numerosos lectores, ahora nos acercamos a la zona de niebla de las opiniones personales. ¿En qué se distingue un profesor de los otros profesionales a los que encomendamos a nuestros hijos? ¿Qué pide la gente a los profesores que no pida a los demás? Sería el momento de decir “¡Hagan juego, señores!”.

Creo que para responder a estas preguntas, y dando por buena la hipótesis de que los profesores preferidos son jóvenes no demasiado baqueteados, habría que pensar en qué distingue el imaginario colectivo a los profesores jóvenes y los maduros (neutralizando las posibles diferencias individuales de calidad profesional). Dicho de otro modo, ¿qué rasgos, características o valores personales buscan la mayoría de los padres en un profesor?

La respuesta a esa pregunta constituye la parte de este experimento mental en la que pasamos del blog a cada uno de los lectores. Es el terreno de la reflexión personal, y a entrar en él os animo.

 

 

Por cierto…

Como no podía ser de otra manera, lo mismo que sugiero a los lectores me lo aplico a mí, así que he seguido escribiendo este artículo fuera del escenario. Pero creo que para cada uno son incomparablemente más valiosas sus propias reflexiones que las del autor del blog. Solo me permitiré infringir mi deliberada inhibición en un punto que sobrevuela todo el artículo y que ahora hago explícito para espolear la reflexión de los lectores: el desgaste profesional, excepcional en la profesión docente en niveles no universitarios.

 

 

 

Hay 12 Comentarios

¿Y si los profesores pudieran elegir a sus alumnos? Desde luego, los profesores quieren enseñar a sus alumnos, pero ellos se resisten y a veces son maleducados. Es lógico exigir buenos profesores, pero los padres también tienen que preocuparse por el comportamiento y aptitudes de sus hijos.
https://www.problemasyecuaciones.com/

Me parece curioso que los padres prefieren profesores jóvenes y no experimentados, a diferencia de otras profesiones. Quizás los profesores jóvenes tienen una mentalidad más acorde a la sociedad actual, además de tener más energía para lidiar con los jóvenes, conocer los nuevos conocimientos de psicología y métodos de aprendizaje, etc.
https://www.matesfacil.com/

Y de paso si me permite la pregunta ¿no será usted orientador, señor tiemposdifíclles?

Pues yo he entrado aquí y me parecía difícil la elección, pero resulta que lo tengo clarísimo. ¡el opuesto al que le gusta a tiemposdifíciles!. Perdón el opuesto o la opuesta, que ¡vaya tela!

Y que no fuese tartamudo como yo. Disculpen.

Y que no repita "ademas" en la misma linea. Ven. Yo estaria descalificado.

Yo pediria un profesor especializado en su rama pero que ademas sea sicologo, pedagogo, padre, cariñoso pero firme, con habilidad para distinguir entre sus alumnos las necesidades individuales de aprendizaje, continuamente reciclandose y aunque gane poco y nadie le respete sea feliz en su profesion. Ah! Y ademas ajeno al desaliento. Ademas que a los 45 si esta quemado que le den una licencia para conducir un taxi. Ese es el bueno.

Esa es una buena pregunta, porque no siempre se consigue un profesor según las necesidades de los niños, al respecto puedo dar una ejemplo, cuando mji hijo mayor cursaba los últimos cursos de primaria, la profesora lo apartó completamente, por una sencilla razón: porque contestaba a todas las preguntas, sus compañeros no. En fin...
http://goo.gl/DkMD48

Creo interesante la reflexión y doy mi opinión al respecto. Si me hubieran preguntado cuando mis hijos eran menores, hubiera coincidido en la necesidad de alguien joven y experimentado, cercano a mis hijos y también a mi. No olvidemos que algunos tenemos en la memoria la formación que recibimos durante el régimen fascista y que se mantuvo durante mucho tiempo (por no decir que hay muchos elementos que siguen manteniéndose, como el academicismo y la nota como centro del mundo docente) y una persona joven la suponíamos más cercana a la renovación que supuso en nuesta sociedad la llegada de la democracia.
Pasado el tiempo y aún sufriendo al sistema educativo no universitario, he perdido la confianza en la edad, pues he podico comprobar ideas muy acomodaticias y antiguas en muchos jóvenes profesores y profesoras. También me cuesta con los mayores, pues tengo la sensación de que se sienten baqueteados por el tiempo, han progresado poco en metodología y han empeorado sus condiciones laborales, lo que a veces les permite justificar su desfase intelectual (me refiero a la actualización formativa, ojo, como muchas veces se nos recuerda en este blog en relación a la irrupción de la psicología, la pedgogía y, sobre todo, la neurociencia, en en los procesos de aprendizaje).
Por ello, si pudiera elegir, elegiría a profesores y profesoras con experiencia en la diversidad (compensatoria, diversificación, atención especializada, apoyos,...), independientemente de su edad, y que manifestaran ilusión por su trabajo y por seguir mejorando. También influiría mucho que tuviera amplia experiencia como tutor o tutora y manifestase buena relación con los padres, atreviéndose, incluso, a dar orientaciones a los padres sobre su rol y la crianza de los hijos.
Sé que soy mucho más exigente que otros y también coincido con Carlos en que el expediente es un buen indicador, aunque suelo tender a ignorarlo. Últimamente me sobra palabrería sobre la importancia del profesor o de la profesora y me falta reflexión y exigencia sobre los modelos metodológicos sobre los que trabajar.

Tendemos a confiar más en nuestros iguales, en aquellos que se nos parecen. Esto explicaría que los padres, en su mayoría jóvenes, prefieran un profesor que se les aproxime en edad, al que consideran menos tradicional o anclado a las viejas formas (¡Qué confundidos están en muchos casos!).
Si yo pudiera elegir, más que un buen profesor buscaría un buen tutor.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/tutores-2

Un profesor, sobre todo de infantil, debería ser estable psicológicamente para no proyectar los propios miedos e inseguridades en criaturas tan tiernas, para que los niños los tengan como figuras de referencia seguras y sólidas.

Lo del perfil joven, pero experimentado, me parece natural: es una manera de 'asegurarse' de que tienen elementos para resolver cualquier situación con sus alumnos y al mismo tiempo no están 'exprimidos' y tienen capacidad de innovar y pensar creativamente.

Lo que los padres necesitan para sus hijos es un conjunto social que funcione, que sea estable, respetado, actual, continuado, asumible, eficiente, y motivado.
El profesor, al igual que en la empresa privada son los técnicos, es una parte muy importante del sistema educativo.
Y debe ser una persona saludable, física y mentalmente, sujeta a renovación y actualización de formas, maneras y contenidos.
Motivado desde las garantías de la protección académica, los incentivos, la progresión profesional y la defensa de su cometido social.
El profesorado ha de representar el principio de la autoridad ante el alumno, ser eficiente, preparado, actual, dinámico y especialista de su materia.
Igual que la sociedad que lo acoge y lo sostiene.
Y ser utilizado desde esa óptica, no como una persona en precario y provisional.
Cambiando en cada curso de temas y contenidos.

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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