Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

El tiempo lo hará más grande

Por: | 24 de marzo de 2014

La muerte del presidente Suárez convierte casi en una frivolidad hablar hoy de otra cosa, así que renuncio a ello. No porque tenga nada especial que aportar, lo que sería difícil habida cuenta del aluvión de artículos. Pero sí me gustaría expresar dos sentimientos.

El primero es un reconocimiento de culpa (que hace años formulé en mi fuero interno). Fui uno de esos ciudadanos que se consideró con derecho y con razones para juzgarlo muy duramente en algunos momentos de su trayectoria política. Hoy sé que la razón de fondo estaba de su parte y yo opinaba desde el Olimpo. Aún me pregunto cómo pude ser tan arrogante y cómo podía estar tan equivocado.

El segundo es mi admiración por su complejísima tarea política, que se convierte en veneración cuando caigo en el penoso ejercicio de compararlo con los de ahora. Y en un puro estupor cuando leo u oigo tantos elogios de salón entre los políticos. La cosa podría ser formulada de manera muy simple: si tan bueno era, aprendan de él y traten de emularlo en las grandes líneas. Y menos palabritas.

Creo que, cuando mueren, los buenos profesores siguen viviendo en lo que con ellos aprendieron sus alumnos (y en lo que gracias a ellos siguen aprendiendo). Y creo que, mucho más allá de sus errores, el presidente Suárez vivirá siempre en nuestra historia personal como un extraordinario ejemplo de reconciliación. Siempre lo recordaremos como uno de esos valientes ciudadanos que nos trajeron las urnas para cambiar las cosas en paz. Ahora es fácil usarlas.

El tiempo lo hará más grande. No porque lo digan hoy los periódicos, sino porque nuestros hijos y nuestros nietos ya no podrían ni imaginarse lo que fue vivir bajo una dictadura. Por mucho que lo estudien en clase.

 

 

Hay 11 Comentarios

Nobleza obliga. Esta es la legislación básica sobre pensiones para familiares del bando republicano y yo no tenía razón, aunque quizás sea porque quienes pertenecieron a la milicia, que no al ejército, no obtuvieron su pensión hasta 1984.
Decreto 670/1976, de 5 de marzo, de pensiones de mutilados de guerra que no pudieron integrarse en el Cuerpo de Caballeros Mutilados (BOE 7/4)
Ley 5/1979, de 18 de septiembre, de pensiones, asistencia médico-farmacéutica y asistencia social a familiares de fallecidos como consecuencia de la guerra civil (BOE 28/9)
Ley 35/1980, de 26 de junio, de pensiones a mutilados de guerra excombatientes de la zona republicana (BOE de 10/7)..
Ley 6/1982, de 29 de marzo, de retribución básica de mutilados civiles de guerra (BOE de 3 de abril)
Ley 37/1984, de 22 de octubre, de reconocimiento de derechos y servicios prestados a quienes durante la guerra civil formaron parte de las Fuerzas Armadas y de Orden Público y Cuerpo de Carabineros de la República (BOE 1/11).

Publicado por: mermaria | 24/03/2014 22:08:51
Un testimonio muy bonito que mi memoria comparte con muchos casos similares de quienes, muy jóvenes, nos enfrentábamos a la historia y al futuro del país. Y sí, había mucho miedo.
Tengo un recuerdo imborrable del 21 de noviembre e 1975, cuando una vecina lloró amargamente el día del comienzo de los funerales del dictador, pensando, niño aún, que lo hacía por duelo. Años más tarde me enteré que era el miedo, el volver a vivir la persecución del régimen (su marido, también me enteré después, era militante de UGT y sufrió persecución política) ni los horrores de la guerra o la posguerra (andaluza, algunos de sus familiares habían sido cruelmente asesinados en ese periodo por los golpistas y despojados de sus magras propiedades).
Y esta ocultación también la viví en mi propia familia: no fue hasta años después cuando, bajo la excusa de protegerme a mi y a mis hermanos, conocí detalles de la historia de mi familia, de su adscripción republicana, de sus andanzas y miserias durante la guerra, de la represión que vivieron durante el régimen fascista, que se transformó en ese manto de silencio con el que creían protegernos.
Una discrepancia: si mi memoria no me falla, no fue hasta los gobiernos de González cuando se reconoció a las viudas de guerra republicanas y se les concedió una pensión (que yo recuerde, mi abuela no comenzó a cobrarla hasta 1986). Si se refiere a viudas de militares rebeldes, sospecho que las pensiones subirían según las necesidades y dádivas del régimen. Y también creo recordar que la primera revalorización de pensiones, especialmente las asistenciales, que fueron creadas en aquellas legislaturas socialistas, se produjo en el año 1985, lejos ya del mandato de Suárez. Pero insisto en que mi memoria puede fallar y ud. es un testimonio de primera mano.
Y es que, sinceramente, pienso que la transición comenzó en 1982, pues, hasta ese momento, históricamente hablando, vivimos la descomposición del régimen, intentando pilotar el cambio desde dentro del propio régimen, con la ayuda inestimable del Rey y de Suárez.

Publicado por: Paz | 24/03/2014 22:59:41
Creo que era lo que yo decía: si es de derechas, estuvo por encima de las ideologías; si es de izquierdas, fue un aventurero.
Y sin embargo sigo pensando que fueron figuras muy similares: nadie sospechaba que pudieran contravenir a sus mayores (uno, a los fascistas que le ampararon, otro a la vieja guardia de su partido), se enfrentaron a problemas similares (Catalunya, donde aprobaron sendos Estatut sin el apoyo de su partido y mucho menos de la oposición más reaccionaria, bajo amenaza de sables, o el paro, tan espectacular en un caso como en el otro) y a presiones internacionales similares (recordemos que Suárez apoyó la entrada en la OTAN, incluso antes de haber iniciado la negociación directa con la entonces CEE para nuestro ingreso en Europa, bajo presión de Estados Unidos, y Zapatero tuvo que tragarse el sapo de los recortes bajo presión de la troika, y en ambos casos tuvieron poca valentía para resistirse, si bien Suárez y su continuador, Calvo Sotelo, se mostraron mucho más entusiastas). Incluso ambos supieron retirarse a tiempo (cuando perdieron el favor social y su partido los rechazó, siendo ambos apestados políticos a partir de entonces, en el caso de Suárez hasta que su hijo lo necesitó para justificarse políticamente, con la aquiescencia de Aznar, uno de quienes más duro fue precisamente contra Suárez, en la bochornosa campaña electoral de 2007).
Y soy consciente de que hago estas analogías para demostrar que son nuestras categorías morales las que dan o quitan grandeza, pues sus circunstancias históricas fueron muy distintas (con Suárez, nos jugábamos no volvernos a ahogar en sangre; con Zapatero, un nuevo impulso reformista que ampliara el catálogo de libertades, pero ya en plena democracia).
Situemos, por tanto, las cosas en sus justos términos. Reconozcamos los hechos que nos sirven para defender a Suárez (su dirección de la transición contra el búnker, su arrojo político, que trajo , por ejemplo, la necesaria legalización del PCE para consolidar la transición, y su capacidad de consenso, que tuvo como fruto la Constitución -rechazada, por cierto, por gran parte de nuestros actuales gobernantes- y los Pactos de La Moncloa), pero sin dejar de manifestar la realidad histórica: fue un arribista proveniente de las cloacas del régimen fascista, con mucho afán de poder y protagonismo, que se encontró con una realidad que le permitió cumplir sus objetivos a la par que colmaba las esperanzas de un país. No es una figura mesiánica, sino coyuntural, que, entre errores y aciertos, obtuvo lo que se pretendía de él.

Precisamente por la perspectiva que da el tiempo, analizando el contexto, le hubiera sido más fácil no hacer nada significativo, sólo lo que le dejaran...y hubiera sido muy poquito.
Teniendo en cuenta la situación en aquel momento la impresión que me da es que quiso hacer las cosas CORRECTAS sin intentar agradar a nadie, porque no hubiera podido agradar a todos y él lo sabía. El discurso sobre construir una casa nueva sobre una antigua y cambiar la instalación eléctrica y las cañerías sin que faltara nunca agua y luz....Ese era su espíritu y ahora, que vivimos una época mezquina y cobarde se nota más.
Zapatero lo que hizo fue ingeniería social no justicia social y dentro de treinta años se verá...
En fin, que se ha muerto un buen político, con todas sus limitaciones, que como no era radical, ni de izquierdas ni de derechas, acabó injustamente tratado, por el pueblo y por sus adversarios políticos que no sé cómo no les da vergüenza alabarle después de haberle llamado de todo...

Ni nuestros hijos ni nietos saben lo que es que, a veces, el miedo instintivo era la respuesta de nuestros padres cuando les comentabas que ibas a ejercer este o aquel derecho constitucional.

Recuerdo en especial cuando vivia en Madrid, en el centro, y siguiendo las instrucciones del alcade para la boda del principe, engalané mi balcon con una bandera republicana. Mi madre con autentico terror me pidio que la quitase, que la policia iba a presentarse en mi casa, tirar la puerta para quitarla ... mama estamos en un estado de derecho la policia no puede hacer eso, sobre todo sin no se infringe una ley ... la pobre se quedo bastante avergonzada.

Mis abuelas eran todo lo contrario, siempre se procuparon de transmitirnos como era la vida antes ... los ultimos años de franco y primeros de la democracia ... recurdo a mis padres o tios decir, por lo bajini en tono preocupado ... mama que te puede escuchar alguien ... era lo bastante pequeña para resultarme comica la escena

Respecto a Adolfo Suarez en mi familia nunca se escucho una mala palabra. El cambio la vida de mi tia abuela al actualizarla su pension de viudad de la guerra civl, la primera actualizacion en 40 años. ¡Como lo disfruto!

Lo mismo podríamos decir de otros muchos personajes públicos y no por eso los categorizamos, de forma racional, en el olimpo.
Por ejemplo, en uno de los muchos programas panegíricos que se hicieron el domingo sobre la muerte de Suárez, Mª Teresa Campos entrevistó al Presidente Zapatero sobre el hecho y, además, le hizo la siguiente pregunta (cito de memoria):
"¿No tendría ud. la misma talla moral que el Sr. Suárez y podría considerarse su figura a su nivel por iniciar el proceso de desarrollo de la carta de derechos más amplia que ha habido hasta ahora en democracia?"
Se puede coincidir o no, pero sin juzgar el entorno en que se produjo el Gobierno del Sr. Zapatero, podríamos llegar a las mismas conclusiones que con Suárez, viendo su primera legislatura.
¿Estarían uds. de acuerdo con esa apreciación? Para poder estar de acuerdo, ¿qué necesitarían? Mi respuesta es obvia: un análisis de las circunstancias históricas en que se produjo el hecho y quitarse prejuicios personales y morales de encima para valorar el dictamen en su justa medida.
Entonces, si lo necesitamos para Zapatero, ¿por qué no lo necesitamos para Suárez? ¿Por qué es la imagen que se nos ha vendido, sin análisis ni matices, y hemos aceptado sin más? ¿Podríamos, con las mismas anteojeras, deducir que Zapatero debería entrar en el Paracelso de los políticos fundamentales de nuestra historia? Ambos eran honrados, ambos eran modestos, ambos provenían de Castilla y León, ambos son hijos de republicanos (unos integrados, otros fusilados), ambos tuvieron que afrontar situaciones difíciles, ambos aprobaron leyes progresivas para la ciudadanía que mejoraban sus derechos, ambos tuvieron que pelear con las fuerzas de izquierda y de derecha, ambos tuvieron que hacer recortes sociales, ambos cumplieron sus promesas fundamentales,... Ergo, deben ser tratados de igual modo si sólo tenemos en cuenta la visión moral que proyectamos. A no ser que utilicemos prejuicios sectarios para valorar a cada uno (algo de eso hay: Suárez fue de derechas y laudado, Zapatero de izquierda y, por tanto, vilipendiado).
Por tanto, sólo un análisis riguroso sitúa las figuras públicas en el sitio que les corresponde. Luego, podemos extraer las lecciones que estimemos oportunas de sus actos.
Como se dice en esa excelente película que es" Lincoln" (también cito de memoria): "La ley más justas aprobada con las artimañas más reprobables por el hombre más puro". Es un juicio moral que se hace después de un análisis histórico riguroso. Esto es lo que cuenta.

Independientemente de sus ideología, la historia dirá que era un tipo que tenía a España y sus ciudadanos como prioridad, muy al contrario que la actual casta política. Tuvo errores, sí, como todo el mundo, pero más aciertos que fallos.
DEP

Yo creo que lo mezquino es evitar la historia y hacer mitos. Elaborar un análisis con prejuicios no nos lleva a ningún lado, sobre todo hecho desde consideraciones morales de la actualidad y dando por sentado aspectos muy discutibles, como que todos los políticos actuales sean iguales y al servicio de sus únicos intereses personales. Ambas apreciaciones, la santificación de Suárez y la opinión sobre la actualidad, no son ciertas. Situemos las cosas en sus justos términos.
Suárez proviene de los jóvenes cachorros del régimen totalitario que pretenden medrar y ascender, sin mucha capacidad intelectual (Suárez siempre se vanaglorió de no leer mucho, de no ser un intelectual, sino alguien del "pueblo", confundiendo ser popular con ser ignorante). Fue elegido por ser dúctil y no plantear problema, de ahí la plena confianza del Rey, hasta que sus ambiciones superaron el marco y creó un partido político propio, UCD, para repetir como Presidente sin ataduras de nadie, de ahí que gran parte de la derecha, que ya estaba preparando la alternativa política en torno a los seguidores de Fraga, aunque este debería quitarse de en medio para poder rematar la operación.
De ahí que la conspiración contra Suárez tuviera tantos apoyos, pues todos lo consideraban un tapón para poder desatascar el régimen: los reaccionarios, porque había legalizado al PCE (bajo el amparo del Rey, que quería ir más despacio, pero Suárez quería apuntarse el tanto) y había reformado el ejército; el Rey y Torcuato Fernández Miranda porque perdían el control de la situación, y la izquierda porque Suárez maniobraba constantemente con la sola intención de evitar el triunfo del PSOE, que ya era inminente según las encuestas a partir de 1978, para lo que era necesario recoger el voto de los "neutrales" que no habían contestado al régimen y tenían miedo a la reaparición de las fuerzas de izquierda, rememoración de los culpables de la guerra civil desde el ideario totalitario.
La conclusión es obvia: Suárez conspiraba contra todos, a mayor gloria suya y manteniendo los principios políticos que le imbuían, dentro de las coordenadas del régimen, y todos conspiraban contra Suárez porque se había convertido en un problema.
Eso no desmerece ser la cara de la transición y representar a una España que, aún dentro del régimen, aspiraba a superarlo mediante una democracia limitada, ni tampoco sus logros, como encarrilar la legislación que permitió la transición, conseguir los grandes pactos que dieron lugar a la estabilidad política (la Constitución) y económica (los pactos de la Moncloa) y el que, creo, fue su mayor éxito y con mayor intervención personal, la legalización del PCE, facilitado por un Santiago Carrillo que también era consciente de lo que cedía cara a los republicanos y a la oposición al régimen (le costó el puesto de Secretario General del PCE y un gran desprecio de la izquierda social, que lo acusó de entreguista), aunque a este personaje no se le reconoce ese valor ni se le ha convertido en un mito, a pesar de que su talla política era muy superior a la de Suárez y no exenta, tampoco, de pasajes oscuros (un estalinismo del que no pudo escapar hasta los años 50, cuando fue el primer dirigente comunista que condeno la invasión de Hungría y apoyó el eurocomunismo de Berlinguer, aunque sus formas políticas lo siguieron siendo hasta su desaparición política).
Además, Suárez montó su partido político amparándose en los sectores empresariales que habían medrado a costa del régimen y, si seguimos su razonamiento sobre los políticos actuales, no podía ser a cambio de nada (ahí está el sistema de tarificación eléctrica, tan lesivo para todos, que proviene de su época al frente del Gobierno).
Que Suárez encarne valores que apreciamos, igual que en el caso de Carrillo, es una visión desde nosotros y, probablemente, no estaba en su ánimo encarnarlos por convencimiento, sino por interés, interpretando correctamente (no se le puede negar sagacidad política) lo que la sociedad demandaba, más por miedo que por convicción democrática (es un aspecto que aún no se ha destacado suficientemente, pues más que ilusión, la transición se vivió con miedo y ahí está la hemeroteca para corroborarlo; ruido de sables,a tentados de ETA y de extrema derecha, llamadas a no convertir la libertad en libertinaje,...).
Insisto: Suárez es la cara de la transición, pero los valores que le adjudicamos son nuestra lectura de la época y la historia suele ser tozuda cuando se analiza con rigor.

Me parece muy mezquino llamarlo 'trepa del régimen', si hubiera sido un trepa no habría corrido tantos riesgos.
Los 'trepas' son los políticos que tenemos ahora, sin ninguna altura de miras, sin ninguna estatura moral, preocupados sólo de mantener sus privilegios a costa de los 'votantes', porque el pueblo para ellos no son más que eso: 'votantes'.
Hoy entiendo más la labor de Suárez, el mérito que tuvo, el valor, que hoy a toro pasado parece fácil, pero no lo fue.
Y los que le siguieron no supieron mejorar el borrador que les fue entregado.
Porque la deriva lógica, en el contexto europeo y mundial en el que vivimos, sería la desactivación del Estado de las autonomías, para finalizar la Transición a un país, España, de verdad libre y democrático, con ciudadanos y no 'votantes'.

No sé si Carlos tiene razón o no, pero creo que habría que saber transmitir a nuestros estudiantes la diferencia entre vivir en una democracia, con todos los reparos que queramos ponerle, a vivir en una dictadura. Es verdad que nuestra transición nace falseada: no hubo redención ni reconocimiento de las víctimas democráticas y se sigue pensando, como algunos, en la "placidez" del franquismo, sin llamarle por su nombre, una dictadura totalitaria de inspiración fascista. Tampoco han pagado sus crímenes quienes los cometieron en la dictadura y el camino del olvido no ha caído para todos por igual: unos, siguen enterrados en las cunetas; otros, siguen ocupando los puestos que el régimen les facilitó.
Y esto hace muy difícil la enseñanzas en este campo. Se sigue hablando del "régimen anterior" o del"anterior Jefe del Estado", como si hubiera una continuidad entre dictadura y democracia. De ahí que se ensalce la figura de Suárez, un trepa del régimen, elegido, seguramente, por pertenecer a una familia republicana que se integró en el régimen, que supo interpretar los deseos del Rey, que fue quien realmente lo puso ahí, y que supo negociar y recoger el guante de la oposición, que también tuvo su camino de renuncias, apoyada por un sector muy importante de los sectores populares, como demuestran los datos de huelgas y manifestaciones de los últimos años del régimen. Y que tampoco fue un camino plácido de rosas: ETA y los grupos fascistas, algunos alentados por sectores cercanos al partido actualmente gobernante, hicieron carrera por poner más muertos.
Hoy todo el mundo olvida que fueron los exiliados quienes primero hablaron de "reconciliación nacional", especialmente los comunistas, que lo hicieron doctrina oficial en los años 50, y que el régimen totalitario jamás quiso negociar (recuérdese que importantes miembros del régimen fueron encarcelados o confinados por querer organizar una reunión con la oposición en los años 60 para forzar una transición).
Suárez encarnó la transición, pero como comentaba un comentarista esta mañana, Suárez siguió fiel a las ideas del régimen, aunque supo entrar en conflicto dialéctico con el resto y se vio forzado en muchas cuestiones a llegar a un acuerdo, como el invento de las Autonomías que no ha resuelto los problemas territoriales (soy pesimista sobre una solución federal, que estuvo más cerca cuando se aprobó el Estatut de Catalunya en la época Zapatero, pues muchas Comunidades utilizaron el modelo para mejorar su autonomía, incluidas las gobernadas por nuestros herederos del régimen, quienes, por desgracia, presionaron a la institución judicial para dictar una sentencia de escasa inspiración democrática y aún marcada por las ensoñaciones unitaristas del régimen totalitario).
Por eso es importante enseñar historia mediante el contraste de información, para no caer en esta mitificación a la que estamos asistiendo, por un hombre al que deberíamos llamar "el hombre que estuvo allí". La democracia no fue únicamente obra de unos pocos, sino de todo un pueblo, que se movió entre la esperanza y el miedo para aceptar algo que mejoró nuestra vida, sí, pero que no resolvió los problemas planteados, que siguen persistiendo en resurgir, como las heridas a las que sólo se les aplica una venda, pero no el tratamiento médico que necesitan.

Desde la distancia que nos permite el tiempo pasado, y la posibilidad de comparar con otras similitudes, la imagen del presidente Suarez se agranda a la fuerza.
Vistos los contratiempos que tuvo que superar en su momento porque quienes querían tutelar otra España no consentían aquellos cambios.
Rompiendo amarres partidistas, impuso una igualdad que no fue bien vista.
Con un presidente catalán exiliado, y un comunista reconocido sentados en los bancos del parlamento.
Una igualdad no aceptada por muchas fuerzas vivas del antiguo régimen, que sin embargo nos puso a la altura de las demás naciones de nuestro entorno.
Siendo entonces cuando España fue de verdad mas libre y mas grande.
Al ser democrática.

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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