Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

¿Qué tipo de madres y padres somos?

Por: | 13 de marzo de 2014

Padres 2
AUTOR INVITADO: CARLOS GUERRA,
doctor en Sociología y experto en calidad y evaluación educativa.

 

Son numerosos los datos e indicadores que nos muestran que en la sociedad española no ha terminado de calar la idea de que disponer de un sistema educativo obligatorio es para que todos los niños y jóvenes alcancen unos mínimos conocimientos, actitudes, competencias y valores que les faciliten el ejercicio de su libertad, y para contribuir a limar las desigualdades sociales ligadas al origen social. De manera que el incremento de la autonomía de los individuos sea el elemento que ayude a cohesionar nuestra sociedad y hacer que la misma sea más prospera. Son muchas las familias y los profesores que no comparten este ideario, aunque algunos de ellos públicamente manifiesten estar de acuerdo con él.

Esta falta de acuerdo sobre la finalidad de nuestro sistema educativo es la que en buena medida explica las elevadas tasas de fracaso escolar que tenemos y los malos resultados académicos de nuestros hijos (el 40% de los jóvenes españoles de 15 años ha repetido algún curso a lo largo de su trayectoria). ¿Por qué la ausencia de consenso en este tema tiene estas consecuencias? Basta con que nos hagamos algunas preguntas como las siguientes y reflexionemos sobre las respuestas que les damos, para que quizás lo veamos con mayor claridad: ¿todos los padres y las madres reaccionamos de la misma forma ante los resultados académicos de nuestros hijos/as?, ¿adoptamos las mismas actitudes?, ¿por qué respondemos de maneras distintas?

Al analizar nuestras respuestas atendiendo solo a dos variables muy sencillas, los resultados habituales de nuestros hijos en las evaluaciones (aprueban o suspenden) y nuestra actitud hacia los demás (egocéntrica o empática), es probable que coincidamos en distinguir al menos siete perfiles de padres y madres.

Ubicarnos en uno de ellos nos puede ayudar a comprender dónde se encuentran las raíces de las diferencias que existen entre nosotros cuando nos planteamos la pregunta sobre cuál debe ser la finalidad del sistema educativo:

Tabla Tipos de Padres Carlos Guerra
Tipo A. Los temerosos. Madres y padres que tenemos hijos que suelen aprobar
y creemos que los muchachos y muchachas que suspenden no se han esforzado lo suficiente, o no tienen las actitudes o aptitudes adecuadas; y, por tanto, el problema y la responsabilidad es suya y solamente suya.

El que haya niños y jóvenes que tengan malos resultados nos resulta hasta cierto punto indiferente. A nosotros realmente solo nos preocupan nuestros hijos, el resto nos da igual.

Pensamos que los malos resultados de los compañeros de nuestros hijos solo pueden contribuir a desprestigiar al centro, a cuestionar la calidad de su profesorado y, en ese sentido, los resultados de nuestros propios hijos. Y pensamos que la presencia de “malos estudiantes” en el centro solo contribuye a entorpecer el progreso de los demás y a dificultar el trabajo de los profesores, que bastante hacen con tener que “lidiar” con ellos. Vemos, por tanto, con buenos ojos, por ejemplo, las estrategias que se adopten para “segregar” a estos “malos estudiantes”; y con malos ojos, por ejemplo, que los datos del rendimiento académico del centro se hagan públicos, por si eso puede cuestionar su calidad y la calidad de la educación que reciben nuestros hijos.

Tipo B. Los elitistas. Padres y madres que también tenemos hijos que suelen aprobar, pero que pensamosque además de tener unos hijos muy inteligentes y trabajadores, están en un centro de gran prestigio por su grado de exigencia, el nivel académico de la mayoría de los alumnos y la alta calidad de su profesorado. Estaríamos, todavía más a favor que los padres tipo A, de un sistema educativo que separe claramente a los muchachos más “capaces”, destinados a ocupar los mejores puestos dentro de nuestra sociedad, de aquellos otros que no muestran tener esas capacidades o interés, y por tanto habrán de ocupar posiciones más subalternas en esta sociedad.

Tipo C. Los solidarios. Madres y padres que, aunque tenemos hijos que habitualmente aprueban, nos mostramos preocupados por los compañeros de nuestros hijos que suspenden, porque quizás el entorno, la motivación y el ambiente del centro no sean los más adecuados para que les siga yendo bien o mejoren sus resultados, dado que las probabilidades de que en próximas evaluaciones pueda suspender son mayores si lo habitual entre sus amigos es suspender. Pensamos que si nuestros hijos están rodeados de compañeros motivados en vez de desmotivados, se favorecerá su aprendizaje. Además, creemos que nuestros hijos serán más felices si conseguimos entre todos una sociedad más formada, más educada y más justa. En ese sentido, somos partidarios de que se introduzcan mejoras en el centro para lograr que todos los estudiantes alcancen los objetivos educativos y tengan éxito.

F. Escolar
TIPO D. Los escépticos. Padres y madres que tenemos hijos que habitualmente suspenden, y pensamos que eso entra dentro de una cierta normalidad
, y no nos preocupa especialmente. En el fondo creemos  que la “educación” no es algo tan importante en esta vida, su utilidad es bastante discutible, al menos para los sectores sociales menos favorecidos. Así que, si a nuestros hijos no les gusta el estudio, es mejor que lo abandonen lo antes que puedan y dejen de perder el tiempo. Tenemos una visión determinista de la sociedad, por la cual intuimos que estamos predestinados para ocupar un puesto en ella y no podemos hacer nada o casi nada para cambiarlo, por lo que la educación no es algo que pueda contribuir a mejorar nuestra situación en la sociedad. Esa mejora, en todo caso no pasa por la escuela, con la excepción de que tengamos algún hijo excepcionalmente capaz.

TIPO E. Los avergonzados. Madres y padres que tenemos también hijos que suelen suspender, pero que pensamos que son unos vagos y una vergüenza para la familia. Por tanto, hacemos recaer toda la responsabilidad de los suspensos sobre ellos, no creemos que los profesores y el centro tengan algún tipo de culpa, o en todo caso su responsabilidad es marginal o puntual. Les castigaremos por ello, y ante las otras familias y amistades intentaremos ocultar o minimizar los resultados. Nuestra actitud, en el fondo, sería muy parecida a la de los padres y madres de los tipos A o B.

TIPO F. Los cómplices. Padres y madres que tenemos hijos que es habitual que suspendan, pero que en cambio pensamos que quizás no sea un problema de nuestros hijos (o no solo de ellos). Podemos reconocer las dificultades que tienen para obtener buenos resultados académicos en un contexto (social, educativo, profesional, etc.) como el actual  y, por tanto, no hacemos recaer toda la responsabilidad sobre ellos. Procuramos en la medida de nuestras posibilidades contribuir a mejorar su entorno, en sintonía con los padres tipo C, porque sabemos que el éxito de nuestros hijos y de nuestra sociedad depende de todos, y no solo de esfuerzo que ellos de manera individual y solitaria puedan realizar. 

TIPO G. Los reivindicativos. Madres y padres que tenemos hijos que suelen obtener malos resultados académicos, y percibimos que esto es lo habitual entre sus compañeros. Sospechamos que el centro tiene problemas de funcionamiento y que su profesorado muestra falta de profesionalidad o unas bajas competencias profesionales, ya que no puede ser que haya tantos estudiantes con suspensos. Nos gustaría que el centro o la Administración, en su defecto, adoptaran las medidas, reformas y mejoras necesarias para incrementar la eficacia del sistema, e incluso, si llegara el caso, se sancionara a aquellos profesores que no se implicaran en este proceso.

Reunión de madres y padres en el centro
Después de esta reflexión, parece obvio que son muchos los padres y madres que admiten que el fracaso escolar es algo normal y consustancial a nuestro sistema educativo. Mientras que probablemente se encuentren en minoría aquellos que piensan que debería garantizar que todos los estudiantes alcancen unos mínimos conocimientos, actitudes, competencias y valores que contribuyan a cohesionar nuestra sociedad y hacer que sea más prospera.

Estas diferencias de perspectiva entre las familias ante el sistema educativo también se dan en el profesorado. Son muchos los profesores que consideran que nuestro sistema educativo obligatorio no puede proporcionar a todos los estudiantes esos conocimientos y competencias mínimas, y se debe separar a los estudiantes que se esfuerzan y son capaces, de aquellos que no se esfuerzan lo suficientes o no son tan capaces. 

En nuestra sociedad, entre las familias y el profesorado, no ha terminado de producirse el cambio cultural necesario para vislumbrar el fracaso escolar como algo anacrónico, impropio de los valores de igualdad y justicia a los que aspiramos. Quizás porque no nos hemos terminado de creer que tales ideales sean alcanzables y merezca la pena luchar por ellos.

Sin embargo, si deseamos que los resultados académicos de nuestros niños y jóvenes mejoren necesitamos que la mentalidad y los valores de muchos de nosotros cambien, que las familias y las AMPAS nos impliquemos de verdad en el proceso educativo de nuestros hijos, y que haya muchos profesores dispuestos a sumarse a este cambio y a dirigirlo. De momento los padres y madres de los tipos C, F y G deberíamos dar un paso adelante y tomar la iniciativa, junto con el profesorado comprometido, para convencer al resto de las familias y de los profesores de la importancia que tiene terminar con el fracaso escolar en las aulas.

 

NOTA SOBRE EL AUTOR INVITADO 

Carlos Guerra es doctor en Sociología y experto en educación, específicamente en calidad y evaluación educativa. Aquí tenéis su historial profesional. Él prefiere presentarse como un padre preocupado por la situación que viven nuestros niños y jóvenes en el sistema educativo, en el que muchos fracasan académicamente y padecen las múltiples consecuencias que ello conlleva. Siente una obligación ética con las nuevas y futuras generaciones respecto a esta lamentable situación, y más cuando, a pesar de la coyuntura en la que nos encontramos, considera que seguimos teniendo muchos recursos materiales, humanos, formación, posibilidades y alternativas para que esto cambie.

Con la intención de promover la reflexión sobre ello y aunar voluntades, ha creado la web http://fracasoacademico.wordpress.com. Es un espacio abierto a todas aquellas personas que compartan esta inquietud. Ahí intenta aprovechar su experiencia como estudiante, sociólogo, investigador, profesor, gestor, padre y ciudadano que vive de cerca distintos espacios del sistema educativo para alimentar esta reflexión. 

Por sus comentarios en este blog, he podido apreciar que es una persona entendida, crítica e incorformista. Le pedí que escribiera aquí porque me interesaron sus críticas a mis artículos.

Podéis seguirlo también en Youtube, en Facebook y en Twitter.

 

 

 

 

Hay 38 Comentarios

En mayor o menor medida, todos los padres se preocupan por sus hijos y por su educación. Sería bueno crear una especie de actividades cada cierto tiempo para los padres, para que colaboren entre sí para mejorar entre todos la educación en el aula.
https://www.problemasyecuaciones.com/

Desde mi punto de vista, los padres cuyos hijos suelen suspender no se preocupan demasiado por ello. Es obvio que no todos los padres tienen el tiempo ni los conocimiento para ayudar a sus hijos, pero pueden tomar otro tipo de medidas: hablar con otros padres y con los profesores, buscar profesores particulares, premiarles por las buenas notas, etc. Creo que un grave problema es que algunos padres consideran que el colegio no es importante. Sin embargo, los profesores no debemos culparlos, sino citarnos con ellos y explicarles que su apoyo puede ser fundamental en la formación de sus hijos.
https://www.matesfacil.com/


Las personas son distintas y requieren distinta educación.
Porque sino los superdotados se aburren, se desmotivan, y no tienen facilidades para desarrollar su talento, que tanta falta nos hace a todos, a la sociedad. Y los subdotados, o pasan de todo o se frustran, y quizá fuera mejor que aprendieran un oficio, que no la tabla periódica de los elementos y las circunstancias de las reacciones químicas, que pueden no interesarles en absoluto. Se podrían realizan actividades en los que unos enseñen a otros, para no generar guetos.
Porque unos padres con pocos recursos económicos no pueden enviar a sus hijos con talento a un colegio de élite, y éso lo debería proporcionar el estado.

Publicado por: tiemposdificles | 13/03/2014 23:38:49
Me llama mucho la atención que los padres piensen que, una vez que el alumnado entra en el sistema educativo, su función como padre-educador ha dejado de existir. Vuelvo a repetir que tenemos dos problemas: 1- La organización de los estudios públicos en las 6 horas diarias de enseñanza hacia los alumnos. 2- Las otras 18 horas de enseñanza que reciben los alumnos, cuando no están dentro del sistema público. Al margen de las muchísimas mejoras que se podrían realizar en el sistema de enseñanza público, y de las que se debate mucho, mucho, mucho... también debería de centrarse el debate en las muchísimas mejoras que se pueden realizar en el "sistema de enseñanza social", de las que no se debate nada, nada, nada... y que suponen las 3/4 partes del contenido educativo que reciben los jóvenes. Entre ese contenido educativo está: si lloro mucho me facilitan las cosas; si mi padre no lee y se gana la vida, para qué voy a leer yo; si "x" sale por la tele 5 y su único mérito es no saber expresarse, peinarse mucho y parecer bobo, por qué es importante comprender las ecuaciones;"x" es pillo y un poco c^br^ncete, y consigue todo lo que se propone, por qué voy a ser yo una persona justa; si mi padre fuma, por qué voy yo a no fumar; si en mi casa hablo a gritos, resuelvo los problemas a voces, vivo en la ley del más fuerte... por qué voy yo a ser un joven tranquilo. 18 horas al día! Eso sí que es enseñanza, y no las 6 horas que se pase metido en un grupo de 30 sin posibilidad de atención individualizada y con un barullo generalizado que impide la más mínima concentración.

Publicado por: Dislexia Zaragoza | 14/03/2014 10:39:09
Gracias por la aportación. Es de lo más interesante para quienes pensamos que la educación debe centrarse en seres humanos.

Os dejamos nuestra experiencia con la dislexia.

dislexiazaragoza001.blogspot.com

Publicado por: Esalvador | 14/03/2014 9:31:30
Estoy de acuerdo y no estoy de acuerdo. Veamos.
Coincido en que es necesario introducir la perspectiva de la formación profesional en la enseñanza básica y secundaria posobligatoria, no en el sentido de introducir trallercillos de trabajo para que se entretengan, sino que los objetivos educativos, los resultados de aprendizaje, los contenidos y los criterios de evaluación estén atravesados por la idea de que una finalidad de la enseñanzas y de la educación personal es terminar desempeñando un empleo para ganarse la vida. Eso incluiría, por ejemplo, orientar una materia como la geografía desde la perspectiva de un cartógrafo o de quien utiliza un mapa topográfico para el levantamiento de terrenos para una obra, acompañada por la matemática, que analizaría los procesos de cálculo que podrían acompañarlo, y de la educación plástica, que pondría los mecanismos para levantar planos, y la tecnología, que puede poner orientación laboral, proyectos de trabajo y gestión de empresas. No tengo nada en contra de pactar visitas o proyectos con empresas reales para que los alumnos y las alumnas adquieran las destrezas necesarias para acceder al mercado laboral o a la gestión de empresas.
Otra cosa distinta es la formación profesional en sí misma, que exige unos requisitos específicos (didácticas propias, espacios, equipamientos, profesorado,...) y que se debe ofertar a los alumnos de forma voluntaria. Creo que aquí lo hacemos bien y se lo ofertamos al finalizar la secundaria y el bachillerato y les permitimos poder llegar a la universidad.
El problema, como con la actual ley, es cuando se vuelve a abrir la vía paralela y quien se inicia en la, en mi opinión, infame FPB, pueda continuar estudios de formación profesional sin pasar por la formación en competencias de aprendizaje básicas que están en la ESO o el Bachillerato. En esto ha quedado la famosa flexibilización, de nuevo la doble vía de la Ley 70 que no resolvió ni los objetivos educativos que se planteaba ni el determinismo social que aún sigue imperando en nuestro sistema educativo.

Mientras que no encontremos otra manera de conseguir que la sociedad funcione, parece necesario que uno aprenda un oficio, profesión o como quiera llamarse que le permita ganarse la vida y contribuir a ese funcionamiento. Las nuevas escuelas deberían garantizarlo y exigirlo pero esto sería algo secundario entre sus fines, algo así como un efecto colateral que se consigue a lo largo del proceso, no importando mucho si, además de ser persona, uno tiene que trabajar de arquitecto o de carpintero.
Pero claro, aunque aceptemos intelectualmente este razonamiento, todos preferimos que el carpintero sea el hijo de otro y, además, no le preguntamos a nuestro hijo qué es lo que él hubiera preferido. Mientras se valore más a un arquitecto rico que a un carpintero sabio, seguiremos divagando sobre cómo habría de ser la escuela que nos gustaría.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/incoherencias

Un artículo muy interesante. Generalmente, cada padre ve el sistema educativo con los ojos de los resultados de sus hijos. Quizás a los padres de la protagonista del cuento "Silvia y su amiga Linda" no acabe de convencerle este sistema. http://loscuentostontos.blogspot.com.es/search/label/04#cuento04

Publicado por: elenagonzalez | 13/03/2014 18:19:14
El subconsciente te traiciona: ¿de verdad que tu misión es "dar el aprobado" a tus alumnos? ¿No debería ser enseñar y educar? ¿Somos educadores o funcionarios dispensadores de títulos? El alumno del que habla, ¿es responsable de su situación? ¿Alguien se ha sentado a pensar que necesita para aprender y qué necesita aprender? ¿O, como molestaba y no es malo del todo, siempre se le ha ido dejando pasar en nuestro sistema meritocrático?
Si, los profesores somos bastante responsables de esta situación. Nos cuestionamos poco nuestra función y seguimos rutinas mecánicas de enseñanza, que suelen coincidir con lo que aprendimos. Pero el mundo ha cambiado.
Por otro lado, no se puede cuestionar un paradigma educativo por un caso, por una anécdota. ¿Todos los casos que ud. tiene son así? Lo dudo, habrá de todo y de hecho la mayoría serán muy distintos a lo que propone. Pero insisto: ¿os habéis preguntado qué necesita ese alumno? Esto es plantearse la igualdad de oportunidades. Eso sí, habla de adultos y creo que los condicionantes de esa enseñanzas son distintas a las de las edades obligatorias.

Publicado por: Fran | 13/03/2014 14:25:28
el problema es que muchos padres hemos estimulado con pasión eso que ud. dice, pero al llegar a la escuela, se han encontrado nuestros hijos con que la escuela no es nada de eso, sino un lugar donde te torturan con listas y listas de contenidos, que hay que aprender porque sí, y te someten a un estrés constante mediante pruebas, generalmente absurdas y se aprende más bien poco. y se encuentran con una dicotomía: para aprender, tienen que buscar tiempo para aprender por su cuenta, pero entonces lo pierden par atender a sus deberes académicos, generalmente desproporcionados (me he llegado a pasar hasta cinco horas diarias en preparar trabajos y., sobre todo, exámenes con mis hijos, sin que haya acompañado el resultado, por cierto).
Sólo una minoría de padres de los que he conocido como docente puede entrar en la categoría de despreocupados, la mayor parte de los casos no pueden ayudarlos porque fueron expulsados del medio escolar muy jóvenes, especialmente, entre las clases más bajas. No, no creo que los padres sean responsables de esta situación, sino una institución que hace tiempo no sirve a los fines que le marca nuestra ley. Y las leyes que la han intentado cambiar han sido destruidas por la inacción o por la infamia de quienes persiguen mantener el modelo de escuela segregador que padecimos y siguen padeciendo nuestros hijos.

Publicado por: Paz | 13/03/2014 13:59:05
¿Cuál es el resultado justo? ¿Con qué lo medimos? ¿Con las listas de saberes y exámenes actuales? ¿O con trabajo en competencias que cada uno pueda desarrollar a su ritmo?
Cuando se habla de distintas cualidades, lo siento, me echo a temblar. Generalmente se quiere decir que "el que vale, vale y el que no...", normalmente que se vaya a trabajar de camarero y no moleste. No: hay distintas formas de manifestar destrezas y competencias y uno puede llegar hasta donde quiera cuando se le ofrecen los instrumentos adecuados. Por cierto: el ejemplo del deporte es problemático, teniendo en cuenta que existen deportistas de élite porque sus padres o familiares lo son (Nadal, por ejemplo), sin negar que sean superclases, pero ¿cuantos superclases se quedaron por el camino por no contar con los mismo apoyos? Esa es la labor de la escuela, ofrecer igualdad de oportunidades no medición de estándares inutiles, sino mediante la medición de aprendizajes, qué y cuánto ha sido capaz cada uno de desarrollar. Y no olvidemos que la ciencia pedagógica y los países más avanzados en ella ya están trabajando por competencias y, en muchos casos, replanteándose la cuestión de la evaluación. Así, Gran Bretaña obliga a sus profesores a utilizar, al menos, cinco instrumentos distintos de evaluación y justificando que se adaptan a cada alumno y Finlandia está suprimiendo el examen como método de evaluación de aprendizajes, incluso en Bachillerato.

A ver si los padres y madres salimos del aislamiento y del individualismo y ponemos orden en este desastre de sistema educativo. Les tenemos que decir al gobierno y al profesorado lo que queremos para nuestros hijos e hijas, ya que ellos, todos, han sido incapaces de hacerlo.
Gobierno por no saber legislar.
Profesorado por no saber enseñar.
Como todo siempre ha habido excepciones, porque lo ha habido y los hay, profesorado que con independencia de la ley de educación que haya, son MAESTROS con mayúsculas, esos no se ofenderán por lo que acabo de escribir como ignorante de padre que soy.

A ver si los padres y madres salimos del aislamiento y del individualismo y ponemos orden en este desastre de sistema educativo. Les tenemos que decir al gobierno y al profesorado lo que queremos para nuestros hijos e hijas, ya que ellos, todos, han sido incapaces de hacerlo.
Gobierno por no saber legislar.
Profesorado por no saber enseñar.
Como todo siempre ha habido excepciones, porque lo ha habido y los hay, profesorado que con independencia de la ley de educación que haya, son MAESTROS con mayúsculas, esos no se ofenderán por lo que acabo de escribir como ignorante de padre que soy.

Publicado por: iñaco | 13/03/2014 13:54:55
O sea: antes de la LOGSE el sistema era perfecto. Entonces, ¿cómo explica que únicamente el 40% de los alumnos alcanzaran el bachillerato y en torno al 25% lo terminaran y accedieran a la universidad? ¿Los datos de hoy, después de la LOGSE, son como esos o son bastante mejores? ¿Por qué decir tontería sin aportar los datos?
La enseñanza antes de la LOGSE fue un intento de mejora que no funcionó porque siguió existiendo el mismo elitismo y segregacionismo social que había impuesto el fascismo y su cómplice, la iglesia católica. Y sus seguidores, véase la LOMCE, siguen empeñados en los mismos valores.
Debo reconocer que la idea de clasificar no me gusta mucho, pero ha servido para algo importante: que la gente debata.
Un dato: los países importante en educación ya se han planteado una educación basada en aprendizajes, es decir, en acompañar a cada ser humano hasta el máximo de sus posibilidades, que en medir contenidos que nadie sabe muy bien para qué sirven (salvo para los crucigramas, claro). Creo que está cerca de la tesis del autor y la comparto.

Es lógico que un tema como el educativo sea un piélago de cuestiones, por eso es tan complejo. Lo que encuentro en la base del artículo de Carlos Guerra es el "fracaso escolar" y debo admitir que nuestro sistema educativo es bastante ñoño. Por ejemplo, en enseñanza superior lo que a nuestros ciudadanos les cuesta cuatro años de grado en Europa son tres y el máster que nosotros realizamos en seis los europeos lo realizan en cuatro. Compitiendo siempre llegamos tarde y la conclusión es que estudien fuera de España. En el caso de estudios obligatorios, Inglaterra no tiene fracaso escolar porque todo alumno tiene su titulación (y sí tienen en cuenta para qué nivel les sirve). En España nuestros estudiantes fracasan en este sistema (no en otro) en un 40 %. Cuando el empresario pida un título básico los ingleses estarán siempre por delante para ser camareros. Nuestro sistema es incapaz de estar con los pies en la tierra, a lo mejor porque nuestro reino es de otro mundo.

Totalmente en desacuerdo. El autor pone el foco en el profesor, hablando incluso de sanción. Una vez más si se pierde un partido la culpa es del portero. Flaco favor hace este autor al sistema educativo si todo lo que tiene para aportar es cuestionar a los profesores. Los profesores estamos sometidos a muchas presiones para aprobar a los alumnos, aspecto que éstos conocen perfectamente. Además tenemos que soportar comportamientos inadmisibles por parte de los alumnos, sin herramientas de ningún tipo, ni de formación, ni de tipo disciplinario.
En mi aula tengo un alumno de formación profesional de 22 años que se cruza de brazos en la clase, no hace nada y afirma que está ahí porque su padre le obliga. Lo peor es que ya es poseedor de otro título de formación profesional manteniendo la misma actitud. ¿Es con este tipo de profesionales con los que vamos a construir el país del futuro? ¿soy un profesor egocéntrico? ¿fueron los anteriores profesores de este chico empáticos?

Como menciona José Antonio Marina en alguno de sus libros sobre el tema educativo citando un proverbio africano: "Para educar a un niño hace falta la tribu entera".

menuda alisis

Voy a aclarar un poco mi comentario anterior; mi cabreo lo puedo explicar muy fácilmente desde la última frase del atrículo: "para convencer al resto de las familias y de los profesores de la importancia que tiene terminar con el fracaso escolar en las aulas". Lo fundamental, lo realmente fundamental, el trabajo que está por hacer y que es el 75% del problema y que nunca se aborda, es "acabar con el fracaso escolar FUERA DE LAS AULAS". Nunca he leído a ningún "sociólogo" en un periódico generalista hablar de este tema.

Nosotros somos tres hermanos de padres humildes y trabajadores que no pudieron nunca ayudarnos en los estudios y los tres tenemos carreras universitarias y profesionales muy brillantes.
Yo ahora tengo hijos y pienso que debo ayudarles a aprender a estudiar por sí solos para hacerse autosuficientes y no personitas dependientes de su madre o su padre. Es lo que estoy haciendo y creo que lo estoy haciendo bien. Por ahora los resultados son buenos.

Me parece increíble que ninguno de esos padres se cuestione si ellos tienen alguna culpa en la falta de actitud del alumno hacia el estudio, cuando la mayor parte de la educación que hay recibido en su vida ha sido dentro del ámbito familiar. Que ningún padre se pregunte por qué no he contribuido a que mi hijo tenga gusto por la lectura. Por qué no he conseguido que mi hijo valore el aprendizaje por la simple virtud de aprender, y no esperando el número que me califique... Me parece increíble que este señor sea calificado de experto en algo, cuando nunca ha tenido que llevar un solo curso de la ESO de alguna materia troncal, con alumnado que arrastre verdadera problemática social. Un joven aprende las 24 horas del día, y en el sistema educativo solo se pasa 6. ¿Y pretendemos buscar en esas 6 horas las causas del fracaso escolar? ¿las otras 18 horas no cuentan? Vaya que si cuentan. Cuentan, justo 3 veces más que las horas dentro del sistema educativo. Así que nos estamos saltando 3/4 partes del problema así por las buenas, señor sociólogo.

Una cosa es lo que la escuela debería ser y otra bien distinta lo de hecho es o puede ser en la práctica. Lo cierto es que aparte de la instruir y socializar sirve para clasificar y destinar al alumnado en diferentes categorías socioeconómicas. No iguala establece una criba.

Para Susana:
Los resultados de los chicos no dependen del nivel de instrucción de los padres, sino del interés que muestren estos por los estudios de sus hijos.
Es que los padres van a hacer los exámenes de sus hijos?!
Conozco bastantes casos de hijos de familias muy humildes que lograron muchos éxitos académicos.

La educación es una herramienta de promoción PERSONAL.
Por supuesto, ayuda si los padres se preocupan y valoran los estudios de sus hijos y cuanto mejores sean los profesores y más sintonía tenga un estudiante con ellos, mejor.
Pero sólo puede aportar "unos mínimos conocimientos, actitudes, competencias y valores que les faciliten el ejercicio de su libertad, y para contribuir a limar las desigualdades sociales ligadas al origen social. De manera que el incremento de la autonomía de los individuos sea el elemento que ayude a cohesionar nuestra sociedad y hacer que la misma sea más próspera."
si los estudiantes se ESFUERZAN y luchan por mejorar ellos mismos.
El problema es que perciben en lugar de una 'igualdad de oportunidades' independientemente de su origen, que merecen y se les DEBE una 'igualdad de resultados' y eso es intrínsecamente injusto.

Lo que se ve como evidente en el deporte, con sus estrellas, centros de tecnificación, etc, etc, etc, parece que no lo es en el ámbito académico e intelectual.

En la escuela bastaría descubrir los talentos de los alumnos y hacerlos fructificar. Y TODOS tenemos algún talento.

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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