Ayuda al Estudiante

Ayuda al Estudiante

El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

¿Qué tipo de madres y padres somos?

Por: | 13 de marzo de 2014

Padres 2
AUTOR INVITADO: CARLOS GUERRA,
doctor en Sociología y experto en calidad y evaluación educativa.

 

Son numerosos los datos e indicadores que nos muestran que en la sociedad española no ha terminado de calar la idea de que disponer de un sistema educativo obligatorio es para que todos los niños y jóvenes alcancen unos mínimos conocimientos, actitudes, competencias y valores que les faciliten el ejercicio de su libertad, y para contribuir a limar las desigualdades sociales ligadas al origen social. De manera que el incremento de la autonomía de los individuos sea el elemento que ayude a cohesionar nuestra sociedad y hacer que la misma sea más prospera. Son muchas las familias y los profesores que no comparten este ideario, aunque algunos de ellos públicamente manifiesten estar de acuerdo con él.

Esta falta de acuerdo sobre la finalidad de nuestro sistema educativo es la que en buena medida explica las elevadas tasas de fracaso escolar que tenemos y los malos resultados académicos de nuestros hijos (el 40% de los jóvenes españoles de 15 años ha repetido algún curso a lo largo de su trayectoria). ¿Por qué la ausencia de consenso en este tema tiene estas consecuencias? Basta con que nos hagamos algunas preguntas como las siguientes y reflexionemos sobre las respuestas que les damos, para que quizás lo veamos con mayor claridad: ¿todos los padres y las madres reaccionamos de la misma forma ante los resultados académicos de nuestros hijos/as?, ¿adoptamos las mismas actitudes?, ¿por qué respondemos de maneras distintas?

Al analizar nuestras respuestas atendiendo solo a dos variables muy sencillas, los resultados habituales de nuestros hijos en las evaluaciones (aprueban o suspenden) y nuestra actitud hacia los demás (egocéntrica o empática), es probable que coincidamos en distinguir al menos siete perfiles de padres y madres.

Ubicarnos en uno de ellos nos puede ayudar a comprender dónde se encuentran las raíces de las diferencias que existen entre nosotros cuando nos planteamos la pregunta sobre cuál debe ser la finalidad del sistema educativo:

Tabla Tipos de Padres Carlos Guerra
Tipo A. Los temerosos. Madres y padres que tenemos hijos que suelen aprobar
y creemos que los muchachos y muchachas que suspenden no se han esforzado lo suficiente, o no tienen las actitudes o aptitudes adecuadas; y, por tanto, el problema y la responsabilidad es suya y solamente suya.

El que haya niños y jóvenes que tengan malos resultados nos resulta hasta cierto punto indiferente. A nosotros realmente solo nos preocupan nuestros hijos, el resto nos da igual.

Pensamos que los malos resultados de los compañeros de nuestros hijos solo pueden contribuir a desprestigiar al centro, a cuestionar la calidad de su profesorado y, en ese sentido, los resultados de nuestros propios hijos. Y pensamos que la presencia de “malos estudiantes” en el centro solo contribuye a entorpecer el progreso de los demás y a dificultar el trabajo de los profesores, que bastante hacen con tener que “lidiar” con ellos. Vemos, por tanto, con buenos ojos, por ejemplo, las estrategias que se adopten para “segregar” a estos “malos estudiantes”; y con malos ojos, por ejemplo, que los datos del rendimiento académico del centro se hagan públicos, por si eso puede cuestionar su calidad y la calidad de la educación que reciben nuestros hijos.

Tipo B. Los elitistas. Padres y madres que también tenemos hijos que suelen aprobar, pero que pensamosque además de tener unos hijos muy inteligentes y trabajadores, están en un centro de gran prestigio por su grado de exigencia, el nivel académico de la mayoría de los alumnos y la alta calidad de su profesorado. Estaríamos, todavía más a favor que los padres tipo A, de un sistema educativo que separe claramente a los muchachos más “capaces”, destinados a ocupar los mejores puestos dentro de nuestra sociedad, de aquellos otros que no muestran tener esas capacidades o interés, y por tanto habrán de ocupar posiciones más subalternas en esta sociedad.

Tipo C. Los solidarios. Madres y padres que, aunque tenemos hijos que habitualmente aprueban, nos mostramos preocupados por los compañeros de nuestros hijos que suspenden, porque quizás el entorno, la motivación y el ambiente del centro no sean los más adecuados para que les siga yendo bien o mejoren sus resultados, dado que las probabilidades de que en próximas evaluaciones pueda suspender son mayores si lo habitual entre sus amigos es suspender. Pensamos que si nuestros hijos están rodeados de compañeros motivados en vez de desmotivados, se favorecerá su aprendizaje. Además, creemos que nuestros hijos serán más felices si conseguimos entre todos una sociedad más formada, más educada y más justa. En ese sentido, somos partidarios de que se introduzcan mejoras en el centro para lograr que todos los estudiantes alcancen los objetivos educativos y tengan éxito.

F. Escolar
TIPO D. Los escépticos. Padres y madres que tenemos hijos que habitualmente suspenden, y pensamos que eso entra dentro de una cierta normalidad
, y no nos preocupa especialmente. En el fondo creemos  que la “educación” no es algo tan importante en esta vida, su utilidad es bastante discutible, al menos para los sectores sociales menos favorecidos. Así que, si a nuestros hijos no les gusta el estudio, es mejor que lo abandonen lo antes que puedan y dejen de perder el tiempo. Tenemos una visión determinista de la sociedad, por la cual intuimos que estamos predestinados para ocupar un puesto en ella y no podemos hacer nada o casi nada para cambiarlo, por lo que la educación no es algo que pueda contribuir a mejorar nuestra situación en la sociedad. Esa mejora, en todo caso no pasa por la escuela, con la excepción de que tengamos algún hijo excepcionalmente capaz.

TIPO E. Los avergonzados. Madres y padres que tenemos también hijos que suelen suspender, pero que pensamos que son unos vagos y una vergüenza para la familia. Por tanto, hacemos recaer toda la responsabilidad de los suspensos sobre ellos, no creemos que los profesores y el centro tengan algún tipo de culpa, o en todo caso su responsabilidad es marginal o puntual. Les castigaremos por ello, y ante las otras familias y amistades intentaremos ocultar o minimizar los resultados. Nuestra actitud, en el fondo, sería muy parecida a la de los padres y madres de los tipos A o B.

TIPO F. Los cómplices. Padres y madres que tenemos hijos que es habitual que suspendan, pero que en cambio pensamos que quizás no sea un problema de nuestros hijos (o no solo de ellos). Podemos reconocer las dificultades que tienen para obtener buenos resultados académicos en un contexto (social, educativo, profesional, etc.) como el actual  y, por tanto, no hacemos recaer toda la responsabilidad sobre ellos. Procuramos en la medida de nuestras posibilidades contribuir a mejorar su entorno, en sintonía con los padres tipo C, porque sabemos que el éxito de nuestros hijos y de nuestra sociedad depende de todos, y no solo de esfuerzo que ellos de manera individual y solitaria puedan realizar. 

TIPO G. Los reivindicativos. Madres y padres que tenemos hijos que suelen obtener malos resultados académicos, y percibimos que esto es lo habitual entre sus compañeros. Sospechamos que el centro tiene problemas de funcionamiento y que su profesorado muestra falta de profesionalidad o unas bajas competencias profesionales, ya que no puede ser que haya tantos estudiantes con suspensos. Nos gustaría que el centro o la Administración, en su defecto, adoptaran las medidas, reformas y mejoras necesarias para incrementar la eficacia del sistema, e incluso, si llegara el caso, se sancionara a aquellos profesores que no se implicaran en este proceso.

Reunión de madres y padres en el centro
Después de esta reflexión, parece obvio que son muchos los padres y madres que admiten que el fracaso escolar es algo normal y consustancial a nuestro sistema educativo. Mientras que probablemente se encuentren en minoría aquellos que piensan que debería garantizar que todos los estudiantes alcancen unos mínimos conocimientos, actitudes, competencias y valores que contribuyan a cohesionar nuestra sociedad y hacer que sea más prospera.

Estas diferencias de perspectiva entre las familias ante el sistema educativo también se dan en el profesorado. Son muchos los profesores que consideran que nuestro sistema educativo obligatorio no puede proporcionar a todos los estudiantes esos conocimientos y competencias mínimas, y se debe separar a los estudiantes que se esfuerzan y son capaces, de aquellos que no se esfuerzan lo suficientes o no son tan capaces. 

En nuestra sociedad, entre las familias y el profesorado, no ha terminado de producirse el cambio cultural necesario para vislumbrar el fracaso escolar como algo anacrónico, impropio de los valores de igualdad y justicia a los que aspiramos. Quizás porque no nos hemos terminado de creer que tales ideales sean alcanzables y merezca la pena luchar por ellos.

Sin embargo, si deseamos que los resultados académicos de nuestros niños y jóvenes mejoren necesitamos que la mentalidad y los valores de muchos de nosotros cambien, que las familias y las AMPAS nos impliquemos de verdad en el proceso educativo de nuestros hijos, y que haya muchos profesores dispuestos a sumarse a este cambio y a dirigirlo. De momento los padres y madres de los tipos C, F y G deberíamos dar un paso adelante y tomar la iniciativa, junto con el profesorado comprometido, para convencer al resto de las familias y de los profesores de la importancia que tiene terminar con el fracaso escolar en las aulas.

 

NOTA SOBRE EL AUTOR INVITADO 

Carlos Guerra es doctor en Sociología y experto en educación, específicamente en calidad y evaluación educativa. Aquí tenéis su historial profesional. Él prefiere presentarse como un padre preocupado por la situación que viven nuestros niños y jóvenes en el sistema educativo, en el que muchos fracasan académicamente y padecen las múltiples consecuencias que ello conlleva. Siente una obligación ética con las nuevas y futuras generaciones respecto a esta lamentable situación, y más cuando, a pesar de la coyuntura en la que nos encontramos, considera que seguimos teniendo muchos recursos materiales, humanos, formación, posibilidades y alternativas para que esto cambie.

Con la intención de promover la reflexión sobre ello y aunar voluntades, ha creado la web http://fracasoacademico.wordpress.com. Es un espacio abierto a todas aquellas personas que compartan esta inquietud. Ahí intenta aprovechar su experiencia como estudiante, sociólogo, investigador, profesor, gestor, padre y ciudadano que vive de cerca distintos espacios del sistema educativo para alimentar esta reflexión. 

Por sus comentarios en este blog, he podido apreciar que es una persona entendida, crítica e incorformista. Le pedí que escribiera aquí porque me interesaron sus críticas a mis artículos.

Podéis seguirlo también en Youtube, en Facebook y en Twitter.

 

 

 

 

Hay 38 Comentarios

La escuela pública sirvió para limar las desigualdades sociales hasta que llegó el señor Rubalcaba (criado en la más rancia escuela privada madrileña) y privó a los hijos de los obreros de una enseñanza de calidad, comiéndoles el tarro, además, con la dichosa LOGSE del PSOE (ley y partido a los que tienen los colegios privados en un altar, ya que son los que lograron el trasvase de alumnado de las aulas del Estado a las aulas privadas) Y es que muchas veces el que más brama y berrea diciendo que te defiende es quién te mete la puñalada en la espalda en cuanto tiene oportunidad....

"Mucha cháchara progre y bienpensante..."
No estoy de acuerdo con esta opinión. La escuela debería limar las desigualdades sociales y dotar a los jóvenes de las mismas oportunidades ante la vida. Esto sería lo ideal. Muy de acuerdo con la clasificación de padres. Da mucha pena ver niños que porque los padres no les pueden ayudar están destinados a un fracaso escolar y sentenciados. Además España es un país donde no hay igualdad de condiciones entre los ciudadanos. Esto fue un espejismo de los 80, y donde es determinante tu origen, después no te puedes cambiar.

Me parece una interesante reflexión en los últimos párrafos y un tema que se puede estudiar de algún modo. Pero debo decir que la clasificación me parece un tanto desafortunada, sobretodo en cuanto a los términos empleados para definir los grupos. Además en mi opinión, se solapan varios de éstos.
El autor intenta definir con características que pueden, a mi entender, pertenecer a varios de ellos a la vez y la verdad que al menos yo no entiendo bien con qué objetivo.
Una vez terminada esta clasificación, cuyos parámetros son definidos de manera absolutamente arbitraria por el autor, se establece una conclusión que parece dar una lección a unos u otros según se hayan sentido identificados los lectores con uno u otro grupo.
Repito.Estoy de acuerdo con que hay un problema real y que la solución puede alcanzarse haciendo reflexiones como las mostradas al final del párrafo. Pero me parece un tanto absurdo querer clasificar a personas en grupos de esta manera sobretodo teniendo en cuenta la complejidad de la educación y la variabilidad de las personas, padres e hijos.
No quiero con este comentario atacar al autor, cuya idea final me parece fabulosa. Pero sí debo decir que no comparto la necesidad de clasificar para ofrecer consejo según sea el resultado de esta clasificación. Sugiriendo que si uno es de un grupo, quizá debería cambiar por el otro.
Si hay un problema debe resolverse contando con el hecho de que hay una población heterogenea. Esto es algo inherente a las personas. Si la solución es buscar un único polo, será probable entonces que se origine un polo contrario tan definido como el que se muestra como bueno, con consecuencias que seguro son indeseadas por todos.

Yo creo que ciertamente los padres son importantes en el desarrollo de los hijos, pero también es cierto que no todos somos iguales ya desde nacimiento. Tengo amigos de familias humildes y padres cerveceros que son buenos estudiantes, también conozco casos de chicos con familias modelo que son personas sin moral y interés en nada. En cuanto a la segregación... que queréis que os diga, si el chaval se esfuerza pero no llega, no veo bien que se le separe y se le lleve una clase solo para los que tienen ese problema; pero hay verdaderos monstruos que no solo suspenden sino que son los típicos abusadores, pandilleros y demás, que yo eliminaría inmediatamente del aula.

El éxito o fracaso escolar lo determinan por igual profesores, padres y alumnos. Yo estudié en todo tipo de centros (público, privado, concertado, rural, urbano) y en todos ellos fue igualmente determinante la capacitación del profesorado, cómo el valor que daban los padres a los estudios como las ganas del alumno de interesarse por aprender.

en ocasiones hace mas daño un comentario de un profesor o del padre de un compañero de clase que todos tus buenos consejos y la actitud positiva frente a una mala nota en un examen y es algo con lo que durante años mea tocado lidiar, padres que no tienen ningun escrupulo en mostrar pena y profesores que elogian mas alla de lo logico a unos frente a los demas, ya puedes decir misa en latin que tu hijo no te escuchara ni atendera, es facil que le roben su amor propio y se autoanule dando por hecho que es incapaz

Muy buena clasificación de padres, yo creo que cada uno intenta educar a sus hijos lo mejor que puede. Sin más.

http://areaestudiantis.com

Yo conozco a alguno con el pensamiento de: "Lo que importa es con quién te siestes" y por eso llevan a sus hijos a coles de curas, que son una ful en cuanto a calidad, pero como va todo el fachi pijerío de la zona, pues... Mirad a Aznar qué bien colocó a sus compis Villalonha y Blesa. Esa es la mentalidad de la "élite" de aquí.

Mucha cháchara progre y bienpensante es lo que contiene este artículo. Para empezar la escuela no está "para contribuir a limar las desigualdades sociales" si no más bien para establecerlas y justificarlas.

El estudio es interesante, pero creo que un poco simplista porque etiqueta según cómo reaccionas pero muchas veces estas reacciones están basados en una realidad. Tendemos a querer etiquetarlo todo y no todo es tan simple. Mi hijo tiene altas capacidades y un rendimiento bajo. Es común en estos niños por la falta de motivación que tienen en el sistema actual. Por lo tanto yo sería una mezcla de varias etiquetas: complice porque tengo un background que me permite entender el por qué ocurre eso, reinvidicativa porque por mi background puedo ver cuando el centro tiene una actitud proactiva o no, y a la vez solidaria y muy colaborativa con los centros para buscar soluciones. Y no excuso a mi hijo de según que actitudes. En qué me califica esto? Y por supuesto las altas capacidades son solo un perfil, puedo ver mil razones más que se encuentren en circunstancias que justifiquen distintas maneras de reaccionar.

Yo creo que somos un auténtico desastre como padres. La sociedad está hecha un asco y el principal problema es de educación y esa educación la damos los padres http://xurl.es/sz9zg

Me asombra la ausencia de mención en los problemas de los hijos (escolares o no) de la propia actitud, valores y capacitación de los padres.

Para mí es simple: padres capacitados (en lo emocional, intelectual, afectivo) dan hijos capacitados.

Padres mal-capacitados o no-capacitados (irresponsables, vagos, cobardes) dan hijos con problemas.

Los hijos son sólo el reflejo especular de los padres.

La escuela tiene algo que decir en la formación de los hijos, desde luego, pero MUCHO MENOS que la propia familia.

Cada persona es un mundo, y cada situación familiar también según pinten las disponibilidades, los tiempos y los medios de que se disponen.
Nadie quiere perder objetivos que cuestan dinero y tiempo, que retrasan en el avance normal de la vida.
Ni los padres ni los hijos o las hijas.
Pero somos conscientes de que hay que remar con lo que tenemos a nuestro alcance, y con nuestras capacidades personales, los padres y los hijos.
Según la capacidad económica, tendremos mejor o peor coche, pero ello no significa que lleguemos a los sitios antes que los demás en la mayoría de ocasiones.
Y en la vida pasa lo mismo.
No hay garantías.
Hay posibilidades y actitudes, hay trabajo y empeño, dedicación, amor propio, sentido de la responsabilidad, disponibilidad y sacrificio.
Y con suerte a veces llegamos a la meta.
En cada etapa de la vida.
Siempre diferente.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

Libros

Soy estudiante y necesito ayuda

Soy estudiante y necesito ayuda

El éxito en los estudios no es solo cuestión de inteligencia, sino que está al alcance de la mano con apertura personal al cambio, hábitos adecuados, una mejora organizativa, una adecuada actitud en el aula, un buen método de trabajo intelectual y una elevada dosis de motivación. Más información.

100 cosas que debes hacer para mejorar como estudiante

100 cosas que debes hacer para mejorar como estudiante

Una guía rápida con consejos concretos, claros y ordenados sobre cómo aprovechar lo que te empuja y evitar lo qué te frena para alcanzar el éxito académico. Perfeccionarás tus técnicas, aprenderás a manejar actitudes y motivación para aprovechar las clases, y mejorarás tus habilidades de organización y planificación. Más información.

Archivo

junio 2014

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30            

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal