El silencio del locutor

Por: | 11 de septiembre de 2013

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Al llegar por vez primera a Alemania, hace ya bastantes años, miré el paisaje, los tranvías, el ajetreo de los nativos, y por la noche, como daban fútbol, tomé asiento frente a un modesto televisor. Si no es por las imágenes habría pensado que estaban retransmitiendo una misa. En serio. ¡Qué manera más solemne de comentar! La impresión se repitió en semanas sucesivas con diversos locutores. Acostumbrados mis tímpanos a las voces españolas de radio y televisión (José María García, Joaquín Prat, Miguel Ángel Valdivieso, de niño Matías Prats padre, todos ellos de naturaleza más o menos locuaz), los locutores alemanes me parecían fríos, sosos, una especie de profesores lentos, de predicadores susurrantes.

Quizá lo sigan siendo; pero uno, después de tantas lluvias, acabó por contagiarse de sus tonos apacibles. No me extrañaría que el menda haya terminado aficionándose al comedimiento con que los locutores germanos de fútbol narran los lances del juego, favoreciendo de ordinario la expresión sobre la emoción. Se conoce que la naturaleza me lastró con un temperamento torpe para encontrar posibilidades culturales fuera de la serenidad.

Un poquillo (tampoco vamos a exagerar) se les acelera la voz a los locutores alemanes cuando juega la selección nacional. Está mal visto en Alemania que al comentarista le tire un equipo más que otro. El veto se suspende en partidos disputados por la selección. Entonces lo reprobable sería la imparcialidad. Sucede a menudo en tales partidos que los locutores empleen los verbos en primera persona del plural y digan: deberíamos jugar al ataque, somos superiores, hemos ganado.

Lo primero que me llamó positivamente la atención en la tele alemana fueron los intervalos de silencio. Por fortuna, el comentarista no fatiga de continuo los órganos del habla. A lo mejor hay un charlatán por ahí, empleado en alguna emisora regional, pero lo dudo. Ya habría recibido su ración de parodia en los programas de humor. O sea, que si no hay nada reseñable que comunicar, ¿para qué abrir la boca? Si el momento es especial (un penalti a punto de ser lanzado, por ejemplo), ¿por qué no dejar que el espectador lo disfrute o sufra con recogimiento, sin la interferencia de un surtidor de palabras? Son dos mundos distintos el del radioyente que sólo dispone de su aparato auditivo para enterarse de lo que sucede sobre el terreno de juego y el del espectador de televisión que ve las mismas o parecidas imágenes que el comentarista.

Uno, delante del televisor, agradece que no le relaten lo obvio. ¿De qué me sirve que me cuenten que fulano para el balón, que se lo pasa a mengano, que mengano retrasa para zutano y así durante 90 minutos y lo que añada el árbitro? ¿Qué va de ahí a referir que la hierba de la cancha es verde o que el juez de línea tiene el pecho delante y la espalda detrás?

Claro que la concatenación de trivialidades puede hasta cierto punto justificarse si el tono de la narración es emocionante o está destinado a emocionar. El locutor latino tiende a ametrallar con lenguaje y a enrollar ristras de gritos en torno al micrófono cuando se le figura que ha de transmitir las acciones del campo con recursos intensificadores del habla, de manera que hasta la abuela sorda lo entienda desde el fondo de la casa. Quizá su parla adquiera entonces densidad humana, corazón y todo eso; pero si uno no está acostumbrado, la prueba es dura y exige adaptación y paciencia. También la exige el procedimiento opuesto, el de constatar en tono gélido, maquinal, los lances de una actividad suscitadora de pasión. No obstante, una cosa es emocionarse ante un micrófono y otra retroceder de una tacada doscientos siglos de evolución lingüística.

Uno se encuentra en la tele alemana con comentaristas monótonos, pedantes, tediosos, que, como expresa un dicho local, sierran los nervios del espectador. Predominan, sin embargo, los profesionales amenos, respetuosos con las normas del idioma, de voz agradable; que opinan con conocimiento de causa; que se toman la molestia de averiguar la pronunciación correcta de los nombres extranjeros; que no vociferan los goles como si les estuvieran amputando una pierna; que no ignoran, en fin, lo valioso que puede resultar el silencio en algunas ocasiones.

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Con mis hijos, hemos llegado a contar hasta 20 segundos de silencio del locutor. Una eternidad, si lo comparamos con los usos de otros países. Pero también es necesario precisar que, salvo en los partidos importantes (los de la selección, por ejemplo), es solo uno el que habla. Una sola persona que suele tener una voz agradable y puede controlar sus emociones (de eso va la cosa básicamente aquí en Alemania), pero que de fútbol en sí tiene poca idea. Obviamente, sus conocimientos son suficientes para satisfacer a la gran masa: conoce las reglas, las posiciones, los diferentes tipos de jugadas estándar, etc. Pero no las finezas, los detalles de este deporte. Cosas que muchas veces los mismos jugadores profesionales tampoco dominan en este país. Basta ver cómo centran, por ejemplo, o cómo les da igual qué tipo de efecto debe llevar el balón según la jugada. De ser posible suelo desconectar el audio en alemán y oír la radio española. Lamentablemente, muchas veces un mayor número de comentaristas no aportan necesariamente más calidad informativa ni mayor entretenimiento.

Me parece sin valor el comentario que se puede hacer luego de ver la repetición de una jugada para criticar a un juez o a un jugador. Los comentarios previos a un partido son como hacer futurología y además después van a justificar lo que se ha hecho, sobretodo del equipo ganador. Todo esto es por el rating pues comentan y relatan para"Doña María", que sabe muy poco de fútbol.

Me gustaría mucho ver en televisión un partido de fútbol sin relatores ni comentaristas pero si con los sonidos de las hinchadas. No me gusta que quieran darle emoción cuando no hay y tampoco cuando hay porque esa es la que quiero sentir con los hinchas.

Alberto, te agradezco que creyeses que lo publicado anteriormente, era cosecha mía, pero era un artículo de mi admirado Enric Gonzalez (antes periodista de El País, y ahora en otro medio de difusión nacional).
Antes de darte mi opinión , adjunto una 2ª parte posterior del tema en cuestión, de Enric Gonzalez..

Locución : Enric Gonzalez

El fútbol televisado español tiene problemas con la locución. Los locutores tradicionales, formados en la tradición radiofónica de Matías Prats, le cuentan al espectador lo que está viendo. En la pantalla se ve al portero Fulanito despejando a córner, y el locutor nos informa de que "el portero Fulanito despeja a córner", con más o menos signos de admiración. Pura redundancia. Existe también la fórmula del comentario técnico, en la que un especialista intenta explicar por qué el juego se desarrolla de tal forma o de tal otra. Michael Robinson, por ejemplo, se maneja con gracia en ese terreno, pero sus palabras son simples paréntesis dentro de una locución tradicional. Los italianos son los maestros de la fórmula, realmente difícil. Normalmente, acaba ocurriendo lo que le ocurría a Miguel González Míchel, de inolvidable sabiduría. Algunas de sus perlas clásicas: "Portugal nos ha enseñado todo lo que hemos visto", "en partidos como éste, los defensas tienden a defender su propia portería". La tercera escuela, las dos combinable con las otras dos, se basa en el griterío, el forofeo, el compadreo y la insensatez. Está bastante de moda.
Alguna vez he comentado que, para mí, la mejor banda sonora es la del propio estadio. Desde hace unos meses, en las retransmisiones de Digital + es posible utilizar el sistema dual para ver el partido escuchando el entusiasmo, la frialdad o la rabia de la grada. Pero empiezo a dudar. Quizá el fútbol se entienda mejor oyendo la voz y recibiendo la sabiduría de quienes conocen el intríngulis. Porque hay gente así. Gente que sabe por qué tal equipo no presiona en el centro del campo, o por qué tal portero tiende a fallar en las salidas.

(Fin de la cita, que diría Rajoy)

Lo ideal, aunque utópico, seria un compendio de las 2 formulas, es decir, que los comentaristas tuvieran, la oratoria y los conocimientos que el fútbol requiere, mezclados con el sonido de la grada.

Posdata: Eso sí, si se introdujese un micrófono en gran parte de la grada del Vicente Calderon, no tendríamos que preocuparnos de los comentaristas, la algarabía y el jaleo los dejarían en un lejanísimo segundo plano.

@alfonso ledesma:
No sé si uno será un exponente sobresaliente del homo vitiosus, pero cada vez que he quitado los comentarios por las mismas razones que tú bien has expuesto, el sonido del estadio me ha parecido fantasmal, como si fuera ajeno a lo que está ocurriendo en la pantalla. Pues sí, la verdad es que hay estar muy enganchado para echar en falta un ruido de fondo de tan mala calidad como el que emiten estos "comentaristas".

Estadio por Enric Gonzalez

A Marcello Lippi, el seleccionador que hace dos años ganó el Mundial con Italia, le gusta ver fútbol en televisión. Y le gusta verlo solo. Se encierra en su cuarto, se sirve una copa y enciende un purito. Le envidio. Lippi puede hacerlo.
En España, las retransmisiones futbolísticas han ido evolucionando hacia el modelo feriante: mucha gente, mucho jolgorio. José Ángel de la Casa fue el último locutor con quien se podía convivir. Desde que se fue, impera la verborrea.
La Sexta ofrece durante la temporada liguera unas locuciones que hacen añorar la verbena de los vecinos. ¿Por qué gritan? ¿Por qué dicen esas chorradas? Cuando quiero ruido y chascarrillos, voy a ver el partido en un bar. Si estoy en casa, me basto para decirme obviedades, y no necesito alzar la voz.
En este Mundial, Cuatro y Digital + han seguido la tendencia dominante. Tres personas, nada menos, nos cuentan cada jugada, aderezando el rebote más tonto con arrebatos de forofismo y el inevitable “podemos, podemos”. Al menos no ululan como otros ni se explayan en la gansada. Pero son demasiados. Evidentemente, pueden tener su interés las anotaciones cultas de Maldini: conviene no ignorar que Suecia tiene en el banquillo a un lateral de mucho recorrido, o que Polonia podría sacar a un mediopunta con gol. A mí, la verdad, no me compensa.
Quitar el volumen y poner la radio me parece mucho peor. Se aguanta más griterío, y encima con publicidad. Poner música devalúa el fútbol y además es cursi. No escuchar ningún sonido resulta antinatural y deprimente.
Lippi puede ver partidos con tranquilidad porque Sky, la sociedad de Murdoch que posee la exclusiva del fútbol en Italia, ofrece una opción muy sencilla y gratificante: se puede quitar la locución y poner el sonido del estadio. Sólo eso. Los rugidos, los aplausos, los pitos, el silencio tenso: la banda sonora más natural para el fútbol. ¿No sería posible eso en España?

Yo doy silencio. Son insufribles. Y en la radio es peor. Tanto la SER como RNE consideran que retransmitir un partido es hablar de dónde van a ir a cenar por la noche.
Los aullidos que son capaces de perpetrar por minuto son lo más parecido a la absoluta falta de respeto al oyente.
A mí me trae al fresco si el comentarista lleva el calzoncillo rojo o verde ( comentarios en la SER hace unas cuantas fechas).
Aparte es curiosísimo el inconsciente de estos comentaristas, tanto en radio como en televisión: parecen pensar que retransmiten para varones en exclusividad: la chabacanería del machito machote les sale por los poros.
Ya digo, yo en la tele doy sonido ambiente o silencio, y tan a gusto.

Aún coincidiendo con el autor en su elogio de la sobriedad verbal - y no sólo en el fútbol, por supuesto - creo que sus alabanzas al estilo de los comentaristas alemanes revelan un pelín de su propia ignorancia en materia de fútbol, la misma que comparte con sus admirados comentaristas germanos, incapaces, en su gran mayoría, de "leer" los pormenores del partido y explicárselos en forma clara y amena al espectador. Tampoco es cierta la afirmación de que los alemanes evitan las banalidades, antes bien, su desconocimiento de las cuestiones tácticas les convierte en verdaderas máquinas procesadoras de detalles estadísticos tales como la posesión, las ocasiones, las faltas, o bien de los entretelones de la vida de los jugadores y hasta de os directivos.En suma, algoque resulta tan coñazo como los avances de películas que sueltan los españoles en pleno partido.
Luego, al tratarse, salvo raras excepciones, de gente que dispone de un bagaje cutural más bien mediocre, pero que intenta impresionar a un público aún más cateto que ellos, recurren a psicologismos de tres al cuarto, tales como "Körpersprache" para predecir el desenlace del partido en base a un pretendido lenguaje coporal de los jugadores. Al respecto hay una anécdota de un jugador de Camerún, creo, Idrissou, de segunda división, al quien el ábitro le afeó su "Körpersprache", a lo cual el jugador dijo en una entrevista que su íd. era el de un hombre y no el de un mariquita, queriendo endosarle esa condición al propio Stark, el referí.

Los alemanes tienen un sabio dicho: Gepriesen sei der Mann, der nichts zu sagen hat und trots dem schweigt, Lo que equivale a: alabado sea el hombre que no tiene nada que decir, y sin embargo calla.

Si los comentaristas de fútbol latinos usasen bien el español, sería magnífico, porque así todos nosotros lo usaríamos bien. El soniquete de los locutores se nos mete en el cerebro.

Coincido totalmente con el autor y con El Botones Sacarino.
Yo también veo (con frecuencia) los partidos con sonido ambiente.
Es una pena que no pueda verlos todos así.
Los narradores y comentaristas españoles son (casi) todos insufribles.
Al margen de que la mayoría de ellos tienen muy pocos conocimientos futbolísticos.
Otra cosa que sigo sin entender es la necesidad de que existan un narrador y 2/3 comentaristas, más el (perfectamente) prescindible comentarista a pie de campo.
Un maremagmun de voces y gritos que se interrumpen unos a otros.
Molestísimo.
Tampoco entiendo la necesidad que tienen los narradores y comentaristas de televisión y (sobre todo) de radio, de ser graciosos.
Con el agravante de que no lo son. No tienen ninguna gracia y hay que aguantar una ristra de chistes y de "gracias" absolutamente lamentables.
Por último, como bien dice el autor, se ha puesto de moda la narración "radiofónica" por televisión.
Sobran muchísimas palabras porque muchísimas cosas que nos cuentan, ya las estamos viendo. No es necesario que nos digan lo que es evidente.
Además sucede otra cosa. Y es que las narraciones por radio también son lamentables.
Porque los narradores dan por supuesto que el oyente está viendo el partido por televisión.
Y muchas veces no es así.
Yo, que ya tengo una edad, recuerdo muy bien las perfectas narraciones radiofónicas de los años 70.
En las que "veías" el partido. Siempre sabías donde estaba el balón, donde estaban los jugadores, que estaba sucediendo exactamente.
Y ahora no te enteras de nada.
Un montón de comentaristas "graciosos" hablando a la vez, por lo que es imposible enterarse de lo que está pasando.
Muchas veces sucede que de repente se escucha "gooooooooooooool" y no es que no sepas que jugador lo ha marcado.
Que no lo sabes.
Es que ni siquiera sabes que equipo lo ha marcado.
¿Lo habrá marcado tu equipo?
¿Lo habrá marcado el rival?
Es desesperante.
Es decir, que suceden dos cosas (bastante) sorprendendentes, que en televisión dan por supuesto que no estás viendo el partido y en la radio dan por supuesto que lo estás viendo.
Un desastre.
(oigan)

Pues no, la cosa ha cambiado, aunque siguen, por fortuna, a años luz de los latinos. Son bastante respetuosos, y sobretodo, no dicen sandeces!!!!! opinan cuando saben o sino preguntan. Porque la mayoría de nuestros comentaristas patrios notienen ni pajotera idea de fútbol y encima parece que están en la taberna con cuatro amigotes viendo el partido. Me quedo con José Àngel de la Casa o los alemanes. Por cierto, los comentarios de Günter Netzer , un borde de cuidado, pero hace que el comentarista no suelte perlas gratuitas o haga preguntas estúpidas.

Eso que no han escuchado las transmisiones peruanas. Son de meterse un tiro. Gritan, manejan mal el lenguaje, chauvis. En una palabra: insoportables al oìdo humano. Yo cuando debo ver un partido me veo obligado a apagar el sonido. La radio la evito a lo màximo.
Algunos no contentos con este griterio, pues todo es cuestiòn de hàbito, costumbre, optan por apagra el sonido de la TV y colocar la radio donde su locutor preferido transmite el partido.

Escuchen el gol de Maradona a Inglaterra en el 86 sin audio, después escuchenlo con el audio de Victor Hugo Morales y me cuentan la diferencia. Abrazo

Lamentablemente la calidad de los comentaristas deportivos entro en franca decadencia hace ya bastantes años, cuando empezó a imponerse el estilo de colegueo chabacano de la Ser, como si un grupo de colegas estuvieran viendo el partido en su casa. De eso a ahora el desierto, sólo se salva el 5%, la mayoría de Canal Plus. Incluso TVE, que solía tener buena cantera y tradición, ha decaído tremendamente, una pena. Coincido con lo que decis de Lippi. Yo si no tengo esa opción y no me gustan los comentarios quito el sonido.

Una vez le escuché decir a Marcelo Lippi que siempre veía los partidos por la tele sin comentaristas, solo con sonido ambiente, en la Sky Sport. La temporada pasada en el Digital Plus lo recordé y pulsé la opción audio. Con alegría descubrí que tenía esa posibilidad. Desde entonces veo algunos partidos de esa forma. Como si estuviera en el estadio. Le subo el sonido ambiente y los veo sin interferencias. No digo que lo haga siempre, solo cuando me apetece, pero a veces lo necesito para salirme del exceso de retórica. Además, cuando ya tienes cierto bagaje deportivo, los comentarios no son tan necesarios. Luego puedes escuchar y leer a los periodistas y contrastar con tus propias sensaciones. Me gustan los narradores deportivos pero creo que debería ser obligatorio la opción de sonido ambiente. Lo veo algo así como el cine en versión original subtitulado. También debería ser obligado. La posibilidad de elegir me refiero. ¿Quieres el producto natural tal como sale de la fábrica? Pues dale tú mismo al mando.

Existen los relatores Argentinos, después de ellos, no hay mas nada....

En la Es-Pi-En esta Eduardo Biscayart y su compi que lo hacen francamente bien. Es preferible ver un Barcelona-Madrid con sus comentarios. No hay guerras ni odios ni lideres de la mamada. Saben de futbol, son concisos cuando es necesario y tienen un humor fino y agradable

¿Carlos Martínez? Por favor... Gallos le salen de la garganta al cantar los goles... de su Barça, claro.

Cuando voy al futbol o espectáculo similar no necesito que alguien me este contando lo que sucede en el campo. Esto seudlocutores son unos histéricos chillones, semianalfabetos y utilizan todos los tópicos al uso, el uso de los gentilicios es demencial teutones, transalpinos, galos... el colmo de la estupidez. Y como colofón : "tiempo de descuento"

A mi me gusta más el estilo español, la verdad. Lo encuentro más divertido y más emocionante. Fernando me gustaría saber como se ha visto este tema desde Alemania: http://xurl.es/idud3

Esse est percipi

La expresión en las retransmisiones no esta reñida con la emoción.

Solo hay que fijarse en los comentaristas sudamericanos (Victor Hugo Morales, entre otros) o sin ir más lejos en Carlos Martinez aqui en España.

A mi ese estilo sobrio que se estila por allá a lo Jose Angel de la Casa me parece demasiado aburrido.

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Sobre el blog

Crónicas de la Liga más alemana del mundo.

Sobre el autor

Fernando Aramburu

, donostiarra, es autor de cuentos y novelas. Desde 1985 reside en la República Federal de Alemania, donde se dedicó durante largo tiempo a la docencia. Entretanto cayó el muro, como caen tantas cosas. Y hoy pulsa las teclas y no precisamente las del piano. Lo que más le gusta del fútbol es la literatura, o sea, el barro y el gol en el último minuto, la épica y la lírica.

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