Balón teutón

Sobre el blog

Crónicas de la Liga más alemana del mundo.

Sobre el autor

Fernando Aramburu

, donostiarra, es autor de cuentos y novelas. Desde 1985 reside en la República Federal de Alemania, donde se dedicó durante largo tiempo a la docencia. Entretanto cayó el muro, como caen tantas cosas. Y hoy pulsa las teclas y no precisamente las del piano. Lo que más le gusta del fútbol es la literatura, o sea, el barro y el gol en el último minuto, la épica y la lírica.

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Goles externos

Por: | 31 de octubre de 2013

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El no-gol encajado por el Hoffenheim. DANIEL ROLAND/AFP

Un gol externo es aquel que se produce fuera de la portería. Una de las acepciones del término admite la posibilidad de que el balón entre en la portería, pero no a la manera convencional, por el hueco comprendido entre los postes y el larguero. ¿Por cuál entonces? Uf, cualquiera sabe. Quizá por esta circunstancia se le asigna también el nombre poco afortunado, en mi opinión, de gol fantasma. Algunos periodistas alemanes propensos a la ironía lo denominan no-gol.

Para quienes los reciben, los goles externos resultan más dolorosos y más indignantes que los internos, aunque cuentan lo mismo. Son como bromas crueles del destino que cuestionan la existencia de la justicia en el Universo, o al menos en la Vía Láctea. En ocasiones desencadenan agravios históricos y siempre dan lugar a debates interminables. La FIFA, por su parte, no ve en ellos motivo alguno de controversia, pues considera, con el reglamento en la mano, que un gol consiste simplemente en que el árbitro haya pitado gol.

Por alguna causa que quizá sólo acierte a dilucidar quienquiera que maneje los hilos del azar, los goles externos mantienen una vieja alianza con el fútbol alemán, renovada recientemente con el cabezazo de Stefan Kiessling en terreno del Hoffenheim. Las imágenes corrieron por todo el planeta.


Un gol externo que pasó a la historia con nombre propio fue el de Wembley de 1966. El hecho sucedió durante la prórroga de la final del Campeonato del Mundo que enfrentó a Inglaterra con Alemania. Nunca ha quedado claro si el balón chutado por Hurts cayó, después de pegar en el larguero, dentro de la portería o sobre la línea. El árbitro, inducido por el juez de línea, y los ingleses dijeron que dentro; los alemanes, que fuera.

Sobre el Gol de Wembley se han escrito libros, se han hecho documentales, se han llevado a cabo investigaciones con ayuda de programas informáticos, sin llegar a la certeza definitiva. El desquite se produjo 44 años después, en el campeonato de Sudáfrica de 2010. El árbitro no vio que el balón disparado por Frank Lampard había botado claramente dentro de la portería alemana. Por fin la vieja herida cicatrizó y desde entonces ya no se habla tanto en Alemania del Gol de Wembley.

En la Bundesliga, el gol externo por antonomasia es el de Thomas Helmer de abril de 1994. Es, además, el más externo de los que se conocen. Más externo, imposible. Se enfrentaban el Bayern de Múnich, equipo de Helmer, y el Núremberg. Los bávaros ganaron el partido por 1-0 gracias a un lance propio de los hermanos Marx. Thomas Helmer, cercano al poste de la portería del rival, empuja sin acierto el balón, que sale fuera. Víctima de un efecto óptico, el juez de línea señala gol con el banderín. Entonces Helmer comete el error de su vida: se lanza a interpretar una escena de júbilo. En ese preciso instante se convierte ante los ojos de todo el país en un tramposo. La Federación mandó repetir el partido, que el Bayern ganó con facilidad. Helmer ha reconocido en incontables ocasiones que obró mal. Fue un excelente jugador, pero nadie lo recuerda sino por su gol externo y su cínica celebración.

                              

Stefan Kiessling está tratando de evitar una situación parecida. Lo va a tener difícil. El otro día marcó dos goles en la Liga de Campeones, y la prensa y los comentaristas alemanes concidieron en afirmar que esta vez sí habían sido legales. Su nombre ya está ligado, ¿para siempre?, al balón que entró en la portería del Hoffenheim por un roto de la red. Las imágenes desmienten las declaraciones iniciales de Kiessling, por cuanto muestran que el jugador se echó las manos a la cabeza en señal de que lamentaba el fallo. Su equipo, el Bayer Leverkusen, hizo pública su disposición a repetir el partido, aunque consideró que lo más justo sería hacerlo desde el minuto en que se produjo la curiosa jugada. No obstante, la Federación, tras escuchar a las partes, dictaminó en contra de ambas opciones. El Hoffenheim ha anunciado que subastará con fines benéficos la red rota. Y, mientras tanto, cada vez son más las voces que reclaman en Alemania la instalación de cámaras en las porterías, como ahora Inglaterra y el verano que viene en Brasil. ¿Estarán los goles externos en peligro de extinción?

El gran David Alaba

Por: | 27 de octubre de 2013

Alaba
El jugador del Bayern de Múnich David Alaba celebra su gol ante el Viktoria Plzen/ EFE

La primera vez que escuché su nombre fue durante una emisión radiofónica de los sábados por la tarde. En no recuerdo qué campo, con ocasión de no sé qué partido, el entrenador del Bayern de Múnich alineó a un tal David Alaba. El nombre no pudo menos de despertar en mí cierta familiaridad fonética. Pensé: este jugador (por entonces no llegaba a los 19 años, hoy tiene 21), si no es español, seguro que procede de donde se ceba el mate, se saborean las enchiladas o se toca el charango. Y, en efecto, David Alaba, uno de los valores más sobresalientes del Bayern actual, es un futbolista austriaco, hijo de padre nigeriano y madre filipina.

Su fotografía ilustra con frecuencia las portadas de la prensa deportiva alemana. Últimamente le dirigen elogios en tales cantidades que, si tuviera que llevarlos en un saco al hombro, no podría ir de aquí ahí. Elogios merecidos que lo mismo ensalzan sus cualidades deportivas que las virtudes de su persona. Llama la atención que muchas de las demostraciones públicas de aceptación le vengan de parte de sus compañeros y de la dirección del club. Lo tienen por un fuera de serie simpático, tranquilo, modesto, a quien Franck Ribéry concede el honor de llamar Bruder (hermano); lo cual, en el código de un antiguo pandillero del arrabal, significa tanto un reconocimiento como una identificación.

La historia de David Alaba es la de un muchacho que se entregó de lleno a consumar el sueño de ser futbolista profesional. Ya con 14 años, deja la casa familiar e ingresa en el internado del Austria Viena. Es de los que, acabado el entrenamiento, se queda a practicar tiros libres o a mejorar este o el otro aspecto técnico. Cumplidos los 16, lo descubren ojeadores del Inter y el Manchester City. Alaba y su padre, que lo representa, optan sin embargo por el Bayern. El club bávaro paga al Austria Viena 100.000 euros. Se calcula que hoy día el precio del jugador en el mercado de fichajes rebasa 300 veces aquella módica suma.

Formado en el filial del Bayern, su incorporación al fútbol profesional fue todo lo contrario de gloriosa. Una actuación pésima en Fráncfort determinó que fuera cedido al Hoffenheim. Visto desde la perspectiva de hoy, aquel cambio fue lo mejor que le pudo suceder, pues, sin sitio en un Bayern cuajado de estrellas, Alaba pudo atesorar experiencia en la Bundesliga y al mismo tiempo madurar hasta convertirse en un futbolista extraordinario.

El presidente Hoeness ha contado en alguna ocasión que a Louis van Gaal le fue ofrecido Sami Khedira en bandeja. El entrenador holandés declinó. “Alaba es mejor”, dijo con su brusquedad habitual. Fue idea de Jupp Heynckes retrasarlo a la defensa. Guardiola, simplemente, no puede prescindir de él. Alaba es, además, un jugador pintiparado para su estrategia, bueno haciendo circular el balón, bueno presionando, bueno iniciando contragolpes con rapidez, bueno asistiendo a los medios y delanteros. Añádase que trabaja para el grupo, que no es ni egoísta ni conflictivo, ni suele provocar tarjetas, ni ha sufrido hasta la fecha lesiones de gravedad, y se comprenderá el acierto que tuvo el Bayern al ficharlo y darle tiempo para que se desarrollara.

La fama creciente no lo ha estropeado ni como persona ni como jugador. Cuantos lo conocen no dudan en reputarlo de trigo limpio. Permanece con los pies en el suelo y su Biblia siempre a mano, pues es fervoroso creyente. Los expertos coinciden en afirmar que Alaba pertenece a esa estirpe de futbolistas que transmite alegría al juego de su equipo. Domina como pocos el arte del pase exacto. Ejecuta su juego principalmente por la banda izquierda, desde la posición defensiva hasta las inmediaciones del área del rival. No esconde que le agradaría jugar más adelantado; pero el Bayern tiene una media prodigiosa, además de sobrepoblada, con incorporaciones recientes (Götze, Thiago) en las que ha invertido mucho dinero.

Y por lo demás, el dominio con que el equipo atosiga de costumbre a sus adversarios permite a Alaba avances continuos a zona de ataque. Lejos de jugar clavado en su parcela, sube y baja sin descanso, repartiendo balones, permitiendo lucirse a Ribéry y hasta metiendo él mismo algún que otro gol con sus trallazos desde la distancia. Antes de cumplir los 18 años, ya era internacional de su país.

Futbolista en paro

Por: | 24 de octubre de 2013

Paro
Christian Eichner, en su etapa como jugador del TSG 1899 Hoffenheim.

No pocas veces, durante los últimos años, he visto por las calles de algunas ciudades alemanas chavalillos vestidos con la camiseta de la selección española y el nombre de Iniesta, de Sergio Ramos o de cualquier otro futbolista triunfador, a la espalda. El éxito confiere a quien lo obtiene rango de ídolo, mantiene ocupado al periodista, atrae simpatizantes. Resulta fácil, tal vez inevitable, mitificar a un campeón. Es que es muy bueno, decimos, sabiendo incluso que en otras facetas de la vida el ensalzado es un zote. Yo me sumo al convencimiento de aquellos que atribuyen al deporte la función social de hacer posible el héroe.

Sin fatigar las meninges, con unos cuantos adjetivos sonoros, somos capaces de trazar el retrato del triunfador: magnífico, glorioso, insuperable. ¿Para qué más si sólo deseamos dejar constancia de un resplandor? La derrota, en cambio, admite (e incluso exige para ser expresada con exactitud) un sinnúmero de matices, grados, explicaciones, y es por eso mismo, al menos desde un punto de vista narrativo, mucho más interesante, acaso también más provechosa por cuanto le deja a uno la posibilidad de extraer enseñanzas. Lo otro ya se despacha con satisfacción admirativa.

En deporte, el fracaso personal, el contratiempo, la desgracia, suelen presentar formas harto variadas, de las cuales las lesiones graves son, con toda probabilidad, las más conocidas y acaso las más frecuentes. Hay otras (la ludopatía, el alcohol, los problemas familiares, las depresiones) que pueden igualmente truncar una carrera deportiva. A ellas se añade un caso poco atendido por los medios de comunicación, pero en modo alguno insólito, el del futbolista profesional a quien no le renuevan el contrato, busca equipo, no lo encuentra y pasa, de la noche a la mañana, de ser mencionado en los periódicos y salir en la televisión a quedarse solo ante el espejo de su casa.

Una publicación deportiva alemana, que, como todas, gusta de jalear a los héroes, prestó días atrás atención al caso de Christian Eichner, un futbolista profesional de 30 años, casado y padre de una hija, en buen estado físico pero sin un equipo en el que seguir ejerciendo de lateral izquierdo. Fuera de Alemania es un jugador desconocido, no así dentro de su país; aunque, claro, desapareció de la actualidad informativa y entonces, adiós muy buenas.

En su currículo figuran más de doscientas participaciones en la Bundesliga y en la Segunda División alemana, con el Karlsruher SC, el Hoffenheim y (su última estación) el Colonia. En la actualidad está cobrando el subsidio del paro. Recibe la asignación más elevada para los desempleados de su profesión, 2.300 euros netos al mes.

Dicha cantidad rebasa la que perciben infinidad de ciudadanos por su trabajo de ocho horas diarias. Así y todo, dudo que el dato sirva de consuelo a quien sabe lo que significa jugar en estadios de primera categoría, ante cincuenta mil espectadores o más. Eichner carece de formación profesional. Interrumpió sus estudios para dedicarse de lleno a su pasión: la práctica del fútbol. Y aunque todavía se sostiene económicamente, no puede menos de pensar con inquietud en los casi cuarenta años de edad laboral que tiene por delante y para los cuales no le alcanzarán los fondos ahorrados durante sus buenos tiempos.

Ahora mismo, según reconoce, su mayor problema es de naturaleza psicológica. Mermada la autoestima, no descuida, sin embargo, la preparación física. Tiempo atrás, pidió (con éxito) ser admitido a los entrenamientos de un equipo inscrito en una liga inferior. Procura de este modo mantenerse en forma mientras espera que la suerte le sonría el próximo invierno, cuando se reabra el mercado de fichajes.

Cuenta que todas las semanas pregunta a su representante si se han producido novedades; que no quita el ojo de su Smartphone en espera del mensaje que lo reintegre a su oficio; que lee la prensa deportiva y husmea en internet con el fin de averiguar si en algún club necesitan un lateral izquierdo o si la marcha o la lesión de un jugador ha dejado la plaza vacante, siempre con la expectativa de ofrecer sus servicios. Lo peor, afirma Eichner, son los sábados por la tarde, cuando se disputa la mayor parte de los partidos de la Bundesliga. No está mal que de vez en cuando echemos un vistazo al reverso de la gloria.

 

Udo Lattek

Por: | 20 de octubre de 2013

Da nombre a una de las grandes leyendas del fútbol europeo. La lista de sus éxitos sigue moviendo a asombro. El anecdotario que suscitó a lo largo de su carrera daría para llenar varios volúmenes. Su lengua afilada ha sido hasta no hace mucho una presencia habitual en las tertulias deportivas de televisión.

Días atrás, la prensa difundió una foto suya que encogió el corazón del país. Se sabía que Udo Lattek, que frecuentó la bebida y nunca se cuidó, tenía problemas de salud desde hace unos cuantos años. Una imagen reciente que lo muestra sentado en silla de ruedas ha dado pie a funestos augurios. El Parkinson, dos operaciones de cerebro y un episodio de ictus en 2010 han mermado de forma considerable su fortaleza física. Este año ha cumplido 78. “Cuando cumpla 80”, dijo en cierta ocasión con su campechanía de costumbre, “veré los rábanos desde abajo”.

La guerra le arrebató la infancia. Alguna vez ha referido que cuando, en su huida de Prusia Oriental, la aviación rusa disparaba a las columnas de exiliados, su madre se echaba sobre él para protegerlo. Más amable es el recuerdo que conserva de su internamiento en un campo danés de prisioneros, donde, al no haber escuela, dedicaba el día entero a jugar al fútbol.

Y el caso es que nunca pasó de mediocre jugador. Afincado en Alemania Occidental, alternó la práctica del deporte con la docencia en un instituto, y como, según sus propias palabras, disponía de mucho tiempo libre, lo aprovechó para sacarse la licencia de entrenador.

En 1966, ya colgadas las botas, le ofrecen entrenar a los juveniles de la selección nacional alemana. Pasados unos años, un día llaman a su puerta. Abre y ¿quién está allí? Franz Beckenbauer, que viene en representación de la directiva de su equipo a preguntarle si quiere entrenar al Bayern de Múnich. “¿Y por qué yo, que no he entrenado nunca a un club de la Bundesliga?”, preguntó él. Lo habían propuesto varios futbolistas que lo conocían por haber jugado a sus órdenes en las categorías juveniles de la selección. Cuesta imaginar que hoy día un equipo de alto nivel buscase de esa manera entrenador.

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Rummenigge y Lattek, con la Copa alemana de 1984./cordon

Se ha llegado a afirmar que al Bayern de los 70 (el de Hoeness, Breitner, Beckenbauer, Gerd Müller) habría podido entrenarlo con éxito el palo de una escoba. Sea como fuere, aquella época gloriosa del equipo muniqués coincidió con la presencia de Lattek en el banquillo. Dirigido por él entre 1970 y 1975 primero, entre 1983 y 1987 después, el Bayern ganó seis campeonatos de Liga y tres Copas nacionales, así como la Copa de Europa de Campeones de Liga en 1974. Aumentó su colección de trofeos como entrenador del Borussia de Moenchengladbach, con el que consiguió dos campeonatos de la Bundesliga y, en 1979, la Copa de la UEFA. También, entre 1981 y 1983, como entrenador del Barcelona, con el que ganó una Recopa. Por cierto, Udo Lattek está seguro de que fue despedido por presiones de Maradona cerca de Núñez, a la sazón presidente del club.

Su estilo de entrenar era el propio de quien domina el arte de la motivación. No alberga la menor duda de que un técnico actual adquiere en el colegio de entrenadores multitud de conocimientos de los que él jamás oyó hablar. La suya es una concepción primordialmente bélica del fútbol. Un partido equivale a una batalla. Udo Lattek no hablaba de rival ni de adversario, sino de “equipo enemigo”. Una consigna a sus jugadores podía ser: “Tenéis que comer hierba y morder los postes de la portería”. Suya es también esta perla verbal, compendio de su método de trabajo: “La mejor manera de entrenar consiste en ver qué jugador necesita una alabanza y cuál una patada en el culo”.

Mención aparte merece su famoso jersey azul. Udo Lattek desempeñaba en 1987 el cargo de director deportivo del Colonia. Un día, como hiciese frío, acudió al estadio con un jersey normal de lana, de color azul. Ganó su equipo. Lattek decidió vestir aquella prenda hasta tanto el Colonia no perdiera un partido. Perdió uno de Copa; pero eso, según él, no contaba. En total lo llevó puesto por espacio de 15 jornadas. Con fines benéficos la prenda fue vendida en subasta pública por la formidable suma de 38.000 marcos, en torno a los 19.000 euros al cambio actual.

Goles, goles, goles

Por: | 16 de octubre de 2013

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Con seis goles, Lewandowski, del Borussia Dortmund, comparte el liderato de la tabla de máximos goleadores (EFE).

Todos los años, uno de los periódicos de Hannóver, el Hannoversche Allgemeine Zeitung (el HAZ, que le dicen), organiza un juego al que se puede apuntar quien quiera. Los participantes deben adivinar los resultados de la siguiente jornada de la Bundesliga, así como el número de goles metidos en la primera y la segunda parte de todos los partidos y la suma global de tarjetas amarillas mostradas por los árbitros. Cada martes el periódico publica la lista de los 20 mejor clasificados. Hay premios semanales. El premio mayor, consistente en dos abonos para presenciar los partidos en casa del Hannover 96, se entrega al final de la temporada

Este año me he vuelto a apuntar al pasatiempo. Transcurridas ocho jornadas, ocupo el puesto 1602. Un desastre. Hace dos años, cuando jugué por vez primera, estuve más atinado. No me parece imposible predecir con razonable cuota de aciertos qué equipo ganará este o el otro partido, o incluso si habrá empate. También por ello se consiguen puntos. El problema es acertar la cantidad exacta de goles de cada equipo. Por supuesto que conozco la táctica conservadora de vaticinar resultados del tipo 1-0, 2-0, 2-1 y viceversa, suponiendo que pudieran ser los más habituales. Pues bien, ya el primer fin de semana los nueve partidos iniciales de la Bundesliga dieron un saldo de 37 goles, lo que supone un promedio de más de cuatro por encuentro. Y, claro, en el juego del HAZ quedé con mi estrategia cautelosa en el puesto 2065.

 

Las estadísticas confirman que la Bundesliga es una fábrica de goles. Este año, al cabo de ocho jornadas, el balón ha rebasado legalmente la línea de portería en 238 ocasiones, lo que da un promedio de 3,31 goles por partido, frente a los 2,97 de la Serie A, los 2,81 de la liga española o los 2,31 de la Premier League. Otro dato: la última vez que hubo un 0-0 en la Bundesliga fue en la jornada trigésimoprimera de la temporada anterior. Tuchel, entrenador del Mainz 05, postula que el 1-1 es el equivalente actual del antiguo partido sin goles.

¿Por qué razón campean a menudo en los marcadores de los estadios de fútbol alemanes el 4, el 5 y aun cifras mayores? ¿Son muy buenos los delanteros? ¿Son unos espantapájaros los defensas y guardametas? La primera razón cae por su peso. Ningún equipo alemán practica el catenaccio. Sí, claro, llegan el Bayern o el Borussia Dortmund y uno adopta las oportunas medidas defensivas; pero el público alemán quiere espectáculo y exige coraje. No es raro que tras una derrota ovacione a los suyos si estos perdieron con hombría.

Predominan el juego rápido, la presión incesante al adversario y las estrategias ofensivas. Hay entrenadores (Slomka, por ejemplo, del Hannover 96) que fijan a sus jugadores un tope máximo de segundos desde el momento en que ganan el balón hasta que culminan la acción de ataque. Lo cual requiere una total compenetración colectiva a fin de minimizar riesgos en el caso de pérdida de balón durante el movimiento de todos hacia delante. La descompensación entre el avance y el retroceso es la causa de que un equipo propenso al juego abierto, como el Hoffenheim, haya metido en los ocho partidos jugados hasta ahora 20 goles (se dice pronto) y recibido otros tantos.

Hoy se ataca en grupo. Lo mismo mete goles un delantero que un defensa. Con o sin balón, en el terreno de juego todo quisque está en continuo movimiento. No hay descanso. El clásico 9 que espera centros para rematar de cabeza es rara avis en la Bundesliga. Agreguemos la circunstancia de que ningún equipo carece de buenos especialistas para los lanzamientos con barrera, ensayados en sesiones especiales de entrenamiento, al igual que los saques de esquina. En la presente temporada, los goles de jugada con balón parado representan el 33,6 por ciento de la suma total.

Y no es sólo que se hagan muchos tantos. Es que no pocos de ellos son de una factura imponente. Los espectadores de la televisión pública eligen por votación el gol del mes. A veces son tan bellos que resulta harto difícil decidirse. Al aficionado alemán no le va esa cosa un poco arrogante de afirmar que su liga de fútbol es la mejor del planeta. Motivos no le faltan para suponer que acaso sea la más espectacular.

 

Padre y mánager

Por: | 13 de octubre de 2013

Ya dijo Lionel Messi hace un par de semanas que de la plata se encargaba su papá. No sé en otras partes, pero en la Bundesliga la figura del padre que representa al hijo futbolista en las negociaciones con los clubes es bastante frecuente. Algunos progenitores acompañan con ambición económica la carrera del vástago desde que este se estrena en las categorías infantiles. A veces, vencidos por el apasionamiento, se enfrentan al entrenador; abroncan al árbitro en presencia de los chiquillos, usando un vocabulario más bien poco edificante, o la emprenden a tortas con el padre del canalla, criminal, homicida, que le ha dado un puntapié a su pequeño.

El reglamento de la FIFA exonera de licencia de asesor a padres, hermanos o cónyuges de los futbolistas. Frente al mánager de agencia, que por lo común se entrega a la tarea con ponderación profesional, el pariente metido a negociar cláusulas de contrato suele mostrar ese suplemento ardoroso que aportan los lazos de sangre. Y lo cierto es que en las directivas de los equipos, al menos de los equipos alemanes, estos papás y mamás representantes arrastran fama de interlocutores difíciles. Lo confirma no sólo la abundancia de conflictos y desencuentros, sino la tenacidad invencible con que los referidos se afanan por obtener cada semana, cada día, cada hora, provecho económico y deportivo para su representado.

Así las cosas, trascienden a veces a la prensa actuaciones dignas de risueño comentario. A principios del pasado mes de septiembre, sin ir más lejos, apareció en internet, sin porqué ni cómo, una copia del comprobante de ingresos de David Alaba, jugador austriaco del Bayern de Múnich. La difusión del documento, fechado en abril de 2012, desencadenó el consiguiente revuelo. ¿Por qué Alaba, que es un jugador de muchos quilates, cobra, por ejemplo, cinco veces menos que su compañero Lahm? Los periódicos de Austria conjeturaron una martingala de George Alaba, padre del futbolista, tras aquella indiscreta publicación. Este declaró que no tenía nada que ver con el asunto.

Alaba
El defensa austriaco Alaba, durante un partido con el Bayern de Múnich./ AFP

Con eso y todo, la jugada redundó en beneficio de los intereses del jugador. Además de la dirección postal, los datos correspondientes al seguro de enfermedad y el número de identificación fiscal, el documento consignaba con pormenores los cobros del jugador. Por ese camino, algunos poderosos equipos europeos se enteraron de que David Alaba percibe menos emolumentos que otras estrellas internacionales. Y, según rumores, el FC Barcelona, el Arsenal y el Manchester City mostraron rápido interés por un posible fichaje del joven defensa izquierdo.

El padre del jugador, antiguo pinchadiscos, metió presión al Bayern con vistas a un aumento de sueldo de su hijo, si bien no fue esta su única exigencia. Por lo visto pretende fijar por contrato que el chaval juegue en una posición más adelantada. No está solo en la brega. La madre del jugador abandonó su trabajo de enfermera para dedicarse de pleno a impulsar la carrera deportiva del nene. Este, por su parte, al estilo de Messi, afirma que no sabe nada; que lo suyo es jugar al fútbol, darlo todo por el Bayern, etc.

La lista de jugadores profesionales de la Bundesliga a quienes asesora un familiar es larga. En ella figura Arjen Robben, cuyo padre acordó los términos de su fichaje con los responsables del Bayern en un restaurante muniqués de postín. Según sus propias palabras, no se queda con la comisión. Todo se lo da al hijo. Digo yo que este podría tener un detalle, ¿no?

El padre del brasileño Diego (cedido en la temporada 2011-2012 al Atlético de Madrid) estuvo negociando años atrás con el Bayern a pesar de que ya había llegado a un acuerdo con la Juventus de Turín. Otros, como el de Hummels (Borussia Dortmund) o Götze (recién llegado al Bayern), fundan agencias con empleados competentes, pues ocurre con frecuencia que el papá de turno no domina la sutilezas legales, ni la letra pequeña de los contratos, ni el idioma del lugar. No faltan los que, como el padre de Özil, llevaron a los tribunales al mánager por falsificación de documentos o por cualquier otra cuestión, y resolvieron hacerse ellos cargo de los asuntos del hijo. A Pierre-Michel Lasogga, delantero cedido actualmente al Hamburgo, lo asesora su madre. Al final todo queda en casa.

El chaval del Schalke

Por: | 10 de octubre de 2013

Draxler
Sucedió hace poco más de dos años. Daban por televisión un partido de cuartos de final de la copa alemana. A un lado el Núremberg, al otro el Schalke 04 de Raúl, Huntelaar y compañía. Dos equipos no exactamente punteros, aunque con ambiciones. Y la copa, ya se sabe, puede suponer la oportuna tabla de salvación de una temporada hasta entonces gris.

El partido termina con empate que hace necesaria la prórroga. Entrena por aquellos días al Schalke 04 Felix Magath, conocido tanto por sus métodos espartanos de entrenamiento como por asumir funciones de dirección deportiva, lo que le permite comprar jugadores al por mayor. No le importa formar plantillas de treinta o treinta y cinco jugadores. Al dejar el equipo, algunos apenas han jugado unos minutos. Tampoco era raro que otros firmasen contratos de medio año.

La afición del Schalke está convencida de que el entrenador carece de un sistema de juego, que improvisa e impone a los jugadores una estrategia primitiva basada en la represalia y el castigo. ¿Que el equipo pierde? Pues nada, entrenamiento el domingo, carreras con balones de gimnasia bajo los brazos (un ejercicio fatigoso por demás) y, en el partido siguiente, cambio radical de alineación.

Los aficionados del Schalke se llevan las manos a la cabeza durante aquella prórroga de la copa, cuando en el minuto 117, con el marcador todavía igualado, a Felix Magath no se le ocurre mejor idea que poner a jugar a un chaval de 17 años. ¿Por qué saca tan tarde a un jugador de refresco, inexperto para más inri en lides tan comprometidas y cuando el árbitro está a punto de dar paso a la tanda de penaltis? El locutor de televisión no oculta su extrañeza. Previa consulta al ordenador, menciona cuatro vaguedades biográficas relativas al joven futbolista con el número 31, quien todavía va al colegio.

Lo que sigue parece ideado por un guionista. El chaval de rasgos aniñados que acaba de saltar al campo se llama Julian Draxler. Lleva dos minutos corriendo junto a veteranos embarrados y sudorosos. Con ocasión de un ataque de su equipo por la banda derecha, le llega de nuevo el balón. Es la segunda vez que lo toca. Está lejos de la portería. A su lado, ningún compañero. Delante, una muchedumbre de camisetas del Núremberg. Avanza, esquiva a un rival y chuta desde fuera del área con el pie izquierdo. Gol de ensueño, como se dice en alemán, que permite al Schalke clasificarse para la siguiente ronda de la Copa que, finalmente, ganará.

 

De entonces acá, la evolución de Julian Draxler ha sido espectacular. No se trata tan sólo de que a sus veinte años sea titular indiscutible, sino que es uno de esos jugadores que confiere carácter a un equipo, que aglutina al colectivo, da ejemplo de entrega y manda. En mayo de 2012 se estrenó con la selección nacional.

Su forma de encarar con el balón la portería rival recuerda no poco al Fernando Torres de sus primeros tiempos. Los dos tienen, además, una complexión similar. Dos jugadores espigados, muy físicos, que, en cuanto reciben el balón, no tienen otro pensamiento que meter gol. Draxler destaca por su velocidad tanto como por su destreza para encontrar soluciones adecuadas en el uno contra uno. Lo mismo chuta con la derecha que con la izquierda. Sus tiros desde lejos alcanzan velocidades que rondan los 120 kilómetros por hora. Juega un poco escorado hacia una banda u otra, con preferencia por la izquierda, y es tan bueno controlando el balón como dando pases de gol.

Ahora mismo Julian Draxler es uno de los jugadores de mayor renombre en la Bundesliga. Su experiencia en competiciones internacionales ha contribuido a afianzar su personalidad futbolística a una edad en la que otros profesionales aún sueñan con ser titulares en sus respectivos equipos. Lo malo para el Schalke es que los destellos de su joven estrella empiezan a percibirse desde galaxias distantes. Se sabe que este último verano su nombre fue pronunciado en las oficinas del Real Madrid, del Chelsea y de algún que otro equipo con posibles. A cada gol que mete (el otro día fue el autor del tanto de la victoria de su equipo en partido de Liga de Campeones) disminuyen las posibilidades del Schalke para retenerlo.

Españoles en la Bundesliga

Por: | 06 de octubre de 2013

He leído por ahí que pasan de treinta los futbolistas españoles inscritos en la Premier League. La Bundesliga acoge en la actualidad a muchos menos. Hubo otros, en años precedentes, que dejaron a su marcha una estela de triunfo o de fracaso. Raúl conquistó el corazón de los aficionados del Schalke 04. Dani Carvajal fue elegido uno de los mejores jugadores de la temporada 2012/13 con el Bayer Leverkusen, lo que presumiblemente impulsó al Real Madrid a hacer uso de la opción de recompra estipulada en el contrato. A otros, por el contrario, la falta de fortuna los obligó a una discreta despedida.

Javimar
(Javi Martínez, en un partido de Champions del Bayern y contra la Juve. Getty)

Todavía se hace raro ver a jugadores españoles con la camiseta de equipos alemanes. Dejo aparte a aquellos que nacieron y se formaron como futbolistas en Alemania. De estos ha habido y hay unos cuantos. Tradicionalmente, el fútbol español ha sido más importador que exportador de jugadores. Dicen que con la crisis económica se ha invertido la tendencia.

En la presente temporada, cinco futbolistas españoles juegan en la primera categoría alemana. A ellos podrían agregarse varios más provistos de nacionalidad doble, de los cuales sólo Juan Arango, internacional venezolano con pasaporte español desde 2007, ha participado en la liga española. Veamos en el espacio que permite un artículo como este quiénes son los cinco jugadores españoles, dónde juegan y qué tal les va.

En agosto de 2012 se produjo la incorporación de Javi Martínez al Bayern de Múnich, cuyo entrenador de entonces, Jupp Heynckes, buen conocedor del fútbol español, lo quería tener a toda costa en el equipo. El Bayern desembolsó la mayor suma jamás pagada en Alemania por contratar a un futbolista. Durante varios meses la prensa asignó al jugador navarro, no sin sorna, el apelativo de “hombre de los 40 millones”. Algunos formularon dudas acerca de su calidad deportiva. Heynckes lo introdujo paulatinamente en su sistema de juego hasta darle la titularidad. Al fin de un partido, el capitán Philipp Lahm se reunió con el presidente y el director deportivo del club y les dijo que Martínez era el hombre idóneo. Con él en el centro del campo, destruyendo el juego del rival, el Bayern lo ganó todo. Guardiola ha preferido retrasarlo a la defensa. Le debe cuando menos una merienda por aquel gol inolvidable en los últimos segundos de la prórroga de la Supercopa contra el Chelsea. Operado recientemente de las ingles (se lesionó en Ecuador, jugando con la selección española), Javi Martínez está de baja.

Por deseo expreso de Guardiola, el Bayern contrató los servicios de Thiago Alcántara, que no pudo empezar peor su aventura alemana. En los inicios de la competición, durante el partido que enfrentó a su nuevo equipo contra el Núremberg, se rompió los ligamentos sindesmóticos. Fue operado y se calcula que permanecerá siete semanas fuera de combate.

Proveniente del Atlético de Madrid, a finales de 2012 Álvaro Domínguez llegó al Borussia de Moenchengladbach con el fin de cubrir la vacante dejada por el brasileño Dante, que acababa de fichar por el Bayern. Domínguez protagonizó en el primer partido de la presente temporada un episodio curioso, por no decir quijotesco. En el transcurso de 83 segundos tocó el balón dos veces con la mano dentro del área de su equipo. Dos penaltis causados por el mismo jugador, en un lapso tan breve, no se ven todos los días. Anécdotas aparte, Domínguez es hoy por hoy uno de los jugadores más relevantes de su equipo. (Esto escrito, debo añadir que durante el partido del último sábado se fracturó la clavícula).

PalopEstá asimismo José Luis Sanmartín, llamado Joselu, procedente del filial del Real Madrid. Hijo de emigrantes españoles, nació en Stuttgart. Siendo niño se estableció con su familia en Galicia. Hábil delantero, en el verano de 2012 fichó por el TSG 1899 Hoffenheim, con el que estuvo a punto de descender a Segunda División. El equipo se salvó en la última jornada gracias a una sorprendente victoria en el estadio del Borussia de Dortmund. Joselu juega este año cedido al Eintracht de Fráncfort.

Y queda Andrés Palop, quien, a punto de cumplir 40 años, se incorporó el verano pasado al Bayer Leverkusen con un contrato para una temporada. ¿Su misión? Aportar a los entrenamientos su dilatada experiencia y sustituir en caso urgente al joven Bernd Leno, titular indiscutible.

(A la izquierda, Palop en un entrenamiento con el Leverkusen. Reuters)

El Allianz Arena

Por: | 02 de octubre de 2013

Hay unos cuantos estadios de fútbol en Alemania cargados de historia deportiva. Algunos fueron adecuadamente reformados con ocasión del Mundial de 2006. La mayoría es muestra de una arquitectura funcional y, aunque cumplen las normas y son, unos más que otros, confortables y seguros, carecen del prestigio de los grandes templos mundiales del fútbol: Maracaná, Old Trafford, Camp Nou, Santiago Bernabéu (ay de mí si no cito los dos) San Siro/Giuseppe Meazza y algunos más. Hay, no obstante, un estadio que destaca por su hermoso trazado. Si a ello se añade su creciente relevancia internacional, cabe suponer que con el tiempo figurará en la nómina selecta de los grandes estadios del planeta. Me refiero al flamante Allianz Arena, situado al norte de la ciudad de Múnich.

Se inauguró hace ocho años. Alberga partidos del Bayern y del histórico 1860 Múnich, que lleva nueve temporadas estancado en Segunda División. La idea inicial consintía en usufructuar el Allianz Arena en propiedad compartida. Sin embargo, debido a estrecheces económicas, el 1860 optó por vender su parte a la empresa de gestión fundada al efecto por el Bayern, que es de hecho el actual propietario y el que se hace cargo del pago de los créditos.

El poderoso consorcio financiero y compañía de seguros Allianz SE, implicado en funciones de patrocinador, se reserva el derecho a dar nombre al campo durante 30 años. Como los estatutos de la UEFA prohíben que en los partidos internacionales los estadios reciban el nombre de empresas patrocinadoras, en tales ocasiones el Allianz Arena pasa a llamarse Arena Múnich y, para los partidos entre selecciones nacionales, FIFA WM-Arena Múnich. Las reglas son las reglas. Y así, un equipo español, por poner un ejemplo, nunca podrá disputar un partido de Liga de Campeones o de Liga Europea de la UEFA en el Allianz Arena, aunque juegue en el Allianz Arena.

Un estadio de categoría no consiste solamente en hierba y gradas. El espectador sabe de antemano que no va a acomodarse en un hotel de cinco estrellas, especialmente si a las inclemencias del tiempo también les da por asistir al partido. La lluvia es muy aficionada al fútbol en Alemania. Uno agradece que haya facilidad de acceso, seguridad, limpieza y demás. En tal sentido, el Allianz Arena lleva ventaja sobre otros estadios. Fue construido a las afueras de Múnich, lo que permitió dotarlo de una infraestructura ad hoc. Está comunicado de manera óptima por carretera y vía férrea. Dispone de 11.000 plazas de aparcamiento, repartidas en diversas áreas, una de ellas reservada a autobuses, lo cual es la mar de práctico. Los seguidores del equipo rival se apean, asisten al partido, vuelven al autobús y, hala, a casita sin ocasión de cruzarse con la hinchada local ni armar bronca por las calles de Múnich.

Allian
Exterior del estadio Allianz Arena de Múnich

El Allianz Arena es una preciosa construcción que invita a la mirada admirativa. A vista de pájaro, evoca la forma de una lancha neumática. De ahí el sobrenombre (Schlauchboot) con que popularmente se le conoce. La envoltura exterior figura un mosaico de paneles romboidales hechos de EFTE o, como dirían en mi pueblo, de copolímero de etilenotetrafluoretileno. Se iluminan de rojo y blanco cuando juega el Bayern y de azul cuando lo hace el 1860, mientras que el blanco se reserva para la selección nacional. El estadio brilla maravillosamente de anochecida. Cercano a la autopista, ¿qué conductor no vuelve la mirada, atraído por la llamada seductora de aquella esplendente sirena? Según informes oficiales de la policía, al principio los juegos constantes de luz provocaban una media de 10 accidentes diarios de tráfico. Por dicha razón, en la actualidad sólo están permitidos los cambios de color cada media hora.

Sentado en mi localidad, aún me da tiempo de contar algunas particularidades relativas al césped que cubre el terreno de juego. Hasta la fecha ha sido renovado todos los años, lo que supone casi  tres días de delicado trabajo. La factura ronda los 100.000 euros. El césped del Allianz Arena está provisto de un sistema subterráneo de calefacción que libra al público de esos feos partidos de invierno con balón rojo y jugadores que a duras penas se mantienen de pie sobre el hielo duro o la nieve, con grave riesgo de lesionarse. Más no digo pues ya están saliendo los jugadores.

 

El País

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