Cazadores de niños

Por: | 18 de diciembre de 2013

He leído por ahí que el fenómeno empezó a generalizarse a raíz de la Copa Mundial de 2006, celebrada en Alemania. No tengo medios para comprobarlo; pero constato que en la actualidad dicho fenómeno es plenamente visible y que tiene toda la pinta de ir a más.

Me refiero al rejuvenecimiento de los equipos profesionales de fútbol en Alemania. Hoy por hoy, en los terrenos de juego de la Bundesliga, constituyen una imagen habitual esos jugadores barbilampiños que aún no han terminado el ciclo biológico de la adolescencia, pero que corren como gacelas, tienen las rodillas intactas y manejan el balón con maestría.

Algunos alcanzan la titularidad en equipos de fuste a los 17 o 18 años. Por lo general, no vienen de curtirse en las piedras de la calle o en los patios de cemento de los colegios, sino en escuelas o academias deportivas a menudo adjuntas a equipos de renombre. A los 20 ya están avezados a disputar torneos internacionales. Se convierten fácilmente en los predilectos de la grada, como si el público, por instinto protector, se sintiera impelido a mostrarles más afecto que a los otros, los ancianos de 28 o 30 años. Su número creciente delata la existencia de un sistema eficaz de formación de futbolistas, pero deja asimismo entrever unos métodos mercantiles cada vez menos escrupulosos.

GUARDIOLAGOTZE

Guardiola y Götze en un entrenamiento del Bayern. / REUTERS

El fenómeno, como es sabido, no afecta solamente a Alemania. Ha alcanzado, sin embargo, unas proporciones considerables en el país germano, que ahora mismo alberga uno de los mayores semilleros mundiales de futbolistas. Nombres conocidos por cualquier amante del fútbol de primer nivel (Götze, Sahin, Schürrle, Draxler y tantos otros) empezaron a jugar en la Bundesliga a edad temprana. El Hamburgo alinea a un chaval, Jonathan Tah, de 17 años, la misma edad de Timo Werner (VfB Stuttgart) o de Max Meyer a comienzos de la actual temporada en su estreno con el Schalke 04. La serie, pues, continúa.

Meses atrás se enfrentaron en Bottrop, ciudad de la Cuenca del Ruhr, las selecciones sub 15 de Alemania y Corea del Sur. Salvo por la hierba, el partido me evocó el fútbol playero de mi ciudad natal. Niños contra niños, vestidos con la camiseta de la selección; los cuales, antes de echar a correr, escucharon debidamente circunspectos los respectivos himnos nacionales.

La tribuna de espectadores no era mayor que la de cualquier campo de categoría regional. La revista deportiva Sport Bild publicó una foto de los cerca de trescientos espectadores que no se me va de la cabeza. Abundaban los ojeadores, scouts que les dicen por estos pagos. Numerosas personas aparecían fotografiadas junto a un letrero donde figuraban su nombre y apellido, así como el nombre de la agencia o equipo profesional de fútbol en cuya representación habían acudido al campo. Con intención reprobatoria, el periodista los tildaba de Kinderjäger (cazadores de niños).

Predominaban en la tribuna del pequeño estadio los ojeadores enviados por equipos de la Bundesliga; pero los había igualmente extranjeros, con notable presencia inglesa. En Bottrop había representantes del Chelsea, del Arsenal, del Liverpool y de algún otro club de la Premier League, junto a ojeadores holandeses e italianos. Por parte española, aparecía nombrado en una de las fotos un tal Constantinos Spanoudakis en representación del FC Barcelona.

También las grandes marcas deportivas, tipo Adidas o Nike, firman contratos de equipamiento con jugadores de 14 o 15 años. A esa edad, algunos chavales ya tienen un asesor, por más que los expertos cuestionen que antes de los 16 años se pueda determinar si un muchacho tendrá más adelante la suficiente consistencia física y emocional como para ejercitar su talento con garantías de éxito en el fútbol profesional.

El director deportivo del Bayer 04 Leverkusen, el exfutbolista internacional Rudi Völler, anunció recientemente el fichaje de Julian Brandt, de 17 años. Lo justifica a partir de una decisión de la directiva de su club para actuar con “mayor agresividad” en el mercado de contratación de menores. La competencia es feroz; las ofertas económicas a los chavales, cada vez mayores. Claro está que un fichaje de esta naturaleza sigue siendo mucho más barato que el de un futbolista consagrado. Para algunos equipos, además, la compra temprana del diamante puede suponer una inversión altamente lucrativa.

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Sobre el blog

Crónicas de la Liga más alemana del mundo.

Sobre el autor

Fernando Aramburu

, donostiarra, es autor de cuentos y novelas. Desde 1985 reside en la República Federal de Alemania, donde se dedicó durante largo tiempo a la docencia. Entretanto cayó el muro, como caen tantas cosas. Y hoy pulsa las teclas y no precisamente las del piano. Lo que más le gusta del fútbol es la literatura, o sea, el barro y el gol en el último minuto, la épica y la lírica.

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