¿Qué es un buen árbitro?

Por: | 15 de enero de 2014

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Knut Kircher dialoga con un jugador del Bayer Leverkusen / FEDERICO GAMBARINI

Se llama Knut Kircher. Tiene 44 años. Pitó su primer partido de la Bundesliga en 2001. Así como algunos árbitros, justamente elogiados, saben mantener la calma en situaciones comprometidas o durante partidos de extrema densidad emocional, él genera calma. Posee un don natural para rebajar tensiones y atemperar los ánimos.

¿Cómo lo hace? Con afán informativo, pero también didáctico, este ingeniero industrial, apasionado del fútbol, acostumbra dar charlas públicas muy amenas en las que revela sus trucos de árbitro, muchos de ellos de carácter psicológico. La Federación Alemana de Fútbol lo nombró en 2012 árbitro del año. Recientemente los futbolistas de la Bundesliga lo han elegido por votación, y no es la primera vez, el mejor entre los de su especie.

Es habitual que le asignen partidos de máxima rivalidad, finales, derbis y encuentros entre equipos cuyas aficiones se profesan una animadversión rayana en el odio. Ha pitado numerosos partidos internacionales, si bien en 2012 renunció a su condición de árbitro de la FIFA, por lo que el verano que viene no lo veremos en el Mundial de Brasil.

En noviembre pasado le endosaron el partido entre el Hannover 96 y el Eintracht Braunschweig, lo que en español popular llamaríamos una patata caliente. En las gradas ardió abundante material pirotécnico. Se desplegaron pancartas con frases de una ruindad insuperable. Se sucedieron por una y otra parte los cánticos afrentosos. Luego hemos sabido que acudieron al estadio pendencieros procedentes de Inglaterra, Suecia y otras ciudades alemanas. Por la noche se produjeron altercados en las calles céntricas de Hannóver. Y, sin embargo, sobre el césped del estadio hubo durante noventa minutos tranquilidad, juego fluido, sólo dos tarjetas amarillas. Una obra maestra de Knut Kircher.

 

Antes de empezar el partido, la policía le comunicó que con toda probabilidad los espectadores habían introducido en el estadio, de manera subrepticia, una gran cantidad de bengalas y petardos. Salió, pues, prevenido al terreno de juego, pero no asustado ni nervioso. Se define a sí mismo como un hombre que no concibe los problemas sin la búsqueda inmediata de una posible solución. Con frecuencia tiene la solución preparada antes que surja el problema.

El caso es que, como se temía, algunos aficionados lanzaron objetos ardientes al césped. Kircher captó enseguida la situación, se cercioró de que ningún jugador corría peligro y optó por dejar que el fuego se apagara solo. No interrumpió el partido ni mucho menos lo suspendió.

De él llama la atención que sólo aplica medidas drásticas como último recurso. Prefiere favorecer la comunicación preventiva y escueta con los jugadores, sin incurrir en episodios de gesticulación que puedan resultarles humillantes a los interpelados o suscitar la irritación del público. Establece pactos, arranca compromisos de juego limpio, guarda siempre las formas y el sosiego.

Si ha habido una agresión, espera los segundos necesarios para que los ánimos se templen y para concederse un margen de reflexión, de manera que él, como ejecutor de la ley, en cualquier situación de conflicto se reserva las opciones razonables.

Lo ayuda, todo hay que decirlo, una especie de autoridad natural que emana de su presencia física. Knut Kircher mide 1,96 m y pesa 93 kilos. ¿Quién no ha comprobado en sus días de colegial la mayor facilidad con que los alumnos pierden el respeto al docente bajito? He leído por ahí que predominan entre los grandes tiranos de la Historia los varones de baja estatura, acostumbrados por lo visto desde la infancia a compensar su pequeñez (¿sus complejos?) con la violencia y la crueldad. Sea como fuere, un jugador que se acerque a discurtirle a Kircher una decisión, deberá seguramente mirar hacia arriba.

Knut Kircher cuenta que, por principio, se abstiene de rechazar a quienquiera que durante los partidos le dirija la palabra. Para no herir susceptibilidades gusta de usar una triquiñuela. Sabe que si se produce una interrupción del juego por causa de una falta, las cámaras y los espectadores están atentos al lugar donde se ha producido el incidente. En tales ocasiones, Kircher deja para un poco más tarde dirigirse al infractor, de modo que en las gradas nadie pueda relacionar lo que está diciendo con lo que ha ocurrido hace unos instantes.

Su habilidad para prever las situaciones de tensión y su manera de ejercer sin aspavientos la autoridad le han granjeado a Knut Kircher el respeto general. Su norma: interferir lo menos posible en el acontecer del juego, ser invisible ante miles de espectadores.

Hay 4 Comentarios

Totalmente de acuerdo que de estos faltan unos cuantos en la liga española. PEro bueno, ya veremos como se comporta si va al mundial http://mundialbrasil.eu

Gran artículo sobre un tema interesante y en el que "la mejor liga del mundo" (Esp) tiene enormes carencias

Mucho de aprender de Kircher, por los componentes del Comité de árbitros y Competición en España.

Un buen árbitro es aquel que sea imparcial. Es decir, todo lo contrario de lo que llevamos viviendo en España desde que existe el Real Madrid http://xurl.es/9ik46

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Sobre el blog

Crónicas de la Liga más alemana del mundo.

Sobre el autor

Fernando Aramburu

, donostiarra, es autor de cuentos y novelas. Desde 1985 reside en la República Federal de Alemania, donde se dedicó durante largo tiempo a la docencia. Entretanto cayó el muro, como caen tantas cosas. Y hoy pulsa las teclas y no precisamente las del piano. Lo que más le gusta del fútbol es la literatura, o sea, el barro y el gol en el último minuto, la épica y la lírica.

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