Mal año para Van der Vaart

Por: | 09 de abril de 2014

Vdv

Hace unos meses era una frase corriente. Escuchábamos, leíamos, que el Hamburgo coqueteaba, como si se tratara de un juego deliberado, con la posibilidad de bajar a Segunda División; pero no nos lo terminábamos de creer. Faltaban entonces por disputar muchos partidos y se percibía en la afirmación un tonillo de incredulidad. Todo el mundo sabe que, desde que existe la Bundesliga, el Hamburgo no ha perdido la categoría. Conque tarde o temprano, anunciaban los vaticinadores, habría una reacción, vendría una racha de victorias y el equipo abandonaría los puestos inferiores de la clasificación.

Pues no. A pocas jornadas para el final del campeonato, el Hamburgo está como quien dice al borde del abismo, endeudado y con la junta directiva malquistada. Para afrontar el tramo final de la Liga ha contratado a un entrenador nuevo, el tercero de la temporada. Su principal baza goleadora, el delantero Lasogga, se ha vuelto a lesionar. De aquí al final, al equipo le toca enfrentarse a varios rivales situados en la zona alta de la tabla, el Bayern Múnich incluido. ¿Cómo rezaba aquel refrán? A perro flaco, etc.

Aumenta de un tiempo a esta parte el número de voces agoreras que pronostican el fin de la participación del Hamburgo en la Bundesliga. Sería raro verlo en Segunda; pero, ¿qué quieren que les diga?, por ahí abajo andan clubes conceptuables de históricos como el FC Colonia o el Kaiserslautern.

A cierta prensa alemana le ha dado por ilustrar la crisis del equipo hamburgués con fotografías de su capitán, Rafael van der Vaart. Mal que le pese, su cara sirve de emblema al delicado periodo que está atravesando el Hamburgo. No quiere esto decir que lo hayan convertido en chivo expiatorio ni que se le echen en cara los errores múltiples de sus compañeros. Es otra cosa. Pierde el Hamburgo y al día siguente, en las crónicas y reportajes, aparece por lo común una imagen de Van der Vaart caído en la hierba, llevándose las manos a la cabeza o en el momento de ser sustituido.

A ello se añade una llamativa circunstancia. Dentro del equipo, el jugador holandés parece como si hubiera sido apeado de su rango de líder. Ya no es la referencia, el jefe, el que da instrucciones y anima a sus compañeros sobre el terreno de juego. Las esperanzas del grupo están depositadas en otros. En el mencionado Lasogga, cedido por el Hertha BSC Berlín, o en la joven promesa Hakan Calhanoglu, que es quien últimamente lanza los tiros libres y los penaltis, tarea hasta hace poco reservada al capitán.

No se le puede reprochar a Van der Vaart que no se esfuerce. Corre más de once kilómetros por partido. Nunca fue un guepardo. Ahora menos. Ahora se le nota justo de fuerzas, sin el nervio, la frescura y agilidad de otros años. Meses atrás le achacaban sobrepeso.

Su vida privada sigue llenando páginas en la prensa del corazón; aunque acaso ya no tantas como por los días de su ruptura matrimonial y su nuevo amor y un parto malogrado y todos esos chismes íntimos que con el fútbol tienen poco o nada que ver y que a muchos aficionados del Hamburgo les sierran, como se dice en alemán, los nervios.

Sea como fuere, la villa del jugador, a orillas del lago Alster, continúa asediada por los paparazzi. No es raro que a los turistas que den una vuelta en barco, al pasar ante la casa del jugador, el guía les cuente por el micrófono pormenores confidenciales de Van der Vaart, en un volumen de voz que fácilmente podría llegar a oídos del aludido.

Está escrito en las estrellas si las historias sentimentales del jugador holandés han redundado en perjuicio de su rendimiento deportivo; pero parece indiscutible que no han ayudado al equipo en los difíciles momentos que está atravesando. En las cuentas de Van der Vaart constan siete goles y media docena de asistencias. Dichos datos corresponden a la primera vuelta del campeonato. En la segunda, hasta ahora, no ha estado a la altura de las expectativas en él depositadas. No basta con poseer cualidades y ser, como nadie le niega, un jugador listo, rico en astucias, capaz de resolver un partido mediante una genialidad. Todo eso hay que demostrarlo en cada compromiso y al Hamburgo se le está agotando peligrosamente el tiempo.

Hay 1 Comentarios

No hay mal que por bien no venga, el año que viene el Sankt Pauli ya tiene 6 puntos asegurados, je je je

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Sobre el blog

Crónicas de la Liga más alemana del mundo.

Sobre el autor

Fernando Aramburu

, donostiarra, es autor de cuentos y novelas. Desde 1985 reside en la República Federal de Alemania, donde se dedicó durante largo tiempo a la docencia. Entretanto cayó el muro, como caen tantas cosas. Y hoy pulsa las teclas y no precisamente las del piano. Lo que más le gusta del fútbol es la literatura, o sea, el barro y el gol en el último minuto, la épica y la lírica.

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