Racismo en el fútbol alemán

Por: | 04 de mayo de 2014

Llevo más años viviendo en Alemania que en mi país natal. La palidez de mi semblante, mi barba cana, mi atuendo, no me señalan a primera vista como forastero, de tal forma que a menudo algún que otro transeúnte se dirige a mí para preguntarme por una determinada calle. Tan sólo cuando el desconocido percibe mi acento al hablar se da cuenta de mi condición de ciudadano extranjero.

Podría contar con los dedos de una mano las veces que he recibido agresiones verbales de tipo xenófobo. Recuerdo una en el estadio del Hannover 96 allá por los años noventa, cuando este equipo, hoy cuajado de extranjeros de todos los colores, paseaba su mediocridad deportiva por Segunda División. Un tipo con aspecto de no haber visto nunca una universidad por dentro sintió prurito de hacerme saber, con un léxico de escaso aprovechamiento poético, que yo no debía estar allí. No mucho después su equipo fichó a un español, Jaime. La afición lo veneraba.

El aspecto me procura cierta protección. También mi procedencia de un país de la Unión Europea. No pueden decir lo mismo los ciudadanos de piel morena, ni siquiera aquellos que son alemanes. Les cabe el recurso de dar explicaciones; pero, antes de llegar a ese punto, seguramente ya habrán sido insultados.

En su caso, a la xenofobia se agrega un componente, con frecuencia agresivo, de racismo. Y el fútbol, que para algunos es tanto un espectáculo y un deporte como un descargadero de su complejo de inferioridad, ofrece al racista ocasión de sacar lo peor de sí en compañía de otros de la misma calaña. También en los estadios los jugadores negros se llevan la peor parte.

Diouf

Diouf protege el balón ante Boateng, del Bayern. / FABIAN BIMMER (REUTERS)

Se han hecho estudios al respecto. Raro es el año en que la Federación Alemana de Fútbol no ponga en marcha una campaña publicitaria contra el racismo, a menos que se sume a las que proponen y coordinan la UEFA y otros organismos internacionales. La reiteración de dichas campañas indica que persiste el problema, más agudo en unos países que en otros.

De acuerdo con informes recientes del Instituto Federal para la Ciencia Deporte (BISp), el racismo es un fenómeno constante en el fútbol alemán. Convendría, sin embargo, matizar. Cada vez con mayor frecuencia los actos conceptuables de racistas se llevan a cabo de una manera solapada, entre otras razones porque son constitutivos de delito.

El racismo a cara descubierta se ha convertido en una excepción. Una pancarta vejatoria sería retirada sin demora. Afrentas de tipo racista coreadas contra un jugador llevarían al árbitro a suspender el partido previa advertencia por los altavoces del campo. Al equipo cuyos seguidores exhibieran conductas racistas le caería una multa de alivio.

Me refiero exclusivamente a los estadios de la Bundesliga, repletos de cámaras, con numerosa presencia policial y una atención mediática que rebasa las fronteras. La clase política no permitiría que unos desalmados menoscabasen el prestigio del país.

Pero según descendemos a las categorías inferiores del fútbol alemán se constata un aumento progresivo de los incidentes xenófobos y racistas, perpetrados en algunos campos con total avilantez, de ordinario con el auspicio de grupos neonazis que reclutan adeptos entre las peñas. En dichos campos, particularmente en los situados en las regiones del Este de Alemania, el lanzamiento de plátanos a un jugador de piel oscura no es un hecho insólito, así como tampoco la burda imitación de sonidos simiescos cada vez que un determinado jugador toca la pelota.

La mayor vigilancia en los estadios de la Bundesliga ha generado un tipo de manifestación racista menos perceptible. Fuera del alcance de las cámaras, por ejemplo, aprovechando la llegada al estadio del autobús con los jugadores del equipo visitante. O camuflado en los habituales pitidos y abucheos a cualquier jugador, pero dirigidos con mayor intensidad y frecuencia al que presenta ciertas características raciales.

Están por último los ataques racistas sobre el terreno de juego, cometidos por ciertos futbolistas a espaldas del árbitro, en voz baja o con la mano ante la boca. El delantero senegalés del Hannover 96, Mame Diouf, se refirió hace poco a los insultos que recibe por su color de piel prácticamente en todos los estadios alemanes donde juega. “Los rivales”, dijo, “intentan hundirme, pero a mí me da igual. Dios me hizo negro y estoy orgulloso de serlo”. Es difícil educar a adultos, pero no hay más remedio que seguir intentándolo.

Hay 6 Comentarios

Vivo en el extranjero y conozco más media Europa lo que me permite hacer comparaciones. Por mucho que se intente suavizar las actitudes, yo como español, lamentablemente veo y siento el racismo de nuestro país. Basta leer algunos comentarios sobre las posibiliddes de trabajo o vivienda para captar la ignorancia y la xenofobia de algunos compatriotas.

Vivo en el extranjero y conozco más media Europa lo que me permite hacer comparaciones. Por mucho que se intente suavizar las actitudes, yo como español, lamentablemente veo y siento el racismo de nuestro país. Basta leer algunos comentarios sobre las posibiliddes de trabajo o vivienda para captar la ignorancia y la xenofobia de algunos compatriotas.

Vivo en el extranjero y conozco más media Europa lo que me permite hacer comparaciones. Por mucho que se intente suavizar las actitudes, yo como español, lamentablemente veo y siento el racismo de nuestro país. Basta leer algunos comentarios sobre las posibiliddes de trabajo o vivienda para captar la ignorancia y la xenofobia de algunos compatriotas.

Vivo en el extranjero y conozco más media Europa lo que me permite hacer comparaciones. Por mucho que se intente suavizar las actitudes, yo como español, lamentablemente veo y siento el racismo de nuestro país. Basta leer algunos comentarios sobre las posibiliddes de trabajo o vivienda para captar la ignorancia y la xenofobia de algunos compatriotas.

He tenido la oportunidad de vivir en diferentes países entre ellos España y, sin lugar a dudas, fue ahí donde sistemáticamente me sentí discriminado. Aunque mi genotipo es similar al de los españoles, basta con que hable para que mi acento mexicano se note y a partir de ahí no poder alquilar un piso o acceder a un lugar. Por el momento en que sale el artículo pareciera que se busca "perdonar" a España por sus brotes racistas.

Estimado Señor Aramburu,

yo también vivo en Alemania casi más años que en España y también he sentido en más de una ocasión lo que es ser extranjero en este país y el privilegio que supone ser extranjero de "primera".

Leyendo su artículo y ante los hechos ocurridos en la Primera División española en partidos recientes, me pregunto cuál será el fin del mismo. Parece como si mostrándonos que en el fútbol alemán hay racismo abierto y encubierto usted quisiera relativizar los hechos - que no son ni nuevos ni una excepción - en la Liga española.
Me irrita especialmente como usted se refiere a las campañas de sensibilización en Alemania. Al menos existen. El problema no se esconde, se tematiza. Mientras que en España parece que el tema se relativiza y no tiene ninguna consecuencia (http://www.taz.de/Rassismus-im-spanischen-Fussball/!137496/).

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Sobre el blog

Crónicas de la Liga más alemana del mundo.

Sobre el autor

Fernando Aramburu

, donostiarra, es autor de cuentos y novelas. Desde 1985 reside en la República Federal de Alemania, donde se dedicó durante largo tiempo a la docencia. Entretanto cayó el muro, como caen tantas cosas. Y hoy pulsa las teclas y no precisamente las del piano. Lo que más le gusta del fútbol es la literatura, o sea, el barro y el gol en el último minuto, la épica y la lírica.

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