Balón teutón

Sobre el blog

Crónicas de la Liga más alemana del mundo.

Sobre el autor

Fernando Aramburu

, donostiarra, es autor de cuentos y novelas. Desde 1985 reside en la República Federal de Alemania, donde se dedicó durante largo tiempo a la docencia. Entretanto cayó el muro, como caen tantas cosas. Y hoy pulsa las teclas y no precisamente las del piano. Lo que más le gusta del fútbol es la literatura, o sea, el barro y el gol en el último minuto, la épica y la lírica.

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Anécdotas de la temporada

Por: | 18 de mayo de 2014

Decididos los ganadores y los perdedores, a uno le quedan de la temporada de la Bundesliga recién terminada un puñado de historias humanas, de imágenes y sucesos, así como un rico anecdotario que tanto provoca la sonrisa como complace la curiosidad.

Será difícil olvidar la primera rueda de prensa de Pep Guardiola al poco de su llegada a Alemania. Había corrido el rumor de que llevaba varios meses estudiando alemán como él acostumbra hacer tantas cosas, esto es, obsesivamente. Y al poco de tomar la palabra se metió a todo el mundo en el bolsillo. Titubeaba, alargaba los sonidos, dijo unas cuantas frases que sonaron a ensayadas. Nada de ello le impidió salir airoso de la prueba. Todavía, cuando se le resisten los vocablos alemanes, intercala otros ingleses. Eso sí, no bien le acercan un micrófono se rasca la cara, se acaricia la calva, se toca la nariz, señal inequívoca de nerviosismo.

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Pep Guardiola imparte órdenes a Ribéry. Odd Andersen (AFP)


No menos crudo lo tiene el olvido para borrar de sus archivos el minuto horrendo del español Álvaro Domínguez durante el primer partido de la temporada, el que disputó su equipo, el Borussia Mönchengladbach, contra el Bayern Múnich. Cometió penalti por tocar el balón con el brazo. Bien, puede pasar. Lanzó Müller y falló, y en el rechace, ¿qué hace Domínguez? Pues eso, vuelve a tocar el balón con el brazo. Al día siguiente, la prensa alemana tildaba con sorna al español de jugador de balonmano.
El no-gol de Kiessling contra el Hoffenheim merece un monumento a la pericia humana para inventarse la realidad. Incluso desde el planeta Neptuno se vio que el balón había entrado en la portería por un roto en la red. El jugador juró que no había visto lo que las cámaras demuestran que estaba mirando. Y como sus compañeros, pandilla de simuladores, se pusieron a celebrar la existencia de amapolas amarillas, él también. El posterior alud de insultos y amenazas forzó al delantero del Leverkusen a cancelar su cuenta de Facebook. Ya puede subir de rodillas al Everest o beberse de un trago el océano, que se le recordará toda la vida por aquel gol de sainete.

Tremendas las tres cantadas de Baumann, el portero del Friburgo, en el partido contra el Hamburgo, determinantes del resultado final: 0-3. Retirado el equipo al término del encuentro, la afición reclamó a voces la presencia de Baumann en el campo. El portero salió y fue largamente ovacionado. Ha sido uno de los mejores en su puesto. Para cantadas, la de Ter Stegen (pronto en el Barça) contra el colista, el Eintracht Braunschweig. Al ver las imágenes no sabe uno si apenarse o soltar la carcajada.

Un número de circo de 90 minutos de duración fue el partido del Hoffenheim contra el Werder Bremen, a finales de noviembre. Tres penaltis, sustitución del portero por rendimiento deficiente y un resultado de 4-4. El Werder le tomó gusto a que le metieran goles: 0-7 perdió contra el Bayern la semana siguiente, 1-5 contra el Borussia Dortmund poco después.

El gol que le metió Thiago Alcántara en enero al Stuttgart va directo al álbum de los momentos estelares del año. Corren los minutos de descuento. Centra Rafinha. Antes que le llegue el balón, el español ya ha adoptado de un salto una posición horizontal, como si estuviera acostado en el aire. Todo cuadra: la postura acrobática, el pie dispuesto, la llegada oportuna del balón. Y, para redondear el bello cuadro, el gol que supuso la victoria (2-1) de su equipo.

De quitarse el sombrero fue el gesto de Aaron Hunt en el partido de su equipo, el Werder Bremen, contra el Núremberg. Cayó en el área, rodante, aparatoso. Suena el silbato: penalti. Hunt se llegó al árbitro, le dijo la verdad. El penalti fue revocado. Hunt recibió el premio al juego limpio que concede la Sociedad Olímpica Alemana.

No olvidamos el asiento vacío en el Allianz Arena, a la izquierda del de Karl-Heinz Rummennigge, donde se sentaba ese señor que siempre lucía la bufanda rojiblanca. ¿Cómo se llamaba? Uli Hoeness, el presidente condenado en marzo a tres años y medio de prisión por fraude fiscal.

Y al final, claro, las despedidas. El portero Ter Stegen llorando con un ramo de flores en las manos, vitoreado por la afición del Mönchengladbach. Muy aplaudido asimismo Robert Lewandowski, a quien los aficionados del Borussia Dortmund no afean su marcha. No es para menos después de haber marcado para los amarillos 106 goles en partidos de la Bundesliga.

Fin de la temporada 2013-2014, un balance

Por: | 14 de mayo de 2014

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Lo de siempre, unos contentos, otros tristes y todos aprovisionándose de nuevas esperanzas o volviendo la mirada atrás para encontrar justificaciones a esto y lo otro. La temporada 2013-14 de la Bundesliga ha llegado a su fin. Quedan tan sólo pendientes los dos partidos de la promoción, que servirán para decidir si el Hamburgo, al término de la peor campaña de su historia, conserva la categoría o desciende por vez primera desde que existe la Bundesliga a Segunda División.

La temporada empezó marcada por la incorporación de un entrenador estrella. Pep Guardiola recibió a su llegada a Alemania una acogida propia de cantantes famosos. Encontró a su disposición una plantilla que meses antes lo había ganado todo. Esta circunstancia ha proyectado una sombra constante en la trayectoria del Bayern Múnich. No hace falta haberse graduado en filosofía para saber que lo óptimo no es susceptible de mejora.

Así y todo, el Bayern sumó récords, concadenó victorias y se proclamó campeón de la Bundesliga cuando le faltaban por disputar siete partidos. Después ya no volvió a ser el equipo arrollador que había sido hasta entonces. Llegaron las primeras derrotas, se lesionó Thiago Alcántara, el Real Madrid infirió a los bávaros una humillación deportiva que escocerá en Múnich durante largo tiempo.

La prensa hurgó en la úlcera. Corrieron rumores sobre desavenencias en el vestuario, sobre el deseo de algunos jugadores de cambiar de aires y el propósito del Bayern de llenar la cesta de la compra con jugadores idóneos para el sistema de juego que Guardiola favorece. La historia aún no está acabada. Queda la final de la Copa contra el Borussia Dortmund, un partido en el que ambos equipos se juegan algo más que un trofeo.

Se clasificaron para la próxima edición de la Liga de Campeones los mismos clubes que el año pasado. Singularmente meritoria ha sido la campaña del Borussia Dortmund, segundo en la tabla a pesar de tener durante meses más de medio equipo titular en la enfermería. Especialmente grave fue la lesión de espalda de Gündogan en agosto pasado. Sigue sin recuperarse.

En algunas fases del campeonato, el Borussia llegó a tener fuera de combate a toda la defensa. Su entrenador, el carismático Jürgen Klopp, se desesperaba en la banda, profería gritos y fue repetidamente expulsado y sancionado. Con todo, el Borussia Dortmund ha hecho una campaña más que digna. Ganó la Supercopa alemana, supo plantar cara al Real Madrid y disputará en breve la final de la Copa. Su delantero centro, el polaco Lewandowski (tras el verano, en el Bayern), ha sido el ganador del cañón de los goleadores con 20 tantos. Diversos medios deportivos han concedido a Marco Reus el honor de haber sido el mejor jugador de la temporada.

Los otros clasificados para la Liga de Campeones son el Schalke 04 y el Bayer Leverkusen. El primero ha hecho una segunda vuelta espectacular, con un entrenador al borde continuo del despido, pero que ha tenido la fortuna de poder suplir a los lesionados por jóvenes promesas de una cantera que parece inagotable. En cuanto al Leverkusen, como de costumbre dio durante unos meses la impresión de que se comería el mundo; al final se ha clasificado con apuros para la previa de la Liga de Campeones. En el recuerdo quedará el no-gol de cabeza de su delantero Kiessling.

A la Europa League irán el club de la Volkswagen, el Wolfsburgo, al que los profetas de fútbol alemán auguran un futuro brillante (dispone de una base económica sólida y parece haber encontrado al entrenador adecuado); el Borussia Mönchengladbach, que desde que es entrenado por el suizo Favre ha vuelto a la zona noble de la clasificación, y el Maguncia 05, cuya admirable temporada se ha visto de golpe enturbiada por la sorprendente decisión del entrenador, Thomas Tuchel, de marcharse sin cumplir el contrato.

No menos admirable ha sido la campaña del FC Augsburgo, uno de los predestinados al descenso que, sin embargo y a pesar de su modestia presupuestaria, ha estado a punto de conseguir una plaza para la Europa League. Bajan a Segunda el Núremberg, cuyos ocho descensos lo convierten en el equipo ascensor por antonomasia de la Bundesliga, y, en cumplimiento de todos los pronósticos, el Eintracht Braunschweig.

El fútbol femenino en Alemania

Por: | 11 de mayo de 2014

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Nadine Angerer, ganadora del último Balón de Oro.

Diversos indicadores permiten calibrar el grado de desarrollo de las naciones. Indicadores que van desde la calidad de la enseñanza hasta el reparto de la riqueza, desde la igualdad de oportunidades hasta el funcionamiento del transporte público, etc. Uno de dichos indicadores es la participación de la mujer en las distintas actividades susceptibles de repercusión social, incluyendo por descontado el deporte.

Atrás han quedado los tiempos, al menos en la República Federal de Alemania, en que un famoso futbolista, un funcionario del deporte o un locutor de televisión se permitían soltar ante las cámaras la chirigota de turno contra el fútbol femenino. No les faltaba una audiencia cómplice en la burla. Por suerte, el espacio público alemán se muestra cada día más reacio a tolerar actitudes de menosprecio.

Llegan los grandes torneos internacionales, llegan los Juegos Olímpicos, y a los ciudadanos les agrada que gane un compatriota aunque no lo conozcan personalmente; aunque el vencedor, varón o mujer, descuelle en una modalidad deportiva de escaso arraigo.

Lo que quizá no todo el mundo tenga en cuenta es que el logro de trofeos y medallas presupone, además del esfuerzo personal de los protagonistas, la existencia de una estructura organizativa eficaz. En ella se incluyen los campeonatos (empezando por los de los niños), las instalaciones adecuadas, los medios económicos suficientes y, en fin, unos estímulos que hagan atractiva para los jóvenes la práctica del deporte.

Justamente la atención prestada a todos estos aspectos ha propiciado en el curso de los últimos años un desarrollo admirable del fútbol femenino en Alemania. Todavía hay mucho camino por recorrer hasta alcanzar la deseada profesionalización de esta modalidad deportiva cuya aceptación social está cada vez más asentada. Han contribuido en no poca medida a ello los éxitos numerosos de la selección nacional.

En 1955, la Federación Alemana prohibió a los equipos a ella asociados que mantuvieran secciones de fútbol femenino. Se acogió al argumento de que “los deportes de lucha son ajenos a la naturaleza de la mujer, cuyos cuerpo y alma pueden sufrir daños irreparables”. Entre dichos daños se mencionaba la pérdida de la fertilidad.

Los tiempos y las mentes, por fortuna, han evolucionado y hoy día esa misma Federación, bien que con otros integrantes, proclama el orgullo que le merecen sus jugadoras. No es para menos. Su selección nacional, fundada en 1982, ocupa el segundo puesto, tras la de Estados Unidos, en la clasificación de la FIFA. Ha ganado ocho veces el Campeonato de Europa (de ellas, las seis últimas seguidas) y ha sido en dos ocasiones campeona del mundo.

El pasado mes de enero, la FIFA entregó el Balón de Oro a Cristiano Ronaldo. No fue este el único honor que se concedió aquel día. Hubo otros destinados sin excepción a representantes del fútbol alemán. A Jupp Heynckes, como mejor entrenador del mundo, y a dos mujeres del mismo país: Silvia Neid, entrenadora de la selección nacional femenina de Alemania, y a la guardameta Nadine Angerer, como mejor jugadora del mundo.

No son hechos casuales. Los precede un trabajo paciente de años combinado con una presencia cada vez mayor del fútbol femenino en los medios de comunicación. Ello ha contribuido a popularizar a las jugadoras más destacadas y a despertar el interés del público por el fútbol femenino.

La retirada en 2012 de Birgit Prinz, su mayor estrella hasta la fecha (Balón de Oro en tres ocasiones), fue noticia de telediario, como lo son habitualmente los partidos oficiales de la selección nacional femenina. La final de la Copa, que se juega inmediatamente antes de la final masculina y en el mismo campo, se televisa en directo, como también se televisará la de la Liga de Campeones, a la que ha llegado de nuevo el Wolfsburgo. Y aún recordamos que en julio pasado, con ocasión del partido amistoso entre el Bayern Múnich y el FC Barcelona, pensado para celebrar la llegada de Pep Guardiola a Alemania, hubo una solicitud de los dos equipos para adelantar el partido. La Federación denegó dicha solicitud. A las cuatro y media de la tarde tenía un compromiso oficial (por tanto, de mayor relevancia) la selección femenina.

Y no se trata de comparar el fútbol femenino con el masculino ni de definir el uno con respecto al otro. Es todo mucho más sencillo. Cuanto más justa y evolucionada es una sociedad, mayores son las posibilidades de sus ciudadanos para desarrollarse, tengan el sexo que tengan, sean rubios o morenos, altos o bajos.

El cañón de los goles

Por: | 08 de mayo de 2014

El cañón goleador o cañón de los goles (Torkanone) es el trofeo que recibe al término de cada temporada el máximo goleador de la Bundesliga. Consiste en un pequeño cañón con aspecto de juguete, de 3,2 kilos de peso, fijado sobre una base de madera. Exhibirlo en la vitrina de casa es el sueño de cualquier delantero que se precie. Desde hace diez años también se entrega un ejemplar a la futbolista más goleadora.

Esta simpática distinción no tiene carácter oficial. De hecho surgió como ocurrencia de un periódico deportivo, el Sport-Magazin. Tras su fusión con el Kicker, es este último el que en la actualidad mantiene el rito. El cañón empezó a entregarse en 1966, al término de la tercera temporada de la Bundesliga.

El primer afortunado en recibirlo fue Lothar Emmerich, del Borussia Dortmund, que aquel año consiguió 31 goles. No obstante, por un sentido elemental de la justicia, los máximos goleadores de las temporadas precedentes recibieron asimismo el premio, si bien con décadas de retraso; entre ellos, el célebre Uwe Seeler, primer pichichi de la Bundesliga.

DOS

Mandzukic y Lewandowski, candidatos al trofeo al máximo goleador.

Este año se disputan la pieza unos cuantos candidatos. A falta de un solo partido, los más próximos a obtenerla son Mario Mandzukic y Roberte Lewandowski, cuya rivalidad, según dicen, aumentará después de las vacaciones estivales, cuando se vean obligados a disputarse el puesto de delantero centro en el Bayern Múnich. Ambos encabezan la clasificación actual con 18 tantos cada uno, una cosecha escasa si la comparamos con la conseguida en viejos tiempos por otros jugadores.

En siete ocasiones recibió el juguete el goleador por antonomasia de la Bundesliga, el inolvidable Gerd Müller. Su récord de 40 goles, correspondiente a la temporada 1971/72, no ha sido superado todavía en Alemania. Los 345 goles que marcó en 427 partidos lo colocan, treinta y cinco años después de su despedida, en el primer puesto de los goleadores alemanes. No en vano es conocido por los aficionados con los sobrenombres de “Bomber der Nation” (Bombardero de la Nación) y Torpedo Müller.

MullerGerd Müller, con el trofeo como máximo goleador.

Gerd Müller destacó asimismo como certero rematador en competiciones internacionales, con un palmarés asombroso. A su bota derecha se debe el 2-1 de la victoria de Alemania contra Holanda en la final de la Copa del Mundo de 1974. Dos años antes estableció una marca de máximo goleador en el curso de un año completo, con 85 dianas. Tuvieron que transcurrir cuatro décadas justas para que otro jugador superara esa cantidad, Leo Messi, con 91, aunque no con el mismo número de partidos disputados (69 el argentino, 60 el alemán).

El año pasado el cañón fue a parar a manos de Stefan Kiessling, del Bayer Leverkusen. Antes que él lo recibieron jugadores que dejaron huella en los anales del fútbol alemán: Juup Heynckes (en dos ocasiones), Karl-Heinz Rummenigge (en tres), Rudi Völler, los hermanos Allofs o Jürgen Klinsmann, actual entrenador de la selección nacional de EE.UU. La lista es larga.

Uwe Seeler entrega el cañón de goleador a Kiessling

Uwe Seeler entrega el trofeo a Kiessling, del Bayer Leverkusen.

Huelga decir que no siempre ganaron el cañón jugadores de nacionalidad alemana. Entre los artilleros premiados encontramos al ghanés Anthony Yeboah, que se llevó dos figuras, los brasileños Giovane Elber y Grafite o el bosnio Dzeko, actualmente en el Manchester City. También otros que alguna vez jugaron en equipos españoles. Pienso en el internacional griego Theofanis Gekas, ganador del cañón en 2007 con 20 goles, cinco años antes de su paso fugaz por el Levante UD. Pienso en Klaas Jan Huntelaar (unos meses en el Real Madrid), que ganó el juguete en 2012 con una suma notable, 29 goles, o diez años antes, con el modesto VfL Bochum, el danés Thomas Christiansen, quien durante la década de los noventa jugó sucesivamente en siete equipos españoles.

Mención aparte merece el cañón obtenido en 2004 por el brasileño Ailton, cuyos 28 goles contribuyeron de manera decisiva al último triunfo del Werder Bremen en la Bundesliga. Ailton es el protagonista de un anecdotario copioso. Terminó su carrera deportiva jugando en la Sexta División alemana, participó en un reality show de televisión equivalente al español Supervivientes y estuvo metido en mil y una historias que darían trabajo a varios biógrafos. Una de ellas tiene que ver con el cañón de los goles. Alegando que el futbolista le debía dinero, su asesor fiscal sacó la figura a la venta en eBay, junto con otras pertenencias del deudor. Le puja alcanzó los 600.000 euros, si bien Ailton presentó en el último momento una reclamación que permitió suspender la venta. Está claro que hay mucha gente deseosa de poseer el juguetito.

Racismo en el fútbol alemán

Por: | 04 de mayo de 2014

Llevo más años viviendo en Alemania que en mi país natal. La palidez de mi semblante, mi barba cana, mi atuendo, no me señalan a primera vista como forastero, de tal forma que a menudo algún que otro transeúnte se dirige a mí para preguntarme por una determinada calle. Tan sólo cuando el desconocido percibe mi acento al hablar se da cuenta de mi condición de ciudadano extranjero.

Podría contar con los dedos de una mano las veces que he recibido agresiones verbales de tipo xenófobo. Recuerdo una en el estadio del Hannover 96 allá por los años noventa, cuando este equipo, hoy cuajado de extranjeros de todos los colores, paseaba su mediocridad deportiva por Segunda División. Un tipo con aspecto de no haber visto nunca una universidad por dentro sintió prurito de hacerme saber, con un léxico de escaso aprovechamiento poético, que yo no debía estar allí. No mucho después su equipo fichó a un español, Jaime. La afición lo veneraba.

El aspecto me procura cierta protección. También mi procedencia de un país de la Unión Europea. No pueden decir lo mismo los ciudadanos de piel morena, ni siquiera aquellos que son alemanes. Les cabe el recurso de dar explicaciones; pero, antes de llegar a ese punto, seguramente ya habrán sido insultados.

En su caso, a la xenofobia se agrega un componente, con frecuencia agresivo, de racismo. Y el fútbol, que para algunos es tanto un espectáculo y un deporte como un descargadero de su complejo de inferioridad, ofrece al racista ocasión de sacar lo peor de sí en compañía de otros de la misma calaña. También en los estadios los jugadores negros se llevan la peor parte.

Diouf

Diouf protege el balón ante Boateng, del Bayern. / FABIAN BIMMER (REUTERS)

Se han hecho estudios al respecto. Raro es el año en que la Federación Alemana de Fútbol no ponga en marcha una campaña publicitaria contra el racismo, a menos que se sume a las que proponen y coordinan la UEFA y otros organismos internacionales. La reiteración de dichas campañas indica que persiste el problema, más agudo en unos países que en otros.

De acuerdo con informes recientes del Instituto Federal para la Ciencia Deporte (BISp), el racismo es un fenómeno constante en el fútbol alemán. Convendría, sin embargo, matizar. Cada vez con mayor frecuencia los actos conceptuables de racistas se llevan a cabo de una manera solapada, entre otras razones porque son constitutivos de delito.

El racismo a cara descubierta se ha convertido en una excepción. Una pancarta vejatoria sería retirada sin demora. Afrentas de tipo racista coreadas contra un jugador llevarían al árbitro a suspender el partido previa advertencia por los altavoces del campo. Al equipo cuyos seguidores exhibieran conductas racistas le caería una multa de alivio.

Me refiero exclusivamente a los estadios de la Bundesliga, repletos de cámaras, con numerosa presencia policial y una atención mediática que rebasa las fronteras. La clase política no permitiría que unos desalmados menoscabasen el prestigio del país.

Pero según descendemos a las categorías inferiores del fútbol alemán se constata un aumento progresivo de los incidentes xenófobos y racistas, perpetrados en algunos campos con total avilantez, de ordinario con el auspicio de grupos neonazis que reclutan adeptos entre las peñas. En dichos campos, particularmente en los situados en las regiones del Este de Alemania, el lanzamiento de plátanos a un jugador de piel oscura no es un hecho insólito, así como tampoco la burda imitación de sonidos simiescos cada vez que un determinado jugador toca la pelota.

La mayor vigilancia en los estadios de la Bundesliga ha generado un tipo de manifestación racista menos perceptible. Fuera del alcance de las cámaras, por ejemplo, aprovechando la llegada al estadio del autobús con los jugadores del equipo visitante. O camuflado en los habituales pitidos y abucheos a cualquier jugador, pero dirigidos con mayor intensidad y frecuencia al que presenta ciertas características raciales.

Están por último los ataques racistas sobre el terreno de juego, cometidos por ciertos futbolistas a espaldas del árbitro, en voz baja o con la mano ante la boca. El delantero senegalés del Hannover 96, Mame Diouf, se refirió hace poco a los insultos que recibe por su color de piel prácticamente en todos los estadios alemanes donde juega. “Los rivales”, dijo, “intentan hundirme, pero a mí me da igual. Dios me hizo negro y estoy orgulloso de serlo”. Es difícil educar a adultos, pero no hay más remedio que seguir intentándolo.

Catástrofe en Múnich

Por: | 30 de abril de 2014

Al simpatizante del Real Madrid, si por acaso pierde dos minutos echando un vistazo a esta página, el título de mi artículo le sonará a ruido en medio de la gozosa sinfonía de la que a buen seguro (y por muchos días) estará disfrutando desde la merecida clasificación de su equipo para la final de la Liga de Campeones.

Y es verdad que la victoria comporta alegría y premio, y que traer a colación en casa del celebrante la historia de los perdedores puede interpretarse como una tentativa de aguar la fiesta ajena. Nadie ignora que no hay vencedor sin derrotado. Se trata en esta ocasión de un gigante caído; derribado, eso sí, por otro gigante. Y aunque sólo fuera por su contribución en la noche del pasado martes a la épica de una competición deportiva de primer rango, bien merece que se le dediquen unas palabras.

Ha habido consenso en la prensa alemana para calificar de humillante la derrota del Bayern Múnich. Hay quien habla de un hundimiento en toda la regla. No es para menos después de perder 0-4 en casa contra un rival que había sido examinado hasta su último integrante, en un partido tan decisivo, planeado al detalle como si se tratara de una partida de ajedrez.

Aramburu

El  Bayern Múnich es un equipo diseñado para disputar la Liga de Campeones. Las otras competiciones (Bundesliga, Copa, Supercopa) suponen obligación, trámite, metas mínimas. Desde el 2010 los bávaros han disputado tres finales de su torneo predilecto. Ganaron la del año pasado. No pasar de semifinales sabe a poco, a nada. La derrota contra el Real Madrid fue, además de eso que popularmente se llama un baño, un desgarrón en el prestigio del club alemán. Dolerá por largo tiempo.

A algunos ha sorprendido en Alemania lo abultado del resultado, pero no tanto la derrota, que supone una cuenta más del rosario de partidos perdidos desde que en el mes de marzo el Bayern se proclamara campeón de la Bundesliga y Pep Guardiola, generalmente cuidadoso con las palabras, afirmase que para su equipo dicha competición estaba concluida. Hizo a continuación probaturas tácticas, alineó a chavales, empezó a ceder puntos (también en casa), perdió partidos. El asunto generó polémica, por cuanto algunos clubes implicados en la lucha por evitar el descenso temieron que sus rivales directos se beneficiaran de la dejadez del Bayern.

Guardiola rectificó, pero su equipo ya no fue el mismo. Volvió a ganar. Con resultados de patio de colegio (5-2 contra el débil Werder Bremen) o con apuros contra el colista. Lo cual se puede interpretar como se desee. Los hechos, no obstante, son idénticos para quienquiera que opine. Tiene visos de realidad la hipótesis según la cual un partido de fútbol se disputa simultáneamente en dos lugares: sobre el césped, a la vista del público, y en la cabeza de los jugadores. Hay quien considera que la debilidad mostrada por los bávaros desde el pasado mes de marzo es inicialmente de naturaleza psicológica.

La condena judicial a su presidente dimisionario, Uli Hoeness, por fraude fiscal acaso esté en el arranque de la zozobra del Bayern Múnich. He visto esta suposición expuesta en varios periódicos alemanes. Me tienta suscribirla. Hoeness no era el típico presidente/funcionario o presidente ricachón metido a figurar en un equipo de postín. Hoeness es al Bayern lo que el agua al río. Padre, amigo, protector de los jugadores, garante de la estabilidad económica del club, creador del Bayern moderno, a un tiempo alma y factótum del equipo.

Luego, en mala hora, se produjo la lesión de Thiago Alcantára, un jugador capital en el sistema de juego prescrito por Guardiola. Y es que Thiago, omnipresente en el terreno de juego, entiende como nadie que la posesión del balón no es una finalidad en sí, sino el lance previo a un pase vertical del que ha de sucederse una ocasión de gol. Lahm, Schweinsteiger, Kroos son jugadores excelentes, pero de brocha gorda, y Javi Martínez, que sabe cómo funciona el juguete, calienta el banquillo.

Al Bayern Múnich le queda la Copa no sólo para consolarse del varapalo deportivo que le arreó el Real Madrid, sino para aprovechar la última oportunidad de salvar el barco. Delante tendrá al Borussia Dortmund, que, mira por dónde, está en racha desde el partido de vuelta de la Liga de Campeones contra el Real Madrid. Y ojito porque hace tres jornadas ganó 0-3 en Múnich. A este paso los bávaros tendrán que cambiar la camiseta por el chaleco salvavidas.

Ribéry, ¿qué te pasa?

Por: | 27 de abril de 2014

No se sabe qué tiene, pero algo le ocurre, algo le merma las fuerzas, las ganas y las enormes cualidades de futbolista por las cuales se le admira y se le quiere. Cerca de coronar la cima de su carrera deportiva, Frank Ribéry está irreconocible. Hombre extravertido, propenso a las bromas, lleva un par de meses serio, taciturno, jugando mal si es que lo suyo, con excepciones, merece el nombre de juego.

Ya antes del partido del otro día contra el Real Madrid había preocupación en el Bayern Múnich; pero también esperanza de que Ribéry aprovechase la ocasión para mostrar al mundo lo que vale. No era un partido de trámite, uno más de una competición ya ganada; tampoco uno como el último de Copa contra un club de Segunda, sino la semifinal de la Liga de Campeones en el estadio de uno de los mayores equipos de la historia del fútbol.

¿Cuál es el problema? Porque innegablemente hay un problema. Al respecto caben pocas dudas en Alemania, cuya prensa deportiva ya ha llevado la cuestión a sus portadas. No parece que el futbolista se encuentre a disgusto en el Bayern, su casa, como acostumbra decir. Ribéry renovó contrato; es, junto con Mario Götze, el jugador que percibe el sueldo más alto del equipo. Lleva una vida familiar estable en una ciudad donde se le dispensa un trato rayano en la adoración.

RibeRibéry, en el Bernabéu. /reuters

Guardiola lo pone de titular, lo alaba en público. Los compañeros, hoy este, mañana el otro, no paran de expresar lo mucho que lo estiman, lo cual induce a creer que anda todo el mundo dentro del Bayern, incluidos los directivos, tratando de levantar el ánimo al francés.

La deficiente actuación de Ribéry el miércoles pasado en el Santiago Bernabéu constituye un nuevo eslabón de una cadena que, según todos los indicios, empezó a comienzos de año. Se le ha reprochado a Guardiola que no hubiera sustituido antes al jugador. Quizá no quiso hundirlo más. O confió en una reacción de Ribéry, de quien no obstante se sabe que, camino de los vestuarios al término de la primera parte, escenificó una despedida prematura del partido intercambiando la camiseta con su amigo Benzema.

En la Bundesliga, hace tiempo que no muestra la chispa que lo caracteriza. Contra el Hoffenheim y el Borussia Dortmund no disparó una sola vez a puerta. Contra el Eintracht Braunschweig, el colista, tocó 45 veces el balón en los 73 minutos que estuvo sobre el campo. El sábado pasado metió por fin un gol, tras siete compromisos oficiales sin insertar el hilo en la aguja.

Fuera de forma, sin ritmo, caviloso, no puede decirse que en Madrid no se esforzase. Bregó, pero sin fortuna. La banda izquierda del ataque, la suya, fue una caricatura de lo que ha sido hasta no hace mucho. Adecuadamente neutralizado Robben en la banda derecha por los atentos defensas del Real Madrid, el Bayern no fue capaz de activar con peligro la banda opuesta. De haberlo logrado (y que Carvajal, buen conocedor de la Bundesliga, me perdone) habríamos visto otro partido.

El Bayern se dedicó en consecuencia a hacer circular sin efectividad el balón en el centro del campo, a la espera de que a alguno se le ocurriera una genialidad (por más que los jugadores capaces de una acción inesperada, como Götze, Müller o el infrautilizado Pizarro, estaban en el banquillo) y al socorrido recurso de bombear balones al área en busca de la cabeza de Mandzukic, emparedado en todo momento entre Ramos y Pepe.

Preguntado por las razones del descontento o la melancolía de Ribéry, el director gerente Karl-Heinz Rummenigge declaró recientemente que al futbolista lo sigue recomiendo el asunto del Balón de Oro, honor que, como bien se sabe, recibió con todo merecimiento Cristiano Ronaldo. Se conoce que el francés, hombre de una particular y al parecer delicada sensibilidad, no ha superado la decepción, tampoco el recelo de haber sido víctima de una injusticia.

Tras el partido contra el Real Madrid, el exportero del Bayern, Oliver Kahn, que actualmente ejerce de comentarista de televisión, no tuvo compasión. Ya ha pasado el suficiente tiempo, dijo, como para superar un asunto que no deja de ser una historia personal. Añadió que lo importante ahora no es ocuparse de cuestiones privadas, sino de contribuir al éxito del Bayern Múnich. Quién sabe si un rapapolvo en buena hora no resultaría más eficaz que doscientos halagos y caricias.

El Colonia vuelve a la Bundesliga

Por: | 23 de abril de 2014

Colonia

Los jugadores del Colonia celebran el ascenso a la Bundesliga. / GETTY

Aún no está decidido qué equipos deberán abandonar este año la Bundesliga. A falta de tres jornadas, cada vez es menor el número de los implicados en la lucha por evitar el descenso, algunos de renombre, como de renombre es el que ha confirmado su regreso a la primera categoría del fútbol alemán. El lunes pasado se consumó la vuelta a la Bundesliga del FC Colonia. La ciudad lo celebró con alegría callejera, fuegos artificiales y ríos de cerveza Kölsch. Normal.

Atendiendo a la historia deportiva de este club, que en sus buenos días llegó a figurar entre los más fuertes de Europa, se dijera que su regreso al primer nivel del fútbol alemán pone fin a una anomalía. En realidad, no hay tal cosa.

Desde que bajara a Segunda en el año 1998, el Colonia se ha convertido en un equipo ascensor. Con el triunfo del lunes contra el VfL Bochum logra su quinto ascenso. A sus responsables deportivos les ha faltado tiempo para afirmar que esta vez se hará todo lo necesario para conservar la categoría; pero lo mismo dijeron en anteriores ocasiones y luego la predicción no se cumplió.

Sea como fuere, y a pesar de su reiterada ausencia, el FC Colonia sigue ocupando el puesto octavo de la clasificación histórica (que en Alemania se denomina “perpetua”) del fútbol alemán. Con sus más de 58.000 socios, el club ha mantenido durante todos estos años de mediocridad y decepciones su dimensión de equipo grande, enfrentándose a adversarios de escasa relevancia en un estadio digno de retos deportivos mayores.

Formó parte del grupo selecto de los dieciséis clubes que disputaron la Bundesliga en su temporada inaugural, de esto hace ya cinco décadas. Y voto a bríos que no lo hizo mal, pues terminó ganando el campeonato. Lo volvería a ganar en otras dos ocasiones y ha sido repetidamente campeón de Copa.

Mantuvo la categoría con éxitos varios y sin interrupción durante treinta y cinco años. En 1998 sucedió lo que muchos aficionados alemanes al fútbol, confiados tal vez en que el nombre del club actuaría de talismán, juzgaban imposible: el Colonia bajó a Segunda División. El desastre no vino de repente. Hacía tiempo que el equipo, como suele decirse en el argot deportivo, renqueaba.

Atrás quedaron los años de mayor esplendor. En los setenta, no obstante verse superado por los dos grandes del fútbol alemán de entonces, el Bayern Múnich y el Borussia Mönchengladbach, el equipo coloniense se las apañó para obtener su ración de títulos, entre ellos un doblete, además de protagonizar diversas actuaciones notables en competiciones europeas.

A finales de dicha década se incorporaron al equipo nombres que no tardaron en hacer historia. El delantero Pierre Littbarski, por ejemplo, llamado Litti, de inolvidables piernas arqueadas, o Bernd Schuster, que pronto daría el salto a España, donde todavía sigue, ahora como entrenador del Málaga.

Los ochenta fueron una década de luces y sombras para el FC Colonia, con un primer susto en 1986, cuando faltó poco para que se despidiera de la Bundesliga. Ese año fue el de la Final a doble partido de la Copa de la UEFA contra el Real Madrid de Luis Molowny, que ganaron los merengues.

Como corresponde a un equipo grande, mientras jugó en la Bundesliga el FC Colonia suministró jugadores de gran valía a la selección nacional, empezando, en los años setenta, por el prodigioso centrocampista Wolfgang Overath, siguiendo más tarde por porteros célebres: Toni Schumacher o Bodo Illgner, luego en el Real Madrid, y terminando por tantos y tantos jugadores de campo, además de los ya mencionados: los hermanos Allofs, Hässler, Kohler o Lucas Podolski, actualmente en el Arsenal.

Artífice del ascenso a la Bundesliga es el director deportivo Jörg Schmadtke. Fue él quien con mano certera, en años anteriores, formó la plantilla del Hannover 96 que permitió a este modesto equipo clasificarse en dos ocasiones consecutivas para la Europa League.

¿O habrá que atribuir el éxito actual del Colonia al influjo benefactor de Hennes? Hennes, así llamado en recuerdo del legendario entrenador Hennes Weisweiler, es un macho cabrío que nunca falta en el borde del campo cuando el Colonia juega en casa. Es la mascota del equipo. Cuando se muere es reemplazada por otra parecida y todas se llaman Hennes.

La buena racha de Joselu

Por: | 16 de abril de 2014

Joselu

Joselu trata de robarle el balón al jugador del Schalke Kaan Ayhan. / KEVIN KUREK (EFE)

José Luis Sanmartín Mato (24 años), conocido con el nombre de Joselu, no entró con buen pie en la Bundesliga. El carácter, el desistimiento de las tareas defensivas, la sensación de que no ponía empeño, lo hicieron asiduo del banquillo de los suplentes. Su actual entrenador, Armin Veh, llegó a reputarlo de flemático.

Para el TSG Hoffenheim, equipo que pagó por él en 2012 seis millones de euros al Real Madrid, metió cinco goles en veinticinco partidos. Una cosecha escasa para un rematador nato. Durante un tiempo fue apartado de los entrenamientos del primer equipo.

A comienzos de la presente temporada llegó cedido por una cantidad módica al Eintracht Fráncfort, donde al principio repitió suplencia. Pero, lo que son las cosas, se lesionó Alex Maier, ídolo de la afición local y uno de los valores más seguros de la delantera del Eintracht; Joselu recibió una oportunidad y la aprovechó de manera óptima, metiéndole dos goles al Schalke.

Desde entonces parece transformado. Y con él, su equipo, al que esta temporada, lo mismo que al Friburgo, le ha tocado la suerte fatídica y en modo alguna insólita de disputar un torneo europeo y estar en puestos de descenso.

Por suerte para el Eintracht, en el banquillo esperaba ese español nacido en Stuttgart, hijo de emigrantes, deseoso de que le concedieran minutos de juego. Y todo ha sido ponerlo a jugar y liberar (él solito no, como ha escrito algún periódico, pero con sus goles y sus asistencias) al equipo de la amenaza del descenso. El Eintracht Fráncfort, hace un mes con el agua al cuello, está prácticamente salvado, aunque no le vendría mal, por si las moscas, sumar unos cuantos puntos en los partidos restantes.

Ayer los periodistas criticaban a Joselu sin piedad, hoy lo buscan asombrados para sonsacarle el secreto de lo que ellos mismos han dado en llamar su explosión de efectividad y buen juego. Él alega que ha madurado. Intuimos que su entrenador, el veterano Armin Veh, lo ha hecho entrar en vereda. Y, en todo caso, lo que no se puede negar es que de la noche a la mañana, sobre el terreno de juego, emana de él un fulgor positivo.

Ahora es todo coraje, ganas, ambición, y está demostrando puntería. Metió recientemente un gol al Borussia Moenchengladbach que supuso la victoria de su equipo. Joselu ya no espera en las inmediaciones del área a que le llegue la pelota. Corre a buscarla al centro del campo o a donde sea. Se emplea, digámoslo diplomáticamente, con contundencia, a tal extremo que hace unas semanas el Bild Zeitung lo tildó de Rambo, con las letras descomunales habituales de dicho periódico. ¿La razón? Le había roto la nariz de un codazo a Petrak, jugador del Núremberg.

Su contrato con el Hoffenheim expira en 2016. El jugador no oculta que le gustaría permanecer en Fráncfort, donde nota el aprecio creciente dentro del equipo y en las gradas. Sin embargo, sus excelentes actuaciones de las últimas jornadas están poniendo en peligro el cumplimiento de tal deseo, ya que, con cada gol que mete, aumenta su valor en el mercado.

A la dirección deportiva del Eintracht Fráncfort le convendría, pues, espabilarse. El mánager Bruno Hübner ha declarado públicamente que Jo (como se apoda al jugador dentro del club) es la primera opción para reforzar la delantera. El problema es que, a fuerza de goles, Joselu empieza a ser interesante para otros equipos dotados de mayor potencia económica. Incluso el Hoffenhein podría reclamarlo de vuelta. En todo caso, es plausible que este equipo, del que Joselu no guarda buenos recuerdos, trate de recuperar los millones que pagó hace dos años por el jugador.

A su llegada a la Bundesliga, Joselu expresó en una entrevista su deseo, ¿su sueño?, de jugar algún día en la selección nacional de Alemania, para lo cual, dijo, estaba dispuesto a adoptar la nacionalidad de dicho país. La vida, que acaso le depare alegrías deportivas, esa en concreto no se la puede conceder. Los estatutos de la FIFA se lo impiden, ya que Joselu, por los días en que fue internacional sub 21 con España, carecía de la nacionalidad alemana. Le cabe quizá la esperanza de que Vicente del Bosque tenga un ojo puesto en la Bundesliga.

Pep, bajo la lupa crítica

Por: | 13 de abril de 2014

Pep

Más de media Alemania, y tal vez me quede corto, estaba deseando que el Bayern perdiera un partido de la Bundesliga. Uno por lo menos. Para que se le bajasen los humos, para que no se crea imbatible, para que haya un poco de competencia deportiva. Y sí, por fin perdió, 1-0 contra el FC Augsburgo, y numerosos aficionados al fútbol que anhelaban una derrota de los bávaros se han sentido punto menos que estafados. Ha transcurrido algo más de una semana y todavía humean las brasas de la polémica.

Con la Liga en el bolsillo, los únicos partidos trascendentales para el Bayern de aquí al final de la temporada son los que le queden en la Liga de Campeones y en la Copa. El resto es trámite, ocasión para probaturas, rotaciones. El sábado, el Borussia Dortmund le metió tres y todos tan tranquilos. Por el contrario, ciertos rumores sugieren que la derrota de la semana anterior con el Augsburgo dolió en el vestuario bávaro, donde había ilusión de perpetuarse en la historia de la Bundesliga como primer equipo que termina invicto el campeonato.

Aún resplandece con intensidad la imagen del actual entrenador. Los jugadores, otros años más contestones, más rebeldes, adoptan de costumbre, en sus intervenciones públicas, un tono de veneración al referirse a Guardiola. No obstante, por las comisuras de los labios de algunos hemos podido percibir estos días un leve tono de decepción.

Todo hace pensar que el asunto fue tratado en el vestuario durante el descanso del partido, cuando ya el Augsburgo había marcado su golito. Guardiola puso a bregar en la segunda parte a jugadores que tenía reservados para el inminente compromiso contra el Manchester United. Ni siquiera así (¿miedo a lesionarse?) se pudo evitar la derrota.

El Augsburgo es un equipo compacto y correoso. Guardiola lo recordó en vísperas del partido. No se olvida fácilmente el reñido encuentro de Copa contra los augsburgueses, ganado a duras penas, con aquellas imágenes de televisión en primer plano que mostraban la rodilla de Robben hecha un chorizo.
Sancionados para el partido de vuelta contra el Manchester Javi Martínez y Schweinsteiger, y con Thiago fuera de combate, el Bayern no se podía permitir nuevas bajas, por lo que todo el mundo entendió que Guardiola actuase con cautela y pusiera a jugar a un equipo B contra el Augsburgo.

Lo cierto es que alineó un equipo C, con jóvenes talentos (Höjbjerg, Weiser) aún en fase de maduración, los cuales nunca antes habían participado en un partido de la Bundesliga como titulares. Alineó asimismo a Ylli Sallahi, que celebró ese día su debut. La alineación de Starke, portero suplente, se truncó a última hora por lesión. A Guardiola le llovieron las críticas. Hay quien ha afirmado que los espectadores de Augsburgo apoquinaron sus buenos euros para presenciar un espectáculo que luego se les escatimó, a la manera de quien paga por asistir a un concierto y no se encuentra sobre el escenario al cantante anunciado. Este argumento se contradice con las imágenes de las gradas. El alborozo de los espectadores por la victoria de su equipo fue ostensible.

Los reproches más gruesos han salido de boca de directores deportivos y entrenadores, sin duda atemperados por la circunstancia de que el FC Augsburgo ocupa un puesto intermedio en la tabla; aunque, ojo, no sin ciertas posibilidades de clasificarse para la Europa League. De haber estado implicado en la lucha por evitar el descenso, se habría armado la marimorena, al considerar los perjudicados por el resultado del otro día, no sin cierta razón, que el Bayern había favorecido a un determinado equipo (de Baviera, además) poniendo a jugar a suplentes e incluso a suplentes de suplentes.

El presidente del Maguncia 05, equipo que rivaliza con el Augsburgo por una plaza para la Europa League, mostró educadamente su reprobación. Más directo fue Armin Veh, entrenador del Eintracht Fráncfort, que habló de falta de respeto y de puntos regalados. En parecidos términos se expresó el director deportivo del Schalke. Y a todos ellos ha seguido una larga estela de opinantes en contra o a favor de la decisión de Guardiola.

El delantero bávaro Thomas Müller zanjó el asunto con su habitual ironía. “Si ganamos al Manchester United”, dijo, “entonces la estrategia del entrenador no habrá sido equivocada”. El Bayern, en efecto, ganó. Juzgue quien sepa.

El País

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