El Palomero

Encuentro en bla, bla, bla

Por: EL PAÍS

10 sep 2009

La cita ha tenido lugar esta misma noche, en el café “Bla, Bla, Bla” (nada más adecuado), situado en los bajos del edificio que alberga al Instituto Cervantes de Varsovia. El palomero optimista se había citado con el palomero pesimista después del encuentro que había enfrentado a España con Eslovenia. El optimista había llegado antes (la felicidad da alas) y no esperó a que el pesimista se sentase para lanzarle la primera.
-“¿Qué, ahora que dices?”
-“¿Qué digo de qué?” le respondió, a pesar que sabía perfectamente de qué hablaba.
-“Pues eso, que no debíamos ser tan malos como decías si hemos ganado a Eslovenia, opción clara de medalla en este campeonato, y encima con todo el público en contra”.
-“No, eso ha estado bien, pero…
El optimista le cortó (la felicidad suelta la lengua).

-“Vale, vale, ya sé lo que me vas a decir pero deja que te diga yo algo antes. Lo que ha hecho España hoy ha sido admirable. Presionados, criticados como nunca, al borde de la eliminación, se han sobrepuesto. En cuarenta minutos hemos visto la mejora clara de Ricky, Navarro y Marc Gasol, Rudy ha demostrado que ya está recuperado, Pau vale, no ha estado estelar, pero es Pau, y ¡qué me dices de Felipe Reyes! Hemos defendido como jabatos, nos han empatado con una canasta que han sido unos pasos clamorosos y luego en la prórroga, eso ha sido la bomba. En lugar de venirnos abajo, hemos tirado de raza y no les hemos dado opción”.
-“Sí bueno, pero..."
-“Que no tío, que no hay peros que valgan (la felicidad puede hacerte un charlatán). “Pero ¿qué creíais?, que iba a ser llegar aquí y ganar todos los partidos de veinte”.

Jo, como estaba el tío. Solo le faltaba soltar lo del tonto que hace relojes.
-“Y te digo una cosa” prosiguió “aquí están las mejores selecciones de Europa, hay que pelear todos los partidos y cualquier tonto sabe hacer relojes”.
La camarera trajo un par de cervezas. El pesimista aprovechó que su interlocutor dio el primer trago para intentar meter una cuña.
-“Todo eso está bien, pero ¿no te ha perecido excesivo el sufrimiento tal y como teníamos el partido? ¿No denota falta de seguridad y confianza el haber perdido el oremus en momentos vitales? ¿No seguimos sin ser capaces de dotar de continuidad a nuestro juego?”
-“Pero tío, ¿qué dices?”, le contestó el optimista dejando bruscamente su vaso sobre la mesa. “¿Tú has visto algún coche que pase de cero a cien instantáneamente? ¿Hemos defendido mejor que los días anteriores? ¿Las rotaciones han sido menos numerosas y más consistentes? ¿Hemos demostrado fortaleza mental al sobreponernos del mazazo de la prorroga? Pues eso, hoy mejor que ayer pero peor que mañana”.
-“Ya, sí, pero tú crees que esto va a ser sufic…
-“Pero hombre, deja el tema ya. Hoy lo importante era ganar. A partir de las victorias se puede construir confianzas. Hazme caso. Es el primer paso. ¡Disfruta de la vida, coño!”
El pesimista se repanchingó en su asiento. Le rondaba la cabeza la sensación que por mucha victoria, aquello no terminaba de cuadrarle, y sobre todo que tenía muchas dudas de si había tiempo para reparar los desperfectos. Pero por una vez decidió dejarse convencer. Pues vale, hemos ganado. Yupiiiiii.
Dio un trago a su cerveza y tuvo que reconocer que le sentó de maravilla.

Sobre los escenarios

Por: EL PAÍS

09 sep 2009

Imaginemos una obra de teatro. No sé, Hamlet. Se desarrolla en Dinamarca, y su historia cuenta cómo el príncipe Hamlet se venga de su tío Claudio, que ha asesinado a su padre, el rey, para casarse con la reina y ser el gobernante del país. El teatro está abarrotado. La compañía que presenta la obra es una de las mejores del mundo, y en los últimos años ha cosechado tremendos éxitos representando obras cumbres del teatro clásico de Shakespeare como Otelo, Macbeth o El mercader de Venecia. Suena el timbre que marca tres minutos para el comienzo de la obra. La gente se va sentando. Silencio. Se abre el telón. Murmullos en la sala. Los decorados no tienen nada que ver con castillos y mucho menos con daneses. Hamlet no aparece por ningún sitio. Los actores, desconcertados, comienzan a olvidar sus frases. Se miran unos a otros, incapaces de comprender qué está pasando. El publico asiste perplejo a la “representación”.
Bueno, pues algo así está ocurriendo con España en este Europeo. Ni el libreto de la obra, ni la actuación de los actores tienen nada que ver con lo anunciado a las puertas del teatro. El desconcierto del espectador es totalmente explicable. Pero ¿qué les pasa a los protagonistas? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero de alguna forma entiendo su perplejidad. Ellos han venido a Polonia a ganar la medalla de oro. Y resulta que de buenas a primeras están luchando a brazo partido con Gran Bretaña, sí, con Gran Bretaña, por no ser eliminadas ¡al segundo día de competición!. Esta no es la película por la que se juntaron y estuvieron ensayando durante más de un mes. Alguien o algo les ha cambiado el escenario y el guión. Entrenados para una comedia con final feliz, se encuentran metidos de lleno en un drama que apunta hasta el momento a un desenlace dramático.
Dejemos ya las metáforas. El desenfoque de España continúa. En un partido ideal para recuperar ánimo y juego ante un rival muy inferior, no sólo hemos estado a un tris del mayor batacazo de la historia del baloncesto español (y yo diría que uno de los más sonados de todo el deporte nacional) sino que no se atisban soluciones a corto plazo que palien una dinámica tan inesperada como sorprendente. ¡Hasta hemos visto discutir en un par de ocasiones a jugadores!
Y claro, son ya tres partidos muy deficientes como para no cambiar sensaciones y pasar de la botella medio llena a la medio vacía. Nunca he pensado que este colectivo fuese redondo, y parece evidente que hemos perdido pujanza con respecto a otros años, pero hasta esta racha me fijaba más en lo que teníamos que de lo carecíamos. Reconozco que mi ánimo ha cambiado y ahora no dejo de pensar en lo que nos falta. En casi todos los lados observo problemas y la mirada a largo plazo, a esa final en la que casi todos nos veíamos, ha pasado a una de cortísimo recorrido. Ante Eslovenia. Y a ver en qué condiciones pasamos a la siguiente ronda.
No quiero entrar en temas muy técnicos, pero sí me gustaría decir algo del entrenador. En varios de vuestros comentarios habéis señalado a Scariolo como uno de los causantes de todo esto. Creo que el entrenador siempre tiene un alto grado de responsabilidad en lo que le ocurra a un equipo. Lo bueno y lo malo. Está para tomar decisiones, y es responsable directo del resultado de ellas. Un seleccionador decide la preparación a seguir, los jugadores que saltan a la cancha, las jugadas que se hacen, las estrategias generales y puntuales. Y está preso de su resultado. Hasta el momento España está muy lejos de sus posibilidades. Pues a la misma distancia se encuentra su entrenador.
Una última reflexión antes de ir a la cama. En la victoria, todo el mundo sale fortalecido. En la derrota no existe salvación para nadie.
Posdata.- Pues bien, después de todo lo dicho, creo que vamos a ganar a Eslovenia. Sí, la que ha ganado claramente a los que nos ganaron claramente. No me preguntéis por qué. No hay razones objetivas. Simple y pura intuición.

Pesadilla II

Por: EL PAÍS

08 sep 2009


Son las dos de la mañana en Varsovia y no se me ha quitado el mal trago. Sospecho que a un par de kilómetros de donde me encuentro, a los jugadores de la selección les pasa lo mismo. Nadie, ni el mayor de los pesimistas, podía esperar un debut así. Hablábamos hace tres días de las sensaciones que había dejado el partido en Lituania, y todos albergábamos la ilusión que aquel varapalo se quedase en una anécdota. Era un amistoso, no estaba Pau, los lituanos nos tenían muchas más ganas que viceversa, los árbitros estuvieron caserillos y un par de excusas más a elegir. El Europeo será otra cosa, nos dijimos todos. Pues no. La derrota de Vilnius ha tenido más efectos secundarios que los verbalizados por los protagonistas y los imaginados por los medios de comunicación. Ante Serbia hemos tenidos prácticamente los mismos problemas, lo que convierte en reales algunas cuestiones que entonces parecieron circunstanciales. La primera es que el equipo español, por diversas cuestiones, no ha llegado fino al Europeo. Ni de juego, ni (y esto es lo más sorprendente) de ánimo y confianza.

Esas victorias contundentes en los partidos de preparación celebrados a favor de público y con adversarios la mayoría de segundo nivel enmascararon cuestiones que han salido en toda su crudeza en cuanto la cuesta se ha empinado un poco. A día de hoy y a tenor de lo visto en estos dos partidos, llegamos cortos en el base, escasos y muy desacertados en el tiro exterior (agravado por la lesión de Rudy) con Claver cortocircuitado, un Garbajosa más parecido al de las dos últimos años en la selección que el que parecía revivir durante este mes de agosto y encima aparece un Marc Gasol desconocido, peleado en su relación con la pelota y más guardia de tráfico que el incisivo e imparable ariete ofensivo que conocemos. Sumamos la pesadilla de Pau en el tiro libre y el panorama era desolador. La selección no tuvo ritmo, fluidez, intensidad ni defensiva ni emocional, se enredó hasta la exasperación en el entramado serbio y vivió un tormento desde el minuto uno.

Mantengo que el futuro de España sigue dependiendo más de su propia capacidad para jugar de una forma coherente con su talento que en las dificultades en la que le ponga sus adversarios. Lo ocurrido ayer creo que corrobora mi afirmación. Estelar Serbia y horrible España, perdimos por nueve puntos. Pero, por otro lado, la segunda actuación defectuosa en cuatro días me hace pensar que nos encontramos más lejos de lo que pensábamos y con más cosas que mejorar de las previstas para lograr alcanzar el rendimiento que nos hace superiores al resto.

Abandonado el terreno de los dioses infalibles, se presenta un Europeo mucho más terrenal para el equipo español. Cuesta acostumbrarse, pero es lo que hay.



La noche anterior

Por: EL PAÍS

07 sep 2009

Noche cerrada en Varsovia. Hace un frío del carajo, más viniendo del verano español, siempre tan generoso. Luego queremos que la gente de estas latitudes sea alegre y dicharachera, pero joder, si el seis de septiembre hace esta rasca y anochece tan pronto, qué será en un par de meses. Estoy en el hotel rechazado hace unas pocas horas por nuestra selección. Al parecer el tamaño de las camas ha empujado al cambio. Hablo con un intérprete polaco en la recepción del hotel y no lo ha terminado de entender, pues el resto de selecciones se han quedado. Al final, refiriéndose a que aun habiendo sido complicado, la selección española ha encontrado un alojamiento a su gusto, me suelta un “como decimos aquí en Polonia, bien está lo que bien acaba”. No le quiero estropear su momento de exaltación de la cultura popular polaca, y le dejo preguntándome cuantos de los dichos que creemos autóctonos son repetidos en otros muchos lugares remotos. Eso sí, con una característica común: todos nos creemos sus inteligentes creadores.



Sin entrar en si el verdadero motivo son el tamaño de las camas (circulan otras teorías, hay que llenar las horas sin un buen partido que echarse a la boca) el acierto ha sido pleno. Sobre todo viendo cómo esta misma tarde han aparecido como de la nada unos 300 militares israelíes. Todos de golpe, inundando la recepción y haciendo casi imposible el coger el ascensor. El hotel se ha convertido un poco en el camarote de los Hermanos Marx, y no he podido evitar el imaginar la incomodidad de nuestros chicos si las camas hubiesen sido más grandes y el cambio no se hubiese producido. Es curioso, pero a pesar de su despliegue ha sido imposible (y he preguntado en varios sitios) el saber exactamente a qué venían tanto militar. Pero acojonan.



Mientras tanto la selección ha entrenado un poquito en el pabellón donde mañana debutarán, y que desde luego, no ganará ningún premio de arquitectura. Todos están bien, Rudy mejora (creo que sería una temeridad hacerle jugar esta primera fase con el riesgo de perderle para todo el campeonato) y les supongo alegres de terminar con tanta preparación e iniciar lo que realmente engancha: la competición.



De alguna forma la noche anterior al inicio de un torneo de esta enjundia es un poco como la noche de Reyes. Por un lado todos han mandado su carta, que en este caso y aun siendo doce, tiene dos palabras comunes: medalla y oro. Dicen que se han portado bien, que han hecho todo lo que les ha pedido el entrenador y que se merecen un buen regalo. Piden perdón por si algún día no han estado afortunados (Lituania) pero aseguran que eso les va a hacer aún mejores. Y se duermen como angelitos, soñando que a la mañana siguiente, y quien dice a la mañana dice a las dos semanas, encima de un podio, se les dará el regalo apetecido. El juego, sea a la edad que sea, nos retrotrae a nuestra infancia y jugando establecemos un puente de unión con edades tempranas, con sus sueños, ilusiones y disfrutes liberadores.



Llegado a este punto filosófico y teniendo en cuenta las horas que son, mejor lo dejo. Mañana debuta España. Por fin.







El espejo de la roja

Por: EL PAÍS

05 sep 2009

Juega la selección española de fútbol, también llamada últimamente la roja (ánimo, sólo falta la letra del himno para alcanzar la modernidad) y recuerdo lo que dijo hace bien poco Casillas, siempre una voz con criterio propio: “El baloncesto fue nuestro espejo”. Pocas veces Gasol y compañía recibieron halago de tanto calado. Estamos hablando del todopoderoso futbol, al que no hay quien le tosa en seguimiento e incidencia social y que periodísticamente lo fagocita casi todo. Estamos hablando de la selección campeona de Europa y que cosa muy rara, lleva más de dos años dejando totalmente satisfechos tanto a los resultadistas como a los amantes del futbol respetuoso con el balón, que es algo así como lograr la cuadratura del círculo. Pues el capitán de esa selección ha dicho que para lograr el éxito en el que ahora viven, se fijaron en el equipo español de baloncesto. Les ha costado un poco, pues en un principio el éxito de Japón fue una pesada carga para nuestros futbolistas. Les incomodaba tanto que Guti terminó por decir aquella frase tan acertada: "Que se meta a Calderón y a Pau Gasol a jugar al fútbol, a lo mejor ganan un Mundial". Sin comentarios. Por lo expuesto por Casillas, al final optaron por lo más inteligente. Observar qué podían aprender de todo aquello y en qué provecho lo podían utilizar.
El legado que está dejando nuestra selección, la de baloncesto, va mucho más allá que unas cuantas medallas colgadas en sus cuellos. Lo dicho por Casillas lo confirma. España nos ha enganchado no sólo por cuestiones deportivas como su atractiva forma de jugar o su terrorífica capacidad ganadora sino por otras cuestiones más filosóficas y actitudinales como su compromiso colectivo, representado en llevar la palabra equipo hasta los límites de su posible desarrollo. Humildes, convencidos de la importancia de todos y cada uno de sus componentes, felices siempre de encontrarse, y sin la más mínima duda que sólo en el éxito colectivo se recoge el individual.
La España futbolística se ha pasado más de 40 años buscando un estilo. Ahora lo tienen, y es envidiado. Lo normal. No sólo juegan de maravilla, sino que transmiten sensaciones muy parecidas a las que nos hizo enamorarnos del equipo de baloncesto. Se terminaron los protagonismos descontrolados, el mal rollo, los debates interminables. Lo primero es el equipo y nadie está por encima de ello. Ya se sabe a lo que jugamos, y además los encargados de hacerlo nos caen de puta madre. Son jóvenes, alegres, discretos, cercanos con la gente, solidarios con sus compañeros, con el gen ganador metido en su sistema y que transpiran normalidad (toda la que es posible siendo megaestrellas) en éxitos y fracasos. Nos identificamos tanto con ellos como nos costaba hacerlo hace unos años. Todas estas cosas acercan hasta hacerlos intercambiables en sus virtudes a ambos equipos. El de fútbol y el de baloncesto.
Hace 26 años llegamos a la final del campeonato de Europa. Jugábamos (y perdimos) frente a la Italia de Meneghin, Marzorrati, Villalta y compañía. Resultó que a esa misma hora se disputaba la final de la Copa del Rey entre el Barça y el Madrid en Zaragoza. Aquella del gol de Marcos a falta de dos minutos para el final. Ante la coincidencia, el partido de futbol se retrasó, lo que provocó la protestad de Alfredo Di Stefano, entrenador del Real Madrid en aquella época. ¡Pero desde cuando un partido de baloncesto retrasa uno de futbol! debió pensar. Pues ya ve Don Alfredo, ahora resulta que la mejor selección de nuestra historia ha tenido como modelo a un equipo de baloncesto. Ver para creer.
Posdata 1.- Esta entrada del blog está dedicado a todos los que la derrota ante Lituania les haya hecho descender la confianza en nuestro equipo o simplemente estén algo nerviosos por el comienzo del torneo. Tranquilidad. Confianza. Esto nos lo vamos a llevar (opinión con un 92% de fiabilidad)
Posdata 2.- La selección se ha cambiado de hotel al llegar a Varsovia por problemas con las camas. Y todavía hay gente que dice que el tamaño no importa.

Descoloque

Por: EL PAÍS

04 sep 2009

La abultada derrota frente a Lituania ha traído de la mano grandes dosis de perplejidad. El personal está desconcertado. ¿Pero no éramos los grandes favoritos, un equipo prácticamente invencible, que llevaba años sin perder un amistoso y al que jugar el Europeo no iba más allá de una obligada rutina antes de colgarse en el cuello la ansiada medalla de oro?. ¿No estábamos en plena forma, hasta el punto de poder elucubrar si también seríamos capaces de ganar sin necesidad de contar con uno de los mejores jugadores del mundo, Pau Gasol?. La verdad es que perder de veinte con Lituania, por mucho amistoso que sea, por mucha lesión que haya, aun jugando en campo contrario, no cuadra con la imagen que a base de triunfos incuestionables nos hemos ido forjando en los últimos tiempos. De ahí el descoloque de todos.
Desde que se decidieron los partidos amistosos de este año, el encuentro del jueves parecía colocado estratégicamente para que fuese un ensayo general cuatro días antes del comienzo del Europeo. Adversario competente, ambiente adverso, cercanía al inicio de lo que de verdad cuenta. Era como intentar adelantar la apertura del melón. Un melón, por mucho que lo toques, observes su peso y color, o comentes con el vendedor sus posibles cualidades, hasta que no lo abres no puedes comprobar sus bondades o defectos. Pues a los equipos les pasa lo mismo. Por mucho elucubrar, por mucho amistoso, hasta que no llega el campeonato y juegan el primer partido oficial, no sabes con exactitud en qué punto se encuentran. Finos o groseros. Rápidos o espesos. Conjuntados o deslavazados. Este era el plan, jugar un partido de casi-campeonato. La precaución, totalmente lógica, de guardar en la recámara a Pau Gasol y Rudy Fernandez, invalida el experimento en su conjunto, pero no en alguna de sus partes. Sobre todo porque tamañas ausencias no justifican un rendimiento tan pobre.
Lo que más me sorprendió fue la aparente conformidad con lo que estaba pasando que traslucieron los jugadores españoles. No digo que por dentro no les hirviese la sangre, pues si algo tiene este grupo es su gen ganador, pero su comportamiento general pecó de ausencia de rebeldía ante el curso que estaban tomando los acontecimientos. Ya dijo Scariolo al final (vaya sofoco se llevó) que la diferencia había estado en la intensidad. Los lituanos la tuvieron de campeonato, los españoles de amistoso. Bien, esto no debería preocupar más la cuenta. El lunes subimos las revoluciones y ya está. Pero tengo la sensación que no fue lo único que se pudo entrever en el partido. Este equipo, siendo estelar, tiene algún que otro agujero o agujerito, depende lo optimistas que queramos ser. En el base Scariolo ha decidido, como no podía ser de otra forma, otorgar mando en plaza a Ricky, con Raúl López y Cabeza de escuderos. Creo sinceramente que vamos justitos y todo depende en exceso de lo que sea capaz de hacer el descarado adolescente. ¿Está ya preparado para llevar el timón de un equipo como España durante TODO el campeonato? Tengo mis dudas. En el alero alto Claver naufragó en su primer compromiso serio después de esperanzadoras actuaciones a favor de público y marcador, y Mumbrú es gran complemento, pero no elemento diferenciador. Y puestos a dudar, vamos con sólo tres pivots. Vale, que Garbajosa o Claver pueden jugar de cuatro, pero no es lo mismo.
Dicho esto, España es igual de favorita a ganar el oro que lo era antes de este partido. Se le ha visto alguna costura, pero no las suficientes como para poner todo en entredicho. Entiendo que lo de Lituania nos haya descolocado un poco pero si existe un colectivo en el deporte español al que podemos otorgar nuestra plena confianza, éste es la selección de baloncesto. Perfectos no son. Fiables sí.

Lo primero, presentarse

Por: EL PAÍS

03 sep 2009

Hola buenas. Soy el palomero. Salvo que el lector que ahora recorre entiendo que con sumo interés estas líneas sea mayor de 33 años y aficionado al baloncesto (han de cumplirse las dos condiciones) es probable que piense qué extrañas circunstancias hacen a un amante de las palomas (RAE dixit) escribiendo en las páginas de deporte de un diario tan ilustre como este. Como todo tiene una explicación, salvo que estemos hablando de trajes, escuchas o espionajes, aquí va la mía en aras a que nuestra relación en los próximos 18 días sea lo mejor posible. En una vida anterior, fui jugador de baloncesto durante 14 años. La mayoría los pasé en el Real Madrid (12) y los dos últimos en el Cajabilbao. Disputé unos cuantos partidos con la selección (90) y si mi relación con Antonio Díaz Miguel, sempiterno entrenador de la selección hasta el 92 hubiese sido mejor, quien sabe si no hubiese llegado a 100, que parecen muchos pero que han sido conseguidas por jugadores que sinceramente, no me llegaban ni a la altura del zapato. Y no quiero dar nombres. Por ahora.
Bueno, el caso en que en los dos últimos años de mi carrera patenté una jugada, la del palomero, que consistía básicamente en ser más astuto, intuitivo, rápido e inteligente que todos los demás para lograr plantarme en la canasta contraria más solo que la una, mientras los defensores no habían pasado ni siquiera la mitad del campo. Para su desesperación, cuando se daban cuenta yo ha tenía el balón en mi poder y anotaba sin ninguna oposición. La facilidad que mostraba para desarrollar esta técnica hizo que apareciesen envidiosos que la intentaron despreciar incluyendo algunas aptitudes necesarias para ejecutarla que yo no he nombrado: ser un jeta o no quedarse a defender entre otras. Debates aparte, el impacto de mi estrategia fue tan profundo que a pesar de todo lo que hice en los 12 años anteriores, el palomerismo se apropió de mi nombre y de mi carrera. Y hasta hoy, en la que es difícil que no vaya a un campo y sin tardar mucho no escuche a algún simpático decir, "Iturriaga, palomero".
Pues el palomero se va a ir a Polonia el domingo (jo, ya hablo como Mijatovic y Suker, de mí mismo en tercera persona) y quiere compartir con todo el que le apetezca una aventura apasionante. La de nuestra selección en busca de una medalla de oro que se nos muestra esquiva. Hasta seis veces hemos llegado al último escalón, perdiéndolo siempre (por cierto, yo participé en una de ellas, la del 83 ante Italia, pero Antonio, que era muy amigo de Epi y Sibilio, me sacó muy poco y claro, perdimos). Esta vez parece que toca más que nunca. Tenemos una selección estelar, ningún rival parece mejor armado que nosotros y el compromiso de todos en busca de un objetivo claro y común nos dota de una fuerza y determinación con la que no cuentan los demás equipos. Somos los grandes favoritos para ganar el campeonato, pero esto no va más allá de tratarse de un buen punto de partida. Son muchos encuentros, nadie está a salvo de un mal día y en el deporte no hay seguridades del tipo 2+2=4.
De todo eso y de mucho más hablaremos por este rincón que pretendo tenga algo de periodismo, bastante de cháchara, mucha opinión no siempre fundamentada, temas polémicos de esos en los que Epi no quiere entrar, humor, batallitas del Abuelo Cebolleta y todo lo que haga falta para que se convierta en un referente, algo que si no lo lees todos los días, vas a estar más fuera de juego que el bigotes. Palabra de palomero.

Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

El País

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