El Palomero

El joven Sabonis

Por: EL PAÍS

29 sep 2011

Todos seguramente hemos escuchado alguna vez una frase tipo “parece mentira, ayer le vi y estaba fenomenal”. No suele ser un buen augurio, pues el escenario que la provoca apunta hacia una desgracia. Algo así pensé hace unos días cuando leí que a Sabonis, el gran Sabas, le había dado un infarto durante o después de jugar un rato a baloncesto. Hace poco más de una semana que le pude ver en Lituania a propósito del Europeo, su aspecto era magnífico y su talante el habitual. Ya, ya sé que un buen aspecto y un talante reposado no elimina por completo la posibilidad de una avería en el motor, pero sí eleva la dosis de sorpresa ante un hecho de esta naturaleza. Pero es que además estamos hablando de Sabonis, el indestructible.
Me resulta hasta curioso que la imagen que guardo con mayor nitidez sobre Sabas no data de lo más cercano en el tiempo, ni en ella lleva la camiseta de los Portland Trailblazers ni tampoco la del Real Madrid. Siempre que su nombre sale a colación, mi mente viaja al año 85, a la disputa del Europeo de Stuttgard, Alemania. En aquel año, en aquel campeonato, Sabonis explotó de una forma no vista hasta entonces. Algo habíamos intuido tres años antes, cuando a la tierna edad de 17 años, formó parte por primera vez de la legendaria selección de la URSS de los 80. Pero ni en Colombia cuando fueron campeones del Mundo, ni en Francia cuando les ganamos en la semifinal gracias a un tiro final de Epi, había contado con minutos suficientes. Si los tuvo en el 84, donde la decisión de los soviéticos de hacerles la pascua a EEUU evitó su presencia en los Juegos de Los Ángeles, lo que he de reconocer que no nos vino nada mal y quien sabe si resultó crucial para que pillásemos una medalla de plata de la que algunos seguimos viviendo.
Al año siguiente en Alemania, Sabonis tenía ya 20 años y lo que hizo en la pista durante aquellos días resultó extraordinario. Tanto que puedo asegurar que no he visto en mi vida un jugador con ese talento y semejante futuro a tan tierna edad. Ni Petrovic, ni Kukoc, ni Gasol, ni nada por el estilo. 220 centímetros de altura y otros tanto de agilidad, coordinación, visión de juego, movimientos de pies, precisión de manos y pujanza física. Trituró uno tras otro a todos los equipos con los que tuvo que enfrentarse. Bueno, no a todos, que nosotros tuvimos el honor de ser los únicos capaces de derrotarles en la fase inicial, en un partido extraño en el que Antonio Díaz Miguel dio descanso a los jugadores más utilizados, puso de base a Vicente Gil y sorprendiendo a propios y extraños terminamos ganando a los todopoderosos. De poco nos sirvió después, pues al final la cagamos bien cagada en la semifinal contra Checoslovaquia, pero eso es otra historia que creo que ya está contada.
Recuerdo sobre todo un partido, la semifinal URSS-Italia. Más concretamente el primer tiempo, donde Sabonis pasó por encima a todos y a todo. Es probable que ahora no nos sorprendería ver un chaval de 2,15 llevando el contraataque por el centro de la pista para terminarlo o bien machacando la canasta o dando un pase por la espalda. Se lo hemos visto hacer a Gasol, por ejemplo. Pero es que estamos hablando de algo ocurrido hace 26 años, cuando los físicos y las habilidades tenían poco que ver con lo que estamos acostumbrados hoy en día. Entonces, un pivot valía para lo que valía y hacía lo que tenía que hacer. Estar casi siempre en la zona, coger rebotes y llegar el último en el contraataque. Aquello que hacía Sabonis no era normal. Reboteaba, pasaba, tiraba, corría, taponaba y encima tenía un punto de inconformismo y mala leche que le diferenciaba de la mayoría de sus compañeros, bastante más planos emocionalmente. Y no te digo nada con respecto a sus compañeros de posición, el inolvidable y bonachón Tatchenko y el irascible Belosteny. Igual es que el tiempo ha agrandado el recuerdo, pero juraría que en aquellos primeros veinte minutos de la semifinal Sabonis las metió de todos los colores, impuso el terror a los italianos y finiquitó el encuentro con muchos minutos de antelación. La impresión que me causó aquel día solo puede ser comparable a otra que tuve unos años antes en un torneo de juniors en Manheim con un jugador norteamericano que como Sabas, hacía de todo y lo hacía increíblemente bien. Su nombre, Magic Johnson.
Por cierto, aquel europeo terminó con una de las imágenes más escalofriantes que he tenido la ocasión de contemplar. La noche en que terminó el campeonato y al entrar en el hotel a altas horas de la madrugada, me topé con Sabas, Tachin y Belosteny despatarrados en unos sofás y con ciertas dificultades para articular palabra. Ver a estos tres gigantes de esa forma resultó tan cómico como impactante.
Muchas veces los aficionados o practicantes al baloncesto que vivimos aquella época hemos elucubrado sobre cómo hubiese sido la carrera de Sabonis si no se hubiese lesionado tanto y tan gravemente. Yo tengo pocas dudas al respecto. Creo que hubiese emigrado más o menos cuando lo hizo Fernando Martín, y su carrera en la NBA habría sido espectacular. Si ya cuando fue en la última fase de su carrera, con los pies machados por las operaciones, resultó dominante, qué no hubiese podido hacer sano y con 8 años menos. All Star seguro y en unas cuantas ocasiones y la inclusión por derecho propio entre los 4-5 grandes pivots de la historia.
No hace falta decir que le deseo a Sabas una recuperación total de la que por otro lado estoy seguro que logrará. Estamos hablando de un superviviente en mil y una batallas. Un tipo que aparenta cierta tosquedad en un primer encuentro pero que una vez que te tiene en su lista de gente en la que puede confiar, resulta encantador. El gran Sabas. Todo un mito.

El Madrid presentó la semana pasada a bombo y platillo su gran fichaje, de nombre Rudy Fernández. Hasta Florentino Pérez, su presidente, asistió al acto. En condiciones normales, el tanto a favor es indudable. Con una plantilla donde abundan los jugadores de clase media-alta , solventes pero no diferenciadores, resultaba perentoria la necesidad de completar su plantilla con uno de los pocos hombres accesibles de la superélite europea y supone un necesario salto de calidad si en tu lista de objetivos se incluyen títulos de enjundia como la Liga ACB o la Euroliga.
El Madrid lo andaba buscando hace tiempo, pero por unas cosas o por otras, llámese negativas o demasiados ceros en los contratos, hasta ahora no había logrado cumplir sus deseos. Los McCalebb, Teodosic, o gente así, capaces por su talento de llevarte a las más elevadas cotas de competitividad, no son piezas fáciles de cobrar, por lo que al final el Madrid se decidió por el producto nacional más renombrado, teniendo en cuenta que los Gasol o Calderón siguen habitando cómodamente en la NBA y Navarro es fruta prohibida.
Precisamente en el fichaje de Rudy, sospecho que el Madrid ve a su Navarro blanco. Un jugador capaz de que cuando llegan los momentos decisivos de las distintas competiciones, decir aquí estoy yo, cargarse al equipo a la espalda y llevarlo al éxito total. Un jugador con carisma y que alcanzada su madurez, lidere con garantías el enésimo proyecto. No seré yo quien diga que Rudy no está capacitado para ello, aunque siga pensando que Navarro sólo hay uno.
Hasta aquí todo resulta de difícil discusión. Ahora bien, como todos sabemos, el futuro blanco de Rudy no es tan claro como el color de su camiseta. Las posibilidades son diversas, y no todas favorables a su contratación. Van desde que Rudy no vuelva a EEUU como ya se ha insinuado, hasta que vaya y no vuelva en un futuro a corto plazo. Entre medias, una obligada marcha a mitad de temporada o la seguridad de que pase lo pase en esta temporada, que a partir del verano postolímpico de 2012, Rudy sea madridista para los próximos años. Siendo tan amplio el abanico de posibilidades, esta es una película a la que habrá que esperar a su final para poder decidir sobre su calidad
A mí hay cosas que no terminan de encajar. La primera que no creo que el lockout de la NBA dure toda la temporada. No están las cosas como para que clubes y muchos jugadores de esos que no entrarían en la categoría de ahorradores lo puedan soportar. Tampoco me cuadra mucho que una vez reiniciada la NBA, Rudy se quede por aquí. Quizás si hubiese seguido en Portland, donde no ha sido debidamente explotado y tampoco se ha sentido muy a gusto, entendería su renuncia (siempre que se lo permitiesen, pues se ponga como se ponga los derechos son los derechos) y los suyos hasta el 2012 están en América. Pero es que ahora estamos hablando de Dallas, del campeón, de un equipo mucho más estable y donde parece que Rudy puede ganarse un puesto de importancia. Supongamos que Rudy resulta convincente en Dallas y le ponen una millonada en una nueva propuesta de contrato. Uff, qué dilema. Con lo cual llegamos al verano que viene. Y aquí me surge la pregunta clave. ¿Ha asegurado Rudy al Real Madrid que pase lo que pase pueden contar con él para la temporada 12/13 o simplemente los términos se quedan en que cuando sea la fecha de vuelta, el 2012 o el 2018, el Madrid será su equipo de acogida?.
Hasta ahora y siendo positivo, el Madrid, a la espera de un sospechable pero incierto futuro tiene en sus filas a un gran jugador y se ha asegurado que sea cuando sea, el futuro de Rudy es blanco. Por otro lado y dado que seguro que Rudy no cobrar en miles sino en millones, el desembolso económico hace entender que el club blanco quiere potenciar su sección de baloncesto, cuestión eternamente puesta en entredicho ¿Suficiente para soportar una situación tan especial como quedarte sin tu jugador bandera a mitad de temporada?. ¿Soportable ante una posible espera de varios años?
Yo creo que sí. El riesgo es evidente pero era el momento de arriesgar, y más si cabe cuando el Barcelona no era ajeno a este culebrón. Navarro, siendo una pasada, no es eterno, y el nada descartable fichaje de Rudy por el Barça otorgaría una línea de continuidad a los azulgranas, dominadores del baloncesto español en los últimos años.
Existen muchas voces que consideran el éxodo temporal de jugadores NBA hacia Europa mientras dirigentes y sindicatos no terminan de entenderse como una limosna que no traerá nada bueno. Puede que sí pero también puede que no. Aunque sea remota, la posibilidad de que la NBA no abra sus puertas en toda la temporada aun improbable no es imposible, y esto daría paso a un excepcional, irrepetible e histórico curso baloncestístico. Y tampoco está el baloncesto europeo como para aunque sea durante unos meses, apoderarse del foco de atención.
Por último una duda existencial. Si Rudy tiene que marchar a Dallas, ¿le despedirá el Madrid con un “que te vaya bien”? Toda una paradoja ¿no?

Punto final

Por: EL PAÍS

20 sep 2011

De vuelta a casa, es tiempo de pasar página con un último vistazo a lo ocurrido en el Europeo, que ha sido mucho y casi todo bueno. Haremos un clásico, 10 apuntes, que así la cosa es más ligera, que ya llevamos mucha traca tanto los que escriben como los que leen. Vamos por ello.
1. España arrolla. Ya está casi todo dicho. Su oro es indiscutible, por juego, talento, estética y ambición. El dominio ha sido total y absoluto y aunque la costumbre puede convertir lo excepcional en rutinario, ver como hemos demolido uno a uno a todos los grandes equipos del campeonato por diferencias en algún caso escandalosas no hace sino confirmar que nos encontramos ante un colectivo legendario. La pregunta ya no es si esta España es la mejor España de todos los tiempos, cosa que no admite duda, sino el lugar que ocupa entre los grandes europeos de toda la historia. Con eso está todo dicho
2. Macedonia sorprende. Todos hemos sido macedonios durante un rato en este torneo. Su sorprendente presencia en los cruces, el triunfo ante Lituania y los apuros de España y Rusia nos llegaron al fondo del corazón. Yo me voy con dos ídolos más a tener en cuenta. Uno, McCalebb, tremendo jugador bajo todos los puntos de vista. Efectivo, eficaz y espectacular en sus entradas a canasta, donde te ponía los pelos de punta al verle irse como un tiro contra mastodontes de mas de 2,10. El otro, bordeando lo cómico, fue Chekovski, su número 14, todo un prodigio de voluntariedad ausente de acierto, sobre todo en sus lanzamientos de tres puntos, que no metía uno ni por casualidad y aun así seguía lanzando.
3. Los árbitros no deciden. Su influencia en el campeonato fue nula, lo que es lo mejor que se puede decir de ellos. Con el listón bastante permisivo en cuanto al baloncesto de contacto se refiere, no otorgaron ventaja alguna al equipo anfitrión y en ningún encuentro tuvieron incidencia en sus desenlaces. Estoy seguro que ningún equipo tuvo en ellos ni ventaja ni coartada para justificarse, lo que me parece relevante.
4. Francia respira. En el mejor torneo que se le recuerda, Francia fue justo finalista pero sus indisimulados fracasos con España les colocan todavía a una buena distancia de los nuestros. Su no comparecencia en el partido del grupo hizo, con razón, que les cayera la del pulpo, pero esto no empaña que poco a poco los esfuerzos de Toni Parker van dando sus frutos. Por cierto, Parker llegó algo justo de fuerzas a la final, donde a partir del tercer cuarto fue borrado del mapa por nuestros aguerridos bases defensores. Creo firmemente que Francia sufre un ataque agudo de españomieditis. Ven a los nuestros enfrente y se les va el oremus.
5. Serbia se estanca. Creo que la mayor decepción que me he llevado en este campeonato ha sido con Serbia. La generación que apuntaba tan alto hace dos años se ha estancado por completo, hasta el punto que no sabremos nada de ellos hasta dentro de dos años. Ni individual ni colectivamente se les ha apreciado progreso, dependen en exceso de un jugador algo inestable como es Teodosic y los Keselj, Bjelica o Perovic no mostraron consistencia alguna.
6. Kirilenko resucita. No suele ser santo de mi devoción, será porque un tipo que pone AK47, el nombre de un fusil, en sus botas no me despierta excesiva simpatía, pero he de reconocer que he visto espléndido a Kirilenko, casi mejor que cuando se llevó el MVP en el Eurobasket de Madrid. Potente, solidario, luchador, se pelea fue constante y resultó fundamental para el bronce de una Rusia que al final se quedó algo corta para lo que su potencial humano y sobre todo físico hacia entender. Si el calendario no les juega malas pasadas, no creo que tengan excesivos problemas para lograr el pase en el Preolímpico.
7. Lituania naufraga y su publico se lo perdona. El fracaso de Lituania fue indudable, pues se quedó muy lejos, en cuartos, y ante una selección aparentemente menor. Lo que le puso ante una realidad, su equipo dista mucho de otros anteriores, jugó al borde de un ataque de nervios y está demasiado lleno de jugadores intrascendentes. Su gran esperanza, Valenciunas, cumplió y mostró detalles de futura estrella. Todo lo deficiente que fue el comportamiento lituano fue perdonado por un público fiel que no se lo recriminó y le siguió apoyando hasta el final. Lituania respira baloncesto y aunque la organización no fue ni mucho menos de diez, demostró su amor por este deporte.
8. Largo como un día sin pan. Al campeonato le sobró más o menos una semana. Este proceso emprendido por las instituciones rectoras de ir aumentando equipos y días de competición se hace difícilmente digerible. Todo podía ser más directo, mas concreto y con menos fases, lo que no iría en detrimento del número de partidos atractivos. Para los grandes aspirantes al título ocho partidos para casi empezar de cero otra vez en los cuartos no parece el mejor sistema. Pero incluso con su exceso de duración, ha sido un campeonato de notable alto.
9. Otros grandes derrotados. Además de la ya nombrada Serbia, Turquía y Alemania fueron los grandes damnificados. Los primeros porque son los actuales subcampeones del Mundo y su torneo ni hizo ni de lejos honor a esta condición. Pero viendo como se manejan y la anarquía que reina de la mano de gente como Turkouglu, pues entiendes mejor su fracaso. En cuanto a Alemania, no por esperado deja de ser noticia que Nowitski no podrá competir en los Juegos del año próximo, sus últimos posibles, de ahí la enorme decepción que se llevó Dirk. Que dicho sea de paso, no hizo un torneo especialmente lucido ni mucho menos.
10. Londres 2012. Sólo un hito le queda para cerrar el círculo del impresionante palmarés de nuestra selección y no es otro que el oro olímpico. Por lo que me contaron en la fiesta de celebración, los jugadores españoles lo tienen entre ceja y ceja desde la final de Pekín. Mientras celebramos el nuevo éxito, una nueva ilusión aparece en el horizonte. ¡Tiembla Kobe!
Pues esto ha sido todo amigos. En breve volveremos a nuestra rutina habitual y a hablar de otras cosas de la vida,que haberlas haylas. Que seáis todo lo felices que os dejen los mercados.

Macedoniazo

Por: EL PAÍS

14 sep 2011

Vaya, vaya con Macedonia. Todo el mundo dándole vueltas a la semifinal contra Lituania, España con la mosca detrás de la oreja por tener que jugarse el pasaporte a los Juegos con el equipo local (nunca es plato de sencilla digestión) y los franceses haciendo el ridículo en aras a evitarla, y viene un equipo desconocido de un país sin mayor tradición baloncestística que la que le da el ser una república surgida de la antigua Yugoslavia y cuyos únicos jugadores algo reconocibles son el tremendo Bob McCalebb (¿no le podría fichar el Madrid?), Antic (cómo se parece a Goyo Jiménez después de machacarse en el gimnasio durante un año) e Ilievski (ex del Barça y Tau y al que le tocó el honor de clavar el triple decisivo) y ponen el torneo patas arriba. El mérito de Macedonia es tremendo, el respeto que merecen por hacer lo que están haciendo debe ser total, pero qué queréis que os diga, el alegrón entre las huestes españolas que ahora mismo circulan por Kaunas ha sido grande. Sospecho que por partida doble.
La primera razón resulta obvia. El panorama para el equipo español se ha dulcificado de forma evidente. El incómodo partido ante los anfitriones (a pesar de haber mostrado una buena dosis de debilidad a lo largo del campeonato no deja de ser un colectivo que al amparo de su afición te podría poner en dificultades) ha dejado paso a un compromiso bastante más plácido a priori, sin ventaja de campo y frente a un equipo que lo está bordando pero que puestos a comparar con todo lo que tiene España, se antoja limitado. Vale que igual lo mismo pensaron lituanos, rusos y otros más que las han pasado canutas o han sido doblegados por los aguerridos macedonios, pero es que España es otra cosa. No me los imagino capaces de parar todo lo que tenemos, dentro y fuera, delante y detrás. Como bien ha demostrado Macedonia a lo largo del Europeo, una cosa es lo previsto y otra la realidad que muestra la cancha, pero sinceramente, en esta ocasión, estoy convencido que su feliz travesía llegará a su final el próximo viernes.
El segundo motivo de satisfacción tiene que ver no con el futuro de España, sino con algo que sin influir en nuestro discurrir, sí que nos irritó un poco. Me refiero a lo que ocurrió en el partido ante Francia. El comportamiento de entrenador y jugadores franceses no pareció de recibo, esa torticera forma de afrontar el resto del campeonato haciendo cábalas no gustó un pelo y claro, cuando te la juegas de esa forma y la jugada sale mal, pues los que no están de acuerdo con ella no dejan de sentir una íntima satisfacción que a veces expresas y otras te la guardas para ti por puro decoro. Puedo asegurar que ayer en el pabellón y mientras la tan escasa como entusiasta afición de Macedonia celebraba junto a sus jugadores el hito histórico que acababan de conseguir, las menciones sobre Francia resultaron numerosas. Y no te digo nada en twitter, territorio abonado para algún que otro “que les den”.
Una vez más se ha demostrado que con estas cosas resulta peligroso jugar. En su afán por evitar a Lituania, Francia eligió un camino bastante árido, pues le esperan a partir de hoy Grecia y el ganador del Rusia-Serbia, que no son moco de pavo. Quitando a España, casi toda la aristocracia europea. Para los nuestros, en cambio, los Juegos de Londres se han quedado a una victoria sobre Eslovenia (ya conseguida claramente) y otra sobre Macedonia. Vamos, que intentando coger una carretera con menos baches, al final el que está pudiendo ir por una buena autopista está siendo el equipo español. Me alegro que haya ocurrido, no porque tenga algo en contra de nuestros vecinos franceses, sino porque además de bonificar a España, el único que buscó la victoria, vuelve a poner de manifiesto que estos tejemanejes se pueden volver en tu contra y casi siempre no merecen la pena, más si cabe cuando te obligan a hacer cosas tan raras y poco gratificantes como lo que vimos el pasado domingo.
Total, que la jornada resulto redonda. España, sustito inicial incluido (bien resuelto según el tal Iturriaga en su artículo en el periódico de hoy ) terminó apabullando a Eslovenia, al que ni siquiera la buena planificación inicial de Maljkovic (ves Boza, a veces también hablo bien de ti) le salvó de que la lógica se impusiese rotundamente y Macedonia remató la jornada con un auténtico y genuino Macedionazo. Eso sí, me dio un poco de pena ver caer de esa forma a Lituania, que jugó al borde de un ataque de nervios durante todo el partido. ¡Qué dos balones perdieron en el último minuto!. Y vaya decisión del entrenador de jugarse todo a un triple cuando podían haber optado por algo menos drástico como una pelota interior buscando canasta o personal. Pero no era el día de casi nadie y este país donde el baloncesto está tan arraigado, se llevó un soponcio. Me gustaría que al menos lograsen clasificarse para el preolímpico, que no está fácil y tendrán que empezar este misma mediodía, a las 14.30 creo, dieciséis horas sólo después de una enorme decepción. El calendario suele ser cruel con el perdedor.
Pues nada, bien contento me despido. Mañana más.

Cuando Kaunas estaba a oscuras

Por: EL PAÍS

13 sep 2011

Por las circunstancias que sean, cuando has tenido la fortuna de viajar mucho, quien más y quien menos tiene su lista de lugares favoritos. Mientras cruzo Europa a los habituales 900 km/h y 8.000 pies de altitud (creo que ahora mismo nos acercamos a Luxemburgo) y repaso la mía (ya estamos encima de Luxemburgo) confirmo una vez más que Kaunas (ya hemos pasado Luxemburgo) no figura ni siquiera en mi Top 50 (qué pequeño es Luxemburgo). La verdad es que no me extraña, pues mis dos o tres visitas allí distaron mucho de ser agradables bajo ningún punto de vista.
Viajar a Kaunas era un suplicio. Primero por el traslado, largo, eterno. Estamos en los 80 y eso de hacer un Frankfurt-Vilnius como el que voy a realizar yo dentro de unas horas era imposible. Lituania era un componente más de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, más conocida como la URSS (o CCCP, que entendimos que era lo mismo, pero en ruso) y por ello había que pasar primero por Moscú. Cualquiera que tenga el mapa de esa zona en la cabeza verá que hay que desviarse un huevo. Tanto que hacía imposible el realizar el viaje en un solo día, a pesar de que solíamos salir bien pronto por la mañana de Madrid, lo que no ayudaba mucho a la consideración que tenía yo de aquel desplazamiento a tan remoto lugar. Los partidos de Copa de Europa solían ser los jueves, por lo que el martes por la noche llegábamos a Moscú, tardábamos lo que no estaba escrito en pasar el control de pasaportes, dormíamos lo justo y a la mañana siguiente a una hora infame (entre las 5 y las 7 de la madrugada, porque esas horas son madrugada) teníamos el placer de formar parte del pasaje de vuelo interior Moscú-Vilnius. Toda una experiencia. En ese trayecto llegamos a viajar con gente que portaba entre su equipaje de mano de un par de jaulas con gallinas. Lo juro por los 3,5 millones de puestos de trabajo que trae González Pons debajo del brazo. Para cuando llegabas a Vilnius ya estábamos hechos unos zorros (además de desprender cierto olor a gallinácea) pero todavía faltaba la última etapa, un poquito de autobús, un par de horitas. Total, que cuando entrabas finalmente en el hotel te entraban ganas de hacer como los papas cuando llegan a un país, besar el suelo.
No, no solíamos salir a dar una vuelta por la cuidad. Yo al menos no recuerdo haber dado ninguna. Ya, ya sé que esto dice poco de mi curiosidad turística, pero es que en aquellos años las ciudades soviéticas que visité, en su mayoría era bastante deprimentes. Hacía mucho frío, a las cuatro de la tarde ya era de noche, la gente distaba de ser un derroche de simpatía y la iluminación de las calles dejaba bastante que desear, por lo que el cuadro final era bastante poco sugerente y menos si llevabas una paliza en el cuerpo en forma del viaje interminable y al día siguiente te esperaba en un pabellón de baloncesto otra tortura. Porque he de reconocer que yo veía aquellos partidos como un suplicio. No chino, sino lituano.
El particular universo lingüístico del inigualable y siempre echado en falta Andrés Montes nos ha dejado un montón de perlas a la hora de concretar con unas cuantas palabras -que no necesariamente tenían que formar una frase- personalidades, formas de entender la vida y el deporte o simplemente originales radiografías de un determinado tipo de jugador. Así, formar parte del Consejo de Administración de los Gepetto Brothers significa que tu muñeca tiene la flexibilidad de una madera, con el consiguiente riesgo de ruptura de aro o tablero cuando lanzas un tiro libre y ser miembro del club del Chupa Chups te indica que estamos ante un jugador que no fue a clase el día que se enseñaba el concepto de trabajo en equipo. Una de sus denominaciones más célebres es la de “raza blanca tirador” en la que se engloba todos aquellos jugadores que ante la clara superioridad física de los jugadores de raza negra, hacían carrera como grandes tiradores de distancia. Antes de que Andrés saliese con esto, unos cuantos ya sufríamos con la concentración de “raza blanca tirador” que se estaba produciendo en Kaunas donde el Zalghiris, discutía con el TSSKA de Moscú la supremacía baloncestística de la URSS

Fresquitos y descansados, una auténtica y despiadada banda de tiradores superlativos te esperaba esos jueves por la noche. Los mas ilustres en aquellos años 80 y protagonistas de alguna que otra pesadilla fueron Valdemaras Homicius, Rimas Kurtinaitis y Sergei Ioavisha. Cada uno era de su padre y de su madre, diferentes en físico, actitud y mecánica de lanzamiento. Homicius tenía un tiro extraño, sacaba la pelota desde detrás de la cabeza y el vuelo de la bola era rasante, desafiando las leyes de la física que aconsejan un arco un poco más elevado. Kurtiniaitis, Kurti cuando te dirigías a él suplicando que dejase de enchufarlas, era pura ortodoxia. Ese ángulo recto que formaba con el brazo y la facilidad para lanzar desde 8 metros sin aparente esfuerzo resultaba demoledora. Y luego estaba Iovaisha, con su físico aparentemente enclenque, largos y desgarbados brazos y una cara de no haber roto nunca un plato. Un tipo que invitaba a llevarle a un bar y comprarle un bocata de jamón. Pero toda esa corriente de simpatía terminaba cuando veías que detrás de su apariencia bonachona se escondía una puntería desesperante desde cualquier zona de la cancha. Si con estos tres no era suficiente, pues luego andaba por allí un chavalín alto al que no se le daba mal del todo este deporte. Un tal Arvidas Sabonis. Pero de verdad, yo a Sabonis le veía más como problema de los Fernandos, Martín y Romay. A mí los que me quitaban el sueño eran los francotiradores. El caso es que entre unos y otros, no salimos vivos de allí ni una sola vez. Creo que es de los pocos sitios, si no el único, donde jugué varias veces y nunca pude ganar.
Después de partido y con un buen mosqueo encima, un ratito de cama y otra vez de madrugada, recién puestas las calles, autobús, avión 1 hasta Moscú con posibilidad de compartir asiento con animales de granja, avión 2 hasta Frankfurt o Ginebra más mosqueado todavía si te habían pillado el caviar que intentabas pasar por la aduana y se lo habían quedado ellos y avión 3 hasta Madrid. Total, 4 días de tu vida de un lado para otro para no sacar nada a cambio salvo el dolor de espalda y piernas de ir encogido horas y horas. Porque claro, las salidas de emergencia eran para los pivots y a los aleros altos, poderosos y rápidos como una centella como era yo, que nos den.
Supongo que ahora entenderéis que no esté dando botes en el avión por volver a Kaunas. Pero dado que hace ya unos años que dejé de ser un apenado para convertirme en alguien al que crucifican y se pone a cantar “Always looking the bright side of life” (toma ya, impresionante metáfora que me ha salido, y se me ha ocurrido a mí solo) pues busco y encuentro motivos suficientes como para disfrutar de esta vuelta 23 años después de mi última visita. A saber:
1. No tengo que pasar por Moscú.
2. Según me cuenta, han encendido las luces de Kaunas y todo se ve de otra forma.
3. No voy a tener a Sabonis, Kurtiniatis, Homicius o Iovaisha delante salvo que nos vayamos a tomar una cerveza (joder, me acaba de dar la azafata la clásica toallita húmeda y la han debido tener metida en un horno crematorio, me he quemado la mano al cogerla)
4. España tiene muchas posibilidades de quedar campeón y lo podré ver en directo
5. Me voy a reencontrar con Epi, que cada día se parece más a Nicolas Cage
6. Los lituanos son altos, espero encontrar ropa de mi talla fácilmente.
7. Las lituanas son altas también.
8. Un Europeo a ocho como el que empieza hoy debería ser apasionante.
9. Voy a tener tiempo para seguir disfrutando de la biografía de Keith Richards y todavía me quedan cuatro capítulos por ver de la excelente serie inglesa The Hour (además de los últimos Breaking Bad y Weeds)
10. No hay diez. Con nueve ya son suficientes
Pues nada, que estamos llegando ya. Hombre, la previa del España-Eslovenia, no me ha salido muy técnica. Pero seguro que por ahí hay grandes análisis (y lo digo sin coña) de este trascendental partido. A mí la verdad no me quita el sueño. Tal como está España y tal y como está Eslovenia, no contemplo otra cosa que una victoria. Evidentemente y como muy bien dice el tópico, todo puede pasar, y el equipo español haría mal en confiarse ni un pelo (que no lo van a hacer) pero los aficionados sí podemos permitirnos un exceso de optimismo. Y si luego sale cruz, pues que nos quiten lo bailado.
Anda, ahora que me acuerdo, Maljkovic me puso a parir en una entrevista. Bueno, lo dejaré para la tele, que por hoy ya vale. No sabe Boza con quién se ha metido. Mi venganza será terrible (se escuchan de fondo risas del Doctor Maligno)

Todo en orden

Por: EL PAÍS

11 sep 2011

Llegados a este punto, tranquilidad. El miércoles llega el (primer) día esperado y salvo que Eslovenia o Finlandia den una buena campanada, el viernes nos jugamos los Juegos Olímpicos. Desde el 27 de Julio que se concentró la selección, han sido mes y medio de entrenamientos, viajes, partidos amistosos, una primera fase con exhibición y traspiés y una segunda donde el equipo ha ido afinando la sinfonía. Total, 49 días y 16 partidos de preparación para los días D1 y D2. Ya era hora
No es ningún secreto que por lo visto hasta ahora, España es el mejor equipo de este Europeo. Nada nuevo bajo el sol. La calidad de su juego en varios partidos, sobre todo ante Lituania y Serbia, está fuera del alcance del resto, lo que confirma la sensación que un buen rendimiento asegura la victoria, independiente del rival en cuestión. Ahora bien, si en una liga seríamos campeones seguro, los mecanismos de los torneos dejan en suspenso todo a la espera de lo que ocurra en los cruces. España es la mejor, pero un mal día en la semana que hoy comienza le manda a casa.
Por tanto y a la espera de confirmación, debemos conformarnos con el superávit de buenas noticias con respecto a las no tan buenas. La más importante, nuestra tripleta de lujo formada por los Gasol Brothers y Navarro están finos, muy finos. La seguridad con las que están jugando, la regularidad en sus registros, la confianza que trasmiten son de tal calado que simplemente el pensar que lo más lógico es que se mantengan en esta línea no lleva a otro estado que el de máxima confianza. Lo de los Gasol es todo un lujo. Su talento, su ya conseguida coordinación y unos números que asustan a cualquiera conforman una base de actuación sólida. Nos dan puntos, rebotes, intimidación, liderazgo y seguridad. Ninguna selección puede presumir, en una zona del campo vital como son los aledaños del aro, de una pareja tan solvente y resolutiva. El peligro que provocan obligan a un gran esfuerzo a los contrarios y liberan de carga defensiva a los hombres exteriores, que se pueden aprovechar de la atención preferente que provocan. Los movimientos de balón dentro-fuera están siendo fluidos y si no estamos sacando más rendimiento al tiro exterior es más por falta de puntería o confianza en alguno de los pequeños que por las dificultades que nos están planteando las defensas. El buen partido de Rudy en el simulacro de enfrentamiento ante los franceses es una buena noticia, pues llegará el momento en el que Navarro necesitará ayuda. Lo mismo se puede decir de Calderón, que salvo el día de Lituania, no está viendo el aro demasiado grande.
La rotación se ha ido limitando poco a poco, cosa lógica cuando el campeonato se va acercando a su resolución. El gran rendimiento de los Gasol ha ido en detrimento sobre todo de Ibaka, al que no se le acaba de ver cómodo con menos minutos de lo esperado. Felipe, en cambio, no entiende de tiempos y lo poco que juega lo aprovecha al máximo. En cuanto a los Llull, San Emeterio y Ricky, al primero le observo algo ansioso y un poquitín acelerado en busca de su juego, San Emeterio mantiene el tipo y lo de Ricky, lo de Ricky da para un libro. Negado en cuestiones relacionadas con el aro, intenta cumplir con su papel de agitador. A veces lo consigue y otras no, parece más cómodo cuando coincide con Llull y desde luego su labor defensiva está por encima de su aporte en la otra canasta. Sergio Scariolo mantiene su inquebrantable confianza en él, insiste en que hay muchas más cosas que la pura anotación y hasta es capaz de darle mando en plaza durante el último cuarto ante Alemania. Aún sin transmitirme buenas sensaciones, al menos se le ve algo menos rígido y atormentado, lo que resulta fundamental para la ligereza de su juego.
Hasta ahora los supuestos problemas causados por nuestra desventaja física en algún puesto no han sido tales. Ni los treses altos, ni la carga en el rebote ni las defensas agresivas nos han hecho pupa alguna más allá de alguna situación puntual. Salvo la falta de puntería, remediada en buena parte por nuestro demoledor juego interior, casi nada de lo planteado por los rivales nos ha distraído y ciertos bajones en el juego parecían más achacables a descensos en la concentración que a otra cosa.
En definitiva, que parto mañana para Kaunas casi sin fantasmas en la maleta. España ha hecho la mayoría de sus deberes y no veo mayor obstáculo en el camino que la más que probable semifinal ante Lituania el próximo viernes. Pero hasta entonces habrá cosas que contar. Mientras tanto, a disfrutar de un equipo que seguirá siendo, mientras no se demuestre lo contrario, todo lo confiable que se puede ser cuando estamos hablando de deporte.
Buena semana a todos.

Una enorme (y excepcional) pájara

Por: EL PAÍS

05 sep 2011

Con la confianza supuestamente por las nubes y la guardia bajada en exceso, España sufrió un sofocón inesperado. Menos de 24 horas después de asombrar por su estratosférico partido ante Lituania, la selección española de baloncesto volvió a hacerlo, pero esta vez por el motivo contrario. Tanto lo uno como lo otro rozaron lo excepcional, por lo que de inmediato surge la duda de con qué quedarte. La España sublime que apabulló a los animosos anfitriones o la España incapaz de meter más de dos míseros puntos en todo un cuarto ante el casi siempre errático equipo turco, que hasta que el equipo español entró en coma profundo dio muestras de sentirse suficientemente satisfecho con el regalo que le hizo Gran Bretaña al vencer a Polonia y evitar que a estas alturas estuviesen llegando de vuelta al aeropuerto de Estambul con las orejas gachas y una condena de dos años de exclusión en las grandes citas baloncestísticas.
Como parece evidente que el potencial español se encuentra más cercano a lo positivo del domingo que a lo negativo del lunes, todos nos preguntamos qué es lo que pudo ocurrir en el encuentro de ayer. El despropósito fue de tal calado que no sólo se produjo debido a una única causa. El camino más directo hacia la explicación pasa por la ausencia de Pau Gasol. La razonable decisión de no forzar su maltrecho tobillo en aras a una mejor y más rápida recuperación de cara a compromisos más determinantes trajo consigo una nueva demostración del peso específico que tiene Pau en este colectivo, lo que desde luego no es nada nuevo. Sin él, España pierde puntos, rebotes, liderazgo, ascendencia, veteranía, poder intimidador y un montón de cosas más. La Paudependencia es obvia y pese a que a veces lo vemos como un defecto, no deja de ser la consecuencia lógica de tener la suerte de contar en nuestro equipo con un jugador superlativo como él. Estamos hablando de España, pero hay que recordar los efectos devastadores que tuvo en los Lakers su bajón de juego durante los playoffs. Pau es mucho en cualquier sitio, y que el equipo acusase palmariamente su no concurso entra dentro de lo esperable. Pero la cosa fue bastante más allá, por lo que este importante hecho se queda algo corto como único argumento que argumente una vuelta de calcetín tan radical.
El andamiaje sobre el que España edificó su gran triunfo sobre Lituania se vino abajo sin dejar ladrillo sobre ladrillo, salvando quizás a Felipe Reyes, el único jugador reconocible. Desde los bases a los pivots pasando por los aleros, desde la defensa al ataque pasando por la ausencia de rápidas transiciones, todo fue pastoso y contemporizador. Aún así y jugando al tran tran, sin ritmo ni tino, España tenía el partido controlado hasta el último cuarto, cuando se hizo de noche para no amanecer. Aun con problemas de ritmo y puntería, sufriendo el juego a rachas de impulso individual de algunos jugadores turcos y metidos en una rotación donde lo que entraba no producía variación alguna respecto a lo que salía, el partido parecía capaz de solventarse, lo que ya de por sí era todo un éxito. Pero hasta para el equipo más experto en sobrevivir en un día donde ni la cabeza ni las piernas funcionan como debieran, el fundido a negro de todo un último cuarto resulta insalvable. Afortunadamente esto es un campeonato de baloncesto y no una vuelta ciclista, por lo que el pajarón se salda con una derrota y alguna duda, no con la perdida definitiva de nuestras aspiraciones.
La excepcionalidad de lo ocurrido me hace proclive al optimismo y me inclina a no sacar demasiadas conclusiones, aunque algunos de los problemas que se vieron nos retrotrajeron a cuestiones que parecían haber pasado a la historia con la exhibición ante Lituania. Lo de siempre, la inferioridad física ante gente exterior como Turkouglu o Predlzic, la falta de aporte de los jugadores de banquillo o la vuelta a los porcentajes mediocres entre otros. Será casi imposible que las circunstancias que confluyeron ayer se vuelvan a repetir (poco tiempo de recuperación, ausencia de jugador bandera, pésimo rendimiento del 90% de los jugadores) por lo que me inclino a pensar que esta inesperada derrota (en el qué y en el como) no debería ir más allá de un traspiés que sin duda complica el camino pero ni mucho menos lo entorpece lo suficiente como para dejarse llevar por cuestiones de mucho calado.
Me parece que llegados al punto en el que se encuentra esta generación, curtida en mil y una batallas y sabedora mejor que nadie de los entresijos de un campeonato, los partidos suelen estar marcados con colores. El de Lituania lucía claramente un redondel rojo que alertaba de su importancia práctica y anímica. Una vez liquidado, el de Turquía y las circunstancias previas que lo condicionaron lo acabaron convirtiendo en un día amarillo a secas, uno de esos en que te está permitido ir simple y llanamente a lo práctico, sin florituras ni alardes y también sin exponer riesgos más allá de lo imprescindible. Lógicamente esta consideración tuvo su efecto en concentración y actitud, provocando un peligro de derrota que durante tres cuartas partes se controló pero que terminó por engullirles.
Tomando en conjunto los dos partidos se confirma la teoría. España jugando a un buen porcentaje de su capacidad resulta inaccesible para la mayoría. La España a bajas prestaciones que ayer vimos en una sorprendente versión ramplona y desacertada se convierte en pieza tan batible como cotizada por su nombre e historial. Creo que seguimos más cerca de lo primero que de lo segundo.
El campeonato sigue y mañana toca Alemania. O sea, Nowitzki. No parece mal rival para volver a recomponerse. Una cosa me juego con quien quiera. Lo de ayer, no lo volvemos a ver en todo el campeonato. Seguro. Palabra de palomero.

3 de Septiembre de 2006

Por: EL PAÍS

03 sep 2011

El negro Montes no paraba de pegar gritos y yo tenía un nudo en la garganta. Muy cerca de nuestra posición de comentaristas se iban amontonando los jugadores de la selección española de baloncesto para recibir medallas y la Copa que les acreditaba como nuevos campeones del mundo (copa que por cierto terminó levantando por primera vez Pau Gasol en lugar del capitán Carlos Jiménez). Sí, campeones del mundo. Cinco años después ya nos hemos acostumbrado, vamos, que hasta lo somos de fútbol, pero aquel día, aquel día lo que estaba ocurriendo en aquel pabellón de Saitama, a una hora de metro del centro de Tokio, parecía irreal.
Hoy se cumple el quinto aniversario y qué menos que aprovechando además que estamos en día de descanso competitivo, echar un poco la vista hacia atrás y revisar de nuevo y con todo el placer del mundo lo ocurrido en aquellos últimos días de Agosto y principios de Septiembre de 2006. Porque fue tanto y tan bueno lo que se vivió, tan intensas las emociones y tan sorprendente el desarrollo y resultado que para los todos los que lo disputaron, para los que tuvimos la suerte de ir a contarlo, y para los millones que terminaron enganchados a su seguimiento, resulta uno de esos recuerdos que ni siquiera los estragos que hace la memoria con el paso de los años debería hacer olvidar.
Pasado este primer lustro, sigo sin encontrar un guión mejor para un película deportiva como la que vimos en Japón. La comenzamos con cierta prevención, como a verlas venir. Los protagonistas principales ya habían demostrado anteriormente que formaban un grupo capaz, pero en Indianápolis durante el Mundial 2002, en los Juegos de Atenas de 2004 o en el Europeo de 2005, siempre se había cruzado algo que terminaba derribándonos. Buenas películas en su inicio con flnales decepcionantes. En Japón el inicio fue el habitual. El grupo de Hiroshima fue arrasado por un juego espectacular, en lo práctico y en lo estético. De aquellos días en la sufrida Hiroshima recuerdo cómo después de cada partido subía Pau Gasol hasta un pequeño set de televisión montado en una de las bocanas del pabellón y asistíamos divertidos a las surrealistas entrevistas que le realizaba Andrés, capaz de comenzarlas, después de ganar a la Alemania de Nowitzki con un , “bueno, Pau, y en el hotel, la comida bien ¿no?”. Pau le miraba con una media sonrisa y contestaba con la mejor de las disposiciones, seguramente pensando por donde le iba a venir la siguiente cuestión.
Volamos (en tren bala) a Tokio y comenzaron los cruces. Primero cayó Serbia, luego Lituania, al que le pasamos por encima sin ningún miramiento. Quedaban dos pasitos. Bueno, dos pasazos. Argentina y EEUU. O al menos eso creíamos todos viendo que los yanquis se habían traído a gente como Lebron James o Dwayne Wade, entre otros artistas. El 3 de Septiembre, domingo, día que hoy recordamos, es el que ha pasado a la historia, pero esa historia no se podría contar sin tener en cuenta lo que ocurrió dos días antes en dos partidos singulares, dramáticos, sorprendentes. El primero fue el EEUU-Grecia. Siempre he sido fan de la competitividad de la Grecia baloncestística desde la generación de Gallis, Iannakis o Fasoulas, aquella que en el Europeo del 87 fue capaz de derrotar en una legendaria final a un URSS inmensa de talento baloncestístico. Pero ese día en Japón, la mousaka pasó a formar parte definitivamente de mis comidas favoritas. Lo que hicieron Papaolukas y compañía con el equipo estadounidense fue de libro. Aguantaron el chaparrón y a partir del tercer cuarto comenzaron a explotar los muchos defectos colectivos que tenía EEUU para terminar dando una exhibición. Aquel día, Schortianitis se incorporó al altar de mis favoritos y mientras se retiraban a los vestuarios, los unos más felices que unas perdices y los otros con la cabeza gacha, todos estábamos pensando que el cielo se nos había abierto de par en par. El camino hacia el campeonato ya no era una quimera a la espera de la heroicidad que siempre resulta ganar a EEUU. No, ahora sólo quedaba Argentina y Grecia. Difíciles, sin duda, pero ni mucho menos imposibles.
Lo mismo debió pensar Argentina, pues salieron con el cuchillo entre los dientes, sabedores que la mejor forma de parar a España y su vivaz juego era proponer un encuentro duro, muy físico, sin dejar que cogiese ni velocidad ni vuelo. Las cosas estaban muy negras hasta que Sergio Rodríguez empezó a acometer la mejor y más trascendental faena que se le recuerda. Remontamos la desventaja y a partir de entonces el partido se encaminó a un esperado y dramático final. Pero estamos hablamos de un guión excepcional, por lo que una simple resolución en dos tres jugadas no hubiese sido tan especial. Faltaba un gran golpe de efecto, y este se produjo cuando en un juego uno contra uno de espaldas a canasta, Pau Gasol salió cojeando. Después de las dudas que siempre genera una jugada de este tipo y una vez comprobado que la cosa era seria, la tierra se nos abrió justo debajo de los pies. Nos íbamos a jugar la mejor oportunidad de la historia del baloncesto español sin el mejor jugador de la historia del baloncesto español. Nos pinchan en ese momento y no nos sale sangre. Finalmente falló Nocioni, alabado sea el señor, y estábamos en la final. Pero la emoción ya estaba empañada por la lesión de Pau, cuya pinta empeoraba según pasaban los minutos. Tanto que una hora después Pepu Hernández nos contaba que el ambiente en el vestuario era más cercano a un funeral que a una fiesta. A veces hay cosas más importantes que el éxito deportivo, y este grupo lo demostraba.
El factor lesión Pau, lejos de convertirse en un hándicap, fue todo lo contrario. Lo intenté explicar en el artículo que escribí después de la final.
Deuda saldada

Después de darle tantas vueltas a los efectos que podía producir la baja de Pau Gasol, va el equipo español y reduce a cenizas a una Grecia exultante por su gran triunfo ante EEUU. De todas las posibilidades barajadas, el convertir en una caricatura de equipo al campeón de Europa no era una de las más previsibles y sólo manejando las cuestiones sicológicas que gravitan sobre cualquier partido de esta envergadura pueden explicar tamaña diferencia. Una vez visto lo ocurrido, resulta más fácil de explicar. La baja de Pau tuvo un efecto tan saludable en los españoles como dañino en los griegos. Su ausencia planteó un escenario diferente al previsto. De repente, los griegos estaban obligados a aprovecharse del supuesto golpe de suerte y en cambio España llegaba el partido con coartada. No es este grupo amigo de buscar excusas, pero la había. Pero en lugar de recordar al ausente los once jugadores de Pepu Hernández encontraron el momento propicio de saldar una deuda. La que tienen con el maravilloso Pau. Ellos saben que son un equipo, conocen la fuerza que les da el colectivo, pero de la misma manera comprenden a la perfección que la extraordinaria racha que vive la selección española de baloncesto no sería tal sin el concurso de Gasol. Su determinación para venir a representar a España, su convencimiento de que el título no era un sueño y su rendimiento fuera de serie han sido otros de los elementos de cohesión que ha dado como resultado este grupo ejemplar. Por eso, y por supuesto por la amistad y admiración que le profesan, todos se conjuraron en devolverle la sonrisa. Igual no se puede ganar un campeonato del mundo sin Gasol, pero sí un partido. Con esta situación emocional tan particular, el equipo español salió dispuesto a comerse a los griegos. Y vaya que si lo consiguieron. Sobre todo en defensa. Entre el impecable planteamiento táctico y el ardor que pusieron todos, Grecia se vio tan sorprendida que, cuando se quiso dar cuenta, tenía medio partido perdido. Al principio se podía pensar que cuando saliesen del banquillo Papaloukas y Spanoulis, unido al angelito Schortsianitis la cosa no sería tan sencilla. Había ocurrido en otras ocasiones. Iannakis les da unos minutos para que puedan observar desde fuera el desarrollo del partido y luego les otorga mando en plaza para que aprovechen esa mirada externa. Pero esta vez quizás se le fue la mano. Cuando entraron en cancha, el equipo español estaba lanzado y más convencido que nunca de que su sueño estaba cerca de cumplirse. Ni con unos ni con otros Grecia encontraba un resquicio donde poder llegar a unos números mínimamente presentables en ataque. Iban entrando los reemplazos españoles y aquello se ponía cada vez más difícil. Muy inteligente la opción Cabezas-Berni, en lugar de la de Sergio-Rudy, más lógica si se tenía en cuenta lo ocurrido en la semifinal. Pero Pepu entendió con acierto que para lo que pretendía, que los griegos siguiesen sin encontrar donde estaba el aro, los malagueños eran mejor elección. Y allí estaban Felipe y Marc Gasol para pegarse con Schortsianitis, y Jiménez para coger todos los rebotes, Navarro para poner el marcador fuera de alcance y Garbajosa para todo. Vaya partido se cascó el futuro Raptor. Estuvo en misa y repicando, cuando dice el refrán que eso es imposible. Pero esta vez lo consiguió. Triples, defensa, intimidación, prácticamente todo lo que hizo tuvo sentido y oportunidad. Con una actuación ejemplar se ganó el derecho de formar parte del quinteto ideal del campeonato.
Al final de tercer cuarto, el pescado estaba todo vendido, por lo que de ahí hasta el final, fiesta. Llegaba el momento de acercarse uno por uno a Pau, de decirle que aquello iba por él, de que se abrazasen los hermanos llorando, se desatase la locura y todos, jugadores, demás componentes del equipo, periodistas y aficionados disfrutásemos de un éxito sin precedentes. España es campeón del mundo. Cuesta hasta escribirlo.

Efectivamente, costaba hasta escribirlo. Pau Gasol, esta vez sin jugar, había vuelto a desarrollar un papel principal. En mitad de las celebraciones nos fuimos enterando de otro elemento que añadió grandeza al triunfo colectivo y sobre todo al entrenador de la selección Pepu Hernández. La noche anterior a la final, su padre había fallecido y Pepu no quiso que se supiese para no distraer la atención en un asunto que desgraciadamente no tenía remedio.
Muchas cosas y la mayoría buenas han ido llegando de la mano de aquel éxito. La selección se convirtió en un modelo a seguir, incluso por la de fútbol (lo dijo Casillas, no yo) y salvo pequeños sinsabores (la final de Madrid, la polémica destitución de Pepu o el traspiés de Turquía del año pasado) hemos disfrutado de cinco años difícilmente repetibles.
El negro Montes no paraba de pegar gritos y yo tenía un nudo en la garganta. Fue un 3 de Septiembre de 2006, el día que fuimos campeones del mundo de baloncesto con Calderón, Cabezas, Sergio Rodriguez, Navarro, Rudy, Berni Rodríguez, Mumbrú, Garbajosa, Carlos Jimenez, Felipe Reyes, Pau Gasol y Marc Gasol. En la banda, Pepu Hernández. Ya se lo hemos dicho muchas veces pero en tal fecha como hoy, muchas gracias de nuevo.

Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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