El Palomero

Tener o no tener (plan B)

Por: Juanma Iturriaga

28 may 2012

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Una de las cuestiones en las que coinciden todos los buenos equipos, sean del deporte que sean, es que todo el mundo sabe a lo que juegan. Dicho de una forma más elegante, poseen un estilo definido. El estilo es la carta de navegación de un equipo, su libro de instrucciones, el pilar sobre el que asienta. Cuando se opta por un estilo determinado, resulta conveniente convertirlo en ley, no juguetear con él, hacerlo lo más innegociable posible. Esto no significa que dure eternamente, pero sí que aguante sin cambiarlo algo más tiempo que, por poner un ejemplo, los planes de educación de este pais.

Estos estilos son fácilmente reconocibles, por dentro y por fuera, lo que hace que no tengamos muchos problemas para, sin tener que ser grandes expertos, explicarlos a grandes rasgos. La España futbolística, por ejemplo, no lo tuvo durante décadas. No éramos ni carne ni pescado, apelábamos a dudosos valores como “la raza”, “la fuerza” o “el sudor” y poca gente era capaz de saber exactamente qué era lo que pretendíamos. Ahora los conocemos de carretilla, y todo pasa, el juego y los jugadores, por el filtro de un libreto que no admite discusión y que ¡mira que casualidad! cuando lo hemos tenido, han llegado los éxitos. A partir del estilo, de la idea, se construye, se toman decisiones, se eligen e integran jugadores o entrenadores, se explican tácticas y se tiene siempre un camino por el que transitar. En definitiva, se sabe donde y por donde se quiere navegar.

Ahora bien, el perfeccionamiento necesario de un determinado estilo suele provocar cierto unidireccionamiento en su desarrollo. Y la pregunta surge inevitable. ¿Qué ocurre cuando a un equipo le neutralizan su manera ideal de jugar? Lo pensaba viendo los dos primeros partidos de la semifinal entre el Madrid y el Caja Laboral. El Real Madrid, después de demasiados años sin saber muy bien qué es lo que pretendía, muestra por fin un estilo muy marcado. Le gusta el juego abierto, rápido y con las dosis justas de raciocinio. Tiene la idea y muchos jugadores idóneos para ponerlo en práctica. Pero de vez en cuando se encuentra con equipos que le niegan la mayor. El Caja Laboral, un grupo muy trabajado tácticamente por Ivanovic, sabe que nada incomoda más a los de Laso que los partidos trabados, la falta de ritmo, el control por encima de la dispersión. Lo consiguió en el primer partido y llevaba camino de lograrlo en el segundo, hasta que durante el tercer cuarto el Madrid por fin pudo quitarse la camisa de fuerza que le habían puesto y logró llevar el partido a su terreno lo suficiente como para lograr un victoria imprescindible.

En estas situaciones, parece conveniente tener un plan B, ser capaz de sobrevivir cuando las condiciones no se ajustan a las ideales, a veces por causa propia y la mayoría por causa ajena, pues como dice el tópico, los contrarios también juegan. Pero es difícil tener un plan B cuando el perfeccionamiento de un estilo te obliga a una gran apuesta que deja sin espacio y tiempo al trabajo que se necesitaría para asentar otra forma de hacer las cosas. Por eso son pocos los equipos que llegan a ese estado ideal. Hemos visto como, por ejemplo, al Barça de Guardiola en determinados momentos de esta temporada ha necesitado menos retórica y más verticalidad, o al Madrid de Mourinho menos verticalidad y más asociación. Al Athletic de Bilbao, una vez que sus exhibiciones a mitad de curso le pusieron bajo el foco, le ha faltado algo de cintura para salirse de un guión que resultó inmejorable durante gran parte de la temporada y que se tornó demasiado previsible al final. Y quien dice previsible, dice desactivable. La flexibilidad y capacidad para evolucionar suele marcar la vigencia y longevidad de un estilo. Cuando más rigido sea, antes los contrarios encontraran la forma de contrarrestarlo.

Hace años, cuando me vestía de corto, la Italia baloncestística era toda una potencia. Equipos aguerridos, expertos y con formas muy asentadas de jugar. Pero había algo que siempre me pareció relevante. Cuando las cosas les salía bien, lo plasmaban en el marcador con X puntos de diferencia. Y cuando no, el castigo era de X dividido por 2, 3 ó 4. Es decir, aprovechaban los buenos momentos y sabían sobrevivir a los malos. Es posible que ahí esté otro quid de la cuestión, otro plan B. Aprovechar la superioridad cuando la tienes, limitar los desperfectos cuando no la posees.

En ese aspecto me da impresión que el Caja Laboral tiene cierta ventaja sobre el Madrid, pues sabe manejar algo mejor esta cuestión. Los blancos son todavía demasiado extremistas. Dinamitan partidos a poco que les dejes pero sufren en exceso cuando esto no ocurre. Hasta ahora y aunque el marcador global muestre un empate a una victoria, se ha jugado más tiempo al estilo baskonista que al blanco.

Eso sí, estos son problemas de segundo de carrera de construcción de equipos. Y para tener que enfrentarte a ellos has de haber aprobado primero. Y ahí no hay planes B ni nada que se le parezca. Ahí se trata de definir lo que quieres ser, a qué quieres jugar, con qué y con quienes lo vas a intentar. Aunque parezca mentira, hay muchos equipos todavía suspendiendo estos exámenes.

 

 

 

 

 

 

Héroes y villanos

Por: Juanma Iturriaga

21 may 2012

El deporte resulta excelente caldo de cultivo para producir héroes y villanos. Su ventaja ante las otras dos grandes factorías de este tipo de personajes que son los comics y la ficción escrita o representada, es que en este caso surgen de la realidad y no de la imaginación de un dibujante o un guionista. Cada uno de nosotros tenemos nuestros héroes y villanos particulares y asistimos con interés a sus aconteceres para jalearles o maldecirles. No son listas cerradas, por lo que vamos sumando con cierta regularidad nuevos nombres. Un jugador, un entrenador, un árbitro, un equipo entero, nuestros sacos de héroes y villanos son como el que llevaba Harpo Marx o el estómago de Fernando Romay, sacos sin fondo donde se mezclan propietarios, alquilados, invitados y fugaces paseantes.

El ser héroe en un saco casi te asegura tambien el ser villano en otro, pues en el deporte no hay monedas con una sola cara. Existe también algun tipo de conexión casi invisible que conecta los dos sacos y consigue que alguien pueda pasar de un lado en un suspiro, y si no que se lo pregunten a Figo. Por eso existen pocos héroes para todos y durante todo el tiempo. Quizás Nadal, una vez más inmenso este mediodía frente a uno de nuestros nuevos villanos favoritos, de nombre Djokovic. Por eso es probable que moleste tanto lo de los guiñoles franceses, porque proyectan sombras sobre el único héroe 100% héroe que tenemos. Un héroe capaz de seguir siendolo incluso cuando pierde, lo que contradice la victoria como único camino para la gloria.

También hay muchas formas de convertirse en villano. Eso sí, la que más molesta es la que viene provocada (o empujada) por las tácticas de algunos para seguir siendo héroes: apuntar hacia otro lado para salvarse ellos mismos (el Madrid tiene un auténtico profesional en su banquillo futbolero). Ejemplo Pau Gasol. La temporada pasada. Fue irritante como a sus deméritos deportivos (no jugó bien) se unieron las voces y actitudes del entrenador y algún que otro compañero que no dudaron en señalarle. Su estrategia surtió efecto y Pau se convirtió en el villano número uno, en el causante directo de la eliminación, en el tipo del que había que desprenderse. Le salvó (es un decir) la campana y ha completado una nueva temporada que seguramente acabará en unas horas. Pero el camino ya está mostrado. Y cuando vienen mal dadas, lo más fácil es apuntarle de nuevo. Manda huevos que Kobe le señale despues del cuarto partido de la semifinal de la Conferencia Oeste. Ahora va y dice que tiene que ser más agresivo en ataque. Más morro y se lo pisa. ¿Más agresivo cuando es la tercera opción de ataque de su equipo? ¿Más agresivo cuando su entrenador le hace jugar casi como guardia de la circulación desde más allá de la línea de tiros libres? ¿Más agresivo cuando Kobe prefiere jugarse un partido tirando de espaldas que dándosela a otro? ¿Más agresivo al estilo Bynum? ¿O al del descerebrado Meta World Peace? No seré yo quien diga que Pau está jugando un gran baloncesto, ni mucho menos. Y que el error en el pase robado por Durant fue decisivo y de esos que se consideran imperdonables. Pero el apuntarle con el dedo me parece una bajeza, sobre todo cuando el que apunta es tan responsable (o más) de donde se encuentran ahora los Lakers.

Pero estabamos hablando de héroes y villanos. El sábado, en la final de Champions, los sacos estaban todos revueltos y no se sabía muy bien quienes eran unos y quienes otros. Para los que nos gusta el fútbol de cierta clase, respetuoso con el balón, que busca dominar, asociar, crear y divertir, el Chelsea es el demonio personificado. Pero hay mucho amante del resultado por encima de todo, del esfuerzo solidario aunque sea para meterse todos a la vez en el área defensiva, de la lucha en solitario de un delantero como Drogba. Y luego están los seguidores del Chelsea, que son muchos, como se ha visto en las celebraciones en Londres. Y estaban Torres y Mata, que bueno, si te da igual, pues tiras un poco para casa. Y muchos del Madrid, a los que no se les ha pasado el disgusto (no me extraña, viendo el partido del sábado y el “nivelazo” de los dos equipos) ni se les ha olvidado la chulería de algunos como Neuer, el que dijo que no sabía que a Sergio Ramos le gustaba tirar los penaltis por encima de la portería. La venganza se sirve fría, y Neuer la probó alegrando con su fallo y su derrota el corazón a más de uno. O sea, que ese diablo que veíamos muchos eran ángeles para otros.

En Bilbao, mientras tanto, Prigioni terminaba su ida y vuelta entre sacos siendo causante directo de una dulce revancha para el Caja Laboral. El base argentino hace años ganó como pocos el corazón de la hinchada baskonista y aquel amor parecía no tener fín. Pero esos amores eternos no existen en deporte, y bastó recorrer 400 kilómetros para pasar de héroe a villano, de generoso a pesetero, de aplaudido a pitado. Aquello daba la impresión de no tener remedio, pero tampoco por eso existen en deporte los desafectos irremediables. Recorrió de vuelta los 400 kilómetros, comenzó tímidamente, poco a poco, a coger los mandos y ha terminado prácticamente donde empezó. Siendo el capo del equipo y contando con el cariño que sólo consiguen los hijos pródigos.

Y así podíamos seguir, hablando de unos y de otros como si fuesen unos y otros cuando en realidad son sólo unos a los que vamos poniendo disfraces según nos interese o sintamos. No, no existen ni los héroes ni los villanos. Y tampoco existe diferencia entre la ficcion y esa supuesta realidad, porque esa supuesta realidad no lo es tal y sólo existen las realidades de cada uno. Condicionadas por nuestros gustos, aficiones, simpatías, herencias emocionales, historias y leyendas escuchadas o por algo tan efímero a veces como los éxitos y los fracasos. Sólo así puede haber gente capaz de ser héroe y villano a la vez, cuando probablemente no sea ni lo uno ni lo otro. !Vaya chasco!

Postada.- Hoy se despide para siempre el Doctor House con la emisión en EE UU del último capítulo de la octava y terminal temporada. House es toda una metáfora de esta dualidad en las que nos movemos. En la imposibilidad de la pureza absoluta. En la inutilidad de las etiquetas sin matices. A pesar de sus altibajos, le echaré de menos. A Hugh Laurie y a muchos diálogos extremadamente inteligentes.

 

 

 

 

 

 

 

Sobre dinero y también sobre ‘playoffs’

Por: Juanma Iturriaga

17 may 2012

El fin de semana pasado resultó curioso. Por un lado observamos el éxito del dinero y por otro lado confirmamos que no siempre el dinero te lleva al éxito. En pocas horas asistimos a la nueva celebración del Real Madrid, construido a golpe de talonario hasta conformar una plantilla estratosférica capaz de llevarse la Liga batiendo todos los récords habidos y por haber. En Málaga, el dinero del jeque consiguió un sitio en la Champions, aristocracia del fútbol europeo. Y en un final de esos en los que terminas frotándote los ojos para confirmar que no es pura imaginación, el Manchester City de otro jeque que no sabemos si es amigo del jeque malagueño, ganaba in extremis la mediática liga inglesa. Tres triunfos donde el factor pasta ha resultado fundamental. Afortunadamente, en Estambul encontramos el contrapunto y comprobamos que el deporte no es una ciencia exacta y que los millones no siempre aseguran la victoria. Al CSKA de presupuesto ilimitado le pudo su soberbia y terminó devorado por su propia ansiedad, quién sabe si por el peso de un favoritismo incuestionable basado en la contratación de caros talentos que quebraron en el momento más inoportuno. Sin tener nada a favor o en contra de CSKA u Olimpiakos, celebré el sorprendente triunfo de los griegos, que tendrán el país al borde del desastre total, pero al menos se han llevado una alegría y de paso nos recuerdan la certeza de dos topicazos: los partidos duran 40 minutos, ni 20 ni 30, y los dólares, siendo mucho, no lo son todo. Lo que pone en valor el concepto “juego” y todo lo imprevisible que puede resultar. Llegados a cierto punto, las cuentas corrientes pueden perder valor ante otras emociones y mecanismos que a veces no entienden de cuestiones relacionadas con el llamado vil metal.

Lo que logró el Olimpiakos podría servir de confirmación del slogan con el que arrancan hoy las eliminatorias para el título de la ACB, presentados como el tiempo donde “Todo es posible”. Este slogan siempre es cierto a priori, aunque existe el peligro, una vez que se celebren, que se quede más en un elemento de mercadotecnia que en una deseada realidad. Por eso las primeras preguntas a la hora de analizar lo que se inicia esta noche por partida triple revolotean sobre si verdaderamente es posible o factible que veamos algo fuera de lo previsto. La decisión llevada a cabo ya hace alguna temporada de limitar esta primera ronda de cinco a tres partidos abunda en la intención de que el guion salte por algun lado. Veamos en qué medida y qué lugares parecen más proclives a ello. 

Barcelona-Lucentum. 

El viaje de los azulgrana a la Final Four resultó extremadamente indigesto. No solo por la derrota en semifinales, sino por la muy deslucida actuación colectiva, que fue de las que dejan muchas dudas. Algunos jugadores salieron tocados en su prestigio, los refuerzos contratados este año no reforzaron casi nada y el fracaso deja la Liga como último cartucho para evitar una temporada en blanco. Pesada carga para afrontar el último acto del curso baloncestístico, agravada por el delicado estado de salud de Navarro, que es más que probable que hoy no juegue. Aun así la diferencia con su adversario no invita a apuestas arriesgadas. El Lucentum llega con el estómago más que lleno después de ser equipo revelación, salvar los muebles económicos que apuntaban incluso a su desaparición y colado en los playoffs in extremis. ¿Les quedará hueco para ponerle las cosas difíciles al Barça?. Lo dudo, por lo que el pronóstico es de serie liquidada por la vía rápida. 2-0 y a esperar a que la Bomba se active de nuevo. 

Real Madrid-Banca Cívica. 

Despues del refuerzo anímico que tuvo que suponer su buen partido en el Palau, el Madrid llega pisando fuerte. El proyecto va consolidándose al mismo tiempo que el juego, sin dudas desde hace tiempo sobre el estilo a seguir. La apuesta es inequívoca y no cambiará ahora que llegan los momentos importantes. El camino no es fácil, empezando por los de Plaza, que en más de una ocasión han dado un disgusto. El Banca Cívica intentará enfriar al máximo los partidos, pues en un intercambio de golpes sabe que terminará en la lona. En una eliminatoria exprés como esta, el primer partido marca la serie. Siendo en Madrid, entiendo que con algún problema que otro terminará decantándose por los blancos, que deberían liquidar la serie en Sevilla. Mi bola de cristal, nada infalible por otro lado, apuesta por ello. 

Caja Laboral-Gescrap. 

Esta es otra historia que tiene ya mucha historia. Duelo vasco deportivo y social que promete grandes emociones. Los bilbaínos arrancan como lo hicieron la temporada pasada, teniendo que hacer una machada. No es un territorio donde se encuentren incómodos, porque si algo han mostrado este año es que resultan imprevisibles. Lo mismo alcanzan los cuartos de final de la Euroliga como no llegan a la Copa o tienen el cuarto puesto a mano y terminan sextos. Mientras, en Vitoria, esperan recuperar la supremacía del baloncesto vasco, que han ostentado durante una eternidad y que desde hace bien poco le discuten los de Miribilla. Aunque me pese un poco, apuesto por el Caja Laboral por dos razones. La ventaja de campo se me antoja crucial y no veo a los hombres de negro con la efervescencia emocional del año pasado. Me juego un euro, que las cosas no están para grandes dispendios, al 2-1. 

Valencia Basket-Lagun Aro

Que levante la mano el que pensaba que el Lagun Aro se clasificaría para la Copa, se metería en playoffs como quintos y tendría dos jugadores en el quinteto ideal de la ACB, MVP Panko incluido. Bien, veo que nadie levanta la mano, ni siquiera sus propios jugadores, entrenadores o afición. Una más fácil. ¿Les siguen quedando ganas de guerra? Una tercera. ¿Se habrá dedicado estos larguísimos (y posiblemente evitables) 10 días sin competir a celebrar su enorme rendimiento y reconocimiento general o habrán mantenido la tensión? Pues no lo sé, pero de ello dependerá el transcurrir de esta eliminatoria. Porque el Valencia Basket no está para otra cosa que meter la cabeza en semifinales y justificar una temporada donde no han hecho mucho ruido sino más bien lo contrario. Creo que los dos primeros partidos los ganará el equipo local, y el tercero y definitivo… se lo llevará el Valencia. 

Total, que insistiendo en que “Todo es posible”, estos cuartos los veo más dentro de la lógica clasificatoria que quedándonos con la boca abierta. Eso sí, si alguien salta la banca, bienvenido sea.

Jodido pero contento

Por: Juanma Iturriaga

11 may 2012

Siempre me ha gustado esta expresión. No recuerdo cuando la escuché por primera vez, si formaba parte de un chiste (tipo el de 'andó jodido, querrás decir anduvo, bueno sí anduvo jodido, pero al final andó) o simplemente es una frase que en un momento determinado se le ocurriría a alguno y ha terminado formando parte de nuestro lenguaje coloquial. Pero me parece que condensa como pocas cierto estado de ánimo complicado de explicar a veces, pues mezcla dos emociones casi contrapuestas, la pena y la satisfacción, sin ser plena ninguna de las dos. Como creo que todo el mundo ha estado alguna vez jodido pero contento, no resulta difícil entender mi estado anímico posterior a la final de Europa League del miércoles, que sospecho que fue ganando adeptos entre la afición del Athletic según iban pasando las horas posteriores al partido.

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero lo que creo que el tiempo hace mejor es poner las cosas en perspectiva, logrando que abramos el foco y vayamos de lo puntual a lo general. Lo puntual es que nos llevamos un sofoco. Gordo. Inesperado. Vale, perder entraba dentro de lo factible, pero estoy seguro que nadie estaba preparado para que la segunda final de la historia rojiblanca bilbaína se convirtiese en un tormento cuando todavía no habíamos dado ni un par de chupitos a la cerveza inicial. Pilló la primera Falcao (menudo pájaro, vaya partidazo se cascó), la metió por la escuadra y a partir de ahí, sangre, sudor y, al final, mucha lágrima. El partido se convirtió en una agonía en la búsqueda del empate, hasta que Amorebieta decidió disfrazarse de Beckenbauer (en torpe), Falcao hizo una maravillosa maniobra de goleador letal y el partido se quedó para heroicidades que no llegaron. A unos cuantos jugadores del Athletic la cita les vino grande, muy grande, y tambien hay que darle todo el mérito que tiene lo que hizo el Atlético, que hizo un señor encuentro.

Hasta hace unos años, siempre pensé que el universo deportivo de élite era algo muy especial. Ahora no lo creo tanto. Es más, pienso que la mayoría de necesidades y problemáticas se repiten como en cualquier grupo de personas que se juntan en busca de un objetivo común. Al fin y al cabo estamos hablando de seres humanos, y siendo cada uno de su padre y de su madre, existen patrones. Un buen liderazgo, la justa motivación, el correcto trabajo en equipo o una comunicación sana y fluida son cuestiones comunes, lo que convierte al deporte en un buen laboratorio para extraer conclusiones útiles. Un ejemplo. Entre Mourinho, Guardiola y Vicente del Bosque se puede explicar casi todo sobre el liderazgo.

Ahora bien, si existe algo que convierte al deporte de élite en único es la concentración de presión que se puede producir en un determinado momento. En el último mes hemos tenido buenos ejemplos de lo que puede llegar a provocar el jugarte tanto en un partido, un penalti, un putt de tres metros. Muchísimas horas de trabajo y la ilusión de millones de personas puede convertirse en una pesada carga. A los jóvenes jugadores del Athletic no hacía falta que les explicasen lo que estaba en juego en Bucarest. Era una oportunidad que había tardado tres décadas y media en volver a producirse, una posibilidad de hacer historia para el resto de sus días y hacer realidad los sueños de familiares, amigos, conocidos, desconocidos y así hasta toda una provincia que les han acompañado en apoyo constante, multitudinario e incondicional desde que la noche soñada de Manchester hizo desbordar el optimismo. Por lo que se vió en el partido, fue demasiado para gente todavía en proceso de formación deportiva y humana. Eso sí, y no es un tópico. Estas cosas curten un huevo y deberían hacerles comprender que su carrera tiene una particularidad: lo que hacen provocan sentimientos extremos y que lo bonito (ser portadores de la ilusión de muchísima gente que les convierten en héroes cuando ganan) lleva de la mano algo menos agradable. Cuando pierdes, la decepción puede llegar a resultar monumental al saber que a muchas personas les costará conciliar el sueño. Manejar estas dos realidades, sin volverte loco, resulta asignatura fundamental para alcanzar su madurez.

La afición del Athletic hemos visto la película Europa League y como nos ocurre cuando vamos al cine, un final decepcionante e inesperado ha ocupado los primeros minutos (u horas) de la charla posterior. Pero mal haríamos si se nos olvidase el resto de la película, que ha sido tan buena que estoy seguro de que dentro de años seguirá siendo una de nuestras favoritas. Tantos momentos gloriosos, tanto reconocimiento atesorado, tanto orgullo recuperado, tanto buen fútbol desarrollado debe sepultar una mala resolución. Hay victorias que no merecen ni justifican determinados caminos, y hay caminos que se elevan por encima de victorias y derrotas. Y este viaje ha resultado fantástico, emocionante, lleno de lugares de ensueño.

Quizás el presente puntual escueza todavía un poco, pero para eso está el pasado y el futuro. Uno lo hemos visto y disfrutado, el otro lo intuimos. Y no me refiero sólo a lo del 25 de mayo, que son palabras mayores, sino a lo que nos espera teniendo el equipo que tenemos, el juego que tenemos, el entrenador que (todavía) tenemos. Y sí, aunque sea una frase hecha, que nos quiten lo bailao, que ha sido mucho y muy bonito.

Lo dicho, jodidos pero contentos. Y más que lo estaremos. Y si todo falla, para eso está Leo Harlem

 

Postdata. Enhorabuena total a los colchoneros. El Aleti se mereció de cabo a rabo ganar el partido. Eso sí, lo de dejar de ser el Pupas justo el miércoles..... ¡Que lo disfrutéis! Y que no os quiten a Falcao, Adrian, Diego, Turan...  

12 minutos de esperanza y 35 años de espera

Por: Juanma Iturriaga

09 may 2012


Gol de Carlos
Marcó Carlos, fino delantero, bajo la atenta mirada de Dani, y San Mamés se vino abajo. Quedaban doce minutos, 720 segundos de esperanza que finalmente resultaron insuficientes. ¡Pero qué doce minutos vivimos! No era para menos, pues nos separaba un gol, una jugada bien trenzada, un cabezazo, un barrullo en el área resuelto aunque fuese a trompicones. Daba igual, cualquier cosa podía valer para lograr la hazaña de lograr por primera vez en la historia un título europeo. Además, el adversario era de los de pedigrí. La Juve nada menos, rebosante de nombres legendarios, como los de Dino Zoff, que era muy bueno pero para nosotros mucho peor que el único e incomparable Txopo Iribar. Scirea, Gentile, Tardelli, Bettega o Boninsegna campaban por San Mamés algo asustados, o así lo queríamos pensar, después de ver cómo el Athletic había remontado el gol de Bettega a los siete minutos, que obligaba a meterles tres. Y cuando se trata de un equipo italiano, tres goles parecen seis.

Hablamos del año 77, hace la eternidad de 35 años, y yo llevaba ya unos meses en Madrid, jugando en el Real Madrid, lo que no impidió que la noche anterior a aquel miercoles histórico me metiese en un compartimento de seis literas para pasarme toda la noche soñando con la remontada del 1-0 adverso que habíamos traído de Turín. No recuerdo lo que hice por la mañana al llegar a Bilbao, supongo que visitar a mis padres, pero sí tengo fresco en mi memoria que a las cuatro de la tarde entré en San Mamés para ocupar el mejor lugar posible en la zona de General, la más barata y también la más bulliciosa. La época del todos sentados no había llegado y salvo para meterte un buen bocadillo de tortilla, allí no se sentaba ni Dios. Creo que solo en otra ocasión llegué con tanta antelación a un acontecimiento, y fue años después en el mítico concierto de los Rolling Stones en el Vicente Calderón, el de la famosa tormenta.

Fueron unas cuantas horas hasta poder ver a los jugadores sobre el campo, consumidas entre cánticos, apuestas variadas (todas apuntando al éxito) y respuesta a la pregunta “¿pero te han dejado venir?”, que regularmente me hacían los que me reconocían. La verdad es que algo tuve que hacer o decir para poderme ausentarme un miércoles y perderme el entrenamiento, pero ya no lo tengo registrado. Quizás habíamos terminado la temporada, o el equipo estaba de viaje de Copa de Europa (yo todavía era junior y no siempre les acompañaba), o estaba lesionado, o dije que estaba lesionado. Vete tu a saber de lo que eres capaz para no perderte una cosa así. El caso es que allí estaba, más feliz e ilusionado que unas pascuas y contando los minutos que faltaban para empezar el partido.

Rojo4
La cosa no terminó bien, y con la cabeza gacha y la imagen de Rojo sentado en el cesped mientras los italianos celebraban su éxito volví a meterme en otro compartimento de literas para hacer el camino inverso al día anterior. Como suele ocurrir en estos casos, lo más doloroso era la sensación de gran ocasión perdida unida a la certeza de que pasaría mucho tiempo para vernos en otra como esa. No era un Madrid o un Barça perdiendo, como lo han hecho este año, una gran competición, pues lo lógico es que en breve tanto uno como otro cuenten con otra oportunidad. Era el Athletic, que ya en el 77 contaba con 79 años de vida, y había jugado su primera y única final europea. Si mantenía esta frecuencia, hasta el 2056 no tocaba la segunda, y quizás con 97 años no estaría yo para muchas fiestas (ya veis las cosas en las que ocupa su tiempo tumbado en una litera un estudiante de Ingeniería amante de las matemáticas).

Afortunadamente y con 44 años de adelanto sobre el horario previsto, hoy en Bucarest volvemos a estar a un partido de lograrlo. Ya no estará el Txopo, mito por excelencia del bilbainismo, ni Lasa, extremo reconvertido en defensa lateral derecho, ni Guisasola, el único jugador que cuando iba a lanzar un penalti, hacía que la grada del fondo se protegiese de un posible pelotazo seguramente mortal colocándose justo detrás de la portería al amparo de la red. Tampoco Alexanco, futuro jugador del Barça, o Villar, sempiterno presidente y famoso tambien por atizarle a Cruyff. Jabo Irureta no meterá ningún gol como el del 1-1 y tampoco Dani, que aquel día todavía no sabía que poco después iba a fallar su primer penalti del año, el que nos costó una Copa del Rey ante el Betis. Y Rojo no centrará como solo Rojo podía centrar. Eso sí, los que van a estar nos los conocemos tan de memoria como a aquellos. Iraizoz, Iraola, Amorebieta, Javi Martinez, Aurtenetxe, Iturraspe, Herrera, Muniain, Susaeta, De Marcos y Llorente. Los once magníficos de un entrenador al que llaman el Loco y que nos hace pensar que a veces, la locura puede ser maravillosa.

Al no haber literas que me lleven en una noche a Bucarest, esta vez el que faltará seré yo, lo que tampoco creo que influya mucho en el resultado. Pero a partir de las cuatro de la tarde me meteré en un estadio imaginario creado en mi cabeza, cantaré, me ilusionaré, tendré miedo, lo veré claro para verlo oscuro cinco minutos más tarde, me comeré un bocata de tortilla sobre las siete y media y a las 20.45, junto a unos cuantos amigos de la misma congregación bilbaínorojiblanca y un par de madridistas (bueno, un madridista y un pseudomadrista como yo) que prefieren que ganemos nosotros a los del Manzanares (¿por qué será?), gritaremos, en cuanto se ponga el balón en juego, un gigantesto y sonoro “ATHLETIC KARAJO”.

Ya, no es un riauuu, mucho más del Botxo, pero me encanta. Ah, y tiene la indispensable K.

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Postdata. Percebes y champán. ¿Somos o no somos de Bilbao?

 

Títulos, adioses y tuppers

Por: Juanma Iturriaga

07 may 2012

Hay días en que da gusto ponerse a escribir. Son esos en los que los asuntos a los que te apetece meterles el diente salen de debajo de las piedras, se te amontonan y tu único sufrimiento parte de la duda de saber si la elección final será la adecuada. Bendito problema. Supongo que algo así les debe pasar a estos entrenadores de equipos grandes, a los que les sobran los efectivos y tienen que elegir entre lo bueno y lo mejor, entre Higuaín o Benzema, por poner un ejemplo. Yo voy a intentar ponerles a jugar juntos, para que ningún tema se me queje o amague con irse.

1276319596_99627336_1-Pictures-of--TUPPERWARE-MEXICANO-SOLICITA-VENDEDORAS-EN-EUA-1276319596Comenzaremos con el asunto estrella de la semana. No, no ha sido el justísimo título del Madrid celebrado a lo grande, como no podía ser de otra forma. Esta ha sido la semana del tupper de Rajoy. Cada día lo tengo más claro, estamos metido en una gran campaña, orquestada por ellos mismos, una especie de cortina de humo donde no hay humo, sino humor. Algún cerebro privilegiado ha llegado a la conclusión de que la mejor forma de desarticular las protestas que puedan generar sus comportamientos y medidas es dándonos de vez en cuando temas, situaciones, declaraciones o meteduras de pata, supuestamente accidentales, para que durante unos días nos (y perdón por la palabra) descojonemos en teles, radios y redes sociales. Ya se sabe que la risa desactiva la rabia, y una vez descubiertos sus saludables efectos por los cerebros de la campaña, se están empleando a fondo con ello. Así, hacen titubear hasta lo inimaginable al presidente del Gobierno, obligan a Aznar a que vuelva a la palestra con su impagable inglés, recomiendan al Rey que se vaya a cazar elefantes bien acompañado y se rompa la cadera, dejan jugar a niños con armas o nos informan como si fuera un notición de que Rajoy se va de viaje con unos tupper entre el equipaje (incluso se rumorea que el penalti de Sergio Ramos fue provocado). Eso sí, no nos dicen qué contenían los tuppers, lo que puede parecer casual, pero yo lo veo como otra vuelta de tuerca de su maquiavélico plan. Si lo hubiesen dicho, limitarían nuestra imaginación y la producción de chistes. Al omitirlo, el campo resulta inmenso. La imaginación y gracia que tiene mucha gente en este país y con la que no acabarán ni cien crisis, pone el resto.

Total, que asi como Rajoy ha anunciado que cada viernes sacará la tijera del neceser, estoy seguro que cada jueves algo pasará que nos mantenga ocupados sacándole punta y broma. Es la vieja táctica de “pan y circo”. Eso sí, el pan ahora viene en friambrera.

Casillas_CibelesPero dejemos de hablar en serio y vayamos con algo más ligero. ¡El Madrid campeón de Liga!. Iba a escribir que merecido, pero cuando se habla de ligas, el merecido viene con el título. No hay competición más justa que la liguera, donde no hay espacio para alguien levante la copa sin hacer los méritos pertinentes. Puede ocurrir que acumulando los suficientes, te quedes sin ella, pero lo que no es posible es que la alcances injustamente. En esta ocasión y una vez más, ha ganado el que más lo ha merecido. El Madrid, más a lo Tyson que a lo Alí, ha sido el mejor, el más constante, el que ha sido capaz de superar a un gran adversario, lo que otorga más mérito aún a lo conseguido. Batiendo récords hasta el final (esta semana podría alcanzar ¡los 100 puntos!) tiene todo el derecho del mundo a sentirse pleno, satisfecho, feliz.

Quién sabe si contagiada por sus colegas futboleros, la sección de baloncesto tambien da síntomas de una muy buena salud, y el dominio azulgrana, apabullante en los últimos tiempos, ya no lo es tanto. El jueves vimos un partido extraordinario en el Palau, que confirma que lo ocurrido en la Copa pudo no ser un hecho excepcional. Ante un Barça enrabietado por las dos derrotas de esta temporada y en un Palau hirviendo, la respuesta de los de Pablo Laso fue magnífica, solo empañada por el que quizás es su gran déficit con respecto a Navarro y compañía, la gestión de los finales de partido. En este territorio que al final decide campeonatos, al Madrid se le sigue viendo un poco verde, demasiado expuesto a la inspiración más que al método. Pero lo ocurrido en Barcelona augura una posible final apasionante, con el permiso, que seguro que intentarán no concederlo, del resto de aspirantes.

Estudiantes_descenso-342x255Hubo un tiempo, no muy lejano, donde un equipo muy especial era uno de esos aspirantes, pues frecuentaba alturas y plantaba cara a los poderosos. Un equipo cuya historia está llena de nombres míticos, desde los hermanos Ramos o Sagi Vela hasta el último quinteto sabido de memoria, Azofra, Herreros, Russell, Pinone y Orenga, pasando por aquel otro de Gil, Del Corral, Lopez Rodriguez, Fernando Martín y Slab Jones. Un equipo con una filosofía muy particular y una llamativa afición. Un equipo necesario siempre. Pero hete aquí que cambiaron los tiempos demasiado y poco a poco ese equipo fue bajando escalones en su competitividad, fue perdiendo parte de su personalidad y el desastre empezó a rondar la calle Serrano. Despues de varios uyyyyys, ayer se consumó el ohhhhhh. Y es una mala noticia para el baloncesto, pues no andamos sobrados de elementos de identificación. El Estudiantes era uno de ellos y no solo sus aficionados lo sentimos.

Termino con una postdata un poco larga. Desconozco si hay mucha o poca gente esperando ver pasar el cadáver de su enemigo, pero lo que sí tengo claro es que hay bastante (casi diría demasiada) gente que no deja pasar la oportunidad para recordar lo que dijiste o dejaste de decir o escribir cuando eso que dijiste o dejaste de decir o escribir se vuelve (hipotéticamente hablando) contra ti. Ocurrió, por ejemplo, con el fulgurante éxito de Ricky en la NBA, donde no faltaron voces (como la de Rudy, recuerdo) tomandose cumplida revancha con esas frases tan típicas que comienzan por “¿Y ahora qué dicen los que…? Lo que yo llamé en un post “los recados vengativos”.Pocos días despues de la última entrada en este blog en la que mostré mi admiración hacia Pep Guardiola, el ya casi exentrenador azulgrana hizo unas declaraciones creo que bastante desafortunadas. Esas de “el Madrid es un justo vencedor pero…”, que llevaron rápidamente a dos conclusiones: una, que Guardiola es como todos, cuando gana es un santo pero cuando pierde hace igual que otros, quejarse. Dos, aquellos que pensamos diferente, estamos totalmente engañados y engatusados por ese lobo con piel de Armani.

Como ya expuse con anterioridad en mi manifiesto contra la igualdad, rechazo este tipo de generalizaciones. Sigo creyendo que no todos somos iguales, aunque en determinados momentos podamos hacer cosas parecidas. Personalmente las palabras de Guardiola supusieron cierta decepción y coincido plenamente con el (nuevamente) magnífico artículo de Ramón Besa titulado ExGuardiola. Durante unas frases, Guardiola fue abducido por el espíritu Mourinho, lo que no le convierte en Mourinho. Es la diferencia entre la excepción y la regla. Lo que se le afeó con razón a Guardiola ha sido el cantar de un día sí y otro también del entrenador del Madrid, independientemente de victorias o derrotas. Por eso, y aun insistiendo en que Pep se podía haber ahorrado estas declaraciones, sigue sin convencerme el “son todos iguales”.

Buena semana a todos. Semana grande, por cierto, con la final de la Europa League el miércoles. Desgraciadamente se me ha fastidiado mi deseado viaje a Bucarest, pero después de llevarles en palmitas en Manchester, Lisboa y San Mamés, los de Bielsa ya saben cuál es el camino. Por cierto, me acaba de llegar un email que dice que la Casa Real ha confirmado la ausencia del Rey en la final de Copa del próximo 25 de mayo. ¿Por los posibles silbidos?. No, porque temen que se ponga a disparar a los leones.

Messi lo agradecería.

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Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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