El Palomero

San Mames

Por: Juanma Iturriaga

28 may 2013

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¡Hemos ganado! 

La frase retumbó en las paredes de la casa de mi amigo. 

¡Hemos ganado al Madrid! remarcó el mensajero. 

¡Toma! dijo otro mientras me intentaba regatear, pues ni siquiera tamaño acontecimiento hizo que dejásemos de disputar nuestro partido tres contra tres en el estrecho pasillo

¡5-0!

¿Cómo? Aquello sí que nos dejó tan sorprendidos como para olvidarnos de la pelota. ¿5-0? ¿Al Madrid? 

Efectivamente. El domingo 1 de Febrero de 1970, el Athletic ganó al Real Madrid 5-0 con goles de Uriarte, Igartua y ¡tres! de Zubiaga, dos de ellos en los últimos diez minutos. Tenía 10 años y nos encontrábamos en la casa de un compañero de colegio celebrando su undécimo cumpleaños. Vivía en la calle Doctor Areilza, a pocas zancadas de San Mames. 

Pasamos de nuestro partido y bajamos las escaleras de tres en tres hasta llegar a la calle. Justo al doblar por Licenciado Pozas, Pozas para todos, nos dimos de bruces con una marea humana que venía del estadio. ¡Qué caras! ¡Qué sonrisas! ¡Qué Athleeeeeetics se escuchaban!. Como niños que éramos, mirábamos ojo platicos a aquellos afortunados que habían vivido en directo aquella gesta. Aquel día desee como nunca que cuando fuese mayor, yo sería uno de aquellos que saldría de San Mames más contento que unas pascuas después de una gran victoria y al ir cruzándome con la gente no haría falta decir nada, pues se me vería a la legua de donde venía. 

No es fácil explicar el significado de San Mames para un bilbaíno pues lo abarca casi todo. Desde su lugar físico, referente en el paisaje de la ciudad hasta su mítica simbología. Depositario de las fantasías de miles niños y adultos, ahora que ha cerrado sus puertas definitivamente, todos aquellos que lo vivimos o soñamos nos sentimos un poco huérfanos. El fútbol, el deporte, tiene una fantástica capacidad de regeneración. Constantemente sustituimos viejos deseos, anhelos y objetivos por otros nuevos, apoyados en los lazos sentimentales que se adhieren a nosotros a edad temprana y que no nos abandonan ya de por vida. En pocos meses habrá otro San Mames, más moderno, más adecuado a los tiempos que corren, pero en este caso las sustitución no será sencilla, al menos al principio. La carga emblemática que ha encerrado las gradas de este glorioso campo ni se cambia si se olvida de la noche a la mañana. 

Aunque siempre lo deseé, nunca he sido socio del Athletic, cosa por otro lado nada fácil. Emigré a Madrid a los diecisiete años y salvo un par de temporadas en el Caja Bilbao, siempre he vivido a 400 kilómetros de San Mames. Mis partidos en la Catedral no se cuentan por centenares, pero no siempre los lazos se construyen con la cantidad, sino con la intensidad. Y cada vez que he podido estar, el impacto emocional ha sido grande, a veces enorme. Escuchaba el pasado viernes en la SER a Iñigo Marquínez, afortunado periodista que como para otros muchos privilegiados y por razones periodísticas, San Mames ha sido como su segunda casa, apuntar que en Bilbao no se dice “voy al fútbol” sino “voy a San Mames”. Esta particularidad, este reconocimiento casi sacrosanto a un determinado lugar también lo he escuchado en Madrid, donde “se va al Bernabéu”. Cuando el sólo nombre un campo sustituye la generalidad de un deporte, es que estamos ante una cosa muy seria. 

El domingo, mientras el publico dedicaba 100 segundos de aplausos y alguna que otra lágrima (¡rayos y centellas, bilbaínos llorando!) seguro que muchos hicieron un rápido ejercicio de memoria, pasando revista a los momentos más importantes que vivieron en esas gradas. A mí me aparecieron unas cuantas imágenes. Aquella final de la UEFA ante el Juventus, los dos goles de Liceranzu que valieron la segunda Liga en la era Clemente, un último partido liguero ante el Zaragoza que sirvió para clasificarse para la Champions y que Luis Fernández (uno de los de Bilbao que ha nacido donde le ha dado la gana) celebró dando unos pases toreros en mitad del campo con una ikurriña (raro ¿no?), el día del Sevilla en la semifinal de Copa (sí, el de los cánticos a Del Nido) uno de los ambientes más apasionados que he vivido en un campo de fútbol o la semifinal de UEFA (ahora Europa League) ante el Sporting de Lisboa, que nos llevó 35 años después a una final europea. Partidos, victorias, derrotas, goles, uyyys, Iribar, Iribar, Iribar es cojonudo,  centros de Txetxu Rojo o Argote, Julen Guerrero, que no parecía de Lezama, mucho futbol de raza, a veces de demasiada raza y demasiada poca elaboración, bocata de tortilla con pimientos y bota de vino en el descanso, puro cuando era necesario. Y sobre todo fútbol, mucho fútbol y mucho respeto al fútbol,  tanto que a veces trascendía al propio Athletic. Grandes jugadores y equipos rivales han sido ovacionados si la grada lo ha creído oportuno. Xavi Hernández, Laudrup, Raul, Giggs, Zidane, Gordillo, Valerón y Mendieta entre otros y probablemente cada uno por razones diferentes. Incluso Juanito, que tampoco es que encarnase una mentalidad muy afín con el respetable.  También es verdad que a más de uno le pusieron la cruz y no le dieron ni un respiro. Aquellos oriundos del Atlético de Madrid, Maradona, Schuster, Simeone y más recientemente Iniesta, este caso creo que en parte para llevar la contraria al resto de los campos del mundo donde se le quiere y aclama, que nada nos gusta más que ser únicos. 

A todo esto y muchísimo más se le dio carpetazo el domingo. Y está muy bien eso de la modernidad, de adaptarse a los tiempos y buscar recursos económicos para asegurar la supervivencia. Lo entiendes y comprendes que probablemente este era el único camino que se podía y debía emprender. Pero también asumimos que la única verdad incuestionable es que más tarde o más temprano todos nos vamos al otro barrio, pero la certeza no deja de dolernos. 

Puede que dentro de 100 años, unos niños jueguen a futbol en el pasillo de una casa, y de repente reciban un whatsup (o lo que se lleve en 2113) donde diga. ¡Hemos ganado 5-0 a Real Madrid!. Y dejen de jugar, bajen a la calle, vayan a Pozas y vean como más de 50.000 personas vuelven extasiadas de San Mames. Del nuevo San Mamés.  Y dejarán volar la imaginación como yo lo hice hace 44 años. Pero eso yo ya no lo veré, salvo que me muerda un vampiro y me convierta en inmortal, cosa poco probable por mi aversión a los vampiros. Por eso, para mí, San Mames siempre será el que dentro de nada quedará reducido a escombros. El que desde los 10 años alimentó mis sueños y en el que viví momentos como este

 

Hay cosas que deberían durar para siempre.  

 

Salvando los muebles

Por: Juanma Iturriaga

23 may 2013

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Esta tarde comienzan los playoffs de la Liga Endesa con unas cuantas urgencias. Las del Madrid, Laboral Kutxa y Barcelona por dar lustre a sus temporadas, lujosa en halagos pero vacía en títulos en el caso del Real Madrid, irregular y ciclotímica si hablamos del Baskonia y sospechosa la del Barcelona. La huelga de jugadores añade un punto de incertidumbre al momento cumbre la temporada doméstica, al que por encima de quien tiene razón o no, cosa que reconozco se me escapa, no le hace nada bien a la competición en un momento en que en lugar de hablar de conflictos laborales, deberíamos hacerlo de las eliminatorias, en su mayoría atractivas. Como de líos administrativos sé bien poco, hablemos de baloncesto.

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Real Madrid-Bluesens. A priori el enfrentamiento más desequilibrado. El Real Madrid tiene la obligación de concretar con un título las buenas sensaciones que lleva todo el año emitiendo pero que a día de hoy no  se han traducido en ningún título de enjundia. Coronados Mirotic como MVP de la temporada, Laso como mejor técnico y Rudy como jugador más espectacular, llega la hora de recoger un botín más sabroso. En este primer escalón se encontrará con el Bluesens, de fiesta desde que el Unicaja se despeñase en Barcelona. Seguro que no regalarán nada, pero sospecho que para los gallegos serás más una fiesta con la que celebrar su extraordinaria temporada que un enfrentamiento a cara de perro. Ahora bien, un equipo que ha ganado este año en Madrid, Barcelona, Vitoria y Málaga no es como para no prestarle atención. Aún así, no veo otra cosa que una victoria blanca por la vía rápida. Pronóstico: 2-0 Real Madrid

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Laboral Kutxa-Herbalife. Hay que darle a estos dos equipos el mérito que se merecen. Los vitorianos pueden presumir de una temporada regular convulsa pero efectiva en resultados. El equipo parece enchufado y más estable que en cualquier otro momento de la temporada. Los canarios vuelven otra vez a entrar en los playoffs, lo que por un lado no debería sorprender, pues llevan años haciéndolo casi cada curso, pero viendo altibajos de otros equipos, su contumaz presencia adquiere relevancia. Cierto es que la barrera de los cuartos de final parece insalvable para los insulares, y más si tenemos en cuenta su desventaja de campo, pero su fortaleza en casa me inclina a pensar que esta serie podría llegar al tercer partido. Pronóstico: 2-1 Laboral Kutxa

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Barcelona-Uxue Bilbao Basket. No diré que han sido dos decepciones, pero sí que ninguno de estos dos equipos han terminado ocupando los lugares que en un principio se podía prever. El Barcelona por fuerza ha tenido que salir tocado del fiasco londinense y su recorrido hasta el ansiado título es un camino de obstáculos donde deberá recuperar el juego y ánimo que mostró en Febrero y Marzo y que se extravió para no volver en los cuartos de final de la Euroliga. El Bilbao Basket, si tenemos en cuenta su último mes de competición, no está para casi nada, pero los playoffs tienen la ventaja que te permite resetear y comenzar de cero. Pero su tendencia ha sido tan decreciente que mi bola de cristal no le otorga, ni aún contando con efecto Mirivilla, muchas opciones. Pronóstico: 2-0 Barcelona 

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Valencia Basket-CAI. Por último, el choque estelar, al menos por lo incierto, de todos los cuartos de final. Dos locomotoras que han llegado al final de temporada lanzados, con gran juego y resultados acordes a él. Pelearon hasta el final por el cuarto puesto y se me antoja que ambos equipos eran conscientes de su importancia. El Valencia tiene mayor responsabilidad, pues con lo hecho por el CAI hasta ahora, le da para considerar a su temporada como magnífica. De los valencianos siempre esperamos algo más. Por otro lado, la baja de Norel es un enorme contratiempo para los maños, a sumar a la desventaja de campo. Preveo partidos apretados pero un triunfo final del Valencia, que si se cumplen los pronósticos, podrá asaltar al favorito para el título, que no es otro que el Real Madrid. Pronóstico: 2-1 Valencia Basket

Pues eso, que los hados sean propicios, que se llegue al acuerdo, que veamos buen baloncesto y que el sistema de competición actual tenga el sentido que debe a través de un mes de baloncesto intenso  apasionante. Estaremos atentos. 

Cinco reflexiones para cerrar la Final Four

Por: Juanma Iturriaga

14 may 2013

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El asalto a la Euroliga terminó malamente y nuestros dos aspirantes se volvieron de vacío. Con algo más de reposo y recuperado de la noche londinense, que tiene mucho peligro, cerremos el tema con cinco reflexiones cinco, de la ganadería palomero.  

Ganó el mejor. Ya he comentado en más de una ocasión que el sistema de competición de la Euroliga no me parece el más justo. Después de tropecientos partidos y un playoff a cinco, liquidas la competición en un fin de semana con dos cara o cruz. Por eso no sé si en otro modelo, el de NBA o Liga Endesa, por ejemplo, el final hubiese sido el mismo. Pero lo que no tengo ni la más mínima duda es que en Londres, el Olympiakos ha sido el mejor de largo. Laminó hasta la exasperación al supuestamente poderoso CSKA, que vivió un infierno de principio a fin, y más allá del primer cuarto, dominó desde entonces y con claridad al Real Madrid. Sospecho que hemos pecado un poco de cierta infravaloración del equipo griego. Yo el primero, pues le daba por perdedor ya en la semifinal. Aunque estábamos hablando del vigente campeón, parecía que esto había sido obra de un milagro, el de la final de la temporada pasada, y los milagros se dan de pascuas a ramos. Su trayectoria este curso tampoco dio como para tenerle miedo y las pasó canutas ante el Efes en cuartos, que tampoco es el Efes un rival que de para tanto. Pero puede que se nos olvidase que en este tipo de competiciones, los griegos se mueven como pez en el agua. No es la primera vez que llegan con la lengua fuera a la final a cuatro y terminan llevándosela a casa. Jugando en la agonía del ser o no ser en cuarenta minutos se manejan a la perfección y tampoco les falta juego. Su nomina de jugadores expertos y baqueteados es larga, tienen físico, profundidad de banquillo, ideas muy claras y juego muy coral. Con ellos enfrente los partidos se hacen muy largos y no pierden la compostura nunca. Si encima les sale un día donde las meten hasta de espaldas, pues apaga y vámonos. Habitualmente no soy muy fan del Olympiakos, pero en esta ocasión me tengo que quitar el sombrero. 

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Hombres contra niños (dicho con todo el respeto hacia el Real Madrid). Hubo un momento durante la final que me vino una imagen peliculera a la cabeza. La de ese grupo de adolescentes americanos que salen de fiesta y de repente y por una equivocación terminan en un tugurio lleno de hombres de pelo en pecho, marineros con varias vueltas al mundo a cuestas, gente de mal vivir, mucho humo, un pianista al que nadie le hace caso y siempre una pelea a punto de empezar. Mirabas la cara y la pinta de gente como Antic, Printezis o incluso Spanoulis y luego a los jóvenes y angelicales madridistas, y hasta pasabas miedo por ellos. Estoy exagerando, claro, pero sí que el partido transmitió, una vez se difuminó el subidón madridista inicial, que allí había una clara desventaja en veteranía, madurez y saber estar, cuestiones básicas en este tipo de partidos. Luego estaba también el juego, claro, donde al Madrid también se le echaron cosas en falta. Ese pivot duro, roqueño, intimidador, sobre el que puedes hacer girar el juego pues no sólo asusta sino que le buscas para darle el balón con la confianza que sabrá qué hacer con él. Ese pivot que lleva buscando hace años el Madrid y que no lo encuentra. U otro Carroll más parecido al habitual y no al que se le ha encasquillado la metralleta en el peor momento posible. Tampoco hubiese venido mal un mejor equilibrio entre el juego interior y exterior que no deje al equipo demasiado a expensas de porcentaje en triples. Cuando te meten 100 puntos en un partido, es difícil hablar de eficacia defensiva y tampoco fue un buen día para los dos Sergios e incluso Rudy, cuyos números estuvieron por encima de su incidencia.  Pero aun contando con estos peros, el partido me dejó la sensación que lo había ganado Olympiakos más que haberlo perdido el Madrid. No es que consuele mucho, pero sí un poco. Mayor alivio produce el pensar que el Madrid tiene un futuro que invita al optimismo, con un equipo joven, un entrenador competente y un estilo que gusta y además funciona. Este es el mejor antídoto con la decepción. Habrá más oportunidades y llegará el momento donde meterse en el garito de la gente peligrosa no producirá ninguna inquietud. 

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Menos consuelo para el Barcelona. “No es mi trabajo pero sí, creo que debemos reforzar el equipo”. El que ha dicho esto no es uno cualquiera, sino Juan Carlos Navarro, santo y seña del Barcelona. No le falta razón, pues su equipo se quedó muy corto en la gran cita. No sabemos qué hubiese ocurrido si hubiese podido contar con Mickael y Jawai, pero eso entra dentro del siempre resbaladizo terreno de las suposiciones. El caso es que en el momento cumbre, los azulgranas se quedaron muy lejos del equipo que hasta cuartos de final dominó la competición con claridad. Demasiado dependientes de Navarro y Tomic, con Lorbek fuera de foco, Marcelinho sin encontrar el punto ideal de cocción y poco aporte de la segunda unidad, dio la impresión que para el futuro necesita algo más que un repaso de chapa y pintura. Le falto pujanza física y también juego, a mitad de camino entre veteranos con problemas y jóvenes que todavía no han dado el salto competitivo. Llegan ahora los playoffs y no hay mucho tiempo para la reflexión o arreglos milagrosos, por lo que tendrán que tirar con lo que tienen. Que tampoco es poco, ni mucho menos. El Barça ya ha demostrado su capacidad para sobrevivir, pero ni siquiera un éxito en la Liga parece que debería evitar una renovación de cierto calado. 

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El arbitraje. Distando mucho de ser una excusa, tengo serias dudas de si la permisividad arbitral que se ha visto durante todo el fin de semana favorece un juego más vistoso y generoso con el espectador, al menos para los no amantes de la lucha libre. Se permitió todo o casi todo y ese baremo siempre favorece a aquellos que juegan al límite de lo permitido. En este caso, por ejemplo, a la defensa griega. Insisto que no es una excusa para justificar nada, pues ni rusos ni madridistas perdieron por ello (el Madrid hizo 88 puntos, lo habitual) pero tanto mandoble favorece más a los expertos en destrucción que a los amantes de la construcción. Viendo por ejemplo la primera semifinal, reflexionaba sobre el atractivo que puede tener un partido así para el aficionado menos entendido o menos comprometido emocionalmente con alguno de los dos equipos. El baloncesto europeo tiene problemas de captación de seguidores y creo sinceramente que se debería proteger más a aquellos que son capaces de generar elementos que se asocian con el atractivo del juego. Sí, ya sé que una defensa puede tener su belleza, pero no acabo de ver los beneficios de permitir que un partido de baloncesto se convierta en un intercambio de leñazos. 

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El puto amo. Me cuesta recordar otra competición donde un jugador haya mandado tanto, tan bien y de forma tan decisiva. Lo de Spanoulis fue de traca y su MVP, incuestionable como pocas otras veces. Se jugó como él quiso, machacó el aro cuando había que hacerlo y dominó el escenario como si fuese Mick Jagger en un concierto de los Rolling Stones. Ya en la última etapa de su carrera, la cabeza le funciona mejor que nunca mientras el físico y sobre todo su muñeca, no le ha abandonado ni mucho menos. Fue un director de orquesta perfecto, pero además de dirigir con su batuta a sus compañeros, cuando era necesario la cambiaba por un martillo pilón para dejar temblando a sus rivales con sus triples. Fue principio y también final de un equipo armonioso que puede presumir que su jugador referencia siempre está de guardia.  Menudo crack. 

Pues eso, dicho esto, cerremos la tienda europea y a otra cosa mariposa. Ya no va a haber ni novena ni tercera pero la vida sigue. Como lo hecho, hecho está, sólo queda por desear que  se cumpla esa máxima que reza que de las derrotas se aprende más que de las victorias. Negadas estas, que el análisis traiga soluciones para que en doce meses, los resultados sean otros.

Ah, Antes de que se me olvide, si vais a Londres, os recomiendo The Box. Uffffff.  

 

Los extremos se tocan en la final

Por: Juanma Iturriaga

12 may 2013

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Desde que el Madrid encontró su camino hace poco más de año y medio y poco a poco fue limando diferencias frente al Barcelona hasta el partido del viernes -no digo suponga un cambio de ciclo, pero sí al menos un cambio de tendencia, pues el Madrid ha pasado a ser la referencia, la vara de sobre la que medirte que antes el Barcelona- uno de los puntos clásicos de análisis se ha centrado en los muy diferentes estilos que poseen ambos equipos, lo que suele derivar hacia el control del ritmo de juego como una de las claves de sus enfrentamientos. En la semifinal los beneficios y penitencias que sufrían los dos cada vez que era el rival el que marcaba el tempo fueron más evidentes que nunca. Los cuartos impares, dominados por el Barcelona, se jugaron bajo un férreo control azulgrana, dispuesto a todo para evitar que el partido cogiese fluidez. Los pares, con la presencia de Sergio Rodríguez, se disputaron a otra velocidad, a un ritmo mucho más alto y reportaron enormes dividendos a los madridistas. El más importante, la victoria final.

Bueno, pues esta disparidad a la hora de jugar y entender el baloncesto da una nueva vuelta de tuerca en la final. Si la distancia que separa los modos y maneras de actuar entre Madrid y Barça es grande, la que tienen Madrid y Olympiakos casi podemos decir que se convierte en sideral. Donde uno busca el ritmo, el otro la pausa, mientras uno persigue los espacios abiertos, el otro es un provocador de claustrofobias, si a uno un buen tiro le vale siempre, sea el momento que sea, el otro sólo entiende el ataque a la canasta cuando la reglamentación no le permite ya más posesión de pelota, si el Madrid necesita encontrar el placer en el juego para dar lo mejor de sí mismo, al Olympiakos sólo le interesa el marcador, no atiende a disfrutes de ningún tipo y tampoco entiende un partido sin convertirlo en una batalla de desgaste sicológico donde el pasarlo bien siempre queda para después. Por si todo esto no fuera suficiente, el Madrid es joven y hace 18 años que no juega esta final mientras el Olympiakos pinta canas, es el actual campeón y sus riendas las marca un veterano de mil guerras como es Spanouli. Vamos, que los dos equipos se parecen en el blanco de los ojos y poco más.

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Eso sí, nadie se va a poder sentir ni engañado ni sorprendido. Los dos idearios son irrenunciables y ahí están las semifinales para confirmarlos. El Olympiakos le metió una paliza al CSKA a base de una defensa ya de por sí agresiva y que con la permisividad arbitral que parece reinar en esta Final Four le permite llevarla a terrenos de garrotazo y tente tieso, lo que le terminó por desquiciar a los fortachones rusos. Y en ataque, el que tire a menos de 20 segundos de posesión y sin el permiso de Spanoulis, se la carga. Total, partido trabado, si es a 60 puntos mejor que 70, sin ni una sola concesión a la galería ni un motivo de satisfacción salvo para sus incondicionales aficionados. Baloncesto nada sugerente, que no invita a pasar un segundo más de lo necesario delante del televisor, pero que para desgracia del pasado reciente, presente y futuro de este deporte, es eficaz y gana títulos.

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Difícil papeleta para el Madrid, lo que tampoco es motivo de extrañeza pues estamos hablando de la gran final. Va a tener enfrente un equipo experto, duro y bragado, con una capacidad de destrucción muy difícil de salvar y un excelente manejo del partido sicológico que te lleva al diván en cuanto te despistas un poco. Encima se anuncia la llegada de unos miles de aficionados griegos más a sumar a los que ya pululan por aquí, por lo que la superioridad en las gradas va a ser grande. Por ello el Madrid necesitará constancia, paciencia, temple, ideas claras y habilidad para lograr al menos en determinados momentos zafarse de la camisa de fuerza a la que le someterá el equipo griego. Pero tiene el suficiente talento, fortaleza, variedad de recursos tácticos y humanos y una moral multiplicada después de superar el síndrome azulgrana como para ser optimistas. La novena espera. Que llegue ya.

 

Londres. Instrucciones de uso

Por: Juanma Iturriaga

09 may 2013

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Vista nocturna del O2

Este blog tiene, como bien sabéis, vocación de servicio público. Por eso y dado que este fin de semana va a producirse un desembarco de madridistas y culés en Londres por la Final Four, pues me veo casi obligado a dar una serie de instrucciones para que vuestro viaje sea lo más agradable posible. Eso sí, no puedo hacer nada para que vuestro equipo gane, por lo que me ceñiré a cuestiones de intendencia, conocimientos generales y alguna que otra recomendación. Vamos allá. 

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1. Los ingleses no son como nosotros. No comulgan con el euro, prefieren las millas a los kilómetros, conducen por la izquierda, los enchufes de electricidad son endiablados (llevar adaptador) tienen cariño a Mourinho y su concepto de estar moreno es lucir el color de una gamba roja. Aunque os entren ganas de hacer apostolado y que entren en razón, ni lo intentéis. Es un caso perdido. 

2. El baloncesto les interesa entre poco y nada. Por eso no les habléis de Navarro, Lorbek, Rudy o Llull, porque ellos te saldrán con Ronaldo, Messi, Iniesta o Xabi Alonso. En el fondo son muy suyos y como el baloncesto lo inventaron en Estados Unidos y no en Inglaterra, como ocurrió con el fútbol, pues no le hacen ni caso. Allá ellos.

3. A la hora de llenar el buche, ten en cuenta los horarios. Allí no se come entre las dos y las tres, ni se cena entre diez y once. Ya, ya sé que las doce de la mañana no es ni siquiera la hora del aperitivo, y a las seis de la tarde el cuerpo te pide más un gintonic que una ensalada con pepino, pero vuelvo a lo mismo. Son muy cabezotas y no les vamos a cambiar en un fin de semana. Tampoco tengas grandes esperanzas culinarias. Salvo que quieras donar un riñón, comer es más cuestión de supervivencia que de placer. 

4. Contraataque. Si por lo que sea un inglés se pone a darte la brasa con su historia, su música, los reyes legendarios, la batalla de Trafalgar, Gibraltar y cosas así, te dejo un dato para que contraataques. Según una encuesta reciente, España ocupa el noveno lugar en los países donde más se hace el amor, e Inglaterra es el cuarto por la cola (y nunca mejor dicho). Hasta ahora siempre habíamos creído que los ingleses vienen a España por el sol. ¡Que equivocación! Vamos, que lo tienes crudo este fin de semana para comerte una rosca, salvo que la lleves desde aquí. 

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5. Precios. Prácticamente todo en Londres es caro. Los hoteles, la comida, las compras, y sobre todo, por comparación, el transporte público. Tren, metro, autobuses, todo. Tanto que muchas veces te sale a cuenta ir en taxi como un señor. Por cierto, ¡como molan los taxis! No sabéis lo que agradecemos los altos ir en esos cacharros. 

6. Trabajo previo. Procura evitar pasarte los tres días preguntando “¿qué hora será en España? y haciéndote un lío con que si es una hora más o una hora menos. ES UNA HORA MÁS. Repítelo unas cien veces hasta que se te quede. De igual forma, una libra es más o menos 1,2 euros. Practica esta multiplicación y deja de dar la brasa con ¿esto cuanto es en euros?

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7. No es necesario ir montando el número por la calle, ni cantar a la menor oportunidad, ni mucho menos insultar a los que veas con la bufanda del equipo rival. Y sobre todo, !no te quites las camiseta!". Recuerda siempre lo que sientes cuando ves en la tele las imágenes de los aficionados ingleses o alemanes cuando vienen a España. ¿Vas a querer ser tú como estos de la foto?

8. Advertencia cultural. En Londres, además de bares y restaurantes, hay también museos. 

9. Advertencia económica. No te dejes llevar por las ganas de llamar a todos tus amigos que no han podido ir para recordarles que tú si estás en Londres. Al final provocar envidia te puede salir caro. Desactiva el 3G y la transferencia de datos nada más llegar a Londres, salvo que tengas un plan ad hoc, pues nuestras queridas compañías telefónicas, a la que te descuidas, te meten unos viajes que para qué. Busca una wifi gratuita y bombardea a tu gente con fotos en Feisbul (Rajoy dixit) o Twitter. 

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10. No es absolutamente necesario, repito, no es absolutamente necesario ir al Palacio de Buckingham, ni tampoco sacarte una foto con un Bobby. Es más, incluso lo desaconsejo, pues va a estar lleno de gente que no me va a hacer caso a esta recomendación. Y olvidaros de subiros en la noria si no estáis dispuestos a pasar una hora o más en la cola. Por cierto, en general, los ingleses suelen ser muy respetuosos con las colas. O sea, que no vayas de listo hispánico y respétalas tu también. 

11. No te deprimas cuando compruebes que tu inglés es algo más macarrónico de lo que pensabas, pues no logras ni entender ni hacerte entender con los nativos. Recuerda entonces a gente como Robinson o Arlauckas, que veinte años después de establecerse en España, todavía a veces no se les entiende. Si esto no es suficiente, piensa en la mayoría de nuestros políticos, empezando por el gran Aznar, el rey del acento. ¡Fuera complejos!. Sigue intentándolo. 

12. Tristeza la justa. En el caso que tu equipo pierda la semifinal, que el mosqueo no te dure más allá de la segunda copa. Estás en Londres, te quedan dos días para disfrutar de una magnífica ciudad y antes de que te des cuenta estarás en otra Final Four. Eso sí, procura no cruzarte mucho con aficionados del equipo ganador, pues no creo que sean capaces de reprimir una mirada, una sonrisita o algún comentario no precisamente de ánimo. No lo tomes a mal. Seguramente tú harías lo mismo. 

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13. Mitmanía. Si eres beatlemaníaco y tienes pensado irte al paso de cebra de Abbey Road a sacarte una foto cruzándolo (superoriginal, por cierto) ten en cuenta que en Londres hay ¡20! calles llamadas Abbey Road. Asegúrate que es la correcta. Y tampoco te hagas ilusiones y ahorrate la visita a Nothing Hill con la esperanza de encontrarte con Julia Roberts. ¡Era una película!.

14. Mala suerte. Completamos el número mágico de 14, llevado por grandes deportistas de la historia, con algo que os sorprenderá. Este fin de semana va a llover en Londres. Es raro, pues como sabéis el clima de la City suele ser radiante, sólo comparable al de Santiago de Compostela, pero en esto vamos a tener mala suerte. Por eso no olvidéis llevaros ropa de lluvia y teclear en google “cosas que se pueden hacer en Londres cuando llueve”. 

Termino con una frase que solía decir mi madre después de alertarme de ciertos peligros y darme recomendaciones para mis viajes. “Luego no digas que no te he avisado”. 

 

Postata.- ¿Y el partido? Pues es entre lo que he dicho en la entrevista digital de esta mañana y el artículo que se ha publicado hoy en el Pais, pues poco más queda por decir. Al menos hasta que llegue a Londres y vea como está el ambiente.  

 

El síndrome Abraracurcix

Por: Juanma Iturriaga

07 may 2013

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De vivir hoy en día, Abraracurcix, el maravilloso jefe de la aldea de Astérix, no saldría de casa. No sería extraño. El bravo personaje creado por Goscinny y dibujado por Uderzo sólo temía por una cosa, que el cielo se cayese sobre su cabeza. Y por lo que parece, el cielo no para de desplomarse sobre nosotros. O al menos esa sensación da. Y no me refiero a la actual situación político-económica, donde lo peor siempre llega detrás de lo malo, sino al extremismo en el que muchas veces se mueve el universo deportivo. Cayó el cielo sobre la afición madridista cuando el sueño de la mítica décima se esfumó a pesar de su (casi) heroico arrebato final ante el Borussia. Cayó el cielo sobre la afición azulgrana, a la que el Bayern el hizo un siete y puso en cuestión pasado, presente y futuro (hasta extremos difíciles de entender). Parece caer el cielo encima del Real Madrid en este final de temporada, con su entrenador ajustando cuentas a diestro y siniestro y dispuesto a largarse dejando un reguero de rencillas, malos rollos y manipulaciones de la historia. Se le cae el mundo encima a los culés cada vez que Messi se toca la pierna derecha. Se augura que a Real Madrid o Barcelona, versión baloncestística, se les caerá el cielo encima si salen derrotados el viernes en Londres. 

El caso es que ni antes, ni ahora, ni creemos que a corto plazo, después de ninguno de estos días “nefastos” la tierra dejó de girar y el sol dejó de salir por el este y largarse por el oeste. Y todas estas calamidades fueron poco a poco olvidadas por las ilusiones futuras, que mal nos iría en la vida si una cosa no pudiese con la otra. Y el Barça celebrará el título de liga esta semana o la que viene, y los diez jugadores a los que había que cambiar el miércoles por la noche, ya sólo serán 7 u 8, que se quedarán en 4 u 5 cuando las vacaciones atemperen definitivamente los ánimos. El Real Madrid, por su parte, además de atender a una final de Copa, que no es moco de pavo, comenzará una nueva vida con la salida de Mr. Cicuta, al que a este ritmo sólo llorarán su pérdida aquellos a los que un dedo marca el camino. Dejará mucha porquería a limpiar, pero el Madrid lo superará, seguirá teniendo un extraordinario equipo, una historia legendaria en la que fijarte y aprender y un seguimiento social masivo. Y la décima, ahora motivo de tormento, volverá a ser un estímulo. De sus respectivos equipos de baloncesto, uno llorará el viernes y otro se dará un alegrón, pero ni lo uno ni lo otro llegará sin fecha de caducidad, la que impondrá nuevos objetivos. Por escampar, escampará hasta para Pau Gasol, que lleva dos años viviendo la tormenta perfecta, de igual manera que para Nadal vuelve a brillar el sol mientras no deja de auscultar su rodilla. Y Fernando Alonso ganará o no su tercer mundial, pero ni lo uno ni lo otro impedirá rearmarse una vez más en los meses invernales. Ahí tenemos tambien a Lebrón James, luciendo galones y MVPs, pero que hasta la temporada pasada se le abría el suelo bajo sus pies al no conseguir el anillo anunciado desde hace tiempo. Y comprobamos que casi nada, ni lo bueno ni lo malo, dura para siempre. 

Pero ni con la sabiduría que debería dar el conocimiento, dejamos de correr peligro de infección del síndrome Abraracurcix. Cuando lo sufres, no hay forma de pensar con tranquilidad, decidir con libertad, no dejarte llevar por el presente más inmediato o elaborar planes sensatos. Conmocionados por la cercanía de un revés,  gobernados por la emoción y la sensación de que algo se nos ha caído encima y nos ha dejado para los restos, nos acecha el riesgo de hipotecar el futuro por las prisas del presente. No es fácil vacunarte ante esto, pero de algo nos tiene que servir la memoria. Esa que nos dice que nada es tan grave, y que aunque parezca difícil de asimilar, la comedia es igual al drama más una adecuada ración de tiempo. 

 

 

 

 

 

Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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