El Palomero

Dos James (Segunda parte)

Por: Juanma Iturriaga

26 jun 2013

El que era gordo, blanco y bueno, muy bueno

Images-1

Entre tanta final de aquí y de allá, he tenido que esperar unos días (eso sí, menos que Montoro en dar cuenta del lio de los denesis) para poder rendir homenaje a uno de los grandes, un tipo que nos acompañó durante ocho años con uno de los mejores personajes que ha dado la ficción (quizás el tiempo pasado del verbo acompañar no es exacto, pues una vez encontrado, el acompañamiento es para siempre). Sí, estoy hablando de James Gandolfini, Toni Soprano para los amigos y la eternidad. Como durante estos días se ha analizado en profundidad lo que supuso Los Soprano en el devenir de las series televisivas, tampoco me voy a extender mucho en su influencia. Sin querer ser tajante y sí muy tópico, hay un antes y un después de la aparición en nuestros televisores de la familia Soprano. Queriendo ser tajante, Los Soprano es una de esas cosas que la vida te regala de vez en cuando, un placer visual e intelectual, 86 capítulos de alrededor de una hora de duración donde todo lo que no sea el seguir, flipar, reír, llorar, respirar, dejar de respirar, entender, repudiar, ansiar o sorprenderte con los avatares de tan peculiar familia y todos los satélites que pululaban a su alrededor deja de tener sentido. Y claro, hablar de los Soprano es hablar de Toni y hablar de Toni es hablar de James Gandolfini

Estamos ante uno de esos personajes que haga lo que haga, esté donde esté y tenga el papel que tenga, su presencia lo acaparaba todo. Mira que durante toda su carrera compartió escena con otros grandes actores y actrices, pero fuese quien fuese, la atención se quedaba fija en su persona. O al menos a mí me ha ocurrido siempre. Hace poco ví Killing them softly, que suena bastante mejor que su traducción, Mátalos suavemente, donde comparte cartel nada más y nada menos que con Brad Pitt. Gandolfini interpreta el papel de Mickie, un tipo al que Pitt acude para que dé el pasaporte a no recuerdo quien.

 

Además de apuntar que este personaje de Mickie podía ser Toni Soprano diez años después del final de la serie, ¿a alguien le interesa lo que dice o hace Pitt? A mi nada. Sólo estoy pendiente de alguien que me mantiene en vilo, que no sé si se va a echar a reír o a llorar, si de repente va a sacar una pistola y le va a meter un tiro a su amigo, si cuando menos te lo esperes sufrirá un acceso de violencia extrema o por el contrario te dejará de piedra con una reflexión filosófica tan al gusto de Tarantino. Con esta misma incertidumbre ví uno tras otro y por dos veces cada uno de los capítulos de Los Soprano. Hipnotizado por Toni, esa bestia que encerraba Gandolfini y se asomaba siempre que quería en sus ojos profundos que hablaban más de lo que lo hacía su boca. Fui incapaz, a pesar de llegar a conocerle bastante bien, de adelantarme a su siguiente movimiento. Le comprendí en un momento y me revolvió el estómago en el siguiente.  Siempre inquieto y esperando el desastre total, albergué la secreta esperanza que en algún momento Toni pudiese alcanzar su redención definitiva, aunque fuese en el lecho de muerte después de que le friesen a tiros. Pero Los Soprano nra es la Guerra de las Galaxias y Toni Soprano no era Darth Vader.  Ni hubo tiros, ni redención. Vivito y coleando, junto con su familia, un fundido a negro y a otras pascuas.  

Mucha gente renegó de este final. Los finales de una película de dos horas me parecen que tienen un buen peso específico en su análisis narrativo, pero estamos hablando de una película de 86 impagables horas, donde todo o casi todo estaba ya dicho, ¿qué cambia este u otro final que por otro lado a cada uno le puede parecer desde genial a una mierda? Recuerdo que tuve poca curiosidad por el cierre, pues lo que no dejaba de pensar era que la serie echaba el telón, que no habría más historias, más Carmela, más doctora Melfi, ni Meadow, Junior, Christopher, Paulie, Silvio y todo el perfecto casting. Eso sí que me dejó huérfano de una las mayores diversiones televisivas de las que he disfrutado. Y temo que dentro de tres meses me ocurra algo parecido con Breaking Bad, otra barbaridad de serie a la que le quedan ocho capítulos. Que sea cual sea el final, me ponga de duelo.

Si los guionistas de Los Soprano se llevaron bastantes críticas por su final, hay que decirle al guionista de vidas que se encargó de la de Gandolfini que tampoco este final nos ha gustado. 51 años, en la flor de la vida, con un montón de personajes a los que dar vida sin dejar de recordarnos que una vez fue Toni, esa carga emocional siempre a punto de estallar, cientos de puros por fumar, platos que comer, polvos que echar, malos y buenos por matar, miles de miradas con las que nos iba a estremecer, …. Joder, a quien se le ocurre fundirle a negro.

 

 Grande, muy grande, bueno, muy bueno James Gandolfini. 

 

 

Dos James (Primera parte)

Por: Juanma Iturriaga

24 jun 2013

El que es alto, negro y fuerte, muy fuerte

 

En la Guerra de Tronos de la NBA, Lebron James sigue instalado en el trono de hierro. No diré que me cae tan mal como Joffrey, niñato al que tengo reservada una botella de champán para cuando George Martin, al que le gusta tanto cargarse gente a la que cogemos cariño, decida acabar con él. No tengo prisa, y menos mal, porque me da toda la impresión (no he leído los libros, así que lo mismo los que lo hayáis hecho sabéis día y hora de este feliz acontecimiento) que antes de Joffrey Lannister se pasarán por la espada a unos cuantos. Pero tengo que confesar que mis sentimientos viendo la final iban más con San Antonio que con Miami y no disfruté en exceso de la algarabía final y la indisimulada sonrisa del comisionado/comisario David Stern. Se le notaba contento, y lo entiendo. Todo el tinglado de la NBA, extensible a los demás deportes estadounidenses, se basa en la individualidad, en el domino absoluto del star system. No es la liga de los Heat, Celtics, Lakers o Spurs. Es la de Lebron, Garnett, Kobe o Duncan, como antes lo fue de Jordan, Malone, Ewing o Shaq y mucho antes de Magic y Larry Bird.  No digo que si hubiese ganado San Antonio Stern hubiese tenido cara larga, pero el triunfo de Miami, perdón, de Lebron, Wade y compañía, colma y sustenta perfectamente el entramado.

A mí, llamarme romántico, me apetecía que ganasen los Spurs. Tienen sus nombres, pero cuando los ves jugar entiendes perfectamente el concepto colectivo. Son discretos, humildes, currantes, tienen ya una edad, sacan más provecho de su inteligencia que de su físico y tampoco cuentan con un gran mercado detrás, sino más bien lo contrario. No le viene mal a la NBA que salgan estos equipos de pequeñas ciudades de gente tranquila (hasta que se les cruza un cable) en mitad de la casi nada, pues publicita la igualdad de oportunidades. Pero de la misma manera que Florentino echó a Del Bosque por querer un libreto más moderno, estoy seguro que  David Stern  prefiere de poster de la temporada al equipo construido de golpe a base de juntar estrellas que al silencioso y concienzudo trabajo de más de una década realizado por Popovic. Por no hablar de la venta de camisetas, que las de Parker, Duncan y Ginobili se venden, seguro, pero vete a comparar con los de la soleada Florida.

El caso es que los Spurs lo tuvieron en la mano. Sobre todo en el sexto, donde Parker y sobre todo Leonard fallaron dos tiros libres definitivos que tiraron por tierra un excelente trabajo. Aun así, a los Heat les vino todas sus divinidades a visitar, pues los dos triples finales vinieron después de sendos lanzamientos fallados y cuyos rebotes lo mismo que fueron para un lado podrían haber ido para otro. No hay éxito sin una mínima dosis de suerte. En el séptimo, en cambio, lo vi sin excesiva confianza en las posibilidades tejanas, que terminaron derrumbándose con la bandeja errada de Duncan, que todavía estará dándole vueltas a como falló una cosa así después de meterlas de todos los colores. 

El triunfo de Miami fue, por supuesto, el de Lebron. Al cesar lo que es del cesar, su dos últimos partidos fueron descomunales, solo al alcance de los más privilegiados. Tuvo arrestos, superó todas las adversidades, levantó a su equipo cuando estaba medio muerto y en el encuentro definitivo se cascó 37 puntos y 12 rebotes. Con semejantes argumentos, ¿por qué no tengo un poster suyo en mi habitación, una foto en la mesilla o le rezo todas las noches antes de dormir? Lo he pensado mucho y no he llegado a una solución definitiva. Puede que sea su físico, 114 kilos en 2,03 metros movidos a una velocidad de vértigo, que me recuerda lo que decíamos en el patio del colegio cuando los mayores no robaban el balón. “Abusones, abusones” les gritábamos, y ellos, por supuesto, no nos hacían ni caso.  O sus devaneos pasados con una actitudes y declaraciones que me hacían preguntarme el tamaño de su casa para poder albergar a él y a su descomunal ego. O que le ha costado un mundo el empezar a entender el baloncesto más allá del “yo contra todos”.  Lo he hablado con mi psicoterapeuta y tampoco he descubierto el acertijo. Porque yo le digo, “muchas veces he deseado ser, al menos un día, Michael Jordan” pero nunca, ni despierto ni dormido, he fantaseado con ser Lebron. En fín, si alguna vez descubro lo que me separa de este personaje, seréis los primeros en saberlo. Eso sí, que no me despierte grandes simpatías no impide que reconozca que estamos ante un jugador de baloncesto superlativo, adelantado su tiempo, con un físico insultante y hasta con más neuronas de las que le presuponía. Como le ocurre a los más grandes, convierte lo excepcional en habitual, pero aún así mantiene la capacidad de superarse a sí mismo. Fue sin duda, el rey de una gran final

 

 

El miércoles, Dos James (2ª parte). El que era gordo, blanco y bueno, muy bueno

Se bajó la persiana

Por: Juanma Iturriaga

21 jun 2013

Campeonó finalmente el Madrid y el curso baloncestístico 2012-2013 bajó la persiana dejando a los madridistas en el cielo y al Barcelona con la necesidad de un periodo de reflexión profunda de cara al futuro. Pasemos por última vez revista a unos cuantos asuntos que nos dejó el último acto de esta gran final y los posibles efectos secundarios que todo enfrentamiento de este calado deja a sus protagonistas

El quinto asalto

96846_6_31647_6


El último acto fue más de lo mismo. Una constante goma donde el Madrid tiraba y el Barcelona se recuperaba. Pero en casi ningún momento dio la sensación que el Barcelona sería capaz de cambiar el rumbo. Apuntaba, se acercaba, pero ni siquiera contando con los momentos en los que Ingles y Jasikevicius entraron en ignición pareció suficiente para llegar más allá de poner nervioso al público del palacio. Si siempre es difícil ganar fuera de casa en un quinto partido, con sólo dos jugadores enchufados y clarividentes, esto se vuelve imposible. La suma de lo que empezó haciendo Carroll, luego Rudy, momentos de Llull, lo de siempre de Felipe, el ya no tan sorprendente Darden, la intensa pelea de Slaughter, la pujanza física general y el apoyo del público quedó fuera del alcance de un limitado Barcelona. Ni siquiera esa facilidad con la que el Madrid desperdicia grandes ventajas ofreció posibilidad alguna al Barcelona de pelear por el partido y la liga con los escasos argumentos que puso sobre la pista. Total, que aunque por margen estrecho en partido y eliminatoria, ganó el que parecía que debía ganar, el que parece más fuerte, el que sumó más. 

Dominio blanco

96818_6_84811_6

El Madrid no sólo dominó de principio a final el quinto y definitivo partido, sino que, como viene siendo habitual desde hace ya tiempo, dio la sensación, incluso en las derrotas, de estar en estos momentos uno o dos peldaños por encima de sus archienemigos, aunque los marcadores no terminen de reflejarlo totalmente. Creo que incluso los azulgranas durante toda esta temporada han partido de esta premisa, por lo que sus intenciones casi siempre fueron reactivas y su principal objetivo se cifró en desactivar el juego madridista por encima de cualquier otra consideración. Quizás no pudo o supo desarrollar en toda su extensión lo que ha venido haciendo toda la temporada, lastrado por la tensión y el mal rendimiento de dos personajes claves, Mirotic y Carroll. También sigue acusando cierta ciclotimia donde en un par de minutos puede tirar por la borda grandes ventajas, pero son detalles ahora menores. La cantidad de recursos con los que cuenta Laso, la apuesta clara por un determinado estilo de juego, el crecimiento de algunos de sus jugadores, la utilización de 10-11 jugadores que le permiten jugar a un alto ritmo en las dos partes del campo y un indisimulado hambre de títulos han conformado un colectivo que dominó totalmente la temporada regular y al que sólo en algunos momentos el Barcelona ha sido capaz de crear problemas. Los más optimistas (seguidores blancos, claro) verán ya un cambio de ciclo en el pedestal del baloncesto. Yo no sería tan osado, pues en otras ocasiones y otros deportes se anunció a bombo y platillo y no ocurrió, pero lo que sí se puede confirmar es que el Real Madrid es a día de hoy el líder del pelotón. Tiene presente, futuro, estabilidad, estructura de equipo y de juego y la paz que le debe otorgar el haber derribado una muralla que se les llevaba resistiendo más de lo previsto.

Resistencia azulgrana

96843_6_31644_6

El Barcelona ofreció una gran resistencia, por momentos casi heroica en las circunstancias que acontecieron y ante la superioridad de su rival. Pero anduvo pelado de juego, sobre todo ofensivamente. Sus 72, 72, 72, 73 y 71 puntos anotados se antojan tan escasos, tan cortos para el personal que tiene en su plantilla, tan limitados cuando estamos hablando de una de las potencias del baloncesto europeo que no es de extrañar que el resultado final de la serie haya sido el que ha sido. Y más ante un equipo como el Real Madrid, al que incluso en los días malos suele rondar los 80. Flojos Tomic y Lorbek, tocado Navarro, inconstantes Sada y Marcelinho, y de más a menos Oleson, incluso jugándose más tiempo a su ritmo que al del Madrid, tan raquítica producción ofensiva terminó por condenarles. En juego y victorias siempre fue a remolque, salvo el cuarto partido, y si bien su orgullo les permitió tener una derrota más que honrosa, el balance final no puede ser bueno. El Barcelona ha estado peor que la temporada pasada, cuando ya pareció que necesitaba algo más que una sesión de maquillaje. El apuntalamiento del equipo no ha surtido efecto, y siguen pendientes de Navarro, condicionados por el día que tenga Marcelinho, con Tomic puesto otra vez en duda, Lorbek desconocido y los jóvenes, con algún buen momento durante la temporada, aún sin dar el salto definitivo a la palestra. Y sobre todo y puede que sea lo peor, ha sido un equipo sin mucha cintura, algo “tanque”, sin ninguna vocación de dar vuelo a los partidos, poco emocional, siempre confiado en su defensa y muy rumiante su ataque. Es posible que al Barcelona le haya llegado el momento de preguntarse si su estilo de juego es el adecuado, no sólo para ganar, sino para que sus jugadores disfruten y de paso hagan disfrutar. Si lo importante es recuperar el título o recuperar el entusiasmo de su afición, a la que le cuesta cada vez más asistir al Palau Blaugrana. En fin, que tienen tarea para este verano.

El MVP

96879_6_84828_6

La elección no ofreció dudas. Felipe Reyes fue el único jugador capaz de mantener una cierta regularidad en sus prestaciones, siendo hombre clave en las tres victorias del Real Madrid en los partidos impares. Sus números, siendo buenos, no reflejan su impacto ni la importancia de ciertas acciones que resultaron vitales para el desarrollo de los partidos y la serie. Su mezcla de buena técnica, conocimiento del juego y lucha sin cuartel hizo mucho daño al Barcelona. Ejerció de capitán, mantuvo siempre el tipo, enamoró una vez más a su afición, que no paró de corearle, alimentó el animo de su equipo en los peores momentos y se ganó sobradamente un verano tranquilo en el que por primera vez no hará acto de presencia en la selección.

Dado que no hay MVP para los entrenadores, pues si hablamos de gente muy valiosa, aquí hay que hacer un aparte con Pablo Laso. Como es bueno tener memoria, a mí no se me quita de la cabeza cómo estaba esta sección, como estaba este equipo, como estaba esta afición hace exactamente dos años. Y como está la sección, el equipo y la afición hoy. Y el salto es tan estratosférico que sólo me queda quitarme el sombrero por aquellos que han hecho posible este cambio radical. Y como Pablo ha sido pieza fundamental en ello, pues le felicito a él y al que tuvo la buena idea de ficharlo, llamesé Juan Carlos Sanchez, Alberto Herreros o el portero de la puerta 43 del Bernabeu. Es igual. El caso es que Laso ha llevado al Madrid sensatez, sentido comun y un estilo que se ha ganado el respeto del contrario, elevado el prestigio de la sección y disparado el orgullo de su afición, que las ha pasado canutas durante mucho tiempo. Por esto y otras muchas cosas, aquellos rumores que surgieron, de ser ciertos y no una invención, que tambien pudo ser una estratagema desestabilizadora, me parecieron de una injusticia tremenda. 

Invitados sorpresa

Images

Un playoff final que se precie tiene que tener su buena dosis de sorpresas, saltos de guión donde alguien o algo rompe con lo establecido a priori. En el apartado barcelonista, Sada en el primero, un peculiar quinteto con Marcelinho, Oleson, Rabaseda, Todorovic y Mavro que resolvió el cuarto o la explosión de Jasikevicius e Ingles en el quinto lo fueron. En el Madrid, uno de los apartados más sorprendentes fue la consolidación de Darden como personaje trascendente. Fue subiendo peldaños en el escalafón jerarquico hasta el punto que en el quinto partido, se ganó ser casi la primera opción ofensiva cuando estaba en pista gracias a su juego de espaldas a canasta al que no pudieron responder ni Oleson,  Rabaseda e incluso Ingles. Darden sea ha ido ganando la confianza de Laso, su adaptación parece ya un hecho, ofrece una interesante variante y se supone que el año que viene seguirá por estos lares.

El futuro

Images-1

La Liga Endesa echa el cierre hasta Septiembre y en breve llega el turno a la selección. Como en este universo deportivo las cosas van muy rápidas, en pocos días dejaremos de hablar del pasado para renovar ilusiones y centrarnos en el futuro. Pero lo que ya no nos puede quitar nadie es que hemos asistido a una muy buena final, con todos los ingredientes necesarios y que ha contado con el beneplácito de los aficionados, que lo han seguido en intensidad y número muy satisfactorios. ¿Qué todo es mejorable? Por supuesto. Pero eso tendrá que ser ya la temporada que viene. En esta está ya todo el pescado vendido.

 

 

Manel

Por: Juanma Iturriaga

18 jun 2013

Images-1

Hay una frase muy típica y tópica cuando alguien se muere y que sale casi sin querer. Descanse en paz, solemos decir muchas veces, algunas de ellas como muletilla inconsciente que ayuda a pasar el trago de no saber qué decir. Cuando me llamó mi compañero Arsenio para notificarme que Manel Comas había fallecido, lo primero que me vino a la cabeza fue precisamente esa frase. Pero no fue un resorte ni mucho menos, sino la convicción de que a Manel se le había terminado un ultimo cuarto de partido donde el descanso y la paz a la que se refiere la sentencia de marras habían encontrado poco resquicio. 

Yo no era amigo de Manel. Ni nunca fue mi entrenador, lo cual igual fue una suerte, pues como hablamos en varias ocasiones, no sé si hubiésemos podido evitar más de un encontronazo. Antes de coincidir en la televisión, mis conversaciones con él nunca pasaron de unos cuantos minutos cuando nos encontrábamos por esos campos. En la tele, fueron poco más de 20 partidos los que comentamos al alimón. Quiero decir que mi conocimiento y opiniones sobre él son un poco de media y larga distancia. Eso sí, como el roce hace el cariño, tanto tiempo cruzándonos en ese universo baloncestístico al que ambos pertenecemos desde edad temprana hizo que nuestros encuentros siempre fuesen muy agradables, donde de una forma rápida pasábamos revista a los temas más candentes, nos lanzábamos las puyas que hiciesen falta y  por supuesto despellejábamos a algún personaje, que de todo había en esas charlas. Siempre tuve la sensación que lo mismo que a mí me gustaba encontrármelo, a él le ocurría lo mismo. Espero que fuese verdad. 

Manel Comas, y esto es un dato, no una opinión, ha sido un hombre importante en la historia del baloncesto español. Sólo hace falta repasar su curriculum para darse cuenta que en cualquier narración que se haga sobre nuestro baloncesto, tiene un puesto asegurado. 30 años, 12 equipos, más de 700 partidos, títulos de prestigio, prestigio de entrenador.  Pero además logró labrar un personaje, lo que está a alcance de pocos. Su nombre parecía decirlo todo sobre él. El sheriff es el que manda. El sheriff es el más valiente del pueblo. Al sheriff no se le engaña. El sheriff, como te portes mal, o te echa del pueblo o te mete en la cárcel. En definitiva, el sheriff es el sheriff. En un momento dado, los mandamases de una determinada ciudad podían ejercer su derecho a cambiar de sheriff, y entonces Manel cogía su caballo y se marchaba a su casa. Durante un tiempo era un sheriff sin pueblo, pero nunca dejaba de llevar la estrella puesta en sus colaboraciones periodísticas. Hasta que recibía otra llamada que lo reclamaba, hacía el petate y aterrizaba en otra ciudad que pacificar.  

Images-2

Por lo que cuenta jugadores que lo tuvieron como entrenador, era más o menos como pensábamos aquellos que no nos tuvo a su cargo. Un tipo directo, volcánico a veces, racial y nada amigo de las componendas. En la comunicación entre su cerebro y su lengua había poca intermediación, para lo bueno y para lo menos bueno. Pero con él no tenías duda de lo que pensaba, pues te lo decía, aunque fuese a bocajarro. Creo que finalmente esto el jugador lo agradece, pues siempre sabe a qué atenerse y qué terrenos pisa. De ahí seguramente el cariño que en general le profesaban sus exjugadores. Otro dato más, difícilmente refutable, es que este cariño era extensible a los aficionados. En los últimos meses mil y una veces gente de casi todos los campos de España me han dado recuerdos para él, se han preocupado por su estado, me han pedido que le traslade sus deseos de recuperación. 

Era un gran conversador, con opiniones casi siempre tajantes, de sheriff, y con la memoria suficiente como para poderte pasar con él buenos ratos recordando partidos, canastas, triunfos, derrotas, broncas con árbitros, peleas con jugadores o directivos. A mí me gustaba confrontar las versiones de los partidos que disputamos uno contra el otro. Poder conocer la misma historia desde dos puntos de vista diferentes siempre la enriquece. 

Como sheriff se enfrentó a su enfermedad, mirándola siempre a la cara. Me impresionó mucho cuando una tarde le pregunté sobre el miedo que puede producir una enfermedad que te puede llevar por delante, como así ha sido finalmente. "¿Miedo? Juanma, a mí lo peor que te puede pasar en la vida ya me ha pasado". Se refería a la muerte en accidente, hace 10 años, de su hijo de 25. Escucharlo me produjo una doble sensación. Por un lado, admiré su valentía. Por otro, una enorme tristeza al comprobar que hay cosas que no se superan nunca, dolores enormes que no te abandonan.

Hace unas semanas nos despertamos un mañana con una noticia que nos dejó anonadados. A Manel Comas se le acusaba de algo realmente repugnante, difícil de entender no ya en él, sino en cualquier ser humano. Según el auto, en esta ocasión el sheriff no era el bueno en esta película. Otro dato evidente a sumar: A Manel, a su historia, le acompañará siempre esta último acto. Basta con leer las notas de prensa sobre su muerte y comprobar que en el 100% se hacía referencia a la acusación. Y esto no cambiará nunca, sea cual sea el veredicto final, si es que alguna vez se llega a producirse. Y tampoco hay que ser un lumbreras para suponer que si es que le quedaban fuerzas para seguir luchando, estas le abandonaron al hacerse público el escabroso asunto. 

Como aunque no pongo la mano en el fuego ni por mí mismo, creo en la presunción de inocencia mientras no se demuestre lo contrario, para mí Manel seguirá siendo al que miraba de reojo en el banquillo rival siempre a punto de cogerse un cabreo con alguien y con algo. El que le ví por la tele ganar una copa Korac con un imposible tiro de un tal Galvin, otro bigote ilustre. Al que amargué una semifinal de la Copa del Rey en Barcelona, cuando dirigía al Cai y remontamos milagrosamente 11 puntos en poco menos de un minuto. El que me gustaba escuchar en rueda de prensa, pues siempre dejaba alguna perla. El que formó una pareja inclasificable con Romay en televisión, siempre rozando las discusiones tipo Los Roper. El que llegaba a San Cugat con el pelo rapado y con el que pasé un par de horas dominicales durante 4 meses. El que he echado de menos desde que abandonó por segunda vez el puesto de comentarista para poder ahorrar fuerzas que necesitaba para otro partido.

Para otros ángulos y opiniones de la persona y el personaje están su familia, sus amigos, los jugadores a los que entrenó, los directivos que le contrataron o la justicia que ahora parece tener cuentas pendientes con él. Pero ese es el Manel Comas que yo conocí y del que puedo y quiero dar fe. Mi relación nunca fue muy de cerca, pero si suficiente como para que desee de todo corazon y con todo mi cariño que finalmente pueda descansar en paz.  

 

Cuarto asalto

Por: Juanma Iturriaga

17 jun 2013

El Barcelona realizó el enésimo ejercicio de superviviencia salvando el primer match ball ante un tibio Real Madrid y la final se decidirá el próximo miércoles en cuarenta minutos inciertos, difíciles de predecir pero que se presentan tan apasionantes como dramáticos. Pasemos revista a algunos de los asuntos que nos dejó este cuarto acto de una obra aún inacabada. 

Las urgencias ganan a los “a ver que pasa”

96744_6_31603_6
Si algo ha demostrado esta final es que en cada momento, las urgencias se imponen a las contemplaciones. Lo hizo el Madrid en el partido inaugural, donde defendió, aunque fuese in extremis, lo ganado en la temporada regular. Respondió el Barcelona dos días después, evitando un 2-0 que la historia se empeña en declararlo imposible de remontar. La serie cambió de sede y fue el Madrid el que consiguió no tenerse que jugar la liga en campo ajeno. Por último, ayer, el Barcelona alargó la final subido a una intensidad emocional que no tuvo respuesta en sus rivales, aparentemente mucho menos metidos en la batalla.  Llegados a este punto, se terminaron las segundas oportunidades, el poder dejar algo para el partido siguiente y el elucubrar quien está más presionado.  

A falta de juego, pasión

96739_6_31595_6

Más de una vez el Barcelona ha pecado se ser un equipo demasiado funcionarial, un tanque capaz de aplastarte pero donde quedaba poco espacio para los asuntos emocionales. En esta ocasión, desde el salto inicial y en medio de un ambiente a la altura de lo que se jugaba, los azulgranas se dejaron el alma, lucharon contra la adversidad de quedarse sin Navarro, arengaron al público, celebraron sus aciertos y se apoyaron en los fallos. Hubo cuestiones técnicas, por supuesto, como la indisimulada búsqueda de Tomic en el primer cuarto. Necesitan al croata los azulgranas, y le buscaron no sé si más, pero sí mejor que otras veces, a lo que el hasta ahora desaparecido pivot respondió con unos primeros diez minutos de enmarcar. La superioridad en el juego interior del Madrid, evidente en los tres primeros partidos, pasó a mejor vida y donde antes había rebotes y puntos blancos, en esta ocasión eran blaugranas. La salida de Felipe Reyes equilibró un poco esa superioridad, pero lo que no cambió fue la sensación que el sistema nervioso de los locales estaba más alerta, más en tensión que el de los visitantes. 

Los partidos te dan sorpresas, sorpresas te dan los partidos

96732_6_31591_6

A veces, y ahí radica la grandeza del enfrentamiento deportivo, se producen puntos de giro inesperados. Se echó la mano Navarro a la parte posterior de su pierna izquierda y rápidamente pidió el cambio. La cosa pintaba mal y el paso del tiempo lo confirmó no volviendo a aparecer en la cancha y quedar a la espera de su evolución en los tres días que quedan para el quinto partido. Al Madrid le sonreía mucho más el marcador que las sensaciones que emitía el partido, y la retirada del santo y seña barcelonista se ofrecía como buena oportunidad para dar un golpe de mano. Xavi Pascual opta por un quinteto de esmerados subalternos compuesto por Marcelinho, Oleson, Rabaseda, Todorovic y Mavro. Y estos cinco jugadores, en lugar de dar un paso atrás, se tiran a degüello. Pelean cada pelota, se hacen fuertes en defensa, se aprovechan de los pocos momentos donde Marcelinho ha estado muy lúcido y adquieren una ventaja que resulta fundamental para el desenlace. 

A la espera de lo que no llega. 

96748_6_31608_6

El Madrid, mientras tanto, se pasa el partido esperando. Espera a que llegue su momento. Espera que el Barcelona acuse la tensión de verse al borde de la eliminación. Espera a Carroll, a Mirotic, a Sergio Rodriguez, a Rudy. Pero pasan los minutos y no llega casi nada. Siempre tiene el partido a tiro, el título cerca, pero no pasa de ahí. Para colmo de males, el error arbitral del fuera de fondo de Tomic (ni el primero ni el último para cualquiera de los dos equipos) le saca demasiado de quicio. Rudy se enreda, el equipo se queja, la posible victoria se esfuma. Se habla de los árbitros una vez más después del partido y una vez más deberían hablar, tanto unos y otros, del juego y el ánimo, que es lo que les ha dado y quitado victorias. Y lo que dice el juego y el ánimo es que el Madrid no lo tuvo, o no lo tuvo suficiente. A veces es difícil distinguir entre lo que el rival no te ha dejado hacer y lo que tu propio estado te ha negado. La  sensación que dejó el partido es que al Madrid le faltó decisión, y nervio, sobre todo para aprovechar una circunstancia como la lesión de Navarro que pensada de antemano, le otorgaba una incuestionable ventaja. Pueden pensar y planear todo lo que quieran desde el banquillo, pero al final el juego pertenece a los jugadores. Y los del Real Madrid no tuvieron su día. Sin nadie a quien agarrarse prácticamente durante todo el partido, sucumbió justamente ante un equipo que sigue dando la sensación que está cogido casi con alfileres, muy castigado por las lesiones, pero que mantiene un coraje destacable. 

El futuro   

96721_6_31580_6

En 48 horas esta novela por entregas alcanza su capitulo final. Un quinto partido resulta siempre difícil de prever. La tensión será máxima para los dos equipos, por lo que la incidencia de las cuestiones mentales se convierte, más que nunca, en un factor primordial. El público tendrá su papel, pero ya hemos visto anteriormente que en determinadas situaciones se puede convertir en un problema añadido si su posible ansiedad se traslada a la pista. Hasta que llegue el momento del partido, seguramente asistiremos a más de un intento, sobre todo por parte del Barcelona, de hacer al Madrid depositario de una mayor responsabilidad al jugar en casa. Al mismo tiempo el factor Navarro sobrevolará todos los análisis y el propio Barcelona tendrá que rumiar su más que probable ausencia o presencia disminuida. Pero lo que está claro es que ninguno de los dos se ha ganado la confianza como para apostar a ciegas por él. No hay jugadores en racha, ninguna ventaja dura mucho y el juego, ay, el juego. Menos mal que la historia de los contendientes, su seguimiento social, la incertidumbre, las polémicas y el todo o nada a cuarenta minutos, en esta ocasión parece suficiente. Pero el juego…. ay, el juego….

 

Tercer asalto

Por: Juanma Iturriaga

15 jun 2013

A la tercera fue la vencida y por fin uno de los dos finalistas hizo un alarde, si consideramos como tal el jugar un partido completo. El Madrid rescató esencias extraviadas y entre su ventaja y las vibraciones que transmite el Barcelona, tiene el título a tiro. Tratemos algunos asuntos de este tercer acto.

Cuando las sensaciones son ratificadas por el resultado

96696_6_31568_6

No creo que sea el único, ni mucho menos, que tiene la sensación que en la actualidad el Madrid es superior al Barcelona. Por muchas razones que van desde las edades, el estilo, la situación física y el propio juego. Así ha estado ocurriendo prácticamente durante todo el año, y por eso lo de la Copa se tomó casi como una sorpresa. Ahora bien, esta teórica superioridad, incluso asumida por el propio Barcelona, que suele estar siempre más preocupado en desactivar a su rival que en el desarrollo de su propio juego, no terminaba de plasmarse, como vimos en los dos partidos de Madrid. Con la final de vuelta a Barcelona, el tercero sí que cumplió con la opinión bastante generalizada. Se vio un Madrid poderoso, enchufado desde el principio, con una enorme variedad de recursos que le permiten encontrar soluciones a casi todos los problemas y una rotación algo más flexible y no tan de sota, caballo y rey como suele parecer habitualmente. Dominador de principio a fin, el Barcelona aguantó como pudo, con demasiado poco como para evitar que la goma que volvió a hacer durante el partido (se alejan, me acerco, se alejan, me vuelvo a acercar) terminase rompiéndose en el último cuarto. No hubo finales apretados ni polémicos, y al menos en esta ocasión, lo presumible, ateniéndonos a cómo están y de donde vienen cada uno de los dos contendientes, el marcador estuvo acorde con ello.

Hablando de MVPs (1)

96699_6_31571_6

Lo que hizo ayer Mirotic es para quitarse el sombrero. Y no por haber demolido en los últimos minutos las ya escasas resistencias del Barcelona. A los grandes jugadores hay que juzgarlos no sólo por su comportamiento habitual, sino por sus reacciones en las situaciones más adversas. Y Mirotic, joven todavía en proceso de maduración aunque a veces se nos olvide, estaba atravesando el peor momento su carrera. Apuntando por muchos por su bajo rendimiento en las grandes citas, cuestionado su galardón de MVP de la temporada, señalado con el dedo tras los dos primeros partidos de la serie, la contestación fue no sólo de gran talento baloncestístico, sino de un hombre con carácter, un gran competidor. Ya apuntó en el segundo partido de la serie, donde cinco puntos seguidos suyos parecieron decantar el partido hacia el Real Madrid. Ayer y por tercera vez, pasó muchos minutos lidiando con sus faltas y cierta ofuscación, sin encontrar el sitio adecuado y el momento justo y se mascaba un tercer fracaso individual, que hubiese supuesto un daño de cierta consideración a su prestigio. Pero olvidando el pasado, se centró en el presente. Pim, pam, pum. Partido crítico ganado. Seguramente la diferencia entre el Madrid habitual y el que estamos viendo en esta final son las desactivaciones por parte del Barcelona y de sus propios enredos de Mirotic y Carroll. Todavía sin noticias del segundo, sí apareció el primero, se echó a su equipo a la espalda, colocó el marcador en los 80 y el Madrid acaricia título. Respuesta de MVP.

Hablando de MVPs (2)

96665_6_31543_6

Y ya que estamos con el tema, hablemos del que creo lleva delantera en la carrera por el MVP de esta final. Sí, no es otro que Felipe Reyes. Decisivo en el primero, imperial en el tercero, donde se merendó a todo el que se le puso por delante, llámese Wallace, Lorbek o quien fuese. Esta vez no fue unos minutos estelares, o algún rebote decisivo. Su participación e incidencia fue constante desde que saltó a la pista y sobre su acierto, unido a la habitual entrega sin par, el Madrid empezó a edificar su trascendental victoria. Cada balón que pasó por sus manos fue bien resuelto y su figura se va agrandando partido tras partido. La manifiesta superioridad madridista en el rebote y en la producción ofensiva alrededor de la canasta, constante en toda la final, también tiene que ver con la actividad frenética de Felipe. Decía en una entrevista antes de la final, a modo de reivindicación, que siempre se resalta su brega y menos su talento baloncestístico. El partido de ayer le da completamente la razón.

Demasiado poco

96688_6_31566_6

El tercer partido puso de manifiesto casi todos los problemas por los que atraviesa el Barcelona. Navarro demasiado solo y vigilado al máximo, Tomic desesperantemente ineficaz, Lorbek disminuido, Marcelinho desaparecido, puntería desviada y extremas dificultades ofensivas. Algo falla, o mucho, cuando Jasikevicius es casi el único, junto con Navarro, de darle chispa a un equipo demasiado previsible. Esta vez ni siquiera la zona en el último cuarto le alivió sus penas, por lo que terminó sucumbiendo mucho antes de que Mirotic diese la puntilla. Echa de menos, mucho, a Pete Mickael y ante el dominio blanco de la zona, tampoco le hubiese venido mal Jawai, por mucho que Mavro esté cumpliendo de sobra. Pero al final la suma de todos se antoja escasa, por lo que o algunos de sus jugadores mejoras ostensiblemente sus prestaciones o el futuro se presenta muy negro.

El futuro

96648_6_31526_6

La final, aunque el Madrid haya dado un golpe importante, no ha terminado. Las cosas pintan mal para el Barcelona, pero una victoria mañana dejaría todo para el quinto partido, que puede resultar imprevisible por la tremenda tensión en la que se celebraría. El Barcelona ha dado sobradas muestras de su capacidad de supervivencia, el Madrid tiene muy vivo el recuerdo de lo que ocurrió el año pasado, cuando desperdició la gran oportunidad de llevarse la liga en su propio campo. Como ante cada partido, hasta mañana no sabremos cómo han digerido cada uno de los contendientes lo ocurrido en el partido anterior. Veremos entonces los daños morales causados en el Barcelona, o la posible distensión que puede provocar en el Madrid saberse con dos bolas de partido. Después de dos partidos donde la emoción superó con creces al juego, bastante pobre por parte de los dos equipos, en el tercero el Madrid dio un paso al frente. Ahora le tocaría al Barcelona. Sin una mejora clara, manteniendo el 72 como constante en su anotación, se antoja difícil que lo consigan. Pero nada gusta más a los playoffs que dejar los análisis como papel mojado de un día para otro.

Segundo asalto

Por: Juanma Iturriaga

12 jun 2013

Vaya, vaya con la final. Debería estar patrocinada por el Colegio de cardiólogos. Curiosamente y hasta el momento, está calcando el guión de la del año pasado, cambiando equipos y campos. Salvación in extremis para el de casa en el primer partido, recuperación del perdedor e igualada de serie en el segundo. Analicemos algunos aspectos del segundo acto de esta más que interesante obra. 

Siete vidas tiene un gato, y también el Barcelona

96570_6_32750_6

Tengo que reconocer que en varios momentos del partido no hubiese dado un duro por el Barcelona. Le ví disperso, volviendo a cometer errores de pase impropios, sin un guión claro de donde y con quien quería jugar, con Tomic otra vez extraviado, sin un Sada iluminado y encima Lorbek lesionado. Pero a cada una de mis dudas, reaccionaba convenientemente hasta llevar vivo al final y rematar una faena que no estuvo clara en ningún momento. Realmente la paciencia con la que afrontan los partidos en sus pasajes más críticos, la capacidad de respirar debajo del agua en las fases tsunami del Madrid, tuvo finalmente como recompensa un triunfo impagable. Aguantan y aguantan hasta dar con la tecla, que en esta ocasión fue una zona que me dio la impresión sorprendió más de lo que debería al Madrid y en la que Xavi Pascual confió incluso cuando pasado el desconcierto, el Madrid encadenó varios ataques efectivos. Al final y visto el resultado, todo un acierto del técnico azulgrana. 

Ventaja, ¿para qué te quiero?

96561_6_32741_6

Recibí un whatsup nada más acabar el partido de un amigo donde me decía que si los dos equipos no sabían que los partidos duraban cuatro cuartos, no tres. La verdad es que no deja de resultar sorprendente observar cómo en los dos encuentros hemos visto naufragar en el último cuarto al equipo que llevaba una clara ventaja. La desperdició el Barcelona el domingo, lo hizo el Madrid el martes. Insisto en mi sensación ya explicada en el post anterior. Tanto Barcelona como Real Madrid llegó un momento en el que su máxima prioridad era la defensa de la ventaja en lugar de seguir manteniendo la actividad y maneras que les habían llevado a construir una diferencia apreciable. Evidentemente hubo aspectos que podían justificar en parte este cambio, como las dudas que le metió en el cuerpo de los madridistas la zona azulgrana. Pero estoy hablando más de actitud que de otra cosa. Un ejemplo. ¿Por qué el Madrid no hizo lo mismo que en el primer partido durante el último cuarto, con esas zonas presionantes con Slaughter en primera línea que tanto daño hizo al Barcelona? No sólo resultó efectiva, sino que activó muchísimo el sistema nervioso de todo el equipo ¿Sólo valen para cuando vas debajo en el marcador y cuando estás arriba hay que ser más conservador? No sé, pero lo que está claro es que ni uno ni otro han sabido gestionar unas ventajas que en el papel, desearía cualquier equipo en cualquier partido.

MVP (por ahora)

96553_6_85991_6

Al comienzo del playoff aposté por Sergio Rodríguez como MVP de esta decisiva fase de la temporada. En el primer partido lo fue, pero si sumamos actuaciones, ahora hay otro jugador que creo que se lo merece, aunque no sea de los más sonoros y tampoco confíe mucho en que final sea el elegido, sea el resultado final que sea. Brad Oleson es probablemente el único jugador que ha cuajado dos actuaciones sobresalientes. El domingo fue arte y parte de los mejores momentos del Barcelona, supliendo perfectamente a Navarro, al que le costó coger (no le dejaban) el aire al partido. Ayer elevó un poco más la categoría de su actuación, buena siempre, decisiva en el tramo final donde no tuvo reparos de jugarse la última pelota mientras que el azar había postergado en el banquillo a Navarro. Siempre sobrio, partiéndose la cara con Rudy, que es mucho partirse, efectivo en el lanzamiento y casi infalible en la línea de tiros libres. Para ser un jugador fichado a mitad de temporada, todo un chollo. 

El Madrid no está fino (por ahora)

96552_6_32738_6

Ni cuando ganó ni cuando perdió, el Madrid ha jugado hasta el momento lo que se conoce comúnmente como “un buen partido”.  Sigue moviéndose a tirones, sus rotaciones (en la derrota) parecen demasiado rígidas y algunos jugadores claves se han enredado en el momento más inoportuno. Ayer se vio a un buen Begic, Slaughter aportó dinamismo, Felipe lo de siempre, y Carlos Suarez volvió a cumplir sobradamente en los primeros minutos para no volver a jugar. Son unos cuantos, pero claro, no es lo mismo un buen partido de un determinado jugador que de otro. El buen partido de Begic no tiene la misma incidencia que uno de Carroll, que se traduce en 20-25 puntos y destrozar una defensa.  Y qué decir de Mirotic, señalado en el primero y aún más, y a pesar de sus dos canastas que parecieron decisivas, en el segundo. Con estas versiones tan pálidas de estos dos jugadores, el Madrid queda tremendamente expuesto y dependiente excesivamente de la tripleta Sergios+Rudy. Y salvo lo que hizo el canario en el partido inaugural, tampoco han estado sobresalientes. El duelo Navarro-Rudy en trascendencia y liderazgo lo va ganando el azulgrana y me sigue pareciendo que las jerarquías sobre quien debe mandar y decidir los últimos balones están algo difusas entre los tres jugadores. 

Los dos análisis

96580_6_32760_6

Todo lo dicho, lo bueno y lo malo, tendría otro enfoque si Sada mete la entrada del domingo o si Sergio Rodríguez o Carroll embocan sus tiros en la última jugada de ayer. Quizás las pizarras de Xavi Pascual o Pablo Laso no sería igual de buenas o malas, puede que la zona azulgrana sería criticable en lugar de alabable, Mirotic podría ser un héroe o la liga estaría perdida para uno de los dos equipos. Ahí radica la dificultad del análisis para técnicos, jugadores y opinadores. Porque al fin y al cabo, lo bien hecho y lo mal hecho debería ser lo mismo en los treinta y nueve minutos y cincuenta y nueve segundos restantes. Pero entiendo que esto resulta casi imposible. El marcador es tirano y para bien o para mal, lo condiciona todo. 

El futuro

Viaja la serie a Barcelona, donde se espera un ambiente a la altura de la ocasión. Dicen los manuales que el partido clave de una serie a cinco es el tercero. Como llevo sin apostar un tiempo, me voy a mojar un poco. Mi bola de cristal contempla dos escenarios. Uno, victoria del Madrid que traerá consigo una victoria del Barcelona en el cuarto y ya no puedo leer más, aunque vislumbro ligeramente una liga blanca. Dos, victoria del Barcelona en el tercero y remate de la final en el cuarto. O sea, que cuadra con el manual. Pase lo que pase, que la fiesta baloncestística no pare, que los partidos sigan siendo dramáticos, que algunos jugadores mejores sus prestaciones y que todo se desarrolle dentro de los cauces normales y reglamentarios. 

Gran final estamos viendo, ¡vive dios!

96527_6_32724_6

Postdata. Corren rumores nada bienintencionados por Madrid sobre el futuro de Pablo Laso si el Madrid no gana la liga. Ni será la primera ni tampoco la última vez que me pronuncie sobre el tema. Me parece un error GIGANTESCO. Cierto es que de producirse la victoria azulgrana, los dos años de Laso al frente del Madrid se cerrarían con una Supercopa y una Copa del Rey. Vale, poco titulos. Pero en el haber encontramos cosas que nos obligarían a retrotraernos en el tiempo casi una década y media para encontrar algo parecido en el Real Madrid. Una idea, un equipo joven con presente y proyección, un atractivo estilo, reconocimiento, humildad, trabajo serio, buena imagen exterior y un pabellón que con su habitual buena asistencia certifica su gusto por lo que ven. El Madrid, despues de muuuuuucho tiempo, compite consolidez y constancia por todos los títulos. Ha llegado a una final europea casi 20 años despues y tutea a quien se le ponga por delante. Además, ¿desde cuando son tan importantes los títulos? ¿Acaso Mourinho no ha triunfado con tres semifinales europeas? Es más, ¿no terminó con la dominación del Barcelona ganando una liga y una copa mientras los azulgranas levantaban dos ligas y una Champions? Pablo Laso ha hecho un enorme trabajo en el Madrid del que muchos nos sentimos orgullosos pues ha recuperado esencias históricas. ¿Que no es perfecto? ¿Que se equivoca? Sin duda. Pero ¿de verdad lo hace tan a menudo como para ponerle en duda? Yo a veces alucino. 

Primer asalto

Por: Juanma Iturriaga

10 jun 2013

Comenzó la final a lo grande, con un partido intenso, polémico en su final y que augura futuras grandes emociones. Vamos, lo que se espera de un enfrentamiento entre Madrid y Barça en su eterna lucha por la supremacía. El partido tuvo de casi todo, fijémonos en algunos asuntos. 

La jugada

 

La última jugada protagonizada por Sada trajo debajo del brazo lío, protestas, una melé con los dos equipos casi al completo y a punto de enzarzarse y al menos 48 horas de dimes y diretes. No seré yo quien asegure si fue o no fue falta, pues ni soy árbitro, ni las muchas repeticiones que he visto me han sacado de dudas. Ni en la falta, ni en quien toca el balón por última vez. Tampoco los protagonistas aclaran en exceso lo ocurrido. Sada ha dicho que Sergio Rodríguez le confesó que había sido falta, pero Sergio Rodríguez mete por en medio de su declaración pública un “pudo haber sido”. Pero es Sergio Llull el que mete la mano y el menorquín, asegura que tocó balón pero que no sabe si luego le dio a otro jugador. En definitiva, que ni se ve bien, ni los implicados lo aclaran en exceso. Realmente el que haya sido falta o no va a dar igual, sobre todo cuando es imposible, al menos por ahora, demostrar lo uno o lo contrario. Como cuando acontecen situaciones de este tipo la emoción suele ir por delante de la razón, en la mayoría de los casos será el corazón y no la cabeza la que lleve a cada uno a una conclusión. 

Las sorpresas

96477_6_85961_6

Enfrentándose dos equipos que se conocen a la perfección, resulta difícil sorprender. Lo intentó el Madrid , por ejemplo, en su primera jugada defensiva, cuando se colocó en un 1-4 con Llull sobre Navarro, y que al menos durante los primeros minutos obligó a pensar al Barcelona unos segundos en cada ataque hasta comprobar qué era lo que tenía enfrente. Pero hasta eso podía estar dentro las múltiples opciones que trabajan ambos equipos. Lo que sí se salió del guión completamente fue la actuación de Víctor Sada. Ya se le había visto en este final de temporada una actitud mucho más incisiva en las maniobras ofensivas de su equipo, mirando el aro con mayor frecuencia, pero lo de ayer fue tremendo. Como siempre salió al campo para darle a su equipo mayor consistencia defensiva y al final fue el que desencadenó un huracán anotador. Sus cuatro de cuatro en triples pusieron al Barcelona al mando hasta completar un segundo cuarto demoledor (14-31). Todo un partidazo de Sada, todo un problema presente y puede que futuro para el Real Madrid

A oleadas

96458_6_85942_6

No jugó bien el Madrid. O al menos no jugó tan bien como acostumbra. En un playoff a cinco partidos, la presión en el primero recae sobre el equipo de casa, y si a esto le sumas cierto favoritismo y la ansiedad que vive el madridismo por culminar su ascensión al liderazgo del baloncesto nacional (y eso se dilucida en la Liga) todo dio como resultado a un Madrid demasiado tenso, algo pasado de revoluciones en algunos momentos, con jugadores como Mirotic y Carroll por debajo de prestaciones habituales y sin buenas circulaciones de balón, lo que le obligó a vivir casi todo el tiempo de sus bases y la hiperactividad de Rudy. Eso sí, incluso en los días no muy claros, es un equipo que en al menos en un par de momentos del partido se sube a lomos de cualquiera de los dos Sergios y se convierte en un tsunami de difícil contención. El Barcelona aguantó más que bien los primeros, pero sucumbió al último y definitivo, construido a partir de atosigantes defensas alternativas y con Sergio Rodríguez liderando los ataques. 

Atacar o defender

96487_6_85970_6

Hubo un momento bisagra en el partido, allá por los inicios del último cuarto. El Barcelona había logrado una buena renta a través de un trabajo excelente. Aguantó el lógico arreón inicial del equipo de casa y en cuanto comenzaron las rotaciones se puso muy serio, con la cabeza clara y la muñeca afinada. Era el Barça del miércoles pasado en Las Palmas, la versión buena de este equipo que en esta temporada se ha mostrado tan irregular. Como a Navarro y Tomic les negaron de inicio hasta la respiración, allí aparecieron Oleson y Mavrokefalidis para echar una mano de Marcelinho que era el único que podía atacar la canasta blanca. Pero les faltaba defensa, y cuando hay que ponerse manos a la obra, nadie mejor que Sada. La inesperada explosión anotadora del base reafirmó el dominio azulgrana, y el tercer cuarto fue un poco más de lo mismo, con el Barça en plan mandón, ya con Navarro haciendo de las suyas. Pero la ola madridista empezó a crecer y el Barcelona, que hasta ese momento había atacado a su rival (en todo el sentido de la palabra atacar) pasó a tener que defenderse. Y no es lo mismo. Como ocurrió en la semifinal de la Euroliga, el partido terminó por hacérsele demasiado largo, echándose de menos algo más de claridad y acierto en el terreno de la definición (errores de bulto en el rebote defensivo, por ejemplo) algo en lo que han sentado cátedra durante su incuestionable dominio de los últimos años. 

Presentes y ausentes

96476_6_85960_6

Cualquier jugador del Real Madrid y Barcelona pasa sus exámenes en los grandes acontecimientos. Se les ficha para ganar títulos y son los encuentros que los deciden los que condicionan la nota final. El primer partido de la serie final validó a unos y obliga a reaccionar a otros. Los bases, todos, estuvieron a gran altura y el duelo Navarro-Rudy no defraudó. Mavrokefalidis volvió a confirmar que ha sido un acierto su contratación, Oleson suplió los problemas iniciales de Navarro y Felipe Reyes demostró que puedes ser protagonista principal con dos jugadas. Slaughter, por su parte, desde su posición puntera en las zonas presionantes, colaboró decisivamente en el último cuarto. A otros no les fue tan bien. Como a Tomic, muy enredado en estos playoffs y más cerca ahora del Tomic del Madrid que del de esta temporada en el Barcelona. O Mirotic, que no tuvo presencia importante, lo mismo que Carroll. Lorbek empezó bien pero se diluyó, Ingles se distinguió más en la bronca que en el juego y Wallace, Rabaseda y Cárlos Suarez, titulares todos, dejaron poco para el recuerdo.  Mañana llega otro examen parcial donde se esperan confirmaciones y reacciones. 

El futuro

96446_6_85932_6

O sea, mañana. Lo único se sabemos es que la foto a las nueve de la noche será esta. A partir de ahí, vete tú a saber. La exigencia se ha mudado y ahora es sobre todo el Barcelona el que se juega las habichuelas. Ya sabemos lo que dice la historia de un 2-0 en contra (nadie lo ha remontado) y aunque las estadísticas están para contradecirlas, si algo no ha pasado nunca será por algo. Esto no quiere decir que el Madrid pueda salir a ver que pasa, pero la mochila seguro que no está tan cargada como en el primer choque. Pero es el Barcelona, como perdedor, el que debe mover ficha. Necesita hacer entrar en dinámica a Tomic, algo más de Lorbek, algún pase perdido menos y mejor cierre de rebote. Y sobre todo olvidarse lo antes posible de la oportunidad perdida, el supuesto “robo” (de verdad que hay un tipo de periodismo que resulta hasta nauseabundo) y centrarse en el juego. Lo ha hecho muchas veces antes y su capacidad para afrontar estas situaciones límite es excelente, por lo que el Madrid no puede permitirse ningún relajo. Su velocidad de transición necesita el paso previo de la agresividad ofensiva de la que careció durante buena parte del partido inaugural (culpa también del buen hacer azulgrana). 

Sea como sea, esperamos ansiosos lo que nos traiga el segundo acto de una final que ha tardado menos de 48 minutos en entrar en ignición. Mientras las cosas no se vayan de madre, bienvenida sea.   

 

 

Estimado Florentino (III)

Por: Juanma Iturriaga

03 jun 2013

Florentino_23733_1

Madrid, 3 de Junio de 2013

Estimado Florentino: 

Aprovechando el comienzo de un ¿nuevo? tiempo, me dirijo a usted por tercera vez. Como puede ver, el hecho que no haya habido contestación por su parte ni a la primera ni tampoco a la segunda misiva no mina mi moral, sino todo lo contrario, supone un reto mayor el conseguir al menos un acuse de recibo. Ya conoce el refrán, “la constancia en los reveses dio el triunfo a los portugueses”. Bueno, qué tonterías digo, ¡cómo no lo va a saber! si usted de portugueses es todo un experto. Pero no nos desviemos ya tan al comienzo. 

Antes de entrar en materia, quiero felicitarle por su nuevo mandato, al que accede sin oposición alguna. Existen algunas personas malpensadas que opinan que ha hecho todo lo posible para no tener ningún contrincante, de ahí el reciente rotoque de los estatutos. Son gente que no ha entendido que dentro de sus deberes y obligaciones como presidente entra el preservar al Real Madrid de la posible llegada de una persona que no le convenga, un personaje que use el club a su antojo y provecho y no entienda que como usted bien dice, el Madrid es de sus socios y no de sus dirigentes. Sé que su único deseo era evitar que apareciese algún millonetis, magnate, jeque o lo que sea de esos que andan por ahí con el riñón bien cubierto y que a la que te descuidas, se adueñan del club y se gastan año tras año una millonada en entrenadores y jugadores a los que queman sin parar sin entender los tiempos en la creación de equipos campeones o que hay cosas que son imposibles de comprar. También aprovechan su posición para hacer sus negocios y ni entienden ni atienden a cuestiones como la historia o los valores. O los entienden mientras les va bien y los desatienden o cambian su sentido cuando les conviene. Entiendo su desinteresado interés en preservar al Madrid de estos arribistas.  

Según los expertos, un buen mandatario tiene que ilusionar a su gente. Esto lo entiende hasta un niño de diez años. Normalmente, el capítulo de la ilusión de cualquier aficionado se supone que se remite a entrenadores y jugadores. Y en esas estamos a día de hoy, que si Anceloti, que si Heynkens, que si Bale, Isco, etc. Sólo hace falta echar un vistazo a los periódicos deportivos para darse cuenta que en estos momentos usted no sale de su despacho pues está hablando día y noche con un montón de presidentes, entrenadores, agentes y jugadores a lo largo del mundo, mientras se imagina a la afición madridista pendiente de un hilo, conteniendo la respiración y posteriormente haciéndole la ola al concretar uno de esos grandes fichajes. No seré yo quien le diga que ese no es un camino. Pero me va a permitir que le sugiera otro. Ya le advierto que es algo más difícil y tengo pocas esperanzas que lo siga, pero al menos yo lo voy a intentar.  

Lo que yo le sugiero y animo a hacer es comenzar su nuevo mandato con un ejercicio de autocrítica. Ya no corre ningún riesgo pues no hay quien le pueda hacer sombra, al menos durante otros cuatro años. Sé que vivimos en un país donde la autocrítica brilla por su ausencia. Nos hemos ido al garete (por no decir algo más fuerte) y a día de hoy nadie se siente responsable. Empezando, ¡hasta ahí podíamos llegar! con el presidente del gobierno, que hace unos días nos contó que ha hecho lo contrario de lo que prometió por nuestro bien, para evitar el crack. Un crack del que evidentemente tiene la culpa Europa, el PSOE, los sindicatos, la sanidad publica, la educación, el despilfarro (el ajeno, claro) el vivir por encima de nuestras posibilidades o los medios de comunicación. Qué decir del negocio bancario, los desahucios, las preferentes, los Bankia, etc. Todos cumplían ordenes, que eran muy mandados. O del principal (por ahora) partido de la oposición (por llamarlo algo). Lleva tres años despeñándose y ahí están los mismos. Bueno, no sé por qué se lo explico, pues usted se ha pasado tres años compartiendo destino con un profesional del noble arte de echar la culpa de los reveses hasta al empedrado. Pues aunque no sea trending topic ni de lejos, humildemente le recomendaría una cierta dosis de autocrítica. 

En las últimas dos semanas le he escuchado hasta tres veces. Cuando anunció la salida de Mourinho, en una entrevista radiofónica y en la presentación de su candidatura. Le tengo que confesar que me dejó un poco frío. Pero bueno, conozco los procesos mentales ante los grandes shocks, y su primera fase es siempre la de negación.  No sé si es jugador de mus (yo no le veo) pero ha negado la mayor, la pequeña, los pares y el juego. Todo han sido parabienes hacia su gestión anterior, que según sus propias palabras, ha vuelto a colocar al club en el lugar que merece. En cuanto a su querido ex entrenador, no ha fracasado ni mucho menos y usted quería que se quedase. La culpa de todo, la presión de los medios. Y no sé qué más cosas de tan difícil digestión que fíjese que en algún momento hasta he pensado que ni usted mismo se creía lo que decía. Pero olvidemos el pasado, que no mueve molino. Yo que usted aprovecharía la posibilidad que tiene de convertirse en el primer hombre importante de este país que reconoce un error, lo que además de liberarle de la pesada carga de tener siempre la razón, que eso sólo lo lleva sin inmutarse el risueño Aznar, le aseguro le granjearía muchas simpatías.  

Voy a suponer que esta carta ha superado los filtros pertinentes, ha llegado a sus manos, no la ha tirado a la basura y todavía sigue leyéndola. Puedo imaginar su cara. ¿pero qué errores he cometido yo?. Le voy a dar unas pistas. No, no voy a sacar a Del Bosque a colación, aunque reconocerá que tampoco estuvo muy lucido con este tema. Tampoco los Queiroz y similares, o el desborde del Galactismo que le llevó a presentar la dimisión, cosa que dicen que un buen capitán de barco no debe hacer, pero bueno, usted dirige un club, no un barco. Ni siquiera de Pelegrini, al que creo que no se le trató con el respeto que merecía. Ni profesional ni personalmente. Todo eso lo puede obviar. 

Le bastaría para salir a hombros de la plaza con que su único objeto de autocrítica fuese reconocer su error al contratar a Mourinho. No, corrijo. El error grave no fue contratar a Mourinho, sino darles las llaves del club, dejarle que durante tres años hiciese lo que le diese la gana sin que ni una sola vez saliese usted a recriminarle nada (al menos no se tiene constancia, y si lo hizo no tuvo mucho efecto) incluso hasta en las ocasiones que le ha dejado, y perdone por la expresión, con el culo al aire. Todo lo contrario, usted siempre entonaba la misma canción, esa de que era el mejor entrenador del mundo. Pero ni aún así ha sido de recibo el permitirle que se erigiese en el juez supremo que dictaminaba lo que era o no era madridismo. O creer que lo que hacía o decía era en defensa del Madrid y no de él mismo. O no abrir la boca cuando humillaba a un jugador como Casillas, no por no sacarle de titular, que en eso sí que tenía pleno derecho, sino por la forma absolutamente torticera y gratuita con la que ha pisoteado a uno de los jugadores más emblemáticos de la historia del club. O no actuar con él como lo hubiese hecho con cualquier otro entrenador, o sea, haberle dado el finiquito el día que metió el dedo en el ojo a Vilanova, o cuando tiró la Liga en el mes de Noviembre (caso único en la historia) y que visto lo que pasó después, no tengo claro que no se hubiese podido ganar, o al menos pelear, a pesar de aquella desventaja. O soportar estoicamente que redefiniese lo que es éxito y lo que no hasta asociar lo primero a llegar a semifinales en un club donde no se ha entendido en más de cien años ni siquiera el quedar segundo.  O ver impasible el deterioro de la marca Real Madrid, que quizás no aparece en sus balances económicos, pero que basta con darse una vuelta por ahí, tanto en España como en el resto del Mundo, para darte cuenta por donde van ahora las preferencias. O no mandar hace ya tiempo a recorrer la muralla china a un entrenador que por un lado proclamaba a los cuatro vientos que su único interés era el del Madrid y sus actuaciones y decisiones apuntaban hacia lo contrario.  

Fíjese la cantidad de cosas que podría decir, de las que se podría hacer responsable y de las que podría prometer que no volveran a ocurrir. Tampoco sonaría mal que se comprometiese en esta nueva andadura a escuchar, además de su cohorte de aduladores y la banda de energúmenos a los que el dedo señala el camino, voces algo más templadas y otras también más críticas con su gestión, que siempre es una buena forma de mejorar. Que buscará un entrenador con otro baremo que el de ser extranjero y costar una fortuna, y que entre otras cualidades, crea de verdad en la cantera y en el producto nacional, otra de sus aparentes manías que resulta difícil de entender. Que ahora que la economía del club va bien, se va a volcar en que el Real Madrid cuente con un determinado estilo, marcado por el club y su historia, y así será más fácil saber qué es lo que le vale y qué es lo que no y de paso no quedar a expensas de lo que en cada momento se le antoje el entrenador (y con lo que cambia de entrenador…). 

También adornaría el discurso de autocrítica declarar públicamente que a partir de ahora el fin no justifica los medios, que puede haber cosas más importantes que un título y que una afición dividida, broncas constantes, jugadores echados a los pies de los caballos, imagen deteriorada, valores olvidados y un infernal y constante ruido alrededor del club, no se compensan con una Liga y una Copa (yo diría que ni siquiera una décima, pero quizás esto ya es algo demasiado para usted). 

Me cuentan que está más de acuerdo que lo que parece con unas cuantas cosas de estas, pero tiene miedo que de la respuesta de su ya (y afortunadamente) exentrenador. Con la confianza y también por qué no decirlo, con la soberbia que me da el haber adelantado el disparate Mourinho desde el mismo día de su contratación (tengo pruebas escritas, las dos anteriores cartas dirigidas a usted entre otras) le diré que no se preocupe. Diga lo que diga, sea como sea al pacto de no agresion al que al parecer llegaron, pongo la mano en el fuego que los recaditos no van a faltar. Igual no en un principio, pero con el tiempo…. Estamos hablando de un hombre que prácticamente nunca tiene la culpa, por lo que alguien la tiene que tener. Y quien mejor que él mismo para descubrir al culpable. 

En fin, que no le entretengo más. Antes de despedirme, hago una última intentona. El reconocer un error no te hace más débil, sino todo lo contrario. Tiene dos caminos. Que como ha ocurrido hasta ahora, le baste con los suyos, los que le han jaleado o que quiera recuperar la unidad perdida gracias este siembra-discordias. Muchos pseudomadridistas hemos sufrido al ver la deriva y los daños causados por el paso de un tipo huraño, egoísta, cizañero, contaminante, irrespetuoso y pendenciero. ¡Qué más me da que sea el mejor entrenador del mundo! lo que desde luego se podría discutir.  Sólo desde la comprensión, cierta empatía y bajándose un poco del pedestal de infalible, podrá hacernos volver adonde estábamos y siempre quisiéramos estar. En un club donde nos sintamos orgullosos no sólo por lo que gana, sino por cómo lo hace, por las personas que lo forman y los valores que transmiten y conforman su ADN. 

Deseándole toda la clarividencia del mundo y que su lema electoral, Juntos ganamos, sea algo más que una frase bonita y de verdad logre juntar lo que (quiera verlo usted o no) se ha desjuntado un poco, me despido. Un saludo. 

Postdata.- Ahora que va bien, que tiene presente y futuro, estilo y sentido, el baloncesto, por favor, ni lo toque. 

 

Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal