El Palomero

Unas grandes series y el tonto del año

Por: Juanma Iturriaga

28 abr 2014

 

Unknown

Ya he comentado alguna vez que mi interés por la NBA no vive sus mejores momentos. Durante la temporada regular y salvo algún partido estelar, me alimento únicamente con los resúmenes de los partidos, pequeñas píldoras de 2-3 minutos que son suficientes para hacerte una idea de cómo van las cosas. Cuando llegan los playoffs, poco a poco voy dedicándole más atención, hasta llegar a las finales de conferencia y lucha por el título donde disfruto con el enorme placer de desayunar viendo los partidos jugados de madrugada. Ya se que dormir es de cobardes, pero debo ser uno de ellos, pues lo de aguantar doscientos tiempos muertos a las cuatro de la mañana reconozco que ya está fuera de mi alcance.

El caso es que este año, mi incorporación ha sido casi instantánea. Y no es para menos, pues la primera ronda está siendo espectacular y la temperatura de casi todos los enfrentamientos está por las nubes. Algunos datos: Hasta hoy lunes, se llevan disputados 30 partidos donde se han producido: 16 victorias visitantes, 16 partidos con 5 o menos puntos de diferencia, 7 partidos resueltos en la prórroga, y salvo Miami, ningún equipo ha sido capaz de ganar sus dos primeros partidos en casa (Houston y Chicago ninguno). No recuerdo tamaña sucesión de partidos resueltos in extremis, tal cantidad de victorias visitantes, favoritos metidos en problemas desde el primer partido y casi todas las eliminatorias apuntando hacia seis o siete partidos. Mientras disfruto de la tormenta amarilla de los Golden State Warriors comandados por esa maravilla llamada Stephen Curry (acaba de hacer una palomerada y Antoni Daimiel ha entonado un Itu Itu que me ha emocionado, je, je) aquí van algunas cuestiones y/o reflexiones. 

¿Será capaz Dallas?

San Antonio ha sido el mejor equipo de la temporada. Máximo exponente de lo que significa la conciencia colectiva, el trabajo en equipo, las estrellas al servicio del grupo, la humildad por bandera. Dallas, por su parte, consiguió su pase a las eliminatorias in extremis. Nadie daba un duro por ellos, y en este momento tiene a sus rivales tejanos con un susto de muerte. Se le escapó por poco el primer partido, laminaron a los Spurs recuperando el factor cancha en el segundo y les vino la diosa fortuna a ver con el escalofriante triple de Carter, que puso el pabellón patas arriba y el sorprendente 1-2 en la eliminatoria. Encima, Calde está jugando muy bien, lo que añade un punto más de interés. Total, una serie que no parecía iba a dar mucha conversación se ha convertido en campo minado para el mejor record de la temporada regular. Uno de los grandes descalabros de la historia (como tal hay que considerar que el octavo elimine al primero) tuvo como protagonista negativo a Dallas, que en cayó en 2007 frente a Golden State al mismo tiempo que  Nowizki era elegido MVP de la temporada regular. ¿Hora de la venganza?

 

¿Por qué me fio tan poco de Oklahoma?

Durant es una pasada y seguramente le nombrarán MVP. Westbrook es una bomba atómica e Ibaka está haciendo su mejor temporada. Han ganado 59 partidos y son uno de los grandes favoritos al título. Todo esto debería hacerme confiar más en ellos, pero no me juego un euro. Hay algo que no me cuadra, no sé si la necesidad que tiene el equipo de que Durant (que dicen que está un poco cansado) juegue de forma imperial para que los Thunder sean competitivos, o que el cerebro de Westbrook es un misterio para mí, o será porque su selección de tiro en los momentos críticos deja mucho que desear, pero el sofoco que se están llevando desde la primera ronda (y gracias que en el momento más inesperado se iluminó Reggie Jackson para hacer el partido de su vida, que si no estará ahora 1-3) no me empuja a cambiar de opinión.  La serie ante Memphis está siendo agónica, con segundo, tercer y cuarto partido yéndose a la prórroga (alguna de ella llegando a situaciones surrealistas como este final del tercer partido) y Marc a un buen tono. Pelea de la buena nos espera.

 

Al ataquerrrrrr.

Si se trata de pasar un buen rato, nada mejor que ver la serie entre los Clippers y los Golden State Warriors, dos equipos con la canasta entre ceja y ceja. Entre las animaladas de Griffin o DeAndre Jordan y la finura de Chris Paul (al que le veo un poco fuera de foco) por un lado y ese tipo que en este baloncesto de musculo y muelles parece un extraño, llamado Stephen Curry, al frente de un grupo que cuando coge la onda se lleva a quien sea por delante, la diversión está garantizada. A ninguno de los dos equipos les veo con consistencia suficiente como para llegar muy lejos, pero su emparejamiento en primera ronda es un regalo de baloncesto desenfadado, algo loco por momentos, pero que te mantiene alerta pues en cualquier momento se puede desatar una tormenta de puntos. 

 

¡Más prórrogas!

Si Oklahoma y Memphis han tenido que desempatar tres veces, otras tantas lo han hecho Houston y Portland, que se están dando un atracón (en todos los partidos ambos equipos han pasado de 100 puntos). Si grabáis los partidos, no perdáis tiempo en los tres primeros cuartos, ir directamente al último, donde una montaña rusa es un juego de niños en comparación con los vaivenes que se dan y los mamporros que se meten. Houston está contra las cuerdas y debe hacer una machada, pero visto lo visto, yo no daría la serie por cerrada. Mientras esto llegue, disfrutemos de estos dos cracks frente a frente, James Harden y Damian Lillard, magníficos exponentes del yo me lo guiso, yo me lo como

¿Por qué me interesa tan poco lo que pase en el Este?. Si procuro no perderme casi nada de lo que ocurre a orillas del pacífico o en la árida Texas, donde me parecen apasionantes las cuatro eliminatorias, miro hacia el Este y casi me sale el bostezo. Será el tipo de juego o que realmente ver jugar a la mayoría de estos equipos te invita a aprovechar el tiempo haciendo cosas más productivas, como por ejemplo, dormir. El estilo de Miami, aparte de ver detalles como el mate de Lebron mirando a Michael Jordan, pues tampoco me arrebata, de Indiana me interesa más lo que se dicen en el vestuario entre ellos que verles en la pista, sigo intentando comprender cómo es posible que Toronto haya quedado tercero de la conferencia, Brooklyn me demuestra partido a partido que el dinero no lo es todo y cuando veo a Chicago, a un partido de la eliminación por parte de unos Wizards (con Ariza y Gortat casi de jefes)  me sigo preguntando cuando volverá Rose. Vamos, que si como dicen que se está planteando el nuevo comisionado, se cambia el sistema y en lugar de ocho equipos de cada conferencia, se mira el número de victorias y nos quitamos unos cuantos del Este por otros tantos del Oeste, no seré yo quien vaya a Nueva York a protestar.

Unknown

El tonto del año.

En estas fechas van cayendo como cuentagotas los galardones a los mejores del año. Entre medias, se ha colado Donald Sterling, dueño de los Clippers, y se ha ganado automáticamente el MSO (Most Stupid Owner). Me molesta mucho que quieras difundir que te estás asociando con gente negra. ¿Tienes que hacerlo? Puedes dormir con ellos. Puedes traerlos aquí. Puedes hacer lo que quieras. Lo poco que te pido es que no los promociones y que no los lleves a mis partidos. En tu mierda de Instagram, no tienes que mostrarte junto a negros. Sin entrar en el tipo de relación que tiene con su pareja, donde no le importa que pueda dormir con quien quiera, la verdad es que tiene que ser un gozada tener a este tiparraco como dueño de tu equipo, jefe de tu empresa o novio. Desde aquí lo único que puedo hacer es desear que una mañana, el Sr. Sterling se despierte, vaya al cuarto de baño, se mire al espejo y ¡zasca! sea negro, lo que vista la opinión que parece tener de ellos, hay muchas papeletas de que se tiraría por la ventana. Por si no ocurre esto, invito a la NBA a que le mande a freír espárragos, aunque esto igual es más difícil que lo de levantarse y tener la piel de otro color.

Total, que propietario nostálgico del KKK aparte, los playoffs de la NBA han empezado a todo trapo. Sólo pensar que nos quedan todavía casi dos meses por delante, es para frotarse las manos.

Posdata, que no quiero terminar con este anormal. Os dejo un video de un montón de tiros en el último segundo, muchos de ellos en tiempo de playoff. Desde Jordan, Lebron, Wade, Rose, Anthony y otros extraterrestres. Ah, y lo que hace Tracy McGrady (del 1.32 al 2.20 del video) de locura. 

  

 

 

 

Set ball, match ball

Por: Juanma Iturriaga

25 abr 2014

Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así, cantaba Serrat y propongo que esta podría ser la música que se escuche en el vestuario del Madrid dentro de unas horas, minutos antes de enfrentarse al Olympiacos en el quinto, defintivo y dramático partido de esta serie de cuartos de final de la Euroliga, gran objetivo de la temporada. Me parece adecuada por dos razones. Una, evidente: el día es de los grandes, el partido, palabras mayúsculas, el premio, enorme. La segunda y más importante, el plantéatelo así es una invitación al optimismo, que no es otra cosa que la esperanza de algo bueno. Falta va a hacer, pues las dos derrotas consecutivas en Atenas ha hecho menguar un poco el excelente estado de ánimo de equipo y afición con el 2-0 logrado en Madrid. Bueno, más que las derrotas, lo que preocupa son las señales emitidas, las sensaciones que traslucieron los 80 minutos disputados en Grecia.  Vayamos con las que más inquientantes (¿verdad Carmen?).

6174296w-El deficiente juego interior. Los grandes señalados en Atenas fueron los jugadores interiores, muy desacertados casi todos a excepción del tercer partido de Felipe. Su productividad estuvo bajo mínimos. Bourousis 4 puntos y 4 rebotes por partido, Mejri, 2 y 3, Mirotic 7 y 3,5,  Felipe Reyes 8 y 7,5 y Slaughter 2,5 y 2. En su defensa hay que decir que la permisividad arbitral no les vino ni medio bien y meter una canasta debajo del aro era toda una odisea. También es cierto que el Madrid es un equipo donde el peso de la producción recae en mayor medida en su juego exterior, pero aún así, los números y sobre todo la incidencia en el juego estuvieron muy por debajo de lo deseable. En cambio, el pívot Dunston resultó capital en ambas jornadas. En el tercero con su imparable inicio de encuentro. En el cuarto, su aparición al inicio del último cuarto que puso a su equipo rumbo a la victoria.

-El ritmo de juego. De las dos bien diferentes propuestas que proponen ambos equipos, el Olympiacos salió claro vencedor. Peleando el rebote ofensivo, gastando todas las faltas que fueran necesarias y bajando a defender a toda pastilla, los griegos evitaron cualquier subida de revoluciones. Cuando tenían el balón, sobre todo en manos de Spanoulis, largas posesiones y juego al tran tran. Total, casi ni un contraataque que echarle a las piernas y de jugar a campo abierto, nada de nada.

-Los finales de partido. El Madrid ha ganado un porrón de partidos este año, pero la mayoría de las veces no ha tenido que enfrentarse a finales igualados, donde su rendimiento no es del todo satisfactorio. Recordemos que en la final de Copa, por ejemplo, tiró por la borda siete puntos de ventaja hasta que Llull salvó los muebles. El lunes fueron los tiros libres, el miércoles 22-15 en el último cuarto y tantos errores en las últimas posesiones que el partido se decantó sin estridencias hacia el lado rojiblanco. 

Images-Mirotic. Durante los dos partidos, cualquier parecido con el Mirotic habitual fue pura coincidencia. Al montenegrino se le vio desubicado como pocas veces, ansioso por encontrar su ritmo de juego y desacertado en su puntería. Ni por dentro ni por fuera se le vio cómodo, por momentos transmitió cansancio y como pieza capital en el grupo, se le echó mucho de menos.

-Todo o nada en 40 minutos. Cuando se decidieron los cruces, una frase bastante repetida fue que mejor tener que jugar con los griegos un playoff que un único partido. Bien, el playoff se ha convertido en un final y este rival ha demostrado sobradamente su competencia y competitividad en situaciones de esta naturaleza. Llegados a este punto, este tipo de encuentros se juegan con las piernas y sobre todo con la cabeza. Tenerlo que hacer con el doble campeón de Europa no puede menos que inquietar.

Ahora bien, como somos optimistas por naturaleza, también hay motivos para la confianza.

-Jugar en casa. Si algo ha demostrado esta serie es que el equipo local manda y gana. De ahí que se pelee durante meses para tener la oportunidad de jugar el quinto partido a favor de ambiente. Me inclino más por ver un encuentro del estilo de los dos primeros que de los disputados en Atenas. El Madrid sabe que ahí ha estado una de las claves de su derrota, por lo que apoyado por 13.000 aficionados, se aplicará para que el ritmo sea alto, hábitat donde se desarrollan a las mil maravillas.

-El arbitraje. No es una cosa ni de hoy ni de ayer. En la Euroliga, los arbitrajes son permisivos y bastante condescendientes con los equipos locales. Dicho esto, tengo la sensación que serán algo más exigentes con la dureza griega, pilar sobre el que se apoya Olympiacos para plantar cara y tampoco serán inmunes a la presión ambiental. Esto puede facilitar el juego interior madridista y las rápidas transiciones que brillaron por su ausencia en Atenas.

-Carroll. Un día de estos Carroll volverá a ser el de antes. Y ninguno mejor que un quinto partido. Sólo le falta meter un tiro de los suyos para dejar atrás la lesión. Vistos los dos partidos en Grecia, esta sensación parece una temeridad, pero tengo el pálpito de que Carroll hará faena. Falta le hace al Madrid.


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-La defensa a Spanoulis
. Sin poder llegar a decir que se le ha anulado, llevamos ya cuatro partidos de eliminatoria y la gran estrella europea no ha completado un partido marca de la casa. Ha dejado detalles, alguna entrada a canasta, buenas asistencia y algún  que otro triple, pero por otro lado ha perdido muchos balones y no ha dominado los partidos como acostumbra. Mucha de la culpa la tiene Darden, que le tiene bien cogida la medida, y también Llull. Esperemos que Spanoulis no haya dejado su traca particular para el final.  

-El orgullo. Unos cuantos jugadores han salido señalados de Grecia. Sobre todo dos, Bourousis y Mirotic. Como creo que son bestias competitivas, espero una reacción de ambos. A Bourousis se le fichó para dar fortaleza y madurez a un equipo algo tierno, como lo hizo, por ejemplo, en el segundo partido. Mirotic debe estar que se sube por las paredes y no le queda otra que reivindicarse con una actuación importante en un momento clave de la temporada. A ambos les ha tenido que doler las críticas recibidas, y ya se sabe que las críticas bien digeridas son un elemento motivador de primer orden (esto de las críticas es extensible a todo el equipo)

Total, que habiendo motivos para estar algo inquieto, también los hay para pensar en una horas el Madrid estará disfrutando de su pase a la Final Four de Milán. Que la fuerza les acompañe.

 

 

 

Milán a la vista

Por: Juanma Iturriaga

15 abr 2014

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Después de una travesía que cada año es más larga y a la que quizás le sobra alguna milla marina, llega la semana grande de la Euroliga. Se reparten las cuatro preciadas entradas para la fiesta de la Final Four y por dos de ellas pujarán a partir de hoy Barcelona y Real Madrid. Ambos acuden con los deberes hechos, pues contarán con la ventaja de campo gracias a sus excelentes calificaciones en el Top 16, donde ninguno de los dos tuvo excesivos problemas en superar casi todas las pruebas con cierta holgura. Arrasó el Barça y porfió bien el Madrid, por lo que el factor cancha nunca estuvo en peligro real de perderse para ninguno de los dos.

A priori, el horizonte del Barcelona aparece bien despejado. Siempre a priori, pues este tipo de eliminatorias las carga el diablo y si no basta con recordar la temporada pasada, donde después de un 13-1 en el Top 16 los azulgranas estuvieron en un tris de caer eliminados frente al Panathinaikos, cuarto del otro grupo. Pero hay que reconocer que el Galatasaray no es el Panathinaikos de entonces y tampoco el Barcelona estaba hace 12 meses tan fino como ahora. Porque si las tres derrotas consecutivas en una semana no tienen ningún significado más allá de la lógica bajada de tensión previa a citas de mayor enjundia, el Barça presenta muy buena cara. Desde la Copa del Rey, donde llegaron criticados y salieron reforzados a pesar de no conseguir el título, los de Xavi Pascual no han dejado de crecer. Poco a poco el encaje entre los que ya estaban y los nuevos se ha ido afinando hasta dar con un engranaje fluido que permite a casi todas sus piezas, una a una de gran valor, encontrar la forma de expresarse dentro del necesario funcionamiento colectivo. Recuperados para la causa Lampe y Oleson, con los mejores Lorbek y Nachbar del año, la solidez de la columna vertebral formada por Marcelinho, Navarro y Tomic y una mejor general de las prestaciones ofensivas, el Barcelona ha funcionado durante los últimos dos meses como un martillo pilón, demoliendo todo lo que se interponía en su camino. Ha habido tiempo incluso para que piezas de la retaguardia como Pullen o Hezonja tuviesen sus momentos de gloria. Un equipo, en definitiva, que no siendo un exceso de efusividad y transmisión de emociones, parece feliz, y así se juega mucho mejor. Total, que mi pronóstico no puede ser otro que, en el mejor escenario posible para el Barcelona, un 3-0. En el peor, 3-1.

Lo del Madrid es otro cantar. O al menos, parece un cantar más exigente. Lo que lleva a una primera consideración, un enigma que nos dejó un poco desconcertados a todos. La derrota en Kaunas,  que provocó que lo previsible y supuestamente deseado (el Panathinaikos) se convirtiese en lo inesperado y supuestamente complicado (el Olympiakos). Mucha teoría se ha elaborado sobre las causas que llevaron a perder de forma sorprendente, ante el último del grupo y después de 13 jornadas peleando por la mejor posición. ¿Una elección propia?, ¿una consecuencia de la nula importancia que daban al jugar con unos o con otros?, ¿una mala tarde?, ¿la pura aleatoriedad del juego?. Como normalmente la explicación más sencilla suele ser la más plausible no veo más razón que un partido de esos que de vez en cuando hace el Madrid, donde juega un poco a verlas venir,  confiado en que antes o después, encontraran la forma de solucionar los partidos. Ya llegará nuestro momento, ya llegará, ya llegará, y (según estadística, uno de cada 15 más o menos) no llega. Y los rivales se vienen arriba, ven su oportunidad, aprietan las tuercas defensivas y terminan haciéndose con el botín. Algo parecido ocurrió en Múnich.

A la espera que los partidos terminen confirmando o no las suposiciones previas, hay motivos suficientes para pensar que el cambio de guión surgido en Kaunas complica el camino del Madrid a levantar el trofeo. Decía y decía bien Daimiel en la SER que la teoría de la indiferencia basada en la clásica frase “para ganar el título hay que ganar a todos los buenos” no era cierto, pues dependiendo del cuadro, algunos buenos se van apartando y eliminando entre sí. Cada uno tendrá su opinión, pero Olympiakos-Barcelona como oponentes para llegar a la final no es lo mismo que Panathinaikos-Armani Milán/Maccabi. Pero bueno, ahora que está de moda el cholismo, habrá que ir partido a partido, paso a paso y dentro de 10 días, a toro pasado, confirmar o rechazar las teorías.

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Llega el Olympiakos, que es lo mismo que decir que llega Spanoulis. Hay ciertos jugadores, pocos, que con sólo su nombre imponen respeto. No es para menos, pues a lo largo de su carrera ha dado motivos suficientes para provocar esta reacción. La última está bien reciente y nadie lo sufrió más que los jugadores del Madrid, víctimas directas en la final de la temporada pasada de su talentazo. Aquella noche en el O2 de Londres y con el partido cuesta arriba después del enorme arranque del Madrid, Spanoulis cogió el balón y también el mando, que no siempre es lo mismo, templó, lideró y el mismo terminó de apuntillar a los entonces algo inexpertos madridistas.  Porque el griego es de siempre están y nunca se van. A veces puede dar la sensación de estar desaparecido en combate durante un tiempo, pero casi nunca llega tarde a la cita final, como hizo esta pasada semana en el partido frente a Panathinaikos con su estratosférica canasta en el ultimo segundo. Su condición de base hace que todo gire alrededor suyo, lo que le convierte en principio y también fin de un equipo que no vive sus mejores momentos si lo comparamos con anteriores versiones, pero cuyo ardor competitivo está fuera de toda duda. Recordemos finalmente que en las dos últimas temporadas los griegos no contaban con el favor de los pronósticos y se oyeron frases como la de “no son tan fuertes como antes”. Ya sabemos como terminaron ambas ediciones, con Spanoulis levantando la copa.

Llega el Olympiakos y espera el Madrid, confiado en su buen hacer, solvencia y poderío mostrado en infinidad de ocasiones a lo largo de los últimos meses y apoyado por un Palacio de los Deportes incondicional que si ha empujado y disfrutado en partidos intrascendentes, en un gran día como hoy se hará notar. Se echa de menos a Carroll, al que quizás veamos en esta serie, y el poderío interior a veces no es tanto poderío, pero el pulso del equipo, Kaunas o Múnich aparte, parece el indicado. Llega el momento esperado y deseado de dar mayor sentido a la gran temporada que está realizando dejando en la cuneta al bicampeón y aterrizando de nuevo en una Final Four.

Ah, mi pronóstico. 3-1 Madrid (con comodín de 3-2)

Gran semana nos espera

 

Sobre la retirada

Por: Juanma Iturriaga

08 abr 2014

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Dentro de la vida de un deportista, hay algo a lo que por mucho que te prepares, por mucho que te lo imagines, por mucho que te lo cuenten personas que ya han pasado por esa tesitura, casi nunca estás lo suficientemente preparado. Me refiero a ese día en el que de la noche a la mañana pasas a convertirte en ex. La práctica profesional de un deporte, sea cual sea, es como ir subido en un Formula 1 por la rapidez con la que ocurre todo, el vértigo que produce la alta competición, la necesidad de la máxima concentración y el abandono de todo lo que no sea mirar hacia delante, pisar el acelerador, intentar que no te adelanten y llegar primero a la meta.

El esfuerzo es descomunal, en lo físico y en lo sicológico, por lo que resulta necesario una dedicación extrema, una planificación metódica y las mínimas distracciones. Durante una serie de años tu vida está totalmente estructurada alrededor del entrenamiento y la competición, estás rodeado de gente (entrenadores, compañeros, masajistas, médicos, agentes, etc) que te ayudan y acompañan. Cada día, al levantarte, sabes casi en su totalidad qué, cómo, dónde y con quién vas a emplear las siguientes 24 horas, en las que probablemente tu margen de decisión no excede más allá de las situaciones competitivas.

Hasta que un buen día, una buena mañana, te levantas y la agenda está vacía. No hay entrenamiento obligatorio ni competición en el horizonte. El teléfono deja de sonar tanto y los periodistas no te persiguen. El estímulo principal que durante tantos años te hacía levantarte de la cama ha desaparecido y la responsabilidad de organizarte la vida ha pasado a depender directamente de ti mismo. Por no hablar del llamémosle “status social”. Vivimos en una sociedad con cada vez menos memoria, donde el presente, lo útil, lo nuevo, cobra una relevancia mayor en detrimento del pasado, lo no productivo, lo ya visto. Incluso en casos de deportistas que traspasaron esa condición para convertirse en referentes sociales, estos se ven afectados por una rápida disminución de la atención, demanda, admiración y cariño. Sumemos, finalmente, el asunto económico y ya tenemos el cuadro finalizado.

El vacío, como es fácil imaginar, es enorme, independientemente de si la decisión ha sido tomada de forma voluntaria o forzada por las circunstancias. Hombre, siempre es mejor que venga de uno mismo que de fuera, que no es igual separarte del amor de tu vida porque llegas a la conclusión que la historia terminó, que entrar un día en casa y que te digan de sopetón que hasta aquí hemos llegado. Pero en cualquier caso, el trago es amargo.

La retirada, que no deja de ser una pérdida de algo muy querido, exige una gestión mental adecuada. Vamos, un duelo. Y poco a poco atravesar sus diversas fases para finalmente superarlo. Conozco casos de travesías de todo tipo. Los que se estancaron en la fase de negación durante años, viviendo, comiendo y entrenando como si todavía estuviesen activos, aquellos a los que se les quedó pegada la rabia que siempre produce la pérdida y que la utilizaban para disparar a todo lo que se movía, otros que se abandonaron a la tristeza o la nostalgia constante y también gente que en un plazo razonable terminó por aceptar lo inevitable y su mirada ha quedado llena de gratitud sobre lo vivido, perdón hacia los que pudieron hacerle daño y energía para afrontar una nueva vida.

Las noticias que con cierta regularidad nos hablan de las dificultades de algunos para recorrer el camino que lleva desde la excepcionalidad a la cotidianidad son pequeños ejemplos de una problemática a la que se exponen todos los deportistas y de la que no siempre se sale bien parado. La edad temprana a la que debes enfrentarte a ello, el universo poco conectado con la normalidad en la que vives, la falta de consciencia de mortalidad deportiva o la gestión de una sociedad cada vez más del tipo kleenex (usar y tirar) son algunos de los obstáculos que hay que superar. La formación, un buen asesoramiento y la utilización para la nueva vida de los valores principales aprendidos en la etapa deportiva son siempre buenas herramientas 

Simplificando al máximo, es posible que la clave esté aquí, en el libro Un hombre en busca de sentido, donde Víctor Frankel, psiquiatra austriaco que pasó varios años internado en campos de concentración nazis, escribió: “Nos pueden quitar todo en la vida menos una cosa: la libertad de elegir como reaccionar ante una determinada situación. Eso determina la calidad de vida que vivimos. No se trata de si somos ricos o pobres, famosos o desconocidos, sanos o enfermos. Lo que determina la calidad de vida es como nos relacionamos con estas realidades, que significado les damos, qué actitud adoptamos ante ellas, qué estado de ánimo les permitimos activar”.

Quizás de esa libertad de elección de la que habla Frankel es de la que habría que convencer a cualquier deportista que enfila la retirada (extensible a cualquier persona y a cualquier situación). Entonces comprendería que el quid de la cuestión no se encuentra en la actividad, el éxito, el reconocimiento o el dinero, sino en uno mismo. En la vida deportiva y también después, la última palabra siempre la tenemos cada uno de nosotros. 

Postdata.- La foto es la portada del libro Cuando el deporte te abandona, escrito hace un par de años por Julio García Mera, exjugador de fútbol sala después de charlar sobre este tema de la retirada con gente como Fernando Hierro, Kiko, Emilio Sánchez Vicario, Vivi Ruano, José Antonio Montero, Laura Muñoz o el boxeador Manuel Berdonce. Recomendable 100%.

 

 

Elogio rojiblanco

Por: Juanma Iturriaga

01 abr 2014

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No siempre los mejores jugadores hacen el mejor equipo. Afortunadamente, pues si la resultante colectiva de los talentos individuales fuese una suma directa, no habría misterio, pues convertiría la competencia entre equipos a un simple cuestión aritmética. El Atlético de Madrid lleva tiempo diciendo que hay gente a la que le molesta su presencia en lo alto de la clasificación, peleando con dos equipos como el Madrid y el Barça que le cuadruplican en presupuesto, jugadores estelares y presencia en los medios. No soy uno de ellos, ni de lejos, pues su extraordinario y meritorio ejercicio me reconforta, pues supone un ejemplo de cómo existen otros caminos además de la chequera o llenar tu plantilla de grandes individualidades. Esto ayuda, sin duda, y de ahí el histórico reciente, donde casi siempre ganan los mismos, pero de vez en cuando es muy saludable que haya excepciones, pues hacen posible sueños y esperanzas de que David pueda ganar de nuevo a Goliat. Casos como el del Atlético, alientan y confirman la capacidad de los colectivos para, a partir de una determinada base, entrar en procesos de potenciación individual y colectiva, donde sin saber si fue antes el huevo o la gallina, se haga honor a la frase “la fuerza del lobo está en la manada y la fuerza de la manada está en el lobo”. Cuando a partir de un adecuado ideario asumido y aceptado por todos, las diferentes piezas del engranaje se ponen al servicio de un bien común por encima de sus objetivos individuales, los equipos son capaces de que el todo esté por encima de la suma de las partes.

No sé si molestar, pero lo que sí ha hecho el Atlético es alterar un ecosistema donde si bien la parte deportiva cojeaba un poco por la repetición de los únicos aspirantes, la vertiente marketiniana se sentía muy satisfecha, hasta tal punto que parecía que cualquiera cosa que se interpusiese entre la pelea Real Madrid-Barcelona, estaba fuera de lugar. Este enfrentamiento tiene tantas vertientes que parecen suficientes para alimentar prácticamente todo el tinglado. Rivalidad histórica deportivo-social, modelos casi antagónicos en filosofía y manera de entender el juego y un respaldo incondicional (casi siempre) de masas sociales cifradas en millones de personas. Por si no fuera poco, sus dos grandes estrellas, Messi y Ronaldo, juegan una competición aparte donde dirimen algo difícil de calibrar (por lo que es debatible hasta la eternidad) como eso de ser el mejor jugador del mundo. Sólo con esto, ya hay para entretenerse, discutir, cabrearse, copar portadas y rellenar infinitos minutos de tertulias de todo tipo. Ah, y vender todo lo vendible.

Ahora bien, esta situación, lo que no debería ser una patente de corso, un universo inalcanzable, un nirvana con derecho de admisión limitado a dos. Dado que tal como está montado el reparto del pastel económico, la brecha no puede hacer otra cosa que crecer, para no perder la capacidad de sorprendernos sólo queda agarrarse al deporte, al juego, a su deseada impredecibilidad, a la importancia de los estados de ánimo, a la solidaridad frente al egoísmo, al equipo frente al simple grupo de personas. A cosas que no entienden sólo de dinero o del talento que puedes comprar con él. Lo maravilloso del deporte es que nada puede estar escrito de antemano sin riesgo a meter la pata, que si haces bien las cosas, un bajo pueda superar a un alto, un pobre pueda doblegar a un rico, un lento pueda llegar más lejos que un rápido. Que un equipo que sabe exprimirse al máximo pueda competir con otro más dotado pero menos esforzado o cohesionado. Que haya cosas que no se puedan adquirir en un supermercado, sino que las tienes que crear y construir.

Por todo esto, bienvenidos todos aquellos que ponen en jaque a los poderosos a través de un trabajo bien hecho. 

 

 

 

Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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