El Palomero

Sobre la retirada

Por: Juanma Iturriaga

08 abr 2014

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Dentro de la vida de un deportista, hay algo a lo que por mucho que te prepares, por mucho que te lo imagines, por mucho que te lo cuenten personas que ya han pasado por esa tesitura, casi nunca estás lo suficientemente preparado. Me refiero a ese día en el que de la noche a la mañana pasas a convertirte en ex. La práctica profesional de un deporte, sea cual sea, es como ir subido en un Formula 1 por la rapidez con la que ocurre todo, el vértigo que produce la alta competición, la necesidad de la máxima concentración y el abandono de todo lo que no sea mirar hacia delante, pisar el acelerador, intentar que no te adelanten y llegar primero a la meta.

El esfuerzo es descomunal, en lo físico y en lo sicológico, por lo que resulta necesario una dedicación extrema, una planificación metódica y las mínimas distracciones. Durante una serie de años tu vida está totalmente estructurada alrededor del entrenamiento y la competición, estás rodeado de gente (entrenadores, compañeros, masajistas, médicos, agentes, etc) que te ayudan y acompañan. Cada día, al levantarte, sabes casi en su totalidad qué, cómo, dónde y con quién vas a emplear las siguientes 24 horas, en las que probablemente tu margen de decisión no excede más allá de las situaciones competitivas.

Hasta que un buen día, una buena mañana, te levantas y la agenda está vacía. No hay entrenamiento obligatorio ni competición en el horizonte. El teléfono deja de sonar tanto y los periodistas no te persiguen. El estímulo principal que durante tantos años te hacía levantarte de la cama ha desaparecido y la responsabilidad de organizarte la vida ha pasado a depender directamente de ti mismo. Por no hablar del llamémosle “status social”. Vivimos en una sociedad con cada vez menos memoria, donde el presente, lo útil, lo nuevo, cobra una relevancia mayor en detrimento del pasado, lo no productivo, lo ya visto. Incluso en casos de deportistas que traspasaron esa condición para convertirse en referentes sociales, estos se ven afectados por una rápida disminución de la atención, demanda, admiración y cariño. Sumemos, finalmente, el asunto económico y ya tenemos el cuadro finalizado.

El vacío, como es fácil imaginar, es enorme, independientemente de si la decisión ha sido tomada de forma voluntaria o forzada por las circunstancias. Hombre, siempre es mejor que venga de uno mismo que de fuera, que no es igual separarte del amor de tu vida porque llegas a la conclusión que la historia terminó, que entrar un día en casa y que te digan de sopetón que hasta aquí hemos llegado. Pero en cualquier caso, el trago es amargo.

La retirada, que no deja de ser una pérdida de algo muy querido, exige una gestión mental adecuada. Vamos, un duelo. Y poco a poco atravesar sus diversas fases para finalmente superarlo. Conozco casos de travesías de todo tipo. Los que se estancaron en la fase de negación durante años, viviendo, comiendo y entrenando como si todavía estuviesen activos, aquellos a los que se les quedó pegada la rabia que siempre produce la pérdida y que la utilizaban para disparar a todo lo que se movía, otros que se abandonaron a la tristeza o la nostalgia constante y también gente que en un plazo razonable terminó por aceptar lo inevitable y su mirada ha quedado llena de gratitud sobre lo vivido, perdón hacia los que pudieron hacerle daño y energía para afrontar una nueva vida.

Las noticias que con cierta regularidad nos hablan de las dificultades de algunos para recorrer el camino que lleva desde la excepcionalidad a la cotidianidad son pequeños ejemplos de una problemática a la que se exponen todos los deportistas y de la que no siempre se sale bien parado. La edad temprana a la que debes enfrentarte a ello, el universo poco conectado con la normalidad en la que vives, la falta de consciencia de mortalidad deportiva o la gestión de una sociedad cada vez más del tipo kleenex (usar y tirar) son algunos de los obstáculos que hay que superar. La formación, un buen asesoramiento y la utilización para la nueva vida de los valores principales aprendidos en la etapa deportiva son siempre buenas herramientas 

Simplificando al máximo, es posible que la clave esté aquí, en el libro Un hombre en busca de sentido, donde Víctor Frankel, psiquiatra austriaco que pasó varios años internado en campos de concentración nazis, escribió: “Nos pueden quitar todo en la vida menos una cosa: la libertad de elegir como reaccionar ante una determinada situación. Eso determina la calidad de vida que vivimos. No se trata de si somos ricos o pobres, famosos o desconocidos, sanos o enfermos. Lo que determina la calidad de vida es como nos relacionamos con estas realidades, que significado les damos, qué actitud adoptamos ante ellas, qué estado de ánimo les permitimos activar”.

Quizás de esa libertad de elección de la que habla Frankel es de la que habría que convencer a cualquier deportista que enfila la retirada (extensible a cualquier persona y a cualquier situación). Entonces comprendería que el quid de la cuestión no se encuentra en la actividad, el éxito, el reconocimiento o el dinero, sino en uno mismo. En la vida deportiva y también después, la última palabra siempre la tenemos cada uno de nosotros. 

Postdata.- La foto es la portada del libro Cuando el deporte te abandona, escrito hace un par de años por Julio García Mera, exjugador de fútbol sala después de charlar sobre este tema de la retirada con gente como Fernando Hierro, Kiko, Emilio Sánchez Vicario, Vivi Ruano, José Antonio Montero, Laura Muñoz o el boxeador Manuel Berdonce. Recomendable 100%.

 

 

Hay 13 Comentarios

Es que me he visto muy reflejado eastwood...y he querido compartirlo ;)

Qué grande, Monk !!
(por lo de los malos hábitos, no por lo del bajón)

Estoy de bajón con la derrota de hoy...se complica la cosa

11/150

No haber sido deportista profesional no implica que estas cosas no ocurran también.

A mí me pasó cuando terminé la carrera y sin darme cuenta estaba trabajando..y entonces llegó el verano y yo trabajaba donde antes estaba en la playa y por la noche abusaba del alcohol; y llegó la Navidad y yo trabajaba donde antes me reunía con la familia y, juntos, abusabamos del alcohol; y llegó carnaval y yo trabajaba donde antes me disfrazaba y, con mis amigos, abusabamos del alcohol; y llegó mi cumpleaños y yo trabajaba donde antes celebraba una fiesta y abusaba del alcohol...

Fue difícil cambiar esa rutina. No es bueno abusar de nada. Se crean malos hábitos...

¡Matices, señores y señoras!; ¡matices, que yo sé que el Itu es partidario. La cuestión no es comparar a un currelo entregado a una carrera de fondo vital (como más o menos somos todos) con una criatura cuyo universo cotidiano oscila entre la ciencia ficción de los algodones mediáticos y los huesos que le machacan todos los días (bone grinding llaman los internos a la NBA), eso si, a cambio de un estipendio generoso que le permite sublimar cantidad el destrozo físico.

La cosa es ponerse en el pellejo de ese tierno y excepcional manojo de piernas o brazos y comprender el tránsito de la excepcionalidad a la nada en alguien pongamos de 35 o 36 años que, no lo olvidemos, ha estado en la boca y el sueño de los mortales comunes y que, de repente, accede a otra esfera de la realidad, donde su ya mítico dribling o su tiro en suspensión no le sirven para mayor cosa.
O sea, que hay jubilaciones y jubilaciones.
Dicho esto, que alivio que dentro de ese mundo, alguien pueda reflexionar en voz alta con mesura y buen sentido sobre estas cuestiones.

Siempre me pareció que Zidane sí supo retirarse. Un tío al que varios años después de su retirada le seguían pidiendo que volviese al verle jugar partidos de viejas glorias, es porque se fue en el momento justo; no se arrastró por los campos de fútbol al final de su carrera deportiva ni buscó la pasta fácil en ligas menos exigentes. Dijo adiós y se fue para siempre. Lástima de aquella final con Italia y el feo gesto del cabezazo, pero si se hubiera ido con el segundo mundial en el bolsillo ya hubiera sido la repera. En cualquier caso, en la despedida, como en otras muchas cosas, Zidane la elegancia personificada.
De un barcelonista en el fútbol y madridista en baloncesto

Grande el Atleti, grande de verdad. Ante esto solo queda quitarse el sombrero.

La afición del FCB.
http://t.co/8Zgg7uHX6j

Partidazo anoche, sí, gracias kilgore. Hay que ver lo que se consigue dando patadas y sin jugar al fútbol...

Muchas gracias kilgore.
Ayer me lo pasé en grande en el Calderón.
Menudo ambientazo.
Y hay que resaltar el deportivo comportamiento de los aficionados del FCB.

Itu, perdona pero esto son pijadas de "refalfiaos" (perdón por la asturianada, pero no sé como expresarlo mejor: el que se queja a pesar de tenerlo todo). A lo mejor, en vez de retirarte con treinta y pico, con la cuenta más o menos lelna de pasta, es mejor hacerlo con sesenta y cinco ( o los que toque) con una pensión de mil y poco euros ( depués de 44 y pico años cotizados como le ha pasado a mi padre, y con las articularciones tan machacadas o más que las de un deportista de élite (el viejo era, es carpintero) tras una vida en el taller y la obra.
A lo mejor lo uqe hya que hacer es enterarse de que el curro, sea el que sea, no es más que una forma de pagar las facturas y que la vida es otra cosa y hay que llenarla de otro contenido. Y luego dicen qeu lso forman como personas. No me jodas.
Y por cierto, y hablando de algo mollar, felicidades al Atleti y a los atléticos de la parroquia (Yayu, José Ramón, etc). Os lo habeis ganado con creces.

Un post muy oportuno, viendo noticias como las que llegan hoy de Ian Thorpe...

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Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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