El Palomero

Sentirse un refugiado (durante unas horas)

Por: Juanma Iturriaga

23 mar 2016

Ya en casa, intento asimilar todo lo ocurrido. No es fácil, pues lo inesperado necesita un tiempo de digestión. Salí de Madrid convencido que mi viaje a Liberia me removería, pues el contacto con realidades tan dramáticas como las que viven cientos de miles de niños por esos lares es imposible que te dejen indiferente. Una vez cumplidos con los objetivos principales del viaje como observar, compartir y recabar información para luego intentar movilizar las máximas conciencias posibles en busca de ayuda, me dispuse a volver a casa sin saber que me esperaba una experiencia difícilmente olvidable como la de ser testigo directo del brutal atentado de Bruselas.

 

De entrada, mientras todo ocurría, mi mente me recordaba regularmente que yo no tenía que haber estado en ese aeropuerto y a esa hora. A las ocho y pico de la mañana, cuando estallaron los dos asesinos y se llevaron por delante unas cuantas vidas, yo tenía que haber estado en mi casa durmiendo tranquilamente si mi vuelo de vuelta desde Monrovia no se hubiese retrasado 24 horas. E inevitablemente me pregunto si algunas de las víctimas de estos atentados quizás tampoco tenían que estar allí, si su presencia fue producto de la casualidad, de una decisión de última hora, de un cumulo de circunstancias no previstas que terminan colocándoles en el peor momento en el peor lugar posible Si la mala suerte que tuvieron fue doble. Por estar y por no haber tenido que estar.

Pero dejando a un lado un pensamiento digamos circunstancial, lo que quería compartir es otra reflexión. Yo había llegado al aeropuerto procedente de Liberia a las seis de la mañana. El vuelo a Madrid era a las nueve y media, lo que hizo que me tirase en la silla más cómoda que encontré para cerrar un poco los ojos y sumar algo de descanso a las dos horas escasas que había podido dormir en el avión. Medio en sueños, empecé a escuchar un murmullo que terminó clarificándose un un “run, run”, “corre, corre” que en primer instancia no supe ni de quien ni de donde venía. Me levanté rápidamente, y junto a mi mujer y el resto del equipo de UNICEF comenzamos a movernos cada vez con mayor celeridad en la dirección en la que corrían los demás, en dirección a las puertas de embarque más alejadas de la zona central del aeropuerto.

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 No habíamos oído las explosiones, por lo que resultaba complicado el saber de qué nos alejábamos. Yo miraba de vez en cuando hacia atrás, y reconozco que se me pasó por la cabeza que de repente apareciesen unos tipos con unas metralletas dispuestos a llevarse lo que fuese por delante. Como llegamos al final del largo pasillo, hubo que pararse. Éramos unos cientos de pasajeros que nos mirábamos entre nosotros esperando que alguien supiese algo. El personal del aeropuerto que había por allí también estaba sumido en el desconcierto y la megafonía muda.

Al cabo de unos minutos, sonó por los altavoces “evacuation evacuation”. Nos empezamos a mover en dirección contraria a la que nos había llevado hasta allí y al poco de ponernos en marcha y otra vez por los altavoces nos informaron que los que estuviésemos en aquella zona del aeropuerto nos mantuviésemos allí. Ahí fue donde lo sentí por primera vez. Asustado por la sensación de peligro que vivía, desconcertado al no tener información y no saber por donde ir, en medio de una cierta marabunta de seres humanos con miradas temerosas, por primera vez pude experimentar, aunque fuese mínimamente y estableciendo todas las distancias que merece, lo que debe sentir un refugiado.

Durante mi estancia en Africa, he conocido un grupo de personas, empezando por Alicia y Leticia, mis inseparables compañeras de UNICEF, que dedican su vida a ayudar a los más desfavorecidos. Gente que tiene que lidiar con las peores realidades posibles y a los que no les entra en la cabeza decisiones como la reciente de la Unión Europea con respecto a los refugiados. Gente que sabe perfectamente que este tipo de medidas resultan tan ineficaces como inhumanas. Gente que tienen muy superados los conceptos locales, los intereses partidistas, la idea de que los muros son una buena solución. Curiosamente, o no tanto, en aquel momento la imagen mil veces vista por televisión nos vino a la cabeza casi al unísono. De repente, aquellos cientos de personas vivíamos momentáneamente una situación parecida.

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 Finalmente volvimos a recibir otra indicación de desalojo. Nos sacaron a las pistas de despegue y aterrizaje, donde los cientos de personas nos convertimos en dos o tres mil, que cfuimos trasladados a una zona supuestamente segura, una de las áreas de carga del aeropuerto. Allí, mientras esperamos por espacio de casi dos horas, nos dieron agua y alguna manta, pues el viento frio soplaba con cierta intensidad.

Llegaron unos autobuses, que no daban abasto ante el gran número de personas que estábamos allí, por lo que se decidió que saliésemos del aeropuerto andando hasta un polideportivo cercano donde se montó un operativo de primeras ayudas. A partir de allí, algunos tuvimos la fortuna de conseguir formas de salir de allí. En nuestro caso y gracias a un amigo que vive en Bruselas, nos fuimos en coche hasta Lille (Francia) donde cogimos un tren hasta Paris y de allí un avión hasta Madrid. Supongo que muchos se tuvieron que quedar y dado que el aeropuerto de Bruselas sigue cerrado, es muy probable que todavía se encuentren en la capital belga.

A los que han decidido que la expulsión masiva de refugiados es la mejor de las soluciones, yo les diría que lo que quieren hacer es como si a todos los que estábamos en aquella zona de carga del aeropuerto, en lugar de sacarnos, en lugar de alejarnos del peligro, nos hubiesen vuelto a meter en la terminal, para luego cerrar las puertas a cal y canto, aun sabiendo que dentro del aeropuerto permanecían unos cuantos terroristas. Eso, ni más ni menos, es lo que pretenden hacer.

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Por eso, les invito modestamente a reflexionar. A ponerse en una situación donde corre peligro su vida. A colocarse en ese aeropuerto oyendo explosiones y ver qué pensarían si detrás de esas cristaleras hubiese un mundo donde no se les presta ayuda. Donde se les mira a través de los cristales pero con las puertas de posible huida bien cerradas. ¿Qué les pasaría por la cabeza entonces?

Dicen que los atentados perpetrados en Bruselas complican aún más el futuro de los cientos de miles de refugiados, pues potenciaran los razonamientos de aquellos que piensan, entre otras majaderías, que nuestra solidaridad puede abrir brechas en nuestra seguridad. Precisamente debería ser lo contrario. El habernos convertido otra vez en víctimas de la barbarie lo que debería aumentar es nuestro entendimiento del sufrimiento de esas personas a los que pretendemos alejar como si fuesen apestados. No sé donde está la solución a lo que estamos viviendo, pero sí que no se encuentra en barreras o deportaciones. Cuanto antes nos demos cuenta, será mejor.

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Imagenes cedidas ©Ruth Peche

Hay 7 Comentarios

Completamente de acuerdo con lo que expresa el Palomero.
En mi caso tenía que haber volado a Bruselas ayer, miércoles, junto a mis padres para visitar a mi hermano que vive allí. Las circunstancias y lo aleatorio de esta sin razón es escalofriante.
Desde luego la historia nos juzgará, y no muy bien, por la barbarie, la intransigencia y la xenofobia que estamos tratando a los refugiados, por tener estos dirigentes tan mediocres y permitirles, darles carta blanca, para hacer políticas cortoplacistass, irresponsables y fascistas. Está no es la Europa en la que creo.

Gran reflexión. No entiendo como hay algún comentario hostil. Iturriaga simplemente dice que unas horas así son un auténtico horror así que pensemos en lo que están viviendo los refugiados, no se compara con ellos.

Increible lo que dice el "tipo" este. Compara la situación delos refugiados con lo que el vivió, lo cual da risa, ¿cómo puede comparar la situación que viven los refugiados con estar unas horas asustados en un aeropuerto ? Luego viene la "risa" cuando lees que Iturriaga se fue de allí en coche vía aeropuerto de París, lo cual barato no tiene que ser. Indignado que Iturriaga haya escrito esta "mierda", el haber estado no te debe dar derecho a escribir esta sarta de tonterías y en El País lo permiten.

Por que si la mayoria de las personas lo vemos tan claro como tu???tenemos que guiarnos por estos dirgentes sin poder hcer nada....es frustante ver en lo que europa se ha combertido .

Completamente de acuerdo. Las decisiones de la UE solo van a provocar un empeoramiento de la situación. No entiendo bien cuál es el miedo, solo Turquía acoge a más de 6 millones de refugiados, más de 2 millones de ellos son sirios. Vergüenza tendría que darle a la UE de su actuación. Y más vergüenza aún al resto de países árabes-musulmanes que presumen de piadosos y se llenan la boca de religión pero lo único que saben hacer es gastar sus petrodólares en lujos escandalosos. Vergüenza de mundo...

Don Andrés te diría...

Dónde están las llaves Itu?

No podía estar más de acuerdo con la conclusión final.

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Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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