El Palomero

Abanderado Nadal

Por: Juanma Iturriaga

28 abr 2016

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No hace falta ser un lince para darse cuenta que somos un país en donde nos cuesta un mundo ponernos de acuerdo. Ahí está el espectáculo que desde el 20 de Diciembre está dando nuestra clase política, a la que se le llenó la boca durante el periodo de campaña hablando que llegaban nuevos tiempos, que los pactos serían inevitables, que había que tener amplitud de miras, generosidad, trabajar para ponerse de acuerdo, bla, bla, bla, bla. A la hora de la verdad, los pactos han pasado de inevitables a imposibles, la amplitud de miras no ha llegado más allá de los ombligos de cada uno y de generosidad mejor no hablemos. Eso sí, ha seguido (y seguirá durante dos meses más, joder que hartazgo tan enorme) el bla, bla, bla, bla.

Quizás es que queremos pero no sabemos. Nos gusta debatir, intentamos el acuerdo, pero lo hacemos muy mal. Tan mal, que en lugar de debatir, lo que hacemos es discutir. Que no es lo mismo. Y lo hacemos, además, de la forma menos constructiva, al más estilo sálvame, chiringuito o tertulia al uso donde se habla poco y se grita mucho, se sublima lo insustancial sobre lo sustancial y sobre todo, no se ejercita para nada el noble arte de la escucha Por eso cuando ocurren cosas en las que estamos casi todos alineados, habría que entonar el aleluya. Como la elección de Rafa Nadal como abanderado español para los Juegos Olímpicos de Rio el próximo verano.

Nunca he ocultado mi simpatía hacia este personaje. No le conozco ni a él ni a sus interioridades y de sus creencias o tendencias más personales sólo sabemos a ciencia cierta su debilidad por el blanco y el escudo madridista. Pero dada mi convicción de que por sus actos conoces mejor a una persona que por lo que salga por su boca, el comportamiento de Nadal siempre me ha parecido ejemplar. En el éxito, su hábitat natural, y sobre todo en sus decepciones, que por otro lado, son también las nuestras. Podría ser un bicho raro y no lo es. Dentro de la excepcionalidad de su vida y su carrera, Rafa tiene un punto de tipo normal, de naturalidad es sus reacciones ante cualquier circunstancia que la empatía hacia su persona resulta inevitable. Solo así se entiende que nos alegremos tanto cuando él está contento, y se nos quede tan mal cuerpo cuando las cosas no le han ido bien.

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En un plano teórico, el abanderado de un país tiene que presentar una hoja de servicios que vaya más allá de unos logros deportivos. De alguna forma se intenta que aquel que porta la bandera en el desfile inaugural de unos Juegos, represente lo mejor que podemos ofrecer. Un deportista exitoso pero también una persona que ejemplifique otros valores. Y Nadal resulta a todas luces ejemplar. Ahora bien, la forma de ser de Rafa tiene características que van un poco en contra de los tiempos. Estando su imagen mercantilizada como la de cualquier superestrella, su persona no se ha convertido en un producto semiartificial. Viviendo como vivimos en un excesivo culto hacia los deportistas exitosos, sobre todo futbolistas, que no contraen los suficientes méritos personales como para ocupar lugares de referencia social, Nadal mantiene una actitud intachable. En un universo donde la cultura del éxito justifica comportamientos dudosos, Rafa dignifica el deporte siendo capaz de competir al máximo sin dejar reconocer la grandeza de sus adversarios y la aceptación sin excusas ni malas maneras las derrotas.

Por eso, y por muchas razones más, su elección resulta oportuna y acertada. Cuando le veamos sonriente a la cabeza de nuestra delegación, nos sentiremos cómodos, sabedores que nos encontramos a alguien que no tiene trampa ni cartón, divismo ni altanería. Un tipo al que el éxito, la fama y el dinero no parece haberle cambiado mucho, y que después de todo lo vivido, todavía se atisba en su mirada la chispa de la ilusión. Por jugar a tenis, por competir con los más grandes y también por ser depositario de la representatividad de su país.

Hay 2 Comentarios

Se lo merece por sus méritos deportivos y por su saber estar en la cancha y fuera de ella.Así se quita la espinita de no hacerlo en Londres 2012.¡enhorabuena rafa!

Soy de Nadal, y también de Itu!

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Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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