El Palomero

Ahora toca conquistar el juego

Por: Juanma Iturriaga

30 may 2016

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Cayó la undécima, y el idilio del Real Madrid con la Champions continúa. Los números son incuestionables. Dos de las últimas tres, cuatro a partir del 2000, cinco en los últimos 20 años, en los cuales el Barcelona, gran referente futbolístico del siglo XXI, ha logrado cuatro. Será la mística que suscita este torneo, será que el sistema de competición resulta el ideal para un equipo más de explosiones que de rutinas, será que los jugadores la sienten casi como suya, el caso es que si nos atenemos al palmarés, nadie lo presenta tan lustroso. Incluso a aquellos que en base a razonamientos tan peregrinos como interesados (por no llamarlos estúpidos) han propuesto, invocando a dictaduras y no se qué más chorradas, que las seis primeras sean borradas del palmarés (las de blanco y negro) ya no les salen las cuentas, pues en color han caído ya cinco, tantas como el que más tomando ese espacio de tiempo donde los televisores se volvieron policromáticos.

En esta ocasión, el título sabe mejor que nunca. Por lo que costó ante un tremendo rival, y porque hace cinco meses el club y el equipo estaba patas arriba. Tiempos oscuros aquellos, que ahora parecen lejanos, donde la autocombustión no parecía tener fin. Temporada anterior en blanco, entrenador querido por casi todos a la calle, la destemplada y fría despedida del mito Casillas y la llegada de un nuevo técnico que ni parecía deseado ni daba la impresión de encajar con las necesidades. En diciembre se rizó el rizo y Benítez pasó de solución a problema en un pis pas. Nuevo despido y Zidane, al que le soportaba más su marchamo de legendario jugador que datos sobre su capacidad como entrenador, a la palestra. Si en aquel momento alguien hubiese apostado por lo que ocurrió el sábado, se hubiese llevado una pasta.

La sonrisa de Zidane cambió sobre todo el ambiente, cuestión capital en un club como el Real Madrid. Si nos atenemos a la historia reciente, la conclusión parece evidente. El Madrid, entidad en perpetuo estado de observación y donde no hace falta mucho para que se monte un buen lío, necesita bomberos antes que pirómanos, entrenadores afables más que obsesos de las tácticas, gente bragada anteriormente como jugadores de élite, que desde su experiencia de haberlo visto y vivido casi todo, saben cómo enfrentarse a las ruedas de prensa, y empatizan mucho mejor con sus hombres pues ya han estado ahí. A pesar de cierta pulsión que demanda cada cierto tiempo generales que impongan leyes marciales, gente como Del Bosque, Heynckes, Ancelotti y Zidane (todos sospechosos de compadreo con sus futbolistas) han sido los que finalmente han llevado al equipo a las más altas cotas. Demasiada coincidencia como para que no haya nada detrás.

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Lograda de nuevo la copa más preciada y prestigiosa, el próximo objetivo ya ha sido marcado. La duodécima. Seguro que muchos madridistas lo comparten, aunque llegados a este punto, abogo por otra meta. La de no ser sólo aplaudidos y envidiados por la indiscutible capacidad para competir y ganar, sino también por su juego. Porque se podrán poner sobre el césped muchas orejonas, recordaremos durante mucho tiempo los años donde hubo cosecha, 1998 en Amsterdam, 2000 en Paris, 2002 en Glasgow, 2014 en Lisboa, 2016 en Milán. Ahora bien, de todos esos equipos que se dieron un baño de multitudes en la Cibeles, ¿alguno ha dejado impronta por su fútbol? ¿alguno de ellos se convirtió en modelo a seguir? ¿alguno de ellos se mereció entrar en esa historia no de ganadores, sino de equipos que cambian, evolucionan o revolucionan el fútbol? Metidos en celebraciones, seguro que no es el momento ideal para que esta cuestión se pueda convertir en debate, pues en la alegría, se da por bueno cualquier contratiempo anterior.

Pero ahora que debería relajarse un poco la ansiedad que provoca la necesidad constante de ganar que palpita en el ADN de este club, quizás es una buena ocasión para revisar otras cosas. Y que el Madrid, el club más importante del siglo XX, el club más rico del mundo en 2016 y que puede presumir de tener abarrotada su sala de trofeos de Champions, comience un proyecto de enjundia futbolística. Que su fútbol esté a altura de su leyenda, que sea reconocible, que potencie la enorme dosis de talento que tiene en su plantilla, que se fiche a partir de una idea de juego, que la afición pueda ponerse a ver su equipo no solo para poder disfrutar de una victoria, sino de un juego convincente. Que el orgullo de su gente venga del qué y también del como. Que pueda entusiasmar no sólo a sus propios aficionados, sino también a aquellos que más allá de los colores, disfrutan con el juego.

Si sin saber muy bien cual es el estilo perseguido, con ciertos desequilibrios evidentes, cambiando de entrenador y estilos casi cada año y sin pasar del aprobado en el arte de dominar los partidos, ha sido capaz de alcanzar lo alcanzado, el día que logre ponerse a jugar bien a fútbol……

Conquistadas las copas, toca conquistar el juego. Hasta entonces, enhorabuena a los premiados.

La mañana cuando el baloncesto se volvió loco

Por: Juanma Iturriaga

23 may 2016

La temporada regular de la Liga Endesa de baloncesto tuvo un final que no será sencillo olvidar, pues será difícil que se repita en tan breve espacio de tiempo tantas historias, tantas tramas sorprendentes, tanto resultado inesperado. Treinta y tres largas jornadas habían dejado unos cuantos asuntos por resolver de diferente trascendencia. El primer puesto, asunto no definitivo por si de cierta enjundia, pues aunque no te asegura el título, pero sí te lo acerca. Dos puestos de playoff, premio gordo para la clase media, y uno de descenso deportivo, que deberá ser confirmado en los despachos. Ya en el descanso, el primer debate estaba visto para sentencia pues el Barça hacía sus deberes con relativa facilidad. Pero en Vitoria, San Sebastián, Fuenlabrada y Bilbao, las cosas no estaban tan claras.

Y así siguieron hasta que llegó el momento donde la mezcla de la victoria casi asegurada del Bilbao Basket en Miribilla (ganaba por 15 puntos en el último cuarto) y la del UCAM Murcia ante el Fuenlabrada colocaba a bilbaínos y murcianos en las eliminatorias al título. Estudiantes cumplía con su parte en Donosti (ganaba por 10 puntos) y a pocos kilómetros se barruntaba la derrota del Manresa, lo que significa la salvación in extremis de los del Magariños. Pero de repente, el mundo se volvió loco.

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En Bilbao, el publico comenzaba el homenaje al gran Raúl López en el minuto 31 de partido, por lo que tardaron en darse cuenta que en la cancha, a sus jugadores les estaba empezando a entrar el tembleque. Tanto y tan fuerte que encajaron un escalofriante 2-17. Sí, 2-17. En San Sebastián, el Estudiantes entraba en uno de esos momentos tan habituales durante la temporada y que justificaban el haber llegado al borde de abismo. Todo el temple mostrado en treinta y tanto minutos se venía abajo. Cada minuto era peor que el anterior, y como bien demostró el Gipuzkoa Basket la semana pasada en Manresa, el estar descendido desde hace semanas no les ha desconectado, sino más bien liberado.

Llegaba el momento de la resolución. En Fuenlabrada la afición del Murcia celebraba su éxito y los locales lamentaban que su gran temporada no hubiese tenido un mejor final. El Estudiantes terminaba de cavar su propia tumba con una última jugada pésimamente gestionada lo que salvaba al Manresa. No deja de ser curioso que el mismo equipo que casi le ahogó hace siete días, le rescataba. Lloros en los dos campos vascos, pero de distinto signo.

Pero faltaba la traca final. A pesar del apagón, los hombres de negro llegan vivos a falta de 2,8 segundos, justo cuando Alex Mumbrú lograba meter el segundo tiro libre. Y ocurrió esto

 

Y de repente, Bilbao quedaba fuera, y en Fuenlabrada no se lo creían.

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Total, que de los seis equipos metidos en fregados de playoffs y descenso, cinco de ellos no cumplieron con lo suyo. Fuenlabrada, Bilbao, Tenerife, Manresa y Estudiantes, fracasaron en su intento, y sólo Murcia aprobó con nota. Pero como no había carbón para tantos, quedaban dos indultos pendientes. El increíble triple de Sastre fue un regalo de Reyes anticipado para Fuenlabrada, lo mismo que la profesionalidad del Gipuzkoa Basket posibilitó que el Manresa resucitase de entre los muertos.

En el reparto de penas, Bilbao y Estudiantes se llevan la palma. Los primeros porque la forma de cerrar la temporada fue la más cruel posible. Más grave es lo del Estu, errático durante todo el año y que queda a expensas de un nuevo milagro administrativo que parece que ahora puede tener menos posibilidades de producirse que en otras ocasiones. Si no hay canon que le salve, un histórico de nuestro baloncesto, un equipo singular y necesario, dejará la liga, lo que no deja de ser una triste noticia. Pero no tienen a quien echar la culpa, salvo a ellos mismos.

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Una reflexión para acabar. Vivimos tiempos de desconfianza que lo impregna casi todo. El deporte no es ajeno y no hace falta ir muy lejos para encontrar ejemplos de ello. El piensa mal y acertarás parece imponerse poco a poco, y cuando hay algo importante en juego, rumores, teorías y suposiciones están a la orden del día. Por ello creo destacable el comportamiento de TODOS los equipos. A los que les iba a la vida, los que todavía peleaban por algo y también aquellos que tenían todo el pescado vendido. Nadie bajó los brazos, nadie entregó nada, todos se emplearon con suficiente intensidad para que no asomase ni un atisbo de duda. Creo que esto ennoblece la competición y es digno de aplauso. Al menos el mío lo tienen desde aquí.  

Tres días de pasión

Por: Juanma Iturriaga

16 may 2016

El fin de semana ha sido grande en acontecimientos deportivos, transversal por su carácter multidisciplinario, abarcando desde ligas domésticas hasta importantes torneos internacionales y con altas dosis de dramatismo, pues a estas alturas del curso, se imponen las resoluciones de todo lo masticado durante el año. Pasemos repaso a todo lo ocurrido.

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Campeón habemus. Hace dos meses, el Barça tenían ya contratado el autobús para darle la vuelta triunfal a la ciudad y celebrar un nuevo título liguero. Pero resulta que como le escuché a Valdano una vez, el fútbol siempre te espera con un puñal en la esquina. El navajazo del Madrid en el Camp Nou lo tuvo convaleciente durante varios partidos, pero obligado por la urgencias, salió del hospital justo a tiempo para ganar una liga que ya la tenía ganada. Como nunca hay un vencedor liguero injusto, el Barça se lo ha merecido y tanto apuro final seguro que ha logrado que la alegría fuese mayor que si todo hubiese ido como iba antes del gol aquel de Ronaldo. Según cuentan las crónicas, lo celebró con más algarabía popular que alegría interna, quien sabe si sabedores de que el premio gordo de la temporada, la Champions, quedó fuera de su alcance en este curso. Y para más inri, hay un 50% de posibilidades teóricas que se la lleve a sus vitrinas su máximo rival. Pero su dominio casi tiránico de la competición liguera (seis títulos en las últimos ocho ediciones) habla mejor que otra cosa del buen hacer azulgrana.

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La experiencia es un grado. Lo tuvo el Baskonia en la muñeca de Darius Adams con un tiro en el ultimo segundo que de haber entrado le hubiese colocado en la final, pero siendo una jugada muy bien ejecutada, no terminó besando la red como hubiésemos deseado y sin duda el Laboral Kutxa había merecido. Es posible que en ese último minuto y después en la prórroga le faltase un poco de cuajo, pero el desenlace no hace honor al camino, que sin duda ha sido tan sorprendente como extraordinario. Tanto que no hay cabida para ningún pero significativo. Los vitorianos han demostrado arrojo, talento y competitividad, mucho mayor de lo que se preveía cuando allá por el mes de Octubre comenzaron un proyecto casi desde cero. Ahora llega lo más difícil, no morir de éxito, que en baloncesto y para los equipos que no tienen chequera ilimitada, significa intentar mantener en sus filas a sus mejores hombres, objetivos de los grandes tiburones. Pero eso vendrá más adelante. Mientras tanto no queda otra que dar de nuevo la enhorabuena al club, al equipo y a su afición, recordando una vez más la grandeza de lo conseguido y desear que no haya que esperar muchos años para que pueda volver a intentarlo.

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La tercera vía. Nuestra atención sobre el tenis fluctuaba desde hace tiempo entre la constante evaluación del estado de Rafa Nadal y la constatación casi semanal de la tiranía de Nole Djokovic, que no dejaba ni las migas para sus adversarios. Pero a una semana del inicio de Roland Garros, surge poderoso un tercero en discordia, Andy Murray, que parece haber ahuyentado definitivamente sus fantasmas de tierra batida y se merendó al casi imbatible numero 1 en la final de Roma. Cuando hablamos de talentos superlativos, las diferencias hay que buscarlas más en la cabeza que en las muñecas. Y la del escocés no parecía estar del todo amueblada cada vez que llegaba la primavera y con ello la parte de la temporada que se disputa en tierra batida. Ya el año pasado mostró progresión y este año está confirmando que ha traspasado la barrera de la incomodidad. Mala noticia para sus rivales, pues un Murray liberado de agobios es mucho Murray. Habrá que estar atentos a lo que ocurra a partir del domingo.

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Vuelta a las andadas. En Montmeló se disputó el GP de Formula 1, y el universo alonsonianio, donde parecía que por fin salía un poco el sol, volvió a nublarse. Por enésima vez, las esperanzas creadas, los mensajes optimistas, el aviso de que los peores tiempos son cosa del pasado contrastó con una realidad mucho menos soleada. El sábado entró por primera vez en la Q3 que reforzó las buenas sensaciones. El domingo no terminó la carrera, y ¡hala! nuevo aplazamiento de las ilusiones hasta la próxima carrera.

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Cuando reina la desconfianza. El Betis, que no se jugaba nada, ganó al Getafe que se jugaba la vida. Conclusión: Maletín habemus. El Villareal, que no se jugaba nada, perdió ante el Sporting que se jugaba la vida. Conclusión: El Villareal se ha dejado. Historia de la semana anterior. El Sevilla, que no se jugaba nada, pierde en su campo ante el Granada, que se jugaba la vida. Conclusión aún más retorcida. Dejándose ganar, el Granada se salvaba, por lo que no iba a suponer rival para el Barcelona que se jugaba el titulo en el último partido. De esta forma los azulgranas campeonaban y automáticamente colocaban al Sevilla en la Supercopa, con el consiguiente beneficio económico. Esa misma semana. La Real, que no se jugaba nada, vence al Rayo que se jugaba media vida. Ni maletines ni beneficios para los donostiarras. La razón de la supuesta impotencia rayista estaba provocada por un supuesto amaño para que alguno se forrase con las apuestas. Diferentes historias, algunas contrapuestas, con un denominador común: la sospecha de algo raro. No deja de ser curioso que viendo todo el conjunto de situaciones, nos percatemos del ventajismo de aquellos que ven cosas raras, pues puestos a dudar de la limpieza, les vale cualquier resultado.

Una última reflexión. ¿Tienen obligación los equipos que ya no se juegan nada de dar el 100%, de seguir alienado a sus mejores hombres, a entrenar a tope toda la semana, de salir al campo como si les fuese el futuro en ello? No lo tengo claro, por lo que yo recomendaría a todos que no dejasen el futuro en manos de otros, que lleguen a las últimas jornadas con los deberes hechos o al menos dueños de su destino. Es la mejor receta para no tener que preocuparte ni distraerte en lo que hacen o dejan de hacer los demás. Porque con tanto en juego, puedes terminar viendo fantasmas en cualquier esquina.

No, al Rayo, o al Getafe, no les ha mandado a segunda el Villareal. Ni al Barça le ha hecho campeón la relajación del Granada al verse salvado. Estamos hablando de un liga de 34 jornadas, y todos han llegado a sus respectivos destinos por su propio pie y no empujados por ninguna mano negra.

Recordatorio (probablemente inútil)

Por: Juanma Iturriaga

09 may 2016

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Madrid está de fiesta con la clasificación de madridistas y atléticos para la final de la Champions. Tanto que tener la liga perdida para el Atleti y a falta de milagro para el Madrid resulta hasta tema menor ante el mega exitazo que espera a uno de los dos. Estamos hablando de la competición de clubes más prestigiosa del mundo y lo que se consideró hace dos años una extraña conjunción astral, se vuelve a producir sólo un par de temporadas después. Ninguno de los dos equipos podrán sacar mucho pecho por su juego (muy recomendable una vez más el artículo de John Carlin de este pasado domingo) pero supongo que este asunto les trae al pairo y verán estos análisis como rabietas de perdedores.

La tabarra con el nuevo partido del siglo va a ser de traca en las próximas tres semanas, por lo que no seré yo el que contribuya a ello más allá de lo razonable. Eso sí, si van los listos de booking y les hace la pirula a muchos aficionados con una chorizada de categoría, pues habrá que ponerles a parir, que se lo merecen por mucho que digan que ellos sólo son intermediarios.

Ahora bien, una vez dadas las merecidas felicitaciones correspondientes, una pregunta me vino a la cabeza el miércoles pasado, una vez que se consumó el nuevo doblete. Metidos en la final, ¿dónde quedan conspiraciones? ¿Y los presuntos intereses para que fracasasen? ¿Y los sorteos de bolas calientes? ¿Y los periodistas desestabilizadores con sus mentiras? No hay que efectuar ninguna prospección petrolífera para encontrar durante determinados momentos de la temporada declaraciones desde ambos equipos donde se dejaba entrever manos negras, intereses torticeros y manejos desde algunos despachos o medios de comunicación para que tanto Real Madrid como Atleti no alcanzases sus objetivos. Hay gente que no quiere que ganemos, existe una campaña contra nosotros, esto está preparado para que gane no se quién, somos incómodos en algunos sitios, etc. Por la boquita de presidentes, entrenadores (salvo Zidane) y algún jugador en línea con el argumentario institucional se han deslizado veladas acusaciones casual y generalmente en los momentos donde las cosas no iban demasiado bien.

Y claro, uno, al ver los dos equipos en la final, puede pensar que quizás no estaría de más que la próxima vez que alguien le entren ganas de denunciar oscuras maniobras, pues se lo piensen mejor, no vaya a ser que unos meses después, quedes en evidencia. Aunque tampoco tengo muchas esperanzas. Es más, pienso que muchos de los quejicas están convencidos que precisamente esas llamadas de atención fueron las que desmontaron los complots, pues así son de cabezotas. Pero bueno, por comentarlo que no quede.

Cinco debates de lunes

Por: Juanma Iturriaga

02 may 2016

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En Munich se vuelven a encontrar Atlético de Madrid y Bayern, cuyo único punto en común en sus respectivos credos es que salen once jugadores al terreno de juego. Pero a partir del silbido inicial, resulta casi imposible encontrar alguna similitud entre ambos que vaya más allá de la búsqueda de la victoria. Cuando se cruzan estilos tan antagónicos, el debate está servido. Depende del ánimo o simpatías del analista, una misma cuestión puede ser loable o criticable. La intención innegociable de Guardiola de tratar bien el balón, tenerlo y manejarlo como premisa para intentar dominar los partidos es, para muchos, una apuesta relevante y un regalo para el fútbol. Pero hay otros tantos que la encuentran más estética que efectiva, y sobre todo cuando no logra sus objetivos, se escucha eso de “bah, tanta posesión para nada”. En el banquillo de los visitantes se sentará Simeone, el hombre que ha logrado desterrar el victimismo representado por el concepto “pupas” y ha colocado al Atleti en la aristocracia europea. Sus resultados no ofrecen duda, pero muchos, entre los que me incluyo, no comulgamos con una forma de entender el fútbol donde el balón es pieza secundaria o donde como ha ocurrido esta semana, te pasas setenta de los noventa minutos encerrado en tu área, tengas delante al Bayern o al Rayo Vallecano. Lo que ocurra en el Allianz dará razón a filias y fobias, pero durará sólo hasta la próxima, pues la discusión entre los que ponen el foco en el marcador y a los que les importan los comos es eterna como el mismo fútbol.

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En Madrid el tema estrella es Cristiano Ronaldo y su estado físico. Nadie sabe a ciencia cierta su situación real, quizás ni él mismo, pues para comprobarla se necesitaría un partido, no unas cuantas fotos en un entrenamiento. El debate que me sugiere esta situación es saber quien va a tener la última palabra en su posible alineación. ¿El jugador? Si las lógicas ganas de jugar (sobre todo los grandes partidos) de cualquier profesional pueden llegar a nublar la capacidad de análisis, en el caso de Ronaldo el riesgo es aún mayor, pues precisamente sus empecinamiento en jugarlo todo sin que nadie haya sido capaz de pararle ha terminado con su cuerpo diciendo basta. ¿El médico? No apostaría por ello. ¿El entrenador? ¿Le pongo y me arriesgo que haga un Diego Costa y tenga que cambiarlo en el minuto 15? ¿No le pongo y pierdo gol, presencia, intimidación y efecto sicológico de su presencia? ¿Y si está bien como me jura que está? ¿Y si me la está intentado colar?. 

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En Barcelona, mientras tanto, aunque sea un poco a trancas y barrancas y no emitiendo las mejores vibraciones, el Barça está ya a dos partidos de poder cantar el alirón liguero. Y yo me pregunto si no cambiarían un par de puntos por ser ellos los que tuviesen partido entre semana. Hace tiempo hablaba con un madridista de pro que me contaba que aunque evidentemente nunca lo iban a decir, pero que el orden de prioridades del Madrid era este: primero la Champions, luego la Champions y finalmente la Champions. Y que la Liga pues nada, había que jugarla pero que en el fondo, no pasaba de ser un trofeo menor. No sé si la realidad resulta tan extrema, pero tengo la sensación de que para clubes como el Madrid y el Barça, la brecha entre lo que suponen ambas competiciones no para de crecer. Y por eso sospecho que la falta de encanto en las últimas actuaciones de los azulgranas tiene que ver más con la tristeza por no estar donde querrían que con otros asuntos.

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En Rusia sonaron las campanas, pues Alonso llegó sexto en un Gran Premio de F1, lo que ha declarado el estado de optimismo. En esa constante venta de lo que vendrá (aunque esté tardando en llegar) en la que está metida el universo alonsista desde hace varias temporadas, en esta ocasión incluso hay datos que pueden sustentarla aunque sea mínimamente. Y encima según cuentan los expertos, ha sido en un circuito que era de los que no le vienen bien a su McLaren (sí, yo también me he preguntado, a la vista de los antecedentes, si hay alguno que le venga bien). Y espera, que ¡se anuncia mejoras para Barcelona!. ¡Como no vamos a ver la botella medio llena!. Si me apuras, hasta ¾ llena. ¿Excesiva alegría por un sexto puesto a más de una vuelta del ganador? Quizás, pero es lo que tiene venir de los infiernos, que cualquier ráfaga de aire refresca el ambiente.

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Por último, en Madrid se está disputando el Master tenístico donde a la vista de cómo está jugando Rafa, lo mismo tenemos el domingo un Djokovic-Nadal. Pero aquí mis dudas no son deportivas, sino surgen de la grada. Más concretamente de las zonas VIP, llenas de famosos guapísimos y sonriendo con sus sombreros, gafas de sol bien puestas y dentaduras impecables. ¿Van a disfrutar del tenis o a pintar un poco la mona? No quiero pensar mal, pero por si acaso que tengan cuidado, no vaya a ser que les entrevisten y podamos descubrir a los farsantes. Lo que está claro es que el Master madrileño se ha convertido en fecha señalada para dejarse ver un poco, tomar el sol, tirar de catering de lujo y echar la tarde noche.Tengo que reconocer me ponen un poco de los nervios, aunque en el fondo sé que es envidia porque a mí no me invitan. 

Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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