El Palomero

Una Copa soberbia

Por: Juanma Iturriaga

19 feb 2017

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Extraordinaria, dramática, cardíaca, emocionante, reivindicativa y muchas otras cosas más. Hemos asistido a una copa para el recuerdo, donde ganó aquel al que apuntamos todos como gran favorito pero cuyo guión, aunque el final fuese el sospechado, resultó de enorme calidad. Enhorabuena colectiva, con especial énfasis a ese Morabanc Andorra gigantesco que se quedó a un mejor ojo de los árbitros de dar la gran sorpresa. También máximos honores al Baskonia, al que tampoco se le puede sacar ningún pero y que se fajó con intensidad y acierto. O al Valencia, al que otras veces señalamos su falta de consistencia en las grandes citas y ahora demostró que ha dado un paso adelante. Y por supuesto al campeón, el Real Madrid, que tuvo más moral que el Alcoyano, estuvo más muerto que vivo en los dos primeros partidos y aún así siguió porfiando hasta llevarse un título que quizás no es el más importante de la temporada, pero cuyo desarrollo lo ha engrandecido. 

Hemos asistido a un buen número de grandes partidos, alguno de ellos que nos costará olvidar, como el Baskonia-Real Madrid en semifinales o la misma final. El juego, ese gran olvidado a veces cuando hay cosas serias en el tapete, hizo honor, con estilos valientes, agresivos y veloces, al fin de semana más importante del curso. También tuvimos tiempo para deleitarnos con actuaciones acordes al enorme talento que atesoran unos cuantos de los mejores jugadores de nuestra liga. Y todo ello con el Buesa Arena abarrotado, batiendo el récord de asistencia y sin ningún incidente destacado. Poco más se puede pedir.

Ganó el Madrid, que ha convertido en todo un arte la supervivencia en las situaciones más extremas. Cada uno de sus tres partidos ha sido agónico, y no por déficit suyo, que la posible crítica casi se limita a su primera parte ante los andorranos, sino por la excelente resistencia que ofrecieron los tres rivales que se cruzaron en su camino. Decía antes de comenzar la final Pedro Martínez, entrenador del Valencia más sólido y maduro de los últimos tiempos, que al Madrid donde se mueve mejor es en espacios abiertos, partidos con revoluciones, idas y vueltas, pero que resulta que ese estilo también era el suyo. Seguramente lo mismo pensaron los técnicos de Morabanc Andorra y Baskonia. Por eso es de agradecer que ninguno de los tres renunciaran a la forma habitual que tienen de entender el baloncesto, a costa del peligro que eso conlleva cuando tienes enfrente al Madrid. Gracias a esta decisión, los tres partidos fueron mayúsculos, con marcadores siempre muy cerca de los 100 puntos y llenos de acciones espectaculares, preciosos canastones y muy buenos jugadores por la pista con espacio y libertad para mostrar sus cualidades. 

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Hace unos meses, a cuento del nuevo titulo liguero alcanzado por las huestes de Laso, escribí en este blog una articulo que se titulaba Asi compite el Madrid Poco o nada ha cambiado desde entonces, pues el Madrid sigue siendo un seguro. No de ganar, sino de estar siempre en el momento y lugar donde se reparten los galardones. Y claro, rondando una y otra vez por ahí, al final van cayendo los títulos. A los jugadores del Madrid seguro que les gusta el baloncesto, pero lo que más les estusiasma es competir, medir fuerzas, disfrutar de las rivalidades y los ambientes hostiles, probarse una y otra vez que tienen fuerzas y ganas para seguir peleando.

Este perfil se ha afilado si cabe con la definitiva subida a los altares de Sergio Llull. Ausente el Chacho, no tan pujantes Rudy o Felipe, este Madrid no tiene más jefe que el menorquín, un jugador único, con una confianza en sus capacidades que te deja pasmado, capaz de meter canastas que sólo vemos a gente como Stephen Curry y que no conoce un hábitat más sugerente y estimulante que un partido cuesta arriba o unos últimos minutos con el encuentro a falta de definición.

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Su incidencia en las tres apretadas resoluciones ha sido capital, mandando, templando y resolviendo con una mezcla de fiereza y finura que le han dado un nuevo MVP. Igual a falta de tres minutos para la conclusión de la final el excelente Anthony Randolph se lo podía haber discutido, pero metiendo los últimos diez puntos que valieron un nuevo título, cualquier duda se disipó.

Total, que el Madrid es de nuevo campeón, y van cuatro seguidas, el Valencia y Baskonia se dieron un baño de autoestima, el Barcelona tiene tarea si quiere levantar su errática temporada, en Andorra se acordarán mucho tiempo de un campo atrás y los equipos canarios o el Unicaja se quedaron un poco por debajo de lo esperado. La semana que viene la vida sigue, vuelve esa liga a la que le cuesta coger vuelo, o esos infinitos viajes por Europa. Pero al menos nos quedará el recuerdo de cuatro días que esta vez sí que fueron de adrenalina y buen baloncesto. Enhorabuena a todos los que lo hicieron posible.

Una Copa que promete mucho

Por: Juanma Iturriaga

15 feb 2017

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Sí, ya sé que lo pensamos y decimos todos los años, pero mi olfato me dice (teniendo el cuenta el tamaño de mi nariz no es un gran olfato, pero suficiente) que esta vez todo apunta a un gran fin de semana de buenos partidos de baloncesto, sin historias, componendas o segundas oportunidades. ¿Qué a qué viene mi optimismo? Ahí van algunas razones.

El Madrid contra todos

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Todo torneo necesita una referencia inicial y en esta edición, no hay más favorito que el Real Madrid, que deberá cargar con ese peso extra. Es el líder de la liga y la Euroliga, lleva three in a row (tres seguidas) y su ascendencia en el baloncesto español resulta incuestionable. Su solvencia en este tipo de torneos es enorme, lo mismo que la variedad de recursos con los que cuenta Pablo Laso. Con Doncic elevado a los altares y jugadores expertos en situaciones límites como las que tienes que afrontar en este tipo de competición, la teoría diría que está en la mejor disposición para volver victorioso. Afortunadamente la teoría es eso, teoría, por lo que deberá andarse con mucho cuidado desde el primer día, donde le espera el Morabanc Andorra, que le hizo sudar en sus últimos enfrentamientos.

El Barcelona contra sí mismo

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Nadie da un duro por el Barça. Su temporada está siendo casi de echarse a llorar, sobre todo en Europa, sus jugadores han sido multados y han visto en más de una ocasión pañuelos en el Palau, su juego es errático y su entrenador está cuestionado. Como todo siempre puede ir a peor, hoy mismo se ha sabido que Navarro ha sufrido una apendicitis aguda y no estará en Vitoria. Tampoco es que lo estuviese petando, pero un jugador como él puede resultar necesario y decisivo en cualquier momento, por lo que su baja no es una buena noticia para los azulgranas. Total, que mires por donde mires, todo invita al pesimismo. Salvo una cosa. No hay competición resucitamuertos mejor que la Copa. Partes de cero y no necesitas semanas o meses de buen rendimiento. Te basta con que te pegue un subidón bueno que te dure 72 horas. Y como dije en mi anterior escrito, veo muy, pero que muy factible, que el Barcelona resucite. Además cuando vienes de una mala racha, ganar el primero y tener a dos partidos más un título reivindicativo, suele disparar la motivación. O sea, que cuidadito con los blaugranas.

El Baskonia contra la historia

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Si las 33 copas celebradas desde 1984, año en que se instauró este sistema de fin de semana, sólo en dos ocasiones el equipo anfitrión ha logrado levantar el trofeo (1984 el CAI Zaragoza, 2002 el Tau con Elmer Benett al mando) hay que reconocer que lo de jugar en casa más que ventaja es una losa de enormes proporciones que termina sepultando a todos. Y es que entre la presión añadida de estar en tu ciudad y lo raro que resulta no tener todo el pabellón a tu favor, sumado a que estas circunstancias se repiten tres veces, al final resulta una trampa más que un trampolín. Este año le vuelve a tocar al Baskonia intentar contradecir a la historia. Su temporada es magnífica teniendo en cuenta que ha debido reconstruir al equipo una vez más, perdiendo a los jugadores más importantes del curso anterior. Pero ahí está, vivito, coleando, asentado y supongo que con ganas de guerra. En la medida que sea capaz de metabolizar bien aspectos que el resto de los equipos no tiene que afrontar, su candidatura aumentará sus posibilidades. 

 Aspirantes emboscados.

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A pesar de lo dicho anteriormente, la clave de una buena copa no la tienen el Madrid y el Barça, ganadores de las últimas siete ediciones, sino los llamemos aspirantes a saltarse el orden establecido. Los Unicaja, Valencia, Baskonia, Herbalife y esta temporada también Iberostar Tenerife. Su comportamiento es el que da consistencia al torneo y posibilita que no se convierta en algo demasiado previsible. Y este año, a diferencia de otros, llegan a la chita callando. No hace falta irse muy lejos para ver casos en los que alguno de estos equipos llegaba a todo trapo, haciendo tanto ruido que le incluíamos en el paquete de los aspirantes, de aquellos que tienen casi la obligación de ganar. Y les sentaba fatal, tan mal que solían caer a las primeras de cambio. No vamos a descubrir nada diciendo que cualquiera de ellos es capaz de amargar la vida al más pintado, pero creo que llegar a Vitoria sin mucha algarabía a su alrededor les puede sentar tan bien como le sentó al Herbalife el año pasado.

Un ciudad inmejorable y de moda

Como todo espectáculo necesita el lugar adecuado, pocos sitios mejor que Vitoria para el fin de semana más atractivo del calendario baloncestístico. Pedazo de pabellón, ambiente callejero, y un buen surtido de locales para comer y beber, que no sólo de baloncesto vive la copa. Por cierto, hablando de locales, recomiendo una pizzería a aquellos que os animéis a ir a Vitoria. Se llama Toto, está en el Bulevar de Mariturri Kalea 2. Todo muy rico y bien de precio. Ahí lo dejo.

En fin, que cuando quedan poco más de 24 horas para que esto se ponga en marcha, la pinta es entre buena y muy buena. Y como siempre, no me resisto a hacer mi pronóstico a pesar de su complejidad. Real Madrid, Baskonia, Valencia y Barcelona a semis. Baskonia y Barça a la final. Baskonia campeón.

También tengo plan B. Real Madrid, Tenerife, Valencia y Unicaja a semis. Real Madrid y Valencia a la final. Real Madrid campeón. Una de las dos sale seguro.

Hala, menos cháchara y que empiece ya esto que lo queremos disfrutar.

Y el Barça multó a sus jugadores

Por: Juanma Iturriaga

12 feb 2017

Supongo que desesperados, impotentes, cabreados, y todos los adjetivos que se quieran poner, el Barcelona decidió multar a sus jugadores por bajo rendimiento. 5.000 euros, dicen algunos medios. Leyendo diversas informaciones, no se sabe muy bien si la idea partió de la directiva o del entrenador, que también tiene que soltar la panoja, lo que salvo a efectos de hacia donde dirigirá su cabreo el vestuario, tampoco tiene mayor importancia. La medida, al menos a efectos inmediatos, no ha servido para mucho, pues 24 horas después de que supiese la sanción, el Barça volvió a dar una pésima imagen perdiendo de nuevo en su campo ante el Galatasaray, el último clasificado de la Euroliga.

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Nunca he sido muy fan de este tipo de medidas, pues no veo por ningún lado su utilidad y sobre todo porque deja a los jugadores a los pies de los caballos. Hasta ahora, la mala temporada culé tenía que ver con lesiones, falta de acoplamiento, deficiente puntería, nervios ante la incapacidad de revertir la situación o errores humanos. La multa introduce un nuevo factor que tiene que ver con otras cosas que tanto irritan a la afición, actitudes, compromisos, esfuerzos, etc. La sanción viene a decir que algo hay de esto.

Supongamos que la directiva y el entrenador tienen razón, y los jugadores no están dando todo lo que deberían ¿creen de verdad que esto va servir de revulsivo?. ¿La solución es una multa pública, un claro señalamiento de falta profesionalidad hacia los que no olvidemos, son los únicos que pueden sacar al equipo del fango? ¿Y la reacción que no ha podido conseguir un montón de derrotas y abucheos públicos la va a lograr unos miles euros a gente que gana unos cientos de miles? 

Yo lo veo más como un claro fracaso tanto de Bartzokas como de la directiva. Tomar este tipo de decisiones hace suponer que el resto de acciones que se supone previas a algo de tanto calado, han fracasado. El liderazgo, la convicción, el manejo psicológico, las tácticas deportivas, los remedios para paliar las lesiones, incluso las amenazas (en privado) ante los primeros síntomas de desidia (siempre supuesta) no han funcionado.

Hay más cosas que me invitan a rechazar estas acciones. Imagínate que eres un jugador del Barcelona. En un determinado momento, el club te multa. Y puedes pensar. Joder, si ahora cambia el viento a mejor, pensarán que es por los efectos de la sanción. Y si no cambia la situación, casi peor aún pues seguiremos hundiéndonos cada vez más en el agujero. Total, es un lose, lose (perder/perder) Por no entrar en las arenas movedizas que supone el definir y delimitar lo que se considera “bajo rendimiento”. 

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No creo que el problema del Barcelona vaya por ahí. Lleva bastante tiempo dando síntomas de que las cosas no se están haciendo bien, incluso cuando todavía se abría la sala de trofeos de vez en cuando. El juego, por ejemplo. Hace una eternidad que el Barça no practica un estilo sugerente y atractivo, lo que da la sensación que le ha ido separando de la grada. Tampoco se atisba una idea sobre la que se sustentan las decisiones, los jugadores van y vienen, algunos jóvenes se han marchado antes de la cuenta quizás aburridos, y en general a los últimos equipos les ha faltado temperatura, pasión, calor…

Seguro que la causa de la crisis no será debido a una sola cosa, sino más bien la mezcla de muchas, pero lo que está ocurriendo ahora se lleva gestando desde hace unos cuantos años. Y no se soluciona multando a los jugadores. Eso seguro.

Postdata. Dicho esto, creo que el Barcelona va a ganar la Copa del Rey de este fin de semana. Ya lo explicaré otro día.

Sobre Federer y Nadal.

Por: Juanma Iturriaga

01 feb 2017

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La final del Open de Australia de tenis protagonizada por Roger Federer y Rafa Nadal ha sido sin duda la gran noticia deportiva de los últimos tiempos. Cuando ya creíamos que el libro sobre una de las rivalidades más atractivas de la historia del deporte estaba terminado, llegó sorprendentemente un nuevo capítulo (quien sabe ya si el último) que estuvo a la altura de lo escrito anteriormente. Durante unas horas tuvimos la oportunidad, no sólo de disfrutar del mayúsculo talento de dos tenistas irrepetibles, sino que a la vez revivimos muchos de los grandes partidos que nos han regalado estos dos DEPORTISTAS en la última década.

Como no podía ser de otra forma, medios de comunicación, redes sociales o conversaciones de bar se han llenado de parabienes hacia una pareja ya casi inseparable en el recuerdo. Todos, unánimemente, celebramos y resaltamos no sólo sus capacidades tenísticas, sino sobre todo sus maneras, sus actitudes, el respeto reverencial que se tienen, la grandeza que muestran ambos en la victoria y en la derrota. Es casi un tópico que el deporte no acerca a valores muy necesarios en la vida, pero cuando se trata de Federer y Nadal, es difícil encontrar mayor ejemplaridad.

Lo que me resulta más chocante es que muchos de estos parabienes, buena parte de este enaltecimiento de la caballerosidad, la empatía, el ser capaz de competir sin necesidad de humillar, la ausencia total de excusas, la falta de búsqueda de culpables externos a sus traspiés, provenga de gente a los que rápidamente se les olvida la enseñanza. Que algunos medios de comunicación, programas o periodistas que en su día a día se saltan casi todo lo que hace grande a Roger y Rafa, se les llene la boca y la escritura resaltando virtudes que en demasiadas ocasiones olvidan. Que futbolistas (sobre todo) a los que no les tiembla el dedo apuntando hacia donde sea para supuestamente denunciar complots, campañas o persecuciones, feliciten a Federer y Nadal por su comportamiento, que es el radicalmente opuesto. Que tuiteros pasen de ponerles las nubes en un tuit a trolear a alguien en su siguiente mensaje.

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Desgraciadamente, Roger Federer y Rafa Nadal son cada vez más rara avis. Sobre todo en el día a día, pues sería injusto olvidar muchos casos que acontecen en el universo deportivo dignos de elogio. Pero no suele ser eso lo normal cuando abrimos un periódico, escuchamos un programa de radio o vemos la televisión. Durante quince días hemos podido recordar que hay otras formas, otras maneras, que no solo la bronca vende, que se puede querer que gane tu favorito sin necesidad de odiar a su rival, que el “yo quiero que el XXXX pierda siempre” es de una cortedad de miras apabullante, que el todo vale para ganar no vale, que hay que aceptar la derrota sin necesidad de echarle la culpa al empedrado.

Todo esto y mucho más nos han ido enseñando Rafa Nadal y Roger Federer. La lástima es observar que en determinados ámbitos y personas, su ejemplo moja pero no empapa.

Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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