David Alandete

Sobre el autor

es corresponsal del diario El País en Washington. En Estados Unidos ha cubierto asuntos como las elecciones presidenciales de 2008, el ascenso del movimiento del Tea Party o la guerra de Afganistán. Llegó a Washington en 2006, con una beca Fulbright para periodistas, a través de la cual se especializó en relaciones internacionales, conflictos armados y políticas antiterroristas.

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Las rebajas del Pentágono

Por: | 31 de diciembre de 2011

Supimos esta semana que Estados Unidos ha permitido la venta de armas a Irak por valor de 11.000 millones de dólares, justo en un momento en que el país se encuentra al borde de un abismo de violencia fratricida entre chiítas y suníes. Y que también ha ultimado la venta de armamento por valor de 29.000 millones a Arabia Saudí, para reforzar al régimen en el contexto de grandes presiones sobre Irán. Las exportaciones de armas a aliados es una práctica habitual del Gobierno norteamericano. Sirven para apuntalar a amigos -sin que importe si son democracias o regímenes autoritarios- en puntos clave del globo.

F-16 (Dos cazas F-16 / FOTO: TSgt Cheresa D. Theiral, Colorado National Guard)

El Pentágono tiene una lista de aliados a los que les permite lo que se conoce como Ventas Militares Extranjeras (en inglés, Foreign Military Sales). Cada año, hasta la fecha, les ha vendido, directamente, más de 30.000 millones de dólares. Así define el organismo que regula esas ventas, la Agencia de Cooperación y Seguridad en la Defensa, esas transacciones:

“El programa de Ventas Militares Extranjeras del Gobierno de EE UU supone la transferencia de artículos, servicios y entrenamiento militares a otras naciones soberanas u organizaciones internacionales. Bajo ese programa, el Gobierno de EE UU adquiere artículos y servicios de defensa en representación de clientes extranjeros. Los países a los que se aprueba en ese programa pueden adquirir esos artículos y servicios pagando con sus propios fondos o con fondos distribuidos por programas de ayuda financiera de EE UU”.

Es decir, que el Pentágono compra las armas para sus aliados. Y lo hace con el dinero de ellos y, si no lo tienen, con dinero que les regala. Un negocio redondo, porque el precio que paga el Pentágono es, además, rebajado. De compra al por mayor. Y no pasa por impuestos y trámites farragosos. Washington adquiere las armas y se las entrega a los aliados. Según dice la misma agencia, “con el sistema de Ventas Militares Extranjeras, el Gobierno de EE UU completa todos los procesos de la adquisición, desde la petición del cliente hasta la entrega final”.

Entre los meses pasados, dentro de este programa, el Pentágono ha solicitado 18 cazas F-16IQ para Irak por valor de 2.300 millones de dólares; 10 aviones de transporte táctico C-27J para Australia por valor de 950 millones y 260 misiles guiados antitanque 260 Javelin por valor de 60 millones. España está también en esa lista de clientes/aliados. Sus adquisiciones más recientes: en septiembre de 2010 ofreció 155 millones de dólares por la reparación de seis helicópteros SH-60F; en junio de 2008 propuso adquirir 20 misiles Tomahawk  20 RGM-109E Block IV por 156 millones; en agosto de 2007 compró 36 misiles tácticos 36 SM-2 Block IIIB Standard por 63 millones y, en una de sus mayores compras, dos sistemas navales Aegis de detección y  rastreo de misiles por valor de 780 millones.

Pero, desde luego, España no es un cliente/aliado que se halle entre las más altas prioridades del Pentágono. No les extrañará saber que el mayor receptor de material bélico en el año fiscal 2011 (que acabó en septiembre) es Afganistán, seguido de una larga lista de aliados incondicionales de Washington desperdigados por el globo. Estos son los diez primeros:

Tabla2

Ninguna sorpresa en la lista. Taiwán sirve de contención a China. India hace lo propio con Pakistán. Afganistán e Irak son dos compromisos adquiridos con ambas guerras. Esa lista se ha visto ligeramente modificada por las revueltas de la Primavera Árabe. En 2010, uno de los mayores receptores de armas fue el Gobierno de Egipto, liderado por Hosni Mubarak, con 2.600 millones, más de lo que recibió Arabia Saudí. En 2011 cayó Mubarak y Egipto desapareció de la lista. Y es que, aunque políticamente la Casa Blanca apoye tibiamente las revueltas prodemocráticas, armar a los nuevos líderes que resultan de ellas, poco conocidos, es un riesgo que no está dispuesta a asumir tan pronto.

Una lacra silenciosa entre las tropas

Por: | 28 de diciembre de 2011

La inminente entrada de mujeres en los submarinos de Estados Unidos generó recientemente un acalorado debate en este blog. Sorprendentemente, hubo muchos lectores -sospecho que la gran mayoría eran varones- que apoyaron una serie de peregrinos argumentos sobre la incapacidad física de las soldados de la Marina para prestar el mismo servicio en los submarinos que sus compañeros hombres. Creo que el gran escollo no es físico, sino cultural. No hay nada que diferencie física o intelectualmente a un hombre y a una mujer a la hora de poder servir en un submarino. Pero las mujeres se enfrentan a un gran problema en las fuerzas armadas no sólo en los submarinos, en la Marina o en EE UU: el abuso sexual.

Size0-army.mil-39027-2009-05-27-150516(Cadete en la ceremonia de graduación de West Point en 2009 / FOTO:  Master Sgt. Jerry Morrison)

Precisamente este martes, el Pentágono publicó las conclusiones sobre una investigación al respecto en sus Academias Militares. El resultado: las demandas por abuso sexual han aumentado dramáticamente en las academias militares norteamericanas en el curso 2010/2011. Desde 2008 han crecido en un 260%, situándose en las 65 demandas. En la inmensa mayoría de las que hay datos (todas menos dos) las víctimas son mujeres. La mayoría de agresiones toman la forma de violación. Hay también un caso de sodomía no consentida (el Pentágono no da razones por las que no se incluye dentro de la violación general) y varios episodios de contacto sexual indeseado. 

Hay en EE UU cinco academias militares, una por cada rama del Ejército. El estudio se realizó en las tres principales: la de la Marina en Annapolis, la del Ejército de Tierra en West Point y la de la Fuerza Aérea en Colorado Springs. Hay en ellas más de 13.000 cadetes y guardiamarinas (alumno en los dos años precedentes a su nombramiento como alférez de fragata). En el curso 2008/2009 se registraron 25 demandas por acoso sexual. En el posterior aumentaron hasta 41.   

Según asegura el informe revelado ayer, las 65 demandas registradas el curso pasado son sólo la punta de un gran iceberg:

“La agresión sexual es uno de los crímenes de los que menos se informa en EE UU. Las investigaciones al respecto revelan que las víctimas sólo revelan a las fuerzas del orden una fracción de las agresiones sexuales que sufren cada año. Ese comportamiento se mantiene igual dentro de las academias militares y de las Fuerzas Armadas en general. Las investigaciones demuestran que revelar un crimen de esa naturaleza es el primer paso de las víctimas hacia la búsqueda de tratamiento y otras formas de ayuda”.

Previamente, este año, otro informe reveló que los casos de acoso sexual en las academias militares aumentaron un 11% en 2010. En total, el año pasado, un 9’1% de las mujeres cadetes y guardiamarinas sufrió acoso sexual, frente al 1’2% de los varones. De esas mujeres, un 25% aseguró que sufrió manoseos  inapropiados. Un 39% dijo que experimentó al menos un intento de violación y un 34% aseguró haber sido violada. La inmensa mayoría de violadores, un 98%, son hombres. Y un 94% son, además, cadetes (es decir, no se aprovecharon de su rango para abusar sexualmente de las mujeres). Lo más revelador del estudio: sólo un 14% de cadetes y guardiamarinas presentó denuncia formal. 

SexualAssault(Gráfico sobre las demandas de acoso, con una tendencia general al alza desde el curso 2004/2005)

Ante estos datos, el Pentágono ha cambiado dos normativas para facilitar las demandas. Por un lado, permite a aquellos cadetes que informen de acoso sexual que soliciten un traslado de unidad de forma urgente. La nueva regla se aplica también a aquellos estudiantes que presenten denuncias de forma secreta. (A los cadetes se les permite presentar informes restringidos de los que no se informa a sus mandos). La segunda nueva norma permite que las sanciones contra soldados por acoso sexual se mantengan en sus hojas de servicio durante largos periodos de tiempo, para que sus mandos sepan de antecedentes de abuso sexual y puedan tomar medidas para prevenirlos. 

“Un solo caso de acoso sexual ya es demasiado”, ha dicho el Secretario de Defensa, Leon Panetta. “No hay lugar en el Ejército para ese tipo de abusos”. La gran pregunta ahora es si esas dos medidas serán suficientes para evitar que la cifra de demandas baje en los próximos años. O para que, si sube, obedezca a que más cadetes deciden informar de los abusos sexuales sufridos.  

Compañeras, al submarino

Por: | 26 de diciembre de 2011

Las mujeres ya pueden servir en los submarinos. No, no es un titular del siglo pasado. Es una noticia actual. Tan actual como que con el nuevo año, 24 mujeres se integrarán por primera vez en ocho tripulaciones de cuatro submarinos lanzamisiles balísticos de Estados Unidos: los USS Wyoming y USS Georgia, en la base de Kings Bay, en Georgia, y los USS Maine y USS Ohio, en Bangor, Washington. Han pasado 111 años desde que el Departamento de Defensa norteamericano comenzara a utilizar submarinos. Y 111 años no han sido suficientes como para que el cambio se implementara de forma fácil y callada. 

USS Maine(El USS Maine / FOTO: Stratcom)

Hay una razón por la que los soldados que prestan servicio en submarinos se refieren a su labor como “el servicio silencioso”. Pueden pasar sumergidos periodos de 90 días, en misiones ultrasecretas, de las que sólo los mandos militares saben. Los soldados aguantan las penurias con estoicismo: los dormitorios son minúsculos; los baños son muy reducidos; en los pasillos no caben dos personas a la vez. No hay privacidad. No hay espacio personal.

Las mujeres comienzan a servir en lo que se conoce como submarinos lanzamisiles balísticos (SSBN) que son más grandes que los submarinos de ataque (SSN). Los modelos SSBN miden 170 metros de largo y 12 metros de ancho. Los tripulan, normalmente, una quincena de oficiales y no más de 130 soldados alistados. Calcula la Marina que cada persona, para su cama y sus enseres, dispone de 1’3 metros cuadrados. En estos sumergibles se comparte de todo: duchas, retretes, armarios y literas.

El 19 de febrero de 2010, un mes después de que Barack Obama tomara posesión de su cargo, el entonces Secretario de Defensa Robert Gates envió una carta al Congreso en la que comunicaba el final de la prohibición. El 29 de abril, el secretario de la Marina, Ray Mabus, anunció formalmente el cambio, que entra en vigor con el nuevo año:

Hay mujeres extremadamente capaces  en la Marina que tienen el talento y el deseo de triunfar en la flota de submarinos... Permitirles servir en la comunidad de submarinos es lo mejor para esta fuerza y para la Marina. Literalmente, no podríamos hacer funcionar la Marina sin las mujeres.

Foto: Navy(La tripulación comprueba la cubierta de un submarino en la base de Norfolk / FOTO: US Navy)

No crean que esos argumentos han convencido a todo el mundo. Los defensores del ‘status quo’ se han puesto manos a la obra. Un suboficial de Marina con 17 años de servicio y experiencia en cuatro submarinos, John Mason, ha organizado una recogida de firmas por Internet que tiene más de 600 votos a favor. Quiere que el Pentágono de marcha atrás por los graves riesgos que la presencia de las mujeres supone en los sumergibles. Tiene una página web dedicada al asunto, en la que da razones como ésta:

Algunas de las conductas de los hombres incluyen darse algunas palmaditas en el trasero; contacto físico directo, incluidos abrazos, y fiestas nocturnas; son cosas aceptables y toleradas para aliviar el estrés y la falta de contacto con las familias, algo que un miembro de la tripulación pierde cuando se sumerge durante meses. Servir en un submarino no es algo que se deba hacer si uno es tímido o tiene dudas sobre su sexualidad... en ellos el contacto físico directo entre miembros de la tripulación es inevitable y no es algo inesperado.

Esas fiestas nocturnas parecen muy animadas, por lo que se ve en las fotos del sitio web de Mason, en este enlace, y otras páginas dedicadas a la camaradería en otros submarinos, como ésta. (Fíjense en la tendencia de algunos tripulantes a vestirse de mujeres). En ese sentido, las reticencias de Mason y de otros veteranos es análoga a las que expresarían caballeros opuestos a la presencia de damas en clubes sociales masculinos en el siglo XIX. “¿Cómo vamos a tener nosotros a una mujer  aquí?”, parecen pensar. Mason se ha dedicado, además, a recabar testimonios de otras personas opuestas a semejante ofensa. Esto es lo que dicen:

La privacidad y la limitación de espacio hacen que lad demandas de acoso sexual, reales o imaginarias, se hagan más probables. Imagínese que una mujer al salir de la ducha se encuentra con un hombre que necesita hacer sus necesidades. O el caso contrario, un hombre que sale de la ducha y ve entrar a una mujer.

Como exesposa de un militar, he vivido de primera mano la destrucción en las familias que las mujeres y los hombres en el ejército pueden provocar. Mi exmarido pasó unos cuatro años en submarinos antes de ser transferido a un buque. Me contaba historias de cómo las chicas se tiran encima de los hombres, sin importarles si están casados o no. 

Las mujeres deben quedarse donde les corresponde... no en los submarinos... La situación ya es lo suficientemente dura para los chicos como es ahora... las mujeres son demasiado emocionales.

Son testimonios residuales, no se preocupen. La batalla está ganada. El debate de permitir a las mujeres servir en los submarinos ha acabado. Se les ha autorizado. Llevaba sobre la mesa desde 1994, el mismo año en que se les autorizó a las mujeres a servir en buques de guerra. Se ha desarrollado de forma paralela a otra gran cuestión en las fuerzas armadas norteamericanas: ¿Se debería permitir a las mujeres tomar parte en operaciones de combate? Al fin y al cabo son un 15% de las tropas (en la Marina son 52.446 de 330.700 soldados) y hasta la fecha no pueden tomar parte en operaciones de infantería ni en misiones de ataque o defensa. 

4.747 muertos después

Por: | 24 de diciembre de 2011

Acaba el año, acaba una guerra. Los últimos soldados abandonaron Irak el 18 de diciembre. Obama dio la bienvenida a los últimos en regresar a casa el martes siguiente, en la base de Andrews. Atrás quedan 4.747 soldados muertos en el campo de batalla. El primero fue el marine Jonathan L. Gifford, de 30 años, fallecido en Nasiriyah el 23 de marzo de 2003. El último ha sido el especialista del Ejército de Tierra David E. Hickman, caído el 14 de noviembre, a causa de una bomba colocada en una carretera de Bagdad. Habían pasado ocho años, siete meses y 25 días después del inicio de la guerra. Hickman tenía 23 años.

Foto: US ArmyEl féretro de Hickman llega a EE UU (Foto: US Army)

Las circunstancias de las muertes de ambos son un testimonio de la naturaleza cambiante de una guerra que comenzó por vías tradicionales y pasó a convertirse en una gran operación contrainsurgente. Gifford falleció en la batalla de Nasiriya, mientras trataba de asegurar, junto a su batallón, los puentes sobre el Éufrates. Aquella se recuerda como una de las mayores contiendas del inicio de la guerra. Luego llegarían los cercos a Bagdad y a Faluya, y el estancamiento de la guerra.  

Entre 2003 y 2007 las muertes de soldados norteamericanos en Irak se mantuvieron en torno a 900 por año. El peor registro fue el de 2007, con 904 fallecidos. La cifra de caídos en el campo de batalla se desplomó dramáticamente el año posterior, hasta 314. En 2009 sólo murieron 149 y, en 2010, 160, según la organización iCasualties.org. Ese es el efecto del rearme ordenado por George W. Bush en 2007. En total, 20.000 soldados adicionales acudieron a Irak, en cinco brigadas, para asegurar Bagdad y la provincia de Al Anbar.

Fotos: US Armed ForcesGifford, a la izquierda; Hickman, a la derecha.

A Hickman, recientemente, lo mató una bomba improvisada y escondida en la carretera, el arma a la que más recurren ahora los insurgentes en Irak y en Afganistán. En sus últimos años, la guerra ha sido un rosario de ataques que buscaban el desgaste del titán norteamericano. Cualquier recurso ha sido bueno: suicidios con explosivos, tiroteos acometidos por sorpresa, muerte de soldados y civiles por igual. Hickman debería haber regresado a su casa en Carolina del Norte el pasado uno de diciembre. Llegó antes, el día de Acción de Gracias, en un ataúd, entregado a sus padres y a su esposa.

El ritual es siempre el mismo: dos soldados acuden primero en persona a notificar a los familiares de la muerte del soldado caído. Semanas después llega el féretro, cubierto por una bandera norteamericana. Para la posteridad quedan las estadísticas: la gran mayoría de los soldados caídos tenían entre 24 y 29 años; casi la mitad murió en operaciones bélicas tradicionales y la otra mitad a causa de artefactos explosivos; el Ejército de Tierra se llevó la peor parte, y, dada la prohibición a las mujeres de tomar parte en operaciones de combate, muy pocas fallecieron en Irak.

Peguntada recientemente la madre del primer soldado caído, Gifford, sobre si le parecía que la muerte de su hijo había valido la pena, ésta dijo, con resignación: “eso habría que preguntárselo a los iraquíes”. En realidad, la cifra de fallecidos en Irak, comparada con la de soldados de EE UU, se multiplica por 31. Entre civiles y soldados han fallecido en aquel país 150.000 personas en los casi nueve años de guerra. Con semejantes números, parece  adecuado: habría que preguntarles a los iraquíes. 

Novatadas mortales

Por: | 21 de diciembre de 2011

Novatadas. Siempre en el ejército. No desaparecen. El Pentágono ha anunciado este miércoles que ha presentado cargos contra  ocho soldados por la muerte de un compañero de filas en un puesto militar en la provincia afgana de Kandahar. Un tortuoso rosario de bromas y abusos desbocados acabó, probablemente, con el suicidio del soldado Danny Chen, de 19 años, natural de Nueva York, a quien se encontró muerto por arma de fuego el tres de octubre. A Chen, compañeros de filas y superiores le insultaban por ser de etnia china. Usaban expresiones racistas en su contra con frecuencia. Y ejercían sobre él más presión de la que ya soportan los soldados que constituyen la gran mayoría blanca de las fuerzas armadas norteamericanas.

Danny ChenDanny Chen / FOTO: US Army.

Los padres de Chen son inmigrantes de escasos recursos, residentes de Chinatown, en Manhattan. No hablan inglés. El Pentágono les tuvo que explicar como pudo que su hijo había aparecido muerto en un puesto de control, por una herida de bala. No sabían si se había suicidado o si lo habían matado. Según diversos informes, los asiáticos son el grupo más minoritario de las fuerzas armadas de EE UU. En el ejército de tierra, sólo un 3’5% de los soldados alistados es de esa raza. Eso se traduce, además, en una endémica escasez de oficiales de alto rango de etnia asiática, privándoles a los soldados más jóvenes de una referencia a la que acudir en casos de racismo.

Chen sufría el abuso de otros soldados con frecuencia. Lo narraba todo en un pequeño diario que ahora los fiscales del Pentágono han requisado, para armar el juicio contra los ocho detenidos. De ese cuaderno, sólo le han entregado a la familia del soldado muerto tres páginas, con apuntes sin sentido, totalmente descontextualizados, pero donde trasluce cierta angustia:

Lo que tenga que pasar, pasará... No descargué el arma... No me hidraté adecuadamente... No le pongo suficiente atención a los detalles (a las pequeñas cosas)...

Ya en su entrenamiento en Fort Benning, en Georgia, Chen se quejó ocasionalmente a sus padres del trato de algunos soldados. Siguió aguantando las bromas a su paso por Fort Wainwright, en Alaska, y en los meses que pasó en Kandahar, de agosto al día de su muerte, en octubre. Los investigadores militares le dijeron a la familia que un superior, que ahora ha sido denunciado formalmente, sacó a Chen de la cama y lo arrastró por el suelo porque se había olvidado de apagar un calentador después de darse una ducha. 

En una conferencia de prensa, Elizabeth OuYang, la presidenta de la delegación neoyorquina de la Organización de Chinos Americanos (OCA) detalló este miércoles más humillaciones: a Danny le lanzaban piedras a la cabeza; se le obligaba hacer el pino manteniendo la boca llena de líquido, se le insultaba con motes como Jackie Chen, empleando el nombre del actor de películas de acción. Según dijo OuYang en la rueda de prensa:

Ya sea por suicidio u homicidio, aquellos que maltrataron a Danny de esa manera son responsables de su muerte. 

US Air ForceLos restos de Chen llegan a la base de Dover / FOTO: US Air Force, Steve Kotecki.

Este miércoles, la fiscalía militar anunció los cargos contra los sargentos Andrew J. Van Bockel, Adam M. Holcomb y Jeffrey T. Hurst, y de los especialistas Thomas P. Curtis y Ryan J. Offutt, acusados de homicidio involuntario, homicidio negligente y agresión con resultado de lesiones. Al sargento Travis F. Carden se le acusa de maltrato y aggresión. Al sargento Blaine G. Dugas, de mentir bajo juramento y de omisión del deber, un cargo, este último, que también se ha presentado contra el teniente Daniel J. Schwartz. Los ocho se enfrentan ahora a un consejo de guerra. 

Las pruebas incriminan a Manning

Por: | 20 de diciembre de 2011

Una caja de Bradley Manning en el sótano de su tía en Washington contenía una de las pruebas incriminatorias decisivas en el juicio al soldado acusado de filtrar cientos de miles de documentos secretos a Wikileaks. Dentro de esa caja se hallaba una tarjeta de memoria. Y en ella, 400.000 informes de Irak y 91.000 de Afganistán. Eran detalladas descripciones de operaciones norteamericanas en el frente de batalla, como las filtradas por Wikileaks el año pasado. Dentro de esa tarjeta había también un documento de texto, y en él, un mensaje del propio Manning:

Este es probablemente uno de los documentos más importantes de nuestro tiempo. Eliminar la confusión de la guerra y revelar la verdadera naturaleza de la estrategia bélica asimétrica del siglo XXI.

El cuarto día de vista previa al consejo de guerra de Manning se ha centrado, sobre todo, en una serie de pruebas irrefutables que identifican al soldado como el autor de la filtración a Wikileaks. En esa misma tarjeta de memoria había información de contacto del propio Julian Assange, además de una serie de instrucciones sobre cómo enviar documentos al portal de revelación de secretos de forma anónima. 

Foto: AP(Manning al llegar al juzgado en Fuerte Meade / FOTO: AP)

¿Más pruebas incriminatorias? El ordenador de Manning, examinado por el analista de inteligencia del Ejército Mark Johnson estaba repleto de ellas. En un programa de chat había un contacto, con quien Manning había hablado con frecuencia, identificado por el alias Press Association. Se trataba del propio Assange. “Los dos se habían mantenido en contacto en algún punto”, dijo Johnson. En esa misma computadora había rastros de que Manning había enviado documentos a Wikileaks. En un correo enviado por el soldado a alguien llamado Eric Schmiedl, admitía:

Yo fui la fuente que filtró el vídeo del 12 de julio de 2007 del ataque con el Apache, en el que murieron dos periodistas y dos niños resultaron heridos. 

También se ha sabido este lunes que en la sala de analistas de inteligencia de la base de operaciones Hammer de Irak, donde Manning se descargó los documentos, no se permitían dispositivos USB, para evitar robo de información. Sí que se autorizaba el uso de cedés, porque los soldados, frecuentemente, tenían que pasar información secreta al Ejército iraquí grabada en ellos. Manning se descargó el programa de grabación Roxio y almacenó la información en discos, que luego pasó a su computadora personal. 

Todos estos detalles confirman lo que ya avanzó EL PAÍS: hay pruebas definitivas que incriminan a Manning. La defensa, por ello, está presentando una serie de atenuantes en una estrategia arriesgada. El abogado civil del soldado, David Coombs, le ha retratado como un marginado, como un soldado rechazado por los demás por su sexualidad. Al estrado subió este lunes Eric Baker, que es policía militar y que entre 2009 y 2010 compartió barracón con Manning en la base Hammer.

Coombs le preguntó si se llevaba bien con Manning, y dijo, nervioso, que no. El letrado le presionó para que diera más detalles, y finalmente confesó que, cuando se enteró de que su compañero de barracón era homosexual, le dejó de hablar, y le exigió que no se dirigiera a él. “¿Era el soldado Manning alguien con muchos amigos en la base?”. “Supongo que no”, respondió Baker.

Si Baker sabía que Manning era gay, como lo sabían varios de sus superiores, debería haberle delatado, facilitando su expulsión. Esa es la base de la defensa: si Manning hubiera sido apartado del servicio, y, por lo tanto, de su ordenador de trabajo, no hubiera sustraido la información. No existe, de momento, ninguna garantía de que el magistrado Paul Almanza pueda aceptar esa línea de razonamiento como un atenuante. 

Bradley frente a Breanna

Por: | 18 de diciembre de 2011

Cambio radical de estrategia de la defensa de Manning en el segundo día de vista oral previa al consejo de guerra. Si el primer día el soldado había pedido al magistrado que se recusara, en el segundo decidió sincerarse. En el día de su 24 cumpleaños, sus abogados retrataron a un Manning que no conocíamos. El activista entregado a la causa 'hacker', admirador de Julian Assange y Wikileaks, se desdibujó frente a un Manning frágil, angustiado por problemas de identidad de género. Según supimos ayer, Manning piensa que su género real es el femenino. Creó una personalidad paralela, con el nombre de Breanna Manning. Con ella mantuvo una vida activa en la Red, un 'alter ego' libre de la frustración que sentía en el Ejército. (En este enlace pueden encontrar su perfil de Twitter)

Quedó claro en la vista de ayer que la homosexualidad de Manning no era ningún secreto en la base de operaciones Hammer de Irak, donde estuvo destinado entre 2009 y 2010 y desde donde sustrajo y filtró los documentos a Wikileaks. Sólo ese dato, confirmado por algunos testigos, compañeros de filas de Manning, ya le sirve a la defensa para demostrar el abandono al que sus superiores sometieron al soldado. Con la ley en la mano, Manning debería haber sido expulsado entonces. Hasta este mismo otoño, una ley ordenaba que se echara a aquellos soldados que expresaran su homosexualidad abiertamente. Ni siquiera aquella molestia se tomaron algunos de los superiores de Manning.

Foto personal de ManningManning, en su perfil de Facebook.


Sabíamos de la homosexualidad de Manning porque él había sido un activista. En su perfil de Facebook hay fotos como la de arriba, donde expresa su apoyo a la causa del matrimonio gay. Phim Her, entonces una adolescente en Syracuse, en Nueva York, se encontró al soldado en una manifestación a favor de los derechos de los gais en noviembre de 2008. Ésto es lo que escribió en el diario de su escuela:

Al principio creí que estaba bromeando cuando me dijo que era un soldado de Fort Drum, pero me di cuenta de que no era así cuando comenzó a contarme las muchas veces que había sufrido injusticias por su sexualidad. 

"Se me echó de casa y una vez perdí un trabajo", le dijo en aquella entrevista Manning. "El mundo no se mueve con la suficiente rapidez en nuestras casas, en el puesto de trabajo o en el campo de batalla". Esas declaraciones, efectuadas ates de acudir a Irak, son, de nuevo, motivo inmediato de expulsión del Ejército.

Ayer, Manning fue más lejos. Ahora se define como transexual. Le envió una carta al sargento mayor Paul Atkins en abril de 2010 en la que le decía que era una mujer en el cuerpo de un hombre. Le adjuntó una foto para ello. Quién sabe si lo que buscaba entonces era la expulsión. Ya había efectuado en aquella fecha la mayoría de filtraciones a Wikileaks, y sería detenido en un mes. No pasó nada. Manning siguió con su vida normal en la base, hasta el momento de su arresto. Más tarde, cuando los agentes especiales del Ejército rebuscaron en sus enseres, se encontraron con un artículo (que se pueden descargar aquí) en el que se analiza la transexualidad en las fuerzas armadas, escrito en 1988.

Facebook
Fragmento del perfil de Facebook de Manning donde se refiere a su "exnovio".

En la base de Hammer, Manning tuvo al menos cuatro estallidos de violencia, rabietas desmedidas en las que llegó a romper ordenadores y en que fue reducido por compañeros que pensaban que iba a atacarles con un arma. Hubo informes oficiales escritos al respecto. Sus superiores los recibieron. Y los ignoraron. 

Estamos en un punto del juicio en que queda claro que  Manning filtró los documentos a Wikileaks. La fiscalía tiene pruebas irrefutables de ello: confesiones de Manning encontradas en su ordenador y en el del 'hacker' que le delató, ambos a miles de kilómetros de distancia. Sus abogados han optado por demostrar que si lo hizo, fue porque nadie le detuvo. Sus superiores deberían haberle alejado de las redes de inteligencia, deberían haberle impedido ir a Irak, deberían haberle puesto en terapia psiquiátrica. Y en ese sentido, quieren convertir el juicio a Manning en un juicio al propio Ejército. 

Manning, espectador en su propio juicio

Por: | 17 de diciembre de 2011

El abogado del soldado Bradley Manning, el veterano de guerra David E. Coombs, tenía en el inicio de la vista oral de ayer dos opciones. Podía mantener un perfil bajo, alegar inestabilidad emocional de su cliente cuando filtró los documentos a Wikileaks e intentar una reducción razonable de condena (básicamente, evitar la pena de muerte o incluso la perpetua). O podía dinamitar el caso, acusando al magistrado de ser parcial, pidiendo la paralización del juicio, y al Gobierno de utilizar a su cliente para perseguir a Wikileaks y a Julian Assange. Optó por lo segundo.

Foto: APManning, ayer en la corte donde ha comenzado el juicio / Foto: AP.


El de las filtraciones de Wikileaks es un caso donde la autoestima y el ego de sus protagonistas han jugado una parte crucial. Ayer, Coombs, con una serie de pomposos alegatos, dejó en segundo plano a Manning, relegado en una silla y espectador en su propio juicio. Coombs tomó el estrado como si se encontrara en un juicio con jurado popular, y no en una vista preliminar en la que debía convencer al magistrado de que no había pruebas suficientes para abrir un consejo de guerra. Atacó al propio magistrado, exigiéndole que se recusara. “Una persona razonable no podría considerar que usted es imparcial”, le dijo. 

El letrado comenzó como un bulldozer, convirtiendo la vista en un interrogatorio al propio magistrado, el teniente coronel en la reserva Paul Almanza, sobre su trabajo como fiscal en el Departamento de Justicia, que compagina con su carrera militar, y sobre qué noticias había leído sobre Manning antes de encargarse de esta investigación. Coombs se dirigió al público en varias ocasiones, como si los meros espectadores tuvieran poder de decisión en el caso. Se paseó por la sala, en marcado contraste con el fiscal militar, tieso ante su atril, como manda el protocolo militar. “¿A quién se está dirigiendo usted?”, le dijo el magistrado Almanza en un momento, cuando le dio la espalda. 

Dibujo: PentágonoCoombs, de traje oscurso, se dirige al magistrado.

Allí Coombs había perdido la oportunidad de seguir con una vía abierta por él mismo y por el propio Manning. El abogado había denunciado a principios de año que Manning se hallaba en un estado mental frágil, después de meses de aislamiento y prevención de sucidio. En sus conversaciones de chat con el ‘hacker’ Adrian Lamo en 2010, que le sirvieron a éste para delatarle, Manning había dicho:

He estado aislado durante mucho tiempo. Solo quería ser buena gente, vivir una vida normal. Pero los eventos me obligaron a encontrar formas de sobrevivir, a ser lo suficientemente listo para darme cuenta de las cosas que pasan, pero incapaz de hacer nada al respecto. Nadie se fijaba en mí. 

Lo contamos en EL PAÍS, en una reconstrucción de la vida de Manning antes de que se le destinara a Irak. Era un joven que había sufrido por su sexualidad, rechazado por su padre, aislado de sus amigos. Había deshojado causa tras causa, en una búsqueda constante de integración y afecto. Los derechos de los gais, la política, el ‘hacktivismo’... Una vez se alistó en el Ejército, comenzó a expresar su frustración y sus decepciones en su perfil de Facebook, al que este diario tuvo acceso.

¿Podría haber sido esa una buena línea de defensa: conectar las filtraciones de Manning con su estado emocional? Seguramente le hubiera servido al abogado para pedir una rebaja de condena. Como dijo ayer su abogado, probablemente hubiera significado también que Manning debería haber testificado contra Julian Assange en una investigación criminal paralela del Departamento de Justicia. Pero Coombs y Manning rechazaron esas concesiones y retrataron el caso como parte de una gran estrategia de Washington para perseguir a Wikileaks y a Assange, que ahora lucha contra la extradición a Suecia, donde le aguarda una investigación por abuso sexual. Coombs retrató a Manning como un cabeza de turco y a Assange como una víctima. Ni siquiera fue la fiscalía la que tuvo que convertir este caso en un juicio a Wikileaks. Lo hizo la propia defensa. 

Coombs es un viejo conocido del sistema de justicia militar. Defendió, entre 2003 y 2005, a Hassan Akhbar, un soldado acusado de matar a dos compañeros de filas en Kuwait, con una granada. Entonces centró todos sus esfuerzos en intentar que no se le aplicara a Akhbar la pena máxima. “La muerte es un castigo absoluto, un castigo que debería ser nuestro último recurso”, dijo Coombs. Akhbar fue el primer soldado de EE UU procesado por asesinato desde la guerra de Vietnam. Se le condenó a pena de muerte, y espera que se le aplique ese castigo en la cárcel de Fuerte Leavenworth, donde ha estado internado Manning desde abril.

Comienza el juicio al soldado Manning

Por: | 16 de diciembre de 2011

Hoy, finalmente, el soldado Bradley Manning comparecerá ante la justicia militar norteamericana. Fue arrestado el 26 de mayo de 2010 en Irak, después de confesar a un ‘hacker’ que había sustraído cientos de miles de documentos secretos de las redes del Pentágono y del Departamento de Estado. Ha pasado un año y siete meses en prisión preventiva, la mayoría de ese tiempo en aislamiento, en cárceles de Irak, Kuwait y Estados Unidos. Un reducido grupo de medios, entre ellos EL PAÍS, acudirá hoy a la vista preliminar del juicio, que se celebra en la base de Fort Meade, en Maryland. Aquí, los fiscales detallarán las pruebas que tienen contra Manning, en una audiencia que ofrecerá muchas luces no sólo sobre las acciones que llevaron a la detención del soldado, sino también sobre lo que el Gobierno norteamericano sabe sobre Wikileaks.

ManningEl soldado Manning, tras jurar su bandera / FOTO: US Army.


Cuando Wikileaks todavía no había difundido los documentos clasificados de las guerras de Irak y Afganistán y los cables del Departamento de Estado, publicamos en EL PAÍS la noticia de la detención de Manning. Contábamos que le había delatado el ‘hacker’ Adrian Lamo, alguien célebre por haberse infiltrado en la página web del New York Times y haberse entregado al FBI. Lamo me contó unas semanas después, en conversación telefónica, que Manning le había confesado, vía chat, que había entregado cientos de miles de documentos a Wikileaks. Y que el fundador de ese portal, Julian Assange, era su confidente. ¿Por qué delato Lamo a Manning? Esto es lo que me dijo entonces:

Fue una cuestión de conciencia… Me pareció que lo que estaba haciendo era terriblemente irresponsable. Estaba poniendo la seguridad nacional y las vidas de mucha gente en peligro… Manning buscaba respeto y aprobación… Vio que había artículos y vídeos sobre mí y creyó que contactándome encontraría una forma de reafirmarse, de confirmar que lo que estaba haciendo era correcto. Me contacta mucha gente como él y yo nunca les he delatado. Pero en esta ocasión vi que esto se le podía ir fácilmente de las manos. Por eso informé al Ejército.

Desde entonces, Lamo ha mantenido silencio. Está colaborando con la justicia en otra causa judicial, abierta por la vía civil, en la que el Gobierno de EE UU estudia si presenta cargos contra aquellos activistas que pudieron ayudar a Manning a filtrar los cables secretos.

El Pentágono presentó contra Manning una treintena de cargos, entre ellos uno muy grave: asistencia al enemigo, en violación del artículo 134 del Código Unificado de Justicia Militar, algo que comúnmente se conoce como alta traición. El Ejército podía haber pedido para él la pena de muerte, pero diversos portavoces del Pentágono aseguran que la condena máxima a la que en realidad se enfrenta es la perpetua. Entre julio de 2010 a abril de 2011 Manning estuvo en régimen de aislamiento y, en ocasiones, de prevención de suicidio, en una celda en la cárcel de Quantico, en Virginia.  

A través de su abogado, en marzo, nos hizo llegar a los periodistas que seguimos su caso copia de una carta que había enviado a un mando militar.  En ella desgranaba las penosas condiciones de su vida en la cárcel.

Se me obligó a quedarme en mi celda durante 24 horas al día. Se me quitó toda la ropa, a excepción de los calzoncillos. Se me quitaron las gafas, por lo que me tuve que quedar, básicamente, en una ceguera total… Al principio, después de entregar mi ropa a los guardias, no tuve más opción que acostarme desnudo en mi fría celda hasta la mañana siguiente. Por la mañana, se me hizo salir de la celda para la inspección matutina del supervisor de guardia del calabozo. No se me dio la ropa de vuelta. Salí de la cama e inmediatamente comencé a sufrir temblores por el frío en mi celda. Caminé hacia la puerta de la celda con las manos cubriendo mis genitales. El guardia me dijo que me colocara en posición de firme, lo que implicaba que debía estar erguido con las manos tras la espalda. Me mantuve en firme durante tres minutos. Cuando llegó el supervisor, llamó a los demás guardias. Todos me miraron.

APProtesta a favor de Manning en Washington / FOTO: AP.

Posteriormente, en abril, trasladaron a Manning a una prisión de seguridad media en Fort Leavenworth, en Kansas. El Pentágono me permitió entonces acudir a visitar esa cárcel, junto a otros periodistas. Allí pude comprobar que ya no se hallaba en régimen de aislamiento. Comparte diversas horas del día con otros compañeros de prisión, que también esperan juicio. A escasos metros de ese centro de detención está la única cárcel militar de máxima seguridad del Pentágono. Si el tribunal militar acaba considerando a Manning culpable, y aplica la pena máxima, pasará el resto de su vida allí. Mañana, el soldado cumplirá 24 años.

Para el Pentágono el castigo es justo: considera que Manning tiene las manos manchadas de sangre. Dice que reveló documentos clasificados que, debido a la negativa de Wikileaks de tachar algunos nombres propios en ellos, han dejado al descubierto la red de colaboradores del Ejército de EE UU en Afganistán. Mantiene la cúpula militar que las vidas de esas personas están ahora en peligro, por las represalias de los talibanes. En el Departamento de Estado se considera al soldado la fuente de numerosos quebraderos de cabeza.

Hace un año, EL PAÍS, junto con otros medios, publicó los cables secretos que dejaron a la diplomacia de EE UU al desnudo, con la información adecuadamente filtrada y sin nombres propios de personas cuyas vidas pudieran correr peligro. Para Wikileaks y para numerosos activistas de la información, Manning es un héroe. Estos recuerdan las conversaciones que Manning tuvo con Lamo, en las que dijo tener grandes aspiraciones para sí mismo y para el resto de la humanidad.

Si yo hubiera sido alguien más malicioso, podría haberle vendido esto a Rusia o China, y haberme hecho rico. Pero es algo que pertenece al dominio público. La información debería ser libre. Otra nación se hubiera aprovechado de la información para adquirir una ventaja. Pero si la información se expone, se convierte en un bien público… Quiero que la gente vea la verdad, independientemente de quienes sean, porque sin información no podemos tomar decisiones serias como ciudadanos. Si hubiera sabido hace tiempo lo que sé ahora... o a lo mejor solo soy joven, inocente y estúpido.

Manning es un enigma, al que los asistentes al juicio trataremos de descifrar hoy. Un joven rechazado por su familia, que vivió la carga de su homosexualidad en una tierra, como es Oklahoma, de estricta devoción cristiana. Pasó de definirse como conservador a ser un activista por los derechos de los gais. En su éxodo, de Oklahoma a Washington, y de allí a Irak, se encontró aislado y solitario, cayó embelesado por la cultura del hacktivismo, por las causas idealistas y por las ganas de cambiar el mundo. Fue alguien que demostró cuánto poder puede tener un simple soldado, un simple peón en una guerra desmesurada, si tiene acceso al gatillo de una de las mayores armas del siglo XXI: la información.

Catástrofe electromagnética

Por: | 14 de diciembre de 2011

Una bomba nuclear en el espacio y… América queda en la más absoluta oscuridad. Puede ser el escenario de una guerra en el futuro. O el argumento de una novela póstuma de Michael Crichton. Y puede ser, también, que esta sea la primera ocasión en que oyen hablar de este asunto. Pero no se preocupen: hay una persona que se va a encargar de recordárselo durante los próximos meses, si acaba por salirse con la suya y se convierte en el candidato republicano a la presidencia norteamericana. Se trata de Newt Gingrich, un veterano político republicano que disfruta haciendo suyas causas que otros tacharían de peregrinas.

APNewt Gingrich en 2010 / FOTO: AP.

Pero aquí le tienen, dando ideas al enemigo y criticándole además por algo con lo que nadie ha amenazado a Estados Unidos. En entrevistas, discursos y escritos, Gingrich alerta de lo que se conoce comúnmente como pulso electromagnético. La idea le viene de un experimento, acarreado en 1962, en el que el Pentágono y la Comisión de la Energía Atómica de EE UU detonaron una bomba de 1’4 megatones, bautizada como Starfish Prime, a 400 kilómetros de altura sobre el pacífico y a 1.448 kilómetros de distancia de Hawai. En la isla de Oahu, las luces del tendido eléctrico de la calle se apagaron, por la sobrecarga eléctrica generada en la superficie terrestre.

De ahí la predicción catastrófica: Si un enemigo logra ensamblar una bomba atómica y la lanza en el espacio, sobre el continente norteamericano, EE UU puede quedar en la más absoluta oscuridad. Bueno, no sólo oscuridad: dejarían de funcionar todos los aparatos que necesiten electricidad, desde los teléfonos móviles y los ordenadores, a los refrigeradores. ¿Lo han leído en algún relato de J. G. Ballard? Probablemente. Pero a lo mejor les suena vagamente porque Gingrich lo recuerda en casi todos sus discursos de política exterior. Lo expresó así en el prólogo a una novela sobre ese asunto, escrita por su amigo William R. Forstchen:

Muy pocos en el gobierno y en el sector público se han enfrentado de forma pública al riesgo que supone una única arma nuclear en las manos de un solo enemigo que la emplee para generar un estallido masivo de pulso electromagnético. Un ataque semejante destruiría nuestra compleja y delicada sociedad tecnológica en un instante y enviaría nuestras vidas de vuelta a una existencia similar a la de la Edad Media, en un instante.

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Imagen de cuando el gobierno de EE UU detonó Starfish Prime sobre el Pacífico / FOTO: US GOVT.

¿Alarmismo? Decidan ustedes mismos. Hay discursos de Gingrich a mares. El que pueden leer a continuación (y se pueden descargar en este enlace) es un fragmento de una comparecencia del candidato en la Cámara de Representantes del Capitolio, en 2005. En teoría debía hablar de Irán pero rápidamente encauzó el tema al asunto que de verdad le gusta y al que parece que le dedica horas y horas de especulación:

Un ataque de un único misil iraní podría tener un impacto catastrófico sobre EE UU, causando un pulso electromagnético sobre una porción del país. Ese ataque colocaría rápidamente a un tercio de EE UU en una situación propia de un nivel de desarrollo del siglo XIX. Los transformadores eléctricos y los interruptores fallarían. Sin electricidad, los hospitales dejarían de funcionar, así como las depuradoras de agua y los desagües, las gasolineras no podrían vender gasolina, los camiones no podrían distribuir comida y los servicios esenciales se desintegrarían… En los momentos posteriores al paso del huracán Katrina tuvimos un pequeño ejemplo de cuál sería el alcance de un ataque de pulso electromagnético”.

Pero ¿qué dicen los científicos? Uno de los expertos que más ha estudiado este campo, Yousaff M. Butt, consultor de la Federación de Científicos de América, publicó un artículo en la revista The Space Review el año pasado. En él llegaba a esta conclusión:

La vulnerabilidad de algunas de nuestras infraestructuras a un pulso electromagnético nuclear es real, sin embargo, la amenaza se ha exagerado. Supone una amenaza mucho mayor para  la infrastructura eléctrica de EE UU la posibilidad de que se desencadene una tormenta solar como las que sólo suceden una vez cada siglo.  

Escepticismo, por tanto, entre la comunidad académica. El Pentágono, por su parte, ignora también las llamadas al pánico generalizado y asegura que su escudo de misiles puede interceptar cualquier ataque, sea en horizontal o vertical. En ese sentido, el propio Gingrich parece estar conjurando una amenaza que  está más viva en su cabeza que fuera de ella.

El País

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