David Alandete

Las mujeres se acercan al frente

Por: | 09 de febrero de 2012

Las mujeres norteamericanas se hallan hoy más cerca de participar en operaciones de combate que nunca. Este jueves, el Pentágono ha aprobado un cambio a su normativa interna, para permitir que las mujeres se acerquen aun más a la línea de fuego dentro del Ejército de Tierra y el Marine Corps. A pesar de eso, aun no permite a las soldados mujeres tomar parte en operaciones de infantería o en comandos de operaciones especiales. Ese es terreno aun vedado para ellas.

Soldado HesterLa sargentoLeigh Ann Hester en Irak en 2005 / Jeremy D. Crisp (PENTÁGONO)

Desde 1994 el Pentágono prohíbe formalmente a las mujeres formar parte en las operaciones de combate. Según la normativa, redactada bajo el mandato de Bill Clinton por el entonces Secretario de Defensa Les Aspin:

Los miembros del servicio armado son elegibles para ser asignados a todos los puestos para los que estén calificados, excepto las mujeres, que quedarán excluidas de la asignación a unidades por debajo del nivel de brigada cuya misión principal sea participar en el combate directo sobre el terreno... [Combate directo se entiende como] enfrentarse a un enemigo en tierra, con las armas propias o servidas por la compañía, con la consiguiente exposición al fuego enemigo y la alta probabilidad de contacto físico directo con personal de las fuerzas hostiles.

Una brigada comprende a 3.500 soldados, divididos en batallones de 800. Con los cambios propuestos este jueves, se abrirán otros 14.000 puestos de trabajo a soldados mujeres dentro de las fuerzas armadas norteamericanas. La Marina y la Fuerza Aérea tienen menos restricciones sobre las mujeres que las demás ramas castrenses, por la naturaleza de sus misiones. Precisamente, en 1994 se les permitió servir en buques de guerra y en enero de este año comenzaron a servir en submarinos.

Las dos guerras de la Generación del 11-S, la de Afganistán y la de Irak, han puesto de relieve la necesidad de facilitar aun más el acceso a filas. El año pasado se permitió a los homosexuales servir abiertamente en el Ejército. Ahora se facilita el acceso de las mujeres a diversos puestos más cercanos a la línea de fuego. No es que no hayan hecho sacrificios por su patria. En total, más de 6.300 soldados han muerto en ambos frentes. Se calcula que un 2% de ellos eran mujeres. Esas cifras demuestran los efectos de esa norma que escuda a las mujeres y les prohíbe entrar en combate directo. En realidad son el 14% de las fuerzas armadas, 200.000 de un total de 1,43 millones de soldados.

APTres mujeres del Marine Corps en Afganistán en 2009 / Julie Jacobson (AP)

Hay un argumento que se emplea desde la cúpula del Pentágono para prohibir a las mujeres romper el último techo de cristal castrense: aseguran que físicamente, carecen de la fuerza física y la resistencia de los hombres. Otros sostienen que su presencia sería una distracción en las duras condiciones de vida de la línea de combate. Hay quien añade que la nación norteamericana no soportaría la imagen de soldados femeninas regresando a casa en masa en ataúdes cubiertos por la bandera.

El argumento más poderoso, sin embargo, es el de la fuerza física. Según concluyó una comisión presidencial creada por George H. W. Bush para analizar el asunto, en 1992:

Las pruebas que obran ante la Comisión muestran claramente las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres. La mayoría de las mujeres son más bajas de estatura, tiene menos masa muscular, y pesan menos que los hombres. Estas diferencias fisiológicas colocan a las mujeres en una clara desventaja al realizar tareas que requieren un alto nivel de fuerza muscular y capacidad aeróbica, como la lucha cuerpo a cuerpo, la excavación, el transporte de cargas pesadas, el levantamiento de peso y otras tareas centrales al combate de tierra.

Pero, ¿por qué no aplicar a todos los aspirantes a un puesto de trabajo los mismos requerimientos, evitando imponer una precondición atendiendo a criterios de género? Así opina la teniente coronel Martha McSally, retirada en 2010, que fue la primera mujer en pilotar un avión de combate en la Guerra del Golfo en 1991 y en liderar un escuadrón de caza como comandante en Afganistán. Así lo expresó en este artículo publicado en la revista de Derecho de la universidad de Duke:

Aunque muchos hombres poseen la fuerza física y resistencia para entrar en combate de tierra, otros muchos  hombres no disponen de ellas. Los hombres no deben ser considerados  automáticamente aptos para los requerimientos físicos de los puestos de combate, atendiendo únicamente al criterio de su género, y las mujeres que poseen la fuerza física y la resistencia necesarias no debe ser excluidas de las tareas de combate por la única razón de su género. En lugar de eso, la elegibilidad debe basarse en si el recluta, hombre o mujer, cumple con los requisitos físicos necesarios para el puesto de trabajo. De nuevo, la capacitación física está en función de si el recluta puede completar la formación inicial asignada. Una normativa neutral de género  hará que nuestras fuerzas armadas estén más capacitadas.

McSally es la prueba de ello: una valerosa soldado que llegó más lejos en combate -aéreo- que muchos  hombres. Según su línea de razonamiento, hay mujeres con más masa muscular y más resistencia que otros hombres. Y en algo tan dinámico con el combate, se deberían eliminar las precondiciones y aplicar criterios mucho más dinámicos, que permitan a las mujeres que lo deseen  presentarse a las pruebas de reclutamiento y demostrar por sí mismas cuánto valen.

Hay 5 Comentarios

Querido JFK, para llegar a eso no hace falta que nos engañe nadie. La feminización de la pobreza es un hecho y nada tiene que ver con la actuación de las feministas ni con demandar el reconocimiento de nuestros derechos. Todo lo contrario, es la desigualdad la que nos conduce a ser más pobres y vulnerables en cualquier lugar del mundo.

Pero como os siguen engañando las Feministas Radicales de Género, al final, las mujeres tendreis la misma vida horrible que la mayoria de los hombres, como menor esperanza de vida, mayor riesgo de pobreza, mayor muerte repentina, mayor riesgo de exclusión, mayor riesgo de caer en la indigencia, mayor tasa de encarcelamiento, mayor tasa de mortalidad en jovenes y no tan jovenes, mayor tasa de muerte por accidentes labotales, ect, ect.

Como persona sensata puedo decirle que alguien que tiene mayor deseo y necesidad sexual está en desventaja respecto a la que no viene con ese problema de base.

La desventaja la marca el cerebro de los que se creen superiores por tener "el equipo correspondiente", sean soldados o fontaneros.

Como soldado de infantería puedo decirle que alguien que tiene que bajarse o sacarse los pantalones para mear, está en desventaja respecto al que viene naturalmente dotado del equipo correspondiente-.

No sera el caso de que dichos soldados femeninos terminen odiando a sus semejantes como sucede con los varones

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Sobre el autor

es corresponsal del diario El País en Washington. En Estados Unidos ha cubierto asuntos como las elecciones presidenciales de 2008, el ascenso del movimiento del Tea Party o la guerra de Afganistán. Llegó a Washington en 2006, con una beca Fulbright para periodistas, a través de la cual se especializó en relaciones internacionales, conflictos armados y políticas antiterroristas.

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