David Alandete

Sobre el autor

es corresponsal del diario El País en Washington. En Estados Unidos ha cubierto asuntos como las elecciones presidenciales de 2008, el ascenso del movimiento del Tea Party o la guerra de Afganistán. Llegó a Washington en 2006, con una beca Fulbright para periodistas, a través de la cual se especializó en relaciones internacionales, conflictos armados y políticas antiterroristas.

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Anarquismo militar para matar a Obama

Por: | 29 de agosto de 2012

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El plan estaba claro. El resultado sería el caos. El grupo clandestino se hacía llamar F.E.A.R., unas siglas que conforman la palabra ‘miedo’ en inglés y que corresponden a la expresión Siempre Duraderos Permanentemente Listos. Iban a colocar bombas en el parque Forsyth, en la localidad de Savannah. Envenenarían huertos de manzanas en el Estado de Washington. Volarían una presa. De entre la psicosis generalizada, los cuatro soldados emergerían en Washington para asesinar al presidente Barack Obama.

Los integrantes de esa milicia estaban destinados a la base de Fort Stewart, en Georgia. Habían comprado ya 87.000 dólares en armas: pistolas, rifles, fusiles semiautomáticos y explosivos. Y habían llegado tan lejos como para matar a otro soldado, Michael Roark, y a su novia, Tiffany York, que les habían descubierto y habían amenazado con delatarles. Los detalles se conocieron el lunes, cuando uno de los cuatro milicianos, el soldado raso Michael Burnett, delató a sus compañeros en un juzgado de Georgia, para reducir su propia pena.

Los cuatro han sido arrestados. La fiscalía les acusa de querer “derrocar al Gobierno”. El fiscal Tom Durden les ha calificado de anarquistas. El FBI, la policía judicial, participa ya en la investigación. El soldado Burnett dijo que fue su compañero de filas Isaac Aguigui quien comenzó a avanzar ideas anarquistas, hablándoles de un extraño y secreto libro, titulado ‘El manuscrito’, que hablaba de devolverle el Gobierno a su legítimo dueño: el pueblo. Según dijo, había otros uniformados y veteranos retirados que simpatizaban con sus ideas.

“El acusado Isaac Aguigui reclutó de forma activa a nuevos miembros de Fort Stewart y se centró en soldados que estaban pasando por problemas o que se hallaban desilusionados”, dijo en corte la asistente del fiscal del distrito, Isabel Pauley, según CNN. Entre sus planes inmediatos: “tomar el puesto de control de Fort Stewart, hacer estallar vehículos de grandes figuras políticas y judiciales a nivel local y estatal y a representantes federales”. Roark y York, que les descubrieron, fueron ejecutados en un bosque, según las pesquisas policiales.

El año pasado, una familiar de Aguigui avisó a las autoridades, alarmada tras la muerte, en circunstancias sospechosas, de la esposa del soldado. Los fiscales mantienen que este financió a la milicia con un seguro de vida de 500.000 dólares que había cobrado por el fallecimiento de su cónyuge. Con ese dinero, el uniformado había comprado 15 armas, mientras se hallaba de permiso. Entonces, el Ejército ya le dijo a la policía que había una investigación abierta sobre las actividades de Aguigui. Finalmente, permitió el arresto la delación de Burnett, que se declaró culpable de homicidio y pertenecer a una banda ilegal, entre otros cargos.

Foto: los cuatro detenidos. Aguigui, el supuesto líder, es el de la parte inferior izquierda.

Afganistán, 2.000 soldados muertos

Por: | 22 de agosto de 2012

Departamento de Defensa
Este mes, la cifra de soldados fallecidos oficialmente en Afganistán ha superado los 2.000. Se tardaron nueve años en llegar a superar los 1.000 y sólo 27 meses en rebasar el otro millar. Esa aceleración en el número de muertes militares se ha producido precisamente en el contexto de un refuerzo en tropas ordenado por el presidente Barack Obama al llegar al Gobierno, en una guerra que en el año próximo tocará a su fin.

Cada hito en el número de víctimas ha sido un reflejo de la naturaleza cambiante del conflicto afgano. La víctima número 1.000 fue un soldado abatido en mayo de 2010, cuando un ataque suicida en Kabul mató a cinco norteamericanos. La cifra de 2.000 se ha superado en el marco de un incremento de los ataques fratricidas, en los que soldados afganos atacan por sorpresa a las tropas norteamericanas que han asumido la labor de entrenarles.

Un 75% de los ataques fratricidas se ha dado en los últimos 20 meses. Sólo en 2011, 35 soldados de la Fuerza Internacional de Seguridad de Afganistán murieron en ese tipo de incidentes, según un recuento del portal especializado The Long War Journal. En lo que va de 2012, ese tipo de ataques ya se han cobrado 39 vidas, lo que supone, aproximadamente, un 13% de las bajas totales desde enero.

En septiembre se habrán replegado los primeros 30.000 soldados de la retirada total ordenada por Barack Obama para 2014. Quedarán en aquel país unos 68.000, cuya prioridad es dejar en pie a unas fuerzas armadas afganas que puedan proteger el país y a su Gobierno legítimo en Kabul. Entre las tropas de EE UU y sus mandos cunde estos días la frustración por el grado de infiltración de los yihadistas entre los rangos del Ejército afgano.

El sábado, el Secretario de Defensa norteamericano, Leon Panetta, llamó al presidente afgano, Hamid Karzai, para expresarle su preocupación por el incremento de los ataques fratricidas. Según fuentes del Pentágono, Karzai le dio garantías a Panetta de que se aplicarían controles más rigurosos sobre los nuevos reclutas de las fuerzas de seguridad nacionales afganas, y que buscaría la asistencia de los mandos norteamericanos para ello.

Los mandos norteamericanos y de la OTAN han ordenado a los soldados que lleven armas cargadas consigo en todos los lugares y en todas las instancias, aun dentro de la llamada zona verde de Kabul, un fortín occidental hasta ahora considerado seguro. Recientemente el líder de la Guerrilla Talibán, el Mulá Omar, dijo que esos ataques de infiltrados obedecían a una estrategia yihadista, consciente y planeada, para mermar a las tropas extranjeras en el momento de su retirada.

(Foto: Departamento de Defensa de EE UU)

Primera general abiertamente gay

Por: | 13 de agosto de 2012

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Fue un gesto discreto, que podría haber pasado desapercibido, pero que marcó un antes y un después en el Pentágono. La oficial Tammy Smith, de 49 años, del Ejército de Tierra de EE UU, fue ascendida el viernes a general de brigada, en una ceremonia formal en el cementerio militar de Arlington, aquí en la zona metropolitana de Washington. En ese tipo de actos, la pareja sentimental del soldado ascendido le coloca la insignia correspondiente a este en el hombro. En el caso de la soldado Smith, lo hizo su esposa, Tracey Hepner.

El Ejército ascendía así a general, por primera vez en su historia y en la de las fuerzas armadas, a una persona homosexual. El 20 de septiembre se cumplirá un año de la revocación de la ley que prohibía a gais y lesbianas servir abiertamente en el Ejército norteamericano. En menos de un año, ese colectivo ha logrado avanzar su agenda de visibilidad y normalización hasta los rangos más altos de la cúpula militar: sólo dos escalafones más le quedan a Smith para llegar a general de cuatro o cinco estrellas. 

Smith y Hepner se casaron aquí en Washington —donde las uniones gais son legales— en marzo de 2011. Smith lleva 26 años en el Ejército, y sirvió en Afganistán entre diciembre de 2010 y octubre de 2011. Su esposa pasó entonces por los mismos nervios, la misma ansiedad, de tener a un ser querido en el frente. Pero ninguna de las dos pudo expresar esos sentimientos de forma abierta hasta que se hizo efectiva la revocación de aquella ley discriminatoria en el Congreso.

El año pasado, el diario afiliado al Pentágono Stars & Stripes entrevistó a Smith, que entonces era coronel, y que habló con el pseudónimo de Allison. Dijo que no tenía en mente salir del armario si la ley se revocaba. Obviamente, ha cambiado de opinión. En aquella entrevista, explicó: “No es probable que mis compañeros de filas hayan conocido a una persona gay, y es menos probable que hayan tenido una imagen positiva de la gente gay, como los soldados más jóvenes”.

Entonces, Smith explicó que lo mejor que podía pasar con la revocación de aquella ley era algo tan sencillo como dejarse ver en público con su mujer. “Por fin, mi pareja y yo podremos salir y tomar unas copas juntas, sin tener que estar en estado de preocupación”, dijo. Con el tiempo, ha logrado mucho más que eso. Y ha sentado un ejemplo para todas las ramas del Ejército. En la actualidad, la general de brigada Smith ocupa el puesto de subjefa de gabinete del departamento de reserva del Ejército, aquí en Washington.

“Se abre una nueva era en el Ejército norteamericano cuando nuestros más experimentados líderes reconocen quiénes son y sirven al país al que aman al mismo tiempo”, dijo en un comunicado Aubrey Sarvis, veterana del Ejército y directora ejecutiva de la agrupación Servicemembers Legal Defense Network, que trabaja a favor de la igualdad en las fuerzas armadas. “La general de brigada Smith ha hecho historia hoy —no sólo por ser un miembro de uniforme ejemplar, que sirve a nuestra nación con integridad y honor— sino como una lesbiana orgullosa de ello que admite así el tremendo sacrificio que su familia asume para que ella pueda avanzar en el servicio a su país”.

(Foto: general de brigada Tammy Smith, del Cuerpo de Infantería, junto a su esposa, en una foto de Servicemembers Legal Defense Network)

Guerra por el aborto en el Pentágono

Por: | 09 de agosto de 2012

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Un ejército les pide mucho a sus soldados. Entre otras cosas, puede llegar a enviarles a morir en el frente. Aunque las mujeres aun no pueden prestar servicio en operaciones de combate directo, muchas de ellas —139— han dado también su vida en Irak y Afganistán. Ahora, las 200.000 mujeres de uniforme en EE UU son objeto de un debate acalorado en el Congreso, muy lejos del frente: ¿hasta qué punto pueden tener control sobre su propio cuerpo?

Bajo la normativa vigente en el Departamento de Defensa, los seguros médicos militares sólo cubren abortos si la vida de la soldado embarazada corre peligro. Es una diferencia notable respecto a otros programas de empleados públicos, o a los seguros del Estado como Medicaid, que también cubren la interrupción del embarazo en casos de incesto o de violación.

La senadora demócrata Jeanne Shaheen, de New Hampshire, ha pedido, a través de una enmienda a una ley de presupuestos militares, que se está negociando en el Capitolio, que el Pentágono pague también en sus planes los abortos en caso de incesto o violación. Ha logrado añadir esa provisión en la versión de la ley en el Senado, pero no ha podido hacer que se la acepte también en la versión de la Cámara de Representantes.

Para que la norma pueda ser ratificada debe consensuarse entre ambas cámaras. En el Senado tienen mayoría los demócratas, pero la Cámara la controlan los republicanos. “Es una injusticia para más de 200.000 mujeres en servicio activo en nuestro Ejército”, dijo Shaheen recientemente al diario Politico. “Deberían tener los mismos derechos en salud reproductiva que la gente a la que protegen”.

El Ejército, de hecho, permitía la cobertura de aborto en los otros dos casos hasta 1981. Entonces, bajo el mandato del presidente Ronald Reagan, se autorizó la reducción únicamente a casos de riesgo para la vida de la madre. A lo largo de las pasadas tres décadas, numerosos legisladores demócratas han intentado revertir esa medida, sin éxito. En esta ocasión, la senadora Shaheen logró el apoyo del republicano por Arizona John McCain, candidato a las presidenciales en 2008 y otros dos conservadores moderados.

No es un caso sin importancia. El propio Pentágono admite que, en 2011, hubo 3.191 agresiones sexuales a mujeres entre las filas. Según dijo el Secretario de Defensa, Leon Panetta, en enero, esa cifra podría crecer exponencialmente si se consideraran las agresiones que no se denuncian o no se revelan a los superiores. Dijo Panetta que sólo se hace público un 13,5% de los casos de acoso y abuso sexual, por lo que podría haber más de 19.000 en total. La pregunta, formulada desde el Senado, es si a las soldados violadas se les debería poder decidir si ponen fin a un embarazo que bajo ninguna circunstancia ha sido deseado.

Foto de archivo del Pentágono: un grupo de mujeres admitidas en el Ejército, en 1943.

Un mapa de todas las bombas de EE UU

Por: | 06 de agosto de 2012

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¿Cuántas bombas ha dejado caer Estados Unidos desde la Primera Guerra Mundial? ¿Dónde? ¿Y con qué efectos? Esas preguntas no sólo preocupan a pacifistas de todo el mundo. El propio Pentágono está preparando estos días una enorme base de datos de todos los artefactos explosivos lanzados desde aviones militares norteamericanos desde 1914. Con ese ingente mapa de bombas lanzadas será fácil localizar todos aquellos artefactos que no han explotado nunca, y que aun representan un riesgo para la población civil.

Fue idea del teniente coronel Jenns Robertson, de la Fuerza Aérea, que comenzó a desarrollar la base de datos en 2006, en sus horas libres. Ahora se ha convertido en todo un proyecto militar con el beneplácito de la cúpula del Pentágono, bautizado como Theater History of Operation Reports (THOR). El material reunido para ello: informes antiguos, inventarios escritos, testimonios grabados, órdenes de mando y mucho más. Todo ello reunido en los archivos de la Fuerza Aérea durante casi un siglo.

Robertson comenzó acumulando material de Irak. Siguió con datos relativos a la Primera Guerra del Golfo. Luego vio que podía hacer lo propio con el conflicto de Vietnam. Y así hasta la Primera Gran Guerra. Son ocho grandes conflictos en total. El teniente coronel ha combinado la información militar con libros de historia, archivos de prensa y demás documentos históricos. El primero en informar de su proyecto fue el diario The Boston Globe.

Según reveló recientemente la cadena televisiva CNN, diversos altos funcionarios del Departamento de Estado norteamericano ya han empleado esa base de datos para su programa de localización y retirada de artefactos explosivos en el extranjero, en el que EE UU colabora con otros 50 Gobiernos. El teniente coronel Robertson ha anticipado que en un futuro la base de datos estará al alcance de cualquiera en Internet, pero sólo hasta aquellas fechas en que las operaciones militares sean consideradas aun clasificadas, como sucede ahora con las misiones de Irak y Afganistán.

(Imagen: bombas lanzadas sobre Alemania entre 1941 y 1945, en la base de datos de THOR)

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