Necesitamos a Aaron Sorkin (más que nunca): una declaración de principios

Por: | 19 de enero de 2012

Logo Studio 60Quiero comenzar este blog invocando el espíritu de Aaron Sorkin. Mientras espero (contando los meses) el estreno de The Newsroom, su nueva serie televisiva – esta vez con el marchamo de la HBO – que, si nada se tuerce, se estrenará el próximo verano, he vuelto a ver los 22 episodios de Studio 60 on Sunset Strip, quizás su trabajo más autobiográfico. No fue fácil verla en su día: tras un piloto que recibió una acogida entusiasta y unos índices de audiencia en ascenso, Studio 60 comenzó a caer en picado a mitad de su emisión. La NBC la paró a la mitad y solo la presión de su indomeñable club de fans permitió que se emitieran los episodios que habían quedado en la nevera. pero la cadena no renovó su contrato para una segunda temporada. Sobre el parón y el cierre hay versiones encontradas y no me extenderé acerca de eso. Unos (la cadena, sobre todo) decían que la serie era muy cara, aunque casi toda se desarrollaba en los interiores del plató donde se rodaba el programa titular. Otros (la cadena y algunos críticos) decían que no era tan interesante la trastienda de un late show como las de un programa deportivo (Sports Night, la primera serie de Sorkin) o, por supuesto, la de la Casa Blanca (El Ala Oeste). También hubo quien dijo que era “demasiado sofisticada para el gusto americano”. Sofisticada e incluso insultante: un crítico (de The Tuscaloosa Star o un diario parecido) manifestó estar harto de personajes tan brillantes, tan ingeniosos y de un coeficiente mental tan elevado. Comprendo que eso pueda irritar: las criaturas de Sorkin son tan excesivas como él. Hablan demasiado, se mueven demasiado, piensan demasiado. Para alguna gente, desde luego.

Para mí, volver a ver Studio 60 (al fin editada en versión original) ha sido una inmensa alegría, una inyección de felicidad. Y de rabia creciente, porque las razones de su clausura me siguen pareciendo una considerable injusticia: el nivel general de la escritura era extraordinario, el reparto era sensacional, te partías el pecho de risa y te emocionabas, y contaba con tres o cuatro episodios – curiosamente dobles: The Nevada Day, con una intervención suprema de John Goodman, y The Harriet Party, a mayor gloria de la enorme Sarah Paulson, una actriz a venerar – que eran verdaderas obras maestras. Pero había más, mucho más: fundamentalmente, lo que en la época de los cine-clubs se llamaba “el mensaje”. Ese mensaje comenzó (al menos para mí) en Sports Night.

Me había gustado mucho su guión de Algunos hombres buenos, basado en su primera obra teatral, aunque no descubrí realmente a Sorkin hasta Sports Night, que aquí emitió Paramount Comedy a finales de los noventa. Mi interés por el mundo del periodismo deportivo era un tanto limitado, pero allí descubrí que ese no era el tema. El tema de Sorkin – Jehová le bendiga y le colme de bienes – es siempre el mismo, y es un gran y noble tema: la fuerza del equipo.

Aaron sorkinSorkin es un revolucionario porque cree en los valores  humanos – la lealtad, el talento, la fuerza y el coraje – y porque no le avergüenza defenderlos: no en vano el gran William Goldman (el padre de Dos hombres y un destino, de Todos los hombres del presidente, de La princesa prometida) fue su principal mentor.

Llevamos demasiado tiempo aceptando que explorar el lado oscuro de la gente es mejor que celebrar sus cualidades. Nos parecen (o les parecen a algunos) muy lúcidas y muy brillantes las novelas, las películas, las obras de teatro o las series que nos dicen que la vida es un asco y que acaba mal. Ya sé que acaba mal, pero no estoy de acuerdo en que solo sea un asco. En términos estrictamente narrativos eso es un coñazo: no es interesante pintar con un solo color. Por eso me desenganché de una serie como The Shadow Line, de la BBC: tal como la iban dibujando sus autores ya sabía que aquello iría directo al infierno sin remisión posible.

Tampoco es que Sorkin se chupe el dedo. Sus personajes no son angelitos y han de luchar contra sus propios demonios (las drogas, las borracheras de poder, las decisiones peligrosas, las carencias emocionales), entre otras cosas porque toda narrativa digna de ese nombre exige conflicto y claroscuro. Claroscuro, no tiniebla absoluta. Lo interesante, lo realmente nuevo, es que Sorkin no nos habla de un mundo estrictamente real sino de un mundo posible. Todos hubiéramos votado sin dudarlo al presidente Bartlett si se hubiera presentado a unas elecciones, pero en Estados Unidos ganaron los Bush por partida doble. Lo que nos decía Sorkin en El Ala Oeste (y en todas sus ficciones seriales) es que las cosas podrían ser de otra manera si formáramos una banda y nos enfrentáramos a los cobardes, a los mezquinos, a los muertos vivos que se empeñan en repetir que la batalla está perdida porque así ganan su guerra. Las series de Sorkin son auténticas balas vengadoras: contra el tedio, contra la apatía, contra el “no hay nada que hacer” y “las cosas van a seguir igual”.
En El Ala Oeste, una banda de creyentes en un futuro mejor trataba de hacer realidad aquel Camelot que ni los Kennedy lograron conseguir. Bueno, los Kennedy tampoco estaban muy dotados para ello. Ni los Padres Fundadores: no habían visto la serie.
¿Y qué es lo que nos enseñaba Studio 60? Exactamente lo mismo, pero en otro entorno.

William Goldman no parece ser el único maestro de Sorkin. Pienso ahora que Studio 60 habría fascinado a Howard Hawks, otro firme creyente en el espíritu de equipo. De eso van sus mejores películas, desde Sólo los ángeles tienen alas hasta Hatari!: un grupo de hombres y mujeres empeñados en conseguir algo juntos. Y divirtiéndose, a ser posible. Por encima de todo, son auténticos profesionales, esa palabra tan desacreditada, tan vilipendiada: gente que ama su trabajo y trata de hacerlo lo mejor que sabe. Que sigue creyendo que su trabajo es importante. Los hombres son hermanos de sangre. Y las mujeres… bueno, a las mujeres hay que echarles de comer aparte. Fuertes, listísimas, divertidas. Y tremendamente atractivas , o sea, con la belleza que algunas mujeres irradian cuando son fuertes, y listísimas, y divertidas. Mujeres hawskianas: mitad Rosalind Russell en Luna nueva, mitad Paula Prentiss en Su juego favorito. Es decir, mujeres shakesperianas, que saben latín y se ríen de la luna, como la Rosalinda de Como gustéis o la Beatrice de Mucho ruido para nada.

En el piloStudio 60to de Studio 60, el viejo director de un late show de comedia (un indisimulado trasunto de Saturday Night Live) se enfrenta a la mayoría puritana de los nuevos amos de la cadena y les canta la caña en directo, como Peter Finch en Network. Le echan a patadas, por supuesto, pero hay que salvar el show. Y para salvar el show entran en escena la productora Jordan McDeere (Amanda Peet: decir “deslumbrante” es quedarse muy corto) y rescata a dos genios aparcados por la empresa: el guionista Matt Albie (Matthew Perry, demostrando - ¡y cómo! – que hay vida después de Friends) y su colega, el productor Danny Tripp (Bradley Whitford: luego les cuento), en el dique seco desde que dio positivísimo en un control de coca. Albie y Tripp son, obviamente, las contrafiguras de Aaron Sorkin y Thomas Schlamme, que ya dirigió y produjo las mejores temporadas de las aventuras del clan Bartlett. Y si existe alguna productora parecida a Jordan McDeere, se ruega clonación inmediata. Los tres (y luego cuatro, y cinco, y diez, y quince) montan equipo y, sorteando innumerables escollos, consiguen reflotar a lo grande un barco a la deriva. ¿No es eso lo que queremos ver? ¿No es eso lo que necesitamos ver? Por eso es tan urgente el retorno de Aaron Sorkin.
The Newsroom, su próxima serie, parece que será un cruce entre Sports Night y Studio 60: la trastienda de un canal por cable bastante parecido a HBO. Una vez más, intuyo que el medio será lo de menos. Los protagonistas serán Jeff Daniels, Emily Mortimer, Alison Pill y el veterano Sam Waterston, a quien había perdido la pista desde su formidable trabajo como el rabino ciego de Delitos y faltas. Felizmente, el señor Sorkin no ha parado quieto y sigue disparando en muchas direcciones: prepara (también para HBO) otra serie, protagonizada por John Krasinski, estrella de la versión americana de The Office, ambientada en el Chateau Marmont, el hotel de las estrellas en Hollywood (exacto, donde murió John Belushi y los Stones se corrieron las juergas de su vida). Y (vayamos salivando) un musical sobre Houdini cuya partitura tenía que hacer Danny Elfman y va a hacer Stephen (“Pippin”) Schwartz: su estreno en Broadway está previsto para la temporada 2013-14.
P.D. - Un último apunte sobre Bradley Whitford, enorme actor. El febril y melancólico Josh Lyman de El Ala Oeste y el Danny Tripp de Studio 60 (similares características) se reveló luego como un glorioso cómico farsesco, como testimonia The Good Guys, donde encarna, junto a Colin Hanks, a un poli torrentiano colgado del universo de los 70. Divertidísima serie, gloriosamente tonta en apariencia, pero con una estructura mucho más endiablada de lo que parece. Yo soy una de las personas menos viajeras de la galaxia, pero hay una función por la que hubiera cruzado el charco: la pasada temporada, Bradley Whitford formó pareja en Broadway con Mark Rylance (otra bestia de comedia, orgullo de la corona británica ) para protagonizar Boeing Boeing, el descacharrado vodevil de Marc Camoletti que en cine interpretaron Martin y Lewis. No pude escaparme a Nueva York, pero ya le pillaré.


   

Propina: Sobre estas líneas, uno de los grandes momentos de Studio 60. La compañía al completo versionea I am the very model of a modern Major General, el clásico decimonónico de Gilbert & Sullivan en The Pirates of Penzance, con una nueva letra, gentileza de Matt Albie (Matthew Perry), el jefe de guionistas, donde deja muy claro el ideario del programa.

Hay 30 Comentarios

http://youtu.be/qqLIH2UiPXg

I can only hope SIr.

The West Wing: El final de In excelsis Deo, en realidad el episodio entero, con Toby Ziegler definiendo su personaje de una forma tan brillante, es de lo mejor que he visto en mi vida. No sólo en la tele, de lo mejor en general, gran emoción, gran narración. Viva Sorkin.

Sólo una palabra... AMÉN!

Ese acento en los valores y los ideales que destacas del mensaje de Sorkin yo creo que ya está presente en 'Algunos hombres buenos', incluso en el propio título. Me encanta Sorkin y me recuerda a veces a Rodgers y Hammerstein pero claro, lo que aquellos te solventaban en dos lineas éste necesita tres o cuatro páginas. Habrá que estar muy atentos a 'Houdini'.

Habéis hablado mucho de Bradley Whitford, pero tampoco hay que olvidar a la mujer más solvente e inteligente de la Casa Blanca, la larguirucha C.J. Cregg ( Allison Janney ), que por cierto mantenía cierta sintonía con Whitford.¿La rescatará de nuevo Aaron Sorkin?

Los Reyes Magos tienen un gusto excelente y me trajeron el cofre con El Ala Oeste completa. Y vuelvo a reir y me vuelvo a emocionar con esos increibles dialogos... Y me vuelvo a enamorar de Bradley Whitford!!!! Espero ansiosa lo nuevo del señor Sorkin.

Muchas gracias, de nuevo, por vuestros comentarios. Da gusto tener unos lectores tan generosos y tan apasionados. Un fuerte abrazo a todos
M.O.

Me ha encantado el artículo. El piloto me dejó con la boca abierta. No me ha vuelto a pasar. El discurso y el final con Under Pressure de Queen & Bowie. Se me pone la piel de gallina al pensarlo.
Escribí y transcribí el discurso de Wes.
´
http://planetamancha.blogspot.com/search/label/Studio%2060
http://planetamancha.blogspot.com

Como curiosidad, otro apunte de lo bibliográfico de Studio 60. El personaje de Sarah Paulson y su relación con el de Matthew Perry hace referencia a la relación de Sorkin con la fantástica Kristin Chenoweth.

Fantástico artículo

El alma de Lázaro Carreter vaga por estos lares.

¿Y tú no te das cuenta, María, de que no hay mejor ciega que la que no quiere ver? Si tu incondicionalismo ve intención donde no existe ningún indicio, pues allá tú. Pero vas a tener que usar algo más convincente que recurrir a mi escasa comprensión lectora, de la cual desconoces todo, por mucho que tu incondicionalismo también te susurre al oído que ésa es la respuesta para lo que no quieres creer.

Como dicen en un capítulo de "El ala oeste", este es un país (EE.UU), de equipos, John Wayne siempre formaba uno para conseguir el objetivo. Por lo tanto, no puedo estar más de acuerdo con esta entrada. Por otro lado, "La red social", tiene como uno de los temas fundamentales precisamente la formación y disolución de uno. Grande Sorkin, por sus guiones y por sus diálogos en particular.

Totalmente de acuerdo con el artículo. Maravillosas series las de Sorkin. Yo ya he visto tres veces "El Ala Oeste" y les pongo extractos a mis alumnos de Derecho, que, en muchos casos, acaban también enganchados a la serie.
Respecto de "Studio 60" su supresión fue injustificable. Uno no puede ver la serie sin sentir lástima de lo que podría haber llegado a ser de haber gozado de continuidad.

No puedo estar más de acuerdo...
Me duele, que esa serie solo tuviera una temporada, pero aun así todavía recuerdo frases brillante (a la altura de las the West Wing)!

Me encantaba el papel de Amanda Peet, pero como seguidora de "Josh", el trabajo de Bradley me fascinaba.!!

Y es verdad, sus personajes femeninos son admirables!!

Hola Marcos, gracias por tu entrada. cada vez que veo studio 60 tengo que reconfigurar mi dvd y es que la compré en amazon porque no tenía otra forma de conseguirla en vo, y ya la he visto varias veces. me gustaría ser dannytrip, me gustaría saber como recuperarme de los errores, claro que encontrándose a Amanda Peet sería todo mucho más sencillo. me trague entro el cofre de West Wing en un mes, definitivamente estoy enamorado de aaron sorkin, es más, me encantaría quedar a hablar con él, David Simon y Dennis Lehane, los tres tipos que más hacen por el bienestar de mi mente en estos tiempos, son casi casi mi conciencia de lo que ocurre en el mundo. Studio 60 ha sido una serie, perdón, una película de 22 horas, muy mal tratada y muy poco recordada, y sobre todo agradezco la crítica que existe en todo lo que hacer sorkin hacía el pais más poderoso de la tierra pero sin la agonía de la falsa modestia o de la humildad prtenciosa que pregonan ootros como Oliver Stone. Por cierto, cambio Studio 60 por Sports Night, no tengo forma de encontrarla, y estoy de acuerdo contigo en que Josh Lyman, perdon, bradley Whitford, es un actor excepcional, fuera de lo normal... de nuevo, Gracias

Olé. Tanto entusiasmo anti-cinismo ha provocado que mi imaginación se pregunte el resultado divino que tendría la hipotética colaboración entre Sorkin y Pixar. Podría pasar en un mundo ideal.

Hola,

Iba leyendo la entrada. Qué bien escrita. Hay que ver. Tiene sentido lo que expone. Esta bien redactado. Hasta hay subordinadas. Ole, Studio 60.

Gracias Marcos.

Genial artículo. "Estudio 60" es una de las grandes series de la historia, a mí no me cabe ninguna duda de ello y Aaron Sorkin es un genio, un tío muy grande, un escritor ante el que quitarse el sobrero una y otra vez por esas historias, esos personajes...

"Estudio 60" se quedó en 22 episodios, pero menudos 22 episodios, y con una triple entrega final que puso un broche de oro a la serie.

Me quedaría corta hablando del reparto así que solamente diré que mi adorado Bradley Whitford se salió pero que los demás no se quedaron atrás.

Me da a mí que Lorne Michaels tuvo bastante que ver en la no renovación de Studio 60. Dos series sobre una temática parecida, aunque de planteamiento diferente, eran demasiado para una cadena como la NBC. 30 Rock (que a mí me encanta y a diario doy gracias por la existencia de Tina Fey) es una serie carísima, con gags demasiado inteligentes/elaborados para el espectador medio americano y una audiencia tirando a baja, pero ahí sigue (con cameo de Sorkin incluido). Así que supongo que lo que pasó fue eso, que a la hora de elegir, tuvo más peso el padrino de Fey que el de Sorkin

Gracias por vuestra atención!
No os contesto más pormenorizadamente porque estoy desbordado de trabajo
un abrazo

Para "ay":

A quien le falla la ironía es a ti. ¿No te das cuenta de que Ordóñez incluye expresiones coloquiales, como "parar quieto", de forma totalmente deliberada? Si no captas algo tan básico es que te faltan unas cuantas clases de comprensión lectora.

Irías a Broadway a ver Boeing Boeing y no The Farnsworth Invention?

muy grande, los pelos de punta, grandísmo atículo, sobre la encarnación de Amanda Peet, tal vez la archienemiga y genial Liz Lemon/Tina Fey sea el contrapunto, el contrario, pero igual de genial

Studio 60 fue la serie que empecé a ver con más ganas, vi un extracto del piloto y me pareció algo genial. El ritmo, los actores, los diálogos, el montaje... todo era perfecto. Alguien había dado con la tecla consiguiendo mostrar en televisión cómo se hace la televisión, es decir, todos actuando como si pensaran con una misma mente. Hasta que poco a poco me fui dando cuenta de que lo malo de esa serie era eso, que todos actuaban bajo una misma mente, es decir, que aunque los personajes tienen sus características bien definidas y bien diferenciadas, todos hablan igual, todos tienen la misma rapidez, la misma vehemencia, y comparten, en el fondo, el mismo "modus operandi". Tiene toda la razón el artículo en cuanto que necesitamos a Aaron Sorkin para que nos cuente su modo de entender el grupo, pero no estaría mal que introdujera personajes "no pensados por él", para no convertir en monotonía la diversidad (no sé si me explico).
...Y luego está la pesadez de la "tensión-sexual-no-resuelta", de los protagonistas (ufff).

Sólo un pequeño detalle. Sam Waterson ha seguido activo desde Delitos y Faltas, dedicándose a ejercer de fiscal en la original "Ley y orden", cancelada hace un par de años. En EEUU es un actor muy popular más por este papel que por todo lo hecho en cine, nominación al Oscar incluída...

Por lo demás, gran artículo!

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Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).

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