Dietario de abril

Por: | 16 de abril de 2012



Un sinvivir agazapado, que viene de gazapo (conejitos esperando el tiro, y tiros no faltan), o como carneros entre la indignación y el sometimiento. Creciente embotamiento de los sentidos y las voluntades, con ocasionales y esplendorosos arrebatos.  Debería hablar de toda la porquería de ahí afuera, pero me sale por las orejas. Sería empezar y no acabar. Otro día, otra hora, aunque esta ya va durando demasiado: cada día se repite la misma portada.

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Hoy he ido a pasear por Gracia, a primera hora. Las calles estaban casi vacías, recién regadas, y parecía un pueblo. En una esquina tocaba un violinista (húngaro, me dijo) con sombrero de media copa y barba, que parecía salido de un cuadro de Chagall. En otra esquina, un par de albañiles estucaban una pared y silbaban, al alimón y muy bien, por cierto, “La Raspa”, que hacía algo así como mil años que no escuchaba.

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Ya tenemos aquí la primavera. Por la mañana se oyen mirlos en el jardín; al atardecer aparecen los primeros murciélagos.

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Una pareja de viejos en el banco del parque. Él, mirándose la mano: “Vaya uñas. Amarillas y negras”. Ella, aparentemente distraída, siguiendo con la mirada a los niños que juegan: “Como taxis”.

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La banalidad, al conversar, de quien no siente el menor interés por los demás, tan solo si se trata de chismes, cuanto más malignos mejor. Su voz levanta un muro de cháchara, cinismo, trivialidades y maledicencia tan compacto que no hay forma humana (salvo un quiebro abrupto) de cambiar el tono e introducir otro asunto, no necesariamente profundo o confesional. Y lo peor no es eso, lo peor es el contagio: se encuentra uno hablando mal de todo el mundo, como un niño disparando en un pimpampún, y acabas estragado por haber entrado al trapo y mostrado lo peor de tí mismo. (A la mañana siguiente, al despertar, sensación de resaca moral).

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Un actor me dice: “Todo son inconvenientes cuando vas a taquilla. De entrada, raramente vas a tener publicidad, porque los productores solo publicitan, para recuperar la inversión, lo que va a costarles un dinero. En segundo lugar, si el espectáculo va a cargo de un ayuntamiento, puede sucederte que: a) no te paguen, porque “necesitan” esos fondos o, b) que lo que te paguen sea miseria, porque lo más seguro es que pongan las entradas a precios “políticos”. La semana pasada fuimos a hacer una función cuyas entradas se vendían a cuatro euros. El público, casi en su totalidad, estaba compuesto por jubilados. Cuando acabó el concierto de toses, altamente bronquíticas, comenzó el de los móviles. Y lo malo no era que sonaran, lo malo era que los contestaban”. Se puede ir a taquilla, concluye, “si llevas una función con uno o dos intérpretes que, además, son populares por el cine o la televisión. Con más actores, los costes de la seguridad social, dietas y sueldos hacen imposible ir a taquilla”.

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Jules Renard llama “imaginación retrógrada” a la que solo imagina el pasado. Pero a veces el pasado es una ventana para escapar de la aguda intoxicación del presente.

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Cada vez me convenzo más de que el éxito de un perfil radica en combinar la precisión con el apunte imprevisto. Así describe Manuel Longares a la cocinera Bea en Romanticismo: “Era muy bailona además de supersticiosa, gamberra con los niños y temerosa de las tormentas”.

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Al mirar el cielo (blanco por la mañana, blanco por la noche) acaba el día con la misma frase con que empezó, un estribillo de Beny Moré: “Parece que va a llover/el cielo se está nublando/parece que va a llover/ay mamá, me estoy mojando”.

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Concédeme la gracia. Jules Renard cuenta que, en su tiempo (principios del XX), antes de salir al escenario, las actrices rezaban esta plegaria, tan lacónica como certera: “Mon Dieu, faites-moi la grâce de bien jouer”.

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Grandes símiles: las piscinas de Hollywood en agosto, con el agua tibia, “como ombligos llenos de sudor” (Gore Vidal).

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Lo que queda de un teatro
. En su biografía de Shakespeare, Peter Ackroyd cuenta que cuando se realizaron las excavaciones de los cimientos del Rose, uno de los principales teatros londinenses de la época isabelina, encontraron, entre otras cosas, “semillas de naranja, zapatos Tudor, un cráneo humano, un cráneo de oso, el esternón de una tortuga, fichas de una posada, pipas de arcilla, una espuela, la funda y empuñadura de una espada, huchas, diversos huesos de animales, alfileres y ropa vieja”.


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Se me olvidaba añadir, para contrapesar, el mejor chiste (con gracia) de la semana, pero ya lo ha señalado David Trueba: "ETA exige a la familia real el abandono de las armas". En esa línea, una celebración: la revista Mongolia, legitimísimamente hija de El Papus y Hara-Kiri.

Hay 4 Comentarios

"Se puede ir a taquilla si llevas una función con uno o dos intérpretes..." -> No, a este paso, sólo monólogos...

Cosas peores se han visto. abrazo.

Abril es el mes más cruel.

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Bulevares Periféricos

Sobre el blog

Teatro, Literatura, Cine, Música, Series: arte en general. Lo que alimenta, lo que vuelve. Crónicas, investigaciones, deslumbramientos. Y entrevistas (más conversaciones que entrevistas). Y chispazos, memoria, dietario, frases escuchadas al azar (o no). Y lo que vaya saliendo.

Sobre el autor

Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).

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