Especies (casi) extinguidas: Vitín Cortezo

Por: | 17 de mayo de 2012

Víctor María CortezoLa acción, en la derruida cafetería Dorín de la calle del Príncipe, trasunto madrileño del Carnegie Deli de Broadway Danny Rose. Cuatro voces (o, para el caso, cuarenta) intercambian anécdotas legendarias de Vitín Cortezo (1908-1978), figurinista excelso de nuestro teatro, al socaire de la exposición de bocetos, trajes y (como no) figurines comisariada por Andrés Peláez y diseñada por Salva Bolta, en el Valle-Inclán. No se la pierdan, que acaba el 16 de junio: viajarán a una época en la que, a juzgar por las tallas de sus deslumbrantes atavíos, los cómicos eran más bajitos pero se agigantaban en escena (para muestra un botón recamado: la túnica de Rodero en Calígula) y soñarán con un mundo de acuarelas y gouaches que le puso los dientes largos al maestro Erté. La muestra se llama, muy propiamente, Del auto sacramental a la vida perdularia, y de ambas cosas se habla aquí, a pinceladas rápidas, como pide el aguafuerte.
Se levanta el telón imaginario. Se evoca, para empezar, el perfil de Vitín (en el DNI, Victor María), tan atildado como diminuto, tan inglés como napolitano, entre sobrino pulcinella de Totó y baronet a lo Sir Tim O’Teo.
En los taburetes de los bares las patitas no le llegaban al suelo, dice uno.
No llevaba botines blancos, señala  otro, pero como si.
Y en los días de bonito, que eran bastantes, matiza el tercero, collar de perlas bajo la camisa y la corbata, para despechugarse con estilo.
Hablando de despechugarse, apostilla el cuarto, le diseñó las toreritas a Miguel de Molina allá en los treinta. Antes del ricino fascista, claro.
Y suya fue la idea de esmaltarle el torso con duros sevillanos para cantar La bien pagá como está mandado.
Se decide, por unanimidad, su mejor anécdota parisina, cuando iba para pintor pero tiró más el teatro, gracias a su cofrade Cocteau y a los ballets rusos de Diaghilev y, sobre todo, a los diseños de Natalia Gontscharowa, que le redescubrieron el Mediterráneo y sus colores con mirada boyarda.
¿Y la anécddota? Ahí va: Vitín se ha liado con un canónigo de Nôtre Dame, que es liarse a lo grande. La portera del inmueble, insólitamente salada para ser portera francesa, le inquiere:
Où allez-vous si heureux, monsieur Cortezo?
Alzando orgulloso el mentón (o mentoncito), Vitín responde:
A l’eglise de mon homme, madame”.
Foto de Walter Reuter, exhumada por Andrés Trapiello - de izq a dch, Vitín Cortezo, Carmen G.Lasgoity, Luis Cernuda, Blanca Pelegrín, Manuel Altolaguirre, Carmen G. Antón

Entre chinchón y combinado, se recuerda y se acuerda que en la posguerrísima Vitín lo tenía muy crudo, por locaza descarada y por rogelio no menos señalado, pues no en vano debutó escénicamente en el 37 poniéndole vida y color, como los cromos, a la Mariana Pineda montada por Altolaguirre en el II Congreso de Escritores Antifascistas, en Valencia. Pasa de mano en mano, como talismán recordatorio, la hermosa foto de Walter Reuter que exhumó Andrés Trapiello (y sobre la que escribió un no menos hermoso texto), evocadora de aquellos días felices, pese a la guerra omnipresente. De izquierda a derecha, Vitín, Carmen García Lasgoity, Luis Cernuda, Blanca Pelegrín, Manuel Altolaguirre y Carmen García Antón. O sea: Vitín y Cernuda, que era su gran amigo de entonces, más las tres actrices que encabezaban el reparto, y su director.
Pero siempre tuvo Vitín protección y abrigo, como cantaba la Pradera en Flor de Azalea. De entrada, por familia: su abuelo era el doctor Cortezo, con monumento en el Retiro, calle en Madrid y Toisón de Oro impuesto por Alfonso XIII. Y pisazo en Recoletos 18, desde donde el chaval vio espectáculos que marcan, y mucho, su estética: el entierro del general Polavieja, los desfiles y los carnavales, que vienen a ser una y la misma cosa. Ejemplo de mixtura posterior: los figurines de La cena del rey Baltasar, que convierten el auto calderoniano en opereta vienesa, o la Electra del 49, donde Clitemnestra parece una Bella Otero soñada por Ocaña.

Figurín de Clitemnestra en ELECTRA (1949)Familia aparte, antes de la guerra le amparó en París Bob Gesinus, discípulo de Kokoschka. Añade el cuarto: y de vuelta a Madrid, siempre, don Luis. (Aquí hay que aclarar que cuando se habla de cine, “don Luis” es Buñuel, pero en teatro es siempre Luis Escobar. Del mismo modo que en ese negociado “José Luis” es el no menos fundamental director José Luis Alonso. Dicho queda).
Así que Don Luis se quedó prendado de Vitín cuando vio aquellos dibujos suyos tan modernos, tan europeos y tan alados, y le abrió las puertas del María Guerrero.
Y se entendieron de fábula, porque lo primero que hacen juntos es el Baltasar operetesco, con un par. Bueno, con dos pares.
Entra, pues, en los Teatros Nacionales y ya prácticamente no sale de ese circuito, que era el más seguro y el más fino: participó en más de 170 montajes, la mayoría, coinciden las voces, con don Luis, con José Luis y con don Pepe.
(Se me olvidaba: don Pepe – o Pepe, según la proximidad – era Tamayo).
Ah, pero sus mejores números se los montó siempre a José Luis, porque le encantaba ver la cara de horror (horror blanco, absoluto) que se le ponía.
Y porque con don Luis no se atrevía, y a Pepe (o don Pepe) le daba igual ocho que ochenta mientras le entregara los figurines a tiempo.
Anécdota Dos, también por aclamación. Pase para censura de La loca de Chaillot. José Luis, que sabe lo mucho que le va a Vitín el peligro, le ruega que no aparezca por el María Guerrero hasta que los cuervos ahuequen. Vitín pone cara de niño bueno y José Luis se lo cree porque se lo quiere creer. Y cuando los cuervos ya están a punto de levantar el vuelo, se escucha una voz aflautada (y calamocana) abriéndose paso por el patio de butacas. Una voz que, para síncope de José Luis, proclama lo siguiente:
“¡José Luis, perdóname! ¡He sido una monja muy mala pero vuelvo al convento redimida, redimida!”.
Aquí las leyendas divergen. Para unos, Vitín compareció vestido realmente de monja. Para otros, ni en sueños: era lanzado, pero no tanto. Para la tercera facción, no dijo “monja” sino “puta”.

Boceto de Vitín Cortezo 3


Se discute luego si Vitín era más angelito de Cocteau o pájara pinta. La deliberación es breve: angelito, poco. O angelito con los lápices y pájara pinta de civil, por el puro placer de liarla. Y hay que reconocer, se coincide, que sabía elegir las dianas. Como, por ejemplo (Anécdota Tres), la seráfica, encantadora y nunca suficientemente ponderada María Asunción Balaguer, que esa si que era y es un ángel con denominación de origen. Don Pepe ha llevado al Vaticano La cena del rey Baltasar de don Luis. Vale, era de don Luis pero la llevó don Pepe: cosas de los Nacionales. Le pasan la función a Pío XII, aunque lo realmente importante es que en ese viaje y esa representación se conocen Paco Rabal y la Balaguer. Cuando acaba la velada, Rabal ve que Vitín le dice algo al oído de su novia y ella rompe a llorar desconsoladamente.
"Pero ¿qué te pasa, Asunción?"
Pausa teatral.
“Ay, Paco, que Vitín me ha dicho que el Papa sabe lo nuestro…”

Figurín para TRES SOMBREROS DE COPAEl pajaropintismo, señala una voz cantante, también se lo aplicaba Vitín en carne propia, porque raro era raro. Como (ilustra) cuando llegó Erté a España y quiso conocerle,pero a Vitín le importó un pito. “No recibo a viejas damas”, dijo, y se quedó tan pancho.
Se le recuerda dibujando compulsivamente, dentro y fuera de escena, en las barras de los bares, en los clubes de travestis de Tirso de Molina, y regalando luego sus dibujos. (Aún así, el Museo del Teatro que dirige Andrés Peláez atesora más de mil).

Última anécdota y última época, ya en los setenta: Vitín saltando al interior de un furgón policial durante una redada de homosexuales mientras proclama “Aquí hay que darse prisa, niñas, que luego cogen los mejores sitios”.
Cae, lenta y alegremente, el telón. 


(Para Rosana Torres, que es la que realmente sabe de todo esto)

 

 

 

 Bonus tracks:

 

Dibujo para canción de Celia Gámez

Dibujo para la canción de Celia Gámez

Escenografía de LA VIUDA ALEGRE

Escenografía de La viuda alegre

11-5-12.CDN.Exp.Vitín Cortezo Foto Andrés de Gabriel (1)

 

11-5-12.CDN.Exp.Vitín Cortezo Foto Andrés de Gabriel (3)


Dos imágenes de figurines, en la exposición Del auto sacramental a la vida perdularia
(Fotos de Andrés de Gabriel)

Hay 3 Comentarios

¿Cuándo alguien va a escribir una biografía de este hombre? ¿O ya existen? Me ocurre lo mismo con Álvaro Retana, son seres de los que uno quiere saber mucho más! Si no existe, que Rosana Torres se anime!!

Es lo que tienen las frases legendarias:siempre les salen varios padres. Pero dudo mucho que a don Luis le metieran en furgón alguno. Y nunca, que yo sepa, hubo redadas en Oliver. Fuerte abrazo.

Estupendo personaje y estupendo comentario, como siempre en este blog.
Me habían contado la última anécdota, pero el protagonista era a D. Luis (Escobar) saliendo del sótano del Oliver durante una redada.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Bulevares Periféricos

Sobre el blog

Teatro, Literatura, Cine, Música, Series: arte en general. Lo que alimenta, lo que vuelve. Crónicas, investigaciones, deslumbramientos. Y entrevistas (más conversaciones que entrevistas). Y chispazos, memoria, dietario, frases escuchadas al azar (o no). Y lo que vaya saliendo.

Sobre el autor

Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal