El hombre que fue jueves: Shakespeare y compañía (11-7-12)

Por: | 26 de julio de 2012

Alas-poor-yorick

Peter Brook ha escrito un pequeño ensayo, Alas Poor Yorick, donde dice un par de cosas tan claras como sensatas sobre el eterno asunto de la identidad y la autoría de Shakespeare. Para empezar acusa, con muy buen humor, a los “conspiracionistas”, a los que siempre han proclamado que Bacon o Marlowe o De Vere escribieron las obras del Bardo, de conocer poco el mundo del teatro, “el peor lugar del mundo para guardar un secreto”. ¿Ustedes creen, viene a decir, que en una ciudad tan pequeña como el Londres isabelino, con tantos dramaturgos y tantas envidias y tantos panfletos en los que se ponían verdes mutuamente, no habría corrido la voz de que Shakespeare era un impostor?

 
Desde luego era un blanco perfecto para la maledicencia: de todos ellos fue el único que se convirtió en copropietario (del Globe y del Blackfriars), el único que pudo comprar tierras, y escudo de armas, y una gran casa en Stratford. ¿Habría encabezado el bilioso Ben Johnson su poema de homenaje, publicado en la primera edición del teatro completo, con la frase “A la memoria del autor, mi querido señor William Shakespeare, y a lo que nos ha dejado”, si hubiera tenido la más pequeña duda sobre la personalidad de su difunto y aventajado rival?
Por otro lado, como formidable respuesta a los que afirman que el hijo de un guantero no pudo haber escrito una obra tan vasta, de tan alta poesía, y que requería tan amplios conocimientos, Brook sostiene que un genio puede brotar en el entorno más humilde, y pone como máximo ejemplo a Leonardo Da Vinci, hijo ilegítimo de un notario y una campesina, y que, como bien sabemos, abarcó muchísimas más disciplinas que Shakespeare sin que nadie haya puesto en duda ese dominio ni esa identidad.

He leído también estos días un texto muy interesante que Edward Gordon Craig escribió en 1913, recogido en The Theatre Advancing y traducido ahora (diría que por primera vez) al castellano en la estupenda edición (Escritos sobre teatro II) que ha publicado Manuel F. Vieites para la Asociación de Directores de Escena de España. En su artículo, Colaboradores de Shakespeare, Gordon Craig aventura una hipótesis sugestiva: el Bardo (no me gusta el remoquete, pero tampoco repetir el apellido a cada paso) escribió, desde luego, alguna obra a cuatro manos con otro autor, como John Fletcher, pero pudo haberlo hecho más frecuentemente con actores de su propia compañía, un poco a la manera del “dramaturgo” a la alemana, reelaborando sus textos a medida que se ensayaban y representaban, y a eso atribuye las diferencias (podas, cambios argumentales y estilísticos) de los dos quartos de Hamlet, entre los que tan solo media un año (1603 y 1604), y que son muy similares, para utilizar una comparación cinematográfica, al copión de trabajo y el montaje definitivo.
Los actores isabelinos (con Burbage, Sinclair y Kempe a la cabeza) tenían fama de ser grandes improvisadores, en la línea de sus colegas de la “comedia del arte”, y de ahí deduce que durante los ensayos probaban parlamentos a los que luego Shakespeare daba forma y hacía suyos. Según Craig, su colaboración estaría más clara en las grandes comedias que en las piezas trágicas: obviamente no hay pruebas de eso, aunque aventura que dicha posibilidad podría detectarse, por ejemplo, en las peleas verbales de Beatrice y Benedict en Mucho ruido para nada. De igual modo, tampoco le parece inverosímil que fueran ellos, siempre ansiosos de ampliar el repertorio, quienes pusieran sobre su mesa antiguas crónicas o comedias extranjeras para que, como hizo con frecuencia, elaborase un nuevo texto a partir de sus argumentos. Todo ello podría sustentarse en el hecho de que la compañía de Shakespeare era, mitad equipo mitad factoría, una verdadera band of brothers que iba mucho más allá de la simple agrupación de cómicos: vivían y trabajaban juntos, se repartían los quehaceres, y consiguieron convertirse en “partícipes” de la empresa, esto es, socios que compartían, por primera vez en la historia del teatro, pérdidas y beneficios. No, no me parecen nada disparatadas las especulaciones de Gordon Craig.

Hay 1 Comentarios

Fascinante esto de la creacion colectiva. Yo investigo ahora una larga temporada de una compañia de teatro nacional en Lima (1932-1935) que a lo largo de tres años diariamente dio funciones hasta que se termino. Eran una compañia de (mayormente) capocomicos muy ingeniosos que adaptaban,creaban, improvisaban, a partir de los mas diferentes temas y estilos ante un publico mayormente de lo que podemos llamar de origen "popular". Y como es todo lo de modernidad, a final desaparecio del mapa limeño. ¡¡¡¡Cosas de nuestra modernidad latinoamericana!!!. Mire Ud. señor Ordoñez hasta donde ha llegado su interesante reflexion. A comprar Escritos sobre teatro. Saludos desde Lima. Gustavo.

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Bulevares Periféricos

Sobre el blog

Teatro, Literatura, Cine, Música, Series: arte en general. Lo que alimenta, lo que vuelve. Crónicas, investigaciones, deslumbramientos. Y entrevistas (más conversaciones que entrevistas). Y chispazos, memoria, dietario, frases escuchadas al azar (o no). Y lo que vaya saliendo.

Sobre el autor

Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).

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