Big Time 10: Lawrence de Arabia y dos mil ratas para Bond

Por: | 07 de septiembre de 2012

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Habla Perico Vidal:

En la infancia o en la adolescencia aparece, con suerte, la figura de ese maestro por el que lo darías todo, por el que estarías dispuesto a hacer cualquier cosa, por respeto, por admiración, y trabajas para él como no has trabajado para ningún otro con tal de no defraudar las expectativas que ha puesto en ti. Yo no tuve a ese maestro ni en la infancia ni en la adolescencia, pero lo encontré en David Lean. Fue mi mejor maestro, mi hermano mayor. Y, desde luego, uno de los más grandes cineastas de la historia. No soy el único en decirlo, faltaría más. Para Billy Wilder, que a puñetero no le ganaba nadie, la cumbre absoluta del cine eran Eisenstein, Lubitsch y Lean. Lo dijo Wilder, y lo dijo Kubrick y lo dijo Spielberg, que sigue considerando Lawrence de Arabia como su película favorita de todos los tiempos, la que le hizo dedicarse a este oficio.

 
No esperes grandes anécdotas del rodaje de Lawrence, porque yo solo tenía ojos para lo que veía Lean, para lo que Lean necesitaba, para lo que Lean exigía de mí. A su lado cambió mi forma de trabajar en el cine. Me entregué totalmente porque con Lean no podías hacer otra cosa, porque él era el primero en dedicarse en cuerpo y alma a la película, las veinticuatro horas del día: vivía con ella y cuando caía rendido soñaba con ella. Yo no había visto cosa igual. Welles trabajaba así, pero llegaba un momento en el que desconectaba, desaparecía. Lean no desconectaba jamás, y se hubiera dejado matar antes que abandonar un rodaje. ¿Sabes qué fue lo que más me impresionó? El silencio. Yo estaba acostumbrado a rodajes muy bulliciosos, pero aquel era como la tumba de Romeo y Julieta: silencio absoluto cuando Lean gritaba Action!. Y concentración máxima. Cuando se preparaba la escena solo hablaban cinco personas con él: el ayudante de dirección, el operador, el segundo operador, la script, el prop master, y el production designer. Nadie más. Luego, en cambio, quería que todo el mundo fuera a los dailies para ver el trabajo del día. 
David Lean durante el rodaje

Tardé un buen tiempo en formar parte de ese círculo. Al principio no tenía ocupación fija, lo que quiere decir que las tenía todas. Mi jefe directo era Teddy Villalba, que en Lawrence estaba de production manager. Cuando entramos en el equipo nos dijeron que Lean llevaba ya casi dos años de preproducción. Así se hacían las cosas entonces. O así las hacía Lean, porque yo eso tampoco lo había visto, no a ese nivel, ni con Welles ni con Kramer ni con Ray. Ni con Bronston, desde luego. Todo el mundo sabía que Sam Spiegel era un pájaro, y Lean el primero, porque no vio un duro de El puente sobre el rio Kwai, que hizo millones, y volvió a trabajar con él en Lawrence y se pelearon cada dos por tres y volvió a timarle, hasta que Lean se dijo “Tres ya no”, y Doctor Zhivago la hizo directamente con la Metro, pero Spiegel también era de los que tenía toda la película en la cabeza. Teddy me contó que una vez llamó Spiegel desde Hawai o Tahití, no recuerdo, para saber si ese día habían rodado el inserto de un plano de una pistola. ¡Estaba a miles de kilómetros y se acordaba de que, al otro lado del mundo, tenían que rodar un inserto! 

Todos los que trabajábamos con Lean éramos así. Buscaba gente para la que el trabajo en el cine fuera la razón de su vida. Nos llamaban "His Dedicated Maniacs". Era una compañía que se iba formando con los años: si le gustaba tu trabajo, ingresabas en la banda. Lean vino a España porque el rodaje en Jordania se complicó muchísimo por el clima. Solo podían rodar al amanecer o al anochecer porque durante el día el calor era insoportable: tenían que traer agua en cisternas y envolver las cámaras con paños mojados.

Creo que fue Eddie Fowlie quien le habló de la costa de Almería. Eddie Fowlie era el propmaster, y también se ocupaba de buscar localizaciones y luego fue encargado de efectos especiales. Era realmente un maestro, un mago, capaz de levantar sets imposibles. Había trabajado con Lean en El puente sobre el rio Kwai. Se convirtió en la mano derecha de John Box, el diseñador de producción. John, Eddie y sus increíbles equipos podían inventarse en un mes la ciudad de Aqaba, con mezquita incluída, en Carboneras, y la mansión helada de Zhivago. Eddie y su grupo montaron un bosque en un hangar, en La hija de Ryan. Eddie, por cierto, se enamoró de Almería. Se quedó a vivir allí con su novia, y a finales los sesenta dirigieron un hotel, El Dorado, en la playa del Algarrobico. En Almería se filmaron, pues, las escenas de Aqaba, y cerca del cabo de Gata montamos un ferrocarril con una vía de varios kilómetros para las voladuras de los trenes turcos. Volví a trabajar con Eddie en Zhivago y en La Hija de Ryan y en un western de Henry Levin que se llamaba La marca de Caín ("The Desperados"), con Jack Palance, que también se rodó en Almería y en Jaén, en La Pedriza.

Me fijé, porque era imposible no fijarse, en que Lean apenas repetía tomas, gastaba muy poco material.
Teddy me dijo: “Rueda montando. Es como si tuviera el negativo en los ojos y lo positivara al rodar”.
Estaba atento a todos los detalles, tenía una mirada que lo abarcaba todo. Todo estaba planificadísimo pero siempre estaba abierto a lo inesperado. Veía una reverberación de la luz en el desierto y decía “Omar Shariff, al camello. Cámara, lista para rodar”. Siempre sabía exactamente lo que quería, el encuadre, la duración del plano. Ken Danvers, el fotógrafo del rodaje, estaba un día encima de una roca en el desierto, con la cámara colocada, y Lean le dijo, desde abajo: “Kenny, a little bit more to you’re left… a little more.. there!”. ¡Se dio cuenta de que el encuadre estaba mal desde abajo! Porque Ken Danvers era un fuera de serie, pero Lean era también un fotógrafo extraordinario. Director, montador, fotógrafo, productor… era grande en todos los campos.
Nunca se disfrazó de autor, cosa que le resultaba muy práctica. Los periodistas le preguntaban: “¿Cómo es que siendo usted inglés hace una película anticolonialista como Lawrence de Arabia?” y él contestaba “I am an entertainer”. Lo mismo que podía haber contestado Ford o cualquiera de sus maestros americanos.

Peter O'Toole


Era un hombre muy reservado, pero al correr del tiempo me fue contando muchas cosas de su vida. No era difícil entender aquella reserva, que le venía de la infancia: sus padres eran cuáqueros y había tenido que dirigirse a ellos en tercera persona, imagínate.
Un día su madre se retorcía de dolor de estómago. Lean tenía seis años. Le preguntó:
Does Mummy has a stomach ache?
David, ladies have no stomachs”, le contestó la madre.
En su infancia casi todo era pecado, e ir al cine lo que más, porque para los cuáqueros el demonio había inventado las películas para corromper a los incautos. Sus padres decidieron que el listo de la familia era Edward, su hermano pequeño. Al revés de lo que pasaba en Cataluña con el hereu, el primogénito, enviaron a Edward a Oxford, y David entró como aprendiz en la contaduría de su padre, donde se aburría a morir. Iba al cine cada tarde, a escondidas. Una noche, cuando tenía dieciséis años, llegó a casa y se encontró a su madre llorando. El padre, tan religioso, se había ido con otra mujer. A David se le vino el mundo encima, pero a los cuatro días vió el cielo abierto: envió a hacer puñetas la contaduría y se presentó en la Gaumont y les dijo que quería aprender el oficio. Comenzó como chico de los cafés (bueno, del té) y fue subiendo. Trabajaba mil horas pero era feliz. Mi mejor escuela, me dijo, fueron los noticiarios, primero los de la Gaumont y luego los de Movietone, porque había que montar a una velocidad endiablada para que llegaran a tiempo a las salas. A los veintipocos años ya era el mejor montador de toda Inglaterra.
Ha pasado a la historia como un director de superproducciones, pero fíjate que la mirada siempre es íntima, y él era el primero en decirlo. Lo hizo con Dickens en Cadenas rotas y Oliver Twist, lo hizo en Breve encuentro, lo hizo en El puente sobre el rio Kwai y en todo lo que vino luego. Hay mucho de cine mudo en sus películas, de la intensidad y la concreción del mudo. Acuérdate del comienzo de Breve encuentro, cuando la grúa se acerca a la estación: dos trenes a toda velocidad, silbando y echando humo, en direcciones opuestas. Ya te ha contado la película en un solo plano: vidas que se cruzan y se separan.
Mi plano preferido en El puente sobre el río Kwai es cuando Holden está huyendo por la selva y cree ver un pájaro, un pájaro que es una cometa, y comprendemos que acaba de llegar a un lugar habitado. Hay un momento en Lawrence en que O’Toole está en lo alto del tren, convertido es un dios absoluto, la reencarnación de Alejandro Magno, lo que quieras, y Lean hace entonces una panorámica hacia su sombra: a partir de entonces todo será decadencia. Le basta con esa sombra y ese movimiento.
Cine sonoro y cine mudo, gran espectáculo e intimismo: eso era Lean.

La escena entre O'Toole y José Ferrer

En el rodaje, claro, yo estaba deslumbrado por los grandes tinglados, aunque lo que más me impresionó fue una escena en interior, breve pero decisiva para la película, porque explicaba muy bien las inclinaciones homosexuales y masoquistas de Lawrence: el careo con el Bey, el jefe de la policía turca. Era un interrogatorio cargado de tensión erótica que, aunque cueste de creer, mucha gente no advirtió, cuando estaba más claro que el agua, y que acababa con el plano del Bey retirándose a su despacho mientras torturan a Lawrence, pero dejando la puerta entreabierta, insinuando que la cosa no terminaba allí. El papel del Bey lo interpretaba José Ferrer. Se contaba durante el rodaje que para que aceptase un papel tan breve, Spiegel le había pagado un dineral y le regaló luego un Porsche recién salido de fábrica. No sé si sería verdad, con lo rata que era Spiegel, pero valió la pena, porque la escena, que combina enfrentamiento y seducción, era una pequeña proeza: Ferrer dijo luego que era lo mejor que había hecho en cine. Fue un verdadero privilegio ver a aquellos dos actores que no competían entre sí sino que trabajaban juntos, mirada a mirada, para hacer crecer la tensión de la secuencia. Al acabar, los secundarios rompieron a aplaudir, y ninguno de ellos sabía inglés. Bueno, quizás Fernando Sancho era el único que sabía un poco.
En Sevilla comenzaron filmando en los interiores de los pabellones de la Exposición Universal, y luego salimos a la calle: John Box convirtió media ciudad  en las calles de El Cairo, de Jerusalén, de Damasco. En su equipo había más de setenta técnicos. El cuartel general era el hotel Alfonso XIII, donde también se rodaron algunas escenas. Allí se alojaban Lean y los protagonistas: Peter O’Toole, Omar Shariff, Anthony Quinn, José Ferrer, Alec Guiness, Jack Hawkins...
Al principio el papel de Lawrence tenía que hacerlo Albert Finney, pero a Spiegel no le convencía y propuso a Brando, pero Brando estaba comprometido con otro rodaje, y entonces Lean vio a Peter O’Toole y dijo “Es él, es Lawrence”. Spiegel decía que no lo conocía nadie, pero O’Toole hizo unas fantásticas pruebas de cámara y le contrataron.
Mi trabajo en Sevilla consistió en dirigir a los extras. Una de las escenas más complicadas era la llegada de Lawrence al cuartel del general inglés en Jerusalén. Ese día tuve que organizar el recibimiento, con ochocientos extras que, por supuesto, no tenían ni idea de quién era el tal Lawrence. Teddy me dijo: “Apáñatelas como sea, pero tienes que conseguir que parezcan tan entusiasmados como si acabara de tocarles la lotería”. No sabía qué podía yo decirles, hasta que en el último momento se me ocurrió una locura: les dije que en el coche iría una estrella invitada, y que esa estrella invitada era Antonio Ordóñez, pero que saldría vestido de moro. En Sevilla y en aquella época, mentar a Ordóñez era mentar a Dios. Bueno, pues se lo creyeron y se pusieron a vitorear como locos. Los empujones para acercarse al coche y los rostros de felicidad fueron inenarrables. Aún debe quedar gente en Sevilla convencida de que Antonio Ordóñez apareció en una secuencia de Lawrence de Arabia.

Desde Rusia con amor

Esta tontería me consagró como “conseguidor” entre los ingleses. Bueno, esa tontería y quiero creer que mi trabajo en las escenas “ferroviarias” de Lawrence, porque a los pocos meses me llamaron de Londres para encargarme de un trabajo similar en el rodaje del segundo Bond, Desde Rusia con amor. El director era Terence Young, para el que yo había trabajado antes de viajar a Los Ángeles en aquella película llamada La frontera del terror, con Van Johnson y Martine Carol. Pocos fans de Bond saben que algunos de los planos del Orient Express se rodaron en las afueras de Madrid y en los estudios de Sevilla Films. Pero antes de filmar esas escenas recibí un mensaje misterioso.
Era del ayudante de Terence Young y decía así:
Can you find rats in Spain?
Contestación mía, escueta:
Yes”.
Luego me preguntaron  que cuántas. Y yo, que en aquella época no me arredraba ante nada y menos si se trataba de trabajo, les dije que todas las que quisieran. Tampoco pregunté para que las querían ni porqué: lo importante en aquel momento era conseguirlas. Esas dos preguntas te las contesto yo ahora. Las querían para la escena en la que Bond y otros dos personajes escapan por unas alcantarillas en las que, obviamente, hay muchísimas ratas.
El porqué era muy inglés. Inglesísimo: no se podían utilizar ratas “británicas” en la película por no sé qué coño de ley de protección a los animales. Y fue entonces cuando a alguien se le ocurrió rodar también la escena de las alcantarillas en España. Y ese alguien, nunca acabó de quedarme claro quién, dijo la hermosa frase de “Get Vidal!”, que también suena a agente secreto.
El gran Vidal es vuestro hombre. El gran Vidal tiene soluciones para todo. En fin, eso me repetía yo para darme ánimos. Porque la verdad era que se acercaba la fecha y las ratas no aparecían por ningún lado. Había hablado con gente del Ayuntamiento de Madrid diciéndoles que el honor español estaba en juego, así que bajamos a las alcantarillas y pusimos trampas, pero nada: cuatro míseros roedores. Al parecer, la casa Ibis estaba haciendo muy bien su trabajo.
Me pasé luego por unos cuantos laboratorios. Pensé: “Compro ratas blancas y las teñimos”.
No sé si has intentado alguna vez teñir una rata blanca viva. Bueno, pues no lo intentes. No lo parece, pero las ratas blancas tienen una considerable mala leche. A uno de los miembros de mi equipo se le ocurrió la idea de cubrirlas de chocolate en polvo, que daría pardo en pantalla. Lo probamos y tampoco funcionaba: a los animalitos les gustaba horrores el chocolate y se lamían entre sí, con lo cual el camuflaje desaparecía a la media hora.
Comenzaba a desesperarme, pero lo disimulaba bastante bien. Un día estaba contándole mis cuitas a Gil Parrondo en Sevilla Films cuando se nos acercó un maquinista muy castizo, de los de boina ladeada.
“¿Usté quié ratas?”
“Hombre, pues sí”.
“¿Cuántas?”.
Tiré largo, para ver por dónde salía.
“Dos mil”.
Pensé que con dos mil quedaríamos bien. Millor no fer curt, como decimos en catalán.
“¿A cuanto las paga usté?”
“A duro la rata”.
Me dio la mano, que entonces era la manera de cerrar muchos tratos.
“Hecho”.
“Oiga”, le pregunté, “si no es indiscreción ¿de dónde piensa usted sacarlas?”
Resultó que en La Moraleja, no muy lejos de donde vivía Ava Gardner, había un gran basural. Ah, caramba: aquello no se nos había ocurrido.
“¿Y ahí hay ratas?”, pregunté, por verificar.
“¿Que si hay ratas?”, me contestó el castizo, “Mire usté si estarán organizadas que hasta tienen metro y banda de música”.
Fue a La Moraleja con una brigadilla y gracias a ellos quedó a salvo el honor español.
Alquilé luego un garaje, montamos un chiquero para guardar todo aquel cargamento, y la escena pudo rodarse. Con dificultades y con especialistas, desde luego, porque aprendimos que las ratas no atacan si te quedas quieto, pero se lanzan a los tobillos a la que das cuatro pasos.

Todo esto es divertido y por eso lo cuento, pero es secundario. Lo verdaderamente importante, lo que de verdad me llegó al alma, fue que David Lean volvió a llamarme para rodar Doctor Zhivago, y esta vez con cargo y con crédito: assistant director. Y fue en el rodaje de Zhivago cuando le conocí realmente y nos hicimos amigos de verdad.

(Continuará)

Hay 20 Comentarios

¡Gracias, Xabier!
Un fuerte abrazo!

Bueno, pues cuando alguién está reseñando la vida de una persona que tiene un montón de anécdotas interesantes sobre el cine, aparece el típico listillo que se cree que tiene más autoridad que nadie y se va por la tangente a hablar de lo que no viene al caso.
Sigo sin entender, ya que el aburrimiento no es una razón, porque hay gente que se mete en los blogs a leer algo que no le interesa y se pone a criticar algo que le da igual.
A ver si hacéis algo con vuestra vida que la enriquezca y dejáis de entrometeros.
Marcos, gran trabajo, aunque algunos no sepan apreciarlo. Para estas cosas ya sabes: paciencia.

Gracias, Luis. Cuento contigo. Aún faltan tres o cuatro entregas. Y la coda (o segunda parte): "Habla Alana Vidal". O sea, Perico visto por su hija. Un fuerte abrazo.

Gracias Marcos, está siendo un auténtico placer la lectura de la serie sobre Perico Vidal. Aquí tienes otro libro vendido cuando lo publiques. Un abrazo.

Hola, Aquiles. Gracias por tu comentario. Si buscas (a la derecha) en el apartado "Cine" verás todas las entregas de la serie. En el prólogo de la serie hablo de quién era y cómo conocí a Perico. Cuento contigo para el libro. abrazo.

¿De dónde salío este personaje Perico? ¡Está siendo mi mejor lectura del verano! Si hay libro, ya tienes uno vendido.

Gracias, Ripley. Me alegra muchísimo lo que me dices. Un abrazo bilbaíno.

Gracias, MO! No sé muy bien cómo describir el disfrute que me produce la serie Big Time, pero sí la intensidad: inmensa! Salivo cuando veo en las RSS una nueva entrega, aplazo su lectura, buscando el mejor momento y me olvido del mundo mientras leo. Parte del mérito es de Perico Vidal, pero quiero reivindicar el tuyo: cómo cuentas lo que él te contó, el ritmo, la vivacidad (no solo leo, veo lo que estás contando), son impresionantes. Mi admiración.

Gracias, Arbogast. Un fuerte abrazo!

No sé cómo darle las gracias por regalarnos estas historias que veo en mi mente conforme las voy leyendo, como si de una película se tratase. ¡Ha valido la pena la espera! Qué vidas y qué suerte haber tratado personalmente con Vidal. Y gracias también, Marcos, por haberme dado a conocer la voz de Julie London. Te deseo lo mejor

El NUEVO método para PERDER PESO. ¡¡Un éxito en USA!! http://sn.im/24o439v

Trivia: Reconoce a los actores por sus personajes y películas http://www.dwaroo.com/Play_Quiz.aspx?Gid=1875

"Lawrence de Arabia" es mediocre. Ni encaja el actor, ni le dejarona lean explicar el asunt real. Una de guerra más con muchos medios.
Las mejores de todos los tiempos
1 "la noche y la ciudad", Jules Dassin 1950
2 "Perro blanco", Sam Fuller 1982
3 "Le jour se leve", Marcel Carné, 1939
4 " Rififi", Jules dssin 1955
5 "Fresas salvajes", Ingmar Bergman 1957

Muchas gracias, Oscar. Un abrazo.

Esperaba como ansía una nueva entrega ¡excelente! Y enhorabuena por sus textos para "Babelia", de lo mejor del suplemento, sin duda.

¿Sabes porque el HÍGADO es tan importante para BAJAR DE PESO???? Mira esto: http://sn.im/24o439v

Una gran película.

Hola, DAM y José Luis. Gracias por vuestra atención. Siempre lamentaré no haber grabado muchas más horas de conversación con Perico, porque con todo lo que podía haber contado salían varios libros. Perico, como puede verse, era un torrente y pasaba de un tema a otro, y a veces había que insistirle mucho para que acabara de contar una historia que había comenzado dos horas (o dos semanas) antes. Elegía tal o cual anécdota, pero está claro, ya digo, que podía haber contado muchas más.
Luego estaban las cosas que salían de repente, cuando estábamos en un bar o por la calle (es decir, cuando yo no llevaba grabadora), y tenía que tomar cuatro notas e intentar fijarlas más tarde, no siempre con éxito.
Quedan tres episodios, por cierto, para cerrar esta "primera temporada" (que tendrá 13, como muchas series), pero los iré colgando en semanas alternas para poder tocar otros temas y no monopolizar el blog. O sea, para no hacerme pesado. Y espero ponerme pronto a preparar ya la "segunda temporada", centrada en la memoria de su hija, Alana Vidal, que ha salido muchísimo a su padre: también es una formidable narradora. Calculo que esa segunda temporada será más corta, pero lo sabré con seguridad cuando me ponga a transcribir y montar las conversaciones que grabamos en Madrid el pasado mes de junio, cuando vino de Nueva York unos días. Gracias, de nuevo, por vuestro seguimiento. Una de las ventajas de los blogs es poder ir dando materiales como estos.

Buenísimo, Marcos. Espero con ganas las historias de Dr. Zhivago. Hay una escena más que delirante de ese rodaje en la novela Braille Para Sordos, de José María Mijangos

Un placer volver a encontrarte , se te echaba de menos
Como siempre , vidas apasionantes pero que da algo de envidia no haber vivido algo parecido .

Ah , y la frase " hasta tienen metro y banda de música", es total en medio de ese batiburrillo de ingleses y norteamericanos.

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Bulevares Periféricos

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Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).

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