Pisando tablas (notas de diario) – capítulo Uno

Por: | 23 de mayo de 2013

Un momento intenso de EN EL JARDÍN - foto Dani Canto

Hará un par de semanas me subí a un escenario, e incluso permanecí en él un buen rato enhebrando palabras. Esta es la crónica (por entregas) del magno acontecimiento.


25 de febrero. Miqui Otero y Kiko Amat, escritores y hombres de bien, organizan por segundo año el festival Primera Persona en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (a partir de ahora, Elmuchascés). Como llevo una vida de encierro monástico, nunca he oído hablar de dicho certamen, pero hago como que sí. Me dicen que hay un gran cartel: Junot Díaz, Shalom Auslander, Donald Ray Pollock, y un largo etcétera. Sigo asintiendo con la cabeza como un pajarico, pero es una estupidez porque estoy leyendo un mail, y de momento los mails no tienen pantalla adjunta. Se trata, me dicen, de un festival de literatura y música. Me hablan del retorno de las Raincoats (claro, claro), de la presencia de Robert Forster (este sí: Go Betweens) y de otros muchos. Proponen una lectura de fragmentos de Una vuelta por el Rialto y Un jardín abandonado por los pájaros en un bloque, dicen, dedicado a “las Barcelonas que no existen”. Cosa de una media hora, pormenorizan. Se hará en el teatro del Muchascés (que tampoco conozco. Bueno, de nombre). Me dicen que es estupendo y modernísimo, con gran equipamiento y más de trescientas butacas. Digo que sí, que encantado. Y es verdad. Me siento como un escritor de Ohio a punto de leer en una universidad del Este.

16 de abril. Parece mentira, pero ha pasado casi un mes. Como Miqui y Kiko (a partir de ahora, Los Pollos Hermanos: empieza a haber confianza) son altamente creativos, la idea original está mutando a una velocidad alarmante. Proponen una cosa epifánica. O varias. El momento en el que me lancé a escribir, por ejemplo. Y algo de Barcelona: Barcelona está en el título, la Barcelona de los 60 de Jardín. Y de los 70, en Rialto. (Abreviar los títulos también es muy americano). Pero, me dicen, no será exactamente una lectura. Ellos: ¿Te hemos contado lo del Yo Joven?
Yo (viejo): No, no creo.¿Qué es lo del Yo Joven?
Me lo explican. Alcanzo a entender que será una especie de mano a mano con un actor que “hará de mí”. Se llama Joan Solé. Adjuntan foto: barba, pelo (¡ay!), gafas. Gafas falsas, me confesará  luego, con menos dioptrías que un escaparate. Y la voz, me dicen: tiene una voz de oro, hipnótica, reverberante, como la tuya. El halago está hábilmente colocado para paliar lo que viene a continuación.
Me las prometía muy felices, solo en la cumbre, pero parece que vamos a ser tres, como los Tres Tenores.
Me informan de que mis compañeros de escenario serán a) Oriol Llopis, “el kamikaze rock critic por antonomasia”. Vida turbulenta. Mucha droga, que le mantiene apartado del circuito de las revistas (musicales) durante largos años. Ha vuelto, a lo grande, con un libro de memorias, La magnitud del desastre. b) Dani el Rojo, alias El Millonario. Dilatada trayectoria (comienza a los 16 añitos) como atracador de bancos. Catorce años en el talego. Politoxicómano (entonces). Rehabilitadísimo, ha contado sus peripecias en tres libros (Mi vida en juego, Confesiones de un gángster de Barcelona y El gran golpe del gángster de Barcelona), escritas a cuatro manos (ellos dicen “a dos”, porque estudiaron Letras y se descuentan) con el periodista Lluc Oliveras. ¿Qué me parece el cartel?
Me parece a) que mi vida, a su lado, parecerá la de una ursulina, pero no voy a disfrazarme de bad boy a estas alturas y, b), que se van a llevar todos los aplausos. Pero no se lo digo, no todavía.

Kiko Amat y Miqui Otero en uno de sus raros momentos de duda metafísica - foto Helena Exquis

17 de abri
l. Diluvio de mails. De los cientotreintaysiete retengo dos cosas: que he de elegir un par de canciones “representativas” a modo de obertura y rabo del episodio (todavía más inconcreto que la sinopsis de una película de Albert Serra) y que, sorpresa, brochedoraré la velada. Insisto hasta la extenuación en que quiero ser telonerito, pero lo consideran una muestra de falsa modestia y no tragan. Empiezo a pensar que es un plan hábilmente tramado para hundirme. Conato de pánico paranoico. Elijo las dos canciones: Days, de los Kinks, para abrir. Y Everyday I Write the Book, de Costello, para cerrar.

19 de abril. ¿Solo han pasado dos días? Reunión en casa para "ligar el asunto", como dice, con mucho optimismo, Kiko Amat. Hemos quedado a las seis, pero Joan Solé, The Actor (falsas gafas, barba, voz de oro, pelazo insultante, etcétera) llega media hora antes, diciendo que le citaron a las cinco y media. Astuta idea de dirección: deduzco que lo que quieren es que nos conozcamos y hablemos del plan, sea cual fuere. Es decir, que lo vayamos montando nosotros. Como ni él ni yo tenemos nada remotamente parecido a un plan, le pongo el último disco de Nick Lowe, que escucha en un silencio reverente y le produce una gran impresión (sobre todo I read a lot).
A las seis (pasadas) aparecen los Pollos Hermanos con Ariadna Cebrián (fotógrafa/camarógrafa) y Jordi Garrigós, que acarrea larguísimos cables y, detalle, una botella de vino. El acarreo de cables es una muestra de humildad y espíritu de servicio, porque fundamentalmente se encarga de la promoción (y la web) del Festival.
Tras los abrazos de rigor sale a relucir mi actitud habitual ante cualquier proyecto: mejor lo dejamos, nada de esto tiene sentido. De entrada, les digo, no me convence lo de hablar con el fantasma de la Navidad Pasada: si mi Yo de entonces se encontrara con mi Yo actual es probable que no hiciera ni puto caso de mis sabios preceptos, que era yo muy acémila. Sigue luego una larga lista de objecciones y enmiendas parciales o totalitarias, culminadas por el ya señalado miedo a la Tríada: que junto al MegaRocker y el MegaGangster, Joan y yo parezcamos dos hermanitas chejovianas (o segovianas).
"Parece que tenemos un caso claro de Cliente Difícil", dice Kiko.
Miqui, por su parte, escucha mis desalentadoras palabras con sonrisa británica y archicomprensiva, secretamente convencido de que todo se encarrilará en el último minuto. Y como en las comedias inglesas (“¿Alguien se apunta a un tenis?”), propone bajar al jardín y grabar algo, porque el espacio es ciertamente muy chejoviano (o segoviano). Lástima que hoy es el día que un vecino ha elegido para trocear un arbol muy grande con una motosierra modelo segunda versión de La matanza de Texas (donde había presupuesto para motosierras). Ariadna dice que no es problema en absoluto, que eliminarán el rugido dentado con un sistema que me explica y no comprendo (luego resulta que es verdad, que se puede, como comprobarán ustedes si consigo colgar el vídeo).

(Parece que lo conseguí, gracias a la sabiduría informática de Miguel Angel "Sargeant Brody" Medina. ¡Gracias! Continúa la acción)

Como puede verse y oirse, Joan y yo leemos unos pasajes de Un jardín abandonado por los pájaros (pero no por las motosierras) y Kiko, que carga con el micro por pura bondad, nos roba el protagonismo al pegarse un testarazo en la frente con una rama baja, lo que genera una imitación pasmosa de Marianico el Corto perdido en un rodaje, talmente la respuesta santboiana a Peter Sellers en El guateque.
Sirvo Chinchón seco y buñuelos en plan merienda. Los Pollos Hermanos sorben el anís como si fuera el mejunje mortífero que bebían los protagonistas de The Master. El resto de invitados dan muestras de circunspección y sostienen los (reiterados) vasitos alzando el meñique, pero a los diez minutos una alegría insensata y colectiva se expande por la sala. En ese instante germina (aunque todavía no lo sé) una idea brillante, genial (buenísima, incluso), que comentaré en el segundo capítulo. Todos afirman que saldrá una función extraordinaria. Abrazos, risas. ¡Qué hermoso es el mundo de la farándula!
Espoleado por el Chinchón, recuerdo (y no comento) mi anterior prestación interpretativa, facción cinematográfica: en una película (cuyo nombre no diré) encarnaba, por insondable capricho del director, a un banquero con hijo discapacitado. Acepté el enjundioso rol (una secuencia) como un reto, porque además tenía que hacerlo en catalán. Como hay un Dios en el cielo, la secuencia se quedó en la sala de montaje. Salgo de mi ensueño y pongo una filmación de Raphael desgranando su estupefacciente versión de El Indio, de Bécaud, para que vean lo que es un actor orgánico en plenitud de poderes. Como despedida e himno de guerra se canta a coro In the city, de los Jam. Unos y otros repiten que vamos hacia la gloria. Cuando se disipan los efectos del alcohol le digo a mi mujer que vamos hacia la catástrofe: una catástrofe de fauces ávidas, y dientes tan afilados como los de la motosierra que, al fin, ha decidido enmudecer.

(Continuará. Esto es solo el principio).

 

Hay 6 Comentarios

¡Gracias, RB!

jajaja. las tablas siempre estuvieron llenas de astillas. bienvenido!

Es un placer tener lectores como tú, Elisa. ¡Feliz día!

Gracias a usted, que quería dárselas hace rato porque son muchos los momentos de buenísimas lecturas que me proporcionan sus palabras... y desde luego, gracias por esto que acaba de hacer, cosa poco común.

¡Gracias, Elisa!

¡Me quito el sombrero y aplaudo!
Gracias por tanto bueno.

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Sobre el blog

Teatro, Literatura, Cine, Música, Series: arte en general. Lo que alimenta, lo que vuelve. Crónicas, investigaciones, deslumbramientos. Y entrevistas (más conversaciones que entrevistas). Y chispazos, memoria, dietario, frases escuchadas al azar (o no). Y lo que vaya saliendo.

Sobre el autor

Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).

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