Peter O'Toole en escena

Por: | 16 de diciembre de 2013

Haciendo HAMLET en 1963 - foto de Angus McBeanPeter O’Toole le dijo a Gay Talese, en un perfil legendario, todo lo que tenía que decir sobre su relación con el cine y el teatro. Sobre el cine: “Cielo santo, en una escena de Lawrence de Arabia vi un primer plano de mi cara de cuando yo tenía 27 años, y luego, a los 8 segundos, había otro primer plano mío de cuando ya tenía 29. ¡Ocho condenados segundos y ya se habían ido dos años de mi vida!”. Sobre el teatro: “El teatro es el arte del instante. Es ideal para mí, porque estoy enamorado de lo efímero y odio lo permanente. Hacer teatro es como construir un muñeco de nieve: te quema las manos y luego se deshace”.
Hizo muchísimas películas porque el cine, que tanto odiaba, le dio un montón de dinero. Pero también hizo muchísimo teatro, sobre todo en sus primeros años. Había vendido aspiradoras, había tocado la batería en un grupo de jazz, había sido periodista y fotógrafo en el Yorkshire Evening Post . No sabía lo que quería hacer hasta que un día, tras cumplir su servicio militar en la Armada, se gastó el último billete que le quedaba en una entrada para ver a Michael Redgrave interpretando El rey Lear en Stratford, y aquella noche cambió su vida: hizo autostop hasta Londres y se presentó a una audiencia en la RADA (Royal Academy of Dramatic Arts), la mejor escuela del Reino Unido, y consiguió una beca como alumno. Alan Bates y Albert Finney estaban en la misma clase.

En 1955 consiguió su primer trabajo en el Old Vic: un papel de siete líneas en The Matchmaker. Al año siguiente actuaba en ocho funciones, con roles de importancia creciente. Al otro, en el Bristol Old Vic, fue Alfred Doolittle en Pygmalion, Lisandro en El sueño de una noche de verano, Jimmy Porter en Mirando hacia atrás con ira, el General en Romanoff y Julieta y trabajó en otras cuatro piezas, hoy olvidadas.

Como Petruccio, con Peggy Ashcroft como Kate en LA DOMA DE LA BRAVIA

En 1960 entró en la Shakespeare Memorial Company, en Stratford. Ya era una estrella: Shylock en El mercader de Venecia y Petrucchio en La doma de la bravía, con Peggy Ashcroft como Kate. Los críticos le tendieron la alfombra roja y el cine llamó a su puerta. David Lean le vio en un pequeño papel y le ofreció el superprotagonista de Lawrence de Arabia, que le convirtió en un gigante, aunque el malicioso Noel Coward señaló que si O’Toole hubiera amanerado sólo un poco más su personaje la película se habría tenido que llamar Florence of Arabia.

El larguísimo rodaje le dejó agotado y su retorno al teatro (con Baal, de Brecht, en el Phoenix) se saldó con uno de los grandes fracasos de su carrera. Pero se repuso rápido: en octubre del 63 inauguraba el National Theatre (en el Old Vic) con Hamlet a las órdenes de Olivier. En Plays and Players, el crítico Peter Roberts escribió: “No es el típico esteta ni el neurótico balbuceante: en manos de O’Toole, el príncipe es un hombre cuya nobleza y complejidad alcanzan estatura trágica”.
El resto de su carrera teatral ya es una mezcla de historia y leyenda. Volvió a Dublín a lo grande con Juno and the Paycock y Man and Superman (Gaiety, 1966) y luego fue Vladimir en Esperando a Godot (Abbey, 1969). Volvió al Bristol Old Vic de sus comienzos para ser Tio Vania en 1973. En Washington y Chicago triunfó con un rol a su medida, el desmesurado Gary Essentine de Present Laughter, de Coward, en 1978. Su Macbeth en el Old Vic (1980) tuvo, bromeó, “la peor prensa desde Pearl Harbor”, pero fue un taquillazo histórico. Con su profesor Higgins de Pygmalion recuperó el favor de la crítica en el West End (1984) y en Broadway (1987). Y en sus últimos años en escena bordó Jeffrey Bernard is unwell, un personaje que Keith Waterhouse parecía haber creado para él: el alcohólico y sulfúrico periodista de The Spectator. El título de la función aludía a la frase que sus jefes colocaban, en lo alto de un espacio en blanco, cada vez que sus borracheras (o resacas) le impedían entregar a tiempo su columna, Low Life. La comedia transcurría en un único espacio, el pub favorito de Bernard (el Coach and Horses, del Soho), donde una noche se quedó encerrado, y desde el que, en el texto de Waterhouse, evocaba las historias más descabaladas de su tumultuosa vida.

En camerinosO’Toole bordó su trabajo y Jeffrey Bernard is unwell agotó entradas cada vez que se puso en cartel: tras su estreno en 1989, en el Apollo pasó al Shaftesbury (1991) y al Old Vic, en 1999. Era tan difícil conseguir una localidad para cada reposición que el London Evening Standard publicó una “Bluffer’s Guide” (o “Guía del mentiroso”) con los mejores momentos  de la obra “para que todos aquellos que pretenden haberla visto no queden mal en sociedad”.

Quienes deseen hacer lo propio acerca de la intensa y dilatada relación de Peter O’Toole con el alcohol pueden acudir a Hellraisers: The Life and Inebriated Times of Richard Burton, Richard Harris, Peter O’Toole and Oliver Reed, de Robert Sellers, celebrado por The Guardian como un libro esencial al respecto. Allí se cuenta, entre muchísimas, la gran historia de O’Toole y Peter Finch en Irlanda, sacando la chequera para comprar el pub que se negaba a servirles porque era hora de cerrar. Se hicieron amiguísimos del dueño, y cuando murió estuvieron llorando un buen rato mientras le enterraban, hasta que se dieron cuenta de que habían ido al funeral equivocado. Para cerrar, dos memorables frases de O’Toole acerca del mundo de la cogorza. La primera es una declaración de principios: “Me encanta beber y despertarme por la mañana y descubrir que estuve en Méjico”. La segunda es un sabio consejo que le dio a Michael Caine: “Nunca preguntes lo que hiciste mientras estabas borracho: es mejor no saberlo”.

Bonus Track: la filmación en el Old Vic de Jeffrey Bernard is unwell

 

Hay 3 Comentarios

Bueno, pues sí, era mal actor, pero era como de la familia o como un amigo de la infancia. Me ha dado mucha pena. Descanse en paz.

Actor y genial,su papel de sicopata asesino en uniforme de General,es reflejo real de todo el nazismo,demonios disfrasados de gente,todavia siento escalofrios,en la mirada maldita y feroz,que supo interpetrar,solo Peter O Toole podia hacerlo Q:E:P D:

A mí me gustó desde niño. Inmediato efecto de fascinación.

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Sobre el blog

Teatro, Literatura, Cine, Música, Series: arte en general. Lo que alimenta, lo que vuelve. Crónicas, investigaciones, deslumbramientos. Y entrevistas (más conversaciones que entrevistas). Y chispazos, memoria, dietario, frases escuchadas al azar (o no). Y lo que vaya saliendo.

Sobre el autor

Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).