Notas sobre Auden y “El arte de leer” (I)

Por: | 01 de enero de 2014


Portada de EL ARTE DE LEERHe devorado El arte de leer (Lumen), una suculenta antología de ensayos de W.H. Auden, que comentaré en dos entregas. Hasta donde se me alcanza, me parecen muy bien traducidos por Juan Antonio Montiel y (de eso sí puedo dar completa fe) editados “a la antigua” por Andreu Jaume, es decir, con verdadero trabajo de editor, con un utilísimo aparato de notas que no solo informan y van al grano sino que también abren un abanico de relaciones lejos del academicismo al uso.
No es difícil estar de acuerdo con lo que dice Jaume sobre Auden en el prólogo, donde destaca, a la hora de retratarle como ensayista y crítico, “su poderosa tendencia a la máxima y el aforismo –no en vano era un buen lector de Pascal y de Nietzsche–, dueño de un demoledor sentido común, de una inexorable independencia de criterio, y de una fértil y contagiosa libertad interpretativa que convierte sus asaltos en puntos de vista únicos e irrepetibles”.
Auden debió de ser un profesor excepcional. Con tendencia al dogmatismo y a la salida de tono, pero siempre poniendo en cuestión, en materia literaria, todo lo que no hubiera observado personalmente. Y siempre apasionado, aunque procuraba ocultar cualquier forma de pasión. O sea, inglés hasta las cachas, pese a nacionalizarse estadounidense.
Vivió en una contradicción dolorosa y permanente: era homosexual y cristiano devoto. De comunión anglicana, concretamente, y muy ortodoxo, había abandonado la fe a los 13 años, y la abrazó de nuevo (el verbo me parece el más adecuado) en 1940. Se tomaba muy en serio su religión, aunque es muy gracioso lo que dice sobre el anglicanismo: “Espero que nadie se sienta insultado si digo que es el cristianismo de los caballeros, y que, al fin y al cabo, todos sabemos qué distancia tan corta separa a un auténtico caballero de un refinado esnob”. En los años cincuenta se sintió muy atraído, como no podía ser menos, por los rituales del catolicismo romano: “Mis dudas pueden achacarse al enorme goce estético que tales festividades me proporcionan y a la nostalgia que tengo de ellas cuando me hallo en países donde no se celebran”. Sus convicciones cristianas le provocaron grandes crisis, y trató de apostatar de sus preferencias sexuales por medio del psicoanálisis, sin conseguirlo, adoptando a cambio, como veremos en la segunda entrega, una actitud que oscila, a mi juicio, entre el reaccionarismo y el disparate.
Con Inglaterra le sucedía lo mismo que con la religión, porque las instituciones que veneraba, con la monarquía a la cabeza, condenaban radicalmente su opción sexual.
Auden y Christopher Isherwood, su mentor y amigo, con el que escribió varias piezas de poesía dramática, habían vivido juntos en Berlín, y compartieron luego casa en Londres, pero su relación trascendió, poniendo en jaque sus vidas y carreras: la amenaza de cárcel era un hecho cierto (y lo fue hasta bien entrada la década de los sesenta, cuando al fin se promulgó la ley que dejaba de penalizar la homosexualidad), y el mundo académico y cultural se les volvió irrespirable.

Erika Mann y Auden en 1935 - foto de Alec Bangham (National Portrait Gallery-Londres)En Berlín, Auden se casó con Erika Mann, la hija de Thomas Mann. Fue un matrimonio de conveniencia (o lavender marriage) para conseguirle un pasaporte británico que le permitiera huir de los nazis, dato que dice mucho acerca de su generosidad. Erika Mann era un personaje fascinante: andrógina, lesbiana, antifascista, actriz y luego periodista, fue una de las contadas reporteras que cubrió los juicios de Nuremberg.
En 1939, Auden e Isherwood decidieron emigrar a Estados Unidos porque estaban convencidos de poder encontrar allí una mayor libertad de costumbres y porque las revistas literarias y las giras de conferencias les permitían vivir mucho más holgadamente que en Inglaterra. No fue una decisión fácil: marcharse cuando crecían en Europa los vientos de guerra le valió a Auden reiteradas acusaciones de escapista y cobarde. Entre 1940-41 vivió en una casa de Brooklyn Heights (en el 7 de Middagh Street), compartida con Carson McCullers y Benjamin Britten, entre otros artistas, formando una “comunidad creativa” que se llamó “February House”.
Aunque no dejó de escribir hasta poco antes de su muerte, en 1973 (Epistle to a Godson es de 1972, y el inacabado Thank You, Fog, que se publicó póstumamente, en 1974), lo mejor de su obra poética aparece en la década de los cuarenta: entre otros libros, Another Time (1940), The Double Man (1941), For the Time Being (1944) y su primera antología, Collected Poetry (1945).
En California, donde Isherwood había decidido instalarse, Auden conoció a Chester Kallman, un poeta de 18 años con el que quiso cumplir su sueño secreto de formar un “matrimonio entre iguales”. Sus relaciones sexuales duraron poco tiempo, aunque vivieron juntos hasta la muerte del primero.
Cuando estalló la guerra, Auden quiso alistarse, pero en la embajada británica le dijeron que preferían contar con "personal cualificado". En 1942 fue llamado a filas por el ejército americano y rechazado por homosexual, lo que le ocasionó una seria depresión. En 1946 solicitó y obtuvo la nacionalidad norteamericana.

Volvió a Londres en 1951, en la primera de una serie de visitas que culminaría con el ofrecimiento de un lectorado de poesía en Oxford, que desempeñó entre 1956 y 1961, y en ese tiempo vivió entre Manhattan, Oxford e Ischia, donde había alquilado una casa de veraneo.
No fue un retorno feliz. La prensa sensacionalista londinense, con el Daily Express a la cabeza, lanzó más o menos veladamente la acusación de que Auden podía estar relacionado con Guy Burgess, uno de los miembros de los que luego serían conocidos como los "cinco de Cambridge", el círculo de espías británicos que vendieron secretos de Estado a Rusia: los otros cuatro eran Anthony Blunt, Donald MacLean, Kim Philby y John Cairncross. Auden se encontraba en la casa de su viejo amigo, el poeta Stephen Spender, cuando Burgess, oficial del MI6 y homosexual, al que conocía de sus días universitarios, trató de ponerse en contacto con él. Auden no respondió a la llamada.
El hecho no hubiera trascendido de no ser porque unos días más tarde, Burgess y Donald MacLean huyeron a Rusia. La prensa afirmó entonces que Auden "se escondió en el norte de Italia para no ser interrogado". No podía estar más visible: en la Scala de Milán, en el estreno de The Rake's Progress, de Stravisnsky, cuyo libreto había escrito junto con Chester Kallman.

Auden y Chester Kallman, en 1969El MI5 tampoco parecía tener sus archivos muy al día, porque mencionaron las "simpatías izquierdistas de Auden", cuando era público y notorio que se había desencantado muy rápidamente de su marxismo juvenil: dos semanas en España durante la Guerra Civil fueron un instantáneo tratamiento de choque. La Inteligencia Británica acabó concluyendo que estaba limpio de toda sospecha, pero el incidente le dejó un amargo sabor de boca, como relata Edward Mendelson en Clouseau Investigates Auden (buen titular), un artículo publicado en la web de la BBC en febrero de 2007.
Para cerrar esta introducción biográfica que quizás se esté extendiendo demasiado, un dato irónico: según contó Katherine Buckwell en In praise of a guilty genius, el artículo de homenaje que publicó en The Guardian en 2007, año del centenario de su nacimiento, el libro más vendido de Auden no es ninguno de los citados anteriormente sino Tell Me the Truth About Love, una brevísima recopilación (diez poemas, empezando por el que le da título: lo que los ingleses llaman a pamphlet edition) que se publicó en 1994, cuando muchos redescubrieron a Auden por el poema Stop all the clocks (también llamado Funeral Blues) que John Hannah leía ante el féretro de Simon Callow en la película Cuatro bodas y un funeral. El librito en cuestión, editado por Faber, tenía en la portada el rostro de Hugh Grant, protagonista de la cinta, y, según Wikipedia, vendió más de 275.000 ejemplares.

La semana que viene seguimos.

Bonus Track: W.H. Auden lee Stop all the clocks
(debajo, la traducción de Eduardo Iriarte, de Canción de cuna y otros poemas (Lumen)

 

Detén todos los relojes, desconecta el teléfono,
evita que el perro ladre con un jugoso hueso,
acalla los pianos y con redoble amortiguado
que vengan los dolientes, haz salir el ataúd.
Que los aviones den vueltas allá arriba
garabateando en el cielo el mensaje: "Ha muerto".
Pon crespones en los blancos cuellos de las palomas públicas,
que los guardias de tráfico lleven guantes negros de algodón.
Era mi norte, mi sur, mi este y oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi mediodía, mi medianoche, mi canción, mi charla;
creía que el amor duraría por siempre: era una equivocación.
Ahora las estrellas no son bienvenidas: apágalas todas;
recoge la luna y desmantela el sol;
desagua el océano y barre el bosque;
pues ahora ya nada tiene solución.

 

Hay 6 Comentarios

Leí en algún sitio una frase de Orwell sobre Auden . " Auden es la clase de persona que siempre está en otro lado cuando se aprieta el gatillo. " Seguramente , a tenor de lo leído en su artículo , una acusación injusta.
No deja de ser cuanto menos curioso, que Beckett siempre respondiera con el silencio cuando le preguntaban su opinión sobre Auden y su obra.

No se me ocurre un lugar mejor que la Scala de Milán para evitar un interrogatorio, allí todo parece un poco menos sospechoso de insurrección porque el público está compuesto, en su mayoría, de gente de toda la vida. Podrán ser delincuentes pero nadie destacaría el izquierdismo antisistema de esos melónanos.

¡Qué pena! Vimos un Candide maravilloso y un par de cosas más expléndidas. Está Londres que se sale. (Sin menospreciar lo que se hace por aquí)

Don Marcos,

Repase usted sus clásicos:

Amarrado (no "aferrado") al duro banco
de una galera turquesca (no "turquesa")...

Romance morisco de don Luis de Góngora...

Muy interesante su artículo, y muy interesante el libro de Auden, que en efecto se lee con interés de principio a fin.

Ya bien quisiera, pero aquí estoy, aferrado al duro banco de la galera turquesa.

Buenas noches!
Una pregunta Marcos Ordóñez ¿has estado en Londres en Navidad? Me pareció verte en la Menier

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Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez. Escritor, periodista, profesor. Cada sábado escribe en Babelia la sección PURO TEATRO y, cada jueves, en Cultura, EL HOMBRE QUE FUE JUEVES. Intento escribir sobre lo que me da vida. Ultimos libros publicados: Turismo interior (Lumen, 2010), Telón de fondo (El Aleph, 2011), Un jardín abandonado por los pájaros (El Aleph,2013).

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