José Ignacio Torreblanca

El heroísmo de la razón

Por: | 25 de noviembre de 2011

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Primero vino Erasmus, en el siglo XVI, y nos habló de las limitaciones morales del concepto de nación. Luego le siguió William Penn, que en el siglo XVII habló por primera vez de la creación de instituciones comunes entre las naciones europeas. Posteriormente, Immanuel Kant, en el siglo XVIII, entendió que la autoridad de esas instituciones comunes sólo podía descansar en leyes comunes. A continuación, en el siglo XIX, Víctor Hugo puso de manifiesto que esas leyes comunes sólo serían legítimas en tanto en cuanto contaran con el apoyo de la ciudadanía. Finalmente, en el siglo XX, Jean Monnet y Robert Schuman vislumbraron que la fundación de esa unión tendría que ser económica y comenzar de abajo a arriba. ¿Y en el siglo XXI? No lo sabemos, la verdad.

La Unión Europea es un producto de la razón, y por eso debe ser defendida con pasión. De ahí, la apelación al heroísmo de la razón, un magnifico concepto que puso en circulación Husserl en 1935 en su dramática conferencia pronunciada en Viena bajo el título"la filosofía y la crisis del hombre europeo": “La crisis existencial de Europa solo puede acabar de dos maneras: con el final de Europa, sumergiéndose en el odio del espíritu (…), o con su renacimiento (…), mediante el heroísmo de la razón”.  

 “El heroísmo de la razón”, díganlo varias veces en alto y pausada para poder paladearlo adecuadamente porque lo que estamos viendo desde hace meses es precisamente cómo ese bello concepto del “heroísmo de la razón” sucumbe ante la “estrechez de los intereses”. Véase si no esa reunión de ayer por la tarde entre Merkel, Sarkozy y Monti, que se zanjó con un aldabonazo de Alemania a los eurobonos.

Todas estas referencias a la historia de la idea de Europa son las que le permitieron al Presidente saliente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, armar uno de sus últimos y, por tanto, más profundos y sentidos discursos, el día 2 de junio de este allo en la ciudad de Aquisgrán, en la ceremonia de recogida del premio Carlomagno. La cita de Husserl es dramática, sí, pero por eso es relevante: cuando un banquero central, que en el imaginario colectivo representa la quintaesencia del tecnócrata desapasionado, se remonta al año 1935 para, en su último discurso de importancia, permitirse el lujo de señalar el camino adelante, merece la pena escucharle.

La visión que Trichet esboza en ese discurso es diáfana: estamos ante el salto más grande que la integración europea ha dado, un salto gigante que llevará a completar la unión económica, que ya tiene un mercado único, una moneda única y un único banco central, con una autoridad única. Algunos lo llaman “unión fiscal”, como el más reciente paper del think-tank Bruegel, en el que se diseñan con todo lujo de detalles los mecanismos mediante los que se articularía esa unión. (What kind of fiscal Union?). El trabajo de Bruegel desarrolla las fértiles ideas dejadas por Trichet en lo que en la práctica sería su despedida política: la Unión del futuro tendrá también un único ministro de hacienda, una autoridad que sea capaz de supervisar los presupuestos y las políticas presupuestarias de los estados miembros. Sí, se pondría fin a la independencia fiscal de los Estados, pero como señalaba Trichet, ¿qué sentido tiene hablar de independencia, cuando ésta es falsa: los 331 millones de ciudadanos que se cobijan bajo el paraguas de la eurozona no son independientes, son interdependientes. Como demuestra esta crisis, las acciones de unos, les afectan a otros, así que no tienen más remedio que diseñar unas instituciones que les permitan vivir en juntos en equilibrio. 

 No deja de ser una paradoja que, después de años hablando del déficit democrático de las instituciones europeas, va y resulta que una autoridad no-electa situada en la institución más antipática de Europa (el BCE) resulta tener una visión más profunda que los líderes electos con los que tiene que lidiar en el día a día. Hoy también el heroísmo sigue estándo en la capacidad de razonar, sólo la razón nos sacará de la crisis.

 

 

Hay 3 Comentarios

¿Se puede estar peor? Sí, se puede. La pregunta es, entonces ¿ Cómo hago para estar mejor? Eso, precisamente, es lo que están ignorando flagrantemente nuestros representantes votados... se paran en síntomas locales, en vez de afrontar el todo por el todo, de forma global. La UE, es cierto, nació desde arriba. Pero la intención, después de la 2ºWW, era genuina, resolver las diferencias nacionales de una Europa dividida. La gran pregunta es si ese sueño, que los que más sólo hemos atisbado haciendo turismo con el euro, (y los que menos, en alguna beca o master Erasmus); es el de la numerosa clase media europea, que mira con preocupación la crisis económica. Nos llaman europeos desde fuera, pero dentro sólo vemos franceses, alemanes, españoles, italianos... aunque hay excepciones como Polonia que hace gala de su convicción europea (es la que le ha permitido crecer economicamente). Muy pronto tendremos que elegir, si la UE fagocita al Estado Nación, o el Estado Nación desintegra a la UE.... Y esto se nos había avisado... para lo bueno, y para lo malo. Cogito, ergo sum. Habrá que razonarlo bien, y actuar decididamente.

¡Estoy harta de milongas crediticias relatadas sin ningún pudor por tipos trajeados, de cuentos de miedo de desuniones europeas y demases, de funcionarios de alto standing hablando paja y amarrados a sus sueldazos! Si ELLOS han causado esta debacle, que ELLOS las paguen. Y si el EURO se va al traste, que se vaya, de lo que se trata es de CALIDAD DE VIDA y no de experimentos financieros en la Europa Sur llevándose nuestros dineros a base de truculencia político-financiera.

Heroísmo de la razón es un buen titular para una realidad llena de sin razón. Lo curioso de este guirigay de churros y merinas es que la oferta de soluciones no se corresponde con la demanda de soluciones. Es decir, el mercado, de momento, no tiene solución, ya que los mercaderes del dinero practican la piratería encubierta (el incontrolado bandidaje financiero).

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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