José Ignacio Torreblanca

Palabros que cuentan: "condicionalidad"

Por: | 23 de noviembre de 2011

Tahrir.aspxLas protestas en Egipto y las dudas sobre el rumbo que está tomando el país ponen sobre el tapete la discusión sobre la llamada "condicionalidad". En las relaciones internacionales proliferan términos que los expertos manejan con gran soltura pero que fuera del ámbito estrictamente profesional son poco entendidos o generan confusión. Muchos de ellos, como el elegido hoy (“condicionalidad”), encierran o resumen grandes debates sobre cuestiones centrales de la política internacional. Pero como son confusos y extraños para el común de los mortales, es bueno tomarse algo de distancia con ellos y examinarlos con sentido crítico. Un primer paso es rebajar su solemnidad y relegarlos a la categoría de “palabros”. Por eso, Café Steiner ha decidido abrir una serie llamada “palabros que cuentan” donde se de cuenta de estos términos.

El primero es “condicionalidad”. El término en cuestión proviene del lenguaje económico, y se ha empleado profusamente en la cooperación al desarrollo; y muy especialmente en el campo de la asistencia a las reformas de los países en vías de desarrollo por parte de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Tradicionalmente, muchos países y organismos multilaterales han “condicionado” su ayuda o asistencia técnica a los países a la adopción por parte de estos de reformas económicas. Sin embargo, como se ha experimentado en numerosas ocasiones, las reformas que son impuestas desde fuera sin recabar ni gozar de apoyo en el país donde son adoptadas son generalmente ineficaces o no sostenibles.

Algo parecido ha ocurrido en el campo político. Imponer la democracia desde fuera por la fuerza no es, en general, una buena idea (aunque en el caso de Alemania, Japón e Italia después de la segunda guerra mundial salió excepcionalmente bien, de hecho, tan excepcionalmente bien que dicho éxito no se ha vuelto a repetir). Pero tampoco parece que la “promoción” de la democracia (de forma pacífica) desde fuera haya sido muy exitosa. En realidad, la condicionalidad política no ha funcionado muy bien, y menos cuando se ha practicado de forma agresiva, vía sanciones económicas. De hecho, lo que ha funcionado mejor ha sido el ejemplo democrático, pero esto no es muy buen consuelo (véase lo que han tardado los militares birmanos en darse por aludidos por el ejemplo democrático).

El Norte de África es un caso interesante, pues los europeos renunciamos durante años a cualquier tipo de condicionalidad política: como recordarán, los Mubarak, Gadafi y Ben Alí de turno no sólo no fueron presionados, sino halagados, cortejados y encomiados desde fuera incluso cuando estaban a punto de pasar el poder a sus hijos. Ahora que las cosas han cambiado completamente y los países han echado a sus dictadores e iniciado un camino de apertura democrática y reformas, las viejas preguntas sobre la condicionalidad vuelven a estar encima de la mesa. ¿Debe la Unión Europea sancionar a los militares egipcios por su comportamiento y presionarles para que cedan definitivamente el poder a los civiles? ¿Y a los Hermanos Musulmanes egipcios o los islamistas tunecinos de En Nahda en caso de llegar al poder y adoptar medidas que supongan un retroceso en las libertades civiles? ¿Debe Europa vigilar atentamente las reformas en el Norte de África  y utilizar el comercio, la ayuda y las inversiones de forma estratégica para premiar o sancionar a los países según el ritmo de sus reformas? ¿O debe simplemente sentarse a esperar, ser paciente y flexible y responder a las demandas de los líderes de la región, independientemente de sus preferencias por unos o por otros?  

Para unos, ha llegado el momento de modular las políticas europeas y ajustarlas a la evolución de los acontecimientos sobre el terreno. Para otros, se trata de un comportamiento típicamente poscolonial y, además de ilegítimo, inútil, porque las sanciones y presiones no son efectivas. Hay quienes sostienen que la condicionalidad es una buena idea sobre el papel, pero de imposible aplicación en la práctica. Y apuntan una contradicción: ¿no llegamos nunca a sancionar a Mubarak y vamos ahora a sancionar a los militares egipcios? El debate está planteado, que no resuelto: se trata de un debate complejo, que seguirá discurriendo por las páginas de este blog, especialmente a medida que los cambios en la región del Norte de África se tiñan de gris y nos plantean desafíos de difícil cumplimiento. Condicionalidad: ¿depende de las condiciones? 

 

Hay 7 Comentarios

He leído sobre Egipto, en diferentes libros, Egiptología, Historia, (Max Rodenbeck), Las Vírgenes del Paraíso, de Barbara Wood, (Buena muestra de la libertad, que gozamos aquí, sobretodo las mujeres, deberían entenderlo y aprovecharlo), la trilogía de Naguib Magfuz, El Palacio del deseo, La azucarera, me falta Entre dos Palacios, creo que se llama. En La Azucarera, se lee una frase, que le dice un tendero, creo que al hermano mayor, muy justa: "Los Derechos, si fueran suyos, se los hubieran dado. Los Derechos, no se piden, se arrancan". ¿Qué quiero decir? Muy sencillo:
Desde los tiempos faraonicos, se ha manipulado bastante al vulgo. ¿Cómo que Rey-Dios? Y toda esa suntuosidad (o parafernalia). Había que mantenerlos en el redil. Depués vinieron las diferentes invasiones, de la Edad Media,(entonces, se llamaba así). Los turcos, los musulmanes. De hecho, el término Bey, (señor "Tal, o Cual"), viene del período otomano. Creo que designaba a un noble. En la época de Napoleón, y posteriormente, los ingleses, (o ingliz), como les llamaban, burlones, los egipcios, muy dados a esto, por cierto, ¿qué les quedaba?), pasó a llamarse colonización. Lo bueno es que Napoleón, llevó allí, una corte de estudiosos de todo tipo, y comenzó así, la egiptología. Los ingleses, consiguieron que se marcharan de allí, los franceses, con mucho tacto, eso sí. Y durante todo el siglo XX, aunque tuvieran al Rey Faruk,(por lo que he leído, un auténtico derrochador), su hijo, diferentes presidentes, no se libraron de lo que los "ingliz" llamaron "deber para con la colonia". De ahí, el Canal de Suez, de Ferdinand de Lesseps, que yo no digo que haya sido beneficioso, (según períodos). Por último, Mubarack, llevaba enquistado sobre 30, largos años. Los egicios, se cogían con ironía, sorna y desaliento, su situación. Hasta hacer poco, como vemos, (por suerte), en los medios de comnicación. El pueblo egipcio, ha dicho ¡BASTA YA! SE ACABÓ ARRUINARNOS LA VIDA Y MANIPULARNOS PARA ROBARNOS NUESTRO FUTURO E ILUSIÓN! Entre otras cosas. Es evidente que no se ha visto, las posibilidades de pueblos como estos, siempre manipulados, para favorecer, mediante corruptelas, a una escueta minoría. Para mí, es impresionante, la devoción y desprendimiento, con el que rezan y se entregan sin excusa, a su religión, (si lo viéramos, no sería fé, para explicarme, vaya).
Sin duda, Islam y democracia, debe y puede ser compatible. Sin duda, los musulmanes, (no sólo egipcios), son lo suficiente capaces, de escoger el futuro, que más les ilusione. Es mas. Deben hacerlo. Y nos darán una lección de democracia, a los "¿Occidentales?", eso de arrancar derechos, que ya lo vamos teniéndo olvidado, un poco, aunque en los últimos tiempos, lo estemos recordando demasiado. Yo creo, que entre otras cosas, lo que sucede en la zona musulmana del globo, es que se está rompiéndo con la "tradición que se ha llevado siempre asociada el Islam, como por ejemplo la Terrorífica Ablación, que para nada, viene en el Corán, y que Mahoma, ni implantó, ni prohibió, o el usar velo". Tal como hicimos nosotros, "los católicos, desde el final de la Edad Media, hasta estos tiempos.
Hubo un tiempo, en que Europa, se jactaba, de haber exportado la Democracia. Ojalá, ese tiempo, no haya pasado. Pienso que Europa, no debe atreverse a "liderar", el camino hacia esta. Deben hallar su camino, ellos solos. (Además de ser completamente capaces de hacerlo, los musulmanes son muy devotos en sus cosas, y si nos equivocamos, como nosotros, la que estamos liando con el paro, o la deuda soberana, aquello sería un avispero. Ver Oriente Medio). Pero debe atreverse, a prestar toda la ayuda necesaria, para que este cambio, se realice, lo menos sangrante posible. Quién sabe. La estabilidad en el Mediterraneo, no creo que sea una idea a tomarse a la ligera. (Además, de que también son personas como nosotros. Y hemos de dejar atrás, anacronismos como la tiranía). Porque lo contrario a esta ilusa quimera, el la piratería financiera, que busca sobreponerse, al (la Economía Productiva) Estado de Bienestar, que tanta sangre y lágrimas nos está costando. Yo me sumo a esta iluso idealismo.

Europa no sobrevivirá sin unión política. No se está jugando el euro sino la Unión Europeo. Ha llegado el momento de olvidarse de los nacionalismos.

http://cgpuga-diario-universitario.blogspot.com/2011/08/el-futuro-de-europa.html

Europa no sobrevivirá sin unión política. No se está jugando el euro sino la Unión Europeo. Ha llegado el momento de olvidarse de los nacionalismos.

http://cgpuga-diario-universitario.blogspot.com/2011/08/el-futuro-de-europa.html

Entre otros asuntos, lo interesante es que la condicionalidad, entendida como un código de mutuo acuerdo de conductas, en el marco de la instrumentación de determinado ejercicio de cooperación, puede contribuir a la gobernanza global y de la propia cooperación internacional, disminuyendo la discrecionalidad de su ejercicio. ¿Cómo lograrlo? para ello, sugiero ver: http://www.fundacioncarolina.es/es-ES/publicaciones/avancesinvestigacion/Documents/AI35DocDeb1.pdf, así como: http://eprints.ucm.es/tesis/cps/ucm-t28973.pdf

¿por qué los ciudadanos del país deben condicionalidad externa a los deseos de cómo deben ser sus estados ? Acaso la condicionalidad no es algo así como un rezago colonialista del ex-colonizador ?

La estupidez Occidental a veces no tiene límites, pasamos del abrazo a Gadaffi a bombardear su casa en cuestión de meses.

Hace cuatro días, los que expresabamos nuestras reservas con respecto a la "primavera" árabe eramos enemigos de la libertad.

La "no condicionalidad" ha venido muchas veces por el principio de ayudar al enemigo de mi enemigo, sea quien sea, con el resultado Afgano o Pakistaní.

Nadie condiciona el comercio con China por su falta de democracia, son poderosos y nuestros prestamistas.

Realpolitik creo que se llama

Buenos Días,
Me alegra poder leer en Café Steiner temas como el tratado en este artículo. Las preguntas y dudas planteadas son de suma importancia y relevancia puesto que las respuestas pueden determinar las relaciones que surgirán entre la Unión Europea y los respectivos países del Norte de África.
Usando la misma descripción del "palabro" condicionalidad, se deduce de la línea de opinión expresada en el artículo la uni-direccionalidad del término. Es decir, se plantea una relación de negociación sin contemplar la bi-direccionalidad del término, (Condiciones de ambas partes). Un hecho ausente en las experiencias pasadas y posible razón de justificación de la ineficacia histórica que acompaña dichas relaciones según apunta el artículo. Eso sí, siempre se traza un techo de actuación bajo el cual se amparan los derechos básicos que dan lugar a que existan las negociaciones y desemboquen en fructíferas acciones.
Más que aceptar, bajo la ambigüedad de la condicionalidad, un modelo predeterminado diseñado por la Unión Europea en los países del Norte de África, es una convivencia de modelos consensuados respondiendo a todas las expectativas de los actores: los ciudadanos.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal