José Ignacio Torreblanca

Discursos para una crisis

Por: | 05 de diciembre de 2011

Sikorski
La crisis del euro se acerca a su clímax del viernes 9. No sabemos si Europa sobrevivirá, pero lo que está claro es que si no lo hace, por lo menos nos dejará unos cuantos buenos discursos que recordar. Esta semana pasada les ha tocado lucirse al Ministro de Exteriores polaco, Radek Sikorski, a Nicolás Sarkozy y, a su manera, a Angela Merkel. Cada uno ha conseguido lo que quería: capturar la atención de los medios para hacer llegar a los ciudadanos y a otros gobiernos un mensaje que resuma su visión de la crisis y sus soluciones.

Por su valentía y por lo novedoso de su discurso [texto en castellano aquí], que fue acompañado de una portada y tribuna en Financial Times merece la pena comenzar por Sikorski pues en lugar de escurrir el bulto dulcificando la situación actual y aprovechar su visita a Berlín el 28 de noviembre para hacer relaciones públicas y derrochar sonrisas, decidió poner encima de mesa y a las claras todos los tabúes que dominan la discusión estos días. Su intervención comienza contando cómo, en 1991 se encontraba entrevistando en Zagreb al gobernador del Banco Central de Croacia [Sikorski no es diplomático de carrera, sino periodista] en el momento en el que llegó la noticia de que el Banco Central de Serbia había decidido emitir moneda por su cuenta y el gobernador croata simplemente dijo: “¡es el fin de Yugoslavia”! Y termina lanzando un mensaje muy directo a Alemania: “seguramente soy el primer ministro de Exteriores polaco en la historia que lo dice pero ahí va: temo menos el poder alemán de lo que estoy comenzando a temer su ausencia”. [texto completo aquí]

Sikorski hace además, una increíble defensa del éxito que ha supuesto la ampliación de la Unión Europea, a la que muchos culpabilizan erróneamente de todos los males que sufre la UE, y les dice a los alemanes en la cara lo que no quieren oír: que son los principales beneficiarios del euro, no sus víctimas. Sin duda Radek Sikorski se merece el premio al mejor ministro de Exteriores de 2011, no deja de ser una pena que ese discurso haya tenido poquísima repercusión en España [ver un análisis detallado del discurso aqui, por Nika Prislan en el blog de ECFR Madrid

El discurso de Sarkozy en Tolón el pasado día 1 tiene también mucha enjundia: sobre todo en la manera en la que la Presidencia construye no sólo el discurso sino todo lo relacionado con él, incluyendo la solemnidad de la ocasión, la creación de la expectación en los medios con varios días de antelación, el recurso a un escribiente de renombre como Henri Guaino, conocido por su capacidad de encajar la grandeur de Francia en cualquier tema que se le plantee, sea la refundación de Europa, el capitalismo global, o la malhadada Unión por el Mediterráneo, de cuyo discurso inaugural también se encargó. Nadie como Guaino para convertir un momento de debilidad histórica de Francia en un momento de orgullo y solemnidad: un truco que lleva permitiendo a Francia presentarse del lado de los vencedores en todas las guerras que ha perdido y que el General de Gaulle elevó a la categoría de arte, pues en qué consiste el Gaullismo si no en llevar al extremo aquella máxima de: “en la derrota, altivez” [ver aquí un perfil del hombre, Guaino, que ha convertido al tosco Sarkozy en un hombre de estado]

El caso es que vivimos en tiempos en los que tan importante como las decisiones que se adoptan son sus explicaciones. Es lo que, de forma algo pedante, se llama hoy en día “narrativa”. Todo el mundo dice “necesitamos construir una narrativa” para esto, para lo otro. ¿Por qué? El euro no necesita ninguna narrativa sino una serie de decisiones muy claras. Sin embargo, nos dicen los expertos, la gente necesita identificarse con las decisiones, hacerlas suyas, y para eso es necesario que vengan envueltas en una visión del mundo, en unos principios y valores que las hagan comprensibles. 

Todo esto suena algo raro en España, donde no sabemos si por incompetencia de nuestros líderes o simplemente porque no nos tomamos lo suficientemente en serio a nosotros mismos, somos incapaces de producir este tipo de sentidos y solemnes discursos. No se si será desmemoria o mala información pero Café Steiner no recuerda ningún discurso memorable de Zapatero o de Aznar donde, con una gravedad y escenografía parecida a la de Sarkozy, se hablara a la nación sobre los grandes desafíos que encontraba. ¿Ustedes?

 

P.D. Resulta que el líder de la oposición polaca, Jarosław Kaczyński, ha pedido que se juzgue al ministro de Exteriores polaco por traición a la patria...."Da un golpe en el agua y te mojarás", dice The Economist en el análisis de las reacciones al discurso. Nadie es profeta en su tierra, que decimos en España.

Hay 2 Comentarios

Eso de que nuestros políticos deban colocarnos donde nos merecemos, como cree Manuel Gracia, parece algo chusco: ¿Dónde nos merecemos? ¿Por qué merecemos en lugar de lo contrario?. ¿Quienes han comprado masivamente casitas de todos los colores "aprovechando" el desmadre crediticio impostado? ¿Quienes han elegido y por qué? ¿Por qué se escucha tanto "yo me merezco"? ¿Por qué no nos consideramos individualmente responsables de lo que hacemos cada uno? ¿Por qué los valencianos eligen ladrones y estafadores masivamente, sabiendo que lo son? ¿Por qué acabamos de elegir masivamente a quienes, ideológicamente al menos, representan a la mayor basura del sistema financiero mundial, ladrones y estafadores directos incluídos, además de economistas vendidos a esa gentuza?. Para qué seguir. ¿Qué nos merecemos...?

Eso, callemos a quién tiene las narices de mirar a los problemas a la carita. ¿Pero es qué les pagamos para darnos discursitos, o para que no nos metan en estos lodazales, (que uno no sabe si llamarlos saraos. Con Grecia, Merkel, aguardó hasta el límite, para liberarles la pasta). ¿No fue Aznar, el de la ley del suelo? ¿Puede alguien explicarnos, qué hizo ZP, para evitar que creciera la burbuja inmobiliaria? ¿Qué hizo, aparte de pincharla, un poco tarde, negar la crisis? Yo creo que están mejor calladitos y que no han sido capaces de colocar a España y los españoles, donde merecemos. Que no somos ni prusianos ni tunecinos, (con los debidos respetos, que no es nada peyorativo), ni milagrosos. No está ahi, el problema. Es hacer las cosas bien.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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