José Ignacio Torreblanca

El Tratado de la sospecha

Por: | 10 de febrero de 2012

Carteristas
Merkel sabe dónde vives, así que no se te ocurra volver a engañarla. Este es el mensaje esencial con el que se puede resumir el Tratado de Estabilidad que los miembros de la UE están a punto de firmar. Son nada menos que 26 considerandos, que no tienen desperdicio por lo enrevesado de su redacción, para introducir 16 artículos. Dos son en realidad los más importantes: el art. 3.1 sobre el equilibro presupuestario, que estipula que el déficit será como máximo  del 0.5% (excepto si la deuda es de menos del 60%/PIB, lo que incrementa el márgen hasta  el 1%); y el artículo 8 sobre los mecanismos de sanciones ante el Tribunal de Justicia en caso de que la regla de estabilidad presupuestaria no se incorpore a las Constituciones o no se respeten los techos de déficits. Los Estados podrán denunciarse unos a otros y llevarse ante el Tribunal de Justicia, que les podrá multar.

Formalmente, seguimos llamándolo "Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria", pero en la práctica supone la instauración del equivalente a los "radares de tramo". Se acabó por tanto lo de medir el déficit con una foto fija al final del año. Habrá que pedir permiso antes de emitir deuda, someter los presupuestos del Estado a Bruselas para su aprobación antes de presentarlos ante las Cortes y, en general, someter las finanzas nacionales a un escrutinio muy estrecho.

El último borrador (se supone que versión definitiva) del Tratado de Estabilidad (Descargar Treaty) no da ninguna alegría a los que desde hace meses vienen pidiendo que, a cambio de constitucionalizar estrictas reglas de déficit, instaurar un sistema de sanciones automático para los incumplidores y poner en manos del Tribunal de Justicia Europeo la  capacidad de supervisar los incumplimientos de los compromisos fiscales por parte de los Estados miembros, la Unión Europea se dote de instrumentos que permitan sostener las finanzas públicas, estimular el crecimiento o generar empleo.

¿Eurobonos? ¿Garantías del Banco Central Europeo? ¿Incrementos en el presupuesto de la Unión? Nada de nada, es el mensaje de este Tratado. Aquí no se fía. Usted cumpla, y luego, si acaso hablaremos. Y, sobre todo, vamos a vigilarle para que nos nos vuelva a robar la cartera. Nunca un Tratado de la UE fue tan punitivo, incluyó tan pocas compensaciones ni fue tan sesgado a la hora de reflejar la visión de unos frente a la de los otros.

Por tanto,

1) No se trata de un texto de consenso. La asimetría entre el poder negociador de las partes lo hace imposible. No tiene consenso europeo ni tampoco interno en Alemania y Francia. Hollande dice que lo revisará, el SPD y los Verdes tampoco ocultan que les gustaría completarlo.

2) Es un paso insuficiente. En lugar de revisar la construcción de la UEM y aprovechar la oportunidad para "completar" Europa, se adopta una visión minimalista que pretender reforzar la capacidad de supervisión y endurecer las reglas.

¿Servirá el Tratado para sacar a Europa de la crisis? La respuesta es "no". Ojalá fuera tan fácil. Pero aunque estos 16 artículo no vayan a parar la crisis, sí que pueden servir para que los que tienen la responsabilidad de sacar a Europa de la crisis (es decir, Alemania y el BCE) tengan la legitimidad para hacerlo y lo puedan hacer de forma efectiva. Por tanto, el Tratado, como la misma austeridad, es una condición necesaria, pero no suficiente.

Café Steiner sugiere como lectura recomendada, más bien imprescindible: "La nueva imposible trinidad" de Jean Pisany-Ferry donde sostiene que las soluciones a la crisis sólo enfatizan los problemas de cumplimiento fiscal, obviando las debilidades estructurales del euro y aboga por una verdadera unión fiscal.

 

 

 

Hay 2 Comentarios

Ahora mi comentario presenta 2 cuestiones:

1) ¿por qué un tema como el que nos plantea el titular del blog no tiene más que un comentario?

2) ¿por qué mi comentario anterior ha aparecido como hecho por el titular del blog?

La crisis económica no tendría más importancia si no afectara de lleno a los ciudadanos y ciudadanas de Europa y de cada uno de sus Estados.
A sus vidas y a su futuro.
Con los ajustes impuestos, el ciudadano ve perder poco a poco todos los logros sociales que nos hacen ser el primer mundo.
Ahora nos imponen unos ajustes como solución a la salida de esta situación no buscada por la gente, sino que fue consecuencia de una gestión draconiana del gran capital y de la gran banca.
El peligro está en el horizonte.
Cuando los empresarios vean rentable dejar en el paro a los ciudadanos locales amparados por el Estado, y se dediquen a contratar ciudadanos foráneos venidos del tercer mundo,personas sin más expectativas que sobrevivir en una Europa que les parece la tierra prometida en comparación con sus orígenes.
Sería una jugada con unas repercusiones socialmente explosivas.
Ahí veríamos la conciencia de clases y de bloques que nos hacen diferentes a la gente de las grandes empresas de las finanzas.
Porque contar con el goteo inagotable del dinero público puede hacer pensar que aun queda mucho trecho por delante para seguir exprimiendo el dinero público.
Y volveríamos otra vez al principio de siempre.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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