José Ignacio Torreblanca

Petroperonismo

Por: | 18 de abril de 2012

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En buena teoría económica, a un gobierno no le debería importar en absoluto la estructura propietaria de las empresas energéticas suministradoras de petróleo y gas sino que existiera un marco de competencia que garantizara a sus industrias y consumidores el más amplio y competitivo acceso a dichas fuentes de energía. Esto debería ser valido tanto para el gobierno argentino como para el español.

El problema es que, como sabemos, el petróleo y el gas son recursos estratégicos de primer orden, lo que explica, primero, que su sujeción a las reglas del libre mercado tienda a ser relativa y, segundo, que muchos soberanos aspiren a controlar o controlen estrechamente dichos recursos. 

Dicho esto, que dichos recursos estén en manos estatales tampoco representa necesariamente un problema. El gobierno noruego lleva años demostrando cómo una única empresa pública (Statoil) puede ser un instrumento eficaz desde el punto de vista tanto de los intereses de consumidores y productores como desde la sociedad en su conjunto.

Mientras, Repsol lleva varios años viviendo bajo la zozobra provocada por una lucha cruzada de intereses particulares (affaire Sacyr-Rivero) y el interés de algunos soberanos en hacerse con su control (Rusia vía Lukoil, México vía Pemex y Argentina en una instancia anterior vía el grupo Petersen). En estas circunstancias, los malabarismos de la petrolera española para sobrevivir en el mundo del petropopulismo (recuérdese el inefable paseo de Antonio Brufau con Hugo Chávez por la Gran Vía, con parada incluida en la Casa del Libro) han demostrado lo peligroso que el juego del petróleo sigue siendo un siglo después de que se acuñara el término. Sin populistas no hay acceso al petróleo, pero con ellos tampoco: como buenos mesías, ellos te lo dan, ellos te lo quitan. 

Para el gobierno argentino, que tiene petróleo pero no petrolera (al menos hasta antes de ayer) la pregunta difícil de responder es, si son ciertas sus alegaciones sobre falta de inversiones, desabastecimiento y encarecimiento, hasta dónde llega su responsabilidad regulatoria por una privatización fallida y falta de supervisión posterior y, en adelante, cómo va a garantizar las inversiones internacionales que necesitarán para explorar el gas no convencional que dispone y mejorar la producción y refino de petróleo. Una pregunta incómoda que es mejor responder a gritos para ocultar la huida hacia delante de una camarilla política con intereses muy definidos. ¿Se beneficiaron de la privatización anterior los argentinos? ¿Se beneficiarán ahora de la expropiación? ¿O serán víctimas del petropopulismo y de la inseguridad jurídica?

Para el gobierno español, que no tiene petróleo, pero sí petrolera (al menos hasta antes de ayer) también hay una pregunta sumamente difícil de responder en la que inquiere cómo calibrar su reacción para no dar muestras de debilidad cuando es evidente que la expropiación muestra su debilidad. España, recordemos, tiene muchos más intereses en Argentina que Argentina en España, lo que la hace sumamente vulnerable a una escalada en la tensión.

Claramente, las medidas “contundentes” que el gobierno han anunciado no pueden tener carácter de represalia económica contra intereses económicos argentinos, pues el conflicto entre Repsol y el gobierno argentino debe resolverse en las instancias internacionales adecuadas y no involucrando al gobierno español (que no es parte formal en este contencioso) contra empresas argentinas que tampoco lo son.Por tanto, esas medidas “contundentes” tienen que ser de carácter diplomático y ajustarse sobre todo a un hecho indudable: que el Gobierno argentino mintió al español cuando dio seguridades de que la expropiación no se produciría.

El problema es, una vez más, que esas medidas tendrán muy poco efecto. Primero porque Latinoamérica no va a tomar partido por España contra Argentina. Segundo, porque la Unión Europea no puede ir mucho más allá de lo que ya ha hecho, que es protestar y suspender una reunión conjunta. Mientras tanto, Argentina puede dedicarse a agitar a sus vecinos contra España y sabotear la Cumbre Iberoamericana de Cádiz o hacer la vida imposible a España en el G-20, donde Argentina es miembro permanente y España miembro permanentemente invitado. Así que las muestras de solidaridad, de haberlas, se desvanecerán pronto. En realidad, ya se han desvanecido pues como el propio Ministro de Exteriores español ha reconocido, la reacción de Hillary Clinton ha sido más bien tibia.

El gobierno español enfrentado a su soledad más estruendosa: sea en los mercados de deuda o en la diplomacia internacional, hay días ahí fuera en los que la vida internacional se parece a la vida que se describía en el estado de naturaleza hobbessiano: “nasty, brutish, and short”.

 

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¡ Cómo puede afirmar que Argentina tiene petroleo pero no tiene petrolera ?. YPF es una empresa argentina que opera en hidrocarburos, en exploración, explotación, refino y distribución desde 1922.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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