José Ignacio Torreblanca

¿Qué será de los parlamentos nacionales en la Europa que viene?

Por: | 11 de julio de 2012

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Es bien sabido que la revolución americana surgió de la protesta de los colonos por tener que hacer frente a impuestos  que no habían podido aprobar o rechazar por un procedimiento democrático. En la medida en la que las colonias no estaban representadas en el parlamento inglés, los colonos consideraron que los impuestos que pagaban para sostener el reinado de Jorge III carecían de legitimidad. Fue un pastor protestante de Boston, Jonathan Mayhew, el que acuñó la famosa frase “no taxation without representation” (no puede haber impuestos sin representación política) y que se convirtió al “taxation without representation is tyranny” que justificaría la independencia de las colonias [el texto completo del sermón puede consultarse aquí]

Como mostró ayer el coloquio organizado en Madrid por la Fundación Alternativas en el que tuve la oportunidad de participar, que un debate parecido esté surgiendo en el ámbito europeo no es sino una buena noticia. Europa podrá estar al borde del colapso, como indican muchos, pero también, y esto no es contradictorio, enfrenta un momento fundacional en cuanto a las raíces de su legitimidad y fundamentación. Durante muchos años, hemos dedicado un tiempo ingente y, si se me permite la crítica, bastante improductivo, a hablar de la ciudadanía europea en términos abstractos o de identificación: ¿cómo comunicar mejor? ¿cómo acercar a los ciudadanos a las instituciones europeas? ¿cómo reforzar la identificación con Europa? La mayoría de las propuestas que se han presentado en estas áreas, pese a ser bienintencionadas, han tenido poco efecto: crear canales de televisión europeos, enseñar la UE en las escuelas, todo este tipo de propuestas, por válidas que sean, han fallado a la hora de centrar el debate.

Pero hete aquí que la crisis actual está sirviendo para poder hablar de ciudadanía, esta vez de verdad. ¿Cómo? Hablando de fiscalidad. La fiscalidad, es decir, la capacidad de decidir sobre los impuestos, constituye, hoy por hoy, prácticamente el último reducto donde se manifiesta democracia. Nuestros viejos Estados-nación abandonaron ya hace tiempo la capacidad de imprimir moneda o de fijar los tipos de interés, tareas que delegamos al Banco Central Europeo al constituir la Unión Monetaria. Por tanto, para salir de la crisis, ni podemos devaluar ni generar inflación. Sólo quedaba la política fiscal, que se había convertido en el último reducto de la autonomía (o soberanía, como prefieran).

Pero con los cambios habidos en la gobernanza económica europea, los parlamentos nacionales ya no son autónomos para fijar los presupuestos: deben consultarlos ex ante con Bruselas, vía el procedimiento llamado “semestre europeo” y aceptar la supervisión conjunta de su déficits. Incluso han aceptado constitucionalizar los techos de gasto para no poder volver a incurrir en déficits. Y vamos a más: las propuestas de unión fiscal, bancaria y económica que tenemos encima de la mesa significan una vuelta de tuerca adicional que exprimirá aún más el margen de maniobra de los parlamentos nacionales.

Estamos pues ante un momento fundacional o, si se quiere, por establecer un paralelismo con el Estados Unidos, revolucionario. Los parlamentos nacionales deben decidir qué hacer. Sus opciones son

a)    Aceptar de buena gana la pérdida de competencias en el convencimiento de que el Parlamento Europeo les sustituirá eficazmente y que por tanto no habrá un vacío de representación.

b)   Condicionar la pérdida de esas competencias al reforzamiento de la estructura de representación política en el ámbito europeo, es decir, aceptando sólo su vaciamiento en la medida que el Parlamento Europeo sea capaz de convertirse en un parlamento de verdad, lo que probablemente exigiría unas verdaderas elecciones europeas, con partidos europeos de verdad que eligieran gobierno.

c)    Resistirse a la pérdida de esas competencias sobre la base de que los parlamentos nacionales siguen siendo y deben seguir siendo el lugar donde se resuelva el cruce entre representación e imposición, lo que probablemente requeriría la coordinación con otros parlamentos nacionales europeos para establecer una tercera cámara legislativa europea (añadida al Consejo de la Unión y al Parlamento Europeo).

 ¿Qué opción preferirían ustedes? Les animo a debatir. 

 

 

Hay 8 Comentarios

@frydman: My sentiments, exactly. Remember Atila? The romans killed Aecio (the opportunity and the courage), led by the vicious orders from Valentiniano and the Senate (corporative viciousness and smeary mediocrity). We´re clogged by a dumbfounded rationality of sorts, that is nothing but improvisation, not anything like the sense of direction and pure will to achieve something that´s so needed, so needed to be above the puny and sorry situations in which we are now. Alas, we are here again. And again, and again, until the end of times.
Good luck in these times of despair.

Todo pasa porque tiene q pasar, y de todo este rebulu algo mejor va a salir, se va a corregir todo lo q antes habian hecho mal, tal vez sea traumatico, pero hay q corregirlo a como de lugar. Igual pasa con un cancer si se efectua una buena cirugia y se detecta a tiempo todo va a salir bien. Lo q no puede hacerse es desesperarse. Eso no soluciona nada.

Los pueblos europeos lo son en sentido territorial, no en sentido social y cultural. Sus diferencias históricas y sus diferencias de intereses marcan la pauta de la unión y la desunión. El futuro marca un nuevo campo de batallas económicas y políticas.... El futuro G-9 formado por Estados Unidos, Brasil, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Rusia, China, India y Japón, serán los nueve caníbales que se disputarán el dominio mundial. El resto, una parte, serán meros instrumentos, y la mayoría de los países, en el peor de los casos, simples cacas de perros.

En 1258, cuando las hordas mongoles se acercaban, las bibliotecas de Bagdad albergaban más de 300 000 manuscritos, un compendio de toda la cultura humana (París no sumaba 3000). Me imagino que en las cortes abásidas, los Durao Barroso, Van Rompuy, Fundación Alternativas y parlamentos de esa época debatirían cosas de igual enjundia a las aquí propuestas.
Ante este espectáculo, un ciudadano de Bagdad seguramente sentiría lo que yo: miedo.
Viendo el espectáculo de zombies de esta mañana en el parlamento español, donde nada de lo que se hablaba tenía el mínimo punto de comunicación con nuestra vida real sentí, además del miedo ante la inminente destrucción por parte de las ignorantes hordas fiancieras de una forma de vida, sin duda superior, un desprecio infinito por ese ejército de muertos vivientes, incapaces de defender la civilización. Desprecio y un odio que crece por minutos.

La opción b creo que es la más razonable. Es más, creo que lo razonable es ir hacia una Europa de las regiones, que se propugnó en su tiempo. El parlamento nacional desaparecería. Todos seríamos europeos por igual. Y habría un acercamiento de la política europea a las localidades a través del parlamento autonómico. probablemente algunas de las CCAA que tenemos en España acabarían desapareciendo o anexionándose a otras ya existentes, de forma que hubiese una cierta masa crítica para justificar tanta estructura y a la vez fuese rentable y/o eficiente. Además, habría que considerar que las Administraciones locales deberían seguir existiendo.

Para mí el problema fundamental es si los europeos somos realmente capaces de formar una comunidad política un poco unida. En los estados nacionales, sus integrantes se sienten miembros de una comunidad (algo) solidaria por una serie de vínculos pero actualmente el más importante es el idioma, de ahí el interes de los nacionalismos periféricos en España en potenciar su idioma específico. Si los alemanes y finlandeses nos consideran a los del sur como nosotros a los subsaharianos, lo de la mayor unión es muy, muy complicado. Y hasta ahora, en la UE han mandado siempre Alemania y Francia (con lo que tiene coña que se quejen de los que hacemos los países del sur cuando ellos marcan las reglas del juego), o sea, que si hay elecciones europeas es muy probable que sigan predominando los intereses del núcleo. Es como las ciudades, uno va al centro y probablemente está muy bonito, pero se va a las barriadas y habitualmente dan pena.

Para mí el problema fundamental es si los europeos somos realmente capaces de formar una comunidad política un poco unida. En los estados nacionales, sus integrantes se sienten miembros de una comunidad (algo) solidaria por una serie de vínculos pero actualmente el más importante es el idioma, de ahí el interes de los nacionalismos periféricos en España en potenciar su idioma específico. Si los alemanes y finlandeses nos consideran a los del sur como nosotros a los subsaharianos, lo de la mayor unión es muy, muy complicado. Y hasta ahora, en la UE han mandado siempre Alemania y Francia (con lo que tiene coña que se quejen de los que hacemos los países del sur cuando ellos marcan las reglas del juego), o sea, que si hay elecciones europeas es muy probable que sigan predominando los intereses del núcleo. Es como las ciudades, uno va al centro y probablemente está muy bonito, pero se va a las barriadas y habitualmente dan pena.

Basta con asegurar el control europeo sobre la banca. En el mundo moderno nada puede hacerse sin contar con adecuada y oportuna financiación.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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