José Ignacio Torreblanca

Soy mujer, he llegado a la cima y no me gusta lo que he visto

Por: | 30 de julio de 2012

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Café Steiner cierra durante agosto. Todos tenemos libros atrasados que estamos deseando leer, horizontes que explorar y neuronas que descomprimir. Es tiempo de alimentarse de nuevas ideas, lecturas, puntos de vista distintos. También, ¿por qué no?, de tomarle algo de distancia a esta crisis, aunque sea para poder comprobar si desde lejos es igual de fea que desde cerca.

 Pero no quería despedirme hasta septiembre sin aprovechar para dejarles con un debate que me tiene fascinado. Es un debate sobre el ascenso de las mujeres a los puestos de máxima responsabilidad, en el gobierno y en las empresas, y los costes que ellos conlleva, los obstáculos con los que se encuentran y, especialmente, con la mirada tan interesante que aportan sobre la conciliación entre la vida personal y la vida profesional, un tema en el que han sido pioneras las mujeres, pero que cada vez nos preocupa, e incluso agobia, a cada vez más hombres.

El debate lo inició Anne Marie Slaughter con este artículo en “The Atlantic Monthly”. Se titula “Why Women Still Can´t Have it All”, es decir, “¿Por qué las mujeres no pueden todavía tenerlo todo?”. La relevancia del artículo ( verán que tiene 192.000 recomendacines en Facebook y miles de menciones en Twitter) es que Anne Marie Slaughter es una de las mujeres más admiradas en el mundo de la política exterior estadounidense. No es que sea académicamente brillante y haya completado una carrera universitaria extraordinaria, es que además es una fantástica comunicadora (con fantásticos artículos  en la A-List del Financial Times), una activista política comprometida y una persona encantadora (esto lo digo con conocimiento de causa, porque tuve la suerte de sentarme al lado suyo en una cena celebrada en Berlín hace un par de meses).

El caso es que Anne Marie accedió en enero del 2010 al puesto seguramente más deseado por cualquier académico/a especialista en relaciones internacionales: responsable de la unidad de análisis y planificación del Departamento de Estado de Estados Unidos (Head of the Policy Planning Staff). Ese puesto, con Obama de presidente y Hillary Clinton de Secretaria de Estado es, como ella misma reconocía, el puesto de su vida, el lugar para la realización personal y profesional, una oportunidad increíble para dejar de estudiar la política exterior y ponerse directamente a cocinarla.

 Dos años después, sin embargo, Anne Marie confiesa que no era feliz, que el precio personal de vivir en Washington durante la semana, viajar continuamente y solo ocasionalmente poder volver a Princeton con su familia le resultaba muy elevado. A pesar de tener todas las facilidades económicas y todo el apoyo familiar en un marido que respaldó su decisión y asumió sin dudarlo la tarea de estar en el día a día con sus hijos, Anne Marie se confiesa pensando todo el rato en que sus hijos, en plena adolescencia, la necesitan y que ella, incluso aunque ellos no la necesitaran a ella, también les necesita. Dos años después, Slaugther confiesa que decidió tirar la toalla y volverse a casa.

 “¿Por qué los hombres no tienen estas preocupaciones?”, se pregunta Slaughter, lo que le permite abrir una reflexión sobre hasta qué punto los hombres han conformado una cultura profesional en la que la vida familiar es una debilidad, algo que debe dejarse a un lado y, especialmente si quieres ocupar altos puestos de responsabilidad sacrificar. Y la facilidad con la que lo hacen es algo desquiciante, añade, hasta el punto de que cuando en Washington alguien es cesado por discrepancias o errores políticos, todo el mundo acepta como natural que se diga que se va a casa “para pasar más tiempo con su familia” cuando todo el mundo sabe que es un eufemismo o directamente una mentira.

Las mujeres, concluye Slaughter, nos hemos mentido a nosotras mismas, y seguimos haciéndolo cuando creemos que podemos ser exitosas como los hombres, ocupar altos puestos de responsabilidad, y encima mantener una vida familiar y personal plena, incluyendo cuidar a nuestros hijos. No se trata sólo de cuidar de ellos, sino de pasar tiempo con ellos, tener la oportunidad de ayudarles a formarse como personas etc. Por eso, concluye Slaughter, comportarnos como “super-women” no es la solución: claro que podemos tener éxito y hacerlo tan bien como ellos, pero ¿de verdad queremos pagar el mismo precio?, se pregunta. ¿No sería mejor, sugiere, que cambiáramos esa cultura laboral, pensada por y para hombres, de tal manera que hubiera más flexibilidad y, sobre todo, más visibilidad del hecho de que todos tenemos más dimensiones que la estrictamente laboral?

No puedo estar más de acuerdo con las reflexiones de Slaughter. Todos sabemos por experiencia hasta qué punto nuestros mundos laborales está lleno de hombres exitosos profesionalmente pero fracasados en lo personal y en lo familiar, hombres que no quieren irse a casa, hombres unidimensionales, entrenados para el trabajo, adictos a él y que han renunciado a su vida familiar. Luego se jubilan o les dan un premio, y agradecen a su familia “el apoyo” pero todos sabemos que en muchos de esos casos nunca hubo un apoyo, sólo una resignación por una ausencia que prolongó por décadas sin ningún cuestionamiento. Slaughter es honesta, seamos los hombres también honestos y reconozcamos que somos el problema y, por tanto, la solución. Es mejor que las imitemos a ellas que que ellas nos imiten a nosotros.

 Vínculos para seguir debatiendo:

-       Slaughter en castellano: ¿Qué es lo que detiene a las mujeres?

-       Slaugther responde a sus lectores.

-       Ruth Marcus critica a Slaughter en el Washinton Post

-       Lisa Belkin en Huffington Post se hace eco del artículo de Slaughter

-       La ficción del feminismo. Por Victoria Bekiempis en The Guardian

-       Keli Goff sobre “¿Por qué las mujeres no deberían quererlo todo?

Hasta septiembre (si la crisis lo permite).

Hay 45 Comentarios

La Sra. Slaughter dio con lo que es evidente: los hombres y las mujeres no son iguales. Como en todos los mamiferos, la diferenciacion sexual crea aptitudes distintas en los sexos. Dicha diferenciacion ayuda a la especie, y en nuestro caso, a la sociedad, logrando algo que Adam Smith explico en su "Riqueza de las Naciones": la especializacion del trabajo. Si los que son mas aptos para ciertas actividades se especializan en dichas actividades, la sociedad consigue mas bienestar. En el caso de las mujeres, esta harto reconocido que son mejores madres que los hombres (hablo de madres en un sentido que va mas alla de ser la progenitora). Por lo tanto, la sociedad se beneficia cuando las mujeres se especializan en ser madres. Por eso, el feminino moderno es una perniciosa idea que, con buenas intenciones, va destruyendo el nucleo familiar, en cuya toda sociedad se basa.

Es injusto suponer que los hombres no preferiríamos pasar más tiempo con nuestros hijos. Y además es falso. La realidad es que los hombres recibimos una educación y estamos presionados socialmente para triunfar en nuestra profesión, es el baremo por el que se nos mide y la opción de dejarlo todo y entregarse a la familia es mucho más costosa y difícil de aceptar por el entorno. En cambio, el éxito de una mujer no se mide por su éxito profesional.

Hablar en plural sobre nosotros mismos como individuos es ponerse un disfraz muy pesado y estrecho. No suele encajar bien en nadie y solo sirve para justificar tonterias o corruptelas. Ya sea genero o nacionalidad, antes somos personas, sin más.

Muchas gracias por este artículo y por reflexionar sobre ello. Cuanto más subo en mi carrera profesional, más me parece que no merece la pena llegar tan alto como puedo. Creo que esto nos pasa a todos, hombres y mujeres. Dejemos de imaginar un conflicto entre sexos cuando se trata simplemente de buscar una modernización. La estructura de la vida laboral fue creada en un inicio por y para hombres, que tenían en su casa una mujer para encargarse de la familia. Pero ahora la sociedad y las familias han cambiado, y es hora de cambiar esa estructura que no se corresponde con la realidad. Si culpabilizar ni clasificar a nadie. Simplemente porque no funciona.

Y encima, leyendo algunos comentarios, parece que los hombres tenemos la culpa de que las mujeres se sientan culpables por no poder llevar una vida familiar exitosa junto a una vida laboral exitosa. Señoras: ¡eso es IMPOSIBLE! y NO TENEMOS LA CULPA de todos vuestros males. El feminismo retrógrado es un residuo peligroso.

Vamos a ver. Todo es una cuestión de sentido común.
Ni todos los hombres son adictos al trabajo, ni todos los adictos al trabajo son hombres. Tampoco es cierto que sólo sean las mujeres las que sufren por dejar a sus familias por un trabajo exitoso. Creo que el libro de esta mujer, así como algunas cuestiones de tu artículo son un poco peligrosas en el sentido de estigmatizar a los géneros y generalizar con todo el peligro que implica.
Hay una cosa clara y que no se le mete a la cabeza a la gente: es IMPOSIBLE compatibilizar todo en la vida. No es posible llevar una carrera de éxito, tener una familia a la que dedicar tiempo y además tener tiempo libre para uno mismo. Es el engaño de la modernidad. Y es un engaño que las propias mujeres cometen con ellas mismas. En esta sociedad lo queremos TODO y lo queremos YA. Y tiene mucho que ver con el modelo capitalista que nos estamos permitiendo (y ya vemos cómo nos está yendo).
En la vida hay que elegir, y esa es precisamente la TRAGEDIA de la vida, es así. Si no aceptas esto es que no estás en la realidad y la realidad misma se encargará de ponerte en tu sitio. Este problema "laboral-familiar" pasa tanto con hombres y con mujeres por igual. En mi casa lo he vivido. Lo que es una estupidez SUPINA es adjudicar el sentimiento de culpa por la familia a las mujeres y decir que los hombres no sienten eso. Así, en general, porque yo lo valgo. Menuda estupidez.

¡Vaya cosa! La Sra decidió escalar las cumbres del poder, destruir a quien estaba en el camino, morder, patear, arañar, y al llegar a la cima... ¿no le gusta? Que los sacrificios son grandes, que el esfuerzo es demasiado, que ha costado mucho, que mejor estaba con mis hijos. Ah, ¿es que la Sra se olvidó de lo que quería? ¿De que era MADRE?

Es que siempre confunden ser mujer con ser madre, y no es lo mismo. Una mujer puede hacer lo mismo que un hombre, y a veces más. Pero como los hombres han sabido desde el principio del mundo: La batalla es dura y sangrienta, por eso se ha protegido a la mujer desde que somos humanos y probablemente desde antes.

La mujer no tiene limitación alguna aparte de las biológicas. Una madre tiene una y mil además de las biológicas. Es cosa de escoger y no quejarse después.

La Sra Anne Marie Slaughter lo hace todo bien, y después se queja y rezonga porque descubre que es mujer y MADRE. Que pena, que hipocresía, ni necesidad tenía, pero como es izquierdista de los de Obama, pues ya se sabe.

Pero que cosas hay que oir. ¿Quien dijo que a las mujeres nos gusta la vida doméstica? una porra! Ese argumento es igualito que el que dan muchos musulmanes de que a las mujeres no les gusta salir de casa y prefieren reunirse allí con otras mujeres. Otra porra!
Venga por D! quien puede creerse eso? Si alguien duerme tranquilo con esa explicación, adelante.
Lo que a una mujer no le gusta es ser esclava 24h al día, tener que ser competitiva, gestionar tus problemas profesionales, llegar a casa para asumir todo lo imaginable y "estar divina" para gustar. Eso es agotador. Cuando esas pequeñeces se lleven al 50% comenzamos a hablar de futuro. Obligatoriedad del permiso de maternidad/paternidad compartido YA.

Irene, das miedo.

No sé de dónde sacáis eso de que los hombres no queremos la vida doméstica; yo estaría encantado si el mundo fuera al revés. Mi mujer a currar 14 horas al día y yo mientras llevo a los niños al cole y luego en casa limpiando, cocinando, invitando a mis amigos a tomar el café e ir al gimnasio, tirándome a la butanera, a la cartera y a la revisora del contador, etc...

Y ahora en serio, las pocas mujeres que conozco a las que el hombre les ha planteado el que ya que ellas cobran más que ellos y tienen una carrera decente, que por qué ella no se dedica a trabajar mientras ellos son amos de casa. Todas dijeron que ni de coña. Así que, o las mujeres siempre quieren llevar la contraria o ser ama de casa no está tan mal como nos lo tenían pintado.

Los hombres no soportan la vida doméstica.
Probablemente creamos la vida social para huir de ella.
Para un hombre "renunciar" a la vida familiar no es un sacrificio.
A las mujeres les pasa lo contrario. Necesitan esa vida doméstica (familiar, y más cosas) y no dan pie con bola fuera de ella.
Es lo que hay.

Ah, y si me encantaria tener mas hijos, muchos hijos, y disfrutarlos. Pero no se puede tal y como estan las cosas no se puede

No creo que la dicotomia hombre-mujer sea adecuada en este caso, creo que hoy en dia se le da mas importancia a la familia de la que se le daba hace algunos anyos. En mi caso he visto tambien a hombres tomar decisiones profesionales que les "perjudicaban" laboralmente como la de esta senyora, por motivos familiares. Aparte de esta diferencia generacional, hay tambien una diferencia personal: la misma Clinton o Condolezza Rice no han dudado a la hora de sacrificar facetas personales para llegar a los puestos que han llegado... Intentar ver el caso de una persona como la representacion de toda una sociedad me parece equivocado.
Un supersaludo

Estoy de acuerdo. Me he sentido tan identificada, con lo que dice esta mujer, me he considerado siempre feminista, pensando siempre en mi carrera, en seguir hacia arriba, estudiando en llegar a lo mas alto. Pensaba que si tenia dinero, podira tener las 2 cosas pagar a alguien que se ocupase de mi hija cuando yo trabajase. Y ahora que he tenido a mi hija. Pienso que es lo mejor que me ha pasado, ni mis estudios, ni mi carrera, ni mi trabajo me llenan tanto como estar con ella. Quiero cuidarla yo, enseñarla y pasar tiempo con ella. No quiero dejarla con nadie, ni en una guarderia, ni con los abuelos, lo siento soy egoista, si, me dan igual sus abuelos, quiero disfrutarla yo, creo qeu soy la que mas derecho tengo de disfrutarla, yo su madre. No quiero dejarla .... con nadie, sufro por ello, no me gusta tener que hacer eso. Y no voy feliz a trabajar. Me encantaria dejar de trabajar para volver a lo de antes, si señoras volver atras, y poder pasar tiempo con mi hija y si tal, trabajar solo algunas horas. Pero no todo el dia sin ver a mi pequeña. Y digo trabajar algunas horas porque pienso que no podré vivir sin trabajar. Pero la verdad es que no sé si eso es cierto porque nunca lo he probado. Y si me gusta y si soy mas feliz estando en casa con mi hija solamente sin trabajar?? Me gustaria probarlo, aunque ahora con esta crisis no puedo... no dejo de tenerlo entre mis planes.

El tiempo de las “super-women” está superado, las mujeres sabemos que no se trata de hacerlo todo, sino de hacer aquello que queremos sin condicionantes, sin que el hecho de ser mujer nos impida hacerlo.

Eso del "feminismo patriarcal" ni lo entiendo, el mayor error que podemos cometer es volver a pensar que somos las mujeres las culpables por querer ser como los hombres.

No se trata de ser como hombres, sino de tener las mismas oportunidades para tomar decisiones, Es tan evidente que el mundo que los hombres han dominado no es una alternativa, se trata de buscar alternativas en las que mujeres y hombres nos corresponsabilicemos del cuidado de la familia, en sentido amplio. Mientras las mujeres tengamos asignado el papel de cuidadoras, tanto a nivel simbólico como real, no avanzaremos.

Es evidente que cuando tomamos una decisión pagamos un precio, lo importante es que el precio que se pague no sea por el hecho de ser mujer.
Ángeles
http://brizas.wordpress.com/

Qué gran reflexión la de Slaughter, qué gran análisis el de Torreblanca.
Se trata precisamente de eso: de cambiar lo que hay en la cima.
Gracias!

Pues en verdad creo que durante años ese "feminismo patriarcal" del que habla Anne nos ha perjudicado, no solo a las mujeres, sino a la sociedad en general. Se nos ha puesto un listón imposible de lograr, y se nos está constantemente juzgando por sacrificar alguna pieza del puzle familia-trabajo-persona en pos de otra.

Creo que el cambio social que se está dando, debe girar hacia la equidad en el reparto y corresponsabilidad tanto en la crianza como en lo doméstico.

Las medidas de conciliación tanto en España como en otros países, distan mucho de favorecer un trato igualitario, dejando como grandes damnificados a los menores y a las mujeres.

Plataformas como Conciliación Real Ya trabajan para cambiar estas mentalidades, y desmarcarnos del discurso feminista/machista/ por un discurso de personas en equilibrio.

Aplausos.

Una lectura: Sebastian Haffner y su Historia de un Aleman.

olé! totalmente de acuerdo

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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