José Ignacio Torreblanca

La autodeterminación en tiempos de cólera

Por: | 01 de octubre de 2012

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Termina un acto público sobre la crisis en Berlín y en el pasillo se forma una larga fila de gente para tomar la palabra y dirigirse a los ponentes. Aunque te esfuerzas en contestar las preguntas, tienes la sensación que lo de menos son las respuestas. Es el deseo de expresar el enfado, la irritación, lo que cuenta. Todos están molestos. Da igual con quien: con la banca, con Europa, con Merkel o con los griegos, no importa mucho. Una se quejan de que no hay dinero para guarderías pero sí para los bancos, otra de que Europa no funciona o de que los políticos no escuchan, de que los impuestos son altos y los salarios bajos, y así un largo etcétera.

Curiosamente, aunque Alemania y España estén en las antípodas de esta crisis, las frustraciones parecen ser las mismas. Sea Alemania o España, Finlandia o Grecia, Holanda o Italia, da la impresión de que los ciudadanos comparten una misma sensación: la de que todo se decide lejos de ellos, fuera de su país, y en contra de sus intereses.  Todos querrían decidir, pero no pueden, alguien o algo se lo impide, y pugnan por identificar quién se lo impide. Sí, el objeto sobre el que vuelcan su enfado es distinto: Europa, España, la banca, los políticos, pero los sentimiento son muy parecidos.

Nos invade el lenguaje de la insolidaridad. El virus de la insolidaridad encuentra su caldo de cultivo ideal en las crisis y rompe siempre en primer lugar por las identidades. La solidaridad se restringe a los que conoces, a aquellos con los que identificas.

España recorta la cooperación al desarrollo, porque los españoles son primero, y también las prestaciones a los inmigrantes, porque los extranjeros son después. Alemania se convierte en el nuevo Reino Unido de Europa: donde Thatcher gritaba a sus colegas del Consejo Europeo “quiero que me devuelvan mi dinero” (I want my money back), hoy Alemania se desgañita repitiendo machaconamente una y otra vez su oposición a “una unión de transferencias” y su hastío de ser “un contribuyente neto”: nosotros primero, los demás después. ¿Cómo reprochárselo?

Los más ricos se llevan siempre la palma de la insolidaridad. En Alemania, Baviera se queja de que paga demasiado. En Francia, Bernard Arnault, el hombre más rico de Francia y dueño de Louis Vuitton, que ejemplifica como nada el lujo absoluto, amenaza con pedir la nacionalidad belga si le hacen pagar más impuestos. Mientras, en España, donde todos estamos quebrados, oímos hablar de “expolio fiscal”, como si unos realmente estuvieran peor que otros a costa de otros y no fueran todos víctimas de la crisis.

En ausencia de una salida colectiva, se buscan salidas individuales. Lo que muchos ciudadanos catalanes quieren no es tan distinto que lo que buscan los que fueron a la plaza de Neptuno o los franceses que eligieron a Hollande en las últimas elecciones: decidir sobre su futuro, inventar una salida donde nadie ofrece nada más que sufrimiento e injusticias.

Pero siendo comprensible, no es lo ideal. Mejor sería cambiar el discurso y decirlo claro. El verdadero expolio de esta crisis es social y democrático: nunca tan pocos quitaron tantos derechos y esperanzas a tantos. Tantos derechos sociales, y tantos derechos políticos arrebatados, entre ellos, el principal, el derecho a decidir sobre su presente y sobre futuro.

Los europeos, aquí o allá, en España en Alemania, deberían entender que los que a priori parece que les divide es precisamente lo que les une. En esta crisis todos son europeos, y a todos se les ha privado el derecho a decidir, sobre su presente, y sobre su futuro. Es por eso por lo que la democracia está en crisis: porque los ciudadanos no pueden elegir, ni aquí ni en ningún sitio, que se haga realidad lo que quieren.

 

Hay 7 Comentarios

Reflexiones desde el balcón.
Definir la problemática como de crisis es entrar a desnaturalizar la propia esencia de lo que estamos padeciendo. O es que tenemos que hablar de una 'crisis' originada por quienes impulsan políticas de exclusión y de no reducir sus propias ganancias. Más bien estamos mezclando ambas palabras, crisis y 'crisis' porque no estamos en crisis sino en momentos de acumulación y reparto de poder globalizado y los que tienen poder para ello están forzando sin freno alguno su acumulación de recursos, sin importarles nada las consecuencias de pobreza y exclusión que las medidas de 'austeridad' están produciendo.
A nivel europeo se podrían tomar otras medidas, más inversión para la creación de empleo, que el bce asumiera la deuda pública y pusiera en circulación crédito suficiente para impulsar la economía, que los gobiernos hicieran una apuesta contundente en el impulso de empleo, etc. pero todo va en dirección contraria, porque aquello que incluso se nos manifestó, que no había dinero cuando estamos en el momento de mayor acumulación de capitales es simple mentira, y si hay que echar mano de la fiscalidad hay tenemos las sicav para todos esos que ingresan en las arcas públicas sólo el 1% de impuestos, cuando la ciudadanía pagamos del 21% en adelante.
Las frustraciones pueden coincidir en algunos lugares, pero no necesariamente y las soluciones son variadas, aunque pueda haber un hilo conductor en muchas de ellas. Pero tampoco hay que olvidar esas mayorías silenciosas que parecen no querer participar en ninguna de las soluciones que se plantean y se conforman en muchos casos con la salida menos comunitaria y más individualista.
Es posible contar con ellos. Hay muchos datos que señalan negativamente, lo mismo que algunos conspicuos comentaristas que todos los males los achacan a los queridísimos nacionalismos, os recomendaría la lectura de http://t.co/fWwsZiju

"El verdadero expolio de esta crisis es social y democrático: nunca tan pocos quitaron tantos derechos y esperanzas a tantos. Tantos derechos sociales, y tantos derechos políticos arrebatados, entre ellos, el principal, el derecho a decidir sobre su presente y sobre futuro" esa frase lo dice todo: nos han dejado en calzoncillos o hasta sin ellos, no nos dejan opciones... ya buscaremos alguna, ya...

Quién no se queja? Hay quienes se quejan por puro vicio, sin que, realmente, les vaya mal. Algo diferente es el caso de Horst Seehofer, Ministro Presidente de Baviera, una de las tres regiones más ricas de Alemania, está recordando a todos aquellos Estados Federados de la ex RDA, incluido Berlín, que reciben las ayudas de Baviera de que la fecha de solidaridad tiene fecha de caducidad y ésta es en el 2019. Reprocha a Berlín y con mucha razón de crear guarderías gratis para las familias berlinesas, con el dinero de los contribuyentes bávaros, mientras en Baviera las guarderías son de paga, de acuerdo a los ingresos de las familias. A Seehofer no le hace ninguna gracia de que, el carismático alcalde de Berlín, Klaus Wowereit, diga: "Berlín es pobre, pero, sexy". En fin, todos estos Estados Federados están advertidos de la fecha en que llegará a su fin las ayudas de Baviera, por si se las dan de olvidadizos. Con el dinero de los contribuyentes no se juega, ni en Alemania ni en la UE.

Toda esta crisis de momento no tiene ni de lejos comparación con la interminable historia de guerras y conflictos sangrientos que caraterizan a el pasado europeo. Parece que olvidamos que hace menos de 70 años Europa entera estaba sumida en un conflicto despiadado y que desde entonces se han producido algunas réplicas sísmicas de baja intensidad sin contar con los puntos calientes que de vez en cuando hacen que la tierra tiemble. Las tensiones de entonces y las actuales no son más que el reflejo de la realidad humana. Así que la palabra solidaridad pierde todo su sentido sociológico cuando la riqueza recede como ahora está ocurriendo y cada cual parece que se busca la vida como puede. No se extrañen pues de que se produzca, tal y como van las cosas, una escalada en el nivel de conflictividad. Si analizan los últimos presupuestos de España, se darán cuenta fácilmente que la proyección económica lleva sin remedio a un crecimiento de la deuda y de sus intereses que se retroalimentan y que el destino final de ese proceso es poner al país a trabajar gratis para los acreedores; una versión macroeconómica de la extorsión y la usura. Y todo ello ocurriendo bajo la exigencia impertérrita de gobiernos supestamente civilizados que ven como los ciudadanos de otros paises se echan a la calle por pura desesperación. Todo ello desgraciadamente pone al descubierto una vez mas, parece que no aprendemos, la misma ética inhumana de la guerra esta vez con armamento económico.
Krugman lo ha dicho por activa y por pasiva tantas veces como ha podido hasta aburrir que la solución no está en más austeridad. Lo siguiente es el rescate que es ya inevitable, un primer rescate hay que decir, con mas austeridad, esta vez con reforma del sistema de pensiones y mas rebaja de salarios o su equivalente macroeconómico: mas desempleo, mas deuda mas déficit, entonces un segundo rescate y así hasta la aniquilación como nación soberana y como estado de derecho... En fin, lo que se trata de evitar será al final del ciclo tan insoportable que provocará el cisma, la salida del euro, la quiebra del país y todo ello con consecuencias cada vez mas costosas.
Solución A: salir del euro ahora y pasarlas canutas durante unos años pero con esperanzas de recuperación. Solución B: que el BCE actúe como el Reserva Federal o el Banco de Inglaterra hasta que la economía Europea se equilibre. Opción C: seguir como hasta ahora y esperar a que un milagro ocurra para retornar al crecimiento. La probabilidad de que un milagro ocurra es despreciable, pero por si acaso, póngase todos a rezar.

Rabi Nahman de Breslaw decía: "hay pueblos inteligentes con gobernantes tontos y hay pueblos tontos con gobernantes sabios, estos últimos son los pueblos felices".
Asistí a una reunión de comunidad de vecinos en Lavapiés sobre instalación de un ascensor. Me sorprendió la sofisticación de los argumentos, el hábil trenzado entre los condicionantes legales, el interés personal y el interés general: "tengo 80 años y vivo en la plata baja"... Quiero decir que los tontos no somos nosotros, lamentablemente.
Los políticos lo hacen mal, el alzheimer burocrático, las creencias inútiles y sus ataduras locales los tienen atontados, paralizados, incapacitados. Sin cambiar el cómo, no cambiará el qué.
Ya van apareciendo herramientas de democracia directa y toma de decisiones colectivas que funcionan:
http://www.ted.com/talks/beth_noveck_demand_a_more_open_source_government.html

http://www.ted.com/talks/clay_shirky_how_the_internet_will_one_day_transform_government.html

Y liquidfeedback.org.
¿En qué se diferfencian de una opinión, por ejemplo aquí mismo?¿O de un debate parlamentario? El parlamento va de oposición, el ruido internet va de divergencia, enfrentamieno, provocación.
Las nuevas herramientas incentivan la convergencia en la participación.
Habrá que ir probando, madurando esto. Los Kohl, Gonzalez, Mitterand no volverán. Merkel tiene elecciones en 2013 y seguirá diciendo que lo nuestro es la siesta, si eso le da votos. Son tontos y también miserables.
Hablando de nacionalismo, la intervención de Albert Rivera en el parlament, sin duda el político español mas claro, concreto y contundente: http://www.youtube.com/watch?v=KrkU8KL0VQY

Sin embargo el expolio fiscal no parece incluir a las empresas que, según información de hace una semana reflejada en este mismo periódico, han pasado de pagar en torno al 19% de sus beneficios al fisco a pagar en torno al 9% justo durante los años de la crisis. ¿Quienes son, entonces, los verdaderos pagadores de la crisis?

Y, al hilo de la insolidaridad, a esta crisis se le puede llamar de muchas formas, entre otras la crisis del "¿qué hay de lo mío?".

Que hay de la responsabilidad de unos periodistas que durante años han estado mas preocupados por la ley de matrimonio homosexual de Zapatero que por la ley de suelo de Aznar y la burbuja inmobiliaria? donde estaban los señores intelectuales? pidiendo dinero a los bancos alemanes para despues echarles la culpa?

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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