José Ignacio Torreblanca

China y Estados Unidos, unidos por la desigualdad

Por: | 05 de noviembre de 2012

Parece que los astrónomos mayas estaban en todo, pero difícilmente su calendario podía prever que las dos principales potencias del mundo fueran a cambiar de liderazgo en menos de 48 horas. Por el lado estadounidense, desde luego, lo tenían fácil, pues la regularidad de las elecciones estadounidenses (el martes después del primer lunes de noviembre) ayuda  mucho. Por el lado chino, aunque el relevo en el liderazgo se produce cada cinco años, algo loable tratándose de una dictadura, el día exacto es algo más difícil de predecir (aunque las reservas de hoteles en Pekín, sospechosamente llenas desde hace tiempo para esta semana, y el calendario de acontecimientos oficiales, sospechosamente vacío para la semana entrante, daban bastantes pistas).

Pero más allá de todas las diferencias que separan a Estados Unidos y a China, existe una profunda similitud en las agendas políticas y en los debates que entrecruzan la política estadounidense y china estos días, una similitud que también se extiende por la vieja y, al parecer, decadente Europa. Es una similitud que nos habla de la universalidad, del hecho de que los ciudadanos de cualquier polis, siendo radicalmente diferentes en sus culturas, comparten agendas políticas y preocupaciones.

Y sin duda que no hay factor más transversal a todas que el de la desigualdad. La desigualdad, sí, que tras ser expulsada del discurso político por la libertad, ha vuelto a entrar con fuerza en el debate político. Como señala el Banco Mundial en su muy recomendable informe Inequality in Focus, aunque las desigualdades entre los países se ha reducido notablemente en las últimas tres décadas, no se han reducido como término medio dentro de los países más desarrollados.

China es uno de los casos más llamativos en cuanto al aumento de las desigualdades (véase este informe del Banco Mundial “China’s rising inequality: a race to the top”). Su coeficiente Gini (la medida más comúnmente usada para medir la desigualdad) pasó de 0.30 en 1980 a 0.45 en 2005 (siendo 0 la máxima igualdad en la distribución de la renta y 1 la máxima desigualdad). Este gráfico, elaborado gracias a la base de datos The Word Top Incomes Database muestra la evolución de la renta del 10% más rico en China desde el año 1980 hasta ahora.

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Y eso no es lo peor, pues dado el volumen de economía sumergida (se calcula que 2/3 de la renta proveniente de la economía sumergida está en manos del 10% más rico de la sociedad china), las desigualdades seguro que son mucho mayores que las que vemos en las estadísticas (véase este artículo del New York Times “China’s Hidden Wealth Feeds and Income Gap). Teniendo en cuenta que, para los sociólogos, más de 0.4 de Coeficiente Gini es la antesala de un conflicto político o social grave, China ya hace tiempo que habría traspasado ese umbral.

Algo parecido puede decirse de Estados Unidos, un país en el que las desigualdades tampoco han parado de crecer en las últimas tres décadas y, especialmente, desde el comienzo de la crisis de 2008. ¿Es cierto, o sólo una exageración, que las desigualdades en Estados Unidos están en los mismos niveles que en la “Gran Depresión”? Pues es cierto, véase el gráfico (misma base de datos) que compara la evolución de los ingresos del 10% con los de la media de la población.

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Los principales organismos económicos internacionales han advertido repetidamente a Estados Unidos de que sus índices de desigualdad no sólo son intolerables para una democracia avanzada sino que constituyen un muy importante freno a su recuperación económica (véase este informe del FMI, “Inequality and Unsustainable Growth: two sides of the same coin en el que se concluye que hasta el 50% del crecimiento de un país puede ser explicado en función de la distribución de la renta o este otro de la OCDE - Economic Survey of the United States con una recomendación importante en materia de desigualdad). Algunos informes incluso apuntan a que la desigualdad es mayor que en 1776

China y Estados Unidos, dos países, un destino, una misma debilidad ¿Es este el precio de ser una superpotencia?

 

Hay 7 Comentarios

Lambda: Vas por buen camino, pero hay ciertos pensamientos que te atan. ¿Qué esperas, o tienes derecho a, del estado? Una historieta.

Cuando chico, un día me metí en contra de la voluntad de mi padre por algo que yo quería hacer. A lo que mi padre respondió con la milenaria frase: "Mientras vivas en mi casa, y comas mi comida, el que manda soy yo. Si no te gusta págalo tú." La discusión murió al instante.

Lo mismo sucede en la relación con el estado. "Lo que el estado te da, el estado te puede quitar." Ésta es la diferencia primaria que ves entre España y EEUU. La gente de EEUU es fieramente INDEPENDIENTE porque ha controlado, más o menos, los " regalitos" del gobierno. Con cada cosa que el gobierno da, quita libertad. Por esta misma razón es que ves la batalla contra el ObamaCare. Si el gobierno controla la salud, te controla por completo. Sí, un mínimo de EMERGENCIA es necesario, pero no el control total de la sociedad. Otro ejemplo: En 1960, el 87% de los niños negros nacían en familias de padre y madre presentes. Después de que Johnson creara el Welfare y The Great Society ocurre el reverso: hoy el 87% de niños negros nacen a madre soltera que vive del welfare. El estado es el marido de las negras, y el padre de los niños negros. Y lo peor, la incidencia de drogas entre los negros es altísima, lo que causa que muchas madres estén presas o en hospitales, y las abuelas crían a los niños como pueden. Todo esto se hizo con buenas intenciones, pero mira el desastre. Esta es la batalla entre Romney, conservador, y Obama, socialista que quiere hacer el gobierno más grande, más dadivoso sin importar los costos.

De ese principio de independencia se derivan todos los demás aspectos del gobierno que mencionas. Si la población está controlada por lo que recibe del gobierno, ¿como se puede imponer la sociedad al gobierno? Lo estamos viviendo. Lo único bueno de esta crisis es que ha demostrado innegablemente la INCOMPETENCIA del estado para protegernos de todo. Y lo que es peor, HEMOS VISTO que al estado ni le importa mucho la sociedad si puede sobrevivir mas o menos igual. Los del Psoe siguen igual después de hundir España, y el Pp hasta cierto punto los protege. Nada cambia, solo la gente sufre. Leire Pajín tiene sueldazo en NY y está ahora mejor que cuando estaba en España.

Pero el Estado es lo que el pueblo le permite ser. Mientras los españoles TOLEREN a un estado abusivo y paternalista, España tendrá una población como la que tiene. El estado es irresponsable, abusivo, presta lo que no puede repagar, y gasta como si el dinero no tuviera valor alguno. Aeropuertos sin pasajeros y aviones, trenes carísimos que pocos pueden usar, y así muchos ejemplos.

La gente no aprenderá nunca a ser independiente si es el estado el que debe inculcar la independencia: no le conviene. Somos nosotros mismos los que debemos cambiar. Hemos visto el precipicio, y no hemos caído todavía. Si continuamos como vamos, es seguro que nos romperemos la crisma, y será nuestra culpa.

La desigualdad esta haciendo crecer las asimetrias o al reves y esto esta haciendo como en la alterofilia: no poder levantar la carga por no estar bien equibradalas pesas. Ver este enlace http://ernesto-consultoria.blogspot.com/2012/10/salarios-reducidos-y-stress.html

La desigualdad es un acicate, pero la desigualdad excesiva es un muro, porque sencillamente deja en nada . Políticamente hablando, siempre será mejor que los pobres puedan manifestarse, hablar en público, unirse en asociaciones civiles y participar en el gobierno de su comunidad, que el inmovilismo, la guetizzación o incluso el excesivo tutelaje (subvencionamiento).. Aunque sorprenda, los pueblos con una fuerte autonomía del individuo son aquellos que fomentan la libre asociación. Característica que en España no está del todo inculcada (somos una democracia joven), y a la hora de la verdad somos individualistas en muchos casos. Un individualismo que por su fragilidad (lo vemos en la carencia de asertividad en el debate de ideas, por ejemplo) no supera al corporativismo y a la inercia social. La ciudadanía se encuentra que no se ha dado herramientas a sí misma para articular un pensamiento político capaz de convencer al "poder", poder éste que se manifiesta en la comunicación de masas y las cerradas estructuras económicas y políticas, divorciadas de los movimientos transversales que se están dando en la sociedad.
El concepto de lucha política sigue siendo el mismo hoy que ayer. El error es considerar que la democracia es sólo una mera gestión economica del Estado (como alguna corriente de pensamiento actual sugiere). Entonces sería superflua.
Habrá pues, que volver a lo básico, a lo que afecta de verdad la realidad vital de muchos conciudadanos. Poco a poco, dar la batalla en aspectos como la dación en pago, la representatividad real del voto, la reforma interna de los partidos, la creación de una comisión independiente que vigile los gastos del Estado, apoyar la lucha anticorrupción; son pasos que van en direción a la reforma del Estado.
Los partidos, y la gente, deberían darse cuenta que urge mucho resolver estos flecos antes de abordar la posible transformación del estado. La Transición fue una forma de evitar una ruptura violenta, y garantizar la estabilidad en el tránsito hacia la democracia. Por eso ahora vemos los defectos tan marcados del sistema político, muy enrarecido y divorciado de la calle. Ahora que la democracia está consolidada, es conveniente ir pensando en el modelo DEFINITIVO de Estado. El Estado de las Autonomias se ha demostrado inconcreto, y bastante vulnerable al plácet del poder político, sea local o centralizado.
El problema, me temo, es que el clima político es propicio a que un Partido decida amoldar esa reforma a sus intereses, o que simplemente se continúe la predominancia del bipartidismo de facto.

Sin duda, creo necesario un sistema de "check & balances" que ampare las libertades, derechos y deberes en democracia, y que tenga una separación de poderes de facto. Ese tal sistema, es fácilmente observable en el funcionamiento de los Estados modernos, véase Alemania, EEUU y UK, entre otros.
En España la escasa costumbre se ve en la limitada comparecencia del aspecto del debate (comparecencia cronometradas y sin posibilidad de ser interrumpida por ruegos y preguntas constantes), instituciones afectadas por el interés de partido (TCJ), por no hablar de la corrupción política a nivel autonómico e inferior. Semejantes problemas afectan a la calidad y a la agilidad del Estado contemporáneo. Un modelo político donde las responsabilidades económicas y políticas en caso de negligencia o perjuicio intencionado (interés, corrupción, prevaricación) no son sancionadas con eficacia y rapidez en procesos públicos y transparentes , deja en entredicho su misma esencia, que es la de garantizar el estado de la "res publica". Esto no es un juego inocente, pues la mejora de la dicha condición sólo se dará desde una alianza entre la voluntad de transformación de ambas partes, la sociedad civil y el poder politico. Y ello sucede sólo cuando el poder cobra conciencia que no es conveniente ni deseable estar aislado del cuerpo que conforma la sociedad. Por esa razón estoy en contra de la "profesionalización" de la carrera política que hay. Ésta ha de ser un servicio renumerado, voluntario, pero no vitalicio ni compatible con otras actividades profesionales mientras dure su ejercicio y sujeto a las más altas exigencias morales. Un cargo, una persona. Nada más.

Es alarmante pues, ver qué facilmente hemos olvidado cosas tan básicas y esenciales, o bien, hemos tolerado su desviación.

Más que la presunta desigualdad, me preocupa la posibilidad de que un individuo puede ejercer su autonomía de acción, pensamiento y expresión, sin más traba que el derecho similar que poseen sus propios semejantes.

Y en este aspecto, China es muchísimo más restrictiva que EEUU. Y España, por más mal que haya estado economicamente, por su relación con Europa, siempre ha tenido presente que tarde o temprano su deseo de modernidad, esto es, de autonomía del individuo, tendría que ser satisfecho. Un país puede ser muy seguro, pero ser extremadamente restrictivo en materia de libertades.
¿Qué preferís? Como yo no me caso con la nacionalidad, prefiero mi libertad como individuo, precisamente porque creo que el ser humano se crece ante la adversidad, y que el tutelaje excesivo lo ahorma. ¿Qué tipo de sociedad quiere ser España? Desde luego, yo quiero que sea una donde el individuo sea capaz de desarrollarse por sí mismo con las menores trabas posibles e aportar de forma positiva a su sociedad.
Pero para que esto suceda, hay que creer de verdad en ello, y actuar en consecuencia.
Observar cómo actuan a largo plazo las comunidades sociales en los países nos dice mucho más de lo que creen, piensan y desean que sus palabras mismas.
Por eso, pienso que EEUU, pese a su desigualdad, ofrece muchas más oportunidades al desfavorecido que China. Lo que pasa es claro, eso sólo sucede si el propio individuo toma conciencia de lo que puede llegar a hacer, y lo pone en práctica. Que no quiere decir que sea un camino de rosas, eso sí.

El país al que Europa debe la libertad no necesita que nadie le eche en cara sus defectos - tampoco es que le importe ; una de las características de los EEUU es la seguridad en sí mismos- porque sus virtudes los exceden en tal medida que cualquier confrontación electoral es, en el fondo, una aspiración a la permanencia. Dicen algunos que los estadounidenses son conservadores y quizá tengan razón porque, de hecho, tienen mucho de lo que sentirse orgullosos y qué conservar.
Por lo demás, el artículo de nuestro anfitrión deja en el aire una falacia: que EEUU apenas es más respetable que China. No hace falta mucho esfuerzo para rebatir el tramposo uso de las cifras perpetrado por el Sr.Torreblanca. En el informe de la ONU sobre desarrollo humano, un apartado corrige los resultados del IDH (Indice de Desarrollo Humano) en función de la desigualdad:
http://hdr.undp.org/en/media/HDR_2011_ES_Table3.pdf
Como puede verse, aún con la corrección, EEUU está a más de setenta puestos por encima de China y eso sin que entren en consideración otros factores como la corrupción, los derechos humanos o la legitimidad institucional.
Conclusión: en efecto, en EEUU hay desigualdades pero estas no son tan sangrantes como para determinar una condena del modo en que la sociedad estadounidense ordena la pujanza de su desarrollo económico e intelectual. Haría falta un análisis más exahustivo para sostener la siguiente afirmación pero, para el que esto escribe, ese dinamismo se funda en gran medida en los incentivos generados por la desigualdad, en la forma en que entre los norteamericanos se premia el éxito frente al conformismo y la mediocridad.
Algunos otros índices significativos:
Universidades:
http://www.timeshighereducation.co.uk/world-university-rankings/2012-13/world-ranking
Producción científica:
http://www.scimagojr.com/countryrank.php
Indice de Corrupción:
http://en.wikipedia.org/wiki/Corruption_Index
Inice de libertad Económica:
http://www.heritage.org/index/ranking.aspx
Libertad de prensa:
http://en.rsf.org/press-freedom-index-2011-2012,1043.html
Solidaridad:
https://www.cafonline.org/pdf/World_Giving_Index_2011_191211.pdf

Cualquer economista neoliberal de los de ahora.. Juan Iranzo, Jose Luis Feito, Rodríguez Braun, todos ellos defensores de MIlton Friedman así como cualquiera de la escuela de Chicago " el estado es el problema" "dejen a los mercados que soluciones el mundo" "El estado sólo está para imprimir dinero", etc, etc, etc, así nos va...Todos ellos insignes profesores de los Bussines center, léase ESADE, IESE, todos los que dieron clase a Undargarín, por ejemplo ...

Aquien conoce algun autor/libro del pasado que haya defendido de forma humoristica la propiedad privada?

Clarito, y como a ti te gusta siempre nacho, con gráficos contundentes. ¿Para cuando un análisis del libro de Stiglitz " El precio de la desigualdad" El 1% tiene lo que el otro 99% necesita, ya que está en consonancia total con tu artículo. Gracias

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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