José Ignacio Torreblanca

El idiota de la aldea global

Por: | 13 de diciembre de 2012

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¿Quién es el idiota de la aldea global? Europa, sin duda. Esta es la tesis de Arnaud Montebourg, el Ministro francés de Industria (véase cita original). Sostiene Montebourg que todos los países del mundo protegen a sus productores y a su industria, menos los europeos, víctimas de una globofilia que les ciega y que les lleva a considerar a sus ciudadanos exclusivamente como consumidores. Como consumidores, dice Montebourg, nos beneficiamos, gracias al libre comercio, de productos más baratos pero, a cambio, lo pagamos muy caro como trabajadores y ciudadanos porque lo pagamos con salarios bajos, empleos precarios (a veces, ni siquiera eso), y un desmantelamiento de derechos sociales. Montebourg representa el ala izquierda del Partido Socialista francés. Quedó tercero (con un 17% de votos) en las primarias de 2011 de las que resultó ganador Hollande, y este lo ha incorporado a su gobierno en una cartera tan sensible como Industria.

Montebourg es también autor del libro “¡Votad la desglobalización!”, un panfleto antiglobalización cuya lectura recomiendo vivamente a todos los que quieran entender cuál es el programa de la izquierda globofóbica francesa y en qué se diferencia de la derecha globofóbica francesa. Las ideas de Montebourg son muy discutibles, aunque están tan bien presentadas y argumentadas que resulta un libro de un atractivo indudable.

La “desglobalización” consiste en imponer un nuevo tipo de proteccionismo, fundamentalmente basado en aranceles sociales y medioambientales, que eviten la competencia injusta y la degradación social y medioambiental asociada a los países emergentes.

Consciente de que la “desglobalización en un solo país” es imposible, Montebourg hace una apelación (muy crítica) a Alemania, a quien acusa primero de ser la “China de Europa” (con sus bajos salarios y su obsesión exportadora) para luego intentar seducir a sus trabajadores, estudiantes, parados e incluso “ejecutivos humillados por las multinacionales” a una estrategia antiglobalizadora.

Habrá quien discrepe de Montebourg, claro está, pero hay que reconocerle la fuerza y convicción con la que transmite sus ideas y, especialmente, el escuchar a alguien distinto. En una época en la que los políticos quieren evitar la diferenciación, este la busca activamente. “El idiota de la aldea global” parece hecha como un guante para que aquellos que, desde Francia y otras partes, se sienten identificados con Astérix el galo y su resistencia a la romanización (¿una forma precoz de globalización?)

Hay 7 Comentarios

Tienes razón, es un soplo de aire fresco, estás propuestas no tan utópicas. Bastaría que los políticos Europeos que aún tengan el valor de ejercer su autoridad, actuaran con honradez y responsabilidad en defensa del mandato de sus ciudadanos para que implantarán ciertas normas fijando unos aranceles sociales y medioambientales, que eviten la competencia injusta y la degradación social y medioambiental asociada a los países emergentes, al mismo tiempo que exijan su estricto cumplimiento, con fuertes sanciones a los países incumplidores. Porque de otro modo, el camino que nos espera es el establecido por Alemania la “China de Europa” que exporta e impone su modelo de competitividad extrema, de salarios de miseria (hay trabajadores pluriempleados pobres en Alemania, como antaño) por su afán exportador. Pero, me pregunto estas políticas que imponen dolor y sacrificio que están sembrando el germen del peligroso populismo y antieuropeísmo, ¿es ceguera, son fuertes intereses acéfalos, o subyacen además de fuertes resentimientos de las élites germanas, la vieja idea de dominar una Europa plagada de políticos débiles y cobardes?. Y como nos enseña Hans Morgenthau a los países se les domina militar o económicamente, es el espíritu de estos tiempos.

La situación no permite mas demora. Hay que actuar de inmediato o no tendremos ninguna salida. Existe solución, pero esta pasa por plantear adecuadamente el problema. Entra en el blog e informate. Si estas de acuerdo con lo expuesto, divulga el mismo. No podemos seguir esperando que poderes económicos muy poderosos sigan manejando a su antojo. O nos movemos o seremos enterrados vivos. ENTRA Y SORPRENDETE EN: http://fraesma.blogspot.com

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Esto es un politico de verdad y no lo que hay en España.

La globalización extrema cava su propia tumba. También el beneficio financiero para los grandes capitales tiene su límite, no se puede expander infinitamente, se está conviertiendo en una ficción. La pregunta es: ¿Hasta cuando el ciudadano promedio aguantará este regimen de desesperanza? Sospecho que la respuesta tendrá que venir de las masas estadounidenses.

Tiene razón.La globalización solo es viable para zonas semejantes, con salarios y democracias iguales. Siempre sale perdiendo el trabajador para beneficio del empresario. La globalización está hecha para beneficio del capital financiero y para igualar por abajo los salarios.Es un engaño.

Paul Krugman, en su manual de macroeconomía, pone el ejemplo, para ilustrar las ganancias del comercio, de los dos náufragos, uno listo, que pesca muchos peces y coge muchos cocos, y otro tonto, que pesca menos peces y coge menos cocos. Les resulta negocio asociarse: si el listo es más eficiente pescando que cogiendo cocos y el tonto es al revés, en total cogen más cocos y peces si se asocian, el listo solo pesca, el tonto solo coge cocos y reparten. Muy bonito, pero en el mundo real pasa una cosa más: uno de los náufragos (no necesariamente el más listo, el más tonto puede ser más fuerte física o mentalmente) explotará al otro. Esta es la verdadera cara de la globalización, que los metafísicos del progreso prefieren no ver.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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