José Ignacio Torreblanca

Las tres caras de la unión política europea

Por: | 17 de diciembre de 2012

Three-faces
Hoy traigo a los lectores de Café Steiner el resultado de un trabajo publicado conjuntamente con Sebastian Dullien, un economista alemán, en el European Council on Foreign Relations. En el trabajo, ¿Qué es la Unión Política?  intentamos entender mejor los dilemas asociados a la construcción de una unión política. Lo que nos empujó a escribir este trabajo no son las diferencias que separan a los partidarios de una unión política y a sus detractores, que son evidentes y muy acusadas, sino las diferencias, creemos muy profundas, que separan a los partidarios de la unión política entre ellos.

 Pensamos que entrar en un debate sobre unión política, como está haciendo la Unión Europea en este momento, sin tener claras estas diferencias supone asumir unos riesgos que, en estos momentos, la UE no se puede permitir. Dicho en otras palabras, dada la crisis de legitimidad evidente que vive el proyecto europeo en estos momentos, y viendo lo ocurrido durante la década pasada, cuando el Tratado Constitucional encalló en los referendos celebrados en Francia y los Países Bajos, pensamos que es necesario ser sumamente cuidados con las decisiones que se tomen. Algunas de ellas podrían, paradójicamente, agravar la crisis de legitimidad del proyecto. Así pues, como lo último que necesita el proyecto europeo es añadir una crisis política a la crisis económica, proponemos pensar la unión política a lo largo de tres dimensiones.

 La primera dimensión tiene que ver con la profundidad de la integración económica. ¿Vamos a ir un sistema de gobernanza mejorada del euro, es decir, a una unión económica que estabilice el euro pero sólo con medidas preventivas y correctivas (sanciones, vigilancias y cortafuegos, en definitiva mayor condicionalidad? ¿O vamos a ir más allá y crear una verdadera unión económica donde, además, dispongamos de mecanismos mucho más ambiciosos para garantizar no sólo la estabilidad, sino el crecimiento y el empleo (eurobonos, un presupuesto europeo que sirva de colchón anti-crisis, un seguro europeo de desempleo)? Acertar es importante, puesto que si nos quedamos cortos en el diseño de esto que podemos llamar Euro 2.0, no podremos ni solucionar completamente esta crisis ni prevenir la siguiente. Pero las propuestas más ambiciosas corren el riesgo de ser rechazadas por la opinión pública de los países acreedores (Alemania), que quieren evitar verse arrastrados a una “unión de deudas”, es decir, carecen hoy por hoy de la legitimidad suficiente.

La segunda dimensión tiene que ver con la tensión entre reglas y políticas. ¿Queremos sólo una unión de reglas, donde todo el juego institucional esté enfocado al diseño y cumplimiento de reglas, sobre todo fiscales? En este caso, estaríamos diseñando una super-agencia independiente, encargada de vigilar, pero no de hacer política, y por tanto en absoluto sería un gobierno europeo. Porque un gobierno tiene que tener capacidad de hacer políticas, de cambiarlas y de financiarlas vía impuestos. Una unión de reglas es lo más parecido a la visión que Alemania quiere imponer, mientras que una unión de políticas, con mucha discrecionalidad, es lo que Francia y otros preferirían. En la unión de reglas, se cumplen objetivos como el 0,5% de déficit, lo que en teoría permite a cada Estado estar saneado y hacer las políticas que quiera. Pero en una unión de políticas, el objetivos es promover el crecimiento y el empleo desde Europa. En el primer caso, estamos ante lo que he denominado “una unión apolítica”, en el segundo ante una unión politizada.

 Finalmente, la tercera dimensión tiene que ver con la manera de legitimar esa unión política europea. ¿Indirectamente? Es decir, reforzando el papel de los gobiernos nacionales y de las instituciones intergubernamentales (el Consejo Europeo, el Eurogrupo) ¿o bien directamente, dando más poder al Parlamento y a la Comisión Europea para que se conviertan en un Gobierno y un Parlamento de verdad, cosa que hoy por hoy no son?

Los líderes europeos, y los ciudadanos, argumentamos en el trabajo, tendrán que decidir en los próximos años no sólo qué es lo que quieren en cada una de esas dimensiones, sino compatibilizar los avances en uno y otro para que no se produzcan desequilibrios que podrían ser fatales. Porque al igual que una unión económica muy ambiciosa requerirá una legitimidad directa sustancial y de nuevo cuño, cosa que muchos no parecen estar dispuestos a aceptar, el intento de reforzar la legitimidad de una unión sólo basada en reglas yendo a una mayor parlamentarización de la UE también podría generar tensiones importantes. Las elecciones europeas de 2014 serán un buen momento para discutir esas opciones, comenzando con una advertencia obvia pero que suele pasar desapercibida: los ciudadanos europeos quieren gobiernos que gobiernen, en casa o en Europa, no instituciones vacías de poder, y en este momento, tanto los gobiernos nacionales como las instituciones europeas son percibidos por los ciudadanos como carentes de poder. 



Hay 2 Comentarios

¿Qué se puede hacer con las reglas existentes?. Una iniciativa de Rajoy () propone algo así como que el candidato a presidir la comisión ¿O el consejo? esté incluído en las listas a las próximas elecciones al parlamento. Es un paso para acercar la legitimidad. Evitar de que estén en esos cargos señores o señoras que nadie votó. Nada lo impide, sería un acuerdo político.
Otro tema: uno de los errores habituales es diseñar de arriba abajo. Se terminan creando reglas dictadas por el miedo. Además los reglamentos son el paraíso de los reaccionarios y los burócratas. ¿Y si el presupuesto de la UE se modificara y dotara para invertir no en conservar privilegios corporativos (mantequilla) sino en innovación, crecimiento y empleo?. Un ministro europeo de empleo con suficiente dinero es más necesario que un presidente europeo. Los ciudadanos, tal vez, empezaríamos a pensar que Europa está a nuestro favor y votaríamos diferente. ¿Merkel quiere controlarlo? Que alguien la proponga para el cargo. Este tipo de cosas son política, es cocinar con lo que tenemos en la nevera. Cuando Kohl anexionó la RDA, cuando Nixon fue a China o desligó el dolar del oro, no hacían reglamentos, hacían política. Ahora 500 millones de chinos tienen wc. Nixon y Rajoy pueden llegar a ser grandes socialistas.

Excelente artículo. Con ánimo de contribuir a esta reflexión yo apuntaría lo siguiente: lo más lógico sería empezar por identificar los principales desafíos que tiene Europa en los próximos 20,30 ó 40 años; en función de ello, habría que definir qué estrategias de respuesta debieran adoptarse; y, solo después, tendría sentido discutir que clase de Unión Política sería la más adecuada para que Europa hiciese frente con éxito a los citados desafíos. Porque, de lo contrario, nos exponemos que de tanto ejercitar el "ombligismo" de preocuparnos solo de las cuestiones interna, esos grandes desafíos nos pueden acabar arrastrando al desastre. Recomiendo este artículo:
http://www.otraspoliticas.com/politica/la-burbuja-mas-peligrosa-de-europa-no-es-financiera

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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