José Ignacio Torreblanca

Cuando la UE enseña los dientes

Por: | 16 de enero de 2013

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¿Qué tienen en común Afganistán, Bielorrusia, Bosnia, Birmania, China, la República Democrática del Congo, Costa de Marfil, Egipto, Eritrea, Guinea- Conakry, Guinea-Bissau, Haití, Irán, Irak, Corea del Norte, Líbano, Liberia, Libia, Moldavia, Serbia, Somalia, Sudán del Sur, Siria, Túnez, Estados Unidos y Zimbabue?

Son los 26 países sobre los que la Unión Europea mantiene algún tipo de sanción. La lista completa puede consultarse en el siguiente vínculo [European Commission: Restrictive measures – sanctions – in force, versión del 4 de diciembre de 2012] (incluye también organizaciones terroristas, Al-Qaeda, y los individuos con nombre y apellidos que colaboran con ellas).  

Se trata de una lista amplia, y creciente, que demuestra una importante actividad exterior de la Unión Europea. Sólo en 2011 se adoptaron 69 medidas de sanciones, frente a 22 en el año anterior.  Las sanciones son de muchos tipos: embargos de armas, restricciones comerciales, prohibición de realizar determinadas transacciones financieras, prohibición de viajar a determinados individuos asociados a las violaciones de los derechos humanos o a la financiación de actividades ilegales, órdenes de embargo contra sus bienes. Les llamará la atención la inclusión de Estados Unidos, motivada por las sanciones que  el Congreso estadounidense mantiene sobre algunas empresas europeas por sus actividades en Cuba, que han sido objeto de represalia.

Para que los a menudo critican, criticamos, la falta de músculo de la política exterior europea, la lista es una llamada de atención. Efectivamente, la UE no sólo es un poder “blando” que basa su capacidad de influencia en el atractivo de sus valores, sino que, al parecer, cuando quiere también puede enseñar los dientes. El terreno de las sanciones es además idóneo para la UE, al menos por dos razones: primero porque la UE es el primer bloque económico y comercial del mundo así que cuando decide pasar a la acción y adoptar sanciones, es bastante probable que tenga un elevado impacto. Segundo, además de por razones de eficacia, la UE siempre se ha querido distinguir de Estados Unidos por las diferentes actitudes hacia el uso de la fuerza: simplificando mucho, frente al “gatillo fácil” de Washington, los europeos han preferido siempre la presión diplomática y las soluciones negociadas. Aquí es donde entran las sanciones: a medio camino entre el uso de la fuerza y la retórica vacía de consecuencias, lograrían cambiar la conducta de los países que violaran los derechos humanos o constituyeran una amenaza a la paz y la seguridad internacionales.

¿De verdad? No tan rápido, nos dice mi colega Kostek Gebert en un sugerente trabajo recién publicado por el European Council on Foreign Relations titulado:Disparar en la oscuridad: las sanciones de la UE”. El trabajo examina en detalle las sanciones más importantes adoptadas por la UE, tanto las que se imponen con motivo de violaciones de los derechos humanos (los casos arquetípicos son Bielorrusia y Birmania) como las que tienen sus motivaciones en las amenazas para la paz y la seguridad (Libia o Irán, por diferentes razones en diferentes momentos).

Su conclusión no es muy alentadora: las sanciones existen y se aplican pero sus patrones de éxito y fracaso son demasiado confusos como para poder dar una respuesta rotunda. Años de sanciones no han logrado torcer el brazo de Lukahsenko, que sigue violando impunemente los derechos de los bielorrusos. Sí que parece que funcionaron con el primer Gadafi, que abandonó el terrorismo y los programas de armas químicas, pero no con el segundo. Y sí, los militares birmanos han terminado por liberar a Aung San Suu Kyi, pero no sabemos exactamente si lo hicieron por las sanciones. Tampoco tenemos muy claro lo que está ocurriendo en el caso de Irán, pues aunque parece que las sanciones están ralentizando el programa nuclear iraní parecen haber reforzado y no debilitado la voluntad del régimen de hacerse con una capacidad nuclear de carácter militar, todo ello con un coste muy elevado para los ciudadanos iraníes, pese a no ser ellos el objetivo de la sanciones.

Muchas preguntas, no tantas respuestas. Food for thought, que dicen los anglosajones.

Hay 5 Comentarios

Que razón tiene Ramon. Mientras puedan ocurrir cosas como la del politíco bulgaro casi asesinado en directo en un miting...mientras la Unión Europea no signifique menos corrupción, mas control, y mas "estado de derecho"(menos diplomacia y mas enfrentamiento con los establiment nacionales..) mientras solo parezca significar libre mercado entre corruptos, hacerle la corte al sistema financiero con sus "nobles", y parezcan autenticos meapilas en Bruselas, Europa, la idea de Europa, solo producira desilusión, desconfianza y a la larga, sino ya ahora, rechazo. El s. XXI también puede ser animado.

El comentario del Sr. Torreblanca es correcto pero le falta añadir el por qué la UE no sanciona la existencia de los paraísos fiscales y admite a los políticos corruptos y corruptores. La respuesta es sencilla... son éstos los que gobiernan y hacen las leyes a la medida de sus intereses personales.

Ellos sabrán lo que hacen, cuáles son sus prioridades, dónde invertir el esfuerzo duroblando, cómo establecer los objetivos y medir los resultados... digo ellos, porque con nosotros no cuentan.
La democracia representativa, que habita el archipiélago política/think tank/fundaciones mantiene un diálogo interno, está cada vez más lejos de la vida concreta de los ciudadanos y más cerca de los grupos de influencia.
Como dice Carmen, en otro comentario: los usureros (por ejemplo del bundesbank) establecen la política. Deciden empobrecer al estado para que malvenda los servicios públicos (el 50% del gasto social mundial).
Si, al menos, consiguieran que google/apple pagara impuestos...

Es alentador que Europa vaya ejerciendo su poder, y no cabe duda de que si persiste acabará siendo muy eficaz esa lista.

La cuestión es si las prioridades están bien fijadas. Dado que la capacidad de presión es limitada, aunque sea por los propios recursos de la Comisión Europea, habría que pensar si no hay otros objetivos más claves para los euroepos.

Por ejemplo, ¿por qué no se aplica ese poder blando-duro para meter en cintura de una vez todo ese mundo de la especulación financiera de alto riesgo? Se sabe que casi el 45% de las transacciones mundiales se realizan sin ningún control gubernamental porque la legislación vigente así lo permite. Estas prácticas ponen en riesgo una y otra vez a nuestro sistema económico. ¿A qué espera la Unión Europea para imponer unas reglas de juego razonables? ¿A qué espera para acabar de una vez con los paraísos fiscales?
Este artículo es interesante: http://www.otraspoliticas.com/politica/cuando-la-avaricia-y-la-negligencia-rompan-el-saco

Pues seran los mismos dientes que enseñaba Javier Solana durante el genocidio en Bosnia mes tras mes año tras año....sus "mas energicas repulsas" dan para varios DVD´s. asi como sus sonrisas y estrechamiento de manos con los señores asesinos por la Gran Serbia. Afortunadamente no era politico en los años 30 y 40.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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