José Ignacio Torreblanca

Polonia, así éramos nosotros

Por: | 13 de marzo de 2013

Polonia europea
¿Quieren saber cómo éramos hace dos décadas? Tienen dos opciones.

La primera es rebuscar algún documental de los años noventa, mejor si tiene que ver con la Expo92, los Juegos Olímpicos de 1992 o la Presidencia española de la UE en 1995. Ahí estábamos nosotros: confiados en el futuro, orgullosos por la transición, e incluso un punto arrogantes, es decir, encantados de habernos conocido (tan encantados que nos dedicamos a popularizar la idea de que éramos los “prusianos del sur” pues aquí, decíamos, todo funciona con gran eficacia).¿Lo mejor? Que nuestro éxito interno, la política exterior y la confianza en nosotros mismos formaban un círculo virtuoso: no había meta que se nos resistiera si nos la proponíamos. España estaba, y contaba en todos los foros internacionales.

La otra opción, si no encuentran el documental y les gusta viajar, es que se cojan el avión y se vaya a dar un paseo por Varsovia (yo lo acabo de hacer, aunque más para tomar el pulso al europeísmo de los polacos en una serie de encuentros, reuniones y actos públicos que para pasear). Allí encontrarán infraestructuras recién construidas, pero sobre todo una inmensa confianza en el futuro y en las posibilidades del país. Y no se trata sólo de que, como es natural, paseando por la típica calle comercial uno no pueda distinguir fácilmente en qué ciudad europea está, sino el orgullo por lo logrado, la actitud hacia el futuro y, sobre todo, la existencia de una estrategia clara respecto al posicionamiento del país.

Tres cosas me parecen particularmente relevantes de la política exterior de la Polonia de hoy.

La primera que, precisamente por estar excluida del euro y aspirar a estarlo quieren estar en todas las negociaciones que completen la unión monetaria o la afecten. Esas decisiones, dicen, harán más o menos difícil la adhesión de Polonia y, posteriormente, su desempeño dentro de ella, así que es imprescindible estar en el núcleo decisorio de la UE o lo más cerca de él.

La segunda es hasta qué punto el Gobierno británico de Cameron ha dilapidado el inmenso capital político del que disponía en Varsovia. El llamado “dividendo de la ampliación” que daba a Londres un plus de influencia en la región se ha desvanecido toda vez que han comprobado, con especial dolor en el caso de la última negociación presupuestaria, que los intereses de Europa Central y Oriental y los del Reino Unido han dejado de coincidir. Se acabó el juego.

Tercero y último. Que precisamente porque Polonia se siente periférica, aunque no marginada, en el aspecto económico el Gobierno polaco tiene que jugar un papel de líder activo en ámbitos donde sí que esté incluida y pueda tener flexibilidad. De ahí se sigue y se explica el activismo de la política exterior polaca bajo el magnífico Ministro de Exteriores Radek Sikorski, un activismo que una y otra vez ha destacado el ECFR Scorecard, el informe que con carácter anual evalúa y puntúa a los mejores de la clase en política exterior.

Seguro que también esto les recuerda a la España de los años noventa, que buscó en los éxitos de la política exterior la manera de hacerse un hueco bajo el sol europeo. Así éramos nosotros. En Polonia proliferan hoy los foros de ideas (Krakow, Sopot, Kryinica), algo inédito en España. En el tiempo pasado en Varsovia, sólo me he permitido dar un consejo: “si van a hacer alguna tontería del tipo aeropuertos sin aviones, burbujas inmobiliarias o trenes sin pasajeros, háganla antes de entrar en el euro”.

Hay 10 Comentarios

Precisamente hoy he leído una entrevista del presidente del Consejo Económico del primer ministro polaco de la que se desprendía cierta arrogancia. Aunque, para ser justos, también mencionaba a España consciente de nuestros errores, ojalá no los repitan. Por otra parte, viví un tiempo allí y, pese a que se intenta fomentar el espíritu europeo, lo cierto es que en la gente de la calle no se palpaba esa motivación. Quizá eso haya cambiado.

Hay dos valoraciones del artículo que no me parecen corrrectas: lo de que en España en el 92 todo "funciona con gran eficacia" no lo pensaba nadie, cuando en la Expo92 poco antes de su inauguración faltaban aún edificios por terminar. Y en segundo lugar, los polacos no son arrogantes ahora, lo han sido siempre, pero es comprensible si uno tiene en cuenta que han estado sometidos a otros estados durante muchos años en los últimos siglos.

En Polonia hay una especie de burbuja inmobiliaria, también. La diferencia es que ellos están atrayendo la inversión de industria y que ese es uno de los focos tradicionales del país . Ellos no pueden permitirse el lujo de dejar que el turismo sea uno de sus motores económicos, y además cuentan con una base social y educativa que premia más el buen desempeño académico. Todavía es posible que ellos logren esquivar el síndrome de nuevo rico que tanto dañino nos ha resultado. Además, nuestro ejemplo, como mínimo, es de manual. De cómo no hacer ciertas cosas. De mirar a cierto ejemplo de éxito, miraría a Corea del Sur.

... Y entonces, a media noche y con gran bombazo, llegó el lobo malo llamado Zapatero que se robó lo ajeno, hostilizó a todos los amigos de Caperucita, se dedico a socavar los cimientos de la fábrica de la abuelita y promovió todas las actitudes de odio en el bosque que terminaron por hacer un infierno del pueblo. Y colorín colorado, este cuento ha terminado.

El articulista no dice que hasta hace muy poco gobernaban Polonia los gemelos Kaczyinski, cuyo "entusiasmo" por la UE era perfectamente descriptible... Ahora tienen un gobierno eurosumiso, pero cuando el pueblo polaco -tan celoso de su independencia a lo largo de la historia- vea la pérdida de soberanía que implica el europeísmo lo rechazará como lo hacen cada vez más los pueblos europeos.

En tiempos pasados Polonia era la presa que se disputaban las rapaces imperiales (Rusia, Alemania y Austria-Hungría). Es un pueblo que ha sabido mantener sus valores como nación. Ahora bien, en política cometió el error de competir con Rusia por el control de los eslavos del este, y ni siquiera buscó el apoyo de los lituanos.Y en términos religosos su catolicismo chocó con los prortestantes alemanes y con los ortodoxos rusos, Ya se sabe que religión, política, y economía son almas gemelas... se anclan en el dulce maná de la riqueza material.
gemenlas

Polonia ha tenido más suerte que nosotros por que tiene unos vecinos igual de pobres que ellos cuando empezaron, pero ellos son mucho más grandes, Han sido una apetecible manzana para todos sus vecinos.

Ademas tienen la misma población que nosotros y tan católicos... así que ya tienen un espejo en el que mirarse....

La diferencia es que allí el comunismo se fue para no volver en cambió aqui el comunismo franquista, eso de que el estado es el negocio, permaneció a la espera y con la cartera llena.
El paro estructural de España es la verdadera losa ancestral y está muy ligado a que las grandes empresas consiguen sus negocios en los despachos y no en la calle (con la brillante excepción de algunos). ¿Las autopistas no cunden, cambio el contrato?¿Producción distribuida de energía y libertad de mercado?¿para qué?. También lo del euro y no reconocer que pasar de pagar el café a 100 peseatas a pagarlo un euro es de idiotas ayudó. Y seguir sin reconocerlo es seguir haciendo el tonto (cuando devaluárselo a la dienstmädchen de los bancos alemanes está en nuestras manos).

Si, desde luego, hay algo que se parece mucho entre la Polonia actual y la España del 1986 al 2006. Y esto es que en ese entonces España era de lejos el primer beneficiario de los fondos europeos; justamente lo que se pasa actualmente con Polonia.
Pero, no hay que olvidar que esos fondos no son eternos. España dejo' de beneficiar de ellos en el 2007. La crisis actual puede llevar al fin de esos fondos, mas pronto que tarde. Francia et Italia -segundo y tercer contribuyente en términos netos- no podrán continuar esos subsidios por mucho tiempo.

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Sobre el autor

es Profesor de Ciencia Política en la UNED, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations y columnista de EL PAIS desde junio de 2008. Su último libro “Asaltar los cielos: Podemos o la política después de la crisis” (Debate) se publico en abril de 2015. Ha publicado también "¿Quién Gobierna en Europa?" (Catarata, 2014) y "La fragmentación del poder europeo" (Madrid / Icaria-Política Exterior, 2011). En 2014 fue galardonado con el Premio Salvador de Madariaga de periodismo.

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